GOL DEL SIGLO

Sale a subasta la pelota de ‘la mano de Dios’ y calculan venderla en 10 millones de dólares

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En el mundo del coleccionismo deportivo hay objetos que trascienden su valor material para convertirse en auténticas piezas de patrimonio cultural. Pocas reliquias representan mejor ese fenómeno que la pelota con la que Diego Armando Maradona escribió una de las páginas más memorables de la historia del fútbol.

El balón utilizado en el partido entre Argentina e Inglaterra por los cuartos de final del Mundial de México 1986 volverá a salir a subasta y podría convertirse en el objeto futbolístico más valioso jamás vendido.

La operación estará a cargo de la firma estadounidense Heritage Auctions. La puja comenzará el 31 de julio y se extenderá durante 21 días, con un precio inicial de 2,5 millones de dólares. Sin embargo, la expectativa del mercado es mucho más ambiciosa: la casa de subastas estima que el valor final superará los 10 millones de dólares.

De concretarse esa cifra, el balón rompería el récord de la emblemática camiseta azul que Maradona utilizó en el segundo tiempo de aquel encuentro, subastada en 2022 por Sotheby’s en 9,3 millones de dólares. Esa prenda había permanecido durante más de tres décadas en manos del exmediocampista inglés Steve Hodge, quien la intercambió con el capitán argentino al finalizar el partido.

El “Santo Grial” del fútbol

Heritage Auctions define a la pelota como “el Santo Grial del fútbol”. No es una exageración.

Con ese balón Maradona convirtió los dos goles más recordados de la historia de los Mundiales: el primero, inmortalizado como la “Mano de Dios”, y el segundo, considerado por la FIFA como el “Gol del Siglo”, tras dejar en el camino a medio equipo inglés antes de vencer a Peter Shilton.

La pieza corresponde al modelo Adidas Azteca, el primer balón mundialista fabricado íntegramente con materiales sintéticos y sin los tradicionales gajos de cuero, un diseño que marcó un cambio tecnológico en la historia de las Copas del Mundo.

Una inversión que podría cuadruplicar su valor

La pelota ya había sido subastada en noviembre de 2022 por la firma británica Graham Budd Auctions. En aquella oportunidad fue adquirida por un comprador cuya identidad nunca trascendió por 2,37 millones de dólares, convirtiéndose entonces en el balón de fútbol más caro de la historia.

Cuatro años después, ese mismo objeto podría multiplicar por cuatro su cotización.

El auge del mercado estadounidense de memorabilia deportiva explica buena parte de esa valorización. En los últimos años, los artículos vinculados al fútbol comenzaron a disputar protagonismo con el tradicional negocio del béisbol, el fútbol americano y la NBA.

Aunque las camisetas y las tarjetas coleccionables suelen concentrar las cifras más altas, los especialistas consideran que esta pelota reúne condiciones excepcionales para romper todos los registros.

“Es una pieza única. Posiblemente el artículo de fútbol más importante que exista”, sostuvo Mike Provenzale, uno de los responsables de Heritage Auctions.

Una autenticidad respaldada por evidencia forense

Uno de los aspectos centrales de la subasta es la documentación que respalda la autenticidad del balón.

El árbitro tunecino Ali Bin Nasser, encargado de dirigir aquel histórico encuentro, certificó mediante una carta firmada que esa fue la única pelota utilizada durante todo el partido y que permaneció en juego durante los dos goles de Maradona.

Según explicó, el reglamento de la FIFA permitía al árbitro conservar el balón una vez finalizado el encuentro. Consciente de la trascendencia histórica del partido, pidió además que los jueces asistentes Bogdan Dotchev y Berny Ulloa, junto al cuarto árbitro Idrissa Traoré, firmaran el balón como testimonio.

A esa documentación se suma un peritaje fotográfico forense que comparó imágenes tomadas durante el partido con el estado actual de la pelota. Los especialistas identificaron varias marcas idénticas —entre ellas manchas negras, trazos sobre distintos paneles y la ubicación exacta de la válvula de inflado— que permiten establecer la correspondencia entre el balón utilizado en el Estadio Azteca y el que será ofrecido al mercado.

El negocio millonario de la nostalgia

La memorabilia deportiva atraviesa uno de los momentos de mayor expansión de su historia.

En ese universo conviven grandes fondos de inversión, coleccionistas privados, museos y millonarios dispuestos a pagar cifras extraordinarias por piezas irrepetibles.

Actualmente, el récord absoluto del coleccionismo deportivo pertenece a una tarjeta de béisbol de Mickey Mantle, vendida por Heritage Auctions en 2022 por 12,6 millones de dólares.

Dentro del universo futbolístico, la camiseta de Maradona sigue siendo la referencia máxima. Pero todo indica que la pelota que protagonizó la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” tiene argumentos suficientes para desplazarla.

Cuatro décadas después de aquella tarde en el estadio Azteca, el balón que quedó asociado para siempre a una de las mayores obras de arte del deporte volverá a demostrar que, en el mercado de los recuerdos, la historia también cotiza. Y muy alto.

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El Gol del Siglo, la obra maestra de Maradona que nadie dimensionó en el Azteca

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“La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… “. La voz es Víctor Hugo Morales y el gol de Diego Armando Maradona a los 10 minutos del segundo tiempo contra Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 86.

Esa jugada, que dejó en el camino a cinco futbolistas ingleses y también al arquero Peter Shilton, tuvo testigos privilegiados como el periodista Alejandro Apo, el fotoperiodista Eduardo Longoni y los hinchas Raúl Gámez (expresidente de Vélez) y Nicolás Pírez, exiliado con su familia en México cuando tenía un año y medio durante la última dictadura cívico-militar.

Todos coincidieron en algo: la dificultad de dimensionar la magnífica obra de Diego en el estadio Azteca, que con el tiempo se cristalizó en la memoria futbolística colectiva como el Gol del Siglo.

Testigos privilegiados
La Mano de Dios, apenas pasados los 5 minutos del segundo tiempo. (Foto: gentileza Eduardo Longoni).La Mano de Dios, apenas pasados los 5 minutos del segundo tiempo. (Foto: gentileza Eduardo Longoni).
Alejandro Apo viajó al Mundial por Radio Rivadavia, ese día no le tocó trabajar porque comentaron Julio Ricardo y Víctor Brizuela, pero igualmente fue a la cancha con Mario Trucco, al que reconoció como uno de sus “padres periodísticos”.

Su voz inconfundible, con tono grave, describió la secuencia como pocos lo hacen: “Yo vi el gol en la cancha, pero no vi el gol que después vi, vi un golazo pero no la jugada de todos los tiempos. Nunca pensé que había hecho ese gol“.

“Vi la jugada, desde un poco lejos, pero no vi la jugada perfecta, extraordinaria y grandiosa del mejor jugador del planeta y sus alrededores. No lo olvido jamás. No pude medir lo que midió Víctor Hugo en el relato, es algo que solamente él vio y le reconozco siempre. Diego es el inventor de la pelota, indiscutible”, afirmó.

El abrazo con Trucco lo recuerda “hasta el día de hoy” porque el partido contra Inglaterra tenía varios condimentos, de adentro y de afuera.

Lo reconoció el mismo Raúl Gámez, que pisó la tierra mexicana como barrabrava, años antes de llevar a Vélez a la gloria máxima con la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1994.

Maradona la tomó en el medio, giró entre dos ingleses y encaró, por eso desde la platea “Pistola” nunca pensó que la gambeta “terminaría de esa manera”.

“Solamente Maradona supo que iba a hacer en la cancha. Lo hizo realidad y en un contexto especial contra los ingleses. Nosotros no nos dimos cuenta hasta que lo vimos por TV”, dijo el exdirigente.

“Sí me acuerdo la tensión que se generó cuando se acercó al área, ahí percibimos que terminaba en gol, no sabía si de él o de Jorge Valdano, que estaba en el área. Hacía mucho calor y casi me lo pierdo por tomar agua”, reconstruyó entre el recuerdo vivo y lo que vio año tras año en las repeticiones, según reconoció con Télam.

Lo mismo le sucedió con el gol de la mano de Dios, que abrió el resultado, y recordó: “El gol con la mano nunca nos dimos cuenta. Pensamos que había sido con la cabeza. Solamente Víctor Hugo hizo una consulta al aire, pero la verdad que resultó imperceptible”.

Pero ese gol, que ni siquiera el árbitro tunecino Ali Bennaceur observó cuando Maradona se alzó en el aire y metió la mano para engañarlo a Shilton -protestó en vano hasta el medio de la cancha-, quedó retratado en la lente de la Nikon de Eduardo Longoni, que con apenas 26 años dejó su huella en la cobertura para Télam.

Ese día llegó tarde al estadio Azteca, con solamente una hora de anticipación, no por falta de responsabilidad sino porque un embotellamiento le trabó el arribo programado en su taxi para las 9 de la mañana -el partido comenzó a las 12-. El lugar que le tocó para hacer su trabajo “era de los peores” porque se situó sobre un palo del arco inglés “con medio arco tapado por la red”.

Sin embargo, entre la desesperación por tener una buena foto y la intuición, no bajó la cámara cuando la pelota salió rechazada por un defensor británico, en una “típica jugada que termina en manos del arquero” y gatilló cuando vio una sombra elevarse.

Nunca noté al cien por ciento que fue con la mano pero dos colegas que estaban ahí, uno alemán y otro neerlandés me dijeron que sí. Yo solamente reconocí cuando revelé las fotos en un cuarto especial que teníamos los fotógrafos en esa época”, develó a Télam.

“El gol de la mano de Dios es uno de los últimos momentos en el que la fotografía le ganaba a la TV. En el video, al día de hoy, no podés dar crédito por la TV que fue con la mano, pero el segundo resultó todo lo contrario y lo que importa es la secuencia de su gambeta”, sintetizó.

Maradona hizo el primer gol a las 13 y el segundo, minutos después. La temperatura rozaba los 45 grados al rayo del sol. Allí corrió con la pelota dominada por 10.6 segundos. Un tiempo de velocista y que no le permitió fotografiar toda la secuencia.

Y así, el Gol del Siglo se construyó frente a la incredulidad de todos los presentes: espectadores, periodistas, fotógrafos, cámaras, jugadores propios y rivales.

“Me quedó una sensación de angustia con el segundo gol. Cuando Maradona toma la pelota lo voy haciendo con el tele más largo y en un momento resultó tan rápido que cuando cambié lo agarré desde el área y en el toque del gol”, explicó Longoni.

“Cuando arrancó la jugada parecía normal. Uno piensa que no podía terminar en gol, siempre estábamos viendo que la podía pasar. Me pasó que lo aprecié más por TV que en el momento. De hecho pensaba que en cualquier momento lo bajaban”, dijo.

Una semana después, Diego da la vuelta olímpica en andas, con el anhelado trofeo en sus manos.Una semana después, Diego da la vuelta olímpica en andas, con el anhelado trofeo en sus manos.

El último de los testigos de esa gambeta eterna, que dejó congelado por siempre a Terry Butcher en la barrida fallida, es Nicolás Pírez, quien le insistió tanto a su madre con ir a la cancha “al menos una vez en el Mundial” que consiguió una entrada y terminó asistiendo a la “obra de arte” del fútbol con un amigo y su papá, también exiliados.

“Todo pasó rápido. Cuando estuve en el partido tenía solamente 11 años, casi 12 porque cumplo en agosto, y me resultó sorprendente Maradona y el equipo. Recuerdo todo como un partido muy tranquilo, más allá de algún vaso con agua que nos tiraron los ingleses, sobre todo porque los mexicanos hinchaban también por ellos”, apuntó.

“En el momento no dimensionamos la magnitud del gol de Maradona. Me marcó en lo personal, ese partido y ese Mundial. Hasta ahí me sentía más mexicano y como que me generó un lazo mayor con Argentina“, aseguró en diálogo con Télam.

Para él y para muchos argentinos viviendo en México, Maradona resultó más que solamente “el gol más importante de la historia del fútbol” porque los recibió varias veces en la concentración y en los entrenamientos, donde lo vieron hacer “maravillas”.

“Para todos los argentinos que estábamos ahí había una connotación fuerte por el exilio y la Guerra de Las Malvinas. Sobre todo en los adultos”, manifestó.

Maradona gambeteó a Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher -dos veces- y Terry Fenwick y en el piso quedó Peter Shilton. Maradona gambeteó al tiempo y por eso será eterno.

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