Ganadería Argentina

Carne cae la oferta, crecen las exportaciones, pero el consumo interno ya no convalida más precios

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La menor faena redujo la disponibilidad de carne vacuna, aunque el mercado muestra un consumidor más sensible y una creciente sustitución por pollo y cerdo.

Aun cuando mayo mostró un mayor ritmo de actividad en la faena, los indicadores acumulados del año continúan exhibiendo un marcado retroceso.

Los datos provisorios elaborados sobre la base de los animales remitidos a faena anticipan para los primeros cinco meses del año, una caída del 11% respecto de igual período de 2025.

Si bien la producción de carne por animal faenado viene mostrando una leve mejora, todavía no alcanza para compensar una retracción de semejante magnitud.

Paralelamente, impulsadas por el favorable contexto internacional y comparadas con el bajo nivel de actividad registrado durante los primeros meses del año pasado, la exportación está absorbiendo un volumen creciente de producción. De acuerdo con los datos disponibles hasta abril, los embarques acumulaban un volumen 10% superior al registrado en igual período de 2025. En términos prácticos, esto implica una menor disponibilidad de carne para el consumo interno. Ajustándonos a las estadísticas oficiales del primer cuatrimestre, se trata de un recorte cercano al 12% interanual.

Sin embargo, a pesar de esta menor oferta, los precios de la carne vacuna en los mostradores no han registrado aumentos en los últimos dos meses. Por el contrario, medidos en términos reales, muestran una caída frente a la inflación minorista.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

A su vez, esta combinación de menor oferta y precios estancados pone de manifiesto el grado de elasticidad que presenta actualmente la demanda de carne vacuna frente a otras fuentes de proteína animal, una característica que años atrás tendía a ser menos evidente.

En efecto, el consumo aparente de carne vacuna en términos per cápita —expresado como promedio de los últimos doce meses— se sitúa por debajo de los 48 kilos por habitante al año, es decir, un 5% menos que los casi 51 kilos per cápita registrados un año atrás.

Tomando el mismo criterio de medición basado en las estadísticas oficiales de consumo, el pollo, aun con precios creciendo a un ritmo superior al de los salarios, logra sostener sus niveles de consumo en torno a los 47 kilos per cápita, prácticamente equiparando al consumo de carne vacuna.

Por su parte, el cerdo continúa ganando terreno frente a ambas carnes y alcanza su mayor registro histórico, con más de 19,5 kilos por habitante, tras registrar un crecimiento del 8,6% respecto de los 18 kilos observados un año atrás.

Sucede que, a los valores actuales, el kilo de asado equivale a casi 4 kilos de pollo fresco y a 2 kilos de pechito de cerdo tras un incremento significativo en el último año.

Estas relaciones de precios favorecen un proceso de sustitución cada vez más marcado en las decisiones de consumo de los hogares, aunque manteniendo el consumo agregado de carnes en niveles estadísticamente estables.

No obstante, para el mercado interno —y especialmente para toda la cadena comercial de la carne vacuna— estos períodos en los que el consumo se estanca o reduce su ingesta, se perciben de manera inmediata.

Una señal elocuente de esta situación fue la caída observada en los valores operados en el Mercado Agroganadero durante la última semana. Aun tratándose de una semana de inicio de mes, habitualmente asociada a una renovación del poder de compra por el ingreso de salarios, prácticamente todas las categorías -con excepción de las vacas- registraron bajas de entre $100 y $300 por kilo respecto de los promedios de la semana previa.

No obstante, aunque profundizado durante la última semana, este proceso de ajuste ya se viene observando desde hace tres meses. Entre febrero y principios de marzo se registraron los precios máximos del año en todas las categorías.

Desde entonces, los novillos perdieron -en términos reales- un 18%; los novillitos, un 16%; las vaquillonas, un 16,5%; y las vacas, un 18,5%, aunque en este último caso, la comparación con febrero no resulta del todo apropiada debido a la fuerte estacionalidad de oferta que caracteriza a esta categoría.

Aun así, la tendencia reciente refleja un marcado interés de los compradores por hacerse de esta hacienda, fuertemente orientada a la exportación. En particular, durante las últimas semanas el interés comenzó a concentrarse en lotes de vacas más livianas, con posibilidades de ser reingresadas al circuito de invernada para su posterior terminación y salida como hacienda gorda para exportación. Si bien continúa siendo un mercado mucho más estacional, esta dinámica refleja la fuerte tracción que ejerce actualmente la demanda externa para este tipo de hacienda.

Al analizar una serie de precios más amplia, medida a valores constantes de hoy, se observa que, más allá del recorrido bajista registrado desde los máximos alcanzados en febrero, los valores de la hacienda continúan siendo muy favorables en términos históricos. En pesos constantes, superan en un 40% los niveles registrados dos años atrás.

Sin embargo, a diferencia de lo observado durante los primeros meses del año, cuando las subas parecían no encontrar techo, hoy se advierte una actitud considerablemente más cautelosa por parte de los compradores. Esto refleja a un consumidor que comienza a mostrar un grado de sensibilidad a los precios poco habitual para los patrones históricos de consumo del mercado local.

En adelante, esta cautela por parte de los compradores de hacienda podría incluso profundizarse a medida que empiece a salir con mayor fluidez la hacienda que actualmente se encuentra encerrada en los feedlots, en pleno proceso de engorde y terminación.

Es en este contexto donde la exportación debería actuar como el principal catalizador para morigerar la eventual debilidad que pueda presentar el consumo interno por estos meses.

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La faena cae por decimotercer mes consecutivo y se anticipa un cambio de ciclo en la ganadería

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La ganadería argentina comienza a mostrar señales cada vez más claras de un cambio de ciclo. Los datos de mayo confirmaron una tendencia que ya se extiende por más de un año: la faena bovina continúa en retroceso y la menor oferta de animales empieza a convertirse en el principal condicionante para la producción de carne vacuna.

Según los registros del SENASA basados en los Documentos de Tránsito Electrónico (DTe), durante mayo se remitieron a faena 997.774 cabezas, un volumen que representa una caída interanual del 12%, equivalente a unas 136.000 cabezas menos que en igual mes de 2025. De esta manera, se completa el decimotercer mes consecutivo de retracción en las remisiones a frigoríficos, consolidando un escenario de menor disponibilidad de hacienda que ya se percibe en toda la cadena comercial.

Los números de mayo confirman una faena cada vez más reducida. Se trata del 13er mes consecutivo con caídas interanuales en las remisiones a faena, una tendencia que se consolida y comienza a evidenciar la restricción de oferta que se percibe en el mercado

De acuerdo con las estadísticas informadas por SENASA sobre la base de los Documentos de Tránsito Electrónico (DTe), durante mayo los productores remitieron a faena un total de 997.774 vacunos. Comparado con igual mes del año pasado, este volumen representa una caída del 12%, equivalente a unas 136.000 cabezas menos.

De este modo, en los primeros cinco meses del año los envíos a faena acumulan una reducción del 11,3% respecto de igual período de 2025, con 4,9 millones de cabezas frente a los 5,5 millones registrados un año atrás.

Ahora bien, ¿cuáles son los factores que explican esta disminución sostenida de la actividad y cuál es el peso relativo de cada uno de ellos?

En primer lugar, es importante señalar que el nivel de faena siempre está condicionado por una combinación de factores asociados tanto a la oferta como a la demanda. Sin embargo, aun en un contexto en el que ni el consumo interno ni las exportaciones muestran una capacidad de tracción significativa, es la oferta la que actualmente impone la principal restricción sobre la producción de carne vacuna.

Al analizar esta menor disponibilidad de hacienda, es necesario distinguir entre factores estructurales y factores coyunturales. Entre los primeros se encuentra la propia disponibilidad de animales dentro del stock ganadero, mientras que entre los segundos sobresale una mayor retención por parte de los productores, favorecida por un contexto de precios y expectativas que incentiva la prolongación de los ciclos productivos.

En lo que respecta al stock, luego de tres años consecutivos de caída en la producción de terneros, la capacidad de extracción que puede exigirse al rodeo sin comprometer su evolución futura resulta cada vez más limitada. En definitiva, se trata de una relación básica entre ingresos y egresos dentro de un mismo sistema.

A priori, si consideramos una producción de terneros de 14,4 millones de cabezas que se incorporan este año al stock nacional y asumimos una tasa de mortandad promedio del 3% para el conjunto del rodeo —equivalente a aproximadamente 1,5 millones de cabezas—, la faena máxima sostenible para este año sería del orden de los 12,9 millones de animales. Esto implica una reducción cercana al 5% respecto de los 13,6 millones de cabezas faenadas durante el año pasado.

Sin embargo, al analizar la evolución de las faenas durante los primeros cinco meses del año, se observa una retracción aún mayor. Según las estadísticas de traslado a plantas de faena, la caída alcanza el 11% interanual.

Por lo tanto, resulta evidente que, además de la limitación estructural derivada del menor stock disponible, existe una retención de hacienda significativa por parte de los productores.

Una de las tendencias más claras observadas desde el año pasado, y que se ha profundizado durante la presente zafra, es la mayor permanencia de los animales en sistemas de recría pastoril. Este comportamiento está siendo impulsado no sólo por los valores de la hacienda, sino también por la posibilidad de reducir costos de alimentación mediante un mayor aprovechamiento de los recursos forrajeros antes de la terminación a corral.

De acuerdo con los datos surgidos de las estadísticas de movimiento de hacienda, durante los primeros cinco meses del año se trasladaron 4,57 millones de terneros y terneras desde los establecimientos de origen con destino a cría e invernada, un 13% menos que en igual período de 2025. Expresado en términos relativos al stock inicial disponible de esta categoría, dichos movimientos representan el 32% del total, frente al 36% registrado un año atrás.

En otras palabras, además de existir una menor cantidad de terneros disponibles, la proporción de esa oferta que efectivamente llega al mercado resulta actualmente más reducida.

No obstante, al desagregar la información por sexo, se observan comportamientos claramente diferenciados.

En el caso de las hembras, la retención se concentra principalmente en los establecimientos de cría. Las estadísticas muestran que una proporción importante de terneras permanece en los campos de origen y no ingresa al circuito comercial habitual. Mientras que, en años anteriores, para esta época del año, los criadores comercializaban en promedio cerca del 30% de las terneras disponibles, actualmente esa proporción se ubica en torno al 16%.

Por el contrario, en los machos la oferta relativa de terneros no muestra una reducción comparable. De hecho, los movimientos acumulados representan el 47% del stock inicial de la categoría, frente a niveles cercanos al 43% observados en años anteriores.

Sin embargo, ello no implica una menor retención. Lo que cambia es el eslabón de la cadena donde ésta se produce. En el caso de los machos, la retención parece estar ocurriendo principalmente en manos de los invernadores.

En efecto, los registros indican que del total de terneros machos que salieron de los establecimientos de cría, apenas el 14% tuvo como destino directo un feedlot, mientras que el 86% restante ingresó a otros sistemas de recría. En años anteriores, la participación de los corrales como primer destino de esta invernada liviana rondaba el 21%.

Este comportamiento confirma la creciente intensificación de los procesos de recría pastoril como etapa previa al engorde a corral. No obstante, a medida que avance el invierno, es posible que estos esquemas comiencen a enfrentar mayores limitaciones derivadas de la menor disponibilidad forrajera.

En el caso de las hembras, la retención observada a nivel de los establecimientos de cría podría constituir una señal temprana de recomposición del stock de vientres. Por el momento, este proceso aún no se refleja con claridad en los registros de faena, dado que las categorías de vacas y vaquillonas muestran caídas menos pronunciadas que las observadas en otras categorías, manteniendo una participación relativamente elevada dentro de la faena total.

Sin embargo, la menor salida de terneras registrada durante esta zafra podría comenzar a reflejarse durante el segundo semestre del año. En la medida en que una mayor proporción de hembras permanezca dentro del sistema productivo, se reducirá el ingreso de futuras vaquillonas a los circuitos de engorde, limitando posteriormente la disponibilidad de hacienda liviana para faena, lo que sentaría las bases para una eventual recomposición del stock reproductivo.

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Brasil agranda la brecha agroindustrial con Argentina y reabre el debate sobre el costo de las políticas internas

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El contraste entre el agro de Brasil y el de Argentina dejó de ser una comparación sectorial para transformarse en una señal política de fondo. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario expuso que, en las últimas tres décadas, ambos países crecieron en agricultura y ganadería, pero lo hicieron a velocidades muy distintas. El dato más contundente está en la producción de soja, maíz y trigo: si en el promedio de los años noventa Brasil producía un 53% más que Argentina, en las primeras cinco campañas de la década del 2020 esa diferencia escaló al 155%. Para la campaña 2025/26, las proyecciones de GEA y Conab anticipan una brecha todavía enorme: 147% a favor de Brasil. La pregunta que sobrevuela el informe no es solo cuánto más produce el vecino, sino cuánto de esa distancia responde a ventajas naturales y cuánto a decisiones políticas que en Argentina terminaron frenando el potencial del sector.

Dos modelos, un mismo punto de partida y resultados cada vez más distintos

La comparación que realiza la Bolsa rosarina parte de una base relevante: Brasil y Argentina comparten una estructura agroindustrial central en sus economías, con cadenas agrícolas y ganaderas de peso estratégico. Sin embargo, las trayectorias divergieron.

Durante los años noventa, la producción combinada de soja, maíz y trigo de Brasil era un 53% superior a la argentina. En la década del 2000, con la maduración tecnológica, la expansión de la siembra directa y la mejora en el manejo, esa brecha incluso se redujo a 45%. Había, en ese momento, una convergencia posible.

Pero el informe sitúa allí un punto de inflexión. Esa misma década marcó en Argentina el regreso de los derechos de exportación, dentro de un esquema de políticas que, según la Bolsa, comenzaron a desincentivar el respaldo a las cadenas agrícolas. Mientras tanto, Brasil sostuvo políticas de apoyo a la producción, entre ellas el Plan Safra, y consolidó una dinámica de expansión en superficie y rindes.

El resultado fue un quiebre cada vez más profundo. En la década del 2010, Brasil pasó a producir en promedio un 82% más que Argentina en esos tres cultivos. Luego, en las primeras cinco campañas del 2020, la diferencia saltó al 155%. Aun con una leve corrección proyectada para 2025/26, la distancia seguiría en 147%, muy por encima de cualquier registro previo.

No es solo una estadística productiva. Es la evidencia de que, frente a tecnologías similares y cadenas que compiten en el mismo mercado global, el marco de incentivos puede alterar de forma decisiva la escala alcanzada por cada país.

La carne vacuna también muestra una diferencia de poder productivo

La divergencia no quedó encerrada en los granos. En carne vacuna, la brecha fue todavía más marcada. En el promedio de los años noventa, Brasil producía un 119% más de carne vacuna que Argentina. En los 2000, esa diferencia ascendió al 167%. Ya en la década del 2010, Brasil producía 249% más, es decir, más de tres veces el volumen argentino.

En lo que va de la década actual, el promedio ubica a Brasil con una producción 235% superior. Y para la campaña 2025/26, las previsiones del USDA proyectan una distancia de 284%, cerca de cuadruplicar la producción argentina.

La magnitud de esa brecha tiene una lectura económica inmediata y otra política menos visible, pero igual de relevante. En términos productivos, consolida a Brasil como un actor de escala mucho mayor en uno de los mercados de proteínas más sensibles del comercio global. En términos de poder, le permite jugar con otra espalda en exportaciones, abastecimiento y posicionamiento estratégico frente a la demanda internacional.

Exportaciones: donde la distancia se volvió más contundente

Si la producción muestra una divergencia fuerte, las exportaciones terminan de dimensionar el cambio de tablero. Según el informe, en el promedio de la década del noventa Argentina exportaba un 24% más de carne por año que Brasil. Hoy esa relación se invirtió de manera drástica: para la campaña actual, Brasil aspira a exportar más de cinco veces el volumen argentino.

El dato resume una transformación de largo plazo. En más de tres décadas, Argentina casi duplicó sus exportaciones de carne. Brasil, en cambio, las multiplicó por más de 13. Allí aparece una diferencia decisiva entre crecer y escalar. Argentina aumentó, pero Brasil construyó volumen, continuidad y capacidad de inserción externa a otra velocidad.

Ese desempeño también redefine la correlación regional. No se trata solo de quién produce más, sino de quién gana mercados, quién consolida presencia internacional y quién logra convertir su potencia agroindustrial en una plataforma más robusta de generación de divisas.

El crédito como diferencia silenciosa entre ambos modelos

La Bolsa de Comercio de Rosario agrega otro factor que ayuda a explicar el ensanchamiento de la brecha: el financiamiento. A comienzos de siglo, Argentina y Brasil tenían niveles de crédito interno al sector privado relativamente cercanos en proporción al PBI: 24% en Argentina y 31% en Brasil.

Dos décadas y media después, la distancia se volvió mucho más amplia. En 2024, Argentina se ubicó en 15% del PBI, sin recuperar siquiera los niveles previos a la crisis de 2001. Brasil, en cambio, expandió ese indicador hasta casi el 76% del PBI. Lo que hace 25 años era una diferencia de 7 puntos porcentuales, hoy supera los 60 puntos.

Ese dato no aparece en el debate cotidiano con la misma fuerza que las retenciones o el tipo de cambio, pero tiene consecuencias igual de concretas. Más financiamiento significa mayor capacidad para invertir, incorporar tecnología, sostener ciclos productivos y planificar crecimiento. Menos crédito implica menor margen para escalar y más vulnerabilidad frente a shocks climáticos o de precios.

En esa comparación, el informe deja una señal clara: la brecha productiva entre ambos países no se explica únicamente por la política tributaria o comercial, sino también por la capacidad del sistema financiero para apuntalar la expansión del sector privado.

Retenciones, brecha cambiaria y un intento de corregir incentivos

El informe no se limita a describir la diferencia histórica. También introduce una lectura sobre el presente argentino. Según la Bolsa, la baja de retenciones y el fin de las brechas cambiarias son decisiones que colaboran para apuntalar la producción agrícola y ganadera.

La afirmación tiene una carga política evidente, aunque se formule en lenguaje técnico. Lo que se pone sobre la mesa es que parte de las distorsiones que durante años condicionaron al agro empiezan a corregirse, al menos parcialmente. Esa corrección alimenta una nueva expectativa de crecimiento.

La Bolsa sostiene que la campaña actual espera batir récords en producción de granos, mientras que el crédito bancario al sector ganadero alcanzó su segundo mayor registro de la historia argentina. Son señales que, en la lógica del informe, permitirían iniciar una recuperación del terreno perdido.

No se trata todavía de una convergencia con Brasil. La distancia acumulada es demasiado profunda para revertirse en el corto plazo. Pero sí de una ventana de oportunidad: si se sostienen mejores condiciones para producir, financiarse y exportar, Argentina podría volver a expandirse con mayor velocidad.

Repercusiones: quiénes quedan fortalecidos y qué discusión se reactiva

La principal consecuencia política del informe es que reabre una discusión incómoda para la política económica argentina: cuánto del rezago agroindustrial fue producto de condiciones externas y cuánto fue resultado de decisiones domésticas. La Bolsa responde con una hipótesis nítida: las políticas divergentes entre Brasil y Argentina ampliaron la brecha.

Esa lectura fortalece a los sectores que vienen reclamando un marco más previsible, menor carga sobre las exportaciones y acceso al financiamiento como condiciones básicas para crecer. También condiciona a cualquier estrategia de política pública que busque sostener recaudación o intervenir en los mercados sin medir el costo de largo plazo sobre la inversión y la escala productiva.

En términos económicos, el informe vuelve a ubicar al agro como un actor decisivo para la generación de divisas, el aumento de producción y la expansión exportadora. En términos institucionales, sugiere que las reglas importan tanto como la tecnología. Y en términos estratégicos, instala una advertencia: la competencia regional no espera a que Argentina resuelva sus dilemas internos.

Un escenario abierto: el potencial está, pero no alcanza con corregir dos variables

La Bolsa cierra con una idea optimista: con más apoyo al productor, Argentina puede seguir creciendo en producción y exportaciones, tal como destaca el modelo AGMEMOD. Esa proyección, sin embargo, abre más interrogantes de los que clausura.

Porque el potencial está documentado, pero la brecha con Brasil también. La actual mejora de incentivos puede empujar una recuperación, pero el desafío no es solo crecer un año más, sino sostener una trayectoria. Ahí se jugará la dimensión más importante del proceso.

En las próximas campañas habrá que mirar si el récord esperado en granos logra consolidarse, si el mayor crédito al sector ganadero se traduce en más producción efectiva y si las condiciones macroeconómicas permiten transformar alivios puntuales en un cambio de régimen. También habrá que observar si la corrección de distorsiones alcanza para achicar una distancia que lleva décadas ampliándose.

La foto actual muestra a Brasil muy por delante y a Argentina intentando reordenar el terreno. Lo que todavía está en construcción es si ese reordenamiento puede convertirse en una estrategia persistente o si quedará, otra vez, atrapado entre avances parciales y restricciones recurrentes.

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El precio de la carne vacuna sube por una escasez que ya no es coyuntural

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La carne vacuna volvió a quedar en el centro de una tensión que excede a la góndola y empieza mucho antes del mostrador. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que tanto el mercado internacional como el interno se mueven hoy bajo una misma lógica: oferta limitada, demanda firme y precios sostenidos. En la Argentina, ese cuadro ya tuvo traducción concreta. A enero de 2026, el precio promedio de los cortes vacunos acumuló un 73% interanual, muy por encima del pollo (31%) y del pechito de cerdo (23%), y también bastante por encima de la inflación, que según el INDEC se ubicó en 33,1% interanual a febrero de 2026. La pregunta que se abre no es solo cuánto más puede subir la carne, sino qué margen real le queda al mercado doméstico para absorber esos valores sin empezar a romper su propia lógica de consumo.

Un mercado global más ajustado y una demanda que no afloja

La lectura de fondo que plantea la Bolsa rosarina es que el aumento del precio de la carne vacuna no responde a un sobresalto aislado, sino a una restricción estructural. El Índice de Precios de la FAO viene reflejando desde hace tiempo una dinámica distinta a la que exhiben las otras dos grandes proteínas animales: la aviar y la porcina. Mientras pollo y cerdo muestran otro comportamiento, la carne vacuna arrastra un proceso más tenso, donde producción y consumo se acercan cada vez más desde 2020.

El punto de quiebre, según el informe, puede ubicarse en 2019, cuando China se consolidó como principal importador mundial de carne vacuna y desplazó a Estados Unidos del liderazgo. Ese cambio reordenó incentivos, consolidó una demanda más agresiva y transformó a los grandes productores en jugadores obligados de una disputa por abastecer un mercado internacional cada vez más exigente.

Del lado de la oferta, además, los golpes se acumularon. Australia atravesó una fuerte caída productiva desde 2020, con mayor intensidad en 2021 y 2022, tras la severa sequía previa. Cuando comenzó a recuperar volumen en 2023, Estados Unidos ingresó en una de sus mayores contracciones productivas, también golpeado por la sequía, con un stock ganadero que cayó al nivel más bajo en 75 años. En paralelo, el consumo interno norteamericano siguió firme y desequilibró aún más su balanza comercial: hoy Estados Unidos importa más del doble de la carne vacuna que exporta.

Ese cuadro no parece aflojar. Para 2026, las proyecciones del USDA difundidas a fines del año pasado anticipan un mercado todavía más estrecho: el consumo mundial apenas compensaría cerca de dos tercios de la caída prevista en la producción global, estimada en cerca de 1 millón de toneladas. No es un detalle técnico. Es la señal de que el precio internacional seguirá encontrando respaldo en una escasez persistente.

Argentina replica el mismo patrón, pero con una presión adicional sobre el consumo

En el plano local, la lógica es similar, aunque con un ingrediente adicional: la carne vacuna conserva un peso cultural y alimentario que vuelve más delicado cualquier proceso de encarecimiento sostenido. El informe describe una oferta relativamente limitada frente a un mercado interno que, pese a los aumentos, mantuvo firmeza durante buena parte del año y a una demanda externa que sigue mostrando interés por el producto argentino.

Desde comienzos de 2025, la carne vacuna lideró los incrementos dentro del conjunto de las carnes. Pero fue en el segundo semestre cuando se produjo el mayor salto. El dato interanual a enero de 2026, con un 73% promedio para los cortes vacunos, resume esa aceleración mejor que cualquier otra referencia.

La consecuencia inmediata fue un cambio en la relación de precios con las carnes sustitutas. A comienzos de 2025, con el valor de un kilo de asado se podían comprar aproximadamente tres kilos de pollo fresco. Hoy, esa relación se amplió a cerca de cuatro kilos. En el caso del cerdo ocurrió algo parecido: un año atrás, por cada kilo de asado se adquiría menos de 1,5 kilos de pechito; hoy esa equivalencia llega a cerca de dos kilos. La carne vacuna no solo subió más: se alejó de sus competidores directos y empezó a redefinir hábitos posibles de consumo.

Salarios, inflación y un límite que empieza a aparecer en el mostrador

El informe agrega un dato clave para entender por qué la tensión no se transformó antes en un freno más visible: durante 2025, los salarios medios se mantuvieron relativamente alineados con la inflación e incluso mostraron una leve recomposición. A diciembre, el índice de salarios exhibió un aumento interanual del 38,2%, frente a una inflación del 31,5% en ese mismo período.

Ese comportamiento permitió sostener parte del consumo aun con carne más cara. Pero el margen parece haberse reducido. Marzo aparece en el informe como un mes decisivo para testear esa resistencia y ya ofrece una primera señal: los mostradores comienzan a exhibir cierta resistencia frente a las subas de precios. No se trata todavía de una retracción generalizada, pero sí de una advertencia. El mercado interno sigue orientado a la carne vacuna, aunque empieza a mostrar que no puede convalidar cualquier valor.

Ese cambio de humor tuvo correlato en la hacienda. Durante la última semana, el precio de la hacienda gorda destinada a faena mostró un retroceso significativo en categorías orientadas al consumo interno, sobre todo novillitos y vaquillonas de kilaje intermedio. En esos casos, las bajas promediaron $200 por kilo, alejándose de los más de $5.000 pagados a comienzos del mes. En cambio, los novillos más pesados, vinculados principalmente a exportación, se mantuvieron firmes e incluso registraron ligeras subas.

Ese desdoblamiento no es menor. Muestra que el límite aparece primero en el consumo doméstico, mientras la demanda exportadora conserva capacidad para sostener precios. En otras palabras, el mercado empieza a segmentarse con más nitidez entre lo que puede absorber el mostrador local y lo que todavía puede traccionar el negocio externo.

Menos faena, menos cabezas y una oferta que seguirá apretada

La otra variable que explica el escenario es la oferta física. Durante los primeros dos meses del año, la cantidad de animales faenados cayó 11% respecto de igual período del año pasado. Y en lo que va de marzo, el ritmo de remisiones hacia plantas frigoríficas parece profundizar esa tendencia.

La Bolsa atribuye parte de esa brecha a la retención que se observa dentro de los circuitos de invernada y engorde. Ese fenómeno, que en algún momento podría moderarse, por ahora actúa como un factor que restringe la disponibilidad de hacienda y sostiene precios en origen. Aun cuando la diferencia interanual debería atenuarse en el segundo semestre, las proyecciones de faena para el conjunto de 2026 siguen por debajo de 13 millones de cabezas, lo que implicaría un recorte de más de 600 mil cabezas frente al año pasado.

Ese dato tiene una consecuencia directa: la producción total difícilmente supere los 3 millones de toneladas, incluso considerando una mejora en los pesos de faena. De ese total, unas 875 mil toneladas podrían destinarse a exportación, dejando entre 2,1 y 2,2 millones de toneladas para el mercado interno. Eso representa aproximadamente un 7% menos de lo que se volcó al consumo local el año pasado.

La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el precio. Pasa por la disponibilidad real. Cuánta carne habrá, a qué destino se asignará y con qué capacidad de pago competirá cada segmento.

Repercusiones: un equilibrio delicado entre exportación y consumo interno

El escenario descrito por la Bolsa de Comercio de Rosario deja fortalecida una idea que recorre toda la cadena: la carne vacuna opera hoy en un mercado donde la escasez dejó de ser una anomalía y pasó a ser un dato estructural. Eso beneficia en parte a quienes logran colocar producto en un contexto de precios sostenidos, pero también condiciona a los distintos eslabones del negocio.

El sector exportador, aun con potencial de crecimiento, aparece trabajando al límite de su capacidad de compra frente al valor de la hacienda. Es decir, el mercado externo sigue interesado, pero no ilimitadamente. El precio del animal también le impone restricciones y, en muchos casos, afecta el nivel de actividad.

Al mismo tiempo, el mercado interno mantiene una fuerte orientación cultural al consumo de carne vacuna, pero ya empieza a exhibir un umbral de resistencia. Ese punto es políticamente sensible aunque el informe no lo plantee en términos partidarios: cuando un alimento central para la canasta argentina sube muy por encima de la inflación y de las proteínas sustitutas, la discusión deja de ser sectorial y empieza a tocar el clima económico general.

No hay, en el texto base, elementos para anticipar medidas oficiales ni cambios regulatorios. Pero sí hay un dato duro: la menor oferta obliga a una puja más intensa entre destinos, y esa puja termina ordenando precios, consumo y rentabilidad.

Un mercado que podría dejar de subir fuerte, pero no de estar caro

La Bolsa traza una hipótesis prudente para los próximos meses: el precio de la carne vacuna parecería estar acercándose a su límite de suba en términos reales. En un contexto de inflación más moderada, no deberían esperarse grandes saltos adicionales al consumidor. Pero eso no equivale a un alivio. Lo que se perfila es un mercado con precios sostenidos durante todo el año.

Esa diferencia importa. Una cosa es dejar de acelerar; otra, muy distinta, es retroceder. Si la oferta sigue ajustada, la faena no repunta y la exportación conserva atractivo, el mercado podría estabilizarse en niveles altos sin necesidad de nuevos saltos bruscos. Para el consumidor, eso implica convivir con una carne estructuralmente cara. Para la cadena, supone administrar una escasez que puede sostener márgenes en algunos tramos y comprimirlos en otros.

La clave estará en la carne disponible, no solo en la carne cotizada

El informe cierra sobre una variable decisiva: la disponibilidad efectiva de carne que logre volcarse al mercado será el factor clave en los próximos meses. Esa frase resume el corazón del problema. La discusión no se agota en si el kilo baja o sube cien pesos. Lo que está en juego es el volumen que efectivamente llegue al mercado interno en un contexto de menor faena, exportación todavía activa y una demanda local que no renuncia del todo a la carne vacuna, aunque ya empezó a marcar sus límites.

En ese equilibrio inestable se moverá el sector durante 2026. El mercado global seguirá presionando por una proteína escasa. El mercado doméstico seguirá defendiendo su centralidad, pero con menos margen para convalidar precios. Y entre ambos, la carne argentina continuará disputando destino, valor y volumen en una sintonía de escasez que, por ahora, no muestra señales de disiparse.

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La carne argentina busca posicionarse en Expoagro 2026

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La cadena de la carne argentina se prepara para exhibir su peso económico y su estrategia de posicionamiento internacional en Expoagro 2026, la principal muestra agroindustrial del país que se realizará del 10 al 13 de marzo en San Nicolás. En ese escenario, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) instalará un stand institucional en el sector ganadero con un objetivo que trasciende la vidriera productiva: consolidar el perfil exportador del sector y reforzar el vínculo entre productores, industria frigorífica y mercados internacionales.

El movimiento no es menor dentro del tablero agroindustrial. La carne vacuna sigue siendo uno de los productos emblemáticos de la oferta exportadora argentina y un sector que combina intereses productivos, comerciales y regulatorios. En ese marco, la participación del IPCVA en Expoagro aparece como un espacio donde convergen promoción, diplomacia comercial y posicionamiento político dentro de la agenda agropecuaria.

Una vidriera para toda la cadena ganadera

El stand del IPCVA funcionará como un punto de encuentro institucional dentro de la feria. El espacio estará pensado como un centro de reuniones para productores, empresarios y visitantes interesados en conocer el trabajo del instituto, con información sobre promoción interna y externa, investigaciones y programas de desarrollo vinculados al sector.

La propuesta también incluirá degustaciones abiertas al público, una estrategia habitual en este tipo de eventos que busca reforzar la identidad de la carne argentina como producto distintivo en los mercados globales.

El presidente del instituto, Georges Breitschmitt, explicó que la participación de este año busca mostrar el funcionamiento integral de la cadena productiva. Según planteó, la presencia en Expoagro se pensó como una forma de visibilizar el trabajo del IPCVA en promoción, investigación y desarrollo, con el objetivo de sostener una agenda orientada al crecimiento de la producción.

La feria funcionará así como una plataforma de comunicación sectorial, pero también como un espacio para articular intereses entre productores, frigoríficos y representantes institucionales.

Tecnología, trazabilidad y mercados externos

La agenda del instituto dentro de Expoagro incluirá también una instancia técnica enfocada en el comercio internacional.

El martes 10 a las 15, en el Auditorio Carne Argentina, se realizará la disertación titulada “Storytelling que se audita: Imágenes satelitales, IA y trazabilidad para vender carne argentina en Europa”.

La exposición estará a cargo de Gerardo Leotta, representante del Consorcio de Exportadores ABC, y Adrián Bifaretti, jefe de promoción interna del instituto.

El eje de la charla apunta a un tema que gana centralidad en el comercio global de alimentos: la trazabilidad y la certificación de procesos productivos mediante herramientas tecnológicas.

En los mercados europeos, estos mecanismos se vuelven cada vez más relevantes para validar prácticas productivas, cumplir estándares ambientales y sostener la reputación de origen de los alimentos.

En ese sentido, la incorporación de imágenes satelitales, inteligencia artificial y sistemas de seguimiento de la cadena productiva aparece como un componente clave para sostener la competitividad de la carne argentina en mercados exigentes.

Expoagro como espacio de diplomacia sectorial

Más allá de las actividades abiertas al público, la participación del IPCVA en Expoagro también incluirá reuniones con distintos actores institucionales.

Durante la muestra se prevén encuentros de trabajo con dirigentes sectoriales, embajadores, autoridades nacionales y delegaciones de países considerados estratégicos para la exportación de carne argentina.

Estos contactos forman parte de una lógica habitual en las grandes ferias agroindustriales: funcionan como plataformas informales de negociación comercial, donde empresas, organismos públicos y representantes diplomáticos exploran oportunidades de negocios y cooperación.

Para el sector cárnico argentino, estos espacios tienen una relevancia particular. La apertura o consolidación de mercados externos depende tanto de la competitividad productiva como de acuerdos sanitarios, regulaciones comerciales y relaciones diplomáticas.

Una cadena productiva en busca de expansión

El despliegue del IPCVA en Expoagro refleja una estrategia más amplia de la cadena ganadera: sostener el posicionamiento internacional de la carne argentina mientras se promueve un incremento de la producción.

Ese objetivo implica articular múltiples dimensiones. Por un lado, mejorar la productividad y la eficiencia de los sistemas ganaderos. Por otro, reforzar la promoción internacional en mercados que demandan estándares cada vez más complejos.

En ese contexto, las ferias como Expoagro funcionan como espacios donde el sector privado y las instituciones de promoción buscan mostrar capacidad productiva, innovación tecnológica y potencial exportador.

Lo que se pondrá en juego en la feria

La edición 2026 de Expoagro llega en un momento en el que el sector agroindustrial intenta consolidar su perfil exportador en un escenario global atravesado por nuevas exigencias regulatorias y competencia internacional.

La carne vacuna, históricamente uno de los emblemas productivos del país, continúa ocupando un lugar central en esa estrategia.

Durante cuatro días, productores, industriales, funcionarios y delegaciones extranjeras compartirán un mismo espacio de negociación, promoción y exposición tecnológica.

Allí, la cadena de la carne buscará mostrar no solo su tradición productiva, sino también su capacidad de adaptación a las nuevas reglas del comercio global. Cuánto de ese objetivo se traduzca en nuevas oportunidades comerciales o en un mayor posicionamiento internacional será parte de lo que el sector empezará a medir una vez que se apaguen las luces de la feria.

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