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Combustible: El gobierno postergo un aumento clave septiembre

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El Gobierno nacional volvió a postergar la actualización de los impuestos que gravan a las naftas y el gasoil y trasladó de septiembre a octubre la entrada en vigencia del incremento remanente correspondiente a las actualizaciones de 2024, 2025 y el primer y segundo trimestre de 2026. La decisión fue formalizada mediante el Decreto 829/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, y apunta a contener el impacto inmediato sobre el precio de los combustibles.

La medida modifica el esquema establecido originalmente por el Decreto 617/2025 y sus sucesivas prórrogas. En concreto, el Gobierno dispuso que los incrementos tributarios pendientes que debían comenzar a regir el 1° de septiembre de 2026 tendrán efecto sobre los hechos imponibles que se perfeccionen desde el 1° de octubre.

El cambio alcanza a la nafta sin plomo, la nafta virgen y el gasoil. Se trata de los impuestos sobre los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, cuyos montos fijos en pesos se actualizan periódicamente de acuerdo con la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el INDEC.

La normativa establece que esas actualizaciones deberían realizarse trimestralmente sobre la base de la inflación acumulada. Sin embargo, desde 2025 el Gobierno viene difiriendo la aplicación efectiva de parte de esos incrementos. El Decreto 829/2026 prolonga ahora ese mecanismo de manera que el aumento impositivo acumulado que quedaba pendiente no impacte durante septiembre.

La decisión tiene una consecuencia concreta para consumidores y empresas: durante septiembre no se incorporará al precio de los combustibles el tramo de impuestos cuya aplicación estaba prevista para ese mes. Esto, sin embargo, no significa que el Gobierno haya congelado los precios de las naftas o del gasoil, ya que el decreto únicamente posterga la entrada en vigencia de los incrementos tributarios y no establece un precio máximo para los combustibles.

El argumento oficial vuelve a combinar dos objetivos de política económica: evitar un impacto adicional sobre los precios en el corto plazo y sostener un sendero fiscal considerado compatible con la evolución de la economía. El decreto señala que el diferimiento busca continuar estimulando el crecimiento mediante un “sendero fiscal sostenible”.

Qué cambia desde septiembre

El punto central de la norma es la modificación del cronograma. El período que originalmente contemplaba la aplicación de determinadas disposiciones hasta el 31 de agosto se extiende ahora hasta el 30 de septiembre de 2026.

A partir del 1° de octubre comenzará a regir el incremento total de los montos impositivos que permanece pendiente como consecuencia de las actualizaciones correspondientes a los años 2024 y 2025 y al primer y segundo trimestre de 2026. El decreto no fija un nuevo porcentaje de aumento de los combustibles en surtidor, sino que establece cuándo comenzarán a tener efecto esos mayores montos tributarios.

La diferencia es relevante porque los impuestos sobre los combustibles tienen una incidencia directa en la estructura de costos de las estaciones de servicio, el transporte y numerosas actividades productivas. Postergar su aplicación permite evitar, durante septiembre, una presión tributaria adicional que eventualmente podría trasladarse al precio final.

Para los consumidores, por lo tanto, el beneficio inmediato consiste en que el componente impositivo que debía comenzar a aplicarse en septiembre permanecerá diferido durante un mes más. Para el Estado, en contrapartida, significa resignar durante ese período la recaudación incremental asociada con la actualización de esos impuestos.

El impacto sobre el precio en surtidores

El decreto no permite determinar por sí solo cuánto subirán las naftas o el gasoil en octubre. El monto final que pagarán los consumidores dependerá de la incidencia efectiva de los impuestos actualizados y de la evolución del resto de los componentes que conforman el precio de los combustibles.

Esto incluye variables como los costos de las empresas, el precio de los biocombustibles, la cotización del petróleo y el tipo de cambio, además de las decisiones comerciales de las compañías. Por eso, la postergación del componente tributario no equivale a garantizar que los precios permanezcan sin cambios durante septiembre.

La decisión sí aporta, en cambio, una certeza regulatoria concreta: el aumento impositivo remanente no tendrá efecto durante septiembre y comenzará a impactar sobre los hechos imponibles desde el 1° de octubre. El Gobierno gana así un mes antes de trasladar al mercado una actualización tributaria que acumula ajustes pendientes de varios períodos.

El movimiento se inscribe en una estrategia que busca administrar el impacto de la inflación sobre precios sensibles sin eliminar la actualización prevista por la legislación. La herramienta elegida es nuevamente el diferimiento: el aumento no se elimina, sino que se desplaza en el tiempo.

En términos de política económica, el desafío será administrar el equilibrio entre dos objetivos que pueden entrar en tensión: contener el impacto de los combustibles sobre la inflación y, al mismo tiempo, evitar que la postergación de impuestos genere un costo fiscal creciente. Para septiembre, el Gobierno priorizó el primer objetivo y trasladó al 1° de octubre la aplicación de los incrementos tributarios pendientes.

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Fracasó el Consejo del Salario y el Gobierno definirá el nuevo mínimo

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La reunión del Consejo del Salario terminó nuevamente sin acuerdo y dejó en manos del Gobierno nacional la definición del próximo Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM). Los representantes sindicales reclamaron llevar el piso salarial a $911.000, mientras que el sector empresario presentó una propuesta muy inferior, que llevaría el mínimo a unos $468.000 en abril de 2027.

La distancia entre ambas posiciones volvió a bloquear el consenso y profundizó el cuestionamiento sindical sobre el funcionamiento de un ámbito concebido para establecer un piso de ingresos para los trabajadores que no cuentan con mecanismos de negociación colectiva.

El SMVM vigente se ubica en $376.600, de acuerdo con el cronograma de actualización establecido en noviembre de 2025. Además de funcionar como referencia para las remuneraciones más bajas, el valor del salario mínimo interviene en la determinación de distintos programas sociales, prestaciones y subsidios.

El resultado de la reunión tiene, por lo tanto, un alcance que excede a los trabajadores alcanzados directamente por el salario mínimo. Una modificación del SMVM también puede alterar parámetros utilizados por distintas políticas públicas y, al mismo tiempo, constituye una señal sobre el nivel de ingresos que el Estado considera compatible con las condiciones económicas actuales.

Una brecha salarial que volvió a hacer inviable el acuerdo

La propuesta empresaria quedó muy lejos de la demanda sindical. Según lo planteado durante la reunión, las cámaras ofrecieron incrementos de 1,8% para septiembre y de 1,7% mensual desde octubre hasta abril, lo que llevaría el salario mínimo a aproximadamente $468.000 al final del período.

La CGT y las dos CTA, en cambio, reclamaron un mínimo de $911.000.

La diferencia no fue solamente numérica. Para las centrales sindicales, la propuesta empresaria mantiene al SMVM en niveles insuficientes para cubrir las necesidades básicas de los trabajadores y profundiza la pérdida de capacidad adquisitiva acumulada.

Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, cuestionó que el salario mínimo haya quedado desconectado de su función original. Sostuvo que el Consejo debería operar como una instancia de negociación para quienes no tienen paritarias y cuestionó que el valor vigente no alcance para cubrir las necesidades consideradas esenciales.

La discusión vuelve así sobre una cuestión estructural del mercado laboral argentino: qué nivel de ingresos debe garantizarse como piso cuando una parte de los trabajadores no tiene capacidad de negociación colectiva y depende de la referencia fijada por el Consejo.

La virtualidad abrió otro frente de conflicto

El desacuerdo salarial estuvo acompañado por una disputa institucional. La CGT y las dos CTA reclamaron que el Consejo volviera a sesionar de manera presencial, pero el Gobierno mantuvo la modalidad virtual.

Las centrales obreras participaron de la comisión técnica salarial, donde se presentan las propuestas, pero luego decidieron retirarse y no participar del plenario.

Jorge Sola, uno de los cotitulares de la CGT, cuestionó la falta de presencialidad y sostuvo que la modalidad adoptada no garantiza, a criterio sindical, el nivel de diálogo tripartito que debería caracterizar al organismo. También anticipó que la central analiza recurrir nuevamente a la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El Gobierno defendió exactamente lo contrario. El Ministerio de Capital Humano sostuvo que la virtualidad permite registrar y grabar las reuniones, garantizar trazabilidad y dejar constancia de las posiciones expresadas por cada sector.

La cartera conducida por Sandra Pettovello afirmó que las reuniones fueron convocadas de esa manera con el objetivo de preservar la paz social y mantener un ámbito de diálogo ordenado. También señaló que algunas organizaciones objetaron el formato y decidieron retirarse de la instancia plenaria.

La controversia sobre el formato terminó adquiriendo un peso político mayor porque se superpuso con la discusión de fondo: la capacidad del Consejo para alcanzar acuerdos efectivos sobre el ingreso mínimo.

El Gobierno queda nuevamente con la decisión final

Ante la falta de acuerdo, el Ministerio de Capital Humano confirmó que el Gobierno procederá a determinar el nuevo salario mínimo mediante los mecanismos previstos para estos casos.

El desenlace reproduce una dinámica que se volvió recurrente durante los últimos años: cuando empresarios y trabajadores no alcanzan un consenso, el Ejecutivo termina estableciendo el valor mediante una decisión administrativa.

Para el Gobierno, esta facultad permite cerrar un proceso que no logró reunir las condiciones para un acuerdo. Para las organizaciones sindicales, en cambio, la reiteración de este mecanismo erosiona el sentido institucional del Consejo del Salario.

El conflicto también se desarrolló alrededor de versiones sobre un eventual piso salarial de bolsillo cercano a $800.000, que implicaría un salario bruto de aproximadamente $1.100.000. Esa posibilidad no formó parte formalmente de la agenda de la reunión, pero había generado expectativas y críticas en las horas previas.

Los dirigentes sindicales interpretaron esas versiones como una operación política, debido a que no hubo una propuesta concreta del Gobierno durante la negociación.

A esto se sumó la ausencia del secretario de Trabajo, Julio Cordero, quien fue reemplazado en la reunión por la subsecretaria Claudia Testa. La CGT vinculó esa ausencia con una supuesta pérdida de relevancia política del Consejo.

Qué está en juego detrás del nuevo salario mínimo

La discusión no se reduce a determinar cuánto aumentará el SMVM. El punto central es qué función cumple hoy el salario mínimo dentro de una economía donde las paritarias constituyen el principal mecanismo de actualización para una parte significativa de los trabajadores formales, mientras otros sectores dependen de referencias estatales.

El valor vigente de $376.600 queda, además, muy por debajo de las pretensiones sindicales y de los niveles planteados informalmente en las últimas horas. La decisión que adopte el Ejecutivo determinará cuánto de esa brecha se reduce y cuánto permanece.

También tendrá consecuencias indirectas. El SMVM es utilizado como referencia para distintas prestaciones y programas, por lo que una actualización más elevada puede ampliar determinados beneficios vinculados al salario mínimo, mientras que una recomposición más acotada preservaría un esquema de menor incidencia fiscal.

La definición será, en consecuencia, una señal simultáneamente laboral, social y fiscal.

El Gobierno deberá resolver ahora entre una propuesta empresaria que ubica el mínimo muy por debajo del reclamo sindical y una demanda de $911.000 que supone una recomposición significativamente mayor. En el medio queda un Consejo del Salario que, una vez más, no consiguió transformar la negociación tripartita en un acuerdo.

El desafío de fondo será evitar que el salario mínimo quede reducido a una cifra administrativa desconectada de su objetivo original: funcionar como un piso efectivo de protección para quienes tienen menor capacidad de negociación en el mercado laboral. La próxima resolución del Ejecutivo no solo fijará un nuevo monto; también definirá, en los hechos, cuánto peso conserva ese instrumento dentro de la política salarial argentina.

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El Gobierno busca llevar las paritarias a un piso de $1 millón sin subir el salario mínimo

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El Gobierno nacional busca trasladar a las negociaciones paritarias una parte de la estrategia para recomponer los ingresos de los trabajadores registrados. En la antesala de una nueva reunión del Consejo del Salario, la Secretaría de Trabajo impulsa que los convenios colectivos incorporen mecanismos capaces de garantizar un piso de ingresos cercano a $1.000.000, sin que eso implique un salto equivalente en el Salario Mínimo, Vital y Móvil.

La propuesta aparece en un momento en que la política salarial vuelve a quedar vinculada con dos problemas que atraviesan la economía argentina: la debilidad del consumo y el aumento del endeudamiento de los hogares. El salario mínimo vigente se ubica en $376.600 mensuales, mientras que los trabajadores alcanzados por convenios colectivos perciben, en la mayoría de los casos, ingresos superiores a ese umbral.

La estrategia oficial consiste entonces en utilizar las paritarias como mecanismo para elevar el ingreso efectivo de los trabajadores registrados, antes que promover una actualización de magnitud del salario mínimo. La mejora debería surgir de acuerdos entre sindicatos y cámaras empresariales, sin una transferencia directa de recursos del Estado.

El Gobierno apuesta a bonos para evitar un salto en los costos

Según la propuesta que circula en la Secretaría de Trabajo, una de las herramientas para alcanzar el objetivo sería incorporar bonos no remunerativos en los acuerdos salariales, mientras los incrementos porcentuales mensuales se mantienen alrededor del 2%.

El argumento oficial es que de esta manera podría elevarse el ingreso de bolsillo sin trasladar un incremento equivalente a los costos estructurales de las empresas y, por esa vía, evitar una presión adicional sobre los precios.

La fórmula, sin embargo, enfrenta una dificultad económica: todavía no está definido con precisión cómo se compatibilizaría un piso de ingresos de $1 millón con aumentos salariales mensuales acotados y con la estructura de costos de cada actividad. Por eso, dentro del propio Gobierno remarcan que no existe un “número mágico”, sino una orientación para las próximas negociaciones colectivas.

El planteo también tiene una dimensión institucional. En lugar de establecer desde el Estado un nuevo piso salarial general, el Ejecutivo pretende que sean los actores de cada convenio colectivo quienes construyan ese umbral de ingresos.

El salario mínimo quedó muy por detrás del costo de vida

La distancia entre el SMVM y los ingresos necesarios para sostener el consumo explica buena parte de la discusión. El salario mínimo quedó fijado en $376.600, un valor que perdió capacidad como referencia efectiva para las negociaciones laborales.

Desde el movimiento sindical sostienen que el punto de partida debería estar mucho más cerca del costo de la canasta básica. El reclamo de la CGT apunta a un básico no menor a unos $1,56 millones, tomando como referencia el valor de la canasta básica para una familia.

La diferencia muestra el problema de fondo: el salario mínimo dejó de funcionar como una referencia cercana al ingreso necesario para cubrir las necesidades básicas, mientras que las paritarias pasaron a ocupar un papel central en la determinación de los salarios efectivos.

La discusión se vuelve todavía más relevante porque los salarios privados registrados aumentaron 1,9% en junio, según los datos citados del INDEC, sin superar la inflación del mes. En términos reales, permanecieron 3,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023.

La CGT desconfía y reclama paritarias sin techo

La iniciativa oficial genera resistencia entre las centrales sindicales. Desde la CGT cuestionaron que no existió una negociación formal sobre un piso de $1 millón y reclamaron que las discusiones salariales permanezcan abiertas, sin un techo previamente establecido.

El planteo sindical adquiere mayor peso por la proximidad de la reunión del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, convocada para este viernes. Allí deberían discutirse tanto una nueva actualización del salario mínimo como los valores de las prestaciones por desempleo.

El encuentro llega, además, con diferencias sobre su modalidad. Mientras el Gobierno prevé realizarlo de manera virtual, las centrales obreras reclaman una reunión presencial.

La expectativa de un nuevo desacuerdo vuelve a colocar al Poder Ejecutivo ante una disyuntiva: actualizar por decreto el salario mínimo, como ocurrió en la última oportunidad, o dejar que las paritarias continúen funcionando como el principal mecanismo de recomposición de los ingresos formales.

Salarios, consumo y mora: el mismo problema por distintos canales

La discusión salarial no ocurre de manera aislada. En paralelo, el sistema financiero registra niveles elevados de mora de los hogares, mientras los bancos plantean al Banco Central mecanismos para facilitar refinanciaciones y detectar antes las dificultades de pago.

La conexión es directa. Cuando los ingresos pierden capacidad frente a los precios, las familias primero ajustan consumo, después utilizan ahorro o crédito y finalmente pueden comenzar a acumular atrasos. Por eso, la recuperación del ingreso disponible aparece como una condición relevante para estabilizar también el frente financiero de los hogares.

El Gobierno intenta resolver esa ecuación sin reabrir una dinámica inflacionaria. Su apuesta consiste en mejorar el ingreso efectivo mediante acuerdos privados, manteniendo contenidos los incrementos salariales mensuales y evitando que el Tesoro deba financiar la recomposición.

El límite estará dado por la capacidad de las empresas para absorber mayores costos, la voluntad sindical de aceptar esquemas con componentes no remunerativos y la evolución de la inflación.

El desafío es que el millón de pesos sea ingreso sostenible

La discusión que comienza esta semana excede el número del salario mínimo. El verdadero interrogante es si un trabajador puede recuperar capacidad de compra de manera sostenible, sin que una parte significativa de la mejora termine diluida por la inflación o por mecanismos salariales que no consoliden el ingreso.

Un piso de $1 millón podría representar un alivio para determinados trabajadores alcanzados por convenios, pero su impacto dependerá de cómo se instrumente, qué proporción sea remunerativa y qué actividades puedan efectivamente afrontar el costo.

Para el Gobierno, la prioridad es recuperar consumo sin alterar el proceso de desinflación. Para los sindicatos, el problema es que los salarios continúan corriendo detrás de las necesidades de los hogares. Y para las empresas, la discusión pasa por encontrar un punto donde la recuperación del poder adquisitivo no comprometa empleo, márgenes ni precios.

La reunión del Consejo del Salario será apenas una parte de esa negociación más amplia. El dato decisivo no será solamente cuánto sube el salario mínimo, sino si las paritarias consiguen convertir la recuperación del ingreso en una mejora real y durable del consumo.

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Intendentes del centro de Misiones rechazan la instalación de un nuevo peaje sobre la ruta 12

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Los intendentes del departamento Libertador General San Martín expresaron su rechazo a la instalación de una nueva estación de peaje sobre la ruta nacional 12 y solicitaron a los funcionarios y legisladores nacionales que revisen la iniciativa.

El pronunciamiento fue firmado este miércoles en Puerto Rico por intendentes, concejales, representantes del sector privado y el diputado provincial Alejandro Arnhold, del bloque Movimiento por lo que Viene

El documento sostiene que el nuevo peaje encarecería los costos logísticos de la producción misionera sin garantizar, como contrapartida, mejoras en el mantenimiento de la red vial ni en la seguridad de los usuarios.

Según el texto, la casilla había sido proyectada inicialmente en Capioví, a la altura del kilómetro 1462, pero luego se habría decidido trasladarla a Garuhapé, en el kilómetro 1483. El principal cuestionamiento territorial es la distancia: el nuevo puesto quedaría a apenas 68 kilómetros del peaje que ya funciona en Colonia Victoria, ubicado en el kilómetro 1551 de la ruta 12.

Del encuentro participaron los intendentes Carlos Gustavo Koth, de Puerto Rico; Eduardo Vázquez, de El Alcázar; Gerardo Schmied, de Garuhapé; Ramón Arrúa, de Capioví; Víctor Vogel, de Ruiz de Montoya; y Elvio Vázquez, de Puerto Leoni.

También estuvieron representantes de los concejos deliberantes de Puerto Rico, Puerto Leoni, El Alcázar y Ruiz de Montoya, el diputado provincial Alejandro Arnhold e integrantes de la Cámara de Comercio, Industria, Turismo, Producción y Servicios del departamento Libertador General San Martín, encabezada por su presidente, Luis Stefens.

La amplitud de las firmas busca mostrar que el rechazo no se limita a una administración municipal. La preocupación atraviesa a intendentes, legisladores, concejales y sectores vinculados con la producción y el comercio de la zona centro de Misiones.

El documento pone el foco sobre el destino del Impuesto a los Combustibles. Los firmantes sostienen que el Gobierno nacional recauda esos recursos para financiar infraestructura vial, pero no los vuelca adecuadamente al mantenimiento de las rutas.

En ese contexto, consideran contradictorio que se procure incorporar un nuevo cobro directo a los usuarios mientras persisten los problemas de transitabilidad en la red nacional.

El Gobierno nacional, que no invierte en las rutas los recursos que recauda para esas obras vía Impuesto a los Combustibles, decidió instalar una nueva casilla de peaje sobre la ruta 12”, señala el pronunciamiento.

Los representantes del departamento advierten que el esquema podría implicar una doble carga: el pago del impuesto incluido en el precio de los combustibles y, además, el desembolso requerido para atravesar la estación de peaje.

El planteo también incorpora argumentos jurídicos. Los firmantes aseguran que el sistema proyectado sería inconstitucional porque no existen caminos alternativos libres de pago y porque, a su entender, se configuraría una doble imposición.

Para respaldar esa posición, citan el artículo 75 de la Constitución Nacional, referido a las atribuciones del Congreso para establecer contribuciones, y el principio de legalidad tributaria sintetizado en la expresión “no hay tributo sin ley”.

También mencionan los artículos 14 y 17 de la Constitución, vinculados con el derecho a transitar libremente y el derecho de propiedad. Se trata, en todos los casos, de la interpretación sostenida por los firmantes del documento, que podría abrir una discusión jurídica si el proyecto avanza.

Más allá de la controversia legal, la principal preocupación es económica. La ruta nacional 12 constituye el corredor central para el transporte de mercaderías, materias primas, trabajadores y estudiantes en buena parte de Misiones.

Una nueva estación de peaje elevaría el costo de cada viaje y tendría una incidencia mayor sobre las actividades que necesitan circular diariamente o realizar múltiples recorridos dentro de la provincia. El impacto alcanzaría al transporte de cargas, la producción primaria, las industrias, el comercio y los servicios.

“Los misioneros necesitamos rutas seguras, que resguarden nuestras vidas, y no una casilla de peaje que atente contra los bolsillos de quienes trabajan, estudian, comercian y producen”, sostiene el pronunciamiento.

El documento enmarca el proyecto dentro de una discusión más amplia sobre la relación fiscal y territorial entre Misiones y la Nación.

Los intendentes recuerdan las históricas demandas de la provincia por el gasoducto, la hidrovía, una tarifa energética diferenciada, redes ferroviarias, autovías y otras obras de infraestructura. En esa línea, califican la posible instalación del nuevo peaje como “más castigo del centralismo” sobre una provincia que sigue reclamando inversiones estratégicas.

El planteo concluye con un pedido directo a los funcionarios y legisladores nacionales para que revisen la iniciativa. La demanda no es solamente frenar la nueva casilla: los municipios reclaman obras, mantenimiento e inversión vial financiados con los recursos que el Estado nacional ya recauda mediante los combustibles.

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Passalacqua cuestionó un posible nuevo peaje en la Ruta 12

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El gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, expresó su “profunda preocupación” ante la posibilidad de que el Gobierno nacional avance con la instalación de un nuevo peaje sobre la Ruta Nacional 12 y reclamó que cualquier decisión en ese sentido sea revisada por las autoridades competentes.

La advertencia se produce en un contexto de fuerte presión sobre los costos que enfrentan las familias y las actividades económicas. Para Passalacqua, incorporar un nuevo cargo al tránsito por una de las principales vías de comunicación de la provincia significaría sumar una barrera económica para quienes utilizan diariamente la infraestructura vial para trabajar, estudiar, comerciar y producir.

“En un contexto difícil para todo el país, resulta inaceptable imponer una traba más a quienes trabajan, estudian, comercian y producen”, sostuvo el mandatario provincial, al plantear que las rutas nacionales cumplen una función que excede el transporte y resultan determinantes para la integración territorial y el desarrollo de las economías regionales.

La Ruta Nacional 12 constituye uno de los principales corredores de Misiones y concentra una parte significativa del movimiento de personas, bienes y servicios dentro de la provincia. Cualquier incremento asociado a su utilización puede trasladarse, de manera directa o indirecta, a los costos logísticos de las empresas y productores y, posteriormente, a los precios que afrontan los consumidores.

El planteo de Passalacqua coloca así el eventual peaje dentro de una discusión más amplia sobre el financiamiento de la infraestructura vial. El gobernador sostuvo que la prioridad debería estar puesta en garantizar obras, mantenimiento e inversión antes que en incorporar nuevas cargas sobre quienes utilizan las rutas.

“Los misioneros y los argentinos necesitamos obras, mantenimiento e inversión vial, no nuevas cargas que castiguen aún más el bolsillo de las familias”, afirmó.

La discusión adquiere una dimensión particularmente relevante para Misiones por su condición de provincia periférica y fronteriza. La distancia respecto de los principales centros de consumo y producción del país ya representa un componente estructural de los costos logísticos. En ese escenario, cualquier incremento adicional en el costo del transporte puede afectar la competitividad de las actividades productivas y comerciales.

Desde una perspectiva de desarrollo, el debate no se limita entonces a cuánto costaría atravesar un nuevo puesto de peaje. También involucra quién absorbe ese costo, qué contraprestación recibirían los usuarios y cuál sería el impacto acumulado sobre el transporte de mercancías, el turismo y la movilidad cotidiana de los misioneros.

El reclamo provincial apunta precisamente a que la discusión sobre el financiamiento vial contemple esas particularidades. Para Misiones, mejorar la infraestructura y asegurar el mantenimiento de los corredores estratégicos es una condición necesaria para reducir las desventajas derivadas de su ubicación geográfica, no una cuestión secundaria frente al equilibrio de las cuentas públicas.

Passalacqua formuló un llamado a la reflexión a las autoridades nacionales y solicitó que se revea cualquier medida orientada a instalar un nuevo peaje en la Ruta Nacional 12. El pedido abre una instancia para que Nación, la provincia y los distintos actores vinculados al transporte puedan evaluar alternativas de financiamiento que no terminen trasladando de manera automática el costo a las familias y al aparato productivo.

El desafío, en definitiva, consiste en encontrar un esquema que permita sostener la infraestructura vial sin profundizar los costos que ya enfrentan las economías regionales. En una provincia donde las rutas son esenciales para conectar productores, trabajadores, ciudades y mercados, la inversión vial funciona también como una política de competitividad.

La discusión sobre un eventual nuevo peaje vuelve a poner sobre la mesa una cuestión central para Misiones: la infraestructura no solo debe financiarse, sino también garantizarse y mantenerse en condiciones adecuadas para que pueda cumplir su función como herramienta de desarrollo.

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