género

El 90% de los argentinos está de acuerdo con los movimientos “feministas”

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Según un estudio sobre Brechas de Género realizado por la Universidad Argentina de la Empresa, la gran mayoría de los argentinos sostiene que el rol social de la mujer está cambiando. 9 de cada 10 argentinos se manifiesta en contra de la violencia machista, mientras que la tolerancia hacia la diversidad de género está claramente fragmentada.
La cuestión del género está latente en la opinión pública, gracias a campañas como #NiUnaMenos y debates como el de la legalización del aborto. Se trata de un fenómeno que da la vuelta al mundo y se conoce como “tercera ola feminista”, un movimiento que denuncia que existe aún una opresión sobre las mujeres por el machismo y lucha por la igualdad de derechos.
Cambio social
La UADE (Universidad Argentina de la Empresa) y Voices! realizaron un estudio de Opinión Pública sobre Brechas de Género en el país. En el mismo, se concluye que menos de la mitad de los encuestados sostiene que aún no existe igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
Por otro lado, la gran mayoría (y en todos los segmentos sociodemográficos) reconoce que el rol “femenino” está cambiando. De hecho, 3 de cada 10 sostiene que está cambiando “mucho”, sobre todo entre los hombres de entre 30 y 49 años y de mayor nivel socioeconómico.
Con respecto a la tolerancia en cuestiones de mujeres, los hombres jóvenes se muestran más activos que algunas mujeres de mayor edad.
El 91% de los argentinos está de acuerdo con los movimientos que luchan por la igualdad de género y en contra de “la violencia machista”. Esta tendencia es más fuerte en la CABA, en los sectores más altos y entre los jóvenes.

Las consignas con las que están a favor los argentinos

Un 25% de los argentinos, además, se involucró activamente en el feminismo. Sobre todo, se trata de mujeres, jóvenes, estratos altos y residentes del AMBA. Casi 4 de cada 10 (36%) formó parte de alguna manifestación y un 30% firmó algún tipo de petición.
Violencia machista
Casi una de cada 4 mujeres argentinas mayores de 15 años sostuvo que sufrió maltratos por parte de su pareja en el último año. Se trata de una duplicación del número de las que lo reconocen, con respecto al año 2015. El número crece al 32% en las mujeres de entre 30 y 49 años.
Son más las mujeres que sostienen que sufrieron maltrato

El insulto (19%) y la humillación en público (12%) son los tipos de violencia más sufridos y las modalidades de maltrato cuya declaración más ha crecido desde 2015. La violencia física declarada, por su parte, no presenta variaciones estadísticamente significativas en el período.
Los diferentes tipos de maltrato en la pareja

Diversidad de género
Con respecto a la tolerancia hacia la diversidad de género y los vínculos entre personas del mismo sexo, la sociedad argentina está fuertemente fragmentada.
Más de la mitad (un 55%) muestra altos niveles de aceptación al respecto, mientras que 3 de cada 10 son altamente refractarios y alrededor de 1 de cada 10 manifiesta postura intermedias. Las mujeres son más tolerantes que los hombres y los jóvenes más que las personas de mayor edad. También son más tolerantes las personas de mayor posicionamiento socioeconómico y en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Más de la mitad de los argentinos es tolerante con la diversidad

Con respecto a los resultados, Andrés Cuesta, Secretario Académico de UADE, señaló: “Sin lugar a dudas estamos frente a un aceleración del proceso de cambio del rol social y político de la mujer que se inició hace ya varias décadas, proceso que es reconocido por la gran mayoría de la sociedad. Si bien el 40% a nivel nacional total (y casi el 50% en CABA y en los niveles socioeconómicos más altos) considera que en la Argentina aún no hay igualdad de género, se destaca la existencia de una participación muy activa en defensa de los derechos de las mujeres para que esta situación se revierta, particularmente entre los segmentos más jóvenes de la sociedad, tanto en mujeres como también en hombres”.
Ficha técnica
Cobertura: Nacional.
Universo: Población argentina adulta (16 años y más)
Tamaño Muestral: 1002 entrevistas.
Margen Error: ± 4.2% para los totales, con un nivel de confianza del 95%.
Método Muestral: Probabilístico, polietápico, estratificado con cuotas de sexo y edad en el hogar.
Técnica de Recolección: Entrevistas personales domiciliarias.
Fecha de Campo: octubre de 2018

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Casi uno de cada cuatro legisladores en el mundo es mujer

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La voz femenina quiere hacerse oír en el recinto, Un informe señala un lento crecimiento de la participación
Casi uno de cada cuatro parlamentarios en el mundo es una mujer, indicó la Unión Interparlamentaria (UIP) en un informe, que destaca la eficacia de la política de cuotas cuando se acompaña de mecanismos o sanciones.
El informe anual de la UIP, que examina la participación de las mujeres en los parlamentos desde hace décadas, incorpora los datos de 50 países que han celebrado elecciones en 2018, donde destacan México y Costa Rica por el aumento de la proporción de mujeres en sus parlamentos.
Según este estudio, la parte de las mujeres en los parlamentos nacionales aumentó en todas las regiones el año pasado, con un índice global de 24,3% en 2018, frente al 23,4% en 2017. Esta participación era del 18,3% en 2008 y del 11,3% en 1995.
En general, el avance sigue siendo “lento”, según la UIP, que precisa en cambio que la “ganancia” realizada el año pasado se realizó “a un ritmo ligeramente más rápido que los años anteriores”. “Aún queda mucho por hacer para lograr la paridad a nivel mundial”, lamentó la presidenta de la UIP y parlamentaria mexicana, Gabriela Cuevas Barrón.
El informe de la UIP muestra que las cuotas electorales para las mujeres se extendieron ahora a todas las regiones del mundo, con más de 130 países que adoptaron tales sistemas.
En los países que celebraron elecciones en 2018, destacan México, con un incremento de la proporción de mujeres de 6 puntos en la cámara baja (48,2% de diputadas) y Costa Rica, con un aumento en el legislativo unicameral 12,3 puntos (45,6%).
Por regiones, las Américas siguen en cabeza en lo que respecta a la parte de mujeres en el parlamento (30,6%), siendo la primera región que supera la barrera del 30%. Le sigue Europa (28,5%), África subsahariana (23,7%), Asia (19,6%) y Oriente Medio y África del Norte (18,1%).
Fuente BAENegocios

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¿Femicidios o genocidio de género?

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Por Jorge Víctor Ríos – En Argentina ya hubo 45 femicidios en lo que va del año, según la ONG Mumala (la organización de mujeres que hace más de quince años lucha por sus derechos). A días del 8M, la jornada de paro y movilización internacional de mujeres, todo parece indicar que Fiorella Itatí Aghem, la joven de San Vicente, pasará a ser parte de ese fatídico conteo.
La joven fue asesinada. Este lunes apareció su cuerpo con signos de violencia. Su familia relacionó su desaparición –el jueves- con problemas que tuvo con un exnovio que por ahora está detenido y sobre el cual pesaba una orden de restricción.
Fiorella fue asesinada. Está muerta. Frente al hecho, nuevo y recurrente, interpelo: ¿Qué estamos haciendo al respecto como sociedad? ¿Qué está haciendo la clase dirigente? ¿Qué hacemos, de verdad, desde el lugar que ocupamos?
Primero, para encarar el problema, hay que entender incluso aquello que parece básico: el concepto de femicidio es relativamente nuevo y por lo tanto, parte de la sociedad y la dirigencia política no lo entienden. El término se incorporó al Código Penal de Argentina en 2012, aunque no como figura penal autónoma sino como agravante del homicidio (artículo 80, inciso 11). Un femicidio es, entonces, la privación de la vida de una mujer por cuestiones de género.
El término género, a su vez, también suele ser malinterpretado; lo confunden, sobre todo, con el concepto de sexo. El género es lo socialmente construido. El sexo es lo biológicamente dado. “Una mujer no nace, se hace” decía Simone de Beauvoir, escritora, profesora y filósofa francesa del Siglo XX. Y por supuesto, lo mismo ocurre con el varón, y con todas las otras posibles identidades de género que no se ajustan a este binarismo varón-mujer.
El femicidio –se entiende- es la forma más extrema de violencia machista. Y acá también hay que precisar: el machismo es aquel rasgo cultural que valora a los varones por sobre las mujeres, y que ubica a los primeros en una posición de privilegio y a las últimas en una posición de subordinación. Por ello, por ejemplo, el voto femenino cumplirá apenas 68 años en Argentina; por ello, por ejemplo, las mujeres ganan hoy menos que los varones. Por ello, por ejemplo, los varones ocupan la mayoría de los espacios de participación política. A todo esto se hace referencia cuando piden –nos piden- a los varones que cuestionemos nuestros privilegios.
El machismo también enseña a los varones, de manera más o menos explícita, que las mujeres son -y que deben ser-, sus subordinadas y por lo tanto, de su pertenencia. Está legitimado que cuando un varón elije a una mujer, esta le pertenece (aquí es donde el machismo se encuentra con el amor romántico monogámico, que pregona la posesión del varón sobre su pareja, un ingrediente que suele ser determinante en los femicidios).
El machismo en todas sus formas
Las críticas a las prácticas micromachistas como los piropos o los concursos de belleza buscan combatir al machismo desde todos los lugares donde se presenta. Esas manifestaciones de machismo actualizan y refuerzan el concepto. Por eso, la lucha se refuerza también desde lo simbólico: lo combaten cuando abogan por el lenguaje inclusivo o cuestionan los estereotipos de género.
Y cuando hablan de “muerte al macho” refieren a la muerte metafórica, la de combatir el machismo en la sociedad. Pero cuando se habla de femicidios no hay matáforas, sino muertes de mujeres de carne y hueso: nuestras hijas, madres, hermanas, amigas, compañeras, vecinas. El femicidio habla de muertes, sin metáforas, como la muerte de Fiorella.
¿Y el Estado qué?
Y cuando el Estado pretenda combatir la violencia de género, los dirigentes -al menos- deberían prestar atención a la agenda y las consignas que propone el movimiento de mujeres, para comenzar con una interpretación adecuada. Ello implica esfuerzo y voluntad por entender conceptos, postulados y hasta consignas desde una perspectiva de género.
No es, tampoco, que el Estado no haya hecho nada sino que tomaron algunas medidas y decisiones: convenciones, pactos, leyes. La Paridad de género para cargos electivos es un ejemplo de una medida necesaria, pero no suficiente.
Los tiempos actuales demandan esfuerzos más intensos porque se trata de una cuestión urgente, a la vez profunda y compleja, que requiere de respuestas inmediata y efectiva a las potenciales víctimas. Pero también requiere un cambio cultural profundo.
Además de multiplicar los esfuerzo para garantizar la protección de las víctimas de violencia de género (potenciales víctimas de femicidios), Argentina necesita la promoción de una perspectiva de igualdad (y diversidad) de género en las escuelas; en los órganos del Estado, en los barrios y en los medios de comunicación, impulsadas nada más, y nada menos, que desde las Legislaturas y las políticas de Gobierno.
En Misiones, por ejemplo, una buena acción sería el tratamiento y la sanción al proyecto que busca declarar la Emergencia Pública en Materia Social por Violencia de Género en la provincia, una iniciativa del Bloque Parlamentario del Partido Agrario y Social, de 2016. Y con ello, imaginar el efectivo cumplimiento de la Ley Nacional 26.485 -de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales-, a la que Misiones adhirió.
Esta norma propone optimizar los recursos provinciales necesarios para la puesta en funcionamiento de un Programa Provincial de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia, como también la creación de la Mesa Institucional por la Emergencia Social en Violencia de Género, conformada por un representante del Poder Ejecutivo Provincial, uno del Poder Judicial, una del Consejo Provincial de la Mujer y representantes de las organizaciones sociales y barriales comprometidas con la temática, con la misión de estudiar y proponer políticas tendientes a cubrir las necesidades de gestión de las soluciones.
Estableció también la creación de un Observatorio de Género -con el objeto de abordar de manera integral las problemáticas de género-, y la creación de refugios o albergues temporales a los fines de contener a la población víctima de violencia de género, además del cupo especial de viviendas dentro del Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional (Iprodha) para mujeres víctimas de violencia de género y madres solteras.
La norma prevé también el subsidio especial y temporal destinado a sostener a la familia y a la mujer víctima de violencia durante su inclusión dentro del mercado laboral.
Los femicidios siguen. Ante esa escalada de femicidios frente a la sociedad misionera como testigo, surge el interrogante: ¿De hecho están aumentando o apenas comenzamos a tomar conciencia del alarmante número de muertes que provoca el machismo, este nefasto rasgo de nuestra cultura?
Lo que queda claro es que el Estado no está haciendo lo suficiente para parar lo que se va convirtiendo en un genocidio de género.

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Tiki Marchesini: “La lista es larga, tan larga como las lágrimas de las familias que esperan justicia”

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Escribe Lilia “Tiki” Marchesini – Dolor e indignación con cada mujer asesinada. Muerta. Sí, muerta. Con cada causa judicial iniciada y no resuelta o no cumplida. Con una sociedad que todavía juzga y mira desde el patriarcado: La culpa es de los padres que no las contienen, las chicas están descontroladas, el problema son los pañuelos verdes, mi hijo no haría eso y blablabla.
Hoy, otra vez, perdimos a una joven misionera. Hoy, asesinada en San Vicente. Días atrás otra joven aquí en Posadas. Y no quiero dar nombres porque la lista es larga, tan larga como las lágrimas de las familias que esperan justicia, como la de las madres que siguen sin entender por qué con una orden de restricción igual sucedió, o por qué con los mecanismos que tiene el estado pasó. Es que no son suficientes. Los hechos lo prueban. Las lágrimas prueban.
Años hace que en Misiones y en otros lugares del país muchas mujeres formaron diferentes organizaciones en defensa de los derechos de la mujer y contra la violencia en todas sus formas (el obligarte a parir es una de ellas). Años hace que se las trata de Locas -triste analogía se me viene cuando décadas atrás se publicó un libro Las Locas de Plaza de Mayo en relación a las Madres que buscaban a sus hijos desaparecidos-.
Siempre el juicio. La sociedad juzga. Rígida. Observa. Se espanta cuando el asesinato ya sucedió o cuando se embarazó la niña y no DEBE practicarse la ILE. Siempre la hipocresía. Y cuando pasa el efecto mediático todo vuelve a su lugar. Al de antes. Al de nada sucedió. La vida sigue. Total a mi no me tocó.
Pero las Locas siguen allí. “Que pintaron una pared! Que ensuciaron la ciudad! Que le escracharon al pobre fulano (cuando el fulano abusó de innumerables alumnos)! Se sacaron una foto en tetas en las escaleras de la iglesia! ”. Sin embargo y a pesar de todo las Locas siguen allí.
Y no es solo eso. Resulta que en el tiempo del ahora hay más Locas. La fuerza las une, las muertas que quedan en el camino las unen, las lógicas obsoletas que ya no sirven las unen. Las viejas construcciones de las representaciones sociales quieran o no ya no sirven. No le sirve al modelo patriarcal tratar de sostenerlo toda costa. Tendrán aliadas seguramente. Pero no mucho ni tanto.
Es tiempo que la sociedad se saque la careta, asuma cada une desde cada rol y lugar su complicidad o no en el sistema patriarcal y lo transforme. Es tiempo que el estado se tome en serio, de verdad, esta realidad. Con herramientas y estructuras creadas a tal fin para evitar más muertas. Y no se trata solo de Misiones. Se trata también del país y del mundo.
Y que el #NiUnaMenos se transforme en políticas de ESTADO.
#VivasLasQueremos
#AguantenLasLocas (¿cuántas muertas podríamos haber evitado si las hubiéramos escuchado antes?)

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Norma Chiapparrone, abogada: acceder a la Justicia es un “camino de piedras” para víctimas de violencia de género

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Por Patricia López Espínola – En un hotel céntrico de Posadas, se realizó una disertación con debate sobre “Justicia Penal con Perspectiva de Género”, a cargo de la abogada Norma Graciela Chiapparrone, asesora de la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, junto a la presidenta de la Asociación de Mujeres Penalistas Argentinas, doctora Mariana Barbitta, invitadas por el Colectivo “Contra las Violencias Juntas”, integrada por dirigentes políticas y sociales, entre ellas la ministra de Derechos Humanos, Lilian “Tiki” Marchesini, y la ex diputada María Losada.
“Es difícil darle marco a un tema tan amplio como es la violencia contra las mujeres; pero como esta colectiva viene desde distintos espacios de la política, estoy segura que nos vamos a entender”, dijo la doctora Chiapparroneen el inicio de su disertación que tuvo la presencia de la ministra del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia, Liliana Picazo.
Recordó a la activista feminista estadounidense Kate Millet que en la época de los 70 decía: “Mientras nosotras amábamos los hombres gobernaban”. Y en realidad, “yo creo que hoy ellos siguen gobernando, y nosotras amando, porque somos el motor del mundo, y más allá de los roles que nos asignen los estereotipos de que maternamos, cuidamos y satisfacemos el deseo sexual de los hombres. Más allá la naturalización en esos roles, las mujeres tenemos una capacidad impresionante para amar, en el sentido más amplio de esa expresión, que tiene que ver con el cuidado del otro, con el amor a la tierra, y con las acciones de solidaridad”.
“A las mujeres todo nos cuesta más”
En la misma línea Chiapparrone consideró que las mujeres son una fuente infinita de amor, y por eso consideró que ésta Colectiva -la que organizó la charla- tiene un tremendo desafío por delante, que es crecer y proyectar los cambios que son necesarios.
Reconoció que el acceso a la política de las mujeres de algún modo con la Ley de Cupo de la década de los 90′ fue un paso importante; pero también admitió que la Ley significó un techo para las mujeres, cuando en realidad la idea nació para que fuera un piso.
“Fue un techo que tuvimos que defender con uñas y dientes. Ahora está la Ley de Paridad, y también nos costará mucho sacarla adelante, porque a la mujer todo nos cuesta más, desde conseguir el mejor puesto en el trabajo, hasta conciliar la jornada laboral con la familiar, ni qué decir con la política.
Como bien saben las compañeras que militan en política, los hombres siempre tuvieron sus horarios a gusto y placer, porque después en la casa los espera un plato de comida y una cama calentita; en cambio nosotras, si no dejamos hecha la comida y la cama tendida, no podemos dedicarnos a nuestra rutina, y estamos en plena lucha para revertir esas situaciones. Las mujeres entendimos que éste no es un mundo justo, y ahora aprendimos que no sólo no es justo con nosotras, sino tampoco con nuestros hijos e hijas, y cambiar esa desigualdad solo se logra con trabajo, lucha, unión, saliendo a la calle a reclamar, militar en un Colectivo o en un partido político, interactuar en la sociedad civil, y hacer cada vez menos concesiones”, manifestó la abogada feminista.
Agregó que como la política es el arte de lo posible; las mujeres también deben tener esa inteligencia y picardía de los varones, con el desafío de hacer de la política un espacio más amigable “para nosotras, donde haya respeto y consideración a nuestro trabajo, valores y merecimientos”.
Dificultades para llegar a la órbita de la Justicia
Para la consejera internacional en Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas, uno de los grandes temas que sufren las mujeres víctimas de violencia de género, son los obstáculos en el acceso a la Justicia.
El problema se suscita ante la violación de derechos, “cuando queremos demandar la reparación o restitución, el cuidado, el resguardo de nuestras vidas o las de nuestros hijos, tenemos que acudir a la Justicia. Y nos encontramos -de acuerdo a un estudio que hice sobre la situación en Latinoamérica y el Caribe, y de los estándares internacionales- con obstáculos y dificultades en nuestro derecho al acceso a la Justicia, por ejemplo cuando somos víctimas de violencia”.
E hizo la salvedad de que hay que entender a la violencia en un sentido muy amplio, “tiene que ver con aquellas situaciones la vulneración física, psíquica, y que incluye actos de violencia sexual, en el caso de niños y niñas, el incesto, y los abusos”, subrayó.
“Las mujeres constituímos un Colectivo vulnerable”
Chiapparrone detalló que el problema no es sólo llegar a la puerta de un Tribunal, porque hay que entender que las mujeres de todo el mundo constituyen un Colectivo vulnerable, donde además se van sumando otras situaciones como la pertenencia a sectores aborígenes, campesinos, el no tener acceso a los servicios públicos, al de salud, el origen racial, hay una multiplicidad de aspectos que se denominan internacionalidades y que tornan más vulnerables a esas mujeres.
Ejemplificó que no es lo mismo una mujer que vive en la ciudad, que tiene estudios, medios, trabajo, y que sufre algún tipo de violencia.
“Después vemos que también es víctima del maltrato institucional, de la falta de Justicia, de la no obtención de la reparación; pero supongamos que el mismo caso se produce con una mujer que vive en el campo, donde no hay un Tribunal, y ni siquiera una Delegación Distrital, de gobierno, una oficina administrativa, eso multiplica la dificultad. Por eso -sostuvo- el acceso a la Justicia no es sólo presentar una demanda, cualquiera podría hacerlo, porque el derecho es entre otras cosas una ciencia lógica.
“Pero a veces no se trata tanto de saber sobre derecho, si no de saber lo que a mí me corresponde, lo que me hicieron y la respuesta que me debe dar el Estado, la Administración, el Tribunal de Justicia, o el legislador que tendrá que redactar una ley para llenar algún vacío”, indicó.
Relevamiento de víctimas de violencia
Otra de las grandes dificultades que tiene la mayoría de las mujeres, es la falta de asistencia jurídica, y en muchos casos que ésta sea gratuita o no tan onerosa.
“Creo -ponderó la abogada- que esto lo va a remediar el trabajo que está haciendo el Ministerio de Justicia de la Nación. Pienso que hay que decir lo que está mal; pero también lo que se está haciendo bien, y hay un sector en el Ministerio de Justicia que está trabajando seriamente acerca de la problemática de las mujeres en lo relacionado a su incumbencia; incluso ahora salieron estadísticas. Por primera vez tenemos un relevamiento oficial de víctimas de violencia. Algo que los organismos internacionales nos reclaman siempre a la Argentina”, admitió.
Las estadísticas son instrumentos de base para la política
En ese sentido, Chiapparrone sostuvo que todas las mujeres, todas las muertes, cuentan, pero no es lo mismo tener 300 femicidios al año, porque hay países que tienen cifras mucho más inferiores que la Argentina, y sin embargo llenan las calles las mujeres reclamando por presupuestos de género. Por eso las estadísticas son fundamentales. Lamentablemente algunos funcionarios o Gobiernos no son amigos de las estadísticas; pero son fundamentales porque son instrumentos de base para la política.
Son elementos importantes a la hora de tomar una decisión. Por ejemplo, “podríamos decir que en Misiones vamos a abrir centros de salud en cada localidad; pero primero tenemos que saber cuántas personas viven en cada lugar, porque no es lo mismo si abro un centro con cinco médicos que hagan turnos contínuos, a tener uno que va una vez cada 15 días. Es lo mismo si hiciera una atención para niños, tengo que saber cuántos tengo que atender, por eso los números son importantes”, reiteró.
Cifras de la vergüenza
Consideró que muchas veces los Gobiernos no son amigos de los números, porque éstos denuncian, delatan, por eso, las feministas que “contamos a nuestras muertas y tratamos de honrarlas, queremos que baje esta cifra de la vergüenza. Y ahí es donde necesitamos que la Justicia sea nuestra aliada, porque ante una la situación extrema de violencia necesitamos poder concurrir a la Justicia y que se nos otorgue una medida de protección.
Queremos que nos cuiden, que nos den un lugar a donde quedarnos transitoriamente, donde poder estar con nuestros hijos, un lugar que no lo conozca el agresor.
Se trata de una serie de cuestiones que en general no existen, o que cuando existen son limitadas. Entonces los números son necesarios para hacer las leyes; pero también para poder peticionar ante el presidente de la Comisión de Presupuesto, que generalmente suele ser un hombre, y decirle que para esta ley necesitamos tantos millones de pesos.
Y en ese sentido, la ciudadanía debe tener claro que cuando se aprueba una ley si no tiene asignación presupuestaria es lo mismo que si no existiera. Por eso, nosotras no sólo tenemos que luchar para que salga la ley, sino además pelear para que nos den el dinero para que se ejecute.
Y esto también está como parte de los estándares internacionales. Es decir hay derechos; pero debe haber recursos. O si no, sirve para la pancarta, para iniciar la demanda, pero probablemente no para la solución efectiva del caso”, definió.
Instrumentar la ventanilla única
La jurista también se refirió a la violencia institucional hacia las mujeres. “No se trata sólo de ir y presentar una demanda; se trata de tener recursos que sirvan. Resulta que la víctima de violencia de género, cuando por fin puede denunciar, se levanta temprano, toma el colectivo con sus hijos a cuestas, se pone primera en la fila de la puerta del Tribunal para que alguien se decida a atenderla, y lograr una orden de restricción, y recibe como respuesta que vuelva la semana próxima, y resulta que puede ser tarde.
Entonces decimos que ese acceso a la Justicia no puede ser un camino de piedras, debe ser un ámbito amigable para las víctimas. Para esto necesitamos que se den una serie de cuestiones, y algunas de las que proponemos y que fueron estudiadas por distintos organismos, tienen que ver con lo que se llama “ventanilla única”, como uno de los primeros pasos.
Es un ámbito de recepción de las denuncias donde haya equipos multidisciplinarios, y permite obviar aquella burocracia donde hay un tiempo que se pierde y en el que la mujer sigue padeciendo la situación de violencia, o en el peor de los casos le puede costar la vida.
Está comprobado que este sistema de “ventanilla única” permite reducir el número de abandonos en los casos de violación, en el sentido de que las mujeres se cansan y no vuelven, y probablemente si vamos a buscar a esas mujeres, nos encontraríamos que cuando fue a hacer la denuncia la maltrataron, y después dejó de denunciar porque la mataron. Por eso es urgente hacer algunas cosas para modificar ese tipo de situaciones”, señaló.
Se necesita personal femenino capacitado
La otra cuestión a solucionar es que en las oficinas públicas relacionadas con violencia de género haya personal femenino, y que ésa sea la primera línea de atención; pero no cualquier personal sino que deben estar capacitadas.
No es lo mismo una enfermera que atiende en un hospital de agudos, para casos generales, que la enfermera que trabaja en un lugar donde van las mujeres a denunciar violencia de género, o de abuso sexual en la infancia.
Tenemos que especializarnos, saber, conocer, prepararnos más. Y muchos dirán que nos siguen exigiendo a nosotras la solución, y yo creo que la solución está en nuestras manos, y la tenemos que conseguir nosotras. Por eso debemos elegir mujeres que nos representen, que sepan de nuestros derechos, dolores y de los deberes que le compete al Estado.
Elegir mujeres que estén capacitadas para ocuparse del cuidado a las víctimas, pero deben estar preparadas- Pero si esto no lo hacemos las mujeres, les puedo asegurar que no lo va a hacer ningún hombre, o casi ninguno. Creo que la solución está en organizarnos, aunar esfuerzos, respetarnos, consolidar consenso y mitigar nuestras diferencias, porque en algunas cosas podemos no estar de acuerdo; pero debe primar la sororidad”, enfatizó Chiapparrone.
Explicó que ahora que le toca asesorar a la Presidenta, se ocupa de mostrar los casos según su mirada; pero entiende que hay otras. “En lo que no hay discusión en que lo que queda por delante es luchar, y un gran desafío por delante”.

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