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Milei enfrenta su peor umbral político: 71,2% cree que hace falta un cambio de gobierno

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El gobierno de Javier Milei ingresó en mayo de 2026 en una zona de desgaste político estructural. No se trata ya de una oscilación coyuntural de la opinión pública ni de un mal mes aislado, sino de una consolidación de tendencia: la desaprobación nacional alcanza el 64,5%, mientras que apenas el 34,3% aprueba la gestión libertaria. En paralelo, siete de cada diez argentinos consideran que hace falta un cambio de gobierno, un dato que en cualquier otro contexto sería leído como una señal de crisis terminal. Sin embargo, la singularidad del escenario argentino reside en que ese rechazo no se traduce todavía en una alternativa consolidada.

Así lo muestra el último informe “Domingo de Datos” de la consultora Zuban & Córdoba, elaborado entre el 25 de abril y el 1 de mayo sobre una muestra nacional de 2.000 casos, con un margen de error de +/- 2,19% y un nivel de confianza del 95% .

La encuesta revela una administración que perdió iniciativa política, pero también una oposición que aún no logra apropiarse del descontento social.

El principal dato del relevamiento es que la desaprobación presidencial se sostiene en un piso alto y persistente. Milei registra 64,5% de rechazo contra 34,3% de aprobación, prácticamente sin señales de recuperación respecto de meses anteriores. La serie comparada muestra que desde octubre de 2025 el oficialismo fue perdiendo respaldo de manera sostenida: pasó de 37,1% de aprobación a apenas 34,3%, mientras la desaprobación saltó de 62,8% a 64,5%.

A mitad de mandato, esos números colocan a la administración libertaria en una zona históricamente delicada para cualquier oficialismo argentino. 

La fractura de género

Uno de los datos más contundentes del informe aparece en la segmentación por género. Entre los hombres, Milei conserva una aprobación de 38,5%, con una desaprobación de 59,4%. Pero entre las mujeres el rechazo escala a 69,5%, mientras la aprobación cae a apenas 30,1%.

Casi siete de cada diez mujeres desaprueban la gestión y ocho de cada diez creen que hace falta un cambio de gobierno. Ese segmento aparece como el principal límite electoral del oficialismo hacia 2027. Sin recuperar terreno allí, La Libertad Avanza difícilmente pueda ampliar su techo político.

No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de uno cada vez más consolidado: el voto femenino se convirtió en el principal termómetro del desgaste presidencial.

La erosión no alcanza sólo a Milei, sino al conjunto del armado libertario. En el ranking de imagen de dirigentes nacionales, Patricia Bullrich aparece paradójicamente como la mejor posicionada dentro del universo oficialista, con 37,3% de imagen positiva y 55,5% negativa. El propio Javier Milei tiene 34,8% positiva y 60,6% negativa.

Más abajo aparecen Karina Milei, con 20,3% positiva y 66,3% negativa, y Manuel Adorni, quien exhibe uno de los peores registros del tablero: apenas 16,5% de imagen positiva frente a 72,1% negativa.

El dato de Adorni es particularmente relevante porque simboliza algo más profundo: el desgaste ya no es exclusivamente presidencial, sino también comunicacional. El vocero, que fue una de las piezas centrales del relato libertario, pasó de ser activo político a pasivo electoral.

La pregunta más política del estudio es directa: “¿Hace falta un cambio de gobierno en Argentina?

La respuesta es contundente: 71,2% dice que sí, apenas 21% está en desacuerdo y 7,8% no sabe.

Pero que exista una mayoría favorable a un cambio no significa que exista claridad sobre quién debería protagonizarlo.

La demanda de reemplazo es mucho más fuerte que la oferta de representación.

Entre mujeres, ese acuerdo sube a 76,9%; entre hombres, a 65,1%. La brecha vuelve a confirmar que el rechazo femenino es el principal problema político del oficialismo.

Incluso entre quienes votaron a Milei en el ballotage aparece una señal de alerta.

Ante la frase “Voté a Milei y me defraudó”, el 40,1% de sus propios votantes dice estar de acuerdo, mientras 49,7% está en desacuerdo .

Cuando cuatro de cada diez votantes propios reconocen decepción, el problema deja de ser opositor y pasa a ser identitario.

El peronismo lidera, pero sin hegemonía

En el escenario electoral presidencial 2027, el PJ/Fuerza Patria aparece primero con 28,4%, seguido por La Libertad Avanza con 22,1%. El PRO obtiene 5,4%, la izquierda 5,1%, la UCR 4,1%, el espacio de Victoria Villarruel 3,5% y las alianzas provinciales 3%. Sin embargo, el dato más alto después del peronismo es otro: 27,2% no sabe aún a quién votaría. Ese “no sabe” es hoy el verdadero territorio en disputa.

En un segundo escenario, con una alianza UCR-PRO-partidos provinciales consolidada, el PJ sube a 31,7%, La Libertad Avanza llega a 23,9%, esa coalición opositora marca 9,5% y el no sabe se mantiene altísimo en 30,5% .

En potencialidad de voto, Axel Kicillof aparece con el mejor desempeño: 44,1% dice que lo votaría, contra 43,8% que nunca lo haría. Sergio Massa registra 34,6% de intención favorable y Patricia Bullrich 32,4%.

Javier Milei, en cambio, exhibe un dato preocupante: sólo 31,4% dice que lo votaría nuevamente, mientras 57,2% asegura que no lo votaría .

La fotografía de mayo no muestra todavía un reemplazo político definido, pero sí una certeza social: una mayoría creciente ya no quiere continuidad.

La administración Milei enfrenta una doble dificultad: perdió aprobación y todavía no encuentra un nuevo relato que compense el deterioro económico, la caída del salario, el desgaste institucional y la frustración de parte de su propio electorado.

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Milei está entre los presidentes peor valorados de América Latina

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Javier Milei quedó ubicado entre los presidentes con peor imagen pública de América Latina en el ranking de abril de 2026 elaborado por CB Global Data. Según el informe, el mandatario argentino aparece en el puesto 14 sobre 18 países relevados, con apenas 36,2% de imagen positiva y 59,7% de negativa, lo que lo ubica dentro del bloque de los seis jefes de Estado peor valorados de la región.

El dato no es menor. En un mapa latinoamericano atravesado por liderazgos de distinto signo ideológico, Milei no sólo queda lejos del pelotón de punta, sino que además se instala en la zona baja de la tabla, por debajo de Bernardo Arévalo, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Santiago Peña, y apenas por encima de Daniel Noboa, José Raúl Mulino, Delcy Rodríguez y José María Balcázar. En otras palabras: el Presidente argentino no está simplemente “a mitad de tabla”, sino que forma parte del núcleo de mandatarios con peor evaluación ciudadana del continente.

La comparación regional es especialmente elocuente. Mientras Nayib Bukele encabeza el ranking con 70,1% de aprobación, seguido muy de cerca por Claudia Sheinbaum con 69,8%, Milei queda a más de 33 puntos del salvadoreño y a más de 30 puntos de la presidenta mexicana. Incluso si se toma como referencia el corte de los seis mejores presidentes del mes, el argentino aparece claramente desenganchado de ese grupo de liderazgo regional.

Ranking de Presidentes de América Latina

Posición de Javier Milei en el contexto regional (abril 2026)

Indicador Dato
Posición en ranking LATAM 14° de 18
Imagen positiva 36,2%
Imagen negativa 59,7%
Saldo de imagen -23,5 pts
Variación mensual -6,1 pts
Ubicación en el ranking Entre los 6 peores

Fuente: CB Global Data – Ranking de Presidentes de América Latina (abril 2026)

Pero el problema para la Casa Rosada no es sólo la posición relativa, sino también la trayectoria. El informe muestra que Milei venía de 42,3% de imagen positiva en marzo y cayó a 36,2% en abril, un retroceso de 6,1 puntos porcentuales en apenas un mes. Se trata de una baja fuerte, que lo empuja varios casilleros hacia la parte más comprometida del ranking y revela un deterioro acelerado de su capital político.

Ese movimiento mensual adquiere mayor dimensión cuando se observa la relación entre apoyos y rechazos. La imagen negativa de Milei, de 59,7%, no sólo supera con amplitud a la positiva: la desborda por 23,5 puntos. El dato expone un desequilibrio severo en la percepción pública. Ya no se trata de una figura polarizante con saldo competitivo, sino de un mandatario que, en esta medición, carga con una desaprobación claramente dominante.

La lámina específica de Argentina, además, permite ver cómo se compone esa evaluación. El segmento de “muy mala” imagen alcanza 46,3%, mientras que la calificación “muy buena” llega a 28,0%. Es decir, el núcleo duro de rechazo supera con claridad al núcleo duro de apoyo, una señal delicada para cualquier oficialismo y más aún para una administración que hizo de la confrontación y la épica antisistema su principal combustible político.

En clave de análisis político, el resultado sugiere que Milei enfrenta una paradoja cada vez más visible: conserva centralidad, pero pierde consenso; sigue dominando la conversación pública, pero con una valoración social que se erosiona. La intensidad del liderazgo no se traduce necesariamente en adhesión mayoritaria. Y en un escenario regional donde varios presidentes logran sostener niveles de aprobación por encima del 50%, el caso argentino aparece como uno de los más debilitados del momento. Esta última lectura es una inferencia analítica basada en los datos comparados del propio ranking.

El estudio fue realizado entre el 13 y el 18 de abril de 2026 en 18 países de América Latina, sobre una muestra total de 40.528 casos, con relevamientos nacionales de entre 2.001 y 2.701 encuestados por país, un margen de error promedio de entre +/-1,9% y 2,2%, y un nivel de confianza del 95%.

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Alarma en Casa Rosada: seis de cada diez rechazan la reelección de Milei

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El último relevamiento nacional de Zuban & Córdoba dejó una señal política incómoda para la Casa Rosada: hoy, la reelección de Javier Milei no aparece como un horizonte consolidado, sino como una hipótesis resistida por una clara mayoría. Apenas el 29,4% afirma que votaría por un nuevo mandato del Presidente, mientras que el 60,7% dice que no lo haría y un 9,9% todavía no lo sabe. La foto es más severa aún cuando se la traduce en clima de época: el 60,6% está en desacuerdo con la idea de que Milei deba gobernar un segundo período.

El oficialismo conserva un núcleo duro nítido, pero perdió capacidad de expansión y, sobre todo, enfrenta un desgaste que ya no se explica únicamente por la economía. En la base de apoyo todavía pesan la confianza en el liderazgo presidencial y el rechazo al peronismo, pero en el rechazo empiezan a mezclarse con más fuerza la mala gestión económica, las promesas incumplidas y los cuestionamientos por corrupción. Ese combo vuelve más frágil la arquitectura política con la que Milei llegó al poder.

La encuesta, realizada entre el 1 y el 3 de abril de 2026 sobre 2.200 casos de población general mayor de 16 años, con un margen de error de +/- 2,09% y 95% de confianza, ofrece una radiografía precisa del momento político nacional. Y la conclusión central es clara: el Gobierno mantiene volumen, pero perdió centralidad emocional positiva. Hoy domina más el límite que la expectativa.

Entre quienes sí volverían a votar a Milei, la razón principal no es una mejora material tangible, sino la confianza personal en su conducción. El 47% de ese universo responde que lo apoyaría porque confía en su liderazgo. Bastante más atrás aparecen el miedo o rechazo a la alternativa peronista, con 21,6%, y la valoración de que tiene las mejores políticas, con 20,2%. Apenas el 7,9% lo haría porque lo considera honesto y sólo el 2,6% por beneficios personales o familiares. El dato es relevante porque muestra que el sostén del oficialismo sigue siendo eminentemente subjetivo y político, mucho más vinculado a la figura presidencial que a resultados concretos o a una percepción extendida de integridad.

Entre quienes no lo votarían, la estructura del rechazo es bastante más dura y homogénea. El 47% atribuye su negativa a la mala gestión económica, el 24,7% a las promesas incumplidas y el 21,5% a los casos de corrupción. Apenas el 3,5% menciona su escaso liderazgo. En otras palabras, el problema del Gobierno no aparece en la encuesta como una crisis de autoridad, sino como una crisis de resultados y credibilidad. Esa diferencia no es menor: un presidente puede compensar déficit de carisma con eficacia, pero cuando se erosionan al mismo tiempo el bolsillo y la confianza, la capacidad de recomposición suele ser mucho más compleja.

Ese deterioro también se observa al revisar qué pasó con el apoyo original desde el ballotage de 2023. El 42,9% afirma que su apoyo sigue igual y el 19,9% dice que aumentó, pero el 24,7% sostiene que disminuyó y el 9,2% directamente dejó de apoyar por completo. Sumados, quienes redujeron o retiraron su respaldo llegan al 33,9%. Es un tercio del electorado que alguna vez lo acompañó y que hoy muestra signos de fatiga o decepción.

Cuando se profundiza sobre ese segmento que se alejó, la economía vuelve a ser el gran factor de desgaste. El 47,7% de quienes disminuyeron o quitaron su apoyo señala a la situación económica como causa principal. Luego aparecen las promesas incumplidas, con 18,9%; el aumento de la corrupción, con 12,7%; y el mal manejo de la crisis, con 9,1%. Es decir: aun entre antiguos votantes de Milei, el desencanto ya no se limita a la paciencia frente al ajuste. Empieza a incorporar componentes éticos y de gestión que perforan la narrativa original del cambio.

En cambio, entre quienes mantienen o ampliaron su apoyo, la razón dominante es la percepción de buena gestión en crisis, con 39,6%, seguida por la confianza en el liderazgo, con 29,2%, y la mejora en políticas públicas, con 14,8%. Otra vez, los datos muestran que el oficialismo retiene adhesión sobre todo en quienes todavía interpretan el presente como una etapa de transición difícil pero necesaria. Sin embargo, ese argumento parece no estar alcanzando para ampliar la base.

Hay otro dato que merece una lectura fina: el sistema político todavía no logra construir una alternativa convincente, pero la sociedad muestra ganas de buscarla. El 48,2% apoyaría una alianza entre varios partidos para derrotar a Milei. A su vez, el 46,4% votaría a un espacio de centro más moderado. 

Y todavía más expresivo: el 62,4% cree que Argentina necesita un candidato nuevo, no vinculado con ninguno de los partidos actuales. Esa cifra probablemente sea una de las más importantes del estudio porque revela que la insatisfacción no deriva automáticamente en una recuperación lineal de las fuerzas tradicionales. Hay malestar con Milei, pero también persistente desconfianza hacia el resto del sistema.

Ese punto ayuda a entender por qué el oficialismo aún no enfrenta una amenaza electoral plenamente ordenada. La encuesta marca que el 60,3% considera que la oposición a Milei está desorganizada. Incluso cuando casi la mitad apoyaría una coalición amplia para derrotarlo, la percepción dominante sigue siendo que del otro lado falta coordinación, estrategia y liderazgo. 

La debilidad del Gobierno convive, así, con la debilidad de sus rivales. Esa coexistencia es, acaso, el principal activo táctico de Milei de cara al mediano plazo.

También resulta sugestivo el dato sobre una eventual ampliación oficialista: ante la frase “Milei debería sumar al PRO, la UCR y varios partidos provinciales si quiere ser reelegido”, el 30,4% está de acuerdo, el 39,3% en desacuerdo y el 30,3% no sabe. No hay allí un mandato social claro a favor de una coalición tradicional encabezada por el Presidente. Más bien aparece una sociedad fragmentada, con muchas dudas sobre la mejor fórmula para la gobernabilidad futura.

Por eso, la novedad más importante del estudio no es sólo que Milei pierda volumen reeleccionista. Es que empieza a consolidarse una demanda de recambio que no encuentra todavía vehículo. El Gobierno conserva un piso, pero no logra construir techo. La oposición percibida como desorganizada impide que ese malestar se convierta rápidamente en alternativa. Y la demanda de un candidato nuevo, por fuera de los partidos actuales, confirma que la crisis de representación sigue abierta.

En términos políticos, la encuesta deja tres alertas rojas para la Casa Rosada. La primera: la reelección hoy es una posición minoritaria. La segunda: la economía sigue siendo el principal factor de erosión. La tercera: la corrupción ya dejó de ser ruido periférico y empezó a entrar en la estructura del rechazo. Cuando eso ocurre, el problema no es sólo de gestión; pasa a ser de legitimidad.

El mileísmo entró en una fase más exigente. Ya no le alcanza con resistir. Necesita volver a convencer. Milei sigue en el centro de la escena, pero 2027 dejó de parecer una autopista y empezó a verse como una curva peligrosa.

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