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Comprar por chat GPT, expertos en IA alertan sobre lo que esto representa para empresas

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Expertos analizan la función de compra de ChatGPT y la urgencia de la capacitación en Inteligencia Artificial

La reciente integración de capacidades de compra directa en ChatGPT no es solo una nueva función; es el presagio de una transformación radical en el comercio electrónico y la interacción cliente-empresa.

“Es un punto de inflexión que redefine las reglas del marketing digital y las ventas”, comentaTomás Cabiche, Chief Growth Officer & late Co-founder en Coderhouse, plataforma educativa. “La posibilidad de que los usuarios pasen de la consulta a la compra dentro de una misma conversación con una IA representa la cúspide del comercio conversacional. Esta innovación elimina fricciones, personaliza la experiencia de compra a un nivel sin precedentes y convierte a la Inteligencia Artificial en un asistente de compras personal y un canal de venta directo”, alerta la ejecutiva.

Para los usuarios, esta nueva herramienta es una puerta a una eficiencia nunca antes vista. Sin embargo, para aprovecharla al máximo y de forma segura, es fundamental que desarrollen una comprensión básica de cómo funcionan estas tecnologías.

“No se trata solo de saber qué pedir, sino de cómo pedirlo”, afirma Cabiche. “Entender los fundamentos de la IA permite a los usuarios crear prompts más efectivos, evaluar las recomendaciones del chatbot de manera crítica y proteger su información personal. La alfabetización en IA se está convirtiendo en una habilidad esencial para la vida diaria”.

Capacitarse en Inteligencia Artificial ya no es una opción exclusiva para perfiles técnicos; es una necesidad para cualquier persona que quiera navegar con confianza en el nuevo ecosistema digital.

Una llamada a la acción para las empresas: capacitar para competir

Para las empresas, la inacción no es una opción. Aquellas que no adapten sus estrategias comerciales y de marketing a esta nueva realidad corren el riesgo de volverse obsoletas. La función de compra de ChatGPT exige una reinvención de cómo las marcas se conectan con sus clientes.

Las áreas comerciales y de marketing deben ser las primeras en capacitarse para:

  1. Optimizar la presencia digital para la IA: Las empresas necesitarán entender cómo los modelos de lenguaje como ChatGPT buscan y priorizan información para poder posicionar sus productos y servicios de manera efectiva dentro de estas plataformas.
  2. Rediseñar el “Customer Journey”: El embudo de ventas tradicional se transforma. Los equipos deben aprender a crear estrategias de contenido y marketing que sean “conversacionales” y que guíen a la IA para que recomiende sus productos de forma natural.
  3. Integrar la IA en las estrategias de venta: Los equipos comerciales deben ver a la IA no como una amenaza, sino como un nuevo y poderoso canal. Esto implica capacitarse en cómo utilizar estas herramientas para la generación de leads, la personalización de ofertas y, ahora, la venta directa.

“Estamos ante un cambio de paradigma. Las empresas que inviertan en la capacitación de sus equipos de marketing y ventas no solo sobrevivirán, sino que liderarán el mercado“, concluye el especialista, y agrega: “El futuro del comercio es inteligente, conversacional y ya está aquí”.

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Gobierno argentino, Botmaker y Meta presentan MIA: el primer agente de IA del estado nacional 

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La Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología (SICyT), la empresa de herramientas de inteligencia artificial (IA) Botmaker y Meta, presentaron hoy a MIA, el primer agente de IA a nivel nacional, integrado en TINA, el chatbot del Estado Nacional.

En esta primera etapa, el nuevo agente brindará servicios a emprendedores, pequeñas y medianas empresas, permitiendo agilizar la obtención de información, trámites para la constitución de negocios y orientación sobre exportación. Asimismo, prestará asistencia para el acceso a servicios del Estado a quienes utilizan la app Mi Argentina, que cuenta con 26 millones de usuarios. Este trabajo en conjunto tiene el potencial de ahorrar a la ciudadanía miles de horas de espera al año.

TINA es desarrollada por la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología con el objetivo de simplificar gestiones y brindar soluciones tecnológicas a la ciudadanía. El bot ofrece información y acceso a más de 600 trámites de 72 organismos nacionales en todo el país las 24 horas de los 365 días del año. Cuenta con un promedio de 1,5 millones de conversaciones. Gracias a MIA, se evitará la saturación de la mesa de ayuda de Mi Argentina que tiene un promedio de más de 80 mil consultas por mes.  

“Implementar Inteligencia Artificial en la gestión pública significa mejorar la prestación de servicios y avanzar hacia una administración más ágil, innovadora y centrada en las necesidades de la ciudadanía”, expresó Darío Genua, Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación. 

Para la implementación, la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología utilizó el modelo Llama de open source creado por Meta, destacando que este sobresale principalmente en velocidad de procesamiento para la construcción generativa de respuestas rápidas a partir de bases de conocimiento, al tiempo que es más económico en su implementación con ahorros de hasta 10 veces frente a otros modelos de alto desempeño, debido a la eficiencia en el uso e infraestructura de nube necesaria para su operación.

“La creación del agente de IA MIA junto al gobierno y la tecnología Llama de Meta representa una innovación en cómo los ciudadanos acceden a la información y los servicios del Estado. Desde Botmaker, diseñamos a MIA con énfasis la seguridad de los datos y la escalabilidad. MIA es capaz de entender y responder con lenguaje natural sobre una infraestructura que prioriza la privacidad, auditoría y gestión local de los datos. Representa un modelo de innovación responsable que puede ser replicado en toda la región”, destacó Alejandro Zuzenberg, Co-Fundador de Botmaker.

Los controles de seguridad y barreras de protección de datos e información, hacen de Llama de open source el modelo ideal para desarrollos en industrias altamente reguladas, ya que asegura la confidencialidad de su información propietaria.

“Creemos que el desarrollo de MIA es una prueba contundente de los beneficios de crear inteligencia artificial con un enfoque open source como Llama. Este tipo de implementaciones permite un trabajo más rápido y económico —porque se parte de una base sólida disponible libremente—, más seguro —ya que posibilita manejar la información en servidores propios— y de mayor impacto —pues facilita que la población acceda a servicios del gobierno con tecnología de punta y de una manera más eficiente. Esperamos que MIA sea la primera de muchas implementaciones gubernamentales que aprovechen Llama en Argentina y la región”, señaló María Julia Díaz Ardaya, directora de Políticas Públicas para Meta en Sudamérica.

Ambas implementaciones de Inteligencia Artificial están disponibles a través de Tina en WhatsApp con el teléfono +54 11 3910 1010, en la app Mi Argentina y en el portal del Estado argentino https://www.argentina.gob.ar/. Con el objetivo de atender las consultas ciudadanas de manera rápida y eficiente, aprovechando la tecnología y la innovación para reducir costos.

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Cómo la batalla por el control podría aplastar la promesa de la IA

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Por Carl Benedikt Frey – Un cambio hacia la centralización y la concentración podría acabar con el potencial productivo de la tecnología

A mediados del siglo XX, los éxitos tecnológicos de la Unión Soviética, en particular el lanzamiento del Sputnik y el envío de Yuri Gagarin al espacio, convencieron a muchos observadores de que las economías de planificación centralizada podrían superar a las impulsadas por el mercado. Economistas prominentes como Paul Samuelson predijeron que la URSS pronto superaría económicamente a Estados Unidos, mientras que Oskar Lange, un economista y socialista polaco, argumentó que las tecnologías informáticas emergentes podrían reemplazar efectivamente el mecanismo de mercado obsoleto.

Sin embargo, paradójicamente, la URSS colapsó justo cuando despegó la revolución informática. A pesar de las considerables inversiones, incluido el intento de Nikita Khrushchev de crear una contraparte soviética de Silicon Valley en las afueras de Moscú en Zelenograd, la URSS no logró aprovechar la promesa de la tecnología informática. El obstáculo no era la escasez de talento científico, sino las instituciones inhóspitas para la exploración. Mientras que Silicon Valley prosperó con la experimentación descentralizada, con inventores que cambiaban de trabajo entre nuevas empresas que realizaban múltiples experimentos simultáneos, la innovación en Zelenograd fue controlada centralmente y orquestada en su totalidad por funcionarios del gobierno de Moscú.

Como argumentó Friedrich Hayek, la principal dificultad con la planificación central no era procesar datos, sino recopilar conocimientos locales esenciales. Los planificadores soviéticos podían administrar operaciones estandarizadas, pero flaquearon durante la incertidumbre tecnológica, careciendo de puntos de referencia para monitorear el desempeño de la fábrica y castigar a los holgazanes. A pesar del rápido crecimiento inicial, la URSS se estancó, incapaz de adaptarse a las nuevas fronteras tecnológicas, y finalmente colapsó.

Estas ideas siguen siendo relevantes, particularmente cuando las nuevas formas de inteligencia artificial vuelven a plantear la cuestión de si la autoridad centralizada, como el estado de vigilancia impulsado por IA de China, o la concentración corporativa, como entre las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley, pueden aprovechar las nuevas tecnologías de manera efectiva para administrar la economía y la sociedad.

Innovación de vanguardia

Las teorías convencionales de la riqueza y la pobreza que enfatizan factores como la geografía, la cultura o las instituciones luchan por explicar los dramáticos reveses económicos. Las condiciones geográficas, que permanecieron sin cambios, no pueden explicar el cambio de la URSS del rápido crecimiento al colapso. Los factores culturales también evolucionan demasiado lentamente para explicar los rápidos auges económicos y las posteriores caídas. Si bien las instituciones como las leyes y los reglamentos pueden cambiar más abruptamente, las teorías institucionales basadas en condiciones universales son igualmente incompletas; por ejemplo, tanto la URSS como China experimentaron décadas de rápido crecimiento a pesar de carecer de derechos de propiedad privada seguros. En última instancia, comprender el progreso económico requiere examinar cómo las instituciones y la cultura interactúan dinámicamente con los cambios tecnológicos.

Reconocer que el desempeño económico está ligado a esta interacción cambiante replantea el conocido debate político sobre el progreso tecnológico. Por un lado, aboga por la innovación descentralizada impulsada por pequeñas empresas en mercados poco regulados; el otro promueve una política industrial dirigida por el estado ejecutada por poderosas burocracias. Sin embargo, ambos enfoques son óptimos solo bajo ciertas condiciones: las burocracias centralizadas explotan eficazmente las tecnologías accesibles e impulsan el crecimiento de recuperación, mientras que los sistemas descentralizados se destacan por ser pioneros en innovaciones en la frontera tecnológica. Con el tiempo, la gobernanza económica debe adaptarse o correr el riesgo de estancarse.

Japón como número uno

Incluso cuando la Unión Soviética se disolvió en 1991, el alivio de Estados Unidos se vio atenuado por una nueva ansiedad: muchos académicos y periodistas creían que Japón pronto eclipsaría a Estados Unidos. El best-seller de 1979 de Ezra Vogel, Japón como número uno, ya había advertido sobre la creciente ventaja de Tokio en computadoras y semiconductores, una ganancia aparentemente tan dramática como su anterior ascenso en automóviles. Sin embargo, la revolución informática que siguió contó una historia diferente. Desde principios de la década de 1990, la productividad impulsada por el software estadounidense se disparó, mientras que las empresas japonesas se aferraron obstinadamente al hardware.

El ascenso de Japón se había basado en un sistema de producción estrechamente coordinado. Debido a que las empresas japonesas podían tomar participaciones accionarias en sus proveedores, algo que la ley antimonopolio de EE. UU. desalentaba, tejieron densas redes de conocimiento reforzadas por logística justo a tiempo, diseño asistido por computadora y máquinas herramienta reprogramables. El resultado fue una eficiencia sorprendente: los trabajadores automotrices japoneses eran un 17 por ciento más productivos que sus contrapartes estadounidenses en 1980, lo que llevó a Ford y GM a reportar fuertes pérdidas.

La ventaja japonesa, sin embargo, provino menos de inventar nuevos productos que de refinar los occidentales. Los televisores a color, el Walkman y las videograbadoras se convirtieron en éxitos mundiales solo después de que los ingenieros japoneses los rediseñaran por su costo y durabilidad. En un estudio seminal, el economista Edwin Mansfield descubrió que aproximadamente dos tercios de la investigación y el desarrollo japoneses se centraron en mejoras de procesos, la imagen especular del esfuerzo estadounidense de productos pesados, lo que permite una traducción más rápida de los avances de laboratorio en bienes baratos y comercializables.

Pero esas mismas fortalezas se convirtieron en limitaciones. Observadores eminentes como Alfred Chandler Jr. esperaban que la era de la computadora recompensara la perfección del hardware y la producción optimizada, factores que favorecieron a Japón, pero fue el dinamismo de las nuevas empresas estadounidenses como Apple y Microsoft lo que resultó decisivo. La política antimonopolio de Estados Unidos, arraigada en la Ley Antimonopolio Sherman de 1890, abrió los mercados al obligar a IBM a desagregar su hardware y software y al dividir AT&T justo antes de que despegara el Internet comercial. Sin un solo guardián, los empresarios podían innovar libremente y la web se expandía sin obstáculos.

Las reglas de competencia más laxas de Japón, por el contrario, fomentaron la cartelización y afianzaron los conglomerados de keiretsu. La misma coordinación que alguna vez aceleró las actualizaciones incrementales ahora ralentizó el salto al software y a los modelos de negocio basados en Internet, desplazando a los nuevos participantes. El impulso tecnológico de Japón se estancó. Incluso dentro de los EE. UU., Las regiones organizadas en torno a una competencia feroz, como Silicon Valley, superaron a áreas más jerárquicas e integradas verticalmente como el grupo tecnológico Route 128 de Nueva Inglaterra.

Fin del capitalismo coordinado

Japón no es un ejemplo aislado. Después de la Segunda Guerra Mundial, la economía de Europa Occidental creció rápidamente al adoptar métodos estadounidenses de producción en masa en una amplia gama de industrias. Esta estrategia funcionó bien durante varias décadas, pero en la década de 1970, Europa había agotado la acumulación de tecnología estadounidense. Para mantener el crecimiento, tendría que cambiar hacia un modelo basado en la innovación en lugar de simplemente ponerse al día con las tecnologías existentes.

Este cambio resultó ser un desafío. Las instituciones económicas de Europa fueron moldeadas por una larga historia de recuperación industrial, establecida a fines del siglo XIX para absorber la tecnología británica y reforzada durante la era de la posguerra, cuando Europa estaba cerrando la brecha con los Estados Unidos. Estas instituciones fueron diseñadas para apoyar un crecimiento económico estable y predecible a través de una planificación cuidadosa, industrias coordinadas y una estrecha cooperación entre empresas, bancos y gobiernos. Tal capitalismo coordinado fue efectivo cuando la tarea estaba clara, poniéndose al día con las prácticas industriales establecidas, pero se convirtió en un obstáculo cuando se enfrentó a la incertidumbre y la disrupción causadas por la revolución informática y las nuevas tecnologías de la información.

En Francia, el sistema de planificación indicativa del gobierno, que estableció objetivos económicos para coordinar las inversiones, funcionó bien con un progreso tecnológico incremental y predecible. Pero con el rápido cambio tecnológico, los planificadores se vieron abrumados e incapaces de pronosticar con precisión y dirigir los recursos de manera efectiva.

Del mismo modo, las empresas estatales de Italia, cruciales durante el auge de la posguerra, demostraron ser rígidas e insensibles a una nueva era de turbulencias tecnológicas. En España y Portugal, la fuerte influencia del Estado, combinada con intereses arraigados, limitó gravemente la flexibilidad económica, obstaculizando la innovación y la adaptación. En consecuencia, estas naciones del sur de Europa experimentaron un prolongado estancamiento económico durante la revolución informática, a menudo denominada “dos décadas perdidas”.

De Hayek a Moravec

La lección es clara: los milagros económicos se estancan cuando las instituciones que permitieron los éxitos pasados se desalinean con los nuevos desafíos. La Unión Soviética y gran parte de Europa tropezaron cuando los rígidos modelos de producción en masa no lograron adaptarse a la imprevisibilidad de la era de la computadora, mientras que Japón se tambaleó cuando el epicentro de la innovación pasó del hardware al software. Hoy, el crecimiento de China está cada vez más limitado por un control más estricto del partido, y Estados Unidos enfrenta un peligro similar cada vez que el poder monopólico permanece sin control. El peligro de que la centralización y la concentración acaben con la innovación ahora se cierne sobre la IA. Debido a que el rendimiento de la IA ha mejorado históricamente principalmente al aumentar la potencia informática y la disponibilidad de datos, muchos observadores concluyeron que la IA es una competencia que es mejor dejar a un puñado de “campeones nacionales”. Esa creencia es seductora y errónea.

Al igual que en la revolución informática, los verdaderos avances provienen de explorar lo desconocido, no de perfeccionar lo que ya está formalizado. Los grandes modelos de lenguaje (LLM), sistemas de IA entrenados para generar y comprender el lenguaje humano, crecieron 10,000 veces en escala entre 2019 y 2024, pero aún obtuvieron solo alrededor del 5 por ciento en el punto de referencia de razonamiento ARC, una prueba que evalúa las habilidades avanzadas de resolución de problemas. Mientras tanto, los enfoques más ágiles, como la búsqueda de programas (que genera programas explícitos para resolver tareas) han superado el 20 por ciento, y los nuevos métodos de aprendizaje en contexto (donde los modelos aprenden de ejemplos sin volver a entrenarse) están avanzando.

La IA tampoco hará obsoleta la exploración humana. La vieja observación de Hans Moravec sigue siendo válida: lo que es fácil para los humanos (como caminar por un sendero) sigue siendo difícil para las máquinas, y viceversa. Los modelos de lenguaje entrenados en todo Internet aún carecen de la experiencia sensoriomotora de cualquier niño de cuatro años. Hasta que podamos codificar ese conocimiento incorporado, los sistemas centralizados de IA seguirán la experimentación descentralizada que miles de millones de humanos realizan diariamente.

El ingenio florece precisamente donde el precedente es escaso. Los inventores, científicos y empresarios prosperan convirtiendo lo desconocido en oportunidad. Por el contrario, los grandes modelos lingüísticos se basan en el consenso estadístico. Imagine un LLM entrenado en 1633: mantendría firmemente a la Tierra como el centro del universo; dada la literatura del siglo XIX, negaría con confianza que los humanos pudieran volar, haciéndose eco de la larga lista de intentos fallidos que precedieron al éxito de los hermanos Wright. Incluso Demis Hassabis de Google DeepMind admite que alcanzar una verdadera inteligencia artificial general puede necesitar “varias innovaciones más”.

Control y competencia

Es poco probable que surjan solo de una escala centralizada; vendrán, como antes, de ampliar el campo de la experimentación y reducir las barreras de entrada. Sin embargo, en la era de la IA, tanto China como Estados Unidos se están moviendo en la dirección opuesta, aumentando el control central y reduciendo el dinamismo competitivo.

Los sectores más dinámicos de China siguen siendo impulsados por empresas privadas o respaldadas por extranjeros, mientras que las empresas estatales están rezagadas. Sin embargo, Beijing está recentralizando la autoridad: las licencias, el crédito y los contratos ahora favorecen a los conglomerados políticamente confiables, la ley antimonopolio se ejerce de manera selectiva y las campañas anticorrupción hacen de la lealtad un requisito previo para la supervivencia. La experimentación provincial que alguna vez fue vital se ha marchitado a medida que los funcionarios persiguen indicadores crudos como el recuento de patentes, inundando los registros con presentaciones de bajo valor. El clientelismo está eclipsando las reglas transparentes y la lealtad está desplazando la competencia, erosionando la capacidad del estado para fomentar la innovación a nivel de frontera y empujando a la economía hacia un crecimiento más lento y menos impulsado por la innovación.

Sin duda, China todavía se beneficia de un grupo sustancial de talentos y un gobierno profundamente comprometido con el avance tecnológico. Pero al igual que en los países occidentales, las empresas que carecen de fuertes conexiones políticas, como la empresa emergente de IA DeepSeek, resultan ser las más innovadoras. Aunque las autoridades pueden permitir que estas empresas operen con relativa autonomía siempre que sus actividades se alineen con los objetivos nacionales, la ausencia de protecciones legales sólidas las deja vulnerables a los cambios en las prioridades políticas. En consecuencia, las empresas deben invertir recursos en la construcción de alianzas políticas, desviando la atención y el capital del impulso de la innovación. Y el control del gobierno sobre las tecnologías de la información críticas con frecuencia tienta a las autoridades a fortalecer su dominio político sobre la sociedad, lo que podría sofocar la innovación de base.

Estados Unidos muestra los mismos síntomas de diferentes formas. Desde la era de las computadoras de la década de 1990, sus industrias se han vuelto notablemente más concentradas, socavando la competencia fluida que alguna vez caracterizó a Silicon Valley. Una red de cláusulas de no competencia ahora obstaculiza la movilidad laboral, frena el flujo de conocimiento tácito y desalienta a los científicos e ingenieros a fundar empresas rivales. Debido a que las nuevas empresas son fundamentales para traducir los conocimientos del laboratorio en productos comerciales, este lastre en la circulación del talento debilita el mecanismo mismo, la destrucción creativa, que reasigna la participación de mercado hacia nuevas ideas. Los economistas Germán Gutiérrez y Thomas Philippon muestran que la tendencia está impulsada menos por economías de escala inevitables que por el cabildeo establecido que codifica las ventajas regulatorias, desde extensiones de patentes hasta obstáculos de licencias específicos del sector.

Este patrón también amenaza a la IA. Debajo de la intensa competencia actual, la profunda alianza de Microsoft con OpenAI ya controla alrededor del 70 por ciento del mercado comercial de LLM, mientras que Nvidia proporciona alrededor del 92 por ciento de las unidades de procesamiento de gráficos (GPU) especializadas utilizadas para entrenar estos modelos. Junto con Alphabet, Amazon y Meta, estos titulares también han estado comprando silenciosamente participaciones en prometedoras empresas emergentes de IA. Mantener un régimen de políticas que salvaguarde el ámbito competitivo en sí, en lugar de las fortunas de empresas particulares, es esencial si la próxima generación de innovadores transformadores quiere dar el impulso prometido a la productividad. Eso es tan cierto para la era de la IA como lo fue para la era de la computadora.

A medida que la innovación tecnológica, particularmente en el campo de la IA, se centra cada vez más en unos pocos actores clave, las industrias que se benefician de estas herramientas también se han concentrado más. En este podcast, Carl Benedikt Frey dice que la concentración de las industrias que utilizan IA empujará la dirección del cambio tecnológico hacia la automatización en lugar de la innovación de productos.

CARL BENEDIKT FREY es profesor asociado de IA y Trabajo Dieter Schwarz en la Universidad de Oxford. Este artículo se basa en su libro más reciente, How Progress Ends: Technology, Innovation, and the Fate of Nations.

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El pueblo unido… en Discord

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Los guionistas de ciencia ficción suelen imaginar el futuro de la humanidad dominado por la tecnología, la IA y robots peligrosos. Desde la Metrópolis de Fritz Lang a Terminator, Matrix y Black Mirror. Pero no hay que esperar demasiado. En el presente, la tecnología comienza a moldear movimientos políticos, como lo demostró la irrupción  de líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Javier Milei, impulsados por las interacciones en redes sociales y discursos rupturistas. Pero nunca, como hasta ahora, se ha visto que directamente, la tecnología reemplace mecanismos democráticos tan simples como ir a votar. Hasta ahora. 

Aunque la tecnología está incorporada al día a día, parece que gran parte de la población se está quedando atrás en la toma de decisiones sobre su propio futuro. La política, ni lerda ni perezosa, sabe muy bien que su incorporación es necesaria aunque aparecen casos extremos. 

Los casos de Nepal y AlbanIA 

La inteligencia artificial arremetió en nuestras vidas como un toro embravecido contra su verdugo en una plaza. Hoy en día está en cada paso del ser humano, desde el diseño de imágenes falsas hasta en la ayuda constante en niveles educativos. Estos ejemplos son para demostrar su impacto en la cotidianidad. 

Albania dio un paso más allá. En criollo, los albanos se pasaron dos paradas por lo menos. No tuvieron la mejor idea que nombrar una inteligencia artificial como ministro, con todas las polémicas que eso conlleva. 

Diella, el nombre que recibe la ministrIA de Albania, está encargada del área de licitaciones para obras públicas. Su rol principal es el de ejecutar con mayor y mejor precisión, e imparcialidad las decisiones a la hora de elegir empresas e individuos con los cuales pueda trabajar el Estado. Diella dio un discurso en el parlamento y la respuesta fue obvia: todo terminó a las piñas

Si bien esta IA ya tenía funcionamiento como asistente virtual en eAlbania, su “nombramiento” ministerial causó indignación y repudio en la oposición y en parte de la población, sobre todo por la posible manipulación de sus decisiones. Si bien es ficticio su ministerio, ya que la constitución albanesa exige tener ministros humanos (como si fuera imposible no serlo), su aparición resultó digna de un análisis más grande como ciudadanos globales. 

Nepal es otro caso digno de reflexionar sobre el punto tecnológico en el que estamos. Este país pasó por un desmadre total que decantó en la renuncia del primer ministro Sharma Oli y todo su gabinete. ¿El motivo? Prohibir o restringir más de 25 apps -Facebook, Instagram, WhatsApp y WeChat,  entre otras, por no haberse registrado en el país-. Esta fue la simple excusa para movilizarse tras años de evidente corrupción y nepotismo en el estado nepalí. Tras intensas jornadas de brutalidad y caos en las calles que dejaron más de 50 muertos, se logró la caída total del gobierno. 

Desde 2008, Nepal tuvo 14 primeros ministros en 17 años. Un promedio de 450 días por gobierno.

Los nepalíes formaron un servidor en la famosa plataforma gaming Discord, llamada “Hami Nepal” con más de 130 mil miembros. Allí deliberaron y debatieron acerca de posibles nombres para suceder al caído presidente. Lograron crear canales de difusión, verificación de hechos y discusiones, simulando una suerte de elección que terminó en la designación de Sushila Karki, ex presidente jueza de la Corte Suprema. Lo más llamativo es que esto fue avalado oficialmente, y esta mujer asumió el 12 de septiembre con el encargo de estabilizar el país y armar la transición a las elecciones de marzo del año que viene. Esta fue la primera experiencia en donde se elige a un mandatario vía una app gaming

La generación Z sacó del poder al gobierno por vetar apps y terminó utilizando una plataforma gaming para elegir al nuevo mandatario. El poder joven es algo que no pierde vigencia. 

La real utopía actual 

Black Mirror es una popular serie que demuestra cómo sería el mundo en pantallazos de múltiples posibles futuros dominados por la tecnología. Ni ellos fueron tan lejos como Albania y Nepal. 

Habrá que empezar a pensar hasta dónde llegan los límites de la tecnología y dónde se separa de lo humano. 

¿Es realmente posible limitar a la tecnología? Nepal supo demostrar que genuinamente es un arma para poder organizarse en pos del bien común, y Albania parece demostrar que es una excusa para no atacar directamente a la corrupción que afecta a su país. 

Hasta dónde llega la flacidez mental humana que empodera a una inteligencia artificial. Albania, en vez de atacar a la corrupción y condenar a los corruptos que abusan del Estado, termina recurriendo a una IA. Literalmente están aceptando que no pueden frenar la corrupción y que solo algo que es externo a lo humano y, en los papeles, “incorruptible” puede servir como mediador en este asunto. Suena como a una burda tomada de pelo al pueblo albanés. ¿Qué diría el mariscal Tito si estuviera vivo? De seguro que sentiría una decepción por la falta de valentía para combatir a los males nacionales. 

Nepal es la contracara. Expuso la falta de organización y el exceso de burocracia en el cual está inmerso e intoxicado el Estado nepalí y su poder político. La propia voluntad del pueblo ha servido como el motor electoral de manera virtual, demostrando una vez más que “el pueblo unido jamás será vencido”.

Todo este tema de la tecnología y la política desnuda otro tema: la desigualdad. Si nos mudamos automáticamente a un sistema electoral y de funcionamiento político totalmente virtual, sin el acompañamiento y el compromiso estatal – empresarial de sumar a la población, las decisiones importantes y las elecciones pasarán a ser monopolio de unos pocos. No solo de los jóvenes, por ser los más avezados en uso tecnológico sino aquellos que tendrán más acceso a estas herramientas, profundizando la diferencia entre ricos y pobres. A fin de cuentas, no importa que tantas nuevas tecnologías existan, sino que el debate es el mismo, quien puede acceder y de qué manera a ellos.

Hasta la vista, Baby!

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Tendencias: Adiós Studio Ghibli, Llegó “Action Man”

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Las redes sociales estas semanas estallaron con las imágenes de Studio Ghibli, ahora ChatGPT lanzó una nueva propuesta “Action Man”.

Tras el fenómeno viral de las imágenes al estilo Studio Ghibli, ChatGPT vuelve a sorprender a los usuarios con una nueva tendencia: la creación de muñecos “Action Man” personalizados a partir de fotografías.

La plataforma de inteligencia artificial de OpenAI permite generar imágenes hiperrealistas de figuras de acción en sus empaques originales, con accesorios detallados.

Para unirse a esta nueva tendencia, los usuarios deben acceder a ChatGPT Plus, la versión de pago que incluye el modelo GPT-4o, y seguir estos pasos:

  • Subir una fotografía: Se recomienda utilizar una imagen de cuerpo entero de la persona que se desea convertir en muñeco.
  • Introducir un “prompt” detallado: La clave para obtener un resultado óptimo es proporcionar instrucciones precisas a la IA. Un ejemplo de prompt podría ser: “Crea una figura de acción realista de la persona en la foto. Incluye accesorios como [enumerar dos o tres objetos]. Escribe [nombre de la figura de acción] en la parte superior del empaque. Estilo realista”.
  • Personalizar el resultado: Los usuarios pueden modificar el prompt para agregar detalles específicos y obtener un muñeco aún más personalizado.

ChatGPT: De Ghibli a “Action Man”, un Éxito Viral Constante

Esta nueva funcionalidad se suma al reciente boom de las imágenes estilo Studio Ghibli, que generó un récord de usuarios en ChatGPT. Según Sam Altman, CEO de OpenAI, la plataforma registró un millón de usuarios en una sola hora, lo que provocó la sobrecarga de los servidores y la limitación temporal de la función.

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