GEOPOLÍTICA

El Papa geopolítico

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La Santa Sede quedó vacante, al menos momentáneamente, tras la muerte del Papa argentino. Jorge Mario Bergoglio, reconvertido en Francisco, además de haber sido el máximo representante de la fe católica, fue un líder político nato. Una persona que, desde su cargo y postura, expuso ideales que respondieron al ordenamiento geopolítico que él consideraba necesario, siendo así, uno de los mandatarios más recordados del siglo XXI.

El Papa de la multipolaridad 

Los líderes religiosos no son ajenos a los tiempos políticos que pasan. Si uno hace una breve revisión en la historia, verá momentos que responden a vicisitudes políticas de la época en donde los ministros de la fe jugaron un papel preponderante. 

Así como Juan Pablo iI fue el gran Papa de la Guerra Fría, tomando posturas anticomunistas y abogando por la construcción del mensaje de unidad desde el posicionamiento occidentalista, pasando por la globalización y entrando en el siglo XXI, a Francisco le tocó otro contexto con una lectura clara por su parte. 

Bergoglio se transformó en Francisco en 2013, siendo además el gran Papa de la multipolaridad. Esos años de Juan Pablo II y hasta de Benedicto XVI con el alto punto de la globalización quedaron atrás. Francisco supo leer el contexto internacional y lo que se venía. La globalización empezaba a resquebrajarse y los ascensos regionalistas, nacionalistas y proteccionistas empezaban a subir de tono, junto a la animosidad bélica que poco a poco se iba a materializar en varios frentes. 

Ante este contexto, Francisco supo que debía abogar por una unidad entre los múltiples polos de poder en ascenso, considerando a bloques dominantes por fuera de la lógica norteamericana y europea. Así es que se da su acercamiento a África, Rusia y China. También Latinoamérica, aunque quizás por sus raíces, fue parte de su agenda de integración a las problemáticas globales en donde El Vaticano bajó su papado empezó a cuestionarlas. 

Es cierto que tenía temas de preocupación en común con sus antecesores, tales como la pobreza, el hambre y las guerras, pero con un enfoque distinto debido a su ordenamiento como jesuita y a su lectura del mundo. Para Francisco, era imposible solucionar o brindar soluciones a estos problemas si no se atacaba la desigualdad reinante y los valores mercenarios detrás de la guerra, razón por la cual compartía el diálogo y la cercanía a todos los sectores y bandos para poder arribar a soluciones concretas. Francisco, desde su papado, entendió que el mundo y el orden global estaban cambiando y junto a ello, su posición como líder acompañaba al nuevo ideario. 

Los hitos de Francisco

Pocas cosas tan contundentes como los hechos para respaldar las palabras. Durante su papado, Francisco dio innumerables muestras de comprensión geopolítica. Claro, una institución tan grande como El Vaticano no puede estar ajena a los tiempos que corren y con la perspectiva filosófica de Francisco a flor de piel, tuvo roles y momentos protagónicos en 12 años. 

Las reuniones con Putin y Maduro, más su viaje a Cuba le valieron críticas enormes a Francisco, pero era su forma de marcar la cancha en cuanto a multipolaridad se habla. Inclusive fue en ese contexto cuando tuvo una declaración conjunta con el Patriarca Cirilo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, algo que no ocurría hace mil años aproximadamente. Este hecho sirvió para poner en relieve no sólo el diálogo Interreligioso, sino develar que los problemas de conflictos armados y diplomáticos son por puros intereses de los poderosos. Asimismo, su apertura a China y a las misiones religiosas en ese país fue todo un mensaje de aceptación del gigante rojo como parte del concierto internacional.

Otro acercamiento que le habla de lo interreligioso pero que, en realidad, guarda una postura de mediación diplomática es con Medio Oriente. Viajes a Israel, Jordania, Palestina, Irak y Emiratos Árabes Unidos le sirvieron para demostrar una férrea postura en contra de los conflictos en el mundo árabe, sentando también una posición a favor del pueblo palestino y un mensaje anti bélico en Gaza. Paralelamente, viajó a Bangladesh para intentar apaciguar la persecución contra la minoría musulmana rohingya.

Otro hecho de vital importancia geopolítica fue su gesto de mediación y hasta de desesperado pedido de paz en Sudán del Sur. Cuando la guerra civil desangraba a ese país, Francisco decidió besar los pies de los líderes políticos sursudaneses de ese momento con el fin de que entiendan el mensaje de paz necesario, por toda la población de dicho país. 

Varios viajes, visitas y menciones a África en donde el fin último era la protección de los pueblos y misiones católicas, aunque su mensaje siempre era contra aquellos que perpetraron las condiciones de desarrollo desigual en África, entiéndase por colonialismo y destrucción de las periferias. 

Su pedido de perdón por parte de la iglesia a los pueblos originarios que en Canadá padecieron persecuciones también fue un hecho que lo marcó como un líder interesado en los subyugados de la historia, sin renegar de la presencia e importancia de la herencia romana hasta el día de hoy. 

Francisco fue también el Papa de las dos grandes guerras actuales del siglo XXI, Gaza y Ucrania. En esta última intentando mediar sin condenar a ninguno de ambos bandos, sino las acciones belicosas de las mismas. Esta “tibieza” en cuanto a toma de postura puede deberse al hecho de entender esto como un conflicto regional en donde los intereses transnacionales están puestos. Lastimosamente, la gente es quien termina pagando esos platos rotos. 

Francisco, en su carácter de líder global, fue testigo de la reconversión ideológica de la derecha y el ascenso de los outsider al poder. Relaciones pendulares con figuras como Trump, Meloni, Le Pen y Milei. En el caso europeo con fuertes roces por la problemática de la inmigración, donde el Papa tuvo un protagonismo importante en el acogimiento de los mismos en el viejo continente. 
La simpleza de Francisco y su cercanía hacia la periferia y los más pobres fue algo que se vio políticamente en su papado. Entendió el entramado geopolítico desde las periferias y bajo el manto de la multipolaridad, alejado del entendimiento de las dinámicas internacionales en el mandato unilateral estadounidense, Francisco buscó ser un líder total, en donde el sur global estuviera lo más dentro posible, siendo una zona absolutamente postergada de manera histórica. Es así que Bergoglio dejó Argentina para ser un líder mundial y es por eso que hoy, tras su desaparición física, muchos no creyentes o de otras religiones, lamentan su ausencia.

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América Latina en los vaivenes de la geopolítica

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Escribe Gustavo González de IPS Noticias* – El mes de junio se despide y deja un panorama mundial dominado cada vez más por intereses geopolíticos que obligan a los gobiernos de América Latina a diversos grados de alineamiento o inserción internacional, con el telón de fondo de una renovada Guerra Fría que transcurre a la grupa de la crisis del multilateralismo.

El domingo 25, ante la rebelión del grupo Wagner contra el gobierno de Rusia, los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Nicaragua, Daniel Ortega, emitieron mensajes de respaldo y solidaridad para “el compañero Vladimir Putin” y calificaron de terrorista la acción de los mercenarios encabezados por el millonario Yevgueni Prigozhin.

Ese mismo día, el progresista Bernardo Arévalo daba la sorpresa en las elecciones presidenciales de Guatemala, al clasificar para la segunda vuelta junto a la conservadora Sandra Torres, en unos comicios que se preveían controlados por la derecha donde las encuestas no le daban ninguna chance.

La 53 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) culminó el día 23 en Washington sin acuerdos trascendentales, y con la ausencia de los cancilleres de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Honduras y México, en una clara manifestación de cuestionamiento al papel actual de la entidad hemisférica y a su secretario general, el uruguayo Luis Almagro.

Pocos antes, el sábado 17, finalizaba en La Habana la gira del presidente de Irán, Ebrahim Raisí, por Venezuela, Nicaragua y Cuba, precisamente los tres países que están excluidos o autoexcluidos de la OEA y que comparten con Teherán la condición de enemigos de los Estados Unidos.

El factor China

El 12 de junio la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, se reunió en Beijing con el presidente chino Xi Jinping, para firmar una serie de acuerdos de cooperación y ayuda. Ambos países abrieron relaciones diplomáticas en marzo, en un nuevo avance de la política de China de extender su influencia en América Central y aislar diplomáticamente a Taiwán.

Una semana antes, en una reunión de la subcomisión para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el Departamento de Estado recibió críticas de la oposición republicana por la política hemisférica del gobierno demócrata.

“Es mi opinión que el presidente Joe Biden ha aprovechado todas las oportunidades para ignorar a nuestros aliados en América Latina», dijo la congresista María Elvira Salazar, quien presidió la audiencia, según reportó la Voz de América.

Otros representantes republicanos acusaron al gobierno demócrata de pasividad ante un gobernante “socialista” como el colombiano Gustavo Petro y ante la “corrupta” administración argentina de Alberto Fernández, y reclamaron apoyo para los gobiernos de Guatemala, República Dominicana y El Salvador.

Las políticas estadounidenses hacia la región se han concentrado en los temas migratorios y marcan continuidad de Donald Trump a Biden en lo que respecta a las sanciones contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, mientras la declarada guerra comercial contra China no registra avances, y más bien retrocesos en los mercados latinoamericanos.

El comercio chino con América Latina que ascendía a 12 000 millones de dólares en el año 2000, aumentó a más de 430 000 millones de dólares en 2021 y hoy por hoy China es el principal socio comercial de las cuatro mayores economías de Sudamérica: Brasil, Argentina, Colombia y Chile.

Ucrania: paz y no armas

La guerra ruso-ucraniana ha sido también un campo de ensayo para que Estados Unidos, principal actor de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), pueda calibrar su influencia en la región, otrora una estrecha aliada en temas militares.

Si bien la mayoría de los gobiernos latinoamericanos condenaron la invasión de Rusia a Ucrania en la Asamblea General de Naciones Unidas, no prestaron oídos a las demandas de Washington de apoyar con armamentos a Kiev e ignoraron las ofertas de Biden de reemplazarles el armamento ruso que entregaran por modernas armas estadounidenses.

Las negativas más tajantes a ese respecto fueron las del colombiano Petro, el argentino Fernández y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quienes manifestaron que están por la paz y no por un escalamiento del conflicto.

Ya hace un año se evidenciaron factores de distanciamiento entre Estados Unidos y América Latina, con ocasión de la novena Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en Los Ángeles entre el 6 y el 10 de junio de 2022.

El gobierno de Biden, como organizador, excluyó de esa reunión a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Como protesta, se abstuvieron de asistir los presidentes Manuel López Obrador, de México, y Luis Arce, de Bolivia, y la presidenta de Honduras, Xiomara Castro.

El movedizo escenario latinoamericano de junio tuvo como preámbulo a finales de mayo la cita de doce gobernantes que organizó en Brasilia el presidente Lula, con el objetivo de reactivar Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), que significó el regreso de Colombia a esa instancia y una suerte de rehabilitación diplomática de Venezuela.

Maduro llegó a ese encuentro precedido de una recuperación económica gracias al aumento de las exportaciones petroleras por la guerra en Ucrania, del fracaso del proyecto del gobierno paralelo opositor que encabezó Juan Guaidó, de la normalización de las relaciones con Colombia y de un acuerdo con el la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos de monitoreo de la situación de las libertades fundamentales en Venezuela.

La discrepancia que el presidente chileno Gabriel Boric planteó ante la mayoría de sus pares sudamericanos, en cuanto a mantener una postura crítica ante el gobierno de Maduro por la situación de los derechos humanos, evidenció fisuras en lo que algunos consideran un bloque de izquierda en América Latina.

En el escenario de influencias geopolíticas e intereses comerciales no es fácil abrir un espacio ancho a los derechos humanos y las críticas en esta materia alcanzan tanto a los incondicionales de Estados Unidos como a los que buscan alianzas con Putin, China o con el gobierno teocrático de Irán y su represión a los derechos de las mujeres.

No obstante, en la región se asiste hoy a un ciclo progresista, que plantea un giro con respecto a tres años atrás, cuando gobiernos conservadores y derechistas daban vida con la bendición de la secretaría general de la OEA al Grupo de Lima, hoy desaparecido.

El protagonismo que ha ganado Brasil con Lula podría redundar en una mayor adscripción latinoamericana a esfuerzos para poner en cuestión el actual orden económico internacional con sus respectivas implicaciones políticas.

No en vano, México aspira también a ser parte de las grandes economías emergentes que hoy se agrupan bajo el acrónimo de los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que en agosto próximo tendrá su cita cumbre en este último país.

¿Cuánto durará este ciclo progresista? ¿Prosperarán los intentos de levantar una divisa alternativa al dólar? ¿Habrá un renacer potente y efectivo del no alineamiento? Son preguntas abiertas, de las cuales América Latina es parte.

*Gustavo González periodista de IPS Noticias
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Deuda externa condicionante, vacunas y equipamiento de Defensa: geopolítica de dignidad o soberanía meramente formal

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¡Es la Geopolítica, estúpido!, podría decirse parafraseando una conocida frase de la época de Clinton, en aquella oportunidad referente a la Economía.

Y por supuesto no se toma la Geopolítica como una disciplina “perversa” o negativa, como la pretenden presentar algunos “progres” muy fuera de foco, ni se la deja de lado como lo hacen libertarios, neoliberales y otros cipayos.
Es una disciplina sumamente importante, estudiada y practicada por todos los Estados que se consideran dueños de sus destinos, y de los que están esforzándose por salir de contextos de sumisiones o presiones muy condicionantes.
La deuda externa es utilizada por los centros del poder, no solo como muy buen negocio financiero, sino principalmente como herramienta de sometimiento de las naciones que se subyugan a la misma en forma desmesurada.

Fue lo que hizo Gran Bretaña con todas las naciones íbero americanas, apenas independizadas, excepto Paraguay, al que logró doblegar y luego endeudar, fogoneando la fratricida Guerra de la Triple Infamia.

Consciente de la carga de condicionalidades lesivas a la soberanía, en 1947 Perón declaró la Independencia Económica, al cancelar todas las deudas externas, que fueron una constante desde las acciones del nefasto pro británico Rivadavia.
Claro que después vendría La Fusiladora, en 1955, que con falsos pretextos salió a pedir desesperadamente créditos, siendo eso el detonante de la creación del grupo de acreedores conocidos como El Club de París.

Argentina tenía un sistema de cuentas corrientes –que no generaban intereses- con las naciones de Europa Occidental, dentro del cual se canalizaban las operaciones del comercio exterior argentino con ellas.

El por entonces renombrado economista de la CEPAL, Raúl Prebisch, -tal como lo explica con detalles el filoso analista Arturo Jauretche- puso su rúbrica en un tergiversado informe de ignotos autores, escrito que fue usado para justificar el endeudamiento y adendas de condicionamiento liberal y anti industrialista, que fue otorgado por varios países que conformarían el Club de Paris (ciudad donde se tramitó el ignominioso conjunto de acuerdos).

Prebisch avaló que los sistemas de cuentas corrientes, que funcionaban bien y no generaban intereses, se transformaran en onerosos créditos, con los que se reinauguró el proceso de endeudamiento externo.

Después vendrían sucesivos gobiernos de claro o encubierto cuño antinacional y de orientación liberal o neoliberal, que agravarían el endeudamiento, “destacándose” en los niveles de infamia y de endeudamiento masivo con destrucción socio económica, el “proceso” cívico militar, los noventistas neoliberales del menemato y el delarruato, y el más destructivo -por lejos- reciente gobierno neoliberal del macrismo.

Claramente el objetivo de máxima del precedente gobierno, fue (y sigue siendo la de ese sector político), la disolución nacional, como lo evidencia su destructivo accionar y su desprecio por la soberanía, lo cual siguen demostrando las acciones de ese sector político – económico.

La descomunal deuda externa opera como un omnipresente y brutal condicionamiento, que entorpece y pretende impedir todas las acciones de orientación claramente nacional. Y para eso, efectúan una acción de pinzas, en la que actúan al unísono los voceros y políticos del neoliberalismo (con infiltrados en distintos sectores políticos), las “progresías” viudas del marxismo o carentes de sentido de Lo Nacional, los medios de comunicación concentrados, la “mano de obra” encubierta de “servicios” afines, los proceseros recalcitrantes y sus “herederos” que siguen enseñando y practicando doctrina antinacional salpimentada con estentóreo nacionalismo hueco de contenido, los mercenarios del periodismo, y los sectores del Poder Judicial volcados indecorosamente al servicio de esos intereses.

La enormemente brutal deuda externa contraída por el macrismo, toda ella volcada a sus desmanejos, timba financiera oficializada –otra vez- por Sturzenegger, y masiva fuga de divisas, de características impagables, limita todas las acciones que quieran tomarse, sobre todo partiendo del FMI con sus eternas “recetas” recesivas, empobrecedoras y contrarias a toda acción de desarrollo.

Como el FMI y el Banco Mundial, de hecho son manejados por el núcleo duro de las Potencias Atlantistas y sus omnipresentes poderes empresariales y financieros asociados, de hecho el poder financiero es usado como herramienta para “sugerir” y condicionar todo tipo de acciones gubernativas de los países endeudados bajo la férula condicionante de ambas poderosas instituciones.

Y las presiones se extienden a prácticamente todos los ámbitos de acciones gubernativas.

Eso se pudo ver en el caso de las vacunas contra el Covid 19, las que inicialmente fueron muy difíciles de conseguir en el ámbito de los laboratorios asentados en o vinculados a las Potencias Atlantistas (básicamente EEUU y Canadá, el bloque de Europa Occidental, más Japón).

Incluso las vacunas procesadas en Argentina, que fueron enviadas a México para su fraccionamiento, por algún faltante de insumos, fueron reenviadas a EEUU, que las acaparó por largo tiempo.

También se supo que esas potencias acumularon vacunas en groseros excesos, muy por encima de sus necesidades, mientras que las naciones excluidas de ese núcleo de poder, tuvieron –y varias aun tienen- serias limitaciones para acceder a las mismas en cantidades suficientes.

Lo concreto fue que en los meses iniciales de la pandemia, mientras en el contexto de vacunas de origen “occidental” (aunque al menos una de ellas se procesó en India), se nos retaceaba el acceso a las mismas, desde el Bloque Continentalista se consiguieron importantes y sucesivos lotes de vacunas, producidas en Rusia y China, cuyo transporte se pudo agilizar gracias a que nuestra aerolínea de bandera no había terminado de ser desguazada por los personeros del neoliberalismo salvaje, centralizado este en los últimos años en el macrismo.

Apenas se supo acerca de la enorme “mano sanitaria” que nos tendieron los dos gigantes euroasiático y asiático, comenzaron las activas y muy agresivas campañas mediáticas, en las redes y de voceros políticos neoliberales, para intentar empañar el prestigio científico de ambas potencias; a lo cual se agregó otro accionar de manifestaciones callejeras y de citas de supuestos “entendidos”, empeñados en negar la existencia de la pandemia.

Esos vocingleros y agresivos manifestantes anti pandemia, fueron los mismos que meses después clamaban para que se agilice el proceso de vacunación, el cual por cierto fue bastante rápido y eficiente, en el contexto mundial de carencias de medios y desesperación en muchos casos paroxística. No por casualidad, esos grupos de manifestantes mostraron ser adherentes al precedente gobierno destructivo de perfil ultra neoliberal.

Toda esa estructura de denigración y oposición salvaje, se ocupó de “ningunear” el accionar sanitario argentino, en el cual nunca faltaron camas de terapia intensiva, ni logros de científicos argentinos en investigaciones relacionadas con el Covid 19, y taparon con un manto de silencio el inicio de producción de vacunas Sputnik V en Argentina, todo un hito tecnológico y sanitario, además de una notable acción geopolítica de no sumisión a los dictados del Atlantismo “occidental”.

Esos mismos voceros locales de los anglosajones y sus aliados, manifestaron “sus preocupaciones” ante los acuerdos de créditos y transferencias de tecnologías nucleares, con China y Rusia, pese a que dichos acuerdos son ya de larga data, y que fueron “ninguneados” y frenados por el corrosivo accionar destructor del macrismo…¿acaso pueden aducir que no los conocían? ¡Absurdo!

Desde siempre, los sectores políticos liberales y neoliberales de Argentina, se opusieron tenazmente a nuestros desarrollos tecnológicos, en especial el nuclear. Eso es cipayismo descarnado.

Esos mismos opinantes, en sus roles de voceros de “las embajadas” y de los dictados anglosajones, expresaron sus “preocupaciones” ante los concretos ofrecimientos de aviones de combate supersónicos, ofrecidos por Rusia y China, el cual en el primer caso incluye un paquete de asistencia tecnológica adicional en otros rubros de Defensa.
Los aviones ofrecidos son el Mig 35 ruso (versión modernizada del Mig 29), el JF 17, de origen chino-pakistaní, y el F 16 de EEUU…pero el tema es analizar en que consiste el paquete total ofrecido.

Haciendo causa común con sus “primos” británicos, EEUU fue por décadas muy renuente a vender equipos militares estratégicos a Argentina, y ahora, ante las concretas ofertas de las otras dos potencias –claros rivales geopolíticos de los anglosajones-, evidencian un relativo cambio de actitud, pues los aviones ofrecidos no incluyen los sistemas tecnológicos y armamentísticos más avanzados. De acuerdo con la gráfica expresión de un amigo muy conocedor de estos temas, serían meros “aviones de desfile”, limitados en sus capacidades operativas.

Por otra parte, de adquirirse los aviones de EEUU, estaríamos sujetos a muy posibles embargos de repuestos y apoyos tecnológicos, ante cualquier previsible planteo de la potencia usurpadora, Gran Bretaña.

Por esa contundente realidad geopolítica, las ofertas de Rusia y China son de características ventajosas para Argentina, a lo cual se le sumarían condiciones de financiación y posiblemente de precios, más ventajosas para nuestro país.
A eso se le agrega el nada desdeñable hecho que sin dejar de ser competitivo, el F 16 sería un dispositivo de tecnología más alejada de los nuevos parámetros de defensa, mientras que el JF 17 es más reciente, y el Mig 35 una actualización tecnológica del probado Mig 29.

Esperemos que nuestro país logre superar las presiones y condicionamientos, que claramente están operando tras bambalinas pero seguramente en forma muy acentuada, para mantenernos adheridos a los mandatos del “patio trasero” de la renovada Doctrina Monroe, prototipo del asfixiante imperialismo que pretende tenernos en una independencia meramente formal, pero nada efectiva.

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