Guerra en Medio Oriente

El peso argentino resiste el shock y entra en el top 5 de monedas más estables en medio de la guerra

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En medio de la escalada geopolítica en Medio Oriente y del salto en los precios del petróleo, el peso argentino aparece entre las monedas con mejor desempeño relativo frente al dólar. Mientras gran parte de las divisas del mundo registran fuertes depreciaciones por la búsqueda de refugio en activos seguros, la moneda local figura entre las cinco que menos se debilitaron desde el inicio del conflicto.

De acuerdo con datos de mercado, el ranking lo encabeza el shekel israelí, que se aprecia cerca de 0,7% frente al dólar. Luego se ubican el dólar canadiense, con una suba de 0,4%, y el dólar de Hong Kong, prácticamente estable. En cuarto lugar aparece la lira turca, con una depreciación de 0,3%, mientras que el peso argentino ocupa el quinto puesto, con una caída moderada de 0,4% desde el cierre de febrero.

Aunque el saldo es levemente negativo, el desempeño resulta destacado si se lo compara con el de otras monedas relevantes como el euro, el franco suizo o el yuan chino, que mostraron mayores caídas frente al dólar en medio de la incertidumbre global.

En América Latina, además, el peso argentino exhibe el mejor resultado relativo: divisas como el peso chileno, el sol peruano, el peso mexicano y el real brasileño acumulan depreciaciones que llegan hasta 5,3% en el mismo período.

Energía y materias primas, claves en la resistencia

Según el análisis de Guardian Capital, varias de las monedas que logran resistir la presión del dólar pertenecen a economías con fuerte vínculo con las materias primas, cuyos precios se dispararon tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.

En el caso argentino, la diferencia radica en el cambio estructural del sector energético. Gracias a la expansión de Vaca Muerta, el país pasó de ser importador a exportador neto de energía, lo que mejora la balanza comercial cuando el petróleo sube.

En ese escenario, los mayores precios internacionales del crudo anticipan más ingreso de dólares vía exportaciones, lo que contribuye a sostener al peso.

El flujo de dólares y las tasas, otro sostén

El economista Gustavo Ber sostiene que la relativa estabilidad del peso también se explica por el flujo de ingreso de divisas al mercado local, junto con tasas de interés elevadas que siguen atrayendo capitales financieros.

Estos factores ayudan a amortiguar el impacto del fortalecimiento global del dólar, impulsado por la búsqueda de refugio de los inversores en momentos de incertidumbre internacional.

Desde el equipo económico del Gobierno también minimizan el impacto del conflicto. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó desde Nueva York que la guerra en Medio Oriente no generó presión significativa sobre el mercado cambiario.

“Estamos ante uno de los mayores shocks externos de los últimos tiempos y el dólar no se movió. Lo importante es tener una macro sólida. En otro contexto, hubiera generado una debacle”, sostuvo.

La intervención del Banco Central

Los analistas de GMA Capital señalan que el comportamiento del peso también estuvo influido por la actividad del Banco Central en los mercados financieros.

Durante la última semana, la autoridad monetaria moderó el ritmo de compras de reservas, con un promedio cercano a US$62 millones diarios, mientras en el mercado de futuros de dólar se registraron volúmenes elevados de contratos en el corto plazo y una baja en las tasas implícitas, señales que sugieren intervenciones oficiales para limitar la presión alcista sobre el tipo de cambio.

Agro y energía: los dólares que vienen

Hacia adelante, el desempeño del peso dependerá en gran medida de cuánto se prolongue la tensión global. Sin embargo, el mercado anticipa que la oferta de divisas podría fortalecerse en los próximos meses.

La soja, principal fuente de ingreso de dólares del país, sube cerca de 6% desde el inicio del conflicto y acumula un avance de 17% en lo que va del año, con precios cercanos a US$450 por tonelada. Las exportaciones del complejo agroindustrial podrían ubicarse entre US$34.000 millones y US$36.000 millones en 2026.

A esto se suma el sector energético. En 2025 la balanza comercial energética registró un superávit récord de US$7.800 millones, y las proyecciones para este año, antes del conflicto, estimaban entre US$8.000 millones y US$10.000 millones. Con el petróleo en alza, el ingreso de divisas podría superar esas previsiones.

Un escenario todavía desafiante

Pese a la resiliencia reciente, el panorama cambiario sigue condicionado por la evolución del conflicto global. Si la tensión se prolonga, el equipo económico podría intensificar su presencia en el mercado de futuros de dólar para moderar eventuales presiones.

Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la combinación de mayor oferta de dólares del agro, exportaciones energéticas en expansión y tasas altas continúe sosteniendo la estabilidad relativa del peso frente a un contexto internacional volátil.

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Turistas varados en Vietnam por el conflicto en Medio Oriente: un economista argentino relata el caos aéreo global

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La escalada bélica en Medio Oriente comenzó a sentirse con fuerza también en los aeropuertos del sudeste asiático. El cierre de rutas aéreas y las restricciones operativas en el Golfo Pérsico dejaron a miles de pasajeros varados en distintos países, entre ellos el economista argentino Alejandro Rodríguez, quien vivió durante años en Misiones y actualmente reside en Madrid.

Rodríguez se encuentra en Vietnam desde hace una semana junto a familiares y asegura que la situación se volvió crítica cuando se suspendieron los vuelos hacia Abu Dabi, uno de los principales nodos de conexión entre Asia y Europa.

Un viaje que terminó en incertidumbre

Rodríguez había viajado al sudeste asiático de vacaciones junto a un grupo de primos que viven en España. El recorrido incluía Tailandia y Vietnam antes del regreso a Europa.

“Vinimos con mis primos desde España. Yo vivo en Madrid y ellos en Galicia. Primero estuvimos en Tailandia y después viajamos a Vietnam. Justo cuando estábamos en ese traslado empezaron a aparecer todas las noticias sobre lo que estaba pasando en Medio Oriente, los aeropuertos cerrados y las advertencias de las aerolíneas”, relató.

Con el paso de los días, la incertidumbre fue creciendo. “Al principio parecía algo pasajero, pero empezamos a darnos cuenta de que se podía complicar más”, explicó.

Cancelaciones en cadena

El punto crítico se produjo este lunes en el aeropuerto internacional de Hanói, cuando pasajeros que ya estaban realizando el check-in fueron informados de que el vuelo hacia Abu Dabi no saldría.

“Nos sacaron a todos cuando ya estábamos haciendo el check-in. Nos dijeron que el aeropuerto de Abu Dabi se había complicado, que estaba cerrado y que solo estaban operando vuelos especiales de repatriación”, contó.

La escena fue caótica. “Había franceses, alemanes, polacos, italianos, españoles… de todas partes. El avión ni siquiera salió lleno, salió medio vacío, pero sin pasajeros que iban para Europa”.

Rodríguez viajaba con la aerolínea Etihad, cuya base está precisamente en Abu Dabi. La respuesta de la compañía, afirma, fue tajante.

“Directamente nos dijeron: les reembolsamos el pasaje, búsquense otro billete. No hubo cambio ni reprogramación porque no saben cuándo se va a volver a operar”.

El impacto global del cierre del Golfo

El economista advierte que la interrupción de los vuelos en Medio Oriente tiene un impacto directo en las conexiones entre Asia y Europa.

“Desde el sudeste asiático es un gran problema lo que está pasando en Medio Oriente porque todo pasa por ahí”, explicó.

Las aerolíneas del Golfo —Etihad, Emirates y Qatar Airways— funcionan como nodos centrales del tráfico aéreo global.

“Son algunas de las líneas más importantes del mundo y están en un punto neurálgico. Si se afecta ese corredor, se complica todo”.

La consecuencia inmediata es el aumento explosivo de los precios de los pasajes.

“Hay vuelos de 3.000 o 4.000 euros para volver a Europa, por rutas rarísimas”, señaló.

Una ruta alternativa de casi dos días

Ante la incertidumbre, Rodríguez decidió adelantarse a los acontecimientos y buscar una alternativa por cuenta propia.

“El sábado vi que la situación se podía complicar. Cerré los ojos, saqué la tarjeta de crédito y compré otro pasaje”, relató.

La solución fue una ruta extremadamente larga:
Vietnam → China → Estados Unidos → Madrid.

“Voy a tardar casi dos días en llegar. Pero volver por el lado oeste es prácticamente la única opción que queda”.

Según explicó, si no hubiera tomado esa decisión anticipadamente, hoy sería prácticamente imposible conseguir un vuelo a un precio razonable.

Sin asistencia oficial

Rodríguez asegura que, al menos hasta ahora, la resolución de la situación depende casi exclusivamente de los propios pasajeros.

“No hubo ayuda de la embajada ni ningún tipo de asistencia directa. Todo lo tuvimos que resolver por nuestros propios medios”, afirmó.

Junto a sus familiares intentó buscar alternativas en consulados y organismos diplomáticos, pero sin resultados concretos.

“Fuimos a la embajada y tratamos de movernos por distintos lugares, pero la situación es muy compleja”.

Aeropuertos tensionados

En el aeropuerto de Hanói, la escena reflejaba el impacto global de la crisis.

“Había gente muy nerviosa, otros que trataban de buscar soluciones rápido y algunos que simplemente se resignaban”, describió.

La reacción de los pasajeros fue diversa.

“Hay gente que se desespera, otros que se lo toman con calma. Algunos dicen ‘me quedo más días’, porque Vietnam es barato”.

En efecto, muchos turistas optan por permanecer en el país hasta que se normalicen las rutas aéreas.

“Aquí puedes encontrar alojamiento por 10 o 15 euros. Para un europeo es muy barato”, explicó.

Un problema logístico mundial

Rodríguez considera que el episodio demuestra hasta qué punto el transporte aéreo global depende de unos pocos corredores estratégicos.

“Cuando uno viaja tan lejos se da cuenta de lo dependiente que es todo del Golfo. Si ese corredor se corta, se complica para todo el mundo”.

Mientras él logró encontrar una salida alternativa, varios de sus familiares continúan varados en Vietnam a la espera de nuevas opciones de vuelo.

“Lo importante ahora es poder regresar. Pero la verdad es que hoy en el aeropuerto se vio claramente que la situación es grave y que va a llevar varios días volver a la normalidad”.

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Israel bombardea infraestructura petrolera en Teherán y escala la guerra con Irán

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La guerra entre Israel e Irán entró en una nueva fase este sábado cuando la fuerza aérea israelí atacó reservas petroleras y refinerías en Teherán, ampliando el alcance estratégico de la ofensiva militar iniciada en las últimas semanas. El primer ministro Benjamín Netanyahu confirmó la continuidad de las operaciones y aseguró que Israel continuará el ataque “con toda la fuerza”, en lo que describió como una campaña que ya está “cambiando el rostro de Oriente Medio”.

Los bombardeos, reportados por la radiodifusora estatal israelí y por corresponsales internacionales en la capital iraní, se produjeron mientras el sistema de defensa israelí activaba sus baterías antimisiles tras nuevos lanzamientos desde territorio iraní. La secuencia marca una escalada que combina ataques directos a infraestructura energética, represalias militares y advertencias cruzadas que elevan el riesgo de un conflicto regional de mayor escala.

La ofensiva también abre una pregunta estratégica: ¿Israel busca debilitar al gobierno iraní o está redibujando el equilibrio de poder en toda la región?

Golpear la energía: el objetivo estratégico detrás del ataque

El ataque contra reservas petroleras y refinerías en Teherán introduce un cambio relevante en la lógica militar del conflicto. No se trata únicamente de objetivos militares directos, sino de infraestructura clave para la economía iraní.

La ofensiva se produce en el marco de una campaña militar que, según el propio Netanyahu, apunta a debilitar al gobierno iraní en múltiples frentes. Durante una declaración televisada emitida tras el final del sabbat, el primer ministro aseguró que Israel dispone de “un plan organizado con muchas sorpresas” para la próxima etapa de la guerra.

En ese mismo mensaje, el jefe del gobierno israelí reiteró que la operación militar no se detendrá.
“La guerra contra Irán continuará sin pausas y sin compromisos”, afirmó.

El discurso incluyó además un mensaje dirigido a los miembros del aparato estatal iraní. Netanyahu aseguró que quienes depongan las armas no serán atacados, mientras advertía que integrantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica están “en la mira” de las fuerzas israelíes.

La declaración también incorporó un elemento político: el mandatario afirmó que Israel se ha convertido en “una potencia regional” y sostuvo que la ofensiva militar está modificando la correlación de fuerzas en Medio Oriente.

Estados Unidos entra en la ecuación estratégica

El conflicto también refleja el peso de las alianzas internacionales.

Netanyahu agradeció públicamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su “liderazgo histórico”, y afirmó que la relación bilateral se mantiene “más fuerte que nunca”.

En paralelo, informes difundidos por medios internacionales señalaron que aviones de combate de Estados Unidos e Israel participaron en ataques contra instalaciones petroleras en Teherán, lo que profundiza la percepción de una operación coordinada entre ambos países.

La posición estadounidense se endureció en las últimas horas. Trump sostuvo que no habrá acuerdos con el gobierno iraní si antes no acepta una capitulación total, una formulación que eleva el tono político del conflicto y reduce los márgenes para una negociación inmediata.

El escenario se volvió aún más complejo cuando la embajada de Estados Unidos en Bagdad fue atacada con cohetes, según una fuente del Ministerio del Interior iraquí citada por agencias internacionales.

Irán responde con ataques en el Golfo y amenaza al tráfico marítimo

La reacción iraní también comenzó a desplegarse en distintos frentes.

Un vocero militar iraní advirtió que los “buques enemigos” que ingresen al Golfo terminarán “en el fondo del mar”, en una amenaza directa al tráfico marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del planeta.

El Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) informó que atacó un petrolero con bandera de las Islas Marshall, identificado como “Louise P”, mediante un dron en medio del Golfo.

La organización militar también afirmó haber atacado otro buque petrolero en el estrecho de Ormuz, identificado como “Prima”, luego de que ignorara advertencias emitidas por fuerzas navales iraníes.

Las autoridades iraníes sostienen que todos los activos estadounidenses e israelíes en la región serán considerados objetivos militares legítimos, lo que extiende el campo de batalla más allá de las fronteras directas del conflicto.

El estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo, vuelve así al centro de la tensión geopolítica.

El punto de quiebre que desató la escalada

La escalada militar tiene un antecedente inmediato.

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques masivos contra Irán que provocaron la muerte del líder supremo Ali Khamenei, junto con varios comandantes militares de alto rango y cientos de civiles.

Irán respondió con misiles y drones contra objetivos de Estados Unidos e Israel en distintos puntos de la región, iniciando una secuencia de ataques cruzados que ahora se extiende al Golfo y a infraestructura energética dentro de territorio iraní.

Ese episodio cambió la naturaleza del conflicto. Lo que durante años fue una confrontación indirecta entre potencias regionales pasó a convertirse en un enfrentamiento militar abierto.

Un conflicto que puede redibujar el mapa regional

Las últimas operaciones militares sugieren que el conflicto está entrando en una fase más amplia y potencialmente más peligrosa.

El ataque a instalaciones petroleras en Teherán, los bombardeos cruzados, los ataques a buques en el Golfo y la participación indirecta de actores regionales indican que el conflicto dejó de ser un enfrentamiento bilateral para convertirse en una crisis regional.

En ese escenario, la guerra podría extenderse a nuevos frentes: rutas marítimas, infraestructura energética, bases militares y representaciones diplomáticas.

Las próximas semanas serán determinantes para medir el alcance real de la escalada. La ofensiva israelí continúa, Irán promete responder y el tablero geopolítico de Medio Oriente vuelve a moverse con rapidez.

Lo que todavía permanece abierto es si esta fase de la guerra consolidará un nuevo equilibrio regional o si apenas marca el inicio de una confrontación más prolongada.

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Guerra en Medio Oriente: nuevos ataques sobre Teherán y advertencia de Irán de un “conflicto prolongado”

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La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en su séptima jornada de combates con una nueva oleada de bombardeos sobre Teherán, ataques en Líbano y tensiones militares en varios países del Golfo Pérsico. El episodio más reciente llegó acompañado de un mensaje político explícito desde Teherán: la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que el país se prepara para un “conflicto prolongado”.

La combinación de ataques a gran escala, advertencias estratégicas y expansión regional del conflicto marca un nuevo punto de tensión en Medio Oriente. El interrogante que atraviesa ahora la escena internacional es si la guerra se dirige hacia una escalada regional más amplia o hacia un enfrentamiento de desgaste que podría prolongarse durante meses.

Bombardeos sobre Teherán y ofensiva israelí a gran escala

La madrugada estuvo marcada por fuertes explosiones en distintos puntos de Teherán, luego de que el Ejército de Israel confirmara el inicio de una nueva oleada de ataques “a gran escala” contra la capital iraní.

Los bombardeos alcanzaron zonas céntricas de la ciudad y generaron escenas de pánico entre la población, en uno de los ataques más intensos registrados desde el inicio del conflicto.

Mientras tanto, Israel informó que interceptó ataques provenientes de Irán, incluidos drones detectados durante la madrugada. Los reportes preliminares no confirmaron víctimas en territorio israelí en ese episodio específico.

El patrón de ataques simultáneos refleja la dinámica actual de la guerra: operaciones aéreas continuas, intercambio de misiles y presión militar constante sobre infraestructuras estratégicas.

La estrategia iraní: prolongar el conflicto

La respuesta política de Irán llegó desde la Guardia Revolucionaria, que planteó públicamente el marco estratégico con el que Teherán enfrenta la guerra.

El portavoz del cuerpo militar, el general de brigada Ali Mohammad Naeini, afirmó que las operaciones iraníes realizadas hasta ahora solo utilizaron “una fracción” de las capacidades militares del país.

Según sostuvo, Irán está preparado para una guerra larga destinada a “castigar al agresor”, y advirtió que en futuras fases podrían desplegarse nuevos sistemas de armamento estratégico que aún no han sido utilizados en el campo de batalla.

La definición sugiere una estrategia distinta a la confrontación directa. Analistas internacionales señalan que Teherán busca transformar la guerra en un conflicto de desgaste, capaz de extenderse en el tiempo y elevar los costos militares y económicos para sus adversarios.

En paralelo, el ministro de Exteriores iraní Abás Araqchí sostuvo que China y Rusia respaldan políticamente a Irán, aunque no precisó el alcance de ese apoyo.

El conflicto se extiende al Golfo y al Líbano

Las operaciones militares ya no se limitan al frente directo entre Israel e Irán. Durante la misma madrugada, Arabia Saudí, Catar y Kuwait interceptaron misiles en su espacio aéreo.

Las autoridades saudíes indicaron que uno de los proyectiles tenía como posible objetivo la base aérea Príncipe Sultán, mientras que Catar informó haber neutralizado un ataque con drones contra la base de Al Udeid en Doha, donde se encuentran fuerzas estadounidenses.

En paralelo, nuevos bombardeos impactaron el sur y el este del Líbano, además de los suburbios meridionales de Beirut, según reportes de la Agencia Nacional de Noticias libanesa.

Israel confirmó ataques contra la zona de Dahiye, un área periférica de la capital libanesa que en conflictos previos ha sido considerada un enclave estratégico.

La expansión geográfica del conflicto aumenta el riesgo de una regionalización de la guerra, con múltiples países involucrados directa o indirectamente.

Estados Unidos sostiene la ofensiva militar

Desde el frente estadounidense, el Comando Central del Ejército de Estados Unidos informó que los ataques iraníes han disminuido de forma significativa.

Según los datos difundidos, los lanzamientos de misiles balísticos de Irán se redujeron un 90 %, mientras que los ataques con drones cayeron un 83 % desde el inicio de las hostilidades.

Washington también aseguró haber atacado un buque portaviones de drones iraní.

El presidente Donald Trump elogió públicamente el desempeño militar de su país y sostuvo que las capacidades estratégicas iraníes han sido severamente debilitadas.

En paralelo, el Congreso de Estados Unidos rechazó una resolución destinada a frenar la intervención militar, con una votación de 219 votos contra 212. La decisión consolidó el margen político del Ejecutivo para continuar con las operaciones.

Un conflicto con impacto económico global

La guerra ya comienza a proyectar efectos más allá del plano militar.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó una exención temporal de 30 días para permitir que cargamentos de petróleo ruso varados en el mar sean vendidos a refinadores indios, una decisión que refleja las tensiones energéticas derivadas del conflicto.

Al mismo tiempo, el enfrentamiento se extendió al océano Índico, tras el derribo de un buque iraní por un submarino estadounidense frente a Sri Lanka.

Las autoridades de ese país continúan las tareas de rescate luego de recuperar 84 cadáveres y hospitalizar a 32 supervivientes de los 180 pasajeros que viajaban a bordo.

El costo humano de la guerra

Las cifras de víctimas continúan creciendo a medida que se intensifican los ataques.

En Irán, los bombardeos de Estados Unidos e Israel dejaron 1.230 muertos desde el inicio de la ofensiva.

En Líbano, los ataques israelíes provocaron 123 fallecidos y 683 heridos.

En Israel, los servicios de emergencia reportaron 10 muertos y 128 heridos por ataques iraníes.

En Kuwait, murieron seis militares estadounidenses, además de dos soldados locales, un civil y una niña.

En Emiratos Árabes Unidos se registraron tres víctimas mortales, mientras que Baréin reportó una.

El saldo refleja que el conflicto ya ha superado el nivel de confrontación bilateral y afecta a distintos actores regionales.

Un conflicto que puede volverse largo e imprevisible

Más allá del intercambio inmediato de ataques, el escenario estratégico apunta a una guerra que podría extenderse.

Especialistas en seguridad internacional sostienen que Irán difícilmente pueda derrotar militarmente a Estados Unidos o Israel en una guerra convencional, pero su estrategia apunta a prolongar el conflicto, dispersarlo regionalmente y elevar los costos para sus adversarios.

Ese enfoque se basa en el uso intensivo de misiles balísticos, drones y redes de aliados regionales, además de la amenaza sobre rutas energéticas clave como el estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor del 20 % del petróleo mundial.

La advertencia de Teherán sobre una guerra prolongada sugiere que el conflicto podría evolucionar hacia una guerra de desgaste, donde el tiempo, los recursos y la estabilidad política de los actores involucrados se conviertan en factores decisivos.

Por ahora, el mapa militar muestra una escalada que todavía no encuentra un punto de contención claro.

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El FMI advierte que la guerra en Medio Oriente amenaza la estabilidad económica global

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Kristalina Georgieva alertó desde Bangkok que un conflicto prolongado puede impactar en energía, inflación y mercados. El organismo ya evalúa el escenario para su próximo informe mundial.

El FMI enciende una señal de alerta sobre la economía global

El Fondo Monetario Internacional encendió una advertencia sobre el escenario económico mundial ante la escalada bélica en Medio Oriente. Durante la conferencia Asia en 2050, realizada en Bangkok, la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, sostuvo que la guerra que involucra a Estados Unidos e Israel con Irán podría generar efectos directos sobre los precios de la energía, la inflación y la estabilidad de los mercados financieros si el conflicto se prolonga.

La advertencia no es menor en un momento en que la economía internacional intenta consolidar una recuperación todavía frágil. “Esta semana, la resiliencia económica mundial se pone a prueba una vez más por el nuevo conflicto en Medio Oriente”, señaló Georgieva, en una intervención que refleja la creciente preocupación de los organismos multilaterales por la interacción entre tensiones geopolíticas y estabilidad macroeconómica.

La cuestión que empieza a emerger en el debate internacional es hasta qué punto un conflicto regional puede convertirse en un nuevo shock global, con impacto sobre la energía, el comercio y las expectativas financieras.

Un organismo que monitorea el impacto de la guerra

El FMI confirmó que está realizando un seguimiento permanente de la situación para medir sus efectos económicos. Según explicó Georgieva, el organismo ya inició un proceso de evaluación y cuantificación de las ramificaciones económicas regionales y globales, cuyo resultado se incorporará al informe de Perspectivas de la Economía Mundial previsto para abril.

El Fondo se define institucionalmente como “guardián de la estabilidad económica y financiera internacional”, un rol que lo obliga a monitorear conflictos geopolíticos cuando estos pueden alterar variables macroeconómicas centrales.

En ese marco, Georgieva indicó que ya se observan perturbaciones en el comercio y la actividad económica, junto con aumentos abruptos en los precios de la energía y mayor volatilidad en los mercados financieros.

Sin embargo, la titular del organismo evitó anticipar conclusiones definitivas. El impacto económico final dependerá, según planteó, de la duración y la escala del conflicto, dos variables que todavía permanecen abiertas.

Mercados, energía e inflación: las variables bajo presión

La advertencia del FMI apunta a tres canales de transmisión que suelen amplificar los efectos de las crisis geopolíticas.

El primero es la energía. Los conflictos en Medio Oriente históricamente generan presión sobre los precios internacionales del petróleo y del gas, lo que puede trasladarse rápidamente a costos productivos y a la inflación global.

El segundo canal es la confianza de los mercados. En contextos de guerra o escalada militar, los inversores suelen migrar hacia activos considerados seguros, lo que provoca volatilidad financiera y movimientos abruptos en monedas y tasas.

El tercero es el crecimiento económico. Una combinación de energía más cara, mercados inestables y comercio alterado puede frenar la actividad global, especialmente en economías que dependen de importaciones energéticas o de flujos financieros internacionales.

En ese contexto, Georgieva remarcó que el escenario actual se suma a un entorno global ya marcado por la incertidumbre, donde las economías aún enfrentan desafíos derivados de transformaciones tecnológicas, cambios demográficos y tensiones en el comercio internacional.

Un sistema económico global bajo tensión

Más allá de los indicadores inmediatos, el mensaje del FMI apunta a una lectura estructural del momento económico global.

“La incertidumbre es la nueva normalidad”, afirmó Georgieva al describir un escenario internacional atravesado por shocks recurrentes y transformaciones simultáneas en tecnología, demografía, comercio y geopolítica.

Esa caracterización refleja una preocupación creciente entre los organismos multilaterales: la economía mundial parece ingresar en una etapa en la que los riesgos geopolíticos se convierten en factores permanentes del ciclo económico, no en episodios aislados.

El impacto concreto de la guerra en Medio Oriente todavía está en proceso de evaluación. Pero el mensaje del Fondo deja entrever que, incluso antes de medir cifras, el sistema financiero internacional ya se prepara para un entorno donde la estabilidad dependerá cada vez más de cómo se gestionen las tensiones políticas globales.

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