hoja verde precio

El INYM rechazó sugerir un precio de referencia y profundiza la tensión en la cadena yerbatera

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El Directorio del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) resolvió rechazar la posibilidad de sugerir un precio de referencia para la hoja verde, en una decisión que vuelve a exponer la fractura interna del sector y profundiza la incertidumbre de cara a la zafra 2026.

Según fuentes oficiales, el rechazo al precio sugerido se sustentó en un dictamen técnico que consideró que la implementación de valores orientativos “va en contra del Decreto 812 del Gobierno nacional”, al entender que “distorsiona el mercado y afecta la competencia del sector privado”. La postura fue respaldada por la presidencia del organismo, en manos del libertario Rodrigo Correa, la representación de Corrientes y la mayoría de los sectores industriales, secaderos y cooperativas.

En la votación, dos representantes del sector productivo y el director por Misiones, Ricardo Maciel, se pronunciaron a favor de avanzar con una referencia de precios, mientras que un representante productivo y la UATRE optaron por la abstención. La correlación de fuerzas dejó sin efecto la iniciativa, en un escenario donde la pérdida de facultades regulatorias del INYM ya había debilitado su capacidad de intervención.

El documento sostiene que no resulta jurídicamente factible que el Instituto publique un precio de referencia, ya que cualquier señal institucional en ese sentido sería considerada una intervención en el mercado.

El argumento central se apoya en la modificación del marco normativo tras la desregulación. En particular, el dictamen cita el artículo 8° del Decreto 1240/2002 —modificado por el Decreto 812/2025—, que prohíbe expresamente al INYM “dictar normas o establecer intervenciones que provoquen distorsiones en los precios de mercado o interfieran en la libre interacción entre oferta y demanda”.

Pero el punto más sensible es otro: el dictamen advierte que incluso un precio “indicativo” podría funcionar como señal de mercado. En un sector caracterizado como oligopsónico -como sostiene Misiones-, esa referencia institucional podría derivar en una coordinación indirecta de precios entre actores privados, lo que chocaría con la Ley 27.442 de Defensa de la Competencia.

En ese marco, la asesoría legal fue contundente: publicar un precio, bajo cualquier denominación, podría interpretarse como una práctica restrictiva equivalente a “concertar directa o indirectamente el precio de venta o compra”.

El dictamen se apoya en el cambio de rol del INYM. Tras el DNU 70/2023, el organismo dejó de tener como objetivo la “sustentabilidad de la cadena” y pasó a enfocarse en “proteger el carácter competitivo de la industria”, eliminando además la facultad de acordar precios entre los distintos sectores.

Esto implica que cualquier intento de reconstruir mecanismos de referencia -aunque sean informativos- podría exceder las funciones actuales del Instituto.

Otro de los argumentos del dictamen apunta a desarmar la comparación con otros mercados. Según el texto, las referencias de precios en granos o hacienda (como las de la Bolsa de Comercio o mercados ganaderos) no son fijaciones institucionales, sino simples publicaciones de operaciones ya realizadas entre privados.

En cambio, si el INYM difundiera un precio, aun como promedio o referencia, estaría emitiendo una señal institucional con capacidad de influir en la formación de precios, lo cual está prohibido por la normativa vigente.

El dictamen también advierte sobre las consecuencias de avanzar en ese camino:

  • Posibles sanciones por violación de la Ley de Defensa de la Competencia
  • Riesgo de impugnación y nulidad del acto administrativo
  • Eventuales observaciones de la Secretaría de Agricultura de la Nación, bajo cuya órbita funciona el INYM

Incluso la publicación de costos de producción es puesta en discusión. El dictamen señala que determinar un único costo promedio podría distorsionar el mercado, ya que no refleja la heterogeneidad productiva del sector (tecnología, escala, logística, mano de obra).

La posición de Misiones

Hace apenas un mes, Maciel había formalizado el planteo mediante una nota dirigida al presidente del Instituto, Rodrigo Correa, en la que solicitaba avanzar en la construcción de una “pizarra” de precios para la hoja verde y la yerba canchada antes del inicio de la cosecha.

El documento, fechado el 12 de febrero en Posadas, partía de un diagnóstico crítico sobre el funcionamiento del mercado tras la desregulación. Allí, el funcionario reconocía que el INYM ya no cuenta con herramientas para fijar precios obligatorios, pero advertía sobre las consecuencias que esa pérdida tuvo en las últimas campañas.

“No hace falta redundar en la pérdida de facultades para fijar precios, pero tampoco podemos desconocer el impacto negativo que esa decisión generó en el sector productivo primario”, señalaba.

El eje central del planteo de Misiones giró en torno a la estructura del negocio yerbatero, caracterizada como un mercado “oligopsónico”, donde pocos compradores concentran la demanda y tienen capacidad para incidir en los valores que perciben los productores.

La advertencia apuntaba a una asimetría estructural: unos 12.500 productores frente a un número reducido de molinos. En ese contexto, sin precios de referencia ni herramientas regulatorias, el eslabón primario queda sujeto a negociaciones individuales, con fuerte dispersión de valores.

“El libre mercado no existe o es injusto en este escenario”, sostenía el documento, al tiempo que reclamaba información oficial que contemple costos de mano de obra, energía, combustibles y fertilizantes, además de un margen mínimo de rentabilidad.

La discusión no es teórica. Hoy el mercado está pagando alrededor de 220 pesos por kilo de hoja verde, muy por debajo de los costos estimados por el sector productivo y lo que empiezan a pagar a sus asociados las cooperativas, como Las Tunas -380 pesos- o Piporé -450-.

Distintos trabajos técnicos indican que el costo de producción para un yerbal de alto rendimiento ronda los 391,2 pesos por kilo. Si se incorpora una rentabilidad mínima del 30%, el precio debería ubicarse en torno a los 508,56 pesos.

La brecha es significativa y, según advierten los productores, se amplifica en explotaciones de menor escala, donde los costos son aún más elevados por menor productividad.

Un conflicto que excede lo productivo

El planteo de Maciel introducía una definición que atraviesa el actual conflicto: “La yerba mate no está en crisis; lo que está en crisis es la distribución de lo que genera el negocio yerbatero”.

La negativa del INYM a establecer siquiera una referencia de precios deja al descubierto el cambio de paradigma tras la desregulación nacional: de un esquema con intervención estatal a uno donde predomina la lógica de mercado, en un sector históricamente regulado.

Mientras la industria sostiene que el mercado debe autorregularse, el sector productivo y el Gobierno de Misiones insisten en la necesidad de mecanismos que compensen las asimetrías y eviten una mayor concentración.

Con la zafra 2026 a punto de comenzar, la decisión del Directorio implica que la actividad se desarrollará sin precios orientativos oficiales, en un contexto de alta volatilidad y tensión en la cadena.

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Un sirio rompe el mercado: pagará 350 pesos y quiere 10 millones de kilos de yerba

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Mientras el mercado amagaba con empezar la zafra gruesa con un precio promedio de 240 pesos con pagos a largo plazo, la yerbatera Hoja Verde SRL anunció que pagará $350 por kilo de hoja verde a partir del lunes 30 de marzo de 2026. La decisión, comunicada desde su base operativa en Comandante Andresito, irrumpe en un mercado que llega a la zafra sin referencias claras y con tensiones abiertas entre productores, secaderos y molinos. El precio de oferta fue confirmado a Economis por Omar Kassab, uno de los empresarios sirios que compite por la yerba mate en Andresito. “Hoja verde ofrece comprar a 350 pesos el kilo para la zafra que arranca ahora en abril”, confirmó Kassab en diálogo con este medio.

El anuncio se inscribe en un escenario donde el precio de la hoja verde dejó de tener un anclaje institucional fuerte y pasó a depender de acuerdos bilaterales y decisiones empresariales. En ese marco, la empresa no solo fijó un valor, sino que además definió condiciones: el pago combinará efectivo -para cubrir costos de cosecha- y cheques a plazos aún en definición, con un horizonte de 30 a 70 días. “Vamos a pagar el costo de cosecha en efectivo y el resto probablemente con cheques a 30, 60 o 90 días. No vamos a ir a 120 o 180 días, como se está hablando”.

La estrategia incluye volumen. La firma proyecta acopiar alrededor de 10 millones de kilos de hoja verde y entre 7 y 8 millones de kilos de yerba canchada durante la zafra que se extenderá hasta septiembre. A eso se suma un esquema de acuerdos con cooperativas y secaderos del norte de Misiones, donde se aplicaría el mismo precio.

Pero hay un elemento que introduce una lógica distinta: la exigencia de calidad. La empresa condiciona el precio a parámetros productivos más estrictos, en un intento por corregir -según plantean- uno de los problemas estructurales del mercado: la heterogeneidad del producto que impacta en toda la cadena. “Vamos a pagar este precio, pero vamos a exigir calidad. Tenemos que empezar a cuidar nuestra calidad, que es lo único que nos va a llevar a un buen camino”, remarcó Kassab. En ese sentido, planteó la necesidad de respetar parámetros técnicos como el porcentaje de hoja y el grosor de palo, en línea con las regulaciones vigentes.

Impacto en la cadena: productores, cooperativas y competencia en alerta

El anuncio tiene efectos inmediatos sobre la correlación de fuerzas. Para los productores, establece una referencia concreta en la previa de la cosecha, algo que no abundaba en las últimas campañas. Para cooperativas y secaderos, implica un incentivo -y al mismo tiempo una presión- para alinearse a un esquema que combina precio competitivo con mayores exigencias técnicas. También marca un punto de referencia para la “pizarra” de valores que impulsa el Gobierno, con precios de referencia para que el productor pueda decidir a quién venderle. En el sector industrial aseguran que no puede utilizarse esa sugerencia como regla de un mercado desregulado, pero los productores buscan desesperadamente un precio que al menos cubra los costos.

Al mismo tiempo, el movimiento interpela al resto de las empresas. Si otras firmas no convalidan ese valor, el mercado podría fragmentarse aún más. Si, en cambio, lo toman como referencia, se configuraría un nuevo piso de negociación con impacto directo en toda la cadena yerbatera.

La apuesta también tiene una dimensión industrial. La empresa avanza en paralelo con el desarrollo de un molino propio en articulación con productores del norte, con la expectativa de comenzar operaciones hacia fin de año o inicios del próximo. Ese dato no es menor: implica integración vertical y mayor capacidad para capturar valor agregado dentro de la provincia.

La fijación de $350 por kilo no cierra la discusión. La abre. En un sector donde históricamente el precio fue resultado de negociación institucional, la irrupción de decisiones empresariales directas redefine reglas y tiempos. Más allá del volumen o del precio puntual, la decisión de Kassab tiene un impacto simbólico: marca un piso en un mercado desregulado y presiona al resto de la industria.

Ojalá que todas las empresas puedan hacer lo mismo. Este es el camino que va a llevar a todo a un buen punto”, marcó el empresario.

Lo que ocurra en las próximas semanas será clave. Si aparecen otros precios de referencia, si las cooperativas logran sostener condiciones de pago más favorables o si la calidad se convierte en un factor determinante, el mercado podría entrar en una nueva fase.

Por ahora, la señal está dada. Falta ver si se transforma en tendencia o si queda como una jugada aislada en un escenario que todavía no termina de ordenarse.

Molino de Andresito, obras en marcha y acopio de canchada

Otra de las cuestiones que confirmó a Economis, Kassab fue que las obras en el Molino Cooperativo de Andresito están en marcha. Por ahora usarán los depósitos como “centro de acopio de yerba mate canchada, que iremos comprando a las cooperativas y secaderos. Yerba canchada de calidad”, remarcó el empresario.

“La obra del molino sigue adelante y esperamos terminarla para septiembre de este año y poder ponerlo en funcionamiento”, explicó Kassab. Quien considera que podrán tenerlo a pleno funcionamiento para el año 2027.

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