Ganadería Argentina

La faena de vacas tuvo el peor primer semestre de la última década pero el peso promedio tocó un máximo histórico

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La ganadería argentina atraviesa un cambio de dinámica que comienza a reflejarse con claridad en las estadísticas. Durante el primer semestre de 2026 la faena bovina cayó al nivel más bajo de la última década, mientras que el peso promedio de los animales enviados a frigorífico alcanzó un récord histórico, en un contexto donde los productores optan por prolongar los ciclos de engorde para capturar mejores márgenes.

El fenómeno responde a una combinación de factores productivos y económicos: un rodeo con menor cantidad de vientres disponibles, el crecimiento sostenido de los feedlots y una relación de costos que favorece agregar kilos antes de la comercialización.

El semestre con menos faena en diez años

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), basado en datos del Senasa, durante junio se remitieron a plantas frigoríficas 1.081.077 bovinos. Con ese registro, la faena acumulada entre enero y junio alcanzó aproximadamente 6,03 millones de cabezas.

La cifra representa una caída cercana al 9% respecto del mismo período de 2025, cuando se habían faenado 6,61 millones de animales, convirtiéndose en el peor primer semestre de los últimos diez años.

No obstante, los analistas advierten que el dato no necesariamente implica una menor producción de carne. La diferencia radica en que hoy los animales llegan al frigorífico con mayor peso que en campañas anteriores.

Récord histórico de peso por res

Mientras disminuyó la cantidad de cabezas, el peso promedio siguió creciendo.

En mayo, la res en gancho alcanzó un promedio de 240 kilos, el mayor registro histórico para la ganadería argentina y unos 7,5 kilos por encima del promedio observado un año antes.

Detrás de ese incremento aparece un fuerte incentivo económico: el valor de la hacienda terminada continúa firme y los productores encuentran rentable prolongar la recría y el engorde antes de enviar los animales a faena.

En otras palabras, hoy se producen menos animales, pero más pesados.

Más oferta llegará en la segunda mitad del año

La BCR considera que el comportamiento observado durante el primer semestre responde a un patrón de “faena lenta”, es decir, un desplazamiento de la oferta hacia los últimos meses del año.

Históricamente, el primer semestre representa cerca del 49% de toda la faena anual. Este año, los datos sugieren que esa participación será incluso menor, ya que muchos animales permanecen más tiempo en los establecimientos de engorde.

Con esa tendencia, la entidad proyecta una faena anual de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas, frente a los 13,6 millones registrados durante 2025.

Menos vacas disponibles condicionan la oferta

El límite para aumentar la producción no está únicamente en las decisiones de manejo.

La disponibilidad de animales también juega un papel central.

Según la Bolsa rosarina, actualmente existen unas 500.000 vacas menos expuestas a servicio respecto del ciclo anterior, por lo que difícilmente la producción de terneros aumente de manera significativa.

En 2025 nacieron alrededor de 14,4 millones de terneros, mientras que la faena fue de 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino igualmente terminó reduciéndose en unas 700.000 cabezas, principalmente por mortandad natural.

Para sostener el rodeo en niveles estables durante 2026, la reducción de la faena aparece casi como una consecuencia inevitable.

El feedlot consolida su protagonismo

Otro dato que refleja el cambio estructural es el crecimiento del engorde a corral.

Actualmente, más del 37% de los animales enviados a faena provienen de feedlots, cuando hace apenas cinco años esa participación rondaba el 30%.

Además, al 1° de julio había más de 2,17 millones de bovinos alojados en establecimientos de engorde, el segundo mayor registro de toda la serie estadística del Senasa.

El crecimiento de este sistema responde, principalmente, a la mejora en los márgenes económicos.

Aunque la reposición de terneros continúa relativamente cara, el costo del maíz —principal insumo del feedlot— cayó con fuerza cuando se lo mide en kilos de novillito, ubicándose entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico.

Ese escenario favorece estrategias de mayor intensificación y explica por qué muchos productores deciden extender el tiempo de permanencia de los animales antes de la venta.

Un cambio de modelo productivo

Más que una caída coyuntural de la actividad, los datos muestran una transformación en la forma de producir carne.

El sistema ganadero argentino avanza hacia animales más pesados, mayor participación del engorde intensivo y una oferta distribuida de manera diferente a lo largo del año.

Si esta tendencia se mantiene, 2026 cerrará con una menor cantidad de animales faenados, aunque con un volumen de carne menos afectado gracias al mayor peso de cada res. Al mismo tiempo, esa estrategia permitiría moderar la caída del stock bovino y preservar capacidad productiva para los próximos ciclos.

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La faena bovina cayó 9% en el primer semestre, pero el mayor peso por animal abre una ventana para estabilizar el rodeo

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La ganadería argentina comenzó 2026 con una señal que puede marcar un cambio de tendencia en el ciclo productivo. La faena bovina acumuló una caída del 9% durante el primer semestre y alcanzó el nivel más bajo de la última década para ese período, pero el menor ritmo de extracción viene acompañado por un incremento histórico del peso de faena, un indicador que mejora la eficiencia del sistema y podría contribuir a recomponer el stock ganadero.

Así surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza los registros preliminares de remisiones a plantas de faena y las perspectivas para el cierre del año. Entre enero y junio se habrían faenado aproximadamente 6.025.000 cabezas, frente a los 6.613.000 animales registrados en igual período de 2025.

En los primeros seis meses del año, la faena bovina estaría superando muy ligeramente los 6 millones de animales.

Como dato preliminar, las remisiones a plantas de faena registradas mediante el DTe registran el traslado de 1.081.077 vacunos durante el último mes. En consecuencia, considerando este último registro, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas.

Comparado con los 6.613.000 vacunos faenados en igual período del año pasado, el volumen actual resulta un 9% inferior y constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años.

Más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser la faena total del año a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero.

Si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año.

Sobre la base de los últimos 25 años, la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

En términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado —es decir, cuando más del 50% de la faena anual se concentró en el primer semestre— terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales. En cambio, los años en los que la participación del primer semestre fue inferior al promedio tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados.

Para el presente ciclo, los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado.

En efecto, la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados. Este proceso ya comienza a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

Bajo este escenario, si se extrapola el volumen faenado hasta junio y se asume que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual, los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado.

Como referencia, en 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. En efecto, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.

En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para permitir que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables, una vez descontadas las pérdidas naturales del sistema.

En adelante, será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots, dada la creciente participación que vienen adquiriendo dentro de la oferta total de animales destinados a faena. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de corrales de engorde, cuando apenas cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.

Asimismo, la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral —más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según SENASA, el segundo mayor registro de la serie— reafirma el papel protagónico que seguirán teniendo en la oferta de hacienda durante los próximos meses.
Este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que además se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general.

En efecto, si bien el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico —habitualmente entre 1,2 y 1,3—, durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico (93,4), fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde.

En definitiva, el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto para el maíz como también para otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción. Esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza. De este modo, la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino.

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La ganadería mantiene márgenes históricamente altos, pero el desafío pasa por invertir para sostener la rentabilidad

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La ganadería argentina atraviesa uno de los períodos de mayor rentabilidad de los últimos quince años. Sin embargo, el escenario comienza a mostrar señales de moderación que obligan a cambiar el foco: más que maximizar las ganancias coyunturales, el desafío pasa ahora por convertir esos excedentes en inversiones que permitan fortalecer la productividad y reducir la vulnerabilidad frente a un contexto económico y climático más incierto.

Ese es el principal mensaje que surge del último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, sobre la base de los datos de la Coordinación de Análisis Pecuario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

La actividad ganadera continúa transitando uno de sus mejores momentos, planteando al productor el desafío de capitalizar los beneficios obtenidos mediante mejoras e inversiones que redunden en sistemas de producción más eficientes y estables.

Así lo confirman los resultados presentados en el último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos (Informe N.° 58), elaborado desde junio de 2011 por la Coordinación de Análisis Pecuario, dependiente de la Dirección Nacional de Producción Ganadera de la SAGyP.

Durante este segundo trimestre del año -cerrado con datos a mayo de 2026- los precios de la hacienda mostraron una tendencia a la baja que, sumada al incremento registrado en el mismo período por el nivel general de precios condujo a un retraso de los valores en términos reales que erosionó parte de la evolución alcista registrada durante ellos primeros tres meses del año.

Si bien, a valores constantes, tanto el precio del novillo como el del ternero de invernada se apartaron de los máximos alcanzados a comienzos del año, ambos continúan ubicándose en niveles históricamente elevados, sosteniendo muy buenos resultados económicos para el conjunto de la actividad.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

El margen bruto actual de la cría en la Cuenca del Salado ($310.573/ha) se ubica entre los más altos de los últimos quince años. Comparado con el promedio registrado por este mismo modelo doce meses atrás, el resultado actual es un 25% superior. En tanto, respecto del promedio de la serie 2011-2025, la mejora alcanza el 37%.

En este sentido, dado que los gastos directos se mantuvieron relativamente estables, la dinámica del negocio continúa fuertemente asociada a la evolución de los precios del ternero y de la vaca de descarte, los cuales, aun habiéndose apartado de los máximos registrados a comienzos del año, permanecen en niveles históricamente elevados.

En lo que respecta al ciclo completo, la tendencia es similar. No obstante, a diferencia de la cría, los márgenes brutos -según destacan en el informe- registraron un ajuste cercano al 15% respecto del trimestre anterior, como consecuencia de una mayor presión de los costos directos y de la estabilización en los valores de la hacienda terminada.

Tomando como referencia el modelo de producción desarrollado para el centro-sur de Córdoba, el margen bruto actual asciende a $305.636/ha. Si bien, tras este ajuste, el resultado se aleja aún más del máximo histórico alcanzado en noviembre pasado ($402.098/ha), continúa siendo un 42% superior al promedio histórico de la serie y un 27% mayor que el registrado un año atrás.

Este año, al igual que durante el otoño pasado, las temperaturas moderadas y las buenas precipitaciones generaron condiciones muy favorables para las recrías pastoriles. Esto, sumado al elevado nivel de precios que continúa mostrando la hacienda, contribuyó a sostener la demanda por invernada.

Es por ello que, en planteos de invernada, donde la rentabilidad depende en gran medida de la relación de compra y venta de la hacienda, la presión sobre los márgenes resulta mayor. Durante el último trimestre, esta situación se tradujo en una contracción cercana al 30% de los márgenes brutos.

Actualmente, la relación compra/venta continúa en niveles estructuralmente elevados, ubicándose entre 1,4 y 1,5 terneros por novillo, cuando un año atrás esa misma relación oscilaba entre 1,2 y 1,3, en línea con su promedio histórico.

Si bien esta evolución erosiona parte de la ventaja que ofrece la relación de compra frente al grano, el engorde a corral e incluso los planteos integrados de recría y terminación a grano continúan presentando resultados positivos y superiores al promedio de la serie.

Asimismo, las simulaciones incluidas en el informe muestran que, a medida que aumenta la intensidad del engorde, se incrementa la escala de producción o se incorpora maíz propio al planteo, los resultados económicos mejoran significativamente.

A la luz de las estimaciones actuales, puede afirmarse que durante esta campaña la disponibilidad de grano no representa una limitante. Por el contrario, con una proyección de cosecha récord de maíz cercana a los 70 millones de toneladas, la oferta del insumo se encuentra asegurada. Además, a los valores actuales, la conversión de grano en carne continúa siendo altamente atractiva, aunque será necesario monitorear el impacto que la reciente reducción de los derechos de exportación pueda generar sobre los precios futuros.

Actualmente, por cada kilo de novillito vendido se pueden adquirir cerca de 19 kilos de maíz. Un año atrás esa relación era de aproximadamente 15 kilos, mientras que el promedio histórico se ubica en torno a los 12 kilos de grano por kilo de novillito terminado.

Sin embargo, hacia adelante estas relaciones podrían modificarse. El escenario climático que, desde el otoño pasado, viene favoreciendo tanto a la cría como a la recría pastoril podría revertirse si se confirman los pronósticos estacionales previstos a partir de la próxima primavera, intensificándose hacia el verano y el otoño siguientes.

De acuerdo con las últimas actualizaciones de los principales centros internacionales de monitoreo climático, a partir de la primavera podrían registrarse precipitaciones superiores a lo normal en gran parte del territorio nacional debido a la ocurrencia del fenómeno El Niño, evento que -según se advierte- podría convertirse en uno de los más intensos registrados hasta el momento.

Es por ello que, frente a un escenario condicionado por factores que escapan al control del productor, la clave pasa por la anticipación y la planificación.

En este contexto, aplicar los buenos resultados actuales a inversiones en infraestructura, limpieza de canales y sistemas de drenaje, confección de reservas forrajeras y previsión de recursos financieros para afrontar eventuales incrementos de costos derivados de eventos climáticos extremos permitirá reducir el riesgo de una descapitalización forzada de la hacienda y contribuirá a sostener sistemas productivos más estables y resilientes en el tiempo.

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China reconfigura el mercado de la carne y Argentina apuesta a capturar mejores precios

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La estrategia comercial de los principales proveedores de carne vacuna hacia China comienza a redefinir el tablero del comercio internacional y abre un escenario de oportunidades, aunque también de incertidumbre, para Argentina. Mientras Brasil y Australia aceleraron sus embarques hasta dejar prácticamente agotadas sus cuotas de exportación antes de finalizar el primer semestre, el resto de los países exportadores optó por una política mucho más conservadora, apostando a que la escasez relativa de oferta impulse una recuperación de los precios durante la segunda mitad del año.

El resultado es un mercado que, lejos de haber encontrado un nuevo equilibrio, permanece en pausa a la espera de una definición política por parte de Beijing. La decisión que adopte el gobierno chino sobre el tratamiento de la mercadería que eventualmente llegue fuera de cuota será determinante para el comportamiento de los precios internacionales durante el cierre de 2026 y el inicio de 2027.

De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Australia ya habría consumido la totalidad de su cupo anual de 205.000 toneladas asignadas por China. Según el Ministerio de Comercio chino (MOFCOM), al 20 de junio los embarques australianos completaron ese límite.

Antes de finalizar la primera mitad del año, tanto Australia como Brasil habrían quedado, virtualmente, fuera de juego en el mercado chino.

Según informó el propio Ministerio de Comercio de China (MOFCOM), al 20 de junio los envíos de carne vacuna desde Australia cubrieron la totalidad del cupo asignado de 205.000 toneladas anuales.

En el caso de Brasil, si bien aún no se ha emitido un anuncio oficial, las principales plantas procesadoras que faenan para China están ajustando e incluso suspendiendo la producción de cortes destinados a este mercado, con el objetivo de evitar embarques que arriben fuera de cuota y queden sujetos al pago de un arancel final del 67%. Esta decisión evidenciaría un virtual agotamiento de su cupo anual de 1.106.000 toneladas y, en consecuencia, la necesidad de redireccionar parte de sus exportaciones hacia otros destinos.

En una situación estratégica diferente se encuentran el resto de los proveedores —Argentina, Uruguay, Nueva Zelanda y, naturalmente, Estados Unidos—, que registran hasta el momento un avance considerablemente menor en la utilización de sus respectivas cuotas.

De acuerdo con los datos informados por la Administración General de Aduanas de China, al 31 de mayo Australia había ingresado 175.082 toneladas de carne vacuna, equivalentes al 85% de su cuota anual. Por su parte, Brasil acumulaba 723.745 toneladas, cubriendo el 65% de su cupo.

En contraste, los demás orígenes mostraban avances significativamente inferiores. Argentina registraba una ejecución del 41%, con 210.857 toneladas ingresadas; Uruguay y Nueva Zelanda alcanzaban apenas el 22% de utilización de sus cuotas, sobre un total de 324.000 y 206.000 toneladas, respectivamente; mientras que Estados Unidos, con apenas 803 toneladas ingresadas, prácticamente no había utilizado su cuota anual de 164.000 toneladas.

Por su parte, los proveedores que operan sin una cuota exclusiva aportaron en conjunto 56.122 toneladas, lo que representa un nivel general de cobertura del 33%.

Estos datos reflejan una marcada diferencia en la velocidad de ejecución de las cuotas entre los distintos actores del mercado, en línea con estrategias de posicionamiento claramente divergentes. Mientras que los dos países menos favorecidos en la distribución de cuotas, Australia y Brasil, apuntaron a saturar rápidamente el mercado bajo la expectativa de una negociación —primero sobre los criterios de aplicación para los envíos en tránsito y luego respecto de una eventual ampliación de cuota—, un segundo grupo de países, entre ellos Argentina, apostó por mantener un ritmo más moderado de ejecución, a la espera de un agotamiento de las cuotas y, en consecuencia, de un fortalecimiento de los precios impulsado por las necesidades de la demanda.

Lo cierto es que, hasta el momento, ninguna de las dos estrategias ha logrado plasmar plenamente sus resultados.

En los primeros cinco meses de 2026, China importó cerca de 1,3 millones de toneladas de carne vacuna, un 18% más que en igual período del año anterior, pagando además valores promedio un 14% superiores a los registrados doce meses atrás.

Ambos indicadores contrastan notablemente con la caída del 4% en las importaciones que el propio gobierno chino había proyectado a comienzos de año mediante la asignación de cuotas y, por ende, con las expectativas de precios que predominaban en el mercado. En efecto, el esquema de distribución establecía un límite anual de importaciones de 2.688.000 toneladas, frente a las 2.802.000 toneladas registradas por la aduana china durante 2025.

Una vez conocidas las cuotas asignadas a los distintos orígenes, el mercado esperaba una ejecución relativamente previsible. De hecho, tomando como referencia el comportamiento promedio de compras observado entre 2019 y 2025, era posible proyectar un ritmo mensual relativamente estable.

Sin embargo, la fuerte presión ejercida por Australia y Brasil durante los primeros meses del año alteró rápidamente esas proyecciones, obligando a recalcular los volúmenes disponibles para los meses restantes, que ahora se ubicarían entre 40.000 y 50.000 toneladas mensuales.

No obstante, todavía persisten elementos de incertidumbre dentro del mercado chino. Este año, el patrón de compras podría verse aún más alterado durante el tramo final, sin que dicho cambio resulte necesariamente visible en las estadísticas aduaneras.

La principal incógnita radica en si el gobierno chino permitirá el ingreso de mercadería fuera de cuota para su almacenamiento en depósitos aduaneros.

Si esta alternativa no fuera habilitada, no deberían esperarse cambios significativos respecto del ritmo habitual de compras observado durante la segunda mitad del año. Bajo este escenario, los países que aún disponen de una porción importante de sus cuotas sin utilizar —entre ellos Argentina— podrían consolidar una posición más favorable dentro del mercado chino durante los últimos meses del año.

Por el contrario, si se habilitara el almacenamiento de mercadería fuera de cuota, los dos grandes jugadores que actualmente se encuentran virtualmente fuera de juego —Australia y Brasil— podrían comenzar a presionar los valores de ingreso al mercado chino hacia fines de año, con el objetivo de posicionar mercadería para su nacionalización inmediata una vez renovados los cupos anuales a partir del 1 de enero de 2027.

De confirmarse este escenario, y considerando los tiempos de navegación, Brasil probablemente sería el primer actor en mover sus fichas, convirtiéndose nuevamente en un competidor de fuerte peso para el resto de los exportadores de la región.

Por el momento, lejos de observarse una presión alcista por parte de los importadores chinos, el mercado parece haber ingresado en un impasse, condicionado por una fuerte expectativa y cautela.

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La ganadería muestra señales de retención, pero la recuperación del rodeo aún no está asegurada

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Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advierte que la faena de hembras cayó al nivel más bajo de los últimos años, aunque la tasa de extracción continúa por encima del umbral considerado sostenible para recomponer el stock bovino.

La ganadería argentina comienza a exhibir algunos indicadores compatibles con una etapa de mayor retención de vientres, aunque los datos todavía no permiten afirmar que el proceso de recomposición del rodeo haya comenzado de manera consolidada. Así lo sostiene un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza la evolución de la faena de hembras, uno de los principales termómetros para anticipar los cambios del ciclo ganadero.

En torno a este concepto existen distintos indicadores que, para una correcta interpretación, deben analizarse de manera integrada

El primer dato que observar es, sin dudas, el número absoluto de hembras faenadas en comparación con años anteriores.

Durante los primeros cinco meses del año, la faena total de hembras ascendió a 2.345.880 cabezas, frente a las 2.573.937 registradas en igual período de 2025. Esto representa una caída del 9% interanual y constituye, en términos absolutos, el volumen más bajo de los últimos años, considerando la serie desde 2020 hasta la actualidad.

Otro indicador relevante es la proporción que representan las hembras dentro de la faena total. Sin embargo, al tratarse de un indicador relativo, su interpretación debe realizarse en conjunto con el nivel de faena total y con la persistencia temporal de dicho porcentaje.

En este sentido, los datos de los primeros cinco meses muestran una faena total en retroceso, cercana al 10% respecto de un año atrás, con una participación de hembras del 47,5%. Durante el mismo período de 2025, este indicador promediaba el 47%, lo que indica que la reducción de la faena de hembras fue ligeramente menos pronunciada que la de machos.

Por otra parte, si bien existen antecedentes de participaciones superiores —como el 50% alcanzado en 2019—, este es el cuarto año consecutivo en el que esta participación se mantiene por encima del 47%, umbral que suele considerarse como límite de equilibrio para la evolución del stock.

Un tercer indicador a observar es la relación entre la cantidad de hembras faenadas y el stock existente al inicio del ciclo. Este factor permite medir el nivel de extracción del rodeo, es decir, la proporción de animales que salen del circuito productivo en relación con la disponibilidad inicial.

En los primeros cinco meses del año, la tasa de extracción de vacas y vaquillonas alcanzó el 8,2%, resultado de una faena de 2,35 millones de cabezas sobre un stock inicial de 28,4 millones. Si bien este porcentaje muestra una tendencia descendente respecto de años anteriores, continúa siendo elevado en relación con la capacidad actual de reposición del rodeo.

En efecto, al analizar la serie desde 2008 hasta la fecha, se observan dos períodos claramente diferenciados luego de los mínimos alcanzados tras la liquidación de stock ocurrida entre 2008 y 2010: una etapa de crecimiento sostenido hasta 2018 y, posteriormente, una fase de contracción. En términos generales, sobre la serie analizada, puede identificarse un punto de equilibrio en torno a una tasa de extracción del 8% donde, niveles superiores a ese umbral se asociaron con caídas del stock, mientras que tasas inferiores permitieron procesos de recomposición y crecimiento.

No obstante, este indicador también debe evaluarse en función de los ingresos generados anualmente por el sistema. En otras palabras, cuanto mayores sean los niveles de preñez y destete alcanzados, mayor será la capacidad de extracción de hembras sin comprometer la producción futura.

En este aspecto, la situación muestra ciertas limitaciones. Desde los 7,56 millones de terneras obtenidas en 2022, la producción total de terneros -machos y hembras- no ha logrado crecer. Por el contrario, se ha reducido año tras año, restringiendo el ingreso de animales al sistema y, en consecuencia, limitando la capacidad de extracción genuina del stock. Este año, la cantidad de terneras incorporadas al rodeo al inicio del ciclo fue de 7,19 millones de cabezas, unas 120.000 menos que las registradas el año anterior.

Por último, resulta igualmente importante analizar la dinámica con la que evolucionan estos indicadores, es decir, el ritmo que va marcando la faena mensual a lo largo del año.

En particular, la faena de vacas presenta una marcada estacionalidad asociada al ciclo reproductivo, con los mayores volúmenes de salida concentrados entre mayo y agosto para luego, descender significativamente, durante la primavera y el verano, coincidiendo con los períodos de servicio y gestación.

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