La Administración de Parques Nacionales (APN) dispuso una prohibición estricta del uso del fuego en los parques Lanín, Nahuel Huapi, Los Arrayanes, Lago Puelo y Los Alerces hasta el 30 de abril de 2026. La medida, establecida mediante la Resolución 390/2025, responde al agravamiento de las condiciones meteorológicas en la Patagonia y parte de la región centro, donde se proyecta un nivel alto de riesgo ígneo para la temporada estival, según los informes técnicos incorporados al expediente.
La decisión se enmarca en un contexto de emergencias declaradas por las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, y refuerza el esquema nacional de prevención ante la escalada de incendios forestales.
Emergencias provinciales, riesgo ígneo extremo y revisión de normas vigentes
La resolución cita como antecedente inmediato el análisis técnico contenido en el documento IF-2025-132612063-APN-DLIFYE#APNAC, elaborado por la Dirección de Lucha contra Incendios Forestales y Emergencias, que advierte que “la región patagónica presenta un nivel alto de riesgo de incendios” para los próximos meses. En paralelo, las provincias atravesadas por los focos más críticos —Neuquén, Río Negro y Chubut— declararon la emergencia ígnea mediante los Decretos Provinciales 198/2025, 1.004/2025 y 1.392/2025, respectivamente.
Frente a ese escenario, la APN resolvió dejar sin efecto la Resolución 126/2025, que regulaba el uso del fuego bajo autorizaciones específicas. La nueva norma señala que dicha estructura “corresponde ser reemplazada a efectos de adoptar medidas preventivas de carácter urgente”.
El Directorio fundamentó esta revisión en la necesidad de “distinguir las situaciones de acuerdo con cada Área Protegida tomando como base la situación ígnea, la evolución del Índice de Peligro de Incendios y condiciones particulares del entorno”.
Asimismo, la APN reafirmó la vigencia del marco normativo establecido por la Resolución 210/2006 respecto del procedimiento obligatorio para quemas prescriptas.
Medidas adoptadas: prohibición total, excepciones limitadas y refuerzo de controles
Prohibición del uso del fuego en zonas críticas
El artículo 2 de la resolución establece: “Prohíbase el uso del fuego en los Parques Nacionales Lanín, Nahuel Huapi, Los Arrayanes, Lago Puelo y Los Alerces, a partir del dictado de la presente y hasta el 30 de abril de 2026”.
La única excepción aplica a instalaciones específicas para cocción de alimentos dentro de campamentos organizados administrados por prestadores turísticos habilitados.
En el caso del Parque Nacional Los Arrayanes, la APN aclara que, al no contar con Intendente propio, las instrucciones administrativas recaen en la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Regulación en el resto de las áreas protegidas
En todas las demás áreas de APN, cualquier solicitud de quema deberá contar con intervención favorable de la Dirección de Lucha contra Incendios Forestales y Emergencias, siguiendo lo establecido en la Resolución 210/2006.
Régimen sancionatorio y denuncias penales
La resolución refuerza el marco contravencional derivado de la Ley 22.351 y del Decreto 300/2022. El artículo 4 es explícito:
“Acreditada la responsabilidad en la producción de tales desastres, se aplicará la sanción máxima establecida por la normativa vigente, además de la denuncia penal pertinente.”
Se trata de un mensaje institucional fuerte frente a prácticas que derivan en incendios de origen antrópico, históricamente predominantes en la región.
Instrucciones operativas y comunicación a prestadores turísticos
El Directorio instruyó a las intendencias de los parques afectados y a la Dirección Regional Sur a “comunicar a los prestadores turísticos habilitados la situación meteorológica y a maximizar los controles correspondientes” (artículo 5). La estacionalidad del turismo en la Patagonia aumenta la necesidad de alertas preventivas dirigidas a concesionarios y visitantes.
Presión sobre el turismo, riesgos ambientales y coordinación federal
La decisión tendrá impacto en:
Actividad turística estival. La restricción afecta a algunos de los destinos más visitados del país durante el verano, donde el uso del fuego —particularmente en fogones y áreas de acampe— forma parte de la experiencia del visitante. La APN preserva la operatividad turística bajo concesionarios autorizados, pero eleva la carga de control y responsabilidad para los prestadores.
Operación de concesiones y permisos. Las concesiones dentro de parques deberán adecuar sus protocolos diarios, reforzar señalización y garantizar infraestructura segura para fogones habilitados.
Coordinación interjurisdiccional. La medida se integra con los decretos provinciales de emergencia ígnea y los procedimientos nacionales de prevención. Aumenta la presión sobre los sistemas de respuesta locales, especialmente en parques con estructuras descentralizadas.
Responsabilidad penal y administrativa. El refuerzo en sanciones y en la obligación de denunciar penalmente apunta a desincentivar la causal humana, principal origen de incendios en temporadas previas.
El Gobierno provincial relanzó la campaña “No Me Quemés”, una estrategia integral de prevención de incendios impulsada por el Ministerio de Ecología y el IMAS, que combina educación ambiental, monitoreo climático y acciones territoriales en zonas rurales y parques provinciales. La medida cobra relevancia frente al período crítico del verano, cuando aumenta el riesgo de focos ígneos.
Una estrategia preventiva para enfrentar la temporada de mayor riesgo
El Gobierno de Misiones presentó una nueva edición de la campaña “No Me Quemés”, un instrumento central de su política anual de prevención de incendios rurales y forestales. La iniciativa es impulsada por el Ministerio de Ecología en articulación con el Instituto Misionero de Agua y Saneamiento (IMAS), y apunta a reforzar la concientización social frente al uso indebido del fuego, especialmente durante los meses de verano, cuando las altas temperaturas y la baja humedad incrementan el riesgo de propagación.
La campaña integra educación ambiental, formación a municipios, actividades comunitarias y monitoreo climático, acompañada por acciones de sensibilización en espacios públicos y reservas naturales. Se trata de un enfoque preventivo que busca anticipar escenarios críticos y mejorar la capacidad de respuesta a nivel local.
El Ministerio de Ecología destacó que el mensaje “No Me Quemés” sintetiza el llamado de la flora, la fauna y las comunidades a asumir un rol activo en el resguardo del territorio. La preparación para el verano, señalaron, se desarrolla durante todo el año e incluye entrenamientos, adquisición de equipamiento, fortalecimiento de brigadas y mejoras en los sistemas de alerta temprana.
Tecnología, monitoreo climática y fortalecimiento operativo
La edición 2025 de la campaña se apoya en una experiencia previa consolidada. En 2024, el programa había sido presentado en Apóstoles, junto con la inauguración de una estación meteorológica integrada a la Red Hidrológica Nacional, herramienta clave para monitorear variables como humedad, temperatura y velocidad del viento, fundamentales para anticipar riesgos.
El relanzamiento de este año profundiza esa línea de trabajo y amplía el despliegue tecnológico, con estaciones meteorológicas distribuidas en municipios estratégicos para mejorar la gestión del recurso hídrico y el análisis de condiciones climáticas críticas.
Además, la provincia sostiene una estructura operativa consolidada para la prevención y combate del fuego, integrada por: Brigadistas provinciales y nacionales. Autobombas y equipos de ataque rápido. Medios aéreos y helicópteros de apoyo. Guardaparques y bomberos voluntarios. Fuerzas de seguridad provinciales y nacionales. Imágenes satelitales para identificación de zonas críticas
La articulación interinstitucional es uno de los pilares del esquema. El trabajo en territorio incluye capacitaciones, jornadas educativas y distribución de materiales informativos, especialmente en parques provinciales con alta afluencia turística, donde aumenta la probabilidad de incendios accidentales.
Una agenda ambiental con impacto social y territorial
La estrategia provincial combina prevención, innovación y participación comunitaria. Desde el Gobierno señalaron que la sostenibilidad del modelo depende del compromiso compartido entre organismos públicos y ciudadanía. La meta es consolidar una cultura de cuidado ambiental. Proteger los ecosistemas nativos y asegurar la integridad de las comunidades rurales y urbanas frente al avance del fuego.
Iniciativas como “No Me Quemés” vuelven a posicionar a Misiones como una provincia que sostiene políticas públicas ambientales de largo plazo. Integrando tecnología, trabajo territorial y educación para enfrentar uno de los desafíos más recurrentes de la región: la vulnerabilidad a los incendios forestales.
Crisis climática y fronteras: el LIF celebra su décimo aniversario con un ciclo de conferencias internacionales.
El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) del CONICET-UNaM lanza una propuesta para repensar los territorios y las geografías del cambio climático con la participación de destacados especialistas de Argentina y Canadá.
Un espacio de reflexión interdisciplinaria sobre los territorios en crisis
En el marco de su décimo aniversario, el Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF), perteneciente al Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH, CONICET-UNaM), organiza un nuevo encuentro dentro del Ciclo de Conferencias sobre Fronteras, que busca abrir el debate sobre los límites, las tensiones y las transformaciones espaciales en un mundo atravesado por el cambio climático.
La conferencia titulada “Los lugares, territorios y terrenos de un mundo en llamas. Una tríada espacial para la crisis climática” se realizará el martes 4 de noviembre a las 17 horas (Argentina) en modalidad virtual, y será transmitida en vivo a través del canal de YouTube @iesyh.conicetunam.
El evento contará con la disertación del Dr. Gastón Gordillo, investigador de la Universidad de British Columbia (Canadá), reconocido por sus estudios sobre geografía crítica, territorialidad y espacialidad en contextos de conflicto y transformación ambiental.
La conferencia será comentada por Facundo Rojas, investigador del IANIGLA (CONICET-Universidad Nacional de Cuyo), y moderada por Tania Porcaro, integrante del Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires (GEFRE).
Una tríada espacial para entender el cambio climático
El encuentro propone repensar las dimensiones espaciales de la crisis climática a partir de tres conceptos centrales —lugar, territorio y terreno—, en el marco de un mundo marcado por los incendios forestales, el extractivismo y la degradación ambiental.
“Reflexionaremos sobre cómo los incendios y los desastres ecológicos reconfiguran las nociones tradicionales de espacio, y cómo el territorio se convierte en un campo de disputa política, económica y simbólica”, señalaron desde la organización del LIF.
La propuesta busca tender puentes entre la geografía crítica, la antropología, la ecología política y los estudios ambientales, promoviendo un diálogo entre investigadores del norte y del sur global sobre las fronteras como espacios dinámicos de conflicto y resistencia.
Este ciclo se inscribe en una línea de trabajo consolidada por el LIF en la última década. Orientada al análisis de las fronteras geográficas, sociales, culturales y epistemológicas desde una mirada interdisciplinaria.
Una década de investigación sobre fronteras y territorialidades
El Laboratorio de Investigación sobre Fronteras (LIF) celebra en 2025 diez años de trayectoria como espacio de referencia en el estudio de las dinámicas de frontera en América del Sur. Integrado al IESyH (CONICET-UNaM), el laboratorio ha impulsado investigaciones sobre movilidad, soberanía, extractivismo, migraciones, pueblos originarios y conflictos ambientales en zonas de frontera.
El ciclo de conferencias, que se desarrolla a lo largo de todo el año, tiene como propósito fortalecer la red académica regional e internacional. Y consolidar un enfoque crítico sobre las transformaciones territoriales contemporáneas.
“El LIF reafirma su compromiso con la producción de conocimiento situado, interdisciplinario y con perspectiva latinoamericana”, destacaron desde la organización.
Misiones refuerza el monitoreo ambiental, Ecología suma vuelos mensuales sobre áreas protegidas para anticipar riesgos
El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones ejecutó este jueves un vuelo de monitoreo sobre áreas naturales protegidas, con el fin de evaluar su estado de conservación y fortalecer la prevención de incendios en zonas de difícil acceso. La provincia incorporó así vuelos mensuales de reconocimiento ambiental, una herramienta estratégica para anticipar riesgos, optimizar la gestión territorial y mejorar la capacidad de respuesta institucional frente a amenazas ambientales.
Monitoreo aéreo en Misiones: un refuerzo operativo clave para la prevención de incendios
La recorrida se realizó en helicóptero y permitió observar sectores críticos del territorio provincial, caracterizados por su baja accesibilidad terrestre. Durante el operativo se registraron movimientos de fauna, se identificaron patrones de alteración en el ambiente y se relevaron variables esenciales para el diseño de acciones preventivas, especialmente vinculadas al riesgo de incendios forestales, un tema crítico en períodos de sequía.
El vuelo contó con la participación conjunta de equipos técnicos e institucionales. Subsecretaría de Ecología y Desarrollo Sustentable, representada por Facundo Ringa. Dirección de Control Forestal, encabezada por el Ing. Mateo Sosa. Cuerpo de Guardaparques, dirigido por Jorge Bondar. Dirección de Ambiente y Delitos Rurales de la Policía de Misiones, bajo la conducción de Maximiliano Jaques. Brigadistas especializados en manejo del fuego.
La tarea aérea se realizó con la colaboración operativa del equipo de Aeronáutica de Misiones, lo que reafirma el enfoque interinstitucional adoptado por la provincia.
Contexto: por qué Misiones intensifica la vigilancia en áreas naturales protegidas
Misiones concentra la mayor proporción de biodiversidad del país y cuenta con un sistema provincial de áreas protegidas que exige monitoreo permanente. En ese marco, los vuelos mensuales constituyen una herramienta crítica porque permiten detectar cambios ambientales tempranos. Además, facilitan la localización de focos de riesgo. Complementan la vigilancia terrestre en zonas remotas. Y mejoran la capacidad de reacción ante eventos extremos, especialmente incendios.
El Ministerio de Ecología destacó que esta estrategia forma parte de un esquema ampliado de prevención, cuyo propósito es “fortalecer la protección del patrimonio natural misionero mediante la articulación entre distintos actores del Estado”.
Además, el uso de aeronaves mejora la eficiencia del monitoreo al reducir tiempos de relevamiento y brindar una visión integral del territorio, lo que resulta clave para una provincia cuyo ecosistema enfrenta presiones tanto climáticas como antrópicas.
Impacto institucional y proyecciones: qué sectores pueden verse afectados
La implementación sostenida de vuelos mensuales generará impactos en varios frentes:
Gestión ambiental: permitirá planificar intervenciones tempranas, definir prioridades de conservación y ajustar operativos en campo.
Seguridad y control: fortalecerá la capacidad de la Policía de Misiones y de los guardaparques para detectar delitos ambientales y actividades de riesgo.
Prevención de incendios: brindará información en tiempo real para coordinar brigadas y anticipar escenarios críticos.
Economía regional: proteger los bosques nativos y su biodiversidad contribuye a sostener actividades asociadas al turismo, la producción forestal y los servicios ecosistémicos.
En términos políticos e institucionales, el refuerzo del monitoreo aéreo consolida un enfoque de gestión activa del territorio, señalando que la provincia coloca la prevención como eje central de sus políticas ambientales.
Los datos más recientes confirman lo que se temía desde hace tiempo: los incendios forestales son cada vez más generalizados y destructivos en todo el mundo. Utilizando datos de investigadores de la Universidad de Maryland, recientemente actualizados para cubrir los años 2001-2024, calculamos que los incendios forestales queman ahora más del doble de la cubierta arbórea cada año en comparación con hace dos décadas.
Este aumento en la actividad de los incendios ha sido visible en los últimos años. Las llamas que baten récords se están volviendo la norma, con cuatro de los cinco peores años para los incendios forestales a nivel mundial ocurriendo desde 2020.
El 2024 fue el año más extremo para los incendios forestales registrado, con al menos 13.5 millones de hectáreas de bosque quemadas, un área aproximadamente del tamaño de Grecia. Esto superó el récord anterior de 11.9 millones de hectáreas, establecido en 2023, en un 13%. Y algunas estimaciones sugieren que el verdadero costo de los incendios de 2024 podría haber sido aún mayor.
El año pasado fue la primera vez que grandes incendios se desataron tanto en bosques tropicales como boreales. Brasil, Bolivia, Rusia y Canadá experimentaron algunas de sus peores temporadas de incendios desde que se inició el monitoreo por satélite en 2001. Los incendios extremos en Sudamérica fueron particularmente severos en 2024, representando aproximadamente una cuarta parte de toda la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios a nivel mundial.
Estos incendios no solo están afectando los bosques del mundo. Han destruido hogares e infraestructura, contaminado el agua potable y causado miles de millones de dólares en daños a la propiedad. Se estima que el peligroso humo de los incendios forestales causa más de 1.5 millones de muertes cada año. A medida que los incendios empeoran, también lo hacen sus impactos, lo que subraya la urgencia de controlarlos.
Los Incendios se Convierten en un Principal Motor de la Pérdida Forestal
A medida que los incendios empeoran, incluso en áreas históricamente de bajo riesgo como los trópicos, se están convirtiendo en un motor cada vez más prevalente de la pérdida forestal a nivel mundial. Los incendios representaron casi la mitad (44%) de toda la pérdida de cubierta arbórea por año entre 2023 y 2024. Esto marca un fuerte aumento en comparación con el período 2001-2022, cuando los incendios representaban en promedio alrededor de una cuarta parte de la pérdida anual de cubierta arbórea. Sumado a otros motores persistentes, como la agricultura y la tala, esta es una de las razones por las que la pérdida forestal se ha mantenido obstinadamente alta, a pesar de las promesas de los países de combatirla.
A continuación, analizamos qué hay detrás de estas preocupantes tendencias y examinamos algunos de los lugares más afectados por el aumento de los incendios forestales.
El Cambio Climático Está Empeorando los Incendios
El cambio climático es uno de los principales impulsores del aumento de la actividad de los incendios. Las olas de calor extremas son hoy 5 veces más probables que hace 150 años y se espera que se vuelvan aún más frecuentes a medida que el planeta continúa calentándose. Las temperaturas más altas secan el paisaje y ayudan a crear el entorno perfecto para incendios forestales más grandes y frecuentes.
Cuando los bosques se queman, liberan carbono que se almacena en los troncos, ramas y hojas de los árboles, así como carbono almacenado bajo tierra en el suelo. A medida que los incendios forestales se vuelven más grandes y ocurren con más frecuencia, emiten más carbono, lo que exacerba aún más el cambio climático y contribuye a más incendios como parte de un “bucle de retroalimentación de incendio-clima”.
Este bucle de retroalimentación, combinado con la expansión de las actividades humanas en las áreas forestales, está impulsando gran parte del aumento en la actividad de incendios que vemos hoy. A medida que los incendios forestales alimentados por el clima quemen áreas más grandes, afectarán a más personas e impactarán la economía global.
El Aumento de las Temperaturas Está Alimentando Incendios en los Bosques Boreales
Más del 60% de toda la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios entre 2001 y 2024 ocurrió en regiones boreales. Aunque el fuego es una parte natural de cómo funcionan ecológicamente los bosques boreales, la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios en estas áreas ha aumentado rápidamente, incrementándose en aproximadamente 160,100 hectáreas por año en los últimos 24 años.
El cambio climático es la razón principal de esto. Las regiones de alta latitud del norte se están calentando a un ritmo más rápido que el resto del planeta, lo que contribuye a temporadas de incendios más largas, mayor frecuencia y severidad de los incendios, y áreas quemadas más grandes en los bosques boreales.
Rusia, por ejemplo, tuvo sus tres peores temporadas de incendios registradas entre 2020 y 2024. El 2021 fue el más severo, con al menos 5.4 millones de hectáreas de bosque quemadas. Esto se debió en parte a olas de calor prolongadas que habrían sido prácticamente imposibles sin el cambio climático inducido por el ser humano.
En Canadá, los incendios forestales que batieron récords quemaron casi 7.8 millones de hectáreas de bosque en 2023; aproximadamente 6 veces el promedio anual del país para 2001-2022. Las llamas fueron en gran parte alimentadas por temperaturas más cálidas de lo normal y condiciones de sequía, con algunas partes del país experimentando temperaturas hasta 10 grados C (18 grados F) por encima de lo normal. La tendencia continuó en 2024, con más de 4 millones de hectáreas de bosque quemadas. Y la temporada de incendios de Canadá de 2025 tuvo su segundo peor comienzo hasta julio, según los datos de alerta de incendios que se remontan a 2001.
Esta tendencia es preocupante por varias razones. Los bosques boreales almacenan entre el 30% y el 40% de todo el carbono terrestre, lo que los convierte en estabilizadores climáticos críticos. La mayor parte de este carbono se almacena bajo tierra, incluso en el permafrost, y ha estado históricamente protegido de los incendios poco frecuentes y más suaves que ocurren de forma natural. Pero los cambios en el clima y la actividad de los incendios están derritiendo el permafrost y haciendo que el carbono del suelo sea más vulnerable a la quema.
Además, los incendios severos pueden alterar drásticamente la estructura de los bosques boreales, eliminando eficazmente especies de coníferas como el abeto negro, que normalmente dominan el paisaje, y permitiendo que los árboles de hoja caduca tomen su lugar. Tales cambios podrían tener amplios impactos en la biodiversidad, la dinámica del suelo, el comportamiento del fuego, el secuestro de carbono y las tradiciones culturales. En algunos casos extremos, los árboles podrían no volver a crecer en absoluto.
Estas dinámicas forestales cambiantes podrían eventualmente convertir los bosques boreales de un sumidero de carbono (un área que absorbe más carbono del que emite) en una fuente de emisiones de carbono. De hecho, investigaciones recientes muestran que los bosques boreales ya están perdiendo su capacidad para almacenar carbono.
La Agricultura y la Degradación Forestal Avivan los Incendios en los Trópicos
A diferencia de los bosques boreales, los incendios que reemplazan la cubierta arbórea no son una parte habitual del ciclo ecológico en muchos bosques tropicales. Sin embargo, los incendios también están aumentando allí. En los últimos 24 años, la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios en los trópicos aumentó a un ritmo de aproximadamente 47,200 hectáreas por año, alcanzando un pico en 2024 con más de 4 millones de hectáreas perdidas, más que los tres años anteriores combinados.
Incluso las selvas tropicales del mundo, históricamente protegidas del fuego por las fuertes lluvias, ahora se están quemando a tasas alarmantes. En 2024, los incendios fueron responsables de casi la mitad (48%) de toda la pérdida de cubierta arbórea en los bosques primarios tropicales como la Amazonía y la cuenca del Congo, que son críticos para almacenar carbono, proteger la biodiversidad y regular los climas locales. Fue el primer año en que los incendios superaron a la agricultura como la principal causa de pérdida forestal en estas regiones.
El Niño y los Incendios Forestales Tropicales
Además del clima y los cambios en el uso de la tierra, el riesgo de incendios forestales en los trópicos se ve aún más alimentado por los eventos de El Niño. Estos ciclos climáticos naturales se repiten cada 2-7 años, causando altas temperaturas y lluvias por debajo del promedio en partes del mundo. El Niño influyó fuertemente en las temporadas de incendios de 2016 y 2024; dos de las más severas desde 2001. En ambos años, más de una cuarta parte de toda la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios ocurrió en los bosques tropicales, aproximadamente el doble de la proporción promedio vista en años sin El Niño.
Casi todos los incendios que ocurren en los trópicos son provocados por personas, en lugar de por causas naturales como los rayos. Los incendios controlados se usan comúnmente en la región para despejar tierras para nuevos pastos o agricultura. Pero estos incendios pueden escapar y escalar, con condiciones más cálidas y secas que alimentan su propagación. La deforestación y la degradación forestal asociadas con la expansión agrícola también hacen que los bosques en estas regiones sean más vulnerables a los incendios al contribuir al aumento de las temperaturas y la vegetación seca.
En Bolivia, por ejemplo, la expansión agrícola y las sequías han llevado a un aumento significativo en la actividad de los incendios en las últimas dos décadas. Los incendios quemaron más de un millón de hectáreas de bosque en el país en 2024, un aumento de casi el 114% sobre el récord anterior establecido en 2019. Perú y Brasil también experimentaron sus peores y segundas peores temporadas de incendios, respectivamente, en 2024, con la mayor parte de la pérdida ocurriendo en bosques primarios.
De manera similar a los bosques boreales, el aumento de la actividad de los incendios en los trópicos está causando mayores emisiones de carbono. Estudios previos encontraron que en algunos años, los incendios forestales representaron más de la mitad de todas las emisiones de carbono en la Amazonía brasileña. Esto sugiere que la cuenca del Amazonas puede estar cerca o ya en un punto de inflexión para convertirse en una fuente neta de carbono.
Las Olas de Calor y el Desarrollo Aumentan el Riesgo de Incendios en Bosques Templados y Subtropicales
Históricamente, los bosques templados y subtropicales se han quemado menos que los bosques boreales o tropicales. Los incendios en los bosques subtropicales, como el sureste de Estados Unidos, el este de Australia y muchas partes del Mediterráneo, se han mantenido relativamente estables en los últimos 24 años. Pero los incendios en los bosques templados, incluidos los del este de Estados Unidos, Europa occidental y partes del este de Asia, están aumentando en aproximadamente 23,300 hectáreas por año.
Las áreas templadas y subtropicales tienden a contener una mayor proporción de bosques gestionados, que pueden albergar menos especies y almacenar menos carbono que los naturales. Sin embargo, los incendios en estas regiones aún representan riesgos significativos para las personas y la naturaleza.
El cambio climático es el principal motor detrás del aumento de la actividad de los incendios en los bosques templados. Por ejemplo, las olas de calor y las sequías de verano desempeñan un papel dominante en el impulso de la actividad de incendios en la cuenca mediterránea. En 2022, el calor y la sequía que batieron récords en España resultaron en más de 70,000 hectáreas de bosque quemadas, la mayor cantidad desde 2001.
Los cambios en el uso de la tierra y los patrones de población cambiantes agravan los impactos del cambio climático. En Grecia, una combinación de olas de calor, sequía y grandes plantaciones de especies no nativas altamente inflamables, como el eucalipto, crearon las condiciones ideales para incendios forestales extremos en 2021 y 2023. En Europa en general, el abandono de tierras agrícolas en los últimos años ha sido seguido por un crecimiento excesivo de la vegetación que ha aumentado el riesgo de incendios.
En los Estados Unidos, las tierras naturales se están convirtiendo rápidamente en “interfaces urbano-silvestres”: lugares donde los hogares y otras estructuras se mezclan con árboles y vegetación. Esto aumenta el riesgo de igniciones de incendios, daños y pérdida de vidas. En 2022, los incendios forestales en los EE. UU. quemaron casi 1 millón de hectáreas de bosque y causaron aproximadamente $3.3 mil millones en daños. Uno de los incendios más grandes de ese año, el Mosquito Fire de California, quemó miles de hectáreas de bosque en y cerca de áreas clasificadas como interfaces urbano-silvestres.
A medida que las actividades humanas continúan calentando el planeta y remodelando el paisaje, es probable que desastres mortales y de miles de millones de dólares como estos se vuelvan más comunes. Los incendios destructivos que arrasaron Los Ángeles a principios de 2025, entre los más mortíferos y dañinos en la historia de California, destacan la creciente amenaza de los incendios forestales en las comunidades vulnerables al borde del bosque.
¿Cómo Reducimos los Incendios Forestales?
Las causas del aumento de los incendios forestales son complejas y varían según la geografía. Se ha escrito mucho sobre cómo gestionar los incendios forestales y mitigar el riesgo de incendios, pero no existe una solución milagrosa.
El cambio climático juega un papel importante en el impulso de incendios más frecuentes e intensos. Como tal, no hay solución para devolver la actividad de los incendios a los niveles históricos sin reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y romper el bucle de retroalimentación de incendio-clima. Mitigar los peores impactos del cambio climático todavía es posible, pero requerirá transformaciones rápidas y significativas en todos los sistemas.
Además del cambio climático, la actividad humana en y alrededor de los bosques los hace más susceptibles a los incendios forestales y es un motor clave de la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios en los trópicos y en otros lugares. Mejorar la resiliencia forestal poniendo fin a la deforestación y la degradación forestal es clave para prevenir futuros incendios. También lo es limitar las quemas cercanas que pueden escapar fácilmente a los bosques, particularmente durante períodos de sequía. La incorporación de la mitigación del riesgo de incendios forestales en las estrategias de manejo forestal en las regiones propensas a incendios ayudaría a proteger el carbono forestal y, al mismo tiempo, crear empleos y apoyar a las comunidades rurales.
Si bien los datos por sí solos no pueden resolver este problema, los datos recientes sobre la pérdida de cubierta arbórea relacionada con incendios en Global Forest Watch, junto con otros datos de monitoreo de incendios, pueden ayudarnos a rastrear la actividad de los incendios tanto a largo plazo como en tiempo casi real para identificar tendencias y desarrollar respuestas específicas.
Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en 2022. Fue actualizado por última vez en julio de 2025 para reflejar los datos más recientes sobre los incendios forestales a nivel mundial.