Privatizada por Milei, IMPSA busca reperfilar su deuda millonaria sin quita de capital
IMPSA inicia una reestructuración clave de su deuda millonaria tras la privatización. El fondo norteamericano IAF busca reperfilar pasivos por más de USD 180 millones sin quita de capital, como parte del proceso de transformación de la metalúrgica mendocina.
Reperfilar sin quita: el nuevo plan financiero de IMPSA bajo control privado
A seis meses de concretarse su privatización, la emblemática empresa metalúrgica IMPSA avanza con un ambicioso plan de reestructuración de su deuda financiera por más de USD 180 millones, ahora bajo control del fondo estadounidense Industrial Acquisitions Fund LLC (IAF). Se trata del primer proceso de privatización impulsado por la gestión de Javier Milei, que marcó un hito en el giro económico del gobierno hacia una mayor desregulación del Estado.
El nuevo esquema financiero, formalizado mediante la presentación de un Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) ante la Justicia de Mendoza, contempla un reperfilamiento ordenado de la deuda sin quitas de capital y con una extensión de plazos hasta 2044.
La nueva arquitectura financiera: sin quitas, con intereses capitalizables
Según lo informado por IMPSA a la Comisión Nacional de Valores (CNV), el entendimiento alcanzado con los principales acreedores contempla:
- Canje 1:1 de deuda elegible, mediante nuevos instrumentos denominados en dólares (bonos internacionales, ON privadas y públicas, préstamos bilaterales).
- Amortización en 9 cuotas anuales desde diciembre de 2036 hasta 2044.
- Intereses del 1,5% anual: capitalizables hasta 2027; mixtos entre efectivo y capital entre 2028 y 2032; y totalmente en efectivo desde 2033.
Este modelo busca ordenar el flujo financiero de la empresa sin deteriorar el valor nominal de los títulos existentes, garantizando así un trato igualitario (pari passu) entre todos los acreedores.
Un pasado con peso: la deuda y la estatización fallida
IMPSA, fundada hace más de un siglo por la familia Pescarmona, fue rescatada por el Estado en 2021 tras acumular una deuda cercana a los USD 550 millones, con riesgo de quiebra. La estatización distribuyó su capital entre el Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP), la provincia de Mendoza y acreedores financieros.
Sin embargo, la gestión pública no logró revertir la situación crítica de la empresa. En febrero de este año, el fondo IAF adquirió por USD 20 millones el paquete accionario estatal, comprometiéndose a capitalizarla con otros USD 27 millones y reestructurar sus pasivos.
Deuda con actores públicos y privados
Entre los principales acreedores se destacan:
- Organismos multilaterales: Banco Interamericano de Desarrollo (BID), CAF y Export Development Canada.
- Entidades financieras locales: Banco Nación, Bapro, BICE, Banco Hipotecario.
- Fondos de inversión y bonistas: Bradesco y Moneda Asset Management, entre otros.
El nuevo APE consolida compromisos asumidos en 2020, cuando IMPSA ya había ensayado una reestructuración con vencimientos desde 2025 a 2036, que luego fue reprogramada tras el cambio de control accionario.
“La intención es mantener el pari passu entre los acreedores y asegurar que la reestructuración devenga vinculante para todos”, señala la comunicación oficial presentada por IMPSA ante la CNV. El proceso permitirá a la empresa “mejorar su perfil financiero, optimizar el flujo de caja y consolidarse como proveedor industrial estratégico para América Latina”, remarcaron desde el directorio.
Un activo estratégico con potencial energético global
La apuesta del fondo IAF no se limita a sanear balances. El plan de transformación contempla potenciar la capacidad industrial y exportadora de IMPSA, cuya ingeniería en turbinas hidroeléctricas, componentes para reactores nucleares y equipamiento para petróleo y energía la posiciona como uno de los jugadores tecnológicos más relevantes de la región.
En palabras del nuevo management, la “normalización de los pasivos es esencial para explotar el potencial competitivo de IMPSA, generar empleo calificado y contribuir al desarrollo energético soberano”.
La evolución del proceso de reperfilamiento será clave para medir la efectividad del nuevo paradigma privatizador impulsado por la administración Milei. IMPSA es, hasta ahora, la única empresa pública transferida al sector privado, en un contexto en el que el gobierno busca ampliar ese esquema a otras compañías estatales.
El caso podría sentar precedente sobre el futuro de firmas como Aerolíneas Argentinas, Télam o el Correo Argentino, al demostrar —o no— que la participación privada puede revertir crisis estructurales sin afectar el interés estratégico nacional.
