GUILLERMO KNASS

Los problemas de la macroeconomía populista

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Argentina y América Latina, a lo largo de los años, han tenido muchos gobiernos con ideas económicas populistas, donde las políticas macroeconómicas se centran en la redistribución del ingreso y donde los programas económicos utilizan, en gran medida políticas fiscales y crediticias expansivas (aumento del gasto público) y la sobrevaluación de la moneda para acelerar el crecimiento y distribuir el ingreso.

Ahora bien, ¿hay algún problema en el hecho de que un gobierno quiera redistribuir el ingreso, logrando una sociedad más equitativa en términos económicos? Definitivamente, y supongo que la gran mayoría coincidirá conmigo, NO HAY PROBLEMA. Sin embargo, el problema está, en que la gran mayoría de los casos, existen ciertas restricciones económicas (fiscales o de presupuesto del Estado y también del tipo de cambio) que, luego de un breve periodo de crecimiento, generan presiones en la economía del país que terminan en crisis. Cuando llega la crisis, terminamos con una fuerte caída en los salarios reales, problemas con la balanza de pagos (es decir con el resto del mundo) e inflación galopante. Entonces comienzan las políticas de recortes y estabilización, generalmente con el auxilio del Fondo Monetario Internacional (cabe aclarar que cualquier semejanza con la realidad NO es pura coincidencia). Esta crisis no es gratis, ya que incrementa la pobreza, el desempleo y trae grandes pérdidas sociales.

Debido a que las crisis asociadas al final del populismo, terminan perjudicando en mayor medida al grupo de ciudadanos que intentaba favorecer, en este artículo, pretendo presentarles algunos de los errores macroeconómicos, que según la teoría, se esconden detrás de las políticas populistas.

  1. Generalmente, las políticas populistas se inician después de una crisis, donde los programas económicos de estabilización han reducido el crecimiento económico y el nivel de vida. Todo esto genera una euforia por una nueva política económica que lleve a un mayor crecimiento, reduciendo el análisis en el tiempo y observando los beneficios sin medir las consecuencias.
  2. Los responsables de la nueva política económica terminan minimizando el problema de las restricciones de la economía. En general, se cree que con la capacidad ociosa que tiene la economía (el poco uso del capital, de los recursos y de los trabajadores) es suficiente para llegar a la expansión económica que se busca. Suponen que las reservas internacionales son suficientes y que la capacidad de racionarlas (cepos) evitarán los riegos externos (déficit en balanza comercial y pérdidas de reservas), a pesar del tipo de cambio sobrevaluado.
    Además creen que no existirán presiones inflacionarias ya que siempre serán capaces de aplicar un “buen” control de precios, redistribuyendo los beneficios empresarios hacia otros sectores.

Entonces, si siempre partimos de las mismas ideas, y no tenemos en cuenta la historia, siempre vamos a obtener los mismos resultados, creando un círculo vicioso:

  1. Al aplicar las fuertes políticas expansivas y de redistribución del ingreso, al principio se obtienen resultados maravillosos: se elevan la producción, el empleo y los salarios reales; se controla la inflación con la regulación de precios (tarifas, combustible, etc.) y no hay escasez, a pesar del crecimiento de la demanda, porque se importa todo lo que se necesita. Pero esta situación idílica dura muy poco y, rápidamente llegan los problemas:
  2. Se crean cuellos de botella en la economía por la fuerte expansión en la demanda de bienes y en parte por la creciente falta de divisas (recuerden que la expansión en la demanda se satisface, en parte, con un incremento de la producción nacional, pero como esto no alcanza se incrementan las importaciones que se pagan en dólares, euros, etc. -divisas internacionales-). Entonces, se hace necesaria las correcciones de precios, la devaluación, el control del tipo de cambio y cerrar importaciones. Esto hace que la inflación comience a subir mientras los salarios se mantienen (es decir que en términos reales los salarios bajen) y también, el déficit del Estado comienza a subir fuertemente a causa de los subsidios.
  3. Hay escasez, se acelera la inflación, la caída de las reservas del país provoca una inevitable fuga de capitales (todos quieren dólares) y nadie quiere la moneda local. La economía se frena, la recaudación del Estado cae y el déficit se acelera. El gobierno intenta estabilizar la economía devaluando, reduciendo los subsidios y efectuando una depreciación real. La situación ya es insostenible…
  4. Vienen los ajustes ortodoxos, generalmente aplicando algún programa de ajuste del FMI.

Concusión:

Adrede no quise hacer alusión a ningún gobierno ni a ningún país, solo una revisión de lo que lo que la diversa bibliografía dice sobre la economía populista, y si podría nombrar una cantidad de gobiernos y países que parecen un calco de lo que acá está escrito. Como síntesis dejo las palabras de Rudy Dornbusch que también revisé para escribir el presente artículo: Cada vez que visito un país me dicen: –“usted no entiende profesor aquí es diferente”…….Y no, nunca lo es.

Creo que no hace falta decir más.

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No nos olvidemos de la economía

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A partir del lunes comienza una nueva etapa de la cuarentena administrada y eso trae un poco de alivio, sobre todo a aquellos sectores de la economía que podrán retomar lentamente sus actividades. Sin embargo, las expectativas en materia económica para el 2020, incluso 2021, no son alentadoras. En el ámbito microeconómico, el análisis nos dice que el parate en la actividad le pegó fuerte a muchas PyMES, a quienes se les cortaron las cadenas de producción, de pagos y acumularon deudas.

En la esfera macroeconómica, las expectativas tampoco son buenas: ya se habla de una de las crisis más complicadas de la historia (expertos comparan la situación de la economía argentina con la de la década de los 80´: crecimiento económico nulo, tipo de cambio real alto, elevados niveles de inflación y altos niveles de pobreza e indigencia).

A eso debemos sumarle la gran deuda que aún no somos capaces de renegociar. Es por eso, que en esta ocasión pretendo presentarles algunos números de la economía argentina, que sirvan para echar luz sobre la situación y que nos permitan analizar cuáles son los posibles escenarios futuros. Es importante aclarar que con ello no pretendo ser fatalista, ni mucho menos dar a entender que la economía es más importante que la salud, pero sin dudas, la crisis del COVID-19 le dio a la convaleciente economía argentina el golpe de gracia que le faltaba y tenemos que saber que cuando el Coronavirus esté pasando y comencemos a retomar nuestras actividades habituales, no será sencillo ni rápido recuperar la economía.

El Crecimiento Económico

El Producto Bruto Interno (PBI) es la primera medida que miramos para evaluar el crecimiento de la economía, y Argentina viene estancada (y con algunas caídas) desde el año 2013. Además, en los últimos años cayó significativamente la inversión, que es la variable más importante que tenemos para evaluar la posibilidad de crecimiento futuro de la economía. Todas estas son señales de que la economía no se va a recuperar pronto.

Para apoyar esta última idea, es conveniente analizar el PBI potencial de Argentina, el cual es menor al 1% para 2020 y 2021. Este indicador mide el nivel de producción máximo que un país puede alcanzar utilizando los factores productivos y tecnología existentes, sin generar presiones inflacionistas. En otras palabras, si las cosas anduvieran bien, los recursos que tenemos nos alcanzan solamente para elevar un 1% el PIB.

El déficit público

Para el lector no será noticia que el déficit público es un problema recurrente en Argentina y en algún punto, “la raíz de todos los males”. Es que el Estado argentino se ha acostumbrado a gastar más de lo que recauda y aún no ha encontrado soluciones a este problema de las finanzas públicas, que nos viene persiguiendo a lo largo de toda la historia.

Este problema ha sido el generador de otros problemas, ya que si se gasta más de lo que recauda, de algún lado hay que sacar la plata para cubrir esos gastos y para ello los diferentes gobiernos han recurrido a dos posibles soluciones: darle a la maquinita y emitir pesos para cubrir ese gasto público extra o pedir prestado. Es así como terminamos en la situación actual: altas y al parecer incontrolables tasas de inflación y una deuda gigantesca que no podemos pagar.

El COVID-19 vino a empeorar más la situación: con la economía mundial y la propia paralizadas por la pandemia, al Estado no le ha quedado más remedio que llevar adelante políticas económicas y sociales para tratar de paliar los problemas que trae la cuarentena, ya que muchos argentinos se quedaron sin ingresos. A eso, hay que agregarle el problema de la recaudación: si las empresas y las personas no trabajan, no generan ingresos y no pagan impuestos. Entonces, el gobierno salió a cubrir el incremento del gasto público con más emisión, lo cual, en el mediano plazo podría resultar en una “bomba inflacionaria” que tiene que comenzar a planear cómo se va a desactivar.

El déficit fiscal primario de marzo es 35 veces más grande que el del mes de enero, y eso es un problema, no solamente porque lo están cubriendo con emisión monetaria, sino que también el gobierno busca renegociar la deuda y para lograrlo, Argentina debería mostrarles a los bonistas que tiene capacidad de pago, cosa que no está haciendo.

Para finalizar, también es importante resaltar que la economía mundial tampoco ayuda.

Seguramente, la entrada de dólares por exportaciones sería un gran alivio para Argentina, pero los mercados están cerrados, la economía mundial paralizada y los precios de los commodities cotizan a la baja. Por lo tanto, y al menos por ahora, esos dólares no van a llegar.

Conclusión

Este análisis no tiene como fin criticar las medidas del gobierno que tendieron a priorizar la salud antes que la economía, ya que sin dudas esas medidas son necesarias para evitar las pérdidas más graves que un país pueda sufrir: las vidas de sus habitantes. Sin embargo, este análisis pretende exponer la otra cara de la moneda: la crisis económica y; sin ánimo de ser fatalista, contarle al lector que salir de esta no va a ser tan fácil. Esperamos que el equipo económico esté utilizando este tiempo de cuarentena para formular un “muy buen plan” para enfrentar lo que se viene.

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El gasto público ¿es mucho o poco?

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Cuando escuchamos a los economistas y a diferentes profesionales de  Ciencias Económicas hablar de la crisis argentina (o de cualquier otra crisis económica), pareciera haber tantas versiones y opiniones respecto al tema que, hasta nos lleva a preguntarnos ¿realmente saben de lo qué están hablando? 

Es que las respuestas en economía son tan complejas que la frase favorita de un economista es “depende”. Ya lo decía en su tiempo Winston Churchill: “Si metemos en una habitación a dos economistas, saldrán de allí dos opiniones diferentes”. Esto sucede porque la economía es compleja, cada análisis encierra muchas variables y, además, es una ciencia social donde no se puede predecir y simplificar con una certeza absoluta los pensamientos del hombre. 

Teniendo en cuenta la dificultad que representa el análisis económico de los hechos, en este artículo busco presentarles diferentes opiniones sobre el origen de la crisis y algunas ideas de por qué existen explicaciones tan diversas:

  • Discrepancias de opinión sobre el Gasto Público:

El Gasto Público y el rol del Estado en la economía deben ser de los temas más discutidos en la historia del pensamiento económico. Los más liberales piensan que la intervención del Estado debe reducirse al mínimo indispensable, ocupándose solamente de proveer aquellos bienes y servicios que el sector privado no quiera o no pueda proveer. 

Es por ello, que los economistas y gobernantes con un pensamiento más afín con el liberalismo siempre verán en el Gasto Social un problema y tratarán de ajustar y achicar estos gastos, ya que les parece poco eficiente la intervención del Estado en esta área. 

En la otra vereda se encuentran aquellos que defienden ideas más de izquierda (keynesianos y socialistas, entre otros). Ellos defienden la intervención del Estado y el incremento en el Gasto Social por múltiples motivos, como por ejemplo, porque incrementar el gasto público (en especial el Gasto Social) en tiempos de crisis ayuda a reactivar la economía, a potenciar el consumo y todo ello empuja hacia la salida de la depresión económica. Pero también resaltan que, si bien la no intervención del Estado puede llevar a una mayor eficiencia, el mercado funcionando solo podría generar enormes desigualdades insostenibles en una convivencia social, y por lo tanto, el Estado debe intervenir para lograr una economía más equitativa. Incluso, como argumento a favor de incrementar el Gasto Social, se puede demostrar que los países más desarrollados, destinan una mayor proporción del PIB al Gasto Público, para comprobarlo observe el siguiente gráfico:

Como vemos en el gráfico, no existe una regla de cual es la magnitud adecuada de gasto público. Países que consideramos liberales (Reino Unido por ejemplo) tienen un mayor gasto que España, y para sorpresa del lector; Argentina está bastante por debajo de la media mundial.

Entonces, ante estas pruebas ¿Argentina debe aumentar o no el Gasto Público para salir de la crisis? ¿El déficit fiscal es en realidad un problema? En realidad, podemos decir que las estadísticas son un poco tramposas (o mejor dicho los usuarios de las estadísticas pueden ser un poco tramposos), ya que si se muestran los números parcialmente, siempre es posible defender uno u otro argumento. 

Es cierto que el Gasto Público es mayor en los países más desarrollados y este fenómeno en economía se conoce como la “Ley de Wagner”. Cuando los habitantes de un país tienen ingresos elevados y ya se han suplido las necesidades básicas, exigirán al Estado mayor cantidad y calidad de prestaciones, por eso tienden a tener un mayor gasto público.

Entonces, podemos notar que el tamaño del gasto público no es el problema, sino la sostenibilidad del gasto público. Básicamente, los encargados de llevar a cabo las políticas públicas deben preguntarse si pueden sostener ese nivel de gasto en el tiempo o si sólo lo pueden hacer en tiempos buenos. Incluso el análisis debe ser más profundo: ¿el país se está endeudando para sostener ese nivel de Gasto Público? Si es así ¿lo podrá pagar?

En el caso de Argentina, si bien el Gasto Público no pareciera ser tan elevado, la deuda pública creció significativamente en los últimos años, por lo que probablemente tengan que seguir ajustando y reduciendo gasto para afrontar esas obligaciones.

Lo peor de todo ello es que, toda esa deuda que se contrajo, se fugó del país: fueron los dólares (o fuga de capitales) que se llevaron los inversionistas de la bicicleta financiera. Esa plata no llegó al grueso de la población, ni vimos una mejora en áreas fundamentales como salud, educación y ciencias.

Dos reglas:

1 ) Cantidad: Podemos tener el gasto público que podemos financiar, esto significa que por más que sea poco el gasto en comparación a otros países, si tu recaudación de impuestos es poca no se puede subir el gasto. 

Se puede tener déficit fiscal y cubrir con endeudamiento: si, siempre y cuando el país tenga crecimiento y no más allá de la tasa de crecimiento del país para que la deuda sea pagable (no es el caso de Argentina en este momento )

2 ) Calidad: La ineficiencia es mala en cualquier sistema, de izquierda a derecha si se utilizan mal los recursos los resultados son malos, y aquí viene la cuestión más importante, quizás el gasto argentino no es tanto como sus detractores quieren hacer ver; pero es muy ineficiente. Según un estudio del del BID la ineficiencia del gasto público en la Argentina llega al 7,2 % del PBI, esto serían unos 32.000 millones de dólares, suficiente para solucionar la necesidad alimentaria (costo de la canasta básica) de casi 5 millones de familias tipo en un año, o sobraría para pagar la deuda del año que viene o miles de comparaciones más. 

Es así …. no es que no alcanza, se gasta muy mal.

A modo de conclusión:

  • No es mucho o poco……. Está muy mal gastado
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Vacas gordas y vacas flacas

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Así como nos cuenta la historia de José, el gobernador de Egipto, quién debía guardar parte de las cosechas en los tiempos buenos, para que así, el pueblo tenga reservas en los tiempos malos, el famoso economista John M. Keynes, el padre de la Macroeconomía, recomendaba aplicar políticas contracíclicas (un término bastante más científico pero que sigue la misma lógica). Según los preceptos básicos keynesianos, el gasto contracíclico implica que los gobiernos gasten menos en los buenos tiempos (para enfriar la economía y permitir que el gobierno aumente sus ahorros gracias al incremento de la recaudación fiscal debido a que la economía marcha bien) y ampliar el gasto en los tiempos difíciles (para paliar la recesión y acelerar la recuperación económica).

Las políticas contracíclicas son habituales en las economías de los países desarrollados, pero, los países en vías de desarrollo (los que más necesitarían ordenar su economía) suelen hacer todo lo contrario. Según datos del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) alrededor del 75% de los países en desarrollo sigue practicando el derroche del gasto en los buenos tiempos y, por lo tanto, se ven obligados a recortar el gasto en los tiempos difíciles. En este grupo estamos nosotros, Argentina. Para demostrarlo, en el siguiente gráfico se muestra el Producto Bruto Interno (es un indicador de bienestar: cuando sube es porque la economía está creciendo y cuando cae es porque hay una recesión) y el Gasto Público. Ambos indicadores siguen el mismo patrón de evolución. Por lo tanto, el gasto público no sigue políticas contracíclicas, sino que acompaña al ciclo económico, por lo que se dice que las políticas económicas son procíclicas.

¿Es malo que un país incremente los gastos del Gobierno en los tiempos buenos y recorte en tiempos malos? SI. Si los gobiernos siguen políticas procíclicas, generalmente acentúan más la crisis y generan grandes costos sociales, afectando en mayor medida al segmento más vulnerable de la población. Como sucede con la economía de las familias, el Gobierno no puede aumentar el gasto en los tiempos buenos y seguir aumentando en los tiempos malos, ya que no ha ahorrado.

Entonces, ¿por qué los gobiernos toman estas decisiones?

 

  • Razones políticas: Aumentar el gasto público en los tiempos buenos hace que la gente esté momentáneamente mejor y esto ayuda a ganar elecciones, aunque al poco tiempo venga una crisis.
  • Instituciones débiles: Las leyes del país y el sistema de poderes no funciona correctamente, entonces no hay nada que obligue al poder ejecutivo a ahorrar en tiempos buenos.
  • Acceso limitado a los mercados internacionales de crédito en tiempos malos: por lo que pedir prestado dinero para pasar la crisis es sumamente costoso.

 

Conclusión:

Hoy nuevamente las ideas keynesianas están fuertemente cuestionadas y acusadas de ser las culpables de la decadencia Argentina, en realidad lo que hubo es una muy mala interpretación de lo que escribió Keynes ( o una interpretación caprichosa para practicar el tentador populismo ). Ser Keynesiano es ser anticíclico no un expansor irresponsable del gasto público…. Eso no es ser Keynesiano, es ser simplemente estúpido.  

Los últimos datos de los precios de la soja pueden ser alentadores para el año que viene, puede ser que una mala cosecha de EEUU nos ayude a salir del pozo, veremos si aprendimos la lección.

Es necesario que Argentina comience a ahorrar en los tiempos buenos para que, cuando llegue una nueva crisis (que en Argentina las vivimos más o menos cada diez años) se puedan aplicar verdaderas políticas sociales que ayuden a los más vulnerables. Una de las medidas más eficientes sería la implementación de buenos seguros de desempleos y políticas laborales, que alienten a la gente a trabajar en los tiempos buenos y que esos trabajadores tengan la seguridad de que el Estado va a estar ahí si pierden sus fuentes de ingresos.

El camino no es sencillo, pero es necesario comenzar a trabajar a largo plazo y seguir el ejemplo de algunos vecinos que ya lograron superar sus problemas de déficit fiscal y decidieron ahorrar en tiempos buenos. En primer lugar está Chile, al cual le llevó más de 10 años, pero realmente ordenó su economía. Avanzando hacia esa meta se encuentran Brasil y Perú. Sólo necesitamos tomar la decisión, establecer reglas claras y seguirlas.

 

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¿Y ahora qué?

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Y ahora que decimos que no se haya dicho (durante las ultimas semanas todos nos volvimos expertos en finanzas, hasta en los recreos de la escuela primaria se está hablando de lebacs, botes, tasa FED y valor del dólar).
Pero bueno esta es Argentina, y al menos en los momentos que estoy escribiendo esto hay signos de que ha pasado temporalmente la crisis financiera. Eso si, nos dejó con menos reservas, mas deuda del Banco Central y del tesoro Nacional y más tasa de interés; pero pasemos a observar los efectos que esto puede tener en la economía de la gente.
Contexto:
Lo que paso todavía puede considerarse “casi” en su totalidad una crisis financiera. O sea que no impactó en gran medida en la  economía real, para ello si tomamos el índice de actividad de la reconocida consultora OJF nos encontramos que mientras todos buscábamos lebacs y tasas en las noticias, la actividad real silenciosamente creció un 3,1 % en marzo y en el primer trimestre del año un 5 %. Por supuesto que el segundo trimestre después de todo esto quizás no tenga un número tan relevante de crecimiento.
Esta semana se conoció el dato de inflación de abril, el cual terminó siendo un 2,7 %; la más alta del año. Con esto se acumula en el primer cuatrimestre del año un 9,6 %. Para cumplir la meta esperada por el gobierno, en los dos cuatrimestres restantes debería ser un 5,4 %, el tema es que, para ensombrecer más el panorama, la inflación de abril fue antes de la corrida, o sea que después de un 24 % de devaluación mayo y los meses venideros no van a ser muy alentadores.
Entonces, lo primero que dejo esta crisis es una devaluación, centrémonos en esta variable ya que suele ser la que impacta de manera mas inmediata en la economía real:
En general el manual ( incluido el del actual vicepresidente del Banco Central escrito conjuntamente con el actual Secretario de Comercio Miguel Braun: Macroeconomía Argentina isbn 9789500760928 ) dice que las devaluaciones son beneficiosas ya que mejora la competitividad del país al disminuir las importaciones, aumentar el monto en pesos de las exportaciones ( ya que las cantidades dependen de lo que nos quiera comprar el mundo y no de nuestra devaluación ) y también porque el gasto en dólares, principalmente el del estado y los salarios se reducen siempre que no ocurra el fenómeno pass trough= pase a precios de la devaluación.
A esto debemos sumarle que se incentiva la sustitución de importaciones porque ahora son mas caras y en caso de incrementarse también las exportaciones genera más empleo en estos sectores transables de la economía (exportaciones y sustitución de importaciones ).
Ahora en particular y observando los textos locales ( Marcelo Diamand, Carlos Diaz Alejandro entre otros) nos podemos encontrar con que las devaluaciones son recesivas mas que expansivas a pesar de que mejoran el saldo comercial. O sea, lo que no tiene en cuenta la teoría en general es la redistribución del ingreso que genera una devaluación. Si hay déficit comercial, y es el caso de la Argentina ya que en el 2017 tuvimos el mas alto de los últimos 20 años, la devaluación es recesiva ya que se dejan de consumir muchos bienes importados que se encarecen, que es el mismo efecto que recorten los sueldos.
Por otro lado si se consumen productos locales que se exportan, o se exportan su materia prima ( caso trigo, maíz, girasol que pasan a ser harina, pan, aceite ) estos también van a aumentar dado que los empresarios vendiéndolos afuera ganarían mucho más después de la devaluación, por ende solo venderían dentro del país si les pagan el precio igual que en el exterior, o sea mas alto post devaluación. Las famosas y dejadas de lado retenciones son un instrumento muy útil para evitar o al menos para minimizar el aumento de precios de productos exportables después de una brusca devaluación.
La única manera de que no se produzca la recesión es aumentando los sueldos de manera similar a la devaluación, con lo cual esta no tendría sentido y todo volverá a ser como antes para empezar de nuevo el circulo vicioso: Pérdida de competitividad- Devaluación- aumentos de sueldo-Pérdida de competitividad- etc.
¿Entonces no hay salida?
Curia en su libro EL MODELO DE DESARROLLO EN ARGENTINA ISBN: 9789505578733 nos da una esperanza en el sentido de que si devaluamos es seguro que los salarios se resienten, pero como devaluar trae competitividad, esto con el tiempo aumenta el
empleo y al aumentar el empleo los sueldos vuelven a subir, pero de una manera más consistente ya que crecen a la par del desarrollo productivo que se dio lugar por la devaluación.
Esto es un poco lo que paso los primeros años de la década pasada donde la devaluación achico los costos en dólares del país (incluido sueldos) y esto permitió a través de los superávits gemelos (comercial y fiscal) crecer a las tasas mas altas de nuestra historia (también ayudo un contexto internacional único), pero hoy el mundo crece nuevamente.
Cerrando, todos sabían que se venia un ajuste, no lo hiciste por recorte, te lo hizo el mercado por devaluación, es traumático pero una vez nos dio el puntapié para crecer, quizás el Banco Central debería combinar un poco su política de metas de inflación con una de tipo de cambio alto y estable. Se puede, depende de la capacidad de la conducción política y económica del país volver a colocarnos en la senda del crecimiento.

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