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Industria: la recuperación no llega a las fábricas y el empresariado sigue viendo una demanda débil

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La industria argentina atraviesa una recuperación parcial y todavía frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos comenzaron a estabilizarse y ciertas ramas vinculadas al agro y la minería muestran señales de mejora, el clima empresario dentro del sector manufacturero continúa dominado por la cautela, la debilidad del mercado interno y las dificultades financieras.

Así lo refleja la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC correspondiente al trimestre mayo-julio de 2026, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) industrial se ubicó en -16,9%, todavía claramente en terreno negativo pese a cierta mejora respecto de los meses más críticos de 2025.

La principal preocupación de las empresas sigue siendo la falta de demanda. El 51,8% de los industriales señaló que la “demanda interna insuficiente” es el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción. Muy por detrás aparecen la competencia de productos importados (11%), la incertidumbre económica (7,3%) y los problemas financieros (4,8%).

El dato confirma un cambio estructural en la dinámica de la crisis industrial. A diferencia de otros períodos marcados por restricciones de insumos, energía o problemas logísticos, hoy el principal obstáculo es la debilidad del consumo y la desaceleración de los pedidos.

La cartera de órdenes empresarias refleja con claridad ese fenómeno. La mitad de las firmas manufactureras considera que sus pedidos se encuentran “por debajo de lo normal”, mientras apenas 2,8% asegura tener niveles superiores a los habituales. El balance negativo alcanza así el 47,3%, uno de los registros más bajos del relevamiento reciente.

Las exportaciones muestran una situación algo menos comprometida, aunque todavía insuficiente para compensar plenamente el deterioro doméstico. El 33,5% de las empresas considera que el volumen exportado está por debajo de lo normal y solo 6,7% lo ubica por encima.

El frente financiero continúa siendo otro foco de tensión. Un cuarto de las empresas calificó como “mala” su situación financiera actual y un tercio consideró difícil el acceso al crédito. El balance financiero se ubicó en -14,5%, mientras el de acceso al financiamiento cayó a -26,3%.

Pese a ese contexto, las expectativas futuras muestran un moderado alivio frente al pesimismo extremo observado durante buena parte de 2025. Para el trimestre mayo-julio, el 15,5% de las empresas espera aumentar producción y el balance de expectativas se ubicó en -3,8%, bastante menos negativo que meses atrás.

Sin embargo, cuando se consulta específicamente sobre demanda interna, el optimismo vuelve a diluirse: 23,1% espera una caída de pedidos y apenas 14,4% proyecta aumentos.

El informe deja una conclusión central para el sector privado: la estabilización macroeconómica todavía no logró consolidar un proceso de recuperación sostenida del mercado interno. La industria comienza a salir del piso recesivo, pero el rebote sigue siendo heterogéneo y con escaso derrame sobre buena parte del entramado fabril.

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La economía aceleró en marzo, pero el rebote sigue apoyado en pocos motores

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El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC registró una expansión de 5,5% interanual y una mejora de 3,5% respecto de febrero en términos desestacionalizados, marcando uno de los mejores registros mensuales desde el inicio del actual ciclo de estabilización macroeconómica.

El dato tiene una doble lectura. Por un lado, confirma que la actividad logró recuperar terreno luego de un febrero contractivo, cuando el EMAE había caído 2% interanual y 2,7% frente al mes previo. Por otro, exhibe que buena parte de la expansión continúa sostenida por sectores específicos vinculados a los recursos naturales, la recomposición industrial y actividades extractivas, mientras el resto de la economía aún muestra un comportamiento más moderado.

La principal locomotora del crecimiento volvió a ser el agro. Agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 17,9% interanual y explicó por sí sola 1,42 puntos porcentuales del avance total del EMAE. Detrás apareció la industria manufacturera, con un incremento de 4,6%, seguida por explotación de minas y canteras, que avanzó 16,3%. Entre los tres sectores aportaron 2,7 puntos porcentuales al crecimiento general de la economía.

La foto sectorial deja en evidencia un patrón productivo cada vez más dual. Los sectores vinculados al complejo exportador, la minería y ciertas ramas industriales muestran una recuperación clara, favorecidos por la estabilización cambiaria, la recomposición parcial de la actividad fabril y una mejor campaña agropecuaria. Sin embargo, áreas más asociadas al consumo interno avanzan a menor velocidad.

El comercio mayorista y minorista creció apenas 2,2% interanual, mientras hoteles y restaurantes subieron 0,9%, una cifra que refleja una demanda todavía contenida. En paralelo, actividades inmobiliarias y empresariales crecieron 2,4%, transporte y comunicaciones 4,7%, y los servicios sociales y de salud apenas 1%.

En contraste, la única actividad que registró caída interanual fue la administración pública y defensa, con una baja de 1,2%, consistente con el proceso de ajuste fiscal y reducción del gasto estatal impulsado por el Gobierno nacional. Ese sector restó 0,06 puntos porcentuales al resultado global del EMAE.

Otro dato relevante es que la recuperación mensual fue mucho más intensa que la tendencia de fondo. Mientras la serie desestacionalizada saltó 3,5% en marzo, la serie tendencia-ciclo avanzó apenas 0,4%, lo que sugiere que todavía no puede hablarse de una expansión homogénea y sostenida de toda la economía.

El acumulado del primer trimestre dejó un crecimiento de apenas 1,7% frente al mismo período de 2025, reflejando que la mejora reciente aún convive con una base de comparación exigente y con sectores que siguen lejos de los niveles previos a la recesión iniciada tras el ajuste de fines de 2023.

También aparece un fenómeno cada vez más visible en los datos sectoriales: la economía argentina empieza a exhibir una recuperación más ligada a actividades transables y generadoras de divisas que al mercado doméstico. La minería mostró un crecimiento de dos dígitos por tercer mes consecutivo, la intermediación financiera avanzó 8,8%, y el agro consolidó su normalización tras el impacto climático que había afectado campañas anteriores.

La construcción, en tanto, mostró una mejora de 7,6% interanual, aunque todavía con niveles muy heterogéneos y lejos del dinamismo observado antes del freno de la obra pública nacional.

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La industria rebota, pero no arranca: petróleo y acero lideran mientras la metalmecánica sigue en crisis

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El informe de capacidad instalada de marzo deja una foto más alentadora que la de 2025, pero lejos de una recuperación homogénea. La industria manufacturera utilizó el 59,8% de su capacidad instalada, 5,4 puntos porcentuales más que en marzo del año pasado, cuando había marcado 54,4%. El rebote existe, pero tiene una anatomía desigual: algunos sectores trabajan cerca de sus techos operativos, mientras otros siguen con plantas, máquinas y turnos ociosos.

El dato general mejora también contra febrero de 2026, cuando la utilización había sido de 54,6%, y se ubica en el nivel más alto del primer trimestre del año. Enero había cerrado en 53,6%, febrero en 54,6% y marzo escaló a 59,8%, lo que marca una recuperación mensual visible, aunque todavía por debajo de los picos de 2025, cuando septiembre y octubre habían superado el 61%.

La primera lectura es positiva: la industria usó más capacidad que un año atrás. La segunda es más incómoda: el promedio esconde una economía fabril partida. Por encima del nivel general se ubicaron refinación del petróleo, con 86%; industrias metálicas básicas, con 73,3%; papel y cartón, con 70%; sustancias y productos químicos, con 69,5%; y alimentos y bebidas, con 61,6%. Debajo quedaron minerales no metálicos, edición e impresión, tabaco, automotriz, caucho y plástico, textiles y metalmecánica excluida la industria automotriz.

El motor más potente fue la refinación de petróleo, que alcanzó 86% de utilización, diez puntos por encima del 75,8% registrado en marzo de 2025.

El INDEC atribuyó ese desempeño a un mayor procesamiento de petróleo crudo. Es el sector que más cerca trabaja de su frontera productiva y también el que mejor muestra la diferencia entre una industria traccionada por energía y otra más atada al consumo interno o a la inversión.

Capacidad instalada industrial: una recuperación desigual

Marzo de 2026. Datos en porcentaje de utilización de la capacidad instalada.

Sector Marzo 2026 Marzo 2025 Diferencia
Nivel general 59,8% 54,4% +5,4 p.p.
Refinación del petróleo 86,0% 75,8% +10,2 p.p.
Sustancias y productos químicos 69,5% 53,8% +15,7 p.p.
Industrias metálicas básicas 73,3% 64,3% +9,0 p.p.
Industria automotriz 49,6% 48,9% +0,7 p.p.
Metalmecánica excepto automotores 40,0% 42,8% -2,8 p.p.

Fuente: elaboración propia sobre datos del INDEC, Utilización de la capacidad instalada en la industria, marzo de 2026.

Otro bloque clave fue sustancias y productos químicos, que trepó a 69,5%, frente al 53,8% de un año antes. La mejora estuvo asociada a mayores niveles de elaboración de materias primas plásticas, caucho sintético y productos químicos básicos. Según el propio informe, el IPI manufacturero mostró subas interanuales de 69,1% en materias primas plásticas y caucho sintético, y de 49,1% en productos químicos básicos. La comparación, sin embargo, tiene una base particular: en marzo de 2025 el polo petroquímico de Bahía Blanca había sido severamente afectado por inundaciones que interrumpieron el suministro de gas natural a plantas petroquímicas.

Las industrias metálicas básicas también aportaron al rebote. El bloque utilizó 73,3% de su capacidad instalada, contra 64,3% en marzo de 2025. El INDEC vinculó ese desempeño con el aumento de 17,1% interanual en la producción de acero crudo informado por la Cámara Argentina del Acero.

En alimentos y bebidas, el uso de capacidad llegó a 61,6%, por encima del 57,6% de marzo del año anterior. La mejora estuvo asociada principalmente con la mayor molienda de oleaginosas y la suba en bebidas. El IPI manufacturero registró un aumento interanual de 5,4% en molienda de oleaginosas y de 6,2% en producción de bebidas.

También hubo señales de mejora en sectores vinculados a la construcción. Productos minerales no metálicos alcanzó 56,6%, contra 51,7% un año antes, explicado por mayor fabricación de cemento y otros materiales para la construcción. Pero el dato todavía queda por debajo del promedio general de la industria, lo que muestra que la mejora no alcanza para hablar de plena normalización del ciclo constructivo.

La contracara está en la metalmecánica excluida automotores, que fue la principal incidencia negativa. El bloque operó al 40%, por debajo del 42,8% de marzo de 2025. La caída se explicó por menores niveles de producción de maquinaria agropecuaria y aparatos de uso doméstico: el informe detalla bajas interanuales de 14,7% y 16,2%, respectivamente.

La industria automotriz quedó en 49,6%, apenas por encima del 48,9% de un año antes, pero lejos de los sectores líderes. Textiles marcó 40,2%, caucho y plástico 41,3%, y metalmecánica 40%. Son niveles que describen un aparato productivo con elevada capacidad ociosa y con dificultades para recuperar escala.

En síntesis, marzo mostró una industria con más movimiento que en 2025, pero no necesariamente una industria recompuesta. La mejora del promedio nacional fue real, aunque concentrada en sectores específicos. El uso de capacidad instalada se recuperó por petróleo, químicos, acero, papel y alimentos; pero todavía convive con ramas que trabajan a menos de la mitad de su potencial. La foto que deja el INDEC no es la de una fábrica apagada, pero tampoco la de una maquinaria industrial funcionando a pleno: es una recuperación selectiva, con motores fuertes y eslabones todavía frágiles.


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IED: salen dólares de la Argentina por desendeudamiento comercial y reconfiguración de pasivos

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El cierre de 2025 exhibió una salida neta de 4.687 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED), traccionada fundamentalmente por la cancelación de deuda comercial en el sector manufacturero. Para Misiones, este reordenamiento de pasivos vinculados al sector externo anticipa una normalización en el costo del financiamiento para las cadenas de valor exportadoras.

El último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) revela una dinámica de desendeudamiento agresiva durante el cuarto trimestre de 2025. La salida de divisas por USD 4.687 millones no responde a un retiro de capitales productivos, sino a una corrección técnica en las cuentas de empresas vinculadas. El motor de este movimiento fue la cancelación de adelantos de exportación en el sector agroexportador, impulsada por la vigencia del Decreto 682/2025, que redujo temporalmente a cero las retenciones. Esta medida permitió que el sector “Elaboración de productos alimenticios” liquidara pasivos comerciales por USD 3.795 millones, saneando los balances de las principales terminales del país.

El pulso de la inversión y la renta

A pesar del saldo neto negativo en los flujos transaccionales, la estructura de la inversión en Argentina muestra signos de especialización sectorial:

Aportes de Capital: Se registraron ingresos netos por USD 1.111 millones, con una fuerte preponderancia (93%) de inyecciones de efectivo. La industria manufacturera captó USD 321 millones de estos flujos.

Renta y Utilidades: La renta de capital ascendió a USD 1.436 millones. Sin embargo, la reinversión de utilidades se limitó a USD 241 millones, ya que se distribuyeron dividendos por USD 1.194 millones.

Stock Acumulado: La posición pasiva bruta cerró el año en USD 181.037 millones, donde la industria manufacturera retiene el liderazgo con USD 61.235 millones (34% del total).

Informe trimestral

– Flujos netos transaccionales de IED. Egresos netos de inversión extranjera directa en Argentina por USD 4.687 millones en el cuarto trimestre de 2025, producto de la cancelación de deuda comercial de empresas vinculadas.

– Renta de capital de IED y reinversión de utilidades. La renta de capital fue de USD 1.436 millones en el cuarto trimestre de 2025. A nivel sectorial, el 51% de la renta de capital fue explicada por los sectores “Industria manufacturera” y “Explotación de minas y canteras” (26% y 25%, respectivamente). La distribución de utilidades y dividendos fue de USD 1.194 millones, por lo que la reinversión de utilidades se ubicó en USD 241 millones.

–  Aportes de capital. Ingresos netos de capital por USD 1.111 millones en el cuarto trimestre de 2025, de los cuales el 93% correspondió a aportes en efectivo. “Otros intermediarios financieros” (USD 436 millones) e “Industria manufacturera” (USD 321 millones) fueron los sectores que recibieron la mayor cantidad de aportes en el trimestre.

–  Transacciones de deuda. Egresos netos por transacciones de deuda con empresas vinculadas por USD 5.363 millones en el cuarto trimestre de 2025, explicados por un desendeudamiento comercial de USD 5.657 millones. La reducción en este tipo de deuda se debió mayormente a la cancelación de los adelantos de cobros de exportaciones del sector agroexportador ocurridos el mes de septiembre de 2025 en el marco de la reducción temporaria de los derechos de exportación establecida a cero por ciento (0%) mediante el Decreto 682/2025, y en menor medida al desendeudamiento por importaciones de bienes financiadas por empresas vinculadas. El sector “Elaboración de productos alimenticios” dentro de “Industria manufacturera” (principal sector exportador de oleaginosas y cereales) concentró en gran parte el impacto de esta medida (USD -3.795 millones en transacciones de deuda). Esta caída en la deuda comercial fue parcialmente compensada por ingresos netos de deuda financiera de USD 294 millones.

– Fusiones y adquisiciones. Salida neta por fusiones y adquisiciones por USD 676 millones en el cuarto trimestre de 2025, explicada principalmente por “Industria manufacturera” (USD 576 millones), específicamente el sector “Fabricación de sustancias y productos químicos”.

–  Flujos transaccionales de IED por sector de actividad económica. Los sectores con mayores egresos de IED en el cuarto trimestre de 2025 fueron: “Industria manufacturera”, con USD – 5.228 millones y “Comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas”, con USD – 614 millones.

–  Flujos transaccionales de IED por país de origen. En el cuarto trimestre de 2025, se destacaron las salidas netas de flujos de IED desde Suiza (USD – 2.077 millones), Reino Unido (USD – 871 millones), Países Bajos (USD – 690 millones), España (USD – 299 millones) y Uruguay (USD – 286 millones). Entre los ingresos netos se destacó Australia (USD 229 millones).

–  Posición pasiva bruta. Alcanzó los USD 181.037 millones al 31.12.25, con participaciones de capital de USD 126.618 millones, e instrumentos de deuda por USD 54.419 millones; de los cuales USD 33.072 millones correspondieron al stock de deuda comercial y USD 21.348 millones al stock de deuda financiera.

–  Posición pasiva bruta por sector. El principal sector de destino de la IED al 31.12.25 fue “Industria manufacturera”, con una posición de USD 61.235 millones, seguido por “Explotación de minas y canteras”, con una posición de USD 50.921 millones y “Comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas”, con un stock de USD 16.981 millones. Estos tres sectores en conjunto explicaron el 71% del stock de IED al 31.12.25

–  Posición pasiva bruta por país. Estados Unidos se ubicó como el principal origen de la IED en Argentina al 31.12.25, con un stock de USD 32.060 millones, que representó un 18% del total de tenencias. En segundo lugar, se encontró España, con una posición bruta de USD 25.715 millones (14% del total), y en tercera posición Países Bajos, con USD 21.580 millones (12% del total). Esos tres países concentraron el 44% del stock de IED en Argentina

Misiones en el tablero: Logística y competitividad de frontera

Para el sector productivo de la tierra colorada, la lectura de estos datos debe ser estratégica. Misiones, con una economía fuertemente volcada a la exportación de manufacturas de origen agroindustrial (madera, yerba y té), se ve directamente afectada por la capacidad de las casas matrices para financiar a sus filiales locales.

El desendeudamiento comercial por USD 5.657 millones a nivel nacional sugiere que las empresas están cerrando el ciclo de “adelantos” para pasar a un esquema de comercio exterior más convencional. En una provincia con asimetrías fronterizas pronunciadas frente a Brasil y Paraguay, la solvencia de las empresas locales es vital. Mientras que en Buenos Aires el impacto se analiza desde lo financiero, en el NEA el flujo de IED en manufacturas es el que garantiza la modernización tecnológica de los secaderos y aserraderos, permitiendo competir con los costos de los países vecinos.

Radiografía del origen de los fondos

La procedencia del capital marca la agenda de las relaciones comerciales exteriores. Estados Unidos se mantiene como el principal inversor con un stock de USD 32.060 millones (18%), seguido por España con un 14%. Es notable que, en el trimestre, Australia fue uno de los pocos orígenes con ingresos netos positivos (USD 229 millones), señalando un interés creciente en sectores específicos como la minería, que hoy explica el 25% de la renta de capital generada.

Perspectivas y escenario a seguir

Hacia 2026, el mercado debe monitorear la tasa de reinversión de utilidades. El bajo nivel actual (USD 241 millones) indica que las filiales extranjeras prefieren girar dividendos antes que ampliar capacidad instalada, una señal de cautela respecto a la demanda interna. Para el empresario misionero, la clave estará en observar si el desendeudamiento comercial de la industria alimenticia libera líneas de crédito locales, facilitando el financiamiento de capital de trabajo para la próxima cosecha.

Informe IED 4 trimestre 2025 by CristianMilciades

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La economía cayó 2,1% interanual en febrero y mostró un fuerte freno mensual

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La economía argentina volvió a dar una señal de debilidad en febrero. El Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC registró una baja de 2,1% interanual y, más preocupante aún, una contracción de 2,6% en la medición desestacionalizada respecto de enero. El dato corta el tenue alivio con el que había arrancado 2026 y expone que la recuperación sigue sin afirmarse sobre bases amplias: avanza en algunos nichos, pero se resiente en los sectores que más empleo, consumo y encadenamientos generan.

El punto más delicado no es solamente la caída general, sino su composición. El INDEC muestra que la mejora estuvo sostenida por un puñado de rubros, con liderazgo de Pesca, que creció 14,8% interanual, y Explotación de minas y canteras, con 9,9%. También sobresalió Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con una suba de 8,4%. Pero ese impulso no alcanzó para compensar el deterioro de los sectores más densos de la estructura productiva. La industria manufacturera se desplomó 8,7% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 7,0%. Entre ambos restaron 2,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE, más de lo que aportaron los principales sectores en expansión.

Ahí aparece la primera conclusión de fondo: la economía no está mostrando un proceso homogéneo de recuperación, sino una dinámica dual. Por un lado, crecen actividades vinculadas a recursos naturales, segmentos primarios o nichos específicos. Por otro, se debilitan la industria y el comercio, que son justamente los termómetros más sensibles del mercado interno. En otras palabras, el problema no es solo cuánto crece o cae la economía, sino dónde lo hace. Y cuando los sectores que caen son los que arrastran consumo, inversión pyme y empleo urbano, la señal es más grave que la que sugiere el promedio.

El dato desestacionalizado refuerza esa lectura. Tras una suba de 0,4% en enero, febrero mostró un retroceso de 2,6%, uno de los peores registros mensuales de los últimos meses. El componente tendencia-ciclo, en cambio, avanzó apenas 0,1%, una variación tan modesta que no alcanza para discutir el cuadro general: el nivel de actividad perdió vigor y volvió a quedar expuesto a una volatilidad alta. El contraste entre una tendencia-ciclo apenas positiva y una serie desestacionalizada en fuerte baja sugiere una economía sin motor firme, donde cualquier shock sectorial o financiero vuelve a sentirse con rapidez.

También es relevante mirar el primer bimestre. El acumulado enero-febrero de 2026 mostró una baja de 0,2% frente al mismo período del año pasado. Es un giro significativo si se recuerda que 2025 había terminado con una expansión acumulada de 4,4%. Es decir, el arranque de 2026 no prolongó el sendero de mejora que habían sugerido varios meses del año pasado, sino que abrió una fase más errática y, por ahora, contractiva.

Cuando se desagrega por ramas, el cuadro resulta todavía más elocuente. Además de industria y comercio, cayeron Electricidad, gas y agua (-6,0%), Impuestos netos de subsidios (-4,2%), Administración pública y defensa (-1,5%), Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (-0,5%) y Transporte y comunicaciones (-0,3%). Son descensos que, salvo excepciones, no remiten a un fenómeno puntual, sino a un enfriamiento más amplio de la actividad.

EMAE FEBRERO 2026 – PRINCIPALES DATOS
Indicador Variación
Actividad económica interanual -2,1%
Variación mensual (desestacionalizada) -2,6%
Tendencia-ciclo mensual +0,1%
Acumulado 2026 vs 2025 -0,2%
SECTORES DESTACADOS
Sector Variación interanual
Pesca +14,8%
Explotación de minas y canteras +9,9%
Agricultura, ganadería y silvicultura +8,4%
Industria manufacturera -8,7%
Comercio mayorista y minorista -7,0%
Fuente: INDEC – Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), febrero 2026.

Del lado positivo, además de minería, agro y pesca, crecieron Intermediación financiera (6,0%), Servicios sociales y de salud (0,9%), Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales (1,0%), Hoteles y restaurantes (1,0%) y Enseñanza (0,1%). Pero varias de estas mejoras tienen incidencias reducidas sobre el agregado general.

Ese detalle, que en el gráfico sectorial del informe se ve con claridad, obliga a una lectura crítica. No alcanza con mostrar que “ocho sectores crecieron” si los que caen pesan mucho más en el total. La incidencia de la industria manufacturera fue de -1,26 puntos y la del comercio de -0,91 puntos, muy por encima de los aportes positivos individuales de minería (0,39 puntos) y agro (0,36 puntos). La foto, entonces, no es la de una economía equilibradamente expansiva, sino la de un esquema donde pocos ganan mucho y muchos pierden algo, con saldo neto negativo.

Hay otro elemento que merece atención. La industria había mostrado señales de mejora en buena parte de 2025, pero cerró el año debilitándose y en febrero profundizó esa tendencia. Pasó de crecer 5,1% interanual en febrero de 2025 a caer 8,7% un año después. El comercio recorrió un sendero similar: de una suba de 6,3% en febrero de 2025 a una baja de 7,0% en febrero de 2026. Ese cambio de signo no es menor. Habla de una economía que perdió tracción en sus actividades más ligadas al ingreso disponible, al crédito comercial y al consumo.

En ese marco, el avance de la intermediación financiera, que creció 6,0%, también debe leerse con cautela. Puede reflejar un mejor desempeño del negocio financiero, pero no necesariamente un fortalecimiento del aparato productivo. De hecho, el contraste entre finanzas en alza e industria y comercio en baja suele describir un patrón conocido en la Argentina: valorización o rentabilidad financiera coexistiendo con una economía real debilitada. El EMAE no alcanza por sí solo para probar esa hipótesis, pero sí ofrece indicios consistentes para plantearla.

La conclusión, en suma, es incómoda para cualquier relato triunfalista. Febrero dejó una economía más chica que un año atrás, más débil que en enero y sostenida por sectores que no alcanzan a compensar la caída de los núcleos duros de la actividad. El rebote de 2025 parece haber perdido fuerza antes de consolidarse. Y si la industria y el comercio no revierten rápido su trayectoria, el riesgo es que el crecimiento quede encapsulado en pocos segmentos, con escasa capacidad de derrame sobre empleo, consumo y recaudación. El dato del INDEC no clausura el debate, pero sí deja una advertencia nítida: la recuperación, si existe, sigue siendo demasiado angosta.

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