A un siglo del devastador ciclón que azotó Encarnación el 20 de septiembre de 1926, autoridades y familiares de los protagonistas participaron en Posadas de un acto conmemorativo. La jornada puso en valor la ayuda brindada desde la capital misionera y el vínculo de hermandad que une a ambas ciudades.
A 100 años de aquella tragedia, descendientes de los protagonistas y autoridades de ambas márgenes del río Paraná se reunieron en el Parque Paraguayo para recordar una de las páginas más significativas de la historia compartida entre Posadas y Encarnación.
El homenaje recordó el ciclón que destruyó gran parte de la Villa Baja de la ciudad paraguaya y dejó numerosas víctimas. Además, volvió a poner en primer plano el rol que tuvo la comunidad posadeña en las tareas de asistencia y rescate.
La fecha fue reconocida como el Día de la Solidaridad Posadeña-Encarnacena, en referencia a la respuesta que surgió desde Posadas ante la magnitud de la catástrofe.
Entre los familiares de quienes participaron de aquella cruzada estuvo Margarita Memel, nieta de Jorge Memel, uno de los vecinos que cruzó el Paraná durante el temporal para pedir ayuda.
Según relató, su abuelo vivía en la Villa Alta de Encarnación y bajó hacia la zona costera después de conocer la magnitud de la tragedia. Al llegar a su casa encontró a su padre muerto y a su madre gravemente herida.
Luego de trasladarla a un hospital improvisado, decidió dirigirse al puerto para buscar ayuda en Posadas. Allí se encontró con el sacerdote José Kreusser y, ante la falta de embarcaciones disponibles, ambos consiguieron una pequeña lancha.
“Dijo ‘Sí, pero está bravo el río, no tenemos remos’. Tenían solamente dos palas”, recordó Memel. Como el sacerdote no sabía navegar, su abuelo tomó las palas y comenzó a remar para atravesar el Paraná en medio del temporal.
“Entonces, el abuelo remó con las dos palas, cruzaron y ahí la historia ya escuchás”, relató.
La respuesta de Posadas ante la tragedia
Una vez en Posadas, Memel recurrió a sus contactos de la logia Roque Pérez para gestionar asistencia. La respuesta de las autoridades y de la comunidad fue inmediata. “Fueron varias lanchas de la Prefectura Naval Argentina, acá de Posadas, con médicos, con enfermeras, con medicamentos. El mismo gobernador ordenó eso. Esas fueron las primeras ayudas que salvaron a muchísima gente”, destacó.
La directora del Archivo Histórico de la Municipalidad de Posadas, Silvia Gómez, recordó que la asistencia se extendió durante varias semanas y alcanzó a numerosas familias afectadas por el desastre.
“Durante un mes todos los posadeños intentaron paliar de alguna manera tanta pérdida en todo sentido, pero sobre todo humana”, señaló.
Para los familiares de los protagonistas, mantener viva esta historia permite recuperar el valor de aquella decisión. Memel destacó el riesgo que asumió su abuelo al intentar atravesar el río en condiciones extremas.
“Fue una osadía, un heroísmo. Estando todo tan bravo, decir ‘nos vamos a buscar sin tener elementos ni nada, tenemos que buscar ayuda’, arriesgando su propia vida”, expresó.
Una memoria que atraviesa las fronteras
El centenario también permitió recuperar los valores que quedaron asociados a aquella respuesta comunitaria. En ese sentido, Gómez remarcó que la solidaridad frente a una emergencia trasciende las diferencias entre comunidades. “Los eventos climáticos pueden suceder en cualquier momento y la solidaridad y la fraternidad son principios que se ponen a prueba en momentos muy culminantes. Para eso no hay nacionalidad, ni religión, ni color político, solo hay humanidad”, sostuvo.
El acto reunió a delegaciones de ambas márgenes del Paraná. Participaron el intendente y concejales de Encarnación, además de ediles y funcionarios de Posadas. El director general de Cultura de Posadas, Matías Klein, destacó la importancia de sostener este encuentro como parte de la memoria compartida entre las dos ciudades.
“Es una fecha sumamente importante que nos hermana con la lindera ciudad de Encarnación”, afirmó. Desde el área de Cultura municipal señalaron, además, que la intención es incorporar esta fecha de manera permanente a la agenda pública. Para Klein, recuperar la historia permite transmitir a las nuevas generaciones valores como la colaboración y la solidaridad.
“Realza valores que son muy importantes como la colaboración, la solidaridad que en esta circunstancia, en este momento son muy importantes transmitirlos y que se sigan cultivando”, concluyó.
El regreso de una histórica imprenta guaraní jesuítica marca uno de los momentos destacados del Simposio Legado Guaraní Jesuítico. Luego de 250 años fuera de Misiones, la pieza llegó al Parque del Conocimiento gracias a las gestiones impulsadas por el gobernador Hugo Passalacqua. El encuentro reúne a especialistas de Argentina, Brasil y Paraguay con el objetivo de poner en valor el patrimonio construido por los pueblos guaraníes y la Compañía de Jesús en la región.
Tras una gestión impulsada por el gobernador Passalacqua, la histórica imprenta guaraní jesuítica llegó esta mañana a Misiones y ya se encuentra en el Parque del Conocimiento, donde formará parte de una muestra temporal en el marco del Simposio Legado Guaraní Jesuítico: un espacio que aborda los procesos de intercambio cultural entre los pueblos guaraníes y la Compañía de Jesús durante los siglos XVII y XVIII.
La recuperación de esta pieza patrimonial, que permaneció durante 250 años fuera de la provincia, constituye un nuevo paso en la política del Gobierno de Misiones para poner en valor y recuperar bienes que forman parte de la historia y la identidad misionera.
El acto de apertura se realizó en el Teatro de Prosa del Parque del Conocimiento y contó con la presencia del gobernador Hugo Passalacqua, el ministro de Cultura, José Martín Schuap; la directora general de la Biblioteca Pública de las Misiones, Iris Alejandra Gómez; el secretario de Estado de Cultura de Rio Grande do Sul, Brasil, André Kryszczun, intendentes de localidades vinculadas al legado guaraní-jesuítico y representantes de distintos ámbitos académicos y culturales.
El gobernador fue recibido por los Blandengues y posteriormente se realizó el tradicional corte de cinta que dejó oficialmente inaugurada la muestra. Posteriormente, el Coro Ultra Tempus ofreció una presentación musical en la apertura de la exhibición. Más tarde, el grupo La Melchora interpretó los himnos oficiales en el acto de inicio del simposio.
Una pieza que vuelve a Misiones después de 250 años
La llegada de la imprenta representa un acontecimiento de relevancia para el patrimonio cultural misionero. Se trata de una pieza que actualmente pertenece al patrimonio del Cabildo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En ese marco, su presencia en la provincia fue posible a partir de las gestiones realizadas por el Gobierno de Misiones, encabezadas por Hugo Passalacqua. Es así que, durante el acto, el mandatario provincial destacó el trabajo sostenido de numerosas personas e instituciones que durante años impulsaron la recuperación y puesta en valor del legado guaraní jesuítico.
“Es una militancia para recuperar algo que hace 250 años estaba esperando volver”, señaló el gobernador, quien remarcó además que no se trata simplemente de un objeto, sino de una pieza que concentra una parte fundamental de la historia misionera. Passalacqua recordó además que desde la creación del Parque del Conocimiento existió la voluntad de que, con el tiempo, pudieran regresar a Misiones tanto la imprenta como los libros que fueron producidos con ella. En ese sentido, señaló que los libros impresos en las antiguas reducciones jesuíticas se encuentran actualmente en Córdoba, en el Colegio Monserrat, y que las gestiones para lograr su regreso a la provincia todavía no han tenido el resultado esperado. “Este simposio contribuye a que, más temprano que tarde, vuelvan a la provincia de Misiones donde debieron estar siempre”, sostuvo.
El gobernador también puso en valor las gestiones realizadas durante distintos momentos y ante diferentes autoridades para concretar el regreso de la imprenta. “Esta imprenta recorrió un largo camino, se fue a Córdoba, después se fue a Buenos Aires”, explicó. Por otro lado, remarcó también que recuperar estos bienes no significa solamente recuperar objetos del pasado, sino volver a poner en circulación una historia que forma parte de la identidad de Misiones. “Eso no es la historia, eso es el legado guaraní jesuítico”, afirmó.
La imprenta permanecerá en Posadas, en principio hasta fin de año, mientras continúan las gestiones para definir su destino definitivo y las condiciones para que pueda seguir formando parte del patrimonio accesible a los misioneros.
Un proceso que debe continuar con la recuperación de otros bienes
Durante la apertura, el ministro de Cultura, José Martín Schuap, destacó especialmente la gestión realizada para concretar la llegada de la pieza a Misiones: “Es un honor para nosotros, que nuestro gobernador que está aquí presente, haya gestionado la presencia de este bien patrimonial tan importante”, expresó.
Schuap definió a la imprenta como un patrimonio que ahora se pone “a disposición de la vista, del conocimiento y de la sociedad misionera” y resumió el significado de su llegada con una frase: “Esta imprenta vino a su tierra y vuelve a su lugar”.
El funcionario sostuvo además que este proceso debe continuar con la recuperación de otros bienes vinculados al legado guaraní misionero que actualmente se encuentran en distintos puntos del país y del mundo. En esa línea, recordó también la recuperación de una piedra de aproximadamente 800 kilos que se encontraba en el Museo Histórico Nacional y cuyo retorno a Misiones fue gestionado años atrás con la colaboración del entonces ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer.
El funcionario adelantó además que, con el apoyo del Gobierno de Misiones, continuará trabajando para recuperar otros bienes patrimoniales. Entre ellos, mencionó una pequeña imagen de la Virgen que se encuentra en el Museo de Luján y que constituye una de las primeras expresiones artísticas realizadas por un integrante de una comunidad originaria, vinculada con el proceso cultural desarrollado durante la presencia jesuítica.
Brasil y Paraguay: una identidad compartida
La dimensión internacional del simposio quedó reflejada también en la participación del secretario de Estado de Cultura de Rio Grande do Sul, Brasil, André Kryszczun, quien destacó la importancia del encuentro entre territorios que comparten una misma identidad cultural vinculada a las misiones jesuítico-guaraníes.
El funcionario brasileño señaló que Río Grande do Sul también conmemora los 400 años de las misiones jesuíticas-guaraníes y destacó la necesidad de fortalecer los vínculos culturales entre ambos territorios. Durante el acto, Kryszczun entregó además un box con investigaciones académicas sobre las reducciones jesuíticas de su estado.
La primera imprenta del territorio rioplatense
La presencia de esta pieza adquiere especial relevancia por su relación directa con uno de los procesos culturales más trascendentes desarrollados en las antiguas misiones.
La Compañía de Jesús comenzó la fundación de los primeros pueblos reduccionales en 1609 y ya en 1630 existen documentos que dan cuenta de pedidos realizados por los jesuitas del Río de la Plata para conseguir una imprenta.
Fue a fines del siglo XVII, en la reducción de Nuestra Señora de Loreto, donde el padre Juan Bautista Neumann, de origen austríaco, las traducciones del padre José Serrano, de origen español, y el trabajo conjunto con los guaraníes permitieron construir una prensa y fundir distintos tamaños de tipos móviles metálicos.
En 1700 se logró poner en funcionamiento la imprenta e imprimir los primeros libros, convirtiéndose en la primera imprenta del territorio rioplatense y, de acuerdo con la tradición histórica misionera, en la primera de Sudamérica.
La imprenta fue móvil y funcionó en Nuestra Señora de Loreto, Santa María la Mayor y San Francisco Javier entre 1700 y 1727, año en que se imprimió el último ejemplar. Allí se produjeron textos religiosos y doctrinales, vocabularios, catecismos, calendarios y libros vinculados con la astronomía, publicados en guaraní, castellano y latín.
El proceso también significó un cambio trascendental para la lengua guaraní, que hasta entonces era fundamentalmente oral y que, con el trabajo de los pueblos originarios y los religiosos, ingresó al universo de la escritura y los libros.
Uno de los incunables producidos en este contexto fue “Explicaciones del Catecismo en lengua guaraní”, impreso en 1724 en la reducción de Santa María la Mayor, escrito por el grabador de las Misiones Nicolás Yapuguay bajo la dirección del padre Restivo.
El simposio con una cargada agenda internacional
El Simposio Legado Guaraní Jesuítico se desarrolla este martes 8 y miércoles 9 de septiembre en Posadas y propone un espacio de pensamiento crítico y análisis sobre los procesos de intercambio cultural entre los pueblos guaraníes y la Compañía de Jesús durante los siglos XVII y XVIII.
Dicho encuentro, que reúne a disertantes locales, nacionales e internacionales, está destinado a docentes, alumnos y responsables de áreas temáticas del sector público y privado, por lo que las actividades son de acceso libre y gratuito, con no cómputo de inasistencia y valoración docente.
Es asi que la primera jornada comenzó a las 9 con el acto de apertura. Luego, a las 10, el investigador brasileño Artur Barceló presentó la conferencia “Cartografía y territorio Guaraní en las Misiones”. A las 11 hs, María Alejandra Schmitz, Luisina Peró y Esteban Snihur expusieron sobre “Caminos con Historias, Paisajes Culturales y Patrimonio Vivo (Provincia de Misiones, Argentina)”.
Tras el receso del mediodía, a las 14, se desarrollará la presentación de “Ñande Reko Resuena”, junto al libro “Plantas que curan de Tekoa Ysyry”, del autor Karaí Tataendy Dalmacio Ramos. La actividad contará con la participación de Eliseo Chamorro, Karaí Tataendy Dalmacio Ramos y Kamba Heriberto Villalba, además de las presentaciones del grupo de coros Tava Mirĩ y un grupo de danza.
La programación continuará a las 15:20 hs con José Luis Narvaja, de Córdoba, quien abordará “La Música de la Selva -naturaleza y utopía entre Sánchez Labrador y Domenico Zipoli”. A las 16:10, Liliana Rojas y Cristian Javier Neris presentarán “San Francisco Javier, pueblo de frontera”. El cierre académico de la jornada estará a cargo de una mesa redonda sobre “Gestión Interdisciplinaria del Patrimonio religioso en Paraguay”, con la participación de M. Victoria Roca, Mirtha Alfonso Monge y María José Diez Galvez, en una propuesta que reúne miradas de Argentina, Paraguay y España. A las 19, las actividades se trasladarán al Teatro Lírico.
La segunda jornada, prevista para el miércoles 9 de septiembre, comenzará a las 9:30 con la presentación de Laura Lagable, Estela Garma, Leandro M. Esperanza y Claudio O. Arrechea, quienes expondrán “Tomografía y Patrimonio: Estudios científicos de diagnóstico para la restauración de esculturas Jesuítico-Guaraní en la provincia de Misiones”. A las 10:20, Juan Manuel Sureda, Julia Argentina Perie y Oscar Daniel Canteros presentarán “Así lo hicimos General a Andresito Artigas”. Luego, a las 11:10, el investigador brasileño Sergio Venturini abordará “Patrimônio e Território em Desenvolvimento: Perspectivas para a Internacionalização da Trilha dos Santos Mártires das Missões”. Después del receso del mediodía, la actividad se retomará a las 13:30 con María Angélica Amable y su exposición “La transmigración de Santa María del Iguazú”.
A las 14:20 tendrá lugar la presentación del libro “La Reducción de Santos Mártires”, de Cristian J. Neris, Carlos A. Page y Liliana M. Rojas, publicado por Ediciones Montoya. A las 15, Beatriz Rivero presentará “Las Palabras y las cosas – El legado interpretativo Guaraní Jesuítico de las Misiones”, mientras que a las 16 Carlos A. Page cerrará el ciclo de exposiciones académicas con “Tras las huellas de una memoria dispersa: la documentación de la antigua Provincia Jesuítica del Paraguay en Europa”.
El programa concluirá a las 20 con la presentación de OIANT, la Orquesta de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que ofrecerá un espectáculo en el Auditorio de la Tierra Sin Mal, ubicado en la ex terminal de trenes, como cierre artístico de dos jornadas dedicadas a recuperar, investigar y poner en valor el legado guaraní jesuítico de la región.
A medio siglo del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la memoria vuelve a cobrar densidad en las voces que sobrevivieron. En Misiones, la dictadura no solo disciplinó a la militancia urbana: también avanzó sobre el mundo rural organizado, allí donde empezaba a gestarse algo más que un reclamo económico. Juan Carlos Berent, uno de los fundadores del Movimiento Agrario Misionero, reconstruye ese tiempo desde una experiencia que mezcla militancia, persecución y una lectura política que aún hoy incomoda.
“Nosotros en ese tiempo estábamos en plena lucha por precio justo, un montón de reivindicaciones que teníamos los agricultores”, recuerda. El golpe, dice, no fue una sorpresa, sino una confirmación de un clima que ya venía enrareciéndose: “El golpe no nos tomó de sorpresa, porque la situación política ya estaba muy complicada”.
En ese contexto, Berent introduce una distinción que resulta clave para entender la lógica represiva: la dictadura no atacó de manera homogénea al movimiento agrario, sino que focalizó en su ala más politizada. “No fue al movimiento agrario en general. Fue a las Ligas Agrarias”, explica. Allí, sostiene, ya no se discutía únicamente el precio de la producción, sino el fondo del problema: “Ya no estábamos solo con la cuestión reivindicativa… estábamos buscando generar conciencia de quién manejaba la cuestión”.
Ese salto -de la demanda sectorial a la conciencia política- fue, según su mirada, lo que desató la represión. “Se estaba creando conciencia de clase… entonces ahí había que golpear”, afirma. Y el golpe fue directo, quirúrgico y brutal: “Todos los delegados de las Ligas Agrarias fueron detenidos… todos los miembros de la Comisión Central”.
Los nombres aparecen como marcas indelebles de esa violencia: “Pedro Peczak fue asesinado, Anselmo Hillebrand fue asesinado, Valdimiro Hillebrand está desaparecido, Estela Ordaz está desaparecida”. La lista, como en tantos otros relatos de la época, no es solo un registro: es una herida abierta.
La experiencia personal de Berent se inscribe en esa misma lógica. Su testimonio reconstruye con crudeza la maquinaria represiva: “Yo fui torturado… me sacaban de la cárcel y me llevaban a la Dirección de Informaciones y me torturaban todas las noches durante ocho días”. La escena se repite con una precisión casi clínica: “Querían que firme una declaración sin leer. Yo no firmé”.
El relato avanza sin eufemismos: “Me golpeaban, me picaneaban en los testículos, en el pene, en la raíz de los dientes… golpes en la cabeza”. Y, sin embargo, hay una línea que no se cruza: “No dije lo que no quería decir”.
Pero el impacto de la dictadura no se mide solo en los cuerpos. También se mide en los proyectos que se truncaron. “Para mí era la destrucción del ideal que teníamos”, resume. Ese ideal tenía una raíz concreta: “Soñábamos con el hombre nuevo, con organizar la familia, con vivir en paz, con justicia… y eso se derrumbó todo”.
La represión, además, no distinguió vínculos. “Fui detenido yo, mi papá, mi hermano, un sobrino… a mi mamá la aislaron totalmente”, cuenta. La lógica era expansiva: castigar no solo al militante, sino a su entorno. “Mi esposa estuvo siete años presa, yo cuatro años y siete meses”, agrega, en una frase que condensa una tragedia familiar que fue también colectiva.
En ese entramado, Berent rescata un elemento muchas veces relegado: el rol de las mujeres. “Las mujeres fueron delegadas, miembros de comisión central, muy combativas”, señala. Y describe una escena que sintetiza un cambio cultural profundo: “Empezaban leyendo un papelito y después lo tiraban y decían lo que sentían”. Su propia esposa, dice, fue parte de ese proceso: “Fue una militante permanente… nunca abandonó la lucha”.
Cincuenta años después, el relato se desplaza hacia el presente. Berent evita equivalencias simplistas, pero advierte sobre transformaciones estructurales que redefinieron al sector. “Antes los pequeños y medianos productores manejábamos el 70% de la producción… ahora se dio vuelta”, explica.
Ese cambio impacta directamente en la capacidad de acción colectiva. “Hoy no podés hacer un paro porque la industria sigue trabajando con su producto”, señala, marcando un contraste con aquella época en la que la organización podía condicionar el funcionamiento del sistema.
El diagnóstico actual es, en ese sentido, más silencioso pero no menos inquietante: “Estamos desorganizados… ya no tenemos ganas de ir a una concentración”. Y profundiza: “Ellos mismos crean la desidia porque no quieren la organización”.
La diferencia con el pasado, insiste, no es solo económica, sino política: “Antes teníamos un gobierno relativamente sensible y podías ir a plantear. Ahora no tenés a quién recurrir”.
Sin embargo, incluso en ese contexto, su mirada no se cierra en la resignación. Hay una persistencia que atraviesa todo el relato, una convicción que se sostiene en la historia: “Yo tengo esperanza de que el pueblo se organice”. Y completa: “Al peronismo lo quisieron destruir muchas veces y volvió”.
En la voz de Berent, los 50 años del golpe no son solo una fecha conmemorativa. Son una línea de continuidad. Un recordatorio de que las tensiones entre organización, poder y producción siguen vigentes. Y de que, en el fondo, la historia del campo misionero todavía está en disputa.