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La Corte cierra una vía para Báez, pero la nueva ley fiscal le abre otra: el caso Austral en tensión judicial y política

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El mismo día, dos decisiones judiciales trazaron un mapa contradictorio para la situación de Lázaro Báez: la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó un recurso de su defensa para cerrar una causa por evasión vinculada a Austral Construcciones, pero en paralelo un tribunal oral lo sobreseyó parcialmente en otro expediente por la aplicación de la nueva Ley de Inocencia Fiscal. El doble movimiento, registrado el 17 de marzo de 2026, no solo reconfigura el frente judicial del empresario, sino que expone una tensión más amplia: cómo impactan los cambios legislativos impulsados por el Gobierno en causas penales en curso.

La escena deja una pregunta abierta en el sistema judicial y político: ¿la actualización de montos en delitos tributarios redefine responsabilidades o reordena el alcance de las investigaciones?

Dos fallos, una misma trama: evasión, quiebra y límites procesales

La decisión de la Corte no ingresó al fondo del asunto. Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti desestimaron el planteo de la defensa porque no estaba dirigido contra una sentencia definitiva. En términos procesales, eso implica que la causa sigue su curso sin que el máximo tribunal revise la cuestión de fondo.

El recurso buscaba que se declarara extinguida la acción penal bajo el argumento de que la empresa había cancelado obligaciones tributarias por unos $599.582.095,94 en el marco de su quiebra. Sin embargo, tanto la fiscalía como la querella cuestionaron esa interpretación, y la Administración Federal de Ingresos Públicos sostuvo que los pagos tenían carácter condicional y no podían imputarse como cancelación efectiva de la deuda.

Los tribunales inferiores ya habían rechazado ese criterio. La Cámara de Casación Penal confirmó esa postura y ahora la Corte cerró la vía extraordinaria, consolidando el encuadre procesal.

Pero en paralelo, el Tribunal Oral en lo Penal Económico N° 3 aplicó una lógica distinta. En otra causa por evasión vinculada a Austral Construcciones, resolvió un sobreseimiento parcial en función de la Ley de Inocencia Fiscal, que elevó los montos mínimos para configurar delito.

La nueva ley como factor de reconfiguración judicial

La Ley de Inocencia Fiscal introdujo un cambio técnico con impacto directo: estableció que la evasión solo se configura cuando supera los $100.000.000 por tributo y por ejercicio anual, y que la evasión agravada requiere montos superiores a $1.000.000.000.

Esa redefinición dejó fuera del alcance penal varios períodos investigados, entre ellos ejercicios fiscales anteriores a 2012 en el caso de Austral Construcciones. El tribunal oral aplicó ese criterio y dictó el sobreseimiento parcial no solo de Báez, sino también de otros imputados vinculados a la empresa.

La fiscalía se opuso a esa interpretación. Argumentó que la norma no debía aplicarse retroactivamente como ley penal más benigna, sino que se trataba de una actualización de montos por efecto de la inflación. Sin embargo, el tribunal adoptó una lectura distinta.

El resultado es concreto: la causa se reduce en su alcance y se concentra en el período 2012, donde los montos investigados superarían los nuevos umbrales.

Correlación de fuerzas: entre el Poder Judicial y el impacto de la agenda legislativa

El caso deja al descubierto una dinámica más amplia. Por un lado, la Corte reafirma criterios procesales restrictivos sobre cuándo interviene. Por otro, tribunales inferiores comienzan a aplicar cambios legislativos recientes que modifican el terreno de las causas en curso.

La Ley de Inocencia Fiscal, impulsada a instancias del Gobierno, introduce así un efecto indirecto sobre expedientes judiciales de alto perfil. No se trata de una intervención directa, pero sí de una reconfiguración del marco normativo que condiciona decisiones judiciales.

En ese escenario, la posición de los actores institucionales no es homogénea. Mientras la fiscalía cuestiona la aplicación retroactiva de la ley, otros organismos como la AFIP —en este caso— no se opusieron al criterio adoptado por el tribunal en determinados períodos fiscales.

La consecuencia es una fragmentación del proceso judicial: algunas imputaciones avanzan, otras quedan cerradas por cambios en los parámetros legales.

Un escenario abierto entre técnica jurídica y lectura política

El doble fallo no resuelve la situación judicial de Báez. La redefine.

Por un lado, la causa por evasión sigue activa en los tramos que no lograron ser cerrados por vía procesal. Por otro, la aplicación de la nueva ley reduce significativamente el alcance de las imputaciones en otro expediente.

En las próximas semanas, la atención se concentrará en cómo otros tribunales interpretan la Ley de Inocencia Fiscal en causas similares. También en si la discusión sobre su carácter —actualización técnica o norma penal más benigna— escala en instancias superiores.

El sistema judicial empieza a procesar los efectos de una reforma que, sin modificar tipos penales, altera umbrales y redefine consecuencias. En ese margen, las decisiones ya no son solo jurídicas: también dialogan con el contexto político que las rodea.

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YPF proyecta un superávit energético récord y busca contener el impacto en combustibles en plena tensión global

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En medio de la volatilidad internacional por el conflicto en Medio Oriente, el CEO de YPF, Horacio Marín, trazó un escenario ambicioso para 2026: la Argentina alcanzaría un superávit energético récord de al menos u$s10.000 millones. El dato, presentado en el IEFA Latam Forum 2026, no solo proyecta un salto en las exportaciones, sino que instala una tensión central para la política económica: cómo capitalizar el ciclo alcista del petróleo sin trasladar plenamente ese shock a los precios de los combustibles en el mercado interno.

La definición llega en un momento donde el barril de crudo se disparó hasta los u$s100, impulsado por la crisis geopolítica y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% de la producción global. En ese contexto, la estrategia oficial —expresada por la conducción de YPF— busca administrar esa renta extraordinaria sin erosionar el frente inflacionario.

Superávit energético: de déficit estructural a motor de divisas

El salto proyectado por YPF se apoya en una transformación estructural del sector energético argentino. El país pasó a ser exportador neto, con un peso creciente de Vaca Muerta como eje productivo.

El superávit estimado —no menor a u$s10.000 millones— representa un cambio de escala en la balanza comercial energética, históricamente deficitaria. La magnitud, además, podría ampliarse si los precios internacionales del crudo se sostienen en niveles elevados.

Sin embargo, la proyección no está exenta de incertidumbre. El propio Marín introdujo una variable de ajuste: analistas del sector anticipan que el precio del barril podría retroceder hacia la franja de u$s70 u u$s80 en las próximas semanas, en función de la evolución del conflicto en Medio Oriente.

Esa dualidad —precios altos en el corto plazo, posible corrección posterior— condiciona tanto la estrategia exportadora como la política de precios domésticos.

Combustibles: el equilibrio entre rentabilidad y presión inflacionaria

El punto más sensible del planteo de YPF aparece en el mercado interno. Con el crudo en alza, la discusión sobre el traslado a surtidor se vuelve inevitable.

Marín explicitó un criterio operativo: acompañar las subas y bajas del petróleo con un esquema simétrico. “Cuando sube, sube, y cuando baja, baja”, sintetizó. Detrás de esa fórmula hay un intento de construir previsibilidad en un contexto volátil.

En la práctica, los precios de los combustibles ya registraron incrementos en torno al 5%, con estimaciones que los ubican cerca del 10% desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Aun así, la petrolera busca moderar el impacto a través de herramientas como el “micropricing”: valores diferenciados según franjas horarias y descuentos vinculados al autodespacho.

El mensaje es doble. Hacia el mercado, YPF intenta sostener márgenes sin perder competitividad. Hacia el Gobierno, busca alinearse con una estrategia de contención inflacionaria en un rubro altamente sensible.

Correlación de fuerzas: energía como activo político

El anuncio de un superávit energético de esta magnitud reconfigura el tablero económico. El sector energético se consolida como generador clave de divisas, en un contexto donde la restricción externa sigue siendo un factor estructural.

Para el Gobierno, el dato fortalece el frente externo y ofrece margen para la acumulación de reservas. Pero al mismo tiempo introduce una tensión interna: el precio de los combustibles impacta de forma directa en la inflación y en el costo de vida.

YPF, en ese esquema, opera como un actor bisagra. Su política de precios no es neutra: influye sobre el resto del mercado y funciona como referencia para las demás compañías. La decisión de moderar el traslado del crudo al surtidor implica, en los hechos, una intervención indirecta sobre la dinámica inflacionaria.

Un escenario abierto entre la renta externa y la presión interna

La proyección de un superávit récord no cierra el debate. Lo desplaza.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos variables: la evolución del precio internacional del petróleo y la consistencia de la política de precios en el mercado local. Si el barril se mantiene alto, la presión sobre los combustibles será difícil de contener. Si retrocede, se abrirá la discusión sobre la velocidad de ajuste a la baja.

Al mismo tiempo, el desempeño de Vaca Muerta y el volumen de exportaciones definirán si el superávit proyectado se materializa o queda condicionado por factores externos.

La energía vuelve al centro de la escena. Como oportunidad de dólares y como fuente de tensión interna. El equilibrio entre ambos planos todavía está en construcción.

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El BCRA acelera la compra de dólares y consolida la “pax cambiaria”

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El Banco Central de la República Argentina alcanzó este martes un hito operativo con impacto político: encadenó 50 jornadas consecutivas de compras de divisas y elevó el acumulado anual por encima de los USD 3.400 millones. La cifra —que ya representa más del 34% de la meta prevista para todo 2026— no solo refleja una dinámica cambiaria ordenada, sino que se integra a una estrategia más amplia del Gobierno para consolidar estabilidad en el frente externo. La pregunta que se abre es si esta “pax cambiaria” es sostenible o si encubre tensiones que podrían emerger con el correr de los meses.

El dato concreto fue la adquisición de USD 73 millones en la última rueda, en un mercado que se mantiene calmo y con un tipo de cambio estabilizado en torno a los $1.400. Sin sobresaltos visibles, el esquema empieza a mostrar resultados en términos de acumulación. Pero el trasfondo es más complejo: el equilibrio actual depende de múltiples engranajes que el oficialismo intenta coordinar sin generar nuevos desequilibrios.

Emisión, deuda y reservas: el delicado equilibrio del esquema económico

El proceso de compras del BCRA no es neutro. Para intervenir en el mercado, la autoridad monetaria emite pesos sin esterilización directa, mientras el Tesoro absorbe parte de esa liquidez mediante colocaciones de deuda en pesos. Esta coordinación entre política monetaria y fiscal es central para evitar que la expansión derive en presión inflacionaria o cambiaria.

En ese marco, el Ministerio de Economía optó en las últimas licitaciones por no expandir la base monetaria, una señal orientada a sostener expectativas y evitar desbordes en precios. El esquema, sin embargo, requiere precisión: si la absorción no alcanza o la demanda de dinero se debilita, el equilibrio podría tensarse.

El objetivo oficial para 2026 es ambicioso: acumular entre USD 10.000 y USD 17.000 millones en reservas. Por ahora, el ritmo de compras —con un promedio diario cercano a USD 67 millones— permite avanzar, pero está condicionado por factores externos e internos, como el ingreso de divisas y la confianza en la moneda local.

Aun así, el dato de reservas muestra matices. El stock se ubicó en USD 44.788 millones, con una caída diaria de USD 67 millones. La dinámica revela que, pese a las compras, los pagos de deuda y la valuación de activos siguen erosionando el resultado final. Es decir: el BCRA compra, pero no siempre logra retener.

Dólar estable y margen político: quién gana con la calma cambiaria

La estabilidad del tipo de cambio en torno a los $1.400 no es solo un dato económico: tiene implicancias políticas directas. En un contexto donde la inflación y las expectativas siguen siendo variables sensibles, la ausencia de volatilidad cambiaria le otorga al Gobierno un activo clave.

El esquema de flotación con bandas amplias —con un techo en $1.633,99— genera un margen de intervención cómodo. La brecha del 17% respecto del tipo de cambio oficial permite al BCRA seguir comprando divisas sin presionar sobre las cotizaciones, consolidando una dinámica de acumulación sin sobresaltos.

En paralelo, el ingreso de dólares provenientes del sector agroexportador y de emisiones de deuda corporativa y provincial refuerza la oferta. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, estas colocaciones sumaron USD 11.000 millones, un flujo que también contribuye a sostener el equilibrio.

En este escenario, el oficialismo logra alinear variables clave: dólar estable, reservas en recuperación y tasas que no presionan sobre la actividad. Sin embargo, el equilibrio es frágil. La estabilidad depende, en gran medida, de factores estacionales —como la cosecha gruesa— y de la continuidad en la oferta de divisas.

El trasfondo: confianza, tasas y el desafío de remonetizar la economía

Detrás de la calma cambiaria aparece un debate más estructural: la capacidad del sistema para sostener la demanda de pesos. Con tasas reales levemente negativas y expectativas de inflación moderadas, el esquema actual apunta a una remonetización gradual de la economía.

La clave está en la confianza. El Gobierno apuesta a que la estabilidad cambiaria funcione como ancla para recomponer la demanda de dinero. Pero ese proceso no es automático. La historia reciente de volatilidad sigue condicionando las decisiones de ahorro e inversión.

En ese contexto, también entra en juego el Régimen de Inocencia Fiscal, que podría canalizar dólares no bancarizados hacia el sistema. No se trata de un blanqueo tradicional, sino de una herramienta que busca captar ahorros en efectivo. Su impacto, sin embargo, dependerá de la credibilidad del esquema económico.

Un equilibrio en construcción: entre la oportunidad y el riesgo

El BCRA logró consolidar una racha inédita de compras en un contexto de estabilidad cambiaria. Es un dato relevante en la arquitectura del programa económico y le otorga al Gobierno margen político en un año clave.

Pero el esquema todavía está en construcción. La acumulación de reservas convive con salidas por deuda, la emisión con la necesidad de absorción, y la estabilidad cambiaria con expectativas que aún no terminan de anclarse.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en el impacto de la cosecha gruesa, la evolución de la demanda de pesos y la capacidad del Tesoro para sostener la absorción de liquidez. También en cómo reacciona el mercado ante un escenario de tasas reales bajas.

La “pax cambiaria” hoy ordena. La incógnita es si puede sostenerse sin abrir nuevas tensiones en el frente monetario.

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Repuntaron las acciones argentinas y el riesgo país perforó los 600 puntos

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Los principales mercados mundiales operaron con ganancias este martes y dicha tendencia ayudó a una recuperación de precios para los golpeados activos argentinos. Los índices de Wall Street fueron de mayor a menor y tras una suba próxima a 1% por la mañana cerraron con ganancias moderadas en un rango de 0,1% a 0,5%, con el panel tecnológico Nasdaq al frente.

Mientras que en la región el índice Bovespa de la Bolsa de Valores de San Pablo subió 0,3%, destacó el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, que ganó 2,2%, en los 2.663.049 puntos, mientras que los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- subieron un 0,4% en promedio, con un riesgo país de JP Morgan que restó 13 unidades para la Argentina, en los 587 puntos básicos.

Fuente: Rava Bursátil-precios en pesos.

Entre los papeles líderes los que más subieron fueron Pampa Energía (+4,7%), Transportadora Gas del Sur (+4,2%) y Central Puerto (+4,2%). Transener (-5,2%) fue la acción que más bajó.

Damián VlassichTeam Leader de Estrategias de Inversión en IOL, consideró que “a pesar del rebote, la cautela persiste. Esta semana la Reserva Federal se reúne y el mercado descuenta que las tasas se mantendrán sin cambios”. “La gran duda es si el shock energético previo ya se filtró en las proyecciones de inflación, lo que podría alejar definitivamente cualquier expectativa de baja de tasas para el primer semestre”, agregó Vlassich.

“De cara a las próximas semanas, y considerando el actual contexto de tensión global junto con la ausencia de catalizadores claros en el frente local, luce poco probable observar una compresión significativa del riesgo país en el corto plazo. En este escenario, el indicador probablemente continúe lateralizando dentro del rango actual hasta que disminuya la incertidumbre externa”, evaluó IEB.

Los precios del petróleo avanzaron mientras continuó la tensión geopolítica y militar en torno a Irán. El crudo ligero de Texas ganó 3,2% a USD 95,44 el barril, mientras que la variedad Brent del Mar del Norte ascendió 3,5%, en los 103,67 dólares.

“Las cotizaciones del crudo escalaron en los últimos 30 días tras el estallido bélico en Medio Oriente, luego de que Estados Unidos e Israel decidieron intervenir Irán. El conflicto derivó en el fallecimiento del líder supremo iraní, Ayatolá Alí Jamenei, y el cierre del Estrecho de Ormuz”, indicó Puente.

Ignacio MoralesChief Investments Officer de Wise Capital, señaló que “la escalada bélica en Medio Oriente y la creciente inestabilidad en el estratégico estrecho de Ormuz han obligado a una reconfiguración drástica de las proyecciones económicas mundiales, según advirtió un reciente informe de Goldman Sachs que anticipa un impacto directo del 0,3% a la baja en el Producto Bruto Interno (PBI) global para el próximo año”.

“El análisis de la entidad financiera subraya que el encarecimiento sostenido del petróleo y del gas, derivado de la guerra en Irán, no solo enfriará la actividad económica (llevando la previsión de crecimiento del 2,9% al 2,6%) sino que también actuará como un potente motor inflacionario, sumando entre 0,5 y 0,6 puntos porcentuales a la suba de precios internacionales”, refirió Morales.

Dólar estable y compras del BCRA

Con un monto sostenido de USD 423,4 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista persistió sin variantes a 1.396 pesos, todavía cerca del piso de 2026 en $1.370,50 del 23 de febrero. El dólar mayorista baja un peso en marzo y unos 59 pesos o 4,1% desde el inicio de 2026.

La banda superior del esquema de libre flotación aplicado por el Banco Central en el presente año marcó los $1.633,99, que amplió a 237,99 pesos o 17% la brecha con el tipo de cambio oficial, un máximo desde el 3 de julio del año pasado (17,2%) y un rango cómodo para que la autoridad monetaria continúe absorbiendo divisas del mercado sin presión sobre las cotizaciones.

“Durante la primera mitad de la jornada se mostró algo más demandado que en días previos, intentando avanzar hacia la zona de $1.400. Sin embargo, en esos niveles reapareció la oferta del sector exportador, lo que actuó como techo e impidió una ruptura al alza”, detalló Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios.

“Ya pasado el mediodía, la dinámica cambió y la oferta comenzó a predominar, llevando al tipo de cambio a retroceder de forma gradual hasta la zona de $1.390, nivel donde viene encontrando soporte en las últimas ruedas”, apuntó Merino.

En el Banco Nación el dólar al público terminó también sin variantes a $1.415 para la venta, en mínimos desde el 25 de febrero. El BCRA informó que en las entidades financieras el dólar minorista promedió $1.422,26 para la venta y $1.372,11 para la compra.

Los contratos de dólar futuro tuvieron caídas marginales en un rango de 0,1% a 0,4%, con negocios por el equivalente a 1.221,7 millones, según datos de la plataforma A3 Mercados. La postura más operada, para el cierre de marzo, bajó un peso (-0,1%), a 1.408,50 pesos.

El dólar blue avanzó diez pesos o 0,7%, a $1.435, esta vez un máximo desde el 25 de febrero. En marzo el billete informal gana diez pesos (+0,7%), mientras que en el recorrido de 2026 mantiene un descenso de 95 pesos o 6,2 por ciento.

El Banco Central compró USD 73 millones en el mercado de cambios, el 17% de la oferta del día en el mercado de contado. En marzo las compras oficiales acumulan 702 millones de dólares. Las reservas internacionales brutas restaron USD 66 millones, a USD 44.721 millones, el stock más bajo desde el 30 de enero.

Desde el inicio del nuevo esquema cambiario, el BCRA compró divisas todos los días excepto el 2 de enero, con compras diarias promedio de 67 millones de dólares.

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Precios mayoristas: suben 1% en febrero y el Gobierno enfrenta una señal clave en la cadena de costos

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El proceso de desaceleración inflacionaria sumó un nuevo capítulo con matices: el índice de precios mayoristas registró una suba de 1% en febrero de 2026 y acumuló 25,6% interanual, según informó el INDEC el 17 de marzo. El dato, en apariencia contenido, adquiere relevancia política porque mide el pulso de la cadena de formación de precios antes de su traslado al consumidor. En ese punto se abre una pregunta inevitable: ¿la baja en la nominalidad mayorista consolida la estrategia del Gobierno o anticipa tensiones futuras en márgenes y abastecimiento?

Lejos de ser un indicador técnico más, el índice funciona como termómetro adelantado de la inflación minorista y como referencia para sectores productivos que ajustan contratos, listas de precios y expectativas.

Una desaceleración con composición heterogénea

El informe oficial muestra que la variación mensual se explicó por el aumento de 1% en los productos nacionales, mientras que los productos importados registraron una leve baja de -0,3%. Esa diferencia introduce un dato clave: la presión inflacionaria se sostiene más en factores internos que en el componente externo.

Al interior de los productos nacionales, el comportamiento no fue uniforme. Los productos primarios subieron 1,2%, los manufacturados 1% y la energía eléctrica avanzó 0,5%. Esta estructura sugiere que la dinámica de costos sigue atravesada por variables productivas locales, incluso en un contexto de menor volatilidad cambiaria.

La baja en importados, en tanto, aparece como un factor de contención, aunque con impacto acotado en la estructura general del índice. No alcanza por sí sola para compensar la inercia de los precios domésticos.

Un indicador clave para la política económica

El índice de precios internos al por mayor (IPIM) no solo mide variaciones. También anticipa decisiones. Su evolución incide en la política de precios, en la negociación entre proveedores y empresas, y en la construcción de expectativas inflacionarias.

Para el Gobierno, el dato de febrero puede leerse como una señal de estabilización relativa en la cadena de costos. Sin embargo, también expone una limitación: la inflación no desaparece, se redistribuye. Y en ese movimiento, los precios mayoristas siguen mostrando una inercia que condiciona la velocidad de desaceleración general.

En términos institucionales, el índice no tiene impacto directo en normas o contratos como otros indicadores, pero sí influye en la toma de decisiones del sector privado y en la calibración de políticas públicas.

Correlación de fuerzas: márgenes en disputa

El comportamiento de los precios mayoristas también refleja una tensión silenciosa entre sectores productivos. Cuando los costos suben, aunque sea de forma moderada, se activa una disputa por los márgenes a lo largo de la cadena.

El dato de febrero sugiere que esa tensión no desapareció. Se reconfiguró. La estabilidad relativa puede aliviar presiones en el corto plazo, pero no elimina la puja entre productores, distribuidores y comercializadores.

En ese escenario, la política económica queda en una posición delicada: necesita sostener la desaceleración sin generar un estrangulamiento en sectores que dependen de la recomposición de precios para sostener actividad.

Un equilibrio todavía inestable

El registro de 1% mensual marca una desaceleración respecto de períodos anteriores, pero no define una tendencia irreversible. La clave estará en observar si este nivel se consolida o si responde a factores transitorios.

Las próximas mediciones permitirán evaluar si la baja en productos importados se sostiene y si los componentes internos logran moderarse sin intervención adicional. También será relevante analizar cómo impacta esta dinámica en la inflación minorista.

Por ahora, el dato deja una señal ambivalente. La nominalidad cede, pero no se apaga. Y en ese margen, la política económica sigue jugando una partida donde cada punto porcentual redefine el equilibrio.

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