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El agro empuja la recuperación: el PBI creció 2,3% en el primer trimestre, pero la industria sigue sin encontrar piso

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La economía argentina comenzó 2026 con números positivos, aunque con señales de una recuperación todavía heterogénea. Según el último informe de Cuentas Nacionales del INDEC, el Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento de 2,3% interanual durante el primer trimestre del año y avanzó 0,7% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados.

Detrás de ese resultado aparece una característica cada vez más marcada del actual ciclo económico: mientras los sectores vinculados a los recursos naturales, la energía y los servicios muestran una dinámica expansiva, la industria manufacturera continúa exhibiendo dificultades para recuperar niveles de actividad, transformándose en uno de los principales frenos del crecimiento agregado.

La mayor contribución positiva al desempeño económico provino de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que registró una expansión interanual del 18,1%, aportando más de un punto porcentual al crecimiento total del PIB. El dato confirma el peso estratégico que sigue teniendo el sector agropecuario en la generación de riqueza y divisas, particularmente luego de varios años marcados por eventos climáticos adversos y restricciones productivas.

El desempeño del agro vuelve a poner en evidencia cómo la mejora de las condiciones climáticas y la recuperación de las cosechas se transforman rápidamente en un factor multiplicador para el conjunto de la economía. Provincias productoras como Misiones, con una matriz económica fuertemente vinculada a actividades primarias y forestales, observan estos movimientos con especial atención, ya que suelen impactar sobre la generación de empleo, el transporte, los servicios logísticos y la actividad comercial regional.

Sin embargo, el panorama dista de ser uniforme. La industria manufacturera cayó 1,7% interanual y fue el sector con mayor incidencia negativa sobre el resultado global de la economía, restando 0,24 puntos porcentuales al crecimiento del PIB.

La contracción industrial refleja algunas de las tensiones que atraviesa actualmente el modelo económico. La apertura comercial, la apreciación cambiaria, el elevado costo financiero y la debilidad de la demanda interna continúan afectando a numerosos segmentos manufactureros, especialmente aquellos orientados al mercado doméstico.

La divergencia entre sectores también se observa en otros rubros que mostraron una evolución favorable. Comercio, hoteles y restaurantes, intermediación financiera, construcción y explotación de minas y canteras exhibieron mejoras significativas respecto del mismo período del año anterior, acompañando la recuperación de determinados nichos de inversión y consumo.

En paralelo, la formación bruta de capital fijo mantuvo niveles elevados, un dato que el Gobierno considera clave para sostener la expansión futura de la economía. Las inversiones en construcción, infraestructura y determinados segmentos productivos continúan mostrando dinamismo, aunque todavía de manera concentrada en actividades específicas.

El resultado del primer trimestre ratifica así una tendencia que viene consolidándose desde finales de 2025: la economía argentina crece, pero no todos los sectores participan del mismo modo de esa recuperación. Mientras el agro, la minería y los servicios vinculados a la inversión lideran la expansión, la industria continúa enfrentando desafíos estructurales que limitan una recuperación más homogénea del aparato productivo.

Para las provincias del interior, donde la actividad industrial y las economías regionales tienen un peso determinante, el desafío de los próximos meses será precisamente transformar el rebote estadístico en un proceso sostenido de crecimiento capaz de generar empleo privado y ampliar la base productiva. El dato del PIB ofrece una señal positiva, pero también deja expuesta la principal incógnita del modelo económico actual: si la recuperación podrá derramarse sobre los sectores que todavía permanecen rezagados.

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El empleo formal volvió a caer en marzo y el comercio marcó su peor nivel en casi dos años

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La recuperación del mercado laboral volvió a mostrar señales de fragilidad durante marzo. Luego de dos meses de relativa estabilidad, el empleo asalariado formal retomó la senda descendente y arrastró también al monotributo, una categoría que hasta ahora había mostrado mayor capacidad de resistencia. Los datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) reflejan que se perdieron 10.728 puestos de trabajo registrados respecto de febrero, mientras que la cantidad de monotributistas disminuyó en 6.322 personas en términos desestacionalizados.

El deterioro del empleo se da en un contexto de reconfiguración del mercado laboral impulsado por el ajuste económico y la desaceleración de distintos sectores productivos. Desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei, el número de empleos asalariados destruidos supera los 300.000, mientras que también desaparecieron 26.448 empresas empleadoras, equivalente al 5,2% del total registrado, según estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).

El economista y especialista en mercado laboral Luis Campos advirtió que la actual fase contractiva comenzó en agosto de 2023 y ya acumula una pérdida de 252.129 trabajadores asalariados, un nivel que se aproxima a la destrucción de empleo registrada durante la crisis de 2018-2019.

En marzo, el sector privado eliminó 7.603 puestos de trabajo (-0,12%), el sector público perdió 2.364 empleos (-0,07%) y el empleo en casas particulares retrocedió en 761 puestos (-0,17%). También continuó la caída entre los trabajadores independientes: los autónomos disminuyeron en 5.275 personas (-1,32%), el monotributo cayó en 6.322 contribuyentes (-0,3%) y el monotributo social volvió a retroceder con una baja de 5.188 inscriptos (-2,1%).

Comercio e industria concentran la mayor destrucción de empleo

Entre las principales actividades económicas, el comercio volvió a consolidarse como uno de los sectores más afectados. Durante marzo perdió 2.147 puestos registrados respecto del mes anterior y acumuló una caída interanual de 24.275 empleos (-1,9%), alcanzando 1.229.599 trabajadores registrados, el nivel más bajo desde julio de 2024.

El dato adquiere especial relevancia porque el comercio continúa siendo el principal empleador privado del país. Junto con la industria manufacturera, el transporte y la intermediación financiera concentró la mayor parte de la destrucción de empleo formal durante el tercer mes del año.

La industria manufacturera también profundizó su deterioro. Perdió 5.043 puestos de trabajo en marzo (-0,5%) y acumula una baja interanual de 47.647 empleos (-4,1%), reflejando las dificultades que aún enfrenta la actividad fabril pese a la desaceleración inflacionaria.

En contrapartida, los sectores considerados ganadores del actual modelo económico —como minería, petróleo y agro— continúan mostrando incrementos porcentuales en el empleo, aunque con escasa incidencia sobre el mercado laboral total. Durante marzo, ambas actividades incorporaron apenas 1.305 nuevos puestos de trabajo.

Según destacó Campos, estos sectores representan apenas el 7% del empleo registrado del país, mientras que las actividades que hoy muestran retrocesos concentran casi la mitad de los trabajadores formales.

La evolución territorial también muestra un comportamiento dispar. Durante marzo, Neuquén, Río Negro, San Juan y La Rioja registraron aumentos en el empleo privado formal, impulsados principalmente por actividades vinculadas a la energía, la minería y algunos proyectos de inversión específicos.

Sin embargo, si se toma como referencia el inicio de la actual administración nacional, únicamente Neuquén y Río Negro conservan un saldo positivo sostenido, con 9.501 y 3.294 puestos adicionales, respectivamente. San Juan logró recuperar en marzo el nivel de empleo que tenía en noviembre de 2023, mientras que el resto de las provincias continúa por debajo de esos registros.

El monotributo pierde dinamismo por primera vez en cinco meses

Uno de los datos más significativos del informe fue la caída del monotributo, que interrumpió una secuencia de cinco meses consecutivos de crecimiento.

En marzo se registraron 6.322 monotributistas menos respecto de febrero, mientras que el conjunto de trabajadores independientes disminuyó en 16.785 personas debido al retroceso simultáneo del monotributo, el trabajo autónomo y el monotributo social.

En términos interanuales, el régimen todavía mantiene un saldo positivo de 75.344 nuevos inscriptos (+2,7%). No obstante, desde el comienzo de la actual gestión nacional el monotributo social perdió 225.527 contribuyentes producto de las recategorizaciones y modificaciones implementadas sobre ese régimen. Si se excluye esta categoría, el universo conformado por monotributistas y autónomos muestra un crecimiento acumulado de 167.356 personas.

Salarios reales mejoran, pero no compensan la debilidad del mercado laboral

En contraste con la evolución del empleo, los salarios registrados continúan mostrando una recuperación en términos reales.

De acuerdo con la Secretaría de Trabajo, la remuneración bruta promedio del sector privado alcanzó en marzo los $2,2 millones, con un incremento interanual del 31,6%, mientras que la remuneración mediana llegó a $1,54 millones, un 28,1% superior a la de un año atrás.

Los datos preliminares de abril también muestran una mejora del poder adquisitivo. El salario medio del empleo registrado privado avanzó 1,3% respecto de marzo y se ubicó por encima del nivel observado a fines de 2023. Sin embargo, la evolución de los salarios negociados en los convenios colectivos continúa rezagada: el salario conformado promedio de los principales convenios apenas creció 0,3% en abril y todavía acumula una pérdida real cercana a seis puntos porcentuales frente a noviembre de 2023.

El panorama que dejan las estadísticas oficiales muestra así una economía donde los ingresos comienzan a recuperarse, pero con un mercado laboral que aún no logra consolidar una etapa de creación sostenida de empleo. La persistente caída del comercio, el retroceso industrial y la desaceleración del trabajo independiente plantean nuevos interrogantes sobre la capacidad de la recuperación económica para traducirse en mayores niveles de ocupación formal.

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La economía volvió a tropezar en abril: consultoras detectan una caída de la actividad

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Tras el fuerte repunte registrado en marzo, la actividad económica argentina habría vuelto a mostrar señales de enfriamiento durante abril. Mediciones privadas de las consultoras Analytica y Orlando J. Ferreres coinciden en que la economía registró una nueva contracción mensual, reflejando una recuperación todavía irregular y dependiente de pocos sectores dinámicos. Mientras el agro, la minería y algunos segmentos industriales vinculados a las exportaciones sostienen el nivel de actividad, el mercado interno, la industria manufacturera, el comercio y el sector automotor continúan mostrando debilidad.

Las estimaciones llegan en momentos en que el Gobierno nacional apuesta a una aceleración de la recuperación económica durante el segundo semestre. Sin embargo, los indicadores privados sugieren que la economía sigue transitando un recorrido errático, con avances y retrocesos mensuales que dificultan consolidar una tendencia de crecimiento sostenido.

Según el Índice Líder de Actividad (ILA) elaborado por Analytica, la actividad económica cayó 0,8% en abril respecto de marzo. La consultora atribuyó el retroceso a una contracción generalizada en la mayoría de los indicadores relevados, especialmente por la debilidad de la demanda interna, la industria pesada y el sector automotor.

En la misma línea, el Índice General de Actividad (IGA) de Orlando J. Ferreres registró una baja desestacionalizada de 0,7% respecto del mes anterior. Para la consultora, el comportamiento de la economía continúa mostrando una dinámica de “serrucho”, con fuertes oscilaciones que impiden consolidar una recuperación homogénea.

Industria y consumo, los sectores más rezagados

La industria manufacturera volvió a ser uno de los principales focos de preocupación. Analytica señaló que solo algunos segmentos de la siderurgia mostraron números positivos, mientras que gran parte de la actividad industrial permaneció en terreno negativo. Los grandes usuarios industriales también redujeron su demanda eléctrica, una señal consistente con la desaceleración productiva.

Ferreres fue incluso más contundente: estimó una caída interanual del 2% para la industria manufacturera durante abril y un retroceso acumulado de 2,5% en el primer cuatrimestre del año. Entre los datos más relevantes aparece una baja del 17,5% en la producción automotriz respecto de igual mes del año pasado, acompañada por menores despachos de cemento y una reducción en la faena bovina.

El sector automotor también mostró números negativos. La producción de vehículos cayó 4,3% respecto del mes previo, mientras que los patentamientos retrocedieron 3%. A su vez, las ventas a concesionarios bajaron 5,6%, reflejando la persistente cautela del consumo.

Agro y minería sostienen la actividad

El agro continúa siendo uno de los pilares de la economía argentina, aunque en abril también mostró algunas señales de desaceleración. El índice IACA-BCR registró una baja mensual de 2,6% debido a las abundantes lluvias que retrasaron las tareas de cosecha y complicaron la logística. Sin embargo, en la comparación interanual el sector mantuvo una expansión del 16,5%, impulsada por las exportaciones de maíz y girasol y por la recuperación de algunos complejos productivos.

La minería y la actividad petrolera continuaron exhibiendo uno de los mejores desempeños de la economía. Ferreres destacó que el sector de minas y canteras creció 7,3% en abril, impulsado principalmente por el desarrollo de Vaca Muerta y los elevados niveles de producción de hidrocarburos.

Construcción: señales mixtas

La construcción mostró comportamientos divergentes según el segmento analizado. Por un lado, el Índice Construya avanzó 5% respecto de marzo, reflejando una recuperación de la obra privada. Por otro, el consumo de cemento cayó 7,7%, evidenciando que la obra pública y los proyectos de mayor escala continúan afectados por el ajuste fiscal y la menor inversión estatal.

Caputo apuesta al segundo semestre

Las mediciones privadas contrastan con el optimismo expresado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que a partir de junio comenzarán “los mejores 18 meses de las últimas décadas”. El funcionario confía en que la consolidación del equilibrio fiscal, la desaceleración inflacionaria y las reformas impulsadas por el Gobierno generen un entorno más favorable para la inversión y el empleo.

Sin embargo, tanto Analytica como Ferreres coinciden en que la recuperación sigue siendo desigual. Mientras algunos sectores vinculados a las exportaciones muestran dinamismo, el mercado interno todavía no logra despegar y el consumo continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.

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Ferreres detecta un freno en la economía y expone una recuperación cada vez más desigual

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El Índice General de Actividad mostró estancamiento en abril y una caída mensual de 0,7%. Mientras energía, minería y agro sostienen el nivel de actividad, industria y comercio profundizan su retroceso, consolidando una economía fragmentada.

La actividad económica volvió a perder impulso en abril y no logró sostener la recuperación observada en marzo. Así lo reflejó el Índice General de Actividad (IGA) elaborado por la consultora de Orlando J. Ferreres & Asociados, que registró una variación interanual nula y una caída de 0,7% respecto del mes anterior en términos desestacionalizados. El dato dejó al primer cuatrimestre de 2026 con una contracción acumulada de 0,3%.

El informe vuelve a mostrar una dinámica económica dividida. Los sectores vinculados a energía, minería y agro continúan creciendo, mientras que industria y comercio siguen sin encontrar un piso consistente. La lectura de fondo es relevante para el Gobierno nacional: la desaceleración inflacionaria todavía no logra traducirse en una recuperación homogénea del consumo ni de la producción.

Una economía con “dos velocidades”

El reporte técnico de Ferreres definió la coyuntura con una frase que resume el escenario actual: “la actividad sigue mostrando una evolución oscilante, bajando luego de la fuerte suba de marzo”. El problema no es únicamente el freno estadístico, sino la creciente disparidad sectorial.

Los mayores avances de abril se observaron en minas y canteras (+7,3%) y en electricidad, gas y agua (+7,2%). También el agro mostró un desempeño positivo, con un crecimiento interanual de 3,6%.

Sin embargo, el deterioro persiste en áreas sensibles para el empleo y el consumo masivo. La industria manufacturera cayó 2% interanual y el comercio retrocedió 2,4%.

Dentro de la industria, el informe destacó tres señales de debilidad: la producción automotriz se desplomó 17,5%, los despachos de cemento cayeron 13,1% y la faena bovina registró su peor retroceso en más de 20 meses, con una baja de 15,2%.

La fotografía sectorial confirma que el actual esquema económico mantiene activos a los sectores vinculados a exportaciones, energía y recursos naturales, mientras que las actividades más dependientes del mercado interno siguen condicionadas por el menor consumo y el freno en la inversión privada.

Agro, energía y Vaca Muerta sostienen el nivel de actividad

El agro continúa funcionando como uno de los principales amortiguadores de la economía. Aunque Ferreres advirtió que las mejoras proyectadas para soja y maíz ya no muestran las tasas extraordinarias de meses anteriores, la producción agrícola todavía mantiene expansión.

La contracara aparece en la ganadería, que sufrió una retracción de 11,9% asociada a procesos de retención de hacienda para aumentar kilos mediante recría más prolongada.

En paralelo, el complejo energético sigue consolidándose como uno de los motores centrales de la actividad. El crecimiento de minas y canteras estuvo impulsado por el petróleo y los niveles récord de producción en Vaca Muerta, mientras que el aumento en electricidad, gas y agua respondió a una demanda energética 7,7% superior, tanto residencial como industrial.

Ese comportamiento fortalece la centralidad política y económica de los sectores energéticos dentro de la estrategia oficial, especialmente en un contexto donde el Gobierno necesita sostener generación de divisas y actividad exportadora.

El consumo sigue sin reaccionar

El informe también dejó una señal relevante sobre el consumo privado. Ferreres sostuvo que una eventual desaceleración inflacionaria podría mejorar los ingresos reales y la confianza de las familias. Pero aclaró que, por ahora, no se espera un cambio inmediato en la actual “dinámica de marcha a dos velocidades”.

La definición funciona como advertencia sobre uno de los principales desafíos del programa económico: estabilizar precios no está alcanzando para reactivar de manera uniforme el entramado productivo.

La caída simultánea de comercio, cemento y automotrices muestra que la recuperación todavía no permea sobre sectores estrechamente ligados al poder adquisitivo y a las decisiones de inversión de hogares y empresas.

Los números de abril exponen una tensión que empieza a consolidarse en la economía argentina: mientras algunos sectores muestran expansión sostenida, otros continúan operando por debajo de niveles previos y sin señales claras de recuperación inmediata.

La evolución de la inflación, el consumo interno, la inversión privada y el comportamiento de la industria serán variables clave para determinar si marzo fue el inicio de un ciclo de recuperación más firme o apenas un rebote transitorio dentro de una economía todavía inestable.

IGA WEB Orlando J Ferreres y asociados by CristianMilciades

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Industria: la recuperación no llega a las fábricas y el empresariado sigue viendo una demanda débil

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La industria argentina atraviesa una recuperación parcial y todavía frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos comenzaron a estabilizarse y ciertas ramas vinculadas al agro y la minería muestran señales de mejora, el clima empresario dentro del sector manufacturero continúa dominado por la cautela, la debilidad del mercado interno y las dificultades financieras.

Así lo refleja la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC correspondiente al trimestre mayo-julio de 2026, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) industrial se ubicó en -16,9%, todavía claramente en terreno negativo pese a cierta mejora respecto de los meses más críticos de 2025.

La principal preocupación de las empresas sigue siendo la falta de demanda. El 51,8% de los industriales señaló que la “demanda interna insuficiente” es el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción. Muy por detrás aparecen la competencia de productos importados (11%), la incertidumbre económica (7,3%) y los problemas financieros (4,8%).

El dato confirma un cambio estructural en la dinámica de la crisis industrial. A diferencia de otros períodos marcados por restricciones de insumos, energía o problemas logísticos, hoy el principal obstáculo es la debilidad del consumo y la desaceleración de los pedidos.

La cartera de órdenes empresarias refleja con claridad ese fenómeno. La mitad de las firmas manufactureras considera que sus pedidos se encuentran “por debajo de lo normal”, mientras apenas 2,8% asegura tener niveles superiores a los habituales. El balance negativo alcanza así el 47,3%, uno de los registros más bajos del relevamiento reciente.

Las exportaciones muestran una situación algo menos comprometida, aunque todavía insuficiente para compensar plenamente el deterioro doméstico. El 33,5% de las empresas considera que el volumen exportado está por debajo de lo normal y solo 6,7% lo ubica por encima.

El frente financiero continúa siendo otro foco de tensión. Un cuarto de las empresas calificó como “mala” su situación financiera actual y un tercio consideró difícil el acceso al crédito. El balance financiero se ubicó en -14,5%, mientras el de acceso al financiamiento cayó a -26,3%.

Pese a ese contexto, las expectativas futuras muestran un moderado alivio frente al pesimismo extremo observado durante buena parte de 2025. Para el trimestre mayo-julio, el 15,5% de las empresas espera aumentar producción y el balance de expectativas se ubicó en -3,8%, bastante menos negativo que meses atrás.

Sin embargo, cuando se consulta específicamente sobre demanda interna, el optimismo vuelve a diluirse: 23,1% espera una caída de pedidos y apenas 14,4% proyecta aumentos.

El informe deja una conclusión central para el sector privado: la estabilización macroeconómica todavía no logró consolidar un proceso de recuperación sostenida del mercado interno. La industria comienza a salir del piso recesivo, pero el rebote sigue siendo heterogéneo y con escaso derrame sobre buena parte del entramado fabril.

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