Industria Argentina

PyMEs industriales en retroceso: la producción cayó 11% y el empleo 4,5% en el segundo trimestre

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La recuperación de la industria PyME argentina sigue sin aparecer. El segundo trimestre de 2026 cerró con nuevas caídas de producción y empleo, mientras que los dos indicadores que permiten mirar algunos meses hacia adelante —actividad y confianza empresarial— continúan enviando señales de cautela.

La Encuesta Coyuntural de la Fundación Observatorio PyME, realizada sobre unas 400 empresas manufactureras de todo el país, registró entre abril y junio una contracción interanual de la producción del 11% y una reducción del empleo del 4,5%. El deterioro, además, no fue homogéneo: golpeó con mayor intensidad a las empresas pequeñas que a las medianas.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo que esperan los propios industriales. El PMI-PyME, índice anticipatorio del ciclo de actividad, cerró el trimestre en 44,3 puntos sobre 100. Aunque recuperó 10,3 puntos respecto del muy débil primer trimestre, todavía quedó 0,7 puntos por debajo del nivel de un año atrás y, fundamentalmente, permaneció lejos del umbral de 50 que marca el ingreso a una fase expansiva.

Es decir: hubo rebote respecto del piso de comienzos de año, pero todavía no recuperación.

Los cinco motores del PMI siguen en rojo

El detalle del indicador ofrece una fotografía todavía más elocuente. Ninguno de los cinco componentes que integran el PMI logró superar los 50 puntos durante el segundo trimestre.

La señal más delicada proviene del stock de materias primas e insumos, que quedó en apenas 39,4 puntos. Este indicador refleja las decisiones anticipadas de compra: cuando las empresas reducen inventarios, generalmente están preparando una menor actividad futura.

La cartera de pedidos, el componente con mayor peso dentro del índice porque funciona como una señal temprana de la demanda que deberán atender las fábricas, alcanzó 42,6 puntos. De las empresas consultadas, 41,1% indicó que sus pedidos disminuyeron respecto del trimestre anterior, contra apenas 26,4% que informó un aumento.

La producción marcó 45,4 puntos y el empleo, 44,7. En este último caso hay un elemento relevante: a diferencia de otros componentes del PMI, no surge de una percepción empresarial sino de la evolución concreta de las dotaciones. El 23,8% de las firmas redujo personal respecto del trimestre previo, frente a sólo 13,1% que aumentó su plantilla.

El componente más cercano a la neutralidad fue el tiempo de entrega de proveedores, con 48,9 puntos, aunque también permaneció en terreno contractivo. El cuadro de la página 2 del informe del Observatorio PyME muestra así una particularidad contundente: pedidos, producción, empleo, entregas y stocks están simultáneamente debajo de 50.

PMI-PyME | II trimestre 2026

IndicadorPuntosSeñal
PMI general44,3Contracción
Cartera de pedidos42,6Contracción
Producción45,4Contracción
Empleo44,7Contracción
Tiempo de entrega48,9Contracción
Stock de insumos39,4Contracción
Umbral de expansión50,0

El PMI tiene precisamente valor predictivo porque sintetiza variables —pedidos, producción, empleo, entregas y stocks— que suelen reaccionar antes de que los cambios aparezcan plenamente reflejados en las estadísticas tradicionales de actividad.

La confianza mejora, pero sigue dominando el pesimismo

La otra señal de alerta surge del Índice de Confianza Empresaria PyME (ICE-PyME). En el segundo trimestre se ubicó en 43 puntos, con una recuperación de 2,7 puntos frente al trimestre anterior pero una caída de 4,5 puntos respecto del mismo período de 2025.

Es el cuarto trimestre consecutivo por debajo de los 50 puntos, nivel a partir del cual predominan las percepciones optimistas entre los empresarios industriales.

Aquí, sin embargo, aparece una grieta interesante entre presente y futuro.

Las condiciones actuales recibieron apenas 32,2 puntos, pese a mejorar dos puntos respecto del trimestre anterior. En la comparación interanual, están 6,8 puntos por debajo del segundo trimestre de 2025.

Las expectativas, en cambio, alcanzaron 52,1 puntos, recuperaron 3,8 puntos trimestrales y consiguieron atravesar nuevamente la frontera del optimismo.

La diferencia entre ambos indicadores alcanza prácticamente 20 puntos.

En otras palabras, los empresarios PyME describen un presente muy deteriorado, pero todavía conservan expectativas de que la situación mejore durante el próximo año.

La paradoja: esperan una mejora, pero no invierten

El dato probablemente más revelador del relevamiento aparece cuando se pregunta si éste es un buen momento para invertir en maquinaria y equipos.

La respuesta arroja apenas 34,6 puntos, una caída de 1,7 puntos respecto del trimestre anterior y de 5,7 puntos en comparación con un año atrás. Fue, de hecho, el único componente del ICE que empeoró durante el segundo trimestre.

La aparente contradicción es significativa. Las expectativas generales volvieron a terreno positivo y las expectativas de rentabilidad alcanzaron 52,5 puntos, pero esa mejora todavía no consigue transformarse en decisiones concretas de inversión productiva.

También persiste una diferencia importante según qué evalúe el empresario. El índice referido a la situación de la propia empresa alcanzó 47,5 puntos; la percepción sobre el país, 42; y la correspondiente al sector industrial en el que opera, apenas 39,3 puntos. Los tres permanecen debajo del nivel neutral y todos están peor que hace un año.

Rebote no es recuperación

La lectura conjunta de los indicadores dibuja una industria PyME que atravesó un segundo trimestre todavía contractivo, aunque algo menos pesimista que el comienzo del año.

El PMI recuperó más de diez puntos trimestrales, pero el propio Observatorio PyME advierte que parte de esa mejora responde al patrón estacional habitual del segundo trimestre: entre 2023 y 2025, el rebote promedio entre el primero y segundo trimestre había sido de 7,7 puntos. Aun después de la recuperación reciente, el indicador quedó en 44,3 y por debajo del nivel registrado doce meses atrás.

Algo similar ocurre con la confianza. El empresario empieza a imaginar un escenario futuro algo mejor, pero todavía observa condiciones actuales muy débiles y posterga inversiones.

Esa combinación —producción en baja, menor ocupación, pedidos débiles, reducción de stocks y escasa predisposición a invertir— muestra que la industria PyME continúa atravesando una fase defensiva. Antes que ampliar capacidad o incorporar trabajadores, buena parte de las empresas parece concentrada en adecuar estructuras y capital de trabajo a un nivel de demanda todavía insuficiente.

Y allí reside probablemente la principal señal hacia los próximos meses: las expectativas comenzaron a recuperarse antes que la economía real de las fábricas. Para hablar de un cambio de ciclo, esa mejora deberá finalmente traducirse en más pedidos, producción, inversión y empleo.

El relevamiento de la Fundación Observatorio PyME comprende un panel representativo de alrededor de 400 PyMEs manufactureras de entre 10 y 249 ocupados, relevadas mediante muestreo probabilístico estratificado en todo el país.

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Martín Cabrales: “El empresario está para crear riqueza, es la única forma de combatir la pobreza”

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Hay una paradoja que define bastante bien el negocio de Cabrales y, de alguna manera, también explica buena parte de la gimnasia que desarrolló el empresariado argentino durante décadas: la compañía compra en dólares una materia prima que el país prácticamente no produce, la industrializa, le agrega valor y después la vende mayoritariamente en pesos.

Es, como lo define Martín Cabrales, presidente de la empresa y tercera generación de la familia, casi “el proceso inverso de la economía argentina”.

Cabrales fue entrevistado en Construyendo Negocios, el podcast conducido por Mariano Sirena, donde desplegó una conversación que comenzó con el café, pero rápidamente avanzó hacia una discusión mucho más amplia: qué Argentina imagina el empresariado, qué está haciendo bien el gobierno de Javier Milei, qué reformas todavía faltan y por qué considera indispensable reconstruir la cultura del trabajo.

También habló de educación, mérito, informalidad laboral y del papel que deberían asumir los empresarios en una economía con elevados niveles de pobreza. Y reveló dos proyectos que condensan buena parte de esa mirada: el trabajo que realiza junto con la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, para formar baristas y generar oportunidades laborales para jóvenes, y la apuesta de Cabrales para desarrollar café producido en la Argentina.

El café verde llega desde Brasil, Colombia, Perú y otros grandes países productores. Su precio se referencia internacionalmente, mientras que del otro lado del mostrador aparecen el peso, el consumo doméstico, los costos argentinos y una historia económica atravesada por saltos cambiarios, inflación y crisis recurrentes.

Cabrales lleva 85 años navegando esas aguas.

Y Martín Cabrales habla desde esa perspectiva: la de un empresario que administra el presente, pero está obligado a pensar en décadas.

Un commodity en dólares, una taza que se vende en pesos

-Si tuviera que explicarle el negocio del café a alguien que no lo conoce, ¿cómo lo definiría?

-Argentina es un exportador natural de commodities. El negocio del café es la inversa: importamos un commodity, lo descomoditizamos, le ponemos valor agregado y lo comercializamos internamente y, si podemos, exportamos.

La definición resume el primer gran desafío financiero de la actividad. Cabrales paga la materia prima en dólares y cobra a sus clientes en pesos.

En cualquier economía ese descalce obliga a administrar cuidadosamente compras, inventarios y precios. En la Argentina, durante décadas de volatilidad cambiaria, se convirtió casi en una especialidad.

“Tenemos 85 años en el mercado. Hemos vivido todo tipo de situaciones y etapas”, dice.

La empresa construyó sobre esa experiencia un negocio que ya no consiste simplemente en comprar café verde, tostarlo y ponerlo en una góndola. Cabrales habla de trazabilidad “del cafetal a la taza”, certificaciones, tecnología, capacitación, distribución, servicio técnico, máquinas instaladas en gastronomía y una marca que necesita ser alimentada permanentemente.

“Nunca terminás de construir una marca”, resume.

La inflación baja, pero todavía queda el “costo argentino”

La conversación con Sirena inevitablemente deriva hacia la economía.

Para Cabrales, uno de los cambios centrales del escenario actual es la desaceleración inflacionaria. Menos inflación, sostiene, no solamente estabiliza precios: modifica la administración cotidiana de las compañías y obliga a recuperar una disciplina que durante años quedó distorsionada por la nominalidad.

Con precios que dejan de correr permanentemente, el margen vuelve a depender mucho más de la eficiencia.

“Hoy el costo y el margen tenés que cuidarlos permanentemente desde la compra hasta la venta y, sobre todo, hasta la cobranza. El negocio no termina en la venta, termina en la cobranza”, explica.

-¿Qué hizo bien este Gobierno?

-Una de las cosas que hizo bien fue bajar la inflación. Hay que seguir bajándola. El Gobierno no está conforme y uno tampoco con una inflación del 2%; obviamente quiere tenerla en cero. Pero te sacó un peso importante porque la inflación te come el poder adquisitivo.

La contracara sigue siendo una estructura de costos que considera pesada. Cabrales habla de una “mochila tributaria terrible”, financiamiento todavía caro y elevados costos logísticos.

Su ejemplo es deliberadamente gráfico: en determinadas situaciones puede resultar más caro enviar un camión dentro de la Argentina que despachar un contenedor hacia Europa.

Por eso considera que la agenda económica debería profundizar la modernización laboral, avanzar sobre impuestos y reducir los costos derivados de la logística y la infraestructura.

Cabrales evita ubicarse en el terreno partidario, pero no esquiva las preguntas de Mariano Sirena sobre Javier Milei.

Valora especialmente que el Presidente reivindique públicamente al empresario y recuerda que Milei llegó a calificarlos como “héroes”.

-¿Ve un Gobierno que comprende más al sector privado?

-Creo que este Gobierno tiene totalmente en carpeta estos temas. El Presidente ha dicho que los empresarios somos héroes. Creo que, a pesar de los vaivenes y de lo que se pueda decir, él y su equipo tienen conciencia de sacarnos de alguna forma toda esa mochila. Han facilitado un montón de trámites.

Su evaluación positiva no significa considerar terminadas las reformas.

Para Cabrales, la modernización laboral es apenas un comienzo. “¿Es perfecta? No. ¿Es suficiente? No. Es un gran comienzo”, plantea.

Algo similar ocurre con la inflación: celebra el descenso, pero entiende que la meta final debe ser la estabilidad. Y después aparece la cuestión tributaria.

Su planteo es que el Estado debe existir, pero no transformarse en un peso que termine asfixiando la capacidad de producir, invertir y contratar.

“El Estado tiene que sacar esa pata de encima del empresario y dejarnos a los empresarios hacer todo lo que sabemos hacer”.

“El empresario está para crear riqueza”

Detrás de esa definición aparece una discusión más profunda sobre la legitimidad social de la actividad empresaria.

Cabrales cuestiona la mirada según la cual la búsqueda de rentabilidad constituye en sí misma un problema. Una empresa, dice, necesariamente debe generar beneficios para poder existir, reinvertir y crecer.

Pero coloca inmediatamente una segunda condición: la creación de riqueza debe traducirse en empleo, educación, cultura, buenos salarios, formalidad e inversión.

“El industrial, el empresario está para crear riqueza, es la única forma que hay para combatir la pobreza”, sostiene.

La frase es probablemente una de las definiciones económicas más fuertes de toda la entrevista. Para Cabrales, la industria tiene además un efecto que excede ampliamente la fábrica.

Una planta cambia el territorio donde se instala: demanda caminos, proveedores y servicios; genera empleos; aparecen escuelas, clubes y actividad comercial. La industria transforma una materia prima, pero al mismo tiempo puede transformar una comunidad.

Por eso insiste varias veces sobre una misma idea: “Dar trabajo, dar trabajo, dar trabajo”.

Allí la conversación ingresa en uno de los terrenos más sensibles.

Cabrales considera que la Argentina sufrió una erosión profunda de la cultura del trabajo y del mérito.

-¿Se perdió la cultura del trabajo?

-Sí, mucho. El tema del mérito se ha perdido. No culpa de la gente, no culpa de la gente en general, sino por malas políticas.

Su diagnóstico apunta a un fenómeno generacional. Habla de generaciones que crecieron viendo a padres y abuelos sin trabajar y considera que reconstruir ese tejido será mucho más complejo que modificar una regulación económica.

“No es fácil, cuesta, pero no es imposible”, señala. La herramienta central, para él, es la educación.

“La educación no es un gasto, la educación es una inversión”, sostiene.

Pero introduce además una responsabilidad adicional: no deposita toda esa tarea sobre el Estado.

Cabrales cree que el empresario también tiene obligaciones. “Cuando no está el Estado por distintas situaciones, los empresarios tenemos que apoyar todo lo que sea educación y cultura. Si no lo hacemos porque nos gusta, hay que hacerlo por conveniencia también, porque no se puede tener un país inculto, un país que no es educado”.

Durante la entrevista en Construyendo Negocios, Cabrales reveló que trabaja junto con Sandra Pettovello en el desarrollo de una escuela de oficios para formar baristas.

La elección no es casual. El crecimiento de las cafeterías, el avance del café de especialidad y la profesionalización gastronómica incrementaron la demanda de personal capacitado. Además, se trata de un oficio que puede aprenderse mediante cursos relativamente cortos y que posee demanda internacional.

“Estamos desarrollando junto con Sandra Pettovello una escuela de oficios de baristas para darle trabajo, salida laboral a la gente en forma rápida, sobre todo a la gente joven que necesita, de pronto no puede, no tiene tiempo o no tiene las posibilidades de capacitarse con carreras largas”, explicó.

Para Cabrales, el barista simboliza además algo que la tecnología todavía no pudo reemplazar completamente: la mano humana.

Puede haber máquinas automáticas, cápsulas, robots y sistemas cada vez más sofisticados, pero en la alta gastronomía la preparación continúa dependiendo del conocimiento de quien está detrás de la máquina.

Y esa combinación -capacitación breve, demanda laboral y posibilidad de movilidad- convierte al oficio en una herramienta concreta para la inserción de jóvenes.

Sin embargo, para recuperar inversión y empleo Cabrales cree que no alcanza con una buena coyuntura.

Argentina necesita previsibilidad.

“Lo que falta son políticas de Estado. Hoy tenés gobiernos que llegan y cambian todo lo que hizo el gobierno anterior”, cuestiona.

Su propuesta pasa por construir consensos alrededor de algunos pilares básicos que permanezcan durante décadas y cuya modificación requiera mayorías políticas amplias.

“Yo creo mucho en el consenso, en pactos que permitan que determinadas cosas sean para siempre o a muy largo plazo. Eso también te da seguridad jurídica para los inversores”, sostiene.

La mirada probablemente tenga mucho que ver con administrar una compañía cuya escala temporal excede largamente cualquier período presidencial.

Cabrales atravesó 85 años de economía argentina.

Su fundador fue un inmigrante español. Después llegó la segunda generación. Martín pertenece a la tercera y actualmente la familia trabaja sobre el tránsito hacia la cuarta.

Mirar solamente el trimestre, en ese contexto, sería imposible.

-¿Cómo hace una empresa familiar para atravesar tantos cambios?

-Primero, pasión. Pero evidentemente se tiene que estar acompañado de profesionalismo, información, asesoramiento y determinadas variables. La pasión es el motor, pero la decisión es de negocio.

Cabrales cree que uno de los errores más peligrosos de una empresa familiar es confundir familia con administración.

Por eso la compañía elaboró protocolos familiares, modificó estatutos y estableció condiciones para el ingreso de integrantes de la familia. Incluso tomó una decisión especialmente significativa: el CEO debe ser un profesional externo y no un Cabrales.

La familia conserva la propiedad, la dirección estratégica y la cultura. La administración profesional tiene su propia lógica.

“Hay que anticiparse a los problemas”, explica. Eso significa discutir antes de que aparezcan los conflictos quién puede ocupar cargos, qué formación necesita, cómo se producen los recambios generacionales e incluso cómo se relacionan los familiares políticos con la compañía.

La regla tiene una finalidad económica, pero también emocional: proteger simultáneamente a la empresa y a la familia. Que continúe la compañía, pero también “el asado o la paella de los domingos”.

Cuando el apellido familiar coincide con el nombre del producto, separar empresa y vida privada se vuelve todavía más difícil.

Cabrales recuerda reuniones familiares donde inevitablemente se hablaba de café, proveedores extranjeros que pasaban las fiestas con la familia y una infancia atravesada por conversaciones sobre la empresa.

“Uno se cría ahí”, cuenta.

Hay riesgos en esa mezcla, admite. Pero también una ventaja difícil de reproducir mediante manuales corporativos: sentido de pertenencia.

Para Cabrales, esa “mística” constituye un activo intangible.

No alcanza, sin embargo, con la tradición. La empresa invirtió en nuevos blends, envases, cápsulas compatibles con sistemas internacionales, certificaciones, trazabilidad, máquinas y capacitación. También comenzó a incorporar inteligencia artificial en diferentes procesos.

Porque una compañía de 85 años puede apoyarse en su historia, pero no sobrevivir únicamente de ella.

“Nunca hay que pensar que la empresa está armada, que está formada, que está terminada. El proceso es continuo”.

El cafetal argentino

El proyecto que probablemente sintetice mejor esa mezcla entre tradición y futuro está lejos de Mar del Plata. Está en Tucumán.

Argentina prácticamente no produce café a escala comercial. Pero Cabrales asegura que las modificaciones climáticas comenzaron a abrir posibilidades productivas en el norte del país, especialmente en Tucumán y Salta -en Misiones comienza a experimentarse y hay técnicos misioneros trabajando para la firma-.

Tucumán, explica, convirtió el desarrollo del cultivo en una política de Estado y ya comenzó a obtener pequeñas cosechas.

Las cantidades todavía son mínimas. Pero Cabrales mira mucho más adelante.

Según relató, existe la expectativa de que a futuro puedan desarrollarse entre 8.000 y 10.000 hectáreas. La empresa ya firmó un convenio con los caficultores para comprar esas cosechas y trabaja sobre certificaciones y desarrollo comercial.

“Ya este año vamos por la segunda cosecha. Es muy chica todavía, pero ya es un hecho”, anticipó.

Y entonces aparece el sueño.

-¿Hasta dónde puede llegar este proyecto?

-Algún día poder exportar café. Primero que se consuma acá, pero poder exportar café argentino, 100% elaborado, cultivado en Argentina, con Marca País.

“Me encantaría que Argentina sea un exportador de café y Cabrales sea la marca que exporte el primer café argentino”.

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El Gobierno descentraliza la gestión de los regímenes industriales y de Economía del Conocimiento

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El Gobierno nacional resolvió ampliar las facultades operativas de la Subsecretaría de Industria y Economía del Conocimiento para agilizar la administración de distintos regímenes de promoción productiva, con impacto directo sobre sectores como la industria automotriz, las autopartes, la biotecnología y la Economía del Conocimiento.

La medida quedó formalizada a través de la Resolución 273/2026 de la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa, publicada este viernes en el Boletín Oficial. La norma faculta a la Subsecretaría de Industria y Economía del Conocimiento a ejecutar una serie de acciones que hasta ahora se encontraban bajo el ámbito operativo de la Secretaría, según el detalle establecido en el anexo de la resolución.

El cambio apunta a reducir tiempos administrativos y simplificar la gestión de herramientas que buscan estimular inversiones, producción local y desarrollo tecnológico. El Gobierno justificó la decisión en criterios de “eficacia, celeridad, economía procesal y sencillez”, con el objetivo de mejorar el funcionamiento de los programas sin crear una nueva estructura ni generar gastos adicionales para el Estado.

Entre los instrumentos alcanzados se encuentran algunos de los principales regímenes de promoción productiva vigentes. La Secretaría tiene bajo su responsabilidad la aplicación del Régimen de Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo Argentino, establecido por la Ley 27.263; el Régimen de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz-Autopartista y su cadena de valor, creado por la Ley 27.686; y el Régimen de Incentivo a la Competitividad de las Autopartes Locales.

También quedan dentro del universo de políticas administradas por el área los mecanismos vinculados con la importación de vehículos incompletos y totalmente desarmados, el Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento y el Régimen de Desarrollo y Producción de la Biotecnología Moderna.

La lógica de la reforma es particularmente relevante para las empresas que utilizan estos regímenes como herramientas para definir inversiones o estructurar proyectos productivos. Una gestión administrativa más directa puede reducir demoras en trámites, autorizaciones y decisiones vinculadas con beneficios promocionales, un factor que adquiere especial importancia en sectores donde las inversiones requieren previsibilidad y plazos de ejecución determinados.

La resolución, sin embargo, no modifica los beneficios ni altera por sí misma las condiciones sustanciales de los distintos regímenes. El artículo 2° establece expresamente que las nuevas facultades no derogan ni modifican las delegaciones específicas que ya hubieran sido otorgadas dentro de cada programa, que continuarán vigentes.

El Gobierno también dejó establecido que la redistribución de tareas no implicará una erogación adicional para el Estado nacional. En términos administrativos, se trata de una modificación orientada a trasladar capacidad de gestión hacia el área que actualmente concentra las competencias operativas sobre industria y economía del conocimiento.

El cambio se produce luego de la reorganización de la estructura del Ministerio de Economía dispuesta durante 2026. El Decreto 146/2026 ubicó a la Subsecretaría de Industria y Economía del Conocimiento bajo la órbita de la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa, mientras que el Decreto 215/2026 asignó el ejercicio de las competencias de esta última Secretaría al titular de la Secretaría de Coordinación de Producción.

Desde la perspectiva del sector privado, el principal efecto esperado pasa por acortar la distancia entre los programas de promoción y las empresas que deben utilizarlos. La simplificación administrativa no sustituye los incentivos económicos, pero puede mejorar su efectividad si reduce costos de cumplimiento, tiempos de respuesta y circuitos burocráticos.

La resolución entra en vigencia desde el 5 de agosto, fecha de su dictado, y constituye otro paso dentro del proceso de reorganización de la política industrial del Gobierno. El desafío, hacia adelante, será convertir la mayor capacidad operativa en respuestas más rápidas y previsibles para las empresas, especialmente en sectores intensivos en inversión, tecnología y generación de empleo calificado.

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Simplifican la importación de maquinaria usada para inversiones industriales y acelera los trámites para nuevas líneas de producción

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En una nueva señal orientada a facilitar las inversiones productivas, el Ministerio de Economía actualizó el régimen de importación de líneas de producción usadas, un instrumento que desde 2016 permite a las empresas incorporar equipamiento industrial del exterior cuando forma parte de proyectos de inversión destinados a ampliar o modernizar la capacidad productiva.

A través de la Resolución 272/2026, publicada este jueves en el Boletín Oficial, la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa reemplazó buena parte de la reglamentación vigente con el objetivo de adaptar el sistema a las modificaciones introducidas por el Decreto 483/2026 y simplificar el acceso de las empresas al régimen.

La reforma no cambia la esencia del programa, pero sí redefine su funcionamiento. El eje central pasa por una mayor digitalización de los procedimientos, la unificación de requisitos en un Manual de Usuario y una reducción de la incertidumbre administrativa para quienes planifican inversiones industriales de mediano y largo plazo.

Uno de los principales cambios es la incorporación de una Consulta de Encuadre Previa No Vinculante, un mecanismo mediante el cual las empresas podrán presentar la descripción técnica de su proyecto antes de iniciar formalmente el trámite. La autoridad de aplicación deberá emitir una opinión técnica en un plazo máximo de diez días hábiles, lo que permitirá detectar eventuales observaciones antes de avanzar con la inversión.

La medida también redefine qué se entiende por una “línea de producción completa y autónoma”, incorporando conceptos vinculados con la industria moderna. A partir de ahora, se incluyen expresamente procesos de transformación química, física y biológica, siempre que los proyectos incorporen componentes tecnológicos que automaticen o monitoreen la producción mediante sensores, dispositivos electrónicos o sistemas digitales.

Con esta actualización, el Gobierno busca adecuar un régimen concebido hace una década a los nuevos procesos de automatización industrial, donde la incorporación de tecnología ya no depende únicamente de grandes máquinas, sino también de sistemas inteligentes capaces de mejorar la productividad y la trazabilidad.

Otro aspecto relevante es que la resolución simplifica la documentación exigida para acreditar la antigüedad de la maquinaria importada y establece criterios diferenciados según se trate de equipos con menos o más de veinte años de fabricación. En el caso de bienes de mayor antigüedad, deberán acreditar procesos de reconstrucción o modernización (“revamping”) realizados previamente en el exterior, junto con documentación técnica que respalde la extensión de su vida útil.

La normativa también introduce mayor previsibilidad durante la ejecución de los proyectos. Las empresas podrán solicitar una única ampliación de plazos para importar equipos o poner en marcha la línea de producción, mientras que determinados cambios menores dejarán de requerir autorizaciones previas, reduciendo cargas burocráticas durante el desarrollo de las inversiones.

En materia administrativa, otra innovación relevante será la emisión automática de la Constancia de Expediente en Trámite (CET). Hasta ahora, este documento dependía de una intervención administrativa. Con el nuevo sistema podrá generarse automáticamente una vez cargada correctamente la información requerida, permitiendo a las empresas avanzar con determinados trámites aduaneros mientras continúa la evaluación técnica del proyecto.

Al mismo tiempo, la resolución mantiene los mecanismos de control estatal. Continúan vigentes las garantías aduaneras equivalentes a los tributos exceptuados, las auditorías técnicas, las inspecciones de campo y los procedimientos para ejecutar garantías cuando se detecten incumplimientos respecto del proyecto aprobado.

La evaluación de las solicitudes seguirá siendo realizada conjuntamente por las áreas de Comercio Exterior e Industria, aunque ahora podrán apoyarse en información proveniente de entidades públicas o privadas para enriquecer el análisis técnico, sin que esos informes tengan carácter vinculante.

La actualización también establece reglas de transición para cientos de expedientes iniciados bajo la normativa anterior. Esos proyectos podrán adaptarse al nuevo procedimiento y acceder a la emisión de la CET, además de contar con nuevos plazos para presentar las rendiciones de cuentas, que en la mayoría de los casos se extenderán hasta el 30 de junio de 2027 o seis meses después de la aprobación definitiva del proyecto.

Desde la perspectiva económica, la modificación busca resolver uno de los principales obstáculos que enfrentaban muchas inversiones industriales: la demora administrativa. En sectores donde la incorporación de maquinaria usada de alta complejidad representa una alternativa mucho más accesible que adquirir equipos nuevos, reducir tiempos de aprobación puede significar una diferencia determinante para concretar inversiones.

Al mismo tiempo, el mantenimiento del requisito de incorporar bienes nuevos de origen nacional dentro de los proyectos procura preservar un efecto de arrastre sobre la industria local, combinando la importación de tecnología con demanda para fabricantes argentinos.

En un contexto en el que numerosas empresas buscan modernizar procesos sin afrontar el elevado costo de equipamiento completamente nuevo, el nuevo régimen intenta equilibrar dos objetivos: facilitar la inversión privada y mantener mecanismos de control que garanticen que los beneficios fiscales efectivamente se traduzcan en mayor capacidad productiva.

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Caputo defendió el agro, la minería y la energía: “Son generadores de dólares”

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El ministro de Economía, Luis Caputo, defendió el rumbo productivo del Gobierno nacional y rechazó las críticas que señalan que el actual esquema económico concentra sus beneficios en el agro, la minería, el petróleo y la energía. Para el funcionario, el crecimiento de esos sectores no implica relegar al resto de la economía, sino generar las divisas necesarias para que también puedan expandirse otras actividades.

“Que crezcan estos cuatro sectores es muy bueno porque son los generadores de dólares”, sostuvo Caputo durante su participación en el ciclo “Miradas al futuro 2026”, organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa. El ministro planteó que el ingreso de divisas generado por esas actividades fortalece al sistema financiero y permite al Banco Central consolidar su solvencia para sostener la estabilidad del mercado cambiario.

La argumentación oficial parte de un problema estructural de la economía argentina: la denominada restricción externa. Según Caputo, una mayor generación de dólares permitirá que los demás sectores productivos puedan acceder a las divisas necesarias para importar insumos y sostener su actividad. “Con las inversiones ya aprobadas el flujo de dólares va a ser cada vez mayor y eso es imprescindible para este país”, insistió.

El ministro buscó así responder a las críticas sobre el desempeño desigual de la economía, especialmente frente a los cuestionamientos por la situación de la industria y la construcción. En su exposición, rechazó la idea de que el país haya atravesado un período de auge industrial en los años previos y sostuvo que la industria cayó 10% entre 2011 y 2023, pese a haber contado con subsidios y tarifas reguladas.

“Que crezcan los sectores que generan dólares beneficia al resto de la economía”, resumió Caputo, al sostener que la expansión de las actividades vinculadas con recursos naturales puede convertirse en una condición para ampliar las posibilidades del conjunto del aparato productivo.

La discusión tiene como trasfondo el desafío de conseguir un crecimiento que no vuelva a quedar limitado por la falta de dólares. En la visión del Gobierno, el desarrollo de sectores con capacidad exportadora permitiría incrementar el flujo de divisas, mejorar la posición del Banco Central y, a partir de allí, reducir las restricciones que históricamente afectaron a las empresas que necesitan importar bienes de capital, insumos y componentes.

En ese marco, Caputo también descartó la necesidad de recurrir a una devaluación como mecanismo para recuperar competitividad. La apuesta oficial consiste en que el aumento de la productividad, la inversión y la generación genuina de divisas permitan mejorar las condiciones de la economía sin apelar a un salto cambiario.

El ministro también defendió el proceso de desinflación y lo vinculó con una política monetaria en la que el Banco Central dejó de financiar al Tesoro. Según sostuvo, la independencia del BCRA permitió avanzar en una desaceleración de la inflación más profunda de lo previsto y consideró que los procesos de estabilización requieren tiempo para consolidarse.

Caputo afirmó además que el país atraviesa una etapa diferente a experiencias anteriores porque, según su interpretación, la estabilización se está llevando adelante sin vulnerar el derecho de propiedad. La definición forma parte de la defensa más amplia que el ministro realiza del programa económico y de su estrategia para atraer inversiones.

El desafío que queda planteado es convertir el ingreso de dólares de los sectores exportadores en una plataforma de crecimiento más extendido. La tesis oficial es que el agro, la minería, el petróleo y la energía pueden aportar las divisas que históricamente escasearon; la prueba económica será determinar cuánto de ese flujo logra traducirse en inversión, empleo, crédito y actividad para el resto del entramado productivo.

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