Ganadería Argentina

Crédito récord: la ganadería lleva su deuda bancaria al máximo en 20 años

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La ganadería argentina atraviesa un ciclo de fuerte expansión del financiamiento bancario. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), elaborado a partir de información del Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda de las empresas dedicadas a la cría bovina alcanzaron en junio los US$1.562 millones, el nivel más elevado de los últimos 20 años cuando se mide la deuda en dólares.

Según se desprende de los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda provenientes de préstamos contraídos por empresas ganaderas alcanzan -medidos en dólares- su nivel máximo de los últimos 20 años.

Según se desprende de los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los saldos de deuda provenientes de préstamos contraídos por empresas ganaderas alcanzan -medidos en dólares- su nivel máximo de los últimos 20 años, superando incluso los registros alcanzados entre fines de 2017 y comienzos de 2018, cuando se registró otro de los momentos de mayor expansión del crédito bancario.

Esta situación surge al analizar la evolución de los pasivos contraídos por las empresas ganaderas con entidades financieras, a partir de los saldos pendientes por actividad económica publicados por el BCRA al cierre del segundo trimestre del año.

Como primer punto a destacar, desde comienzos de 2024 hasta la actualidad se observa un crecimiento prácticamente ininterrumpido de los saldos adeudados por las empresas del sector. Según la estadística publicada al 30 de junio de este año, los préstamos bancarios otorgados a empresas ganaderas —específicamente aquellas dedicadas a la cría de ganado bovino, excepto cabañas— ascienden a un total de USD 1.562 millones. Esto representa una expansión del 38% durante los primeros seis meses del año y del 47% respecto de los saldos registrados doce meses atrás.

A priori, los números absolutos muestran que, desde comienzos de 2024, los saldos de deuda contraídos por las empresas del sector se han más que triplicado, al pasar de menos de USD 500 millones a los actuales USD 1.562 millones. No obstante, es válido aclarar que, puesto que los saldos se expresan en dólares a efectos de homogeneizar la comparación, la variación de los montos mencionados puede reflejar tanto cambios en el volumen de crédito como movimientos en el tipo de cambio y en la composición monetaria de dichos préstamos.

A su vez, otro aspecto a destacar es el fuerte crecimiento observado en la proporción de préstamos nominados en moneda extranjera. Actualmente, el 43% de los saldos adeudados corresponde a este tipo de operaciones, frente al 30% registrado un año atrás, el 22% en junio de 2024 y menos del 10% durante los dos años previos.

Si bien la estabilidad cambiaria registrada durante el último año, junto con el menor costo nominal de las financiaciones en dólares, favorecieron las condiciones para la toma de este tipo de préstamos, también se observa una ventaja muy clara al comparar las tasas reales de las financiaciones nominadas en dólares y en pesos.

Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 53% anual para los préstamos en pesos. Si bien es cierto que la historia reciente nos remite a tasas de hasta tres dígitos, especialmente durante el último tramo de 2023, previo al cambio de gobierno, la realidad es que, por entonces, la inflación en pesos llegaba a duplicar ese costo, por lo que el costo real del dinero resultaba negativo.

Hoy, con una inflación promedio fluctuando en torno al 33% anual, la diferencia simple es efectivamente 20 puntos porcentuales. Un año atrás, aún con una tasa nominal más baja, del 47%, pero con una inflación que todavía fluctuaba en torno al 39% anual, arrojaba una diferencia de apenas 8 puntos porcentuales, brecha que prácticamente se duplicó durante el último año.

En términos reales, considerando la relación entre ambas tasas, el costo financiero se ubica en torno al 15% anual frente al 6% resultante, un año atrás.

Distinto es el caso de las tasas nominadas en moneda extranjera. Según la estadística publicada por el BCRA correspondiente al segundo trimestre del año, la tasa promedio a la que accedía al crédito el sector ganadero rondaba el 6% anual para los préstamos en dólares, apenas 2 puntos porcentuales por debajo de lo registrado un año atrás. Sin embargo, al considerar la variación del tipo de cambio, tenemos que la inflación en dólares durante este último periodo fue del 7,5% anual, lo que se traduce en una tasa real negativa, para préstamos contraídos en moneda extranjera.

En este contexto, mientras que dos años atrás la inflación en pesos licuaba gran parte del costo financiero de la deuda contraída en moneda nacional, hoy este costo real aumentó significativamente. En tanto, la mayor estabilidad del tipo de cambio frente a la variación del resto de los precios nominados en moneda nacional genera una inflación en dólares superior al costo de contraer financiación nominada en moneda extranjera. De este modo, la ecuación se invierte y la tasa real en dólares se torna ligeramente negativa, (-1,6% anual).

Claro está que, a medida que nos acerquemos al período electoral, estas alternativas de financiación vuelven a tornarse más riesgosas ante eventuales movimientos del tipo de cambio, en un contexto en el que la incertidumbre política tiende a crecer, más allá de la contención que genera la estabilidad de las variables macroeconómicas.

No obstante, más allá del costo real que naturalmente debe tener el dinero en un contexto en el que las tasas pagadas por tomar financiación vuelven a ser positivas para cualquier actividad productiva, lo que el productor ganadero no debería dejar de contrastar es qué rendimiento genera efectivamente esa financiación dentro de su actividad.

En este sentido, el valor del ternero —por tomar la categoría de hacienda más representativa de la cría— creció durante el último año un 68% en términos nominales, frente a un costo de tomar dinero que, en promedio, se ubicó en el 53% anual. Si bien esta comparación no implica por sí misma que toda inversión financiada resulte rentable, sí refleja una relación de precios que, en principio, mejora el atractivo de apalancar determinadas decisiones productivas.

Esta relación favorable, que se viene registrando de manera prácticamente ininterrumpida durante los últimos tres años, genera un contexto potencialmente favorable para la inversión en producción.

Sin embargo, todavía existe un amplio margen para seguir afianzando el financiamiento del sector. La ganadería tiene ciclos productivos largos y una fuerte inmovilización de capital en hacienda. Por eso, no alcanza con que exista crédito: el plazo debe ser compatible con el ciclo biológico y comercial de la actividad.

Esto será determinante para transformar las actuales condiciones favorables de la actividad en mayor inversión, crecimiento y oferta ganadera

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Menos faena y más kilos: la ganadería argentina da señales de un posible giro hacia la retención

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La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que tres indicadores comienzan a alinearse en una misma dirección: menos animales enviados a faena, una participación decreciente de las hembras y un mayor peso promedio por cabeza. El cuadro todavía no alcanza para confirmar el inicio de una fase de retención, pero sí permite identificar una transición potencial después de varios años caracterizados por la reducción del stock bovino.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) entre enero y julio de 2026 se faenaron 7,1 millones de cabezas, un 9,5% menos que en igual período del año pasado y cerca de un 10% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Se trata, además, del volumen más bajo para los primeros siete meses de un año en nueve años y la proporción de hembras cayó al 44,3% en julio. Junto con un peso de la hacienda en máximos y una tasa de extracción en disminución, la oferta parece alejarse de la fase de liquidación.

En el presente artículo se analizará el desempeño del sector bovino nacional durante los primeros siete meses de 2026, a partir de distintos indicadores de oferta y su posible relación con el ciclo ganadero en Argentina.


La faena de hembras entra en zona umbral

El volumen y la composición de la faena son la principal puerta de entrada para leer en qué fase del ciclo se encuentra la ganadería. En lo que va de 2026, ambos indicadores comenzaron a dar señales. La faena durante los primeros siete meses de 2026 se ubicó en 7,1 millones de cabezas. Esto representa una disminución del 9,5% en comparación con el mismo período del año pasado, y cerca de 10% menos comparado contra el promedio de los últimos cinco años para dicho período. Además, es el registro más bajo en nueve años. El contexto de los últimos años estuvo caracterizado por una fase de liquidación de stocks que comenzó en el año 2019. Entre 2018 y 2025, la cantidad de cabezas en Argentina cayó de 55,0 a 50,9 millones, es decir, hubo en el transcurso de esos años una reducción del rodeo de 4,1 millones de bovinos.

Con la mejora en los precios de la hacienda, que alcanzaron en el transcurso del año en curso récords históricos (medidos tanto en dólares corrientes como en pesos reales deflactados por IPC), sumado a la adecuada disponibilidad hídrica generalizada en buena parte de las áreas productivas, se han visto incrementados los incentivos para reducir la faena de hembras y orientar la estrategia productiva hacia una recomposición de stocks. Todavía no hay evidencia concluyente acerca de que nos encontremos ingresando en una fase de retención, pero sí se observa que algunos indicadores comienzan a alejarse de los umbrales que indican liquidación.

Un ejemplo de lo anterior es el dato de porcentaje de hembras sobre el total de la faena. Históricamente, valores de este indicador por encima del 47% han tendido a coincidir con las fases de liquidación, mientras que valores por debajo del 43% han sido más acordes a fases de retención. Durante el agregado de los primeros siete meses de 2026 el registro se ubica en 46,6%, un valor relativamente alto, pero dentro de la zona umbral entre fases. Además de eso, se observa una tendencia decreciente en el transcurso del año de la proporción de hembras en la faena. En el último mes con datos oficiales, que es julio, la proporción de hembras en la faena disminuyó hasta el 44,3%, siendo este el mínimo registro en 44 meses, el cual ubica al indicador en una “zona intermedia” entre las dos fases que caracterizan el ciclo. 

Desde luego, cabe aclarar que el registro de julio todavía no confirma una fase de retención: para ello el indicador debería ubicarse debajo del 43%, y luego sostenerse en esa zona durante varios meses consecutivos, algo que no ocurre desde 2017. Lo que sí muestran los datos es una zona de posible transición: la señal es coherente con la idea de que el ciclo podría estar comenzando a girar de la liquidación hacia la retención, aunque el cambio no está aún definido ni consolidado, para ello habría que ver si la tendencia se ratifica en los últimos meses del año.


Menos cabezas, pero mayor peso

Los mismos factores que incentivan a la retención de hacienda, es decir, la buena disponibilidad hídrica y los altos precios del kilogramo vivo, impulsaron también a extender el engorde y a enviar animales más pesados a faena. A partir de ello, el peso promedio por animal ascendió durante los primeros siete meses de 2026 a 238,2 kg gancho, superando en 7,6 kg por animal al registro del año pasado, y en 9,5 kg al promedio del último lustro. Este peso promedio es el máximo en los registros para el período considerado, con datos desde 1990.

Si se observan los datos mensuales, en lugar del promedio enero-julio, los datos son aún más alentadores: en julio de 2026, el peso promedio por animal ascendió hasta los 244,3 kg gancho, el máximo valor en los registros. Esta dinámica de mayor agregado de peso previo a la faena se ve también reflejada en las existencias que hay en los establecimientos de engorde a corral. Tal como indica el informe de Rosgan del presente informativo, las mismas alcanzaron las 2.131.785 cabezas al 1° de agosto, lo que representa un incremento interanual del 4,9% respecto del mismo mes del año pasado.


La tasa de extracción también cerca de un valor umbral

Un último indicador que resulta de interés para analizar el estado del ciclo ganadero es el de la tasa de extracción, que puede ser aproximada a partir de la relación entre la faena total durante un año y el stock de bovinos al comienzo de este. En Argentina, la bibliografía especializada indica que existe un valor umbral del 24%: niveles por debajo de esta cifra suelen asociarse a períodos de retención (como ocurrió entre 2011 y 2018, donde el promedio fue del 23,2%), mientras que valores superiores sugieren una fase de liquidación.

Si se realiza el ejercicio teórico de anualizar la faena en base a los primeros siete meses de 2026 y a la estacionalidad promedio de los últimos años, el resultado sería una faena anual de alrededor de 12,3 millones de cabezas en el año en curso. Frente a un stock de 50,9 millones de cabezas a fines del año 2025, esto daría como resultado una tasa de extracción de 24,3% durante 2026, prácticamente en el umbral que delimita el paso de una fase a otra. Si efectivamente se mantuviese esta dinámica hasta fin de año, sería posible que hacia fines de año los stocks presentasen una ligera suba, dado que esto es lo que ha sucedido generalmente en años con niveles de extracción similares. De darse esta situación, los stocks podrían ubicarse en un entorno cercano a las 51,1 millones de cabezas a fines de año. Cabe mencionar, sin embargo, que esto constituye solo un ejercicio teórico, dado que todavía restan verse los movimientos durante los últimos cinco meses del año.

En síntesis, los tres indicadores analizados —una faena en mínimos con una participación de hembras en descenso, un peso por animal en máximos históricos y una tasa de extracción ubicada apenas por encima de su valor umbral— apuntan en una misma dirección: la de una posible transición desde la fase de liquidación hacia una de retención. Ninguno de ellos alcanza todavía para confirmar el inicio de esa nueva etapa, que recién podrá darse por consolidada si la tendencia se sostiene en lo que resta del año. Será clave, por lo tanto, continuar monitoreando de cerca la evolución de estos indicadores en los próximos meses.

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La hacienda recuperó precio, pero la mayor oferta limita nuevas subas

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Después de varios meses de amesetamiento, el precio de la hacienda gorda comenzó a recuperar terreno en julio. Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) registraron subas promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Sin embargo, la mejora llega a un mercado condicionado por una demanda cautelosa y, principalmente, por una oferta que podría ganar volumen durante los próximos meses.

El comportamiento reciente vuelve a poner en primer plano una divergencia que atravesó buena parte de 2026. Hasta mediados de año, mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda medida a través del índice INMAG apenas había aumentado 2% nominalmente. La brecha se explica por la fuerte corrección registrada en febrero y por la posterior resistencia de los precios minoristas a retroceder pese al abaratamiento de la materia prima.

En otras palabras, el consumidor convalidó durante el primer trimestre un nuevo escalón de precios de la carne que luego logró sostenerse aun cuando el valor del ganado perdió parte de la mejora inicial. Al mismo tiempo, la demanda comenzó a profundizar la sustitución de carne vacuna por alternativas de menor precio, principalmente pollo y cerdo.

Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), tras varios meses de amesetamiento, julio marcó un moderado repunte en el precio de la hacienda gorda.

Las referencias del Mercado Agroganadero (MAG) muestran incrementos promedio del 3,7% para los novillos, del 1,8% para los novillitos y del 1,3% para las vaquillonas. Resta verificar si esta mejora ha logrado o logrará trasladarse plenamente al precio de la carne al consumidor o si encuentra una demanda más cautelosa, que limite la capacidad del comercio para convalidar nuevos aumentos.

Hasta mediados de año, la evolución de ambos mercados había transitado caminos muy diferentes. Mientras el precio de la carne acumulaba un incremento del 22%, la hacienda, medida a través del índice INMAG, apenas registraba una suba nominal del 2%.

La explicación se encuentra en la dinámica observada desde los primeros meses del año. Luego de las fuertes subas registradas en febrero, las cotizaciones de la hacienda comenzaron a retroceder en términos nominales, perdiendo prácticamente toda la mejora alcanzada. En cambio, el precio de la carne, cuyos principales ajustes se concentraron durante el primer trimestre, logró sostener esos valores aun cuando la materia prima se abarató. En otras palabras, el consumidor terminó convalidando un nuevo escalón de precios del cual, posteriormente, no retrocedió.

Si bien, desde el lado de la demanda, se ha profundizado este efecto sustitución que ejercen carnes de menor precio, como el pollo y el cerdo, sobre el consumo de carne vacuna, el comportamiento reciente también evidencia un mercado relativamente estabilizado en los actuales niveles de consumo puesto que, en este contexto, el comercio minorista tampoco se vio presionado a realizar correcciones de precios a la baja tras los retrocesos de la hacienda.

Del lado de la oferta también comienzan a observarse cambios relevantes. La menor disponibilidad relativa de hacienda terminada parece haber contribuido a la reciente recuperación de los valores, aunque difícilmente este factor mantenga la misma intensidad durante los próximos meses.

En efecto, si se analizan los datos de faena de los últimos cinco años, el segundo trimestre suele ubicarse sistemáticamente por encima del primero. Con excepción de 2024, cuando comenzó a evidenciarse un proceso de retención luego de la sequía, la faena entre abril y junio resultó entre un 6% y un 7% superior a la registrada entre enero y marzo. Este año, en cambio, el aumento fue de apenas el 2%.

Esta diferencia refleja un cambio en el comportamiento de la oferta. A diferencia de lo observado en 2024, el proceso de retención actual no se limita a una menor salida de hembras, sino que también involucra machos que permanecen más tiempo en recría o engorde con el objetivo de incrementar el peso de faena y, con ello, la producción de carne por animal.

Un indicador que refuerza esta interpretación es el elevado nivel de ocupación de los feedlots. Según los últimos datos publicados por SENASA al 1.º de agosto, el stock alcanzó los 2,13 millones de cabezas, cerca de un 5% por encima del registrado un año atrás y entre los valores más altos de la serie histórica.

En consecuencia, el importante volumen de animales actualmente encerrados asegura una oferta significativa de hacienda terminada para los próximos meses, lo que constituye un factor que probablemente limite nuevas subas de magnitud en los precios de la hacienda gorda.

A ello se suma la importante cantidad de animales que aún permanece en sistemas de recría o engorde pastoril y que todavía no ingresó a los corrales para su terminación. Es decir, existe una oferta potencial adicional que comenzará a incorporarse al mercado durante los próximos meses.

Finalmente, otro aspecto que merece un seguimiento cercano es la evolución del clima. Los pronósticos que anticipan un escenario de El Niño, con lluvias superiores a lo normal, podrían modificar nuevamente el comportamiento de la oferta. En particular, en las islas y zonas costeras de la franja este del país, un exceso de precipitaciones podría acelerar la salida de hacienda que actualmente se encuentra en engorde pastoril. La falta de corrales o de campos firmes para sostener esos animales podría adelantar su envío a faena hacia fines de año, incrementando estacionalmente la oferta.

En síntesis, el mercado enfrenta un escenario de precios relativamente firmes, aunque con fundamentos que sugieren un margen acotado para convalidar nuevas subas significativas en el valor de la hacienda gorda.

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Senasa autorizó una nueva vacuna antiaftosa y apuesta a profundizar la baja de costos

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La estrategia de desregulación impulsada por el Gobierno nacional sumó un nuevo capítulo con la autorización para comercializar en Argentina la vacuna antiaftosa Artogán, elaborada por el laboratorio colombiano Vecol. La medida busca ampliar la oferta disponible en uno de los principales insumos sanitarios de la producción bovina y generar una mayor competencia que contribuya a reducir los costos de vacunación para los productores.

El anuncio fue realizado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien destacó que la incorporación de un nuevo proveedor internacional representa un paso adicional en el proceso de apertura del mercado veterinario. Según explicó, Vecol es actualmente uno de los principales fabricantes de vacunas contra la fiebre aftosa en América Latina y lidera las ventas en Uruguay, donde comercializa alrededor de seis millones de dosis anuales.

Para el funcionario, la habilitación comercial de Artogán no solo amplía las alternativas disponibles para los productores argentinos, sino que fortalece un escenario de mayor competencia en un mercado históricamente concentrado. En ese sentido, sostuvo que la política de apertura ya comenzó a reflejarse en una reducción de los precios de la vacuna durante la actual gestión y expresó su expectativa de que la incorporación del laboratorio colombiano acelere esa tendencia.

“Vecol es un importante proveedor mundial de vacunas contra la aftosa. En Uruguay vende unas seis millones de dosis anuales, siendo allí el mayor proveedor”, señaló Sturzenegger al anunciar la autorización. Asimismo, afirmó que “la posible irrupción de Vecol, por ahora con la autorización para comercializar, ayuda a reforzar un entorno más competitivo en este mercado”.

El ministro también remarcó que los valores de la vacuna registraron una disminución significativa desde el inicio de la administración de Javier Milei, aunque reconoció que todavía permanecen por encima de los observados en otros países de la región. “Hemos avanzado muchísimo. Aunque los precios todavía no son los de la región, ya no representan un valor escandaloso. Nos acercamos a la normalidad”, sostuvo, acompañando sus declaraciones con un gráfico que muestra la evolución descendente del costo del producto.

La decisión adquiere relevancia para la cadena ganadera debido a que la vacunación contra la fiebre aftosa constituye una de las principales herramientas para preservar el estatus sanitario del país, condición indispensable para sostener la producción pecuaria y acceder a los mercados internacionales. En ese contexto, cualquier reducción en el costo de las dosis tiene impacto directo sobre la estructura de gastos de miles de establecimientos ganaderos, especialmente de pequeños y medianos productores.

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Por primera vez, los argentinos comen más pollo que carne vacuna: el impacto de los precios

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La mesa de los argentinos atraviesa un cambio histórico. Por primera vez desde que existen registros, el consumo de carne de pollo superó al de carne vacuna, desplazando a un alimento que durante décadas fue el símbolo de la identidad gastronómica del país.

Los datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) muestran que en 2025 el consumo per cápita de pollo alcanzó los 49,4 kilos anuales, el nivel más alto de la serie histórica. En paralelo, la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) estimó que el consumo promedio de carne vacuna cayó a 47 kilos por habitante, un 8,2% menos que un año antes.

La diferencia de 2,4 kilos por persona marca un punto de inflexión en los hábitos alimentarios de los argentinos y refleja tanto el crecimiento sostenido de la avicultura como la pérdida de participación de la carne bovina en el mercado interno.

El pollo gana terreno

La industria avícola cerró 2025 con una producción de 2,47 millones de toneladas, uno de los mejores registros de su historia, gracias a la faena de unas 750 millones de aves en establecimientos habilitados por el Senasa.

Desde CEPA explican que el crecimiento se apoya en cuatro pilares, mejoramiento genético, nutrición, manejo productivo y bioseguridad.

Estos avances permitieron aumentar la eficiencia, mantener precios competitivos y consolidar además un perfil exportador. Durante 2025, Argentina envió carne aviar a 74 países, sobre un universo de más de cien mercados habilitados.

La tendencia también acompaña el escenario internacional. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta que la producción mundial de pollo llegará en 2026 a 110,7 millones de toneladas, un récord histórico y un crecimiento del 3% respecto del año anterior.

En Argentina, la actividad continúa concentrada principalmente en Entre Ríos y Buenos Aires, provincias que reúnen más del 90% del procesamiento avícola nacional.

La carne vacuna pierde consumo

Mientras tanto, la ganadería atraviesa una realidad diferente en el mercado doméstico.

Según CICCRA, durante el primer semestre de 2026 la producción de carne vacuna cayó 6,2% interanual, hasta 1,428 millones de toneladas, producto de una menor oferta de hacienda para faena.

Pero el dato más significativo aparece en el consumo.

El abastecimiento del mercado interno retrocedió 11,5% respecto del mismo período de 2025, reflejando el impacto de la pérdida del poder adquisitivo y del mayor precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas.

En números absolutos, los argentinos consumieron 131.830 toneladas menos de carne vacuna durante el primer semestre del año.

Exportar más, vender menos en casa

Paradójicamente, mientras cae el consumo interno, las exportaciones bovinas muestran una dinámica positiva.

Entre enero y junio de 2026 se exportaron 408.600 toneladas, un crecimiento del 10,2% interanual, impulsado principalmente por una mayor demanda desde Estados Unidos.

China continúa siendo el principal comprador de carne argentina y concentró más del 52% de las exportaciones de mayo, aunque con una reducción respecto del año anterior.

Así, la ganadería profundiza un perfil cada vez más orientado al mercado externo, mientras resigna participación en el consumo doméstico.

Precio y nutrición, las claves del cambio

El avance del pollo no responde únicamente a una cuestión de precios.

La industria destaca también sus atributos nutricionales. Según la Asociación Argentina de Licenciados en Nutrición (AALEN), cada 100 gramos de pechuga aportan aproximadamente 22 gramos de proteínas de alto valor biológico, con bajo contenido graso y predominio de grasas insaturadas.

A ello se suma un menor contenido de sodio y una estructura de costos que permitió mantener precios más accesibles para los consumidores.

El resultado es un cambio que parecía impensado hace apenas una década: la proteína que durante generaciones definió la dieta argentina cedió el liderazgo frente a una industria más eficiente, con menores costos y una creciente aceptación entre los consumidores.

Más que una simple estadística, el cruce entre ambas curvas refleja una transformación económica y cultural. Mientras la carne vacuna fortalece su perfil exportador, el pollo se consolida como la proteína elegida por cada vez más hogares argentinos.

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