industria manufacturera

La industria sigue sin encontrar piso: falta de demanda y empleo en alerta crítica

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La industria argentina encara el tercer trimestre con pocas señales de recuperación. La confianza empresarial mejoró levemente en junio, pero continúa profundamente en terreno negativo, en un escenario marcado por la falta de pedidos, la debilidad del consumo interno y expectativas contractivas para la producción y el empleo.

El Indicador de Confianza Empresarial de la industria manufacturera se ubicó en -17,8%, después de haber caído a -19,6% en mayo. La recuperación mensual fue insuficiente para modificar el diagnóstico de fondo: desde que comenzó la serie, en enero de 2025, el indicador nunca consiguió ingresar en terreno positivo.

El índice combina las expectativas de producción para los próximos tres meses, la situación actual de la cartera de pedidos y el nivel de stocks de productos terminados.

La mitad de las fábricas tiene pocos pedidos

La señal más preocupante aparece en la cartera de pedidos. El 49,7% de las industrias afirmó que su volumen de encargos se encontraba por debajo de lo normal, mientras que solo el 2,7% lo consideró superior. El balance fue de -47 puntos porcentuales.

En otras palabras, por cada empresa con pedidos superiores a los habituales existen más de 18 con una demanda insuficiente. El dato revela que el problema industrial no es principalmente la falta de capacidad productiva, sino la ausencia de compradores.

La demanda externa tampoco ofrece un contrapeso suficiente. Un 33,4% de las firmas declaró exportaciones por debajo de lo normal y apenas el 5,5% informó niveles superiores, con un balance negativo de 27,9 puntos.

La evaluación general de los negocios acompaña ese deterioro: solo el 6,2% de los empresarios calificó como buena la situación actual, frente al 29,2% que la consideró mala. El 64,7% respondió que era normal.

El mercado interno es el principal freno

El 52,1% de las empresas identificó a la demanda interna insuficiente como el principal factor que limita la posibilidad de aumentar la producción. Es, por amplio margen, el mayor obstáculo para el sector.

En segundo lugar aparece la competencia de productos importados, mencionada por el 10% de las firmas. Le siguen la incertidumbre económica, con el 7%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, con el 4,8%; y la falta de demanda externa, con el 4,7%.

Los problemas financieros fueron señalados por el 3,9%, mientras que solo el 7,3% respondió que no enfrenta ninguna restricción para ampliar su actividad.

El resultado dibuja una industria condicionada por dos fuerzas simultáneas: un mercado interno que no logra recuperar volumen y una mayor presión competitiva de los bienes importados. La combinación reduce ventas, desalienta inversiones y obliga a las empresas a administrar cuidadosamente sus niveles de producción.

Producción y empleo, con perspectivas negativas

Las expectativas para julio-septiembre tampoco anticipan un giro expansivo. El 17,1% de las empresas prevé reducir su producción, frente al 14,1% que espera aumentarla. El 68,8% considera que permanecerá sin cambios, lo que arroja un balance de -2,9 puntos.

La previsión sobre los pedidos internos es todavía más negativa: el 21,6% espera una disminución y el 14,6% proyecta una mejora. El balance se ubicó en -7 puntos porcentuales.

Ese escenario comienza a trasladarse al mercado laboral. El 18,2% de las industrias anticipa reducir las horas trabajadas, mientras solo el 5,6% planea aumentarlas. En cuanto al personal, el 15,1% prevé disminuir su dotación y apenas el 3,8% espera incorporar trabajadores.

Aunque el 81% proyecta mantener sin cambios el número de empleados, el balance laboral fue negativo en 11,3 puntos. Por cada empresa que piensa contratar, casi cuatro anticipan recortes.

Las exportaciones, la única señal favorable

El frente externo presenta una moderada expectativa positiva. El 16% de las firmas espera aumentar sus exportaciones durante el tercer trimestre, contra el 12,4% que prevé una disminución. El balance fue favorable en 3,6 puntos.

Sin embargo, esa mejora potencial no alcanza para compensar la debilidad del mercado interno, que sigue siendo el principal destino de buena parte de la producción manufacturera.

En materia de precios, el 61% de las empresas espera mantenerlos sin cambios, el 30,8% proyecta aumentarlos y el 8,2% anticipa reducciones. Esto sugiere que la industria enfrenta límites cada vez mayores para trasladar sus costos a los compradores.

El informe muestra una economía fabril que evita un deterioro más abrupto, pero permanece atrapada en una meseta baja. Sin recuperación firme del consumo, con pedidos escasos y mayor competencia importada, las empresas optan por contener producción, horas trabajadas y empleo.

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La economía cayó 0,5% en mayo y creció apenas 0,2% en el último año

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La economía argentina llegó a mayo con señales cada vez más claras de desaceleración y una composición profundamente desigual. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento interanual de apenas 0,2%, mientras que en la medición desestacionalizada cayó 0,5% respecto de abril.

El dato técnicamente mantiene a la actividad en terreno positivo frente al año pasado, pero revela que la recuperación perdió velocidad. Más aún: el crecimiento general se sostuvo gracias al desempeño de un reducido grupo de sectores primarios y extractivos, mientras que la industria manufacturera y el comercio, dos actividades centrales para la generación de empleo y el movimiento del mercado interno, profundizaron su retroceso.

El componente tendencia-ciclo, utilizado para identificar la dirección de fondo de la economía más allá de las oscilaciones mensuales, mostró una mejora de 0,2%. Esa variación evita hablar todavía de una contracción consolidada, aunque confirma una trayectoria de expansión extremadamente moderada.

Dos caídas mensuales en tres meses

La evolución de los primeros cinco meses de 2026 muestra una economía volátil, sin capacidad para encadenar una secuencia sostenida de crecimiento.

En enero, el EMAE avanzó 0,2% respecto de diciembre. En febrero cayó 2,5%, en marzo rebotó 2,8%, en abril volvió a retroceder 1,5% y en mayo disminuyó otro 0,5%.

De esta manera, la actividad registró bajas mensuales en tres de los últimos cuatro meses. El fuerte crecimiento de marzo alcanzó para compensar parte de esas pérdidas, pero no logró consolidar una tendencia expansiva.

En términos interanuales, la secuencia también muestra una marcada irregularidad: la economía creció 2% en enero, cayó 1,5% en febrero, saltó 6,2% en marzo, se moderó a 1,7% en abril y prácticamente se estancó en mayo, con una suba de apenas 0,2%.

Como resultado, el crecimiento acumulado entre enero y mayo fue de 1,7%, por debajo del 2,2% que se registraba al cierre de abril. El arrastre positivo del comienzo del año continúa, pero se reduce a medida que aparecen comparaciones más exigentes y se debilitan algunos motores de la actividad.

El magro crecimiento de mayo también debe leerse contra una base relativamente elevada. En mayo de 2025, la actividad había aumentado 5,3% interanual, en pleno proceso de recuperación después de la recesión de 2024.

El índice original alcanzó en mayo de 2026 los 165,5 puntos, apenas por encima de los 165,1 puntos registrados un año antes. En cambio, el índice desestacionalizado se ubicó en 153,6 puntos, por debajo de los 154,3 de abril y también lejos de los 156,7 alcanzados en marzo.

La comparación permite distinguir dos fenómenos. Por un lado, la economía conserva un nivel superior al observado durante buena parte de 2024. Por otro, desde comienzos de 2026 no logra atravesar con firmeza ese techo: los avances mensuales son interrumpidos rápidamente por nuevas correcciones.

Incluso la tendencia-ciclo, que creció 0,2% mensual y llegó a 154,7 puntos, dibuja una curva ascendente, pero de pendiente muy reducida.

El campo y la minería sostuvieron el resultado

Ocho de los quince sectores que integran el EMAE crecieron frente a mayo de 2025, mientras que siete registraron caídas. Sin embargo, el resultado general estuvo muy concentrado.

La explotación de minas y canteras encabezó las subas, con un incremento interanual de 15,7%. El sector mantiene una expansión de dos dígitos impulsada principalmente por la producción de petróleo y gas, y se consolida como uno de los motores más dinámicos de la economía argentina.

La agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció 4,6%. Aunque su porcentaje fue inferior al de la minería, resultó el sector con mayor incidencia positiva sobre el índice general debido a su peso dentro de la estructura productiva.

Entre ambos aportaron 1,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE. Dicho de otro modo: sin el empuje conjunto del agro y la actividad minera, el resultado de mayo habría sido claramente negativo.

Electricidad, gas y agua también exhibió una expansión importante, del 8%, mientras que la construcción avanzó 1,9%. Este último dato permitió al sector volver al terreno positivo luego de haber caído 1,8% interanual en abril.

Los servicios sociales y de salud crecieron 0,8%; transporte y comunicaciones, 0,6%; las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, 0,4%; y la intermediación financiera, 1,5%.

La industria volvió a quedar en el centro de la caída

La contracara estuvo en la industria manufacturera, que cayó 5,6% frente a mayo de 2025. Fue la actividad con mayor incidencia negativa sobre el resultado general, una señal especialmente relevante por su capacidad para irradiar efectos sobre el empleo, la inversión, el transporte y las cadenas de proveedores.

La caída industrial de mayo fue, además, más profunda que la registrada en abril, cuando la baja había sido de 2,7%. El sector alternó un crecimiento de 5,2% en marzo con retrocesos de 2,4% en enero, 8,4% en febrero, 2,7% en abril y 5,6% en mayo.

La secuencia muestra que el repunte de marzo no alcanzó para revertir una tendencia de debilidad que atraviesa buena parte del entramado fabril.

El índice sectorial de la industria se ubicó en 114,4 puntos, por debajo de los 121,2 de mayo de 2025 y también de los 134,8 puntos que había registrado en mayo de 2023. La comparación expone que la producción manufacturera no solo perdió terreno durante el último año, sino que continúa alejada de niveles previos.

El comercio refleja la debilidad del consumo

El comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron 4,3% interanual. El dato prolongó la caída de abril, que había sido de 3,2%, y se sumó a los descensos de enero y febrero.

El deterioro comercial representa una de las señales más directas sobre el estado del mercado interno. Aun cuando la desaceleración de la inflación permitió cierta recomposición de los ingresos reales, el consumo continúa condicionado por el debilitamiento del empleo, la pérdida de poder adquisitivo acumulada, el encarecimiento del crédito y la cautela de los hogares.

El índice del sector comercial descendió desde 160,9 puntos en mayo de 2025 hasta 153,9 en mayo de 2026. La actividad también quedó por debajo del nivel de marzo, cuando había alcanzado los 160,3 puntos.

Industria y comercio, junto con la pesca, restaron en conjunto 1,4 puntos porcentuales al resultado interanual. Ese aporte negativo fue superior a la expansión total del EMAE y debió ser compensado por las actividades primarias y extractivas.

La pesca registró el mayor derrumbe

La pesca sufrió la caída sectorial más pronunciada, con una baja interanual de 29,3%. El retroceso se produjo después de una contracción de 28,4% en abril y cortó el fuerte crecimiento registrado durante el primer trimestre.

Hoteles y restaurantes también pasaron a terreno negativo, con una disminución de 1,8%, después de haber permanecido sin variaciones en abril. Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales retrocedieron 1,3%.

La administración pública y la defensa cayeron 1,4% interanual, prolongando la reducción observada desde comienzos de 2025. Enseñanza disminuyó 0,1%, mientras que los impuestos netos de subsidios crecieron apenas 0,5%.

Una economía con motores de crecimiento poco intensivos en empleo

El informe de mayo describe una economía partida. De un lado aparecen el agro, la energía y la minería, actividades competitivas, generadoras de exportaciones y divisas, pero con una capacidad de creación directa de empleo relativamente menor que la industria, la construcción o el comercio.

Del otro lado se encuentran precisamente los sectores más vinculados con el mercado interno, el entramado de pequeñas y medianas empresas y la ocupación urbana. La caída fabril y comercial indica que la mejora de las variables macroeconómicas todavía no se traduce en una recuperación homogénea de la economía real.

La construcción ofreció una señal moderadamente favorable, aunque su crecimiento de 1,9% debe leerse con cautela: el nivel de actividad del sector se mantiene muy por debajo de sus registros de 2023. El índice de mayo fue de 124,4 puntos, contra 147 puntos en el mismo mes de aquel año.

Algo similar ocurre con hoteles y restaurantes. Pese a que el nivel sectorial es superior al de 2023 y 2024, en mayo mostró una caída interanual, lo que podría anticipar una pérdida de impulso en el consumo de servicios.

Del rebote a una meseta

Durante 2025, la economía había crecido 4,5% en el acumulado anual, impulsada en buena medida por la comparación contra la recesión de 2024. Ese efecto estadístico comenzó a diluirse.

En los primeros cinco meses de 2026, el avance acumulado se redujo al 1,7%. Mayo representa la expresión más clara de ese cambio: la actividad ya no compara contra los meses más profundos de la recesión, sino contra una economía que un año antes se encontraba en recuperación.

El desafío dejó de ser simplemente rebotar desde niveles bajos. Ahora consiste en transformar la estabilización en crecimiento sostenido, ampliar la recuperación hacia la industria y el comercio y generar una expansión capaz de mejorar el empleo y los ingresos.

Por el momento, el EMAE muestra una economía que evita la recesión, pero que tampoco consigue acelerar. El agro, la minería y la energía mantienen encendido el motor externo; la industria y el consumo interno, en cambio, continúan funcionando a media marcha.

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La industria operó al 58,4% de su capacidad en mayo según el Indec

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La utilización de la capacidad instalada de la industria argentina alcanzó el 58,4% en mayo de 2026, un nivel que se ubicó 0,5 puntos porcentuales por debajo del registrado en igual mes del año pasado (58,9%), reflejando una actividad manufacturera que continúa mostrando desempeños muy heterogéneos entre los distintos sectores productivos. El dato, difundido por el INDEC, confirma que, si bien algunos complejos industriales sostienen elevados niveles de operación, buena parte del entramado fabril aún enfrenta dificultades para recuperar el ritmo de producción.

El informe revela una clara segmentación dentro de la industria. Los sectores vinculados a la energía y los insumos básicos continúan operando con elevados niveles de utilización, mientras que las actividades asociadas al consumo durable y a la inversión siguen mostrando importantes márgenes de capacidad ociosa.

La refinación del petróleo volvió a liderar el ranking con una utilización del 88,7%, impulsada por un mayor procesamiento de crudo. Según el índice de producción industrial manufacturero (IPI), la elaboración de gasoil y naftas registró incrementos interanuales del 23,8% y 18,3%, respectivamente. También exhibieron niveles superiores al promedio las industrias metálicas básicas (75,4%), papel y cartón (68,1%), sustancias y productos químicos (65,6%) y productos alimenticios y bebidas (60%).

En el extremo opuesto, la metalmecánica, excluida la industria automotriz, registró el peor desempeño, con apenas 38,7% de utilización de su capacidad instalada, una caída significativa frente al 46% de mayo de 2025. El INDEC atribuyó este retroceso principalmente a la menor producción de maquinaria agropecuaria y de electrodomésticos, actividades que experimentaron bajas interanuales del 29,6% y 34,1%, respectivamente.

La industria automotriz también profundizó su desaceleración. El nivel de utilización descendió hasta 45,5%, frente al 56,8% registrado un año antes, como consecuencia de una menor producción de vehículos por parte de las terminales. Este comportamiento refleja un mercado que aún no logra consolidar una recuperación sostenida, tanto por la demanda interna como por la evolución de las exportaciones.

Otro sector relevante para la economía argentina, el de alimentos y bebidas, operó al 60% de su capacidad, por debajo del 61,7% observado en mayo del año pasado. La reducción estuvo asociada principalmente a la menor producción de carne vacuna y bebidas. En ese sentido, el IPI manufacturero mostró una caída interanual del 7,7% en la producción de carne bovina y del 9,3% en bebidas, mientras que la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA) informó una contracción del 14,6% en las ventas de gaseosas, aguas, jugos y bebidas energizantes.

Los productos textiles también permanecieron entre los sectores más afectados, con una utilización del 42,2%, por debajo del 47,4% de mayo de 2025, reflejando la persistente debilidad de la producción nacional y del consumo de bienes vinculados al mercado interno.

La fotografía sectorial evidencia que la recuperación industrial continúa siendo desigual. Mientras las ramas vinculadas a la energía, la refinación y ciertos insumos básicos mantienen niveles elevados de actividad, las industrias más dependientes del consumo y de la inversión siguen operando con una importante capacidad ociosa. Para provincias industriales y agroindustriales como Misiones, este escenario refleja un contexto en el que la evolución de la demanda interna continúa siendo un factor determinante para consolidar una recuperación más homogénea del aparato productivo nacional.

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En los últimos dos años y medio Misiones perdió el 11,4% de sus empleadores privados

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Lo de Dass es apenas un síntoma. Los 150 empleos que se perderán en las próximas horas forman parte de un escenario complejo, que exhibe un deterioro acelerado en los últimos meses. En abril de 2026 Misiones contabilizó 8.399 empleadores privados activos, el registro más bajo desde, al menos, enero de 2023 y un nuevo mínimo desde el inicio de la gestión del presidente Javier Milei.

La comparación interanual muestra una caída del 7,2%, equivalente a 653 empresas menos que en abril de 2025. Si el análisis se extiende al período previo al cambio de Gobierno nacional, el retroceso alcanza el 11,4%, con 1.081 empleadores privados menos desde noviembre de 2023. Frente al pico registrado en septiembre de ese año, la pérdida asciende a 1.414 empresas, lo que representa una reducción del 14,4% del universo de empleadores de la provincia.

El deterioro resulta aún más significativo cuando se compara con el desempeño nacional. Mientras Misiones perdió el 7,2% de sus empleadores en el último año y el 11,4% desde noviembre de 2023, el promedio del país registró bajas del 2,8% y del 5,2%, respectivamente. En otras palabras, la desaparición de empresas en Misiones avanza aproximadamente al doble de velocidad que en el conjunto de la Argentina.

Un proceso que se aceleró durante el último año

La evolución de la serie muestra que el deterioro no fue lineal. Entre noviembre de 2023 y abril de 2025 la provincia perdió 428 empleadores, a un ritmo promedio de 25 empresas por mes. Incluso hubo un breve período de recuperación entre febrero y junio de 2025, cuando el número de empleadores aumentó durante cinco meses consecutivos, favorecido por una desaceleración inflacionaria y una leve recuperación del crédito.

Sin embargo, ese rebote resultó efímero. Desde julio de 2025 el indicador acumula diez meses consecutivos de caída, período en el que desaparecieron 862 empleadores, equivalentes al 9,3% del total existente. El ritmo de destrucción prácticamente se duplicó: durante los últimos doce meses cerraron, en promedio, 54 empresas por mes, frente a las 25 mensuales registradas en la etapa previa.

En consecuencia, seis de cada diez empleadores perdidos desde noviembre de 2023 desaparecieron durante el último año, confirmando una fuerte aceleración del proceso.

Las microempresas concentran el mayor impacto

El análisis por tamaño revela que la crisis golpea principalmente a las firmas más pequeñas.

De los 1.081 empleadores desaparecidos desde noviembre de 2023, 990 tenían diez trabajadores o menos, es decir, el 91,6% de toda la destrucción empresarial.

Solo el segmento de empresas con entre uno y cinco trabajadores explica 855 cierres, mientras que las firmas de seis a diez empleados aportan otras 135 bajas.

La fotografía del último año confirma la misma tendencia: de las 653 empresas perdidas entre abril de 2025 y abril de 2026, 605 correspondían a microempresas, lo que representa el 92,6% del total.

En contraste, las compañías de entre 11 y 25 trabajadores incluso registraron un leve crecimiento, mientras que las de entre 51 y 100 empleados permanecieron prácticamente estables.

Los datos sugieren además que parte de la caída observada en las empresas medianas responde a una reducción de personal que las hace descender de categoría estadística. En cambio, cuando desaparece una microempresa no existe esa posibilidad: simplemente deja de existir.

La destrucción empresarial avanza a un ritmo superior al del empleo privado. Mientras la cantidad de trabajadores registrados cayó 3,9% interanual, el número de empleadores retrocedió 7,2%. Como consecuencia, el tamaño promedio de las empresas sobrevivientes pasó de aproximadamente 11,2 a 11,6 trabajadores.

Más que una mejora de productividad, el fenómeno refleja un proceso de concentración económica: hay menos empresas operando en la provincia.

Comercio, industria y construcción lideran las pérdidas

El impacto sectorial tampoco es homogéneo.

Desde noviembre de 2023 el comercio perdió 437 empleadores, equivalente al 13,6% de su universo empresarial y explica, por sí solo, cuatro de cada diez cierres registrados en Misiones.

A ello se suman las pérdidas en:

  • Industria manufacturera (-143).
  • Transporte y almacenamiento (-114).
  • Construcción (-92).
  • Alojamiento y gastronomía (-65).

En conjunto, estas cinco actividades concentran cerca del 80% de toda la destrucción empresarial. Se trata, precisamente, de los sectores más dependientes del consumo interno y de la inversión privada.

La crisis yerbatera también alcanza al agro

Hasta mediados de 2025 el sector agropecuario había mostrado una mayor capacidad de resistencia. Sin embargo, esa situación comenzó a revertirse durante el último año.

El número de empleadores agropecuarios cayó de 1.416 a 1.360, en un contexto marcado por la profunda crisis de la cadena yerbatera.

En conjunto, estos factores explican por qué Misiones atraviesa uno de los procesos de destrucción empresarial más intensos del país.

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La economía se mantuvo en modo “serrucho” y en abril se hundió 1,5% mensual

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Desde el bimestre agosto-septiembre que el EMAE no encadena dos subas mensuales consecutivas. En términos anuales sí arrojó un alza. La economía argentina se mantuvo en “modo serrucho” y cayó 1,5% mensual en abril. Aun así, en el acumulado de 2026 permaneció en terreno positivo, respecto del mismo período de 2025.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC no pudo sostener la mejora de marzo, y desde el bimestre agosto-septiembre que no encadena dos incrementos mensuales consecutivos.

“La dinámica del EMAE en los últimos meses refleja: un sube y baja en la serie mensual desestacionalizada, con una leve tendencia alcista, gracias al fuerte empuje de Minería, Energía y la Agroindustria (el resto de los sectores aún no acompañan)”, remarcó Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de Equilibra.

La economía argentina volvió a mostrar señales mixtas durante abril. Si bien el nivel de actividad registró una mejora del 1,6% respecto del mismo mes del año pasado, el ritmo de recuperación perdió impulso en la comparación mensual: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el INDEC cayó 1,5% frente a marzo en la medición desestacionalizada. En el acumulado del primer cuatrimestre, la actividad exhibe un crecimiento del 2,1% respecto del mismo período de 2025.

El dato confirma que la recuperación económica continúa, aunque con una dinámica menos homogénea que la observada en los primeros meses del año. La baja mensual refleja que varios sectores comenzaron a mostrar un agotamiento del rebote estadístico que siguió a la fuerte contracción registrada durante 2024, mientras otros mantienen un desempeño positivo impulsado por factores específicos.

De acuerdo con el informe oficial, los principales motores del crecimiento interanual fueron la actividad agropecuaria y la explotación de minas y canteras. El sector agro registró una expansión del 17,1%, aportando la mayor incidencia positiva sobre el indicador general, favorecido por una campaña agrícola de elevada producción. En paralelo, la minería creció 10,9%, consolidándose como otro de los pilares del desempeño económico durante el año.

También contribuyeron al resultado positivo la construcción, con un incremento del 6,4%; la intermediación financiera, que avanzó 4,5%; y el sector de electricidad, gas y agua, con una mejora del 2,1%. Estas actividades compensaron parcialmente el comportamiento más débil de otros segmentos relevantes de la economía.

En sentido contrario, la industria manufacturera y el comercio volvieron a convertirse en los principales factores de arrastre. La producción industrial registró una caída interanual del 3,2%, mientras que el comercio mayorista, minorista y reparaciones retrocedió 2,9%, siendo las ramas que más restaron al crecimiento del EMAE. También mostraron bajas hoteles y restaurantes (-28,4%), pesca (-1,3%), administración pública (-1,7%), actividades inmobiliarias (-0,2%) y transporte y comunicaciones (-0,1%).

La combinación de un crecimiento interanual con una caída mensual refleja una economía que aún conserva impulso respecto del año pasado, aunque enfrenta dificultades para sostener una trayectoria ascendente de manera continua. El retroceso de abril interrumpe la mejora observada en marzo y deja abierta la incógnita sobre la velocidad que tendrá la recuperación durante el segundo trimestre.

El desempeño sectorial también evidencia una recuperación cada vez más heterogénea. Mientras las actividades vinculadas al complejo agroexportador y a la minería sostienen el crecimiento, la industria y el consumo continúan mostrando un comportamiento más débil, condicionando la expansión del nivel general.

La mirada de Caputo

El ministro Luis Caputo sigue haciendo malabares para no admitir los datos negativos. Este lunes (29/06), el INdEC informó que la actividad económica cayó 1,5% en abril comparado con el mes previo. Optimista, Toto decidió enfocarse en lo positivo: “el EMAE creció 2,1% en el primer cuatrimestre en relación a igual período de 2025″.

El ministro prefirió no hacer foco en la caída contra marzo sino focalizarse en la comparación interanual de los primeros cuatro meses del año. Hay que sostener el relato…

El problema está en que sectores que habían registrado un repunte en marzo, en la comparación interanual, volvieron a registrar variaciones negativas en abril. Tal es el caso de Construcción, que ahora cayó 1,8%; del Comercio mayorista, minorista y reparaciones que pasó de +4,2% a -3,2%; e Industria manufacturera de +5,2% a -2,9%.

El próximo dato del EMAE, correspondiente a mayo de 2026, será publicado por el INDEC el 22 de julio y permitirá evaluar si la caída mensual de abril respondió a un ajuste transitorio o marca el inicio de una desaceleración más persistente de la actividad económica.

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