Industria

Estudio de Accenture describe cómo será el futuro de la manufactura

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¿Cómo serán las fábricas más competitivas en 2040? De acuerdo con un nuevo estudio de Accenture, la respuesta no estará determinada únicamente por la eficiencia de costos y los niveles de calidad; de hecho, alcanzar altos estándares en ambos será solo el punto de partida. Los verdaderos factores diferenciadores serán la flexibilidad, sostenibilidad y la inteligencia, cualidades de lo que Accenture llama “hiperautomatización”.

Para 2040, si las empresas logran avanzar en esta dirección, sus fábricas se verán radicalmente distintas a las actuales. Serán fábricas auto-optimizadas e impulsadas por inteligencia artificial, que integrarán de forma fluida robótica, gemelos digitales y supervisión humana en un ecosistema de producción inteligente e hiperautomatizado. De este modo, no solo podrán ejecutar procesos a gran escala, sino también anticipar disrupciones, adaptarse de manera dinámica y optimizar la producción en tiempo real, con un nivel de autonomía casi total. Un ejemplo de cómo la inteligencia artificial transforma el trabajo reorganizando tareas y funciones se ve en la industria manufacturera argentina, donde el 34% de las horas de trabajo son susceptibles de ser transformadas y potenciadas por la IA, alcanzando al 38% cuando tenemos en cuenta las transformaciones potenciales a lo largo de su cadena de valor.

La industria manufacturera argentina necesita potenciar la difusión y sofisticación en el uso de IA. Hoy, las empresas invierten en tecnologías básicas y generales. Los resultados preliminares de un relevamiento realizado por Accenture en conjunto con la UIA muestran que menos del 30% de las empresas industriales argentinas utilizan IA para soporte en la toma de decisiones, acelerar sus procesos de I+D+i o realizar automatización inteligente.             

La principal barrera de adopción es la falta de conocimiento y de una visión clara sobre las oportunidades de la IA. Lo que requiere transformar el foco de la reducción de costos a la IA como driver de competitividad y operar sobre los cuatro aspectos principales que impulsan la transformación:  talento, automatización, optimización a través de la IA y digitalización.

  1. Talento

Una amplia mayoría (70%) de los gerentes de planta encuestados por Accenture a nivel mundial considera que la transformación de la fuerza laboral es el factor más crítico para el éxito. Y tienen razón. Sin embargo, el talento disponible para la industria manufacturera se está reduciendo por y la aceleración de los cambios en los modelos productivos. En el caso de Argentina, entre las empresas industriales que buscaron personal especializado para sus iniciativas de IA, casi la mitad tuvo dificultades para acceder al talento.

Sebastián Feldberg, director ejecutivo de Industry X de Accenture Argentina destaca que, en este escenario, la capacitación y el desarrollo continuo del talento no son solo una necesidad operativa, sino un habilitador estratégico para la competitividad de largo plazo. Las fábricas del futuro requerirán personas con nuevas habilidades digitales, analíticas y cognitivas, capaces de interactuar con sistemas inteligentes, interpretar datos en tiempo real y tomar decisiones de mayor valor agregado.

La mayor parte de la fuerza laboral dejará de trabajar directamente en la producción para pasar a trabajar para la producción. Esto implica un cambio profundo desde tareas manuales y repetitivas hacia roles de supervisión de procesos, optimización, resolución de excepciones y toma de decisiones apoyadas por inteligencia artificial. Para que esta transición sea exitosa, será clave implementar modelos de formación continua, flexibles y personalizados, que permitan actualizar habilidades en tiempo real a medida que la tecnología evoluciona.

Además, el engagement de las personas será un factor decisivo. En entornos altamente automatizados y autónomos, el compromiso con el rol, el sentido de propósito y la confianza en la tecnología impactarán directamente en la seguridad, la productividad y la calidad. Las organizaciones deberán crear experiencias de trabajo que empoderen a las personas, fomenten el aprendizaje permanente y refuercen su rol como orquestadores del sistema productivo, en lugar de simples operadores.

Feldberg subraya que “las personas deberán participar en un ciclo constante en el que aprenden de la inteligencia artificial y junto a ella, y al mismo tiempo enseñan a la IA, a medida que la naturaleza del trabajo evoluciona. Tendrán que sentirse cómodas colaborando con sistemas inteligentes, operando entornos autónomos y supervisando procesos de automatización complejos. En la fábrica del futuro, el talento humano no desaparece: se vuelve más estratégico que nunca”.

  1. Automatización:

Una mayoría significativa (63%) de los gerentes de planta está priorizando la automatización en el mediano plazo, lo que no resulta sorprendente dadas las oportunidades inmediatas que ofrece para mejorar la eficiencia y reducir costos. Sin embargo, solo alrededor del 60% de los gerentes también está priorizando innovaciones clave como los vehículos guiados autónomos (AGV), la transformación de la intralogística y la manipulación de materiales, y los robots móviles autónomos (AMR), que serán necesarios para concretar su visión hacia 2040. De hecho, pese a esa visión de largo plazo, solo el 38% apunta a la fábrica hiperautomatizada.

Feldberg resalta que “es probable que resulte más rentable actualizar y reacondicionar infraestructuras existentes, con instalaciones bien mantenidas, mediante el uso de inteligencia artificial y robots humanoides, en lugar de construir líneas de producción completamente nuevas desde cero. De hecho, los primeros adoptantes en la industria automotriz ya están probando el potencial de los robots humanoides, con resultados positivos.”

  1. Optimización a través de la IA

Un número significativo de gerentes de planta (62%) considera que la inteligencia artificial es un habilitador clave para todos los aspectos de las operaciones fabriles. Sin embargo, en el corto plazo, la mayoría está priorizando los procesos de mantenimiento, reparación y overhaul (MRO), la optimización logística y las eficiencias productivas. Esto tiene sentido si el objetivo fuera únicamente preparar las fábricas para operar con éxito en los próximos años.

Sin embargo, en el futuro cercano, las operaciones fabriles estarán definidas no solo por la eficiencia, sino también por la flexibilidad, la agilidad y la capacidad de adaptación rápida. Esto requerirá que la IA conecte máquinas de forma autónoma, priorice tareas, distribuya cargas de trabajo y genere secuencias óptimas de operación. Los procesos basados en analítica predictiva supervisarán datos de sensores y de visión artificial, automatizando los calendarios de mantenimiento y los controles de calidad mediante la detección y predicción anticipada de fallas de equipos y defectos de producto.

El ejecutivo explica que “para lograr ese cambio, los gerentes de planta deberán acelerar el uso de la inteligencia artificial. Sin embargo, un 38% de ellos aún se muestra reticente a aplicar IA generativa en sus fábricas. El principal obstáculo es la mala calidad y la falta de consistencia de los datos. Los gerentes de planta necesitan datos confiables para habilitar analítica en tiempo real y generar insights impulsados por IA; sin ellos, las fábricas no pueden anticiparse ni actuar de forma proactiva. Por eso, para construir la fábrica del 2040, los líderes industriales deben poner el foco hoy en los datos.”

  1. Digitalización

La digitalización es la base de la fábrica hiperautomatizada. Sin embargo, el estudio de Accenture reveló que la mayoría de los gerentes de planta sigue enfocándose en medidas de digitalización que, en rigor, ya deberían estar implementadas. Sus principales prioridades son las medidas de ciberseguridad (77%), seguidas por la implementación de sistemas de ejecución de manufactura (MES) (70%) y plataformas en la nube, lo que evidencia que el sector manufacturero presenta un bajo nivel de madurez digital.

Lo preocupante es que capacidades críticas de la fábrica del futuro, como los gemelos digitales de máquinas y productos, el Internet Industrial de las Cosas (IIoT) o incluso la computación en el borde (edge computing), no son prioridades clave para casi la mitad de los gerentes de planta encuestados. Sin embargo, estas tecnologías constituyen los cimientos digitales de la fábrica moderna, gracias a su capacidad para simular, analizar y optimizar los sistemas productivos en entornos virtuales. Su ausencia genera silos, separando el diseño de la producción y limitando la toma de decisiones basada en simulación, así como la agilidad operativa.

Feldberg concluye que “para 2040, las fábricas más avanzadas no serán gestionadas: serán orquestadas. Y el talento humano tendrá un rol fundamental en esta orquestación, al tomar decisiones de alto valor agregado. La inteligencia artificial gobernará la producción en tiempo real, los gemelos digitales modelarán cada decisión antes de ejecutarla e interactuarán con la figura del robot humanoide. La manufactura se convertirá en ecosistemas totalmente autónomos y sensibles a la demanda. Este futuro no es especulativo: ya está comenzando a materializarse. Las fábricas del mañana no esperarán decisiones. Las tomarán. La única elección que enfrentan hoy los fabricantes es si diseñarán ese futuro o si se verán obligados a adaptarse a él”.

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Misiones perdió 908 empresas en dos años: Comercio e Industria explican más de la mitad de la caída

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En los dos últimos años, la cantidad de empresas empleadores en Misiones se contrajo de manera muy fuerte. Los datos de diciembre de 2025 muestran la existencia de 8.601 empresas del sector privado en la provincia, cuando en igual mes de 2023 había 9.509; por ende, la cantidad de firmas se redujo en un 9,5% que equivale a la desaparición de unas 908 empresas empleadoras.  

Al observar la evolución mensual del período, se observa una fuerte baja entre finales de  2024 e inicios el 2025, seguida por un intento de recuperación que se dio entre abril y junio  de ese año. Sin embargo, a partir de julio el número de firmas comenzó a transitar un sendero sostenido de bajas, llegando a los 8.601 finales con los que cerró el año.

El retroceso fue generalizado y alcanzó a la mayoría de los sectores de actividad, incluyendo varios de alto peso relativo dentro de la estructura productiva misionera. El Comercio, que explicó el 33% de las firmas en la provincia, registró una baja del 11,7% en los últimos dos años, con 377 empresas menos en el período, mientras que el Agro (15,8% del total provincial) mostró una contracción del 2,0%, perdiendo 20 empleadores; y la Industria  Manufacturera (11,1% del total) presentó una baja del 10,2%, provocando la desaparición de 109 empresas.  

Por su parte, la Construcción fue el rubro más afectado en términos relativos, con una caída del 20,2% de las empresas del sector, pasando de 415 a 331 empresas, lo que representa  84 firmas menos.

También los Servicios Profesionales mostraron un retroceso pronunciado del 15,1% (81 empresas menos), seguidos por el sector de Alojamiento y Comidas que disminuyó 14,5% (-57 firmas), mientras que los Servicios Inmobiliarios cayeron 13,4% con  pérdida de 19 firmas. 

También con caídas de doble dígito se ubicaron los Servicios de Asociaciones (-11,1% y -38 empresas) y Actividades Administrativas (-10,6% con 23 empresas perdidas). 

Con bajas, pero de un dígito, se encuentran los sectores de Información y Comunicación (- 9,7% y -14 empresas), Servicios de Transporte y Almacenamiento (-9,7% y -75 firmas);  Explotación de Minas y Canteras (-9,5% y dos empresas menos); Servicios Artísticos,  Recreativos y Culturales (-2,9% y -3 firmas); y Servicios Sociales y de Salud (-2,0% con seis empresas menos). 

Por su parte, los sectores de Suministro de Agua y Suministro de Energía no mostraron variación (0,0% en cada caso); al tiempo que solamente hubo dos sectores con alzas: Intermediación Financiera (+0,6% con +1 empresa) y Enseñanza (+3,3% y 7 nuevas firmas).

Comercio e Industria: ¿Dónde pegó más fuerte la caída de empresas? 

Como se mencionó antes, al medirlo en valores absolutos, la Industria Manufacturera y el Comercio fueron los sectores que más empresas perdieron en los últimos dos años en Misiones. Por ello, cabe indagar como se comportaron los subsectores que componen cada una.  

La Industria Manufacturera perdió 109 empresas en los dos últimos años. En términos absolutos, el subsector más afectado dentro de la rama industrial fue el de Producción de madera y fabricación de productos de madera y corcho, excepto muebles, que perdió 54  empresas en el período (-15,9%) y le siguió la Elaboración de productos alimenticios con -28 firmas (-9,2%). Algo más atrás se ubicaron Reparación e instalación de maquinaria y  equipo con 12 empresas menos (-21,8%) y Fabricación de productos elaborados de metal con -10 empresas (-10,9%). Luego, otros ocho subsectores también presentaron bajas pero en volúmenes menores (17 empresas en conjunto).  

Por el contrario, hubo otros que mostraron mejoras, aunque fueron muy leves. Las  empresas de Fabricación de sustancias y productos químicos crecieron en tres firmas  (+20%); y las de Fabricación de productos de informática, de electrónica y de óptica y las  de Fabricación de productos de caucho y de plástico aportaron dos nuevas firmas cada  una. Otros cinco subsectores crecieron en una firma, totalizando cinco nuevas en conjunto.  Finalmente, hay cuatro sectores que no mostraron variación.  

En el caso del Comercio, la pérdida total de empresas en el sector fue de 377 firmas, pero  la misma está explicada casi en su totalidad por el Comercio Minorista: este cayó 13,5% y perdió 309 empresas; por su parte, el Comercio Mayorista descendió 7,7% con -46 firmas; y el Comercio y reparación de vehículos automotores y motocicletas lo hizo en -6,5% con 22 empresas menos.  

Por ende, la perdida de 109 empresas en la industria y de 377 empresas en el comercio genera un total de 486 firmas entre ambos sectores, equivalente al 54% del total de empresas perdidas en la provincia. 

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El Gobierno habilita homologaciones ambientales exprés para autos y redefine el control estatal sobre emisiones

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El Gobierno avanzó el 17 de marzo con una modificación sensible en el régimen de control ambiental de vehículos: mediante la Resolución 263/2026, la Secretaría de Turismo y Ambiente habilitó un mecanismo para otorgar la Licencia de Configuración Ambiental (LCA) sin necesidad de presentar protocolos de ensayo locales, apoyándose en certificaciones internacionales.

La decisión, formalizada en el Boletín Oficial, no es menor. En un contexto donde la agenda oficial prioriza la simplificación regulatoria, el Ejecutivo redefine cómo se valida el cumplimiento ambiental en el sector automotor. La pregunta que subyace es inmediata: ¿se trata de una modernización del sistema o de un corrimiento del control estatal hacia esquemas más flexibles?

El dato concreto es claro: a partir de ahora, fabricantes e importadores podrán homologar vehículos en Argentina mediante el reconocimiento de certificaciones extranjeras —sin repetir ensayos— siempre que cumplan estándares equivalentes. La medida rige desde el día siguiente a su publicación.

De la certificación local al reconocimiento global

El cambio se inscribe en el marco de la Ley de Tránsito y Seguridad Vial y su decreto reglamentario, pero introduce una lógica distinta en la aplicación. Hasta ahora, el esquema privilegiaba la validación mediante ensayos y protocolos presentados ante la autoridad local. La nueva resolución abre una vía alternativa: la “validación sin protocolos”.

En términos institucionales, el movimiento se apoya en una modificación previa (Decreto 196/2025), que habilitó este tipo de reconocimiento. La resolución ahora baja ese marco a la operatoria concreta: define procedimientos, formularios y condiciones para que las homologaciones internacionales —de organismos reconocidos o bajo estándares equivalentes— tengan validez en el país.

El instrumento clave es la Constancia de Validación de Homologación Ambiental Extranjera (CVHAE), que funcionará como equivalente de la LCA ante los registros automotores. A esto se suma la validación de homologaciones locales (CVHAL) y la posibilidad de emitir constancias técnicas de etiquetado ambiental.

El Estado no desaparece del proceso, pero cambia su rol. En lugar de concentrarse en la verificación previa, desplaza parte del control hacia la fiscalización posterior y la validación documental. La Subsecretaría de Ambiente queda facultada para aceptar ensayos internacionales, definir estándares equivalentes e incluso celebrar acuerdos con organismos externos.

Simplificación, costos y mercado: quién gana con el nuevo esquema

La resolución se inscribe en una narrativa explícita: reducir costos, evitar duplicaciones y acelerar procesos. El texto lo plantea sin ambigüedades: simplificar trámites, promover la competencia y facilitar el comercio.

Para fabricantes e importadores, el beneficio es directo. La eliminación de ensayos locales obligatorios reduce tiempos y costos de ingreso al mercado. También elimina una barrera técnica que podía ralentizar la incorporación de nuevos modelos.

Pero la simplificación tiene una contracara institucional. El sistema se vuelve más dependiente de certificaciones externas y de la capacidad estatal para auditar información en lugar de producirla. En ese sentido, la resolución refuerza las herramientas de fiscalización: controles de producción, auditorías, muestreos y verificación de emisiones se mantienen, incluso sin mínimos de unidades en algunos casos.

El equilibrio que busca el Gobierno es evidente: desregular el ingreso, pero sostener el control en la etapa posterior. La incógnita es si ese esquema logra mantener estándares efectivos o si abre zonas grises en la verificación.

Reconfiguración interna y coordinación estatal

La medida también reorganiza la arquitectura administrativa. La Subsecretaría de Ambiente gana centralidad: podrá definir procedimientos para organismos técnicos, validar certificaciones y administrar el sistema de homologaciones.

Además, se articula un circuito institucional con otras áreas del Estado. La Agencia Nacional de Seguridad Vial y la Dirección Nacional de Registros Automotores quedan integradas al proceso, especialmente en casos donde se requiera un Certificado de Seguridad Vehicular o etiquetado ambiental adicional.

Incluso se prevén mecanismos específicos para importaciones particulares —limitadas a una unidad por año y con restricciones de reventa— y para regímenes especiales como Tierra del Fuego. La norma no solo simplifica: también ordena múltiples situaciones que hasta ahora tenían tratamiento fragmentado.

Estándares internacionales como piso común

El nuevo esquema mantiene como referencia los estándares EURO 5a y EURO V, junto con equivalentes de Estados Unidos y Brasil. No hay una flexibilización explícita en los niveles de exigencia ambiental, pero sí en el modo de acreditarlos.

El Gobierno habilita el reconocimiento de normas internacionales y ensayos realizados en el exterior, siempre que provengan de organismos con acreditación reconocida. En paralelo, se refuerza la trazabilidad y la obligación de disponer de la documentación ante eventuales requerimientos.

La lógica es clara: aceptar el estándar global como válido, en lugar de replicarlo localmente.

Un movimiento táctico con efectos abiertos

La resolución 263/2026 no introduce una reforma estructural del sistema ambiental, pero sí redefine su funcionamiento cotidiano. Es un cambio de lógica más que de objetivos: menos intervención previa, más validación ex post.

En términos políticos, el Gobierno avanza en una línea coherente con su estrategia de desregulación y simplificación. El sector privado gana previsibilidad y agilidad. El Estado reconfigura su capacidad de control.

Lo que queda abierto es el resultado de ese equilibrio. En las próximas semanas, el foco estará en la implementación: cómo operan las validaciones, qué volumen de trámites migra al nuevo esquema y qué capacidad efectiva tiene la administración para auditar sin intervenir de entrada.

La tensión no es técnica. Es institucional.

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La economía misionera creció 6% entre 2018 Y 2024

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La economía misionera se expandió 5,9% entre 2018 y 2024, un crecimiento que fue superior al mostrado por el país en igual período (+0,1%), según los datos del Instituto Provincial de Estadística y Censos, que actualizó el cálculo de Producto Bruto Geográfico (PBG) de Misiones. En 2024, Misiones participó del 2,07% del PIB nacional, un valor por encima del año 2018 cuando representaba el 1,95%, dando cuenta así de su crecimiento en el período. De este modo, Misiones se posiciona como la octava economía de mayor pesos en la Argentina.  

La evolución del producto provincial fue dispar, alternando altas y bajas que no siempre fueron en línea con el ciclo económico nacional: en 2019 el PBG Misiones creció 0,8% mientras que el PIB nacional caía 2,0%; en 2020, la economía misionera sufrió los impactos de la pandemia y marcó una caída del 13%, superior a la baja registrada en el país (-9,9%). Sin embargo, la recuperación misionera fue muy contundente en 2021: creció 17% cuando el país lo hacía al 10,4%. Algo similar se observó para 2022: la expansión misionera continuó con un alza del 10% de su producto cuando la Nación creció al 6%. Sin embargo, hacia 2023 y 2024, los efectos de la recesión y de políticas económicas nacionales pegaron más duro en la provincia: en 2023 Misiones cayó 3,6% cuando el país lo hizo en -1,9% y para 2024, la provincia vio una merma de 2,6% y -1,3% para el caso nacional.

Se observa entonces cierto patrón de volatilidad relativa: Misiones tiende a amplificar el ciclo económico nacional, mostrando expansiones más intensas en fases de crecimiento, pero también caídas más profundas en contextos recesivos. Es decir, cuando el país creció, la provincia lo hizo a un ritmo superior, pero cuando la economía nacional se contrajo, el impacto negativo en Misiones también resulta más pronunciado.

Históricamente, la Industria Manufacturera fue el sector más importante de la economía misionera: explicó el 24,5% del producto durante 2018-2024. Es decir, la industria concentra un cuarto de todo el producto provincial. Sin embargo, se nota una disminución entre puntas: pasó del 24,8% en 2018 al 23,6% en 2024 perdiendo 1,2 puntos porcentuales de participación. 

El Comercio es el segundo sector de importancia con una participación promedio del 14,3% y, en este caso, se vio un comportamiento inverso al de la industria: cuando en 2018 el comercio explicaba el 14,0% en 2024 lo hizo en 15,1%, una suba de 1,1 puntos de participación. 

Los Servicios Inmobiliarios completan el podio con el 10% promedio de participación, manteniéndose constante entre puntas. 

Cómo evolucionaron los sectores de actividad de Misiones

Si se compara 2024 vs. 2018, todos los sectores económicos de la provincia crecieron, aunque a diferente velocidad. El comercio fue el gran protagonista del crecimiento misionero, con una expansión del 14,7% en el período, casi triplicando el alza general provincial. 

Los servicios financieros se ubicaron en segundo lugar con un alza del 12,5% y el Suministro de Electricidad le siguió con +9,1%. 

Otros sectores que crecieron por encima del resultado general provincial fueron los Servicios de Salud y Sociales (+8,9%), Alojamiento y comidas (8,3%), Actividades Administrativas (7,9%), Construcción (7,8%), Transporte y Almacenamiento (7,0%), Servicios Inmobiliarios (7,0%) y Agricultura y Ganadería (6,0%).

Por su parte, los sectores con alzas pero inferiores al nivel general provincial fueron la Administración Pública (5,2%), Suministro de agua (4,0%), Información y comunicación (3,6%), Recreación (3,1%), Otros Servicios (2,5%), Enseñanza (2,1%), Servicios Profesionales (1,8%), Explotación de minas y canteras (1,3%) y cierra la Industria (0,6%). 

El bajo crecimiento industrial en el periodo explica el descenso en sus niveles de participación, aunque siga siendo el sector líder de la economía misionera.

En términos acumulados, el nivel de actividad provincial se ubica 5,9% por encima de 2018, muy por encima del modesto crecimiento nacional de apenas 0,1% en el mismo período, lo que evidencia una mayor capacidad de resiliencia relativa de la economía misionera.

A precios corrientes, el crecimiento del PBG provincial muestra una expansión sostenida, pasando de 287.524 millones en 2018 a más de 12 billones en 2024, acompañando el proceso inflacionario y el incremento nominal de la economía. En este esquema, la participación de Misiones dentro del PIB nacional se mantiene relativamente estable, en torno al 2%, con leves variaciones anuales que oscilan entre el 1,92% y el 2,15%. Este dato refleja que, más allá de las fluctuaciones reales, la provincia conserva su peso relativo dentro del entramado productivo nacional, sin cambios estructurales significativos en su participación.

Liderazgo regional

El desempeño del Producto Bruto Geográfico (PBG) de Misiones en el período 2018-2024 muestra una clara divergencia respecto a otras economías del NEA, particularmente Chaco y Corrientes. Mientras Misiones logró un crecimiento acumulado de 5,9%, consolidándose como la provincia de mejor desempeño relativo en la región, Chaco registró una contracción significativa del -6,4% y Corrientes apenas logró expandirse un 0,9%. Esta diferencia evidencia no sólo una mayor capacidad de recuperación de la economía misionera tras el shock de 2020, sino también una estructura productiva más dinámica en términos relativos.

Evolución del PBG en el NEA (2019-2024)

Año Misiones Chaco Corrientes
2019 0,8% -1,6% 1,2%
2020 -13,0% -2,7% -6,3%
2021 17,0% 7,6% 3,3%
2022 10,0% 5,5% 6,0%
2023 -3,6% -4,3% -0,1%
2024 -2,6% -10,1% -2,7%
2024 vs 2018 5,9% -6,4% 0,9%

En la comparación interanual, las tres provincias comparten el impacto de la pandemia en 2020, aunque con distinta intensidad: Misiones sufrió una caída más profunda (-13,0%), pero también protagonizó el rebote más vigoroso en 2021 (17,0%), superando ampliamente a Chaco (7,6%) y Corrientes (3,3%). En 2022, la expansión continuó en las tres jurisdicciones, con Misiones nuevamente liderando (10,0%), seguida por Corrientes (6,0%) y Chaco (5,5%). Sin embargo, el cambio de ciclo económico a partir de 2023 afectó a toda la región, con caídas generalizadas que se profundizan en 2024, especialmente en Chaco (-10,1%), consolidando su peor desempeño relativo.

Este recorrido deja en evidencia que, más allá de las oscilaciones coyunturales, Misiones logró sostener una trayectoria de crecimiento neto positivo en el mediano plazo, a diferencia de sus pares regionales. La provincia no sólo recuperó lo perdido durante la pandemia, sino que superó los niveles de actividad de 2018 con mayor holgura, mientras que Chaco permanece por debajo de ese umbral y Corrientes apenas logra empatarlo. La comparación regional refuerza así la idea de una economía misionera más resiliente, con mejores condiciones para amortiguar crisis y capitalizar las fases expansivas.

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Precios mayoristas: suben 1% en febrero y el Gobierno enfrenta una señal clave en la cadena de costos

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El proceso de desaceleración inflacionaria sumó un nuevo capítulo con matices: el índice de precios mayoristas registró una suba de 1% en febrero de 2026 y acumuló 25,6% interanual, según informó el INDEC el 17 de marzo. El dato, en apariencia contenido, adquiere relevancia política porque mide el pulso de la cadena de formación de precios antes de su traslado al consumidor. En ese punto se abre una pregunta inevitable: ¿la baja en la nominalidad mayorista consolida la estrategia del Gobierno o anticipa tensiones futuras en márgenes y abastecimiento?

Lejos de ser un indicador técnico más, el índice funciona como termómetro adelantado de la inflación minorista y como referencia para sectores productivos que ajustan contratos, listas de precios y expectativas.

Una desaceleración con composición heterogénea

El informe oficial muestra que la variación mensual se explicó por el aumento de 1% en los productos nacionales, mientras que los productos importados registraron una leve baja de -0,3%. Esa diferencia introduce un dato clave: la presión inflacionaria se sostiene más en factores internos que en el componente externo.

Al interior de los productos nacionales, el comportamiento no fue uniforme. Los productos primarios subieron 1,2%, los manufacturados 1% y la energía eléctrica avanzó 0,5%. Esta estructura sugiere que la dinámica de costos sigue atravesada por variables productivas locales, incluso en un contexto de menor volatilidad cambiaria.

La baja en importados, en tanto, aparece como un factor de contención, aunque con impacto acotado en la estructura general del índice. No alcanza por sí sola para compensar la inercia de los precios domésticos.

Un indicador clave para la política económica

El índice de precios internos al por mayor (IPIM) no solo mide variaciones. También anticipa decisiones. Su evolución incide en la política de precios, en la negociación entre proveedores y empresas, y en la construcción de expectativas inflacionarias.

Para el Gobierno, el dato de febrero puede leerse como una señal de estabilización relativa en la cadena de costos. Sin embargo, también expone una limitación: la inflación no desaparece, se redistribuye. Y en ese movimiento, los precios mayoristas siguen mostrando una inercia que condiciona la velocidad de desaceleración general.

En términos institucionales, el índice no tiene impacto directo en normas o contratos como otros indicadores, pero sí influye en la toma de decisiones del sector privado y en la calibración de políticas públicas.

Correlación de fuerzas: márgenes en disputa

El comportamiento de los precios mayoristas también refleja una tensión silenciosa entre sectores productivos. Cuando los costos suben, aunque sea de forma moderada, se activa una disputa por los márgenes a lo largo de la cadena.

El dato de febrero sugiere que esa tensión no desapareció. Se reconfiguró. La estabilidad relativa puede aliviar presiones en el corto plazo, pero no elimina la puja entre productores, distribuidores y comercializadores.

En ese escenario, la política económica queda en una posición delicada: necesita sostener la desaceleración sin generar un estrangulamiento en sectores que dependen de la recomposición de precios para sostener actividad.

Un equilibrio todavía inestable

El registro de 1% mensual marca una desaceleración respecto de períodos anteriores, pero no define una tendencia irreversible. La clave estará en observar si este nivel se consolida o si responde a factores transitorios.

Las próximas mediciones permitirán evaluar si la baja en productos importados se sostiene y si los componentes internos logran moderarse sin intervención adicional. También será relevante analizar cómo impacta esta dinámica en la inflación minorista.

Por ahora, el dato deja una señal ambivalente. La nominalidad cede, pero no se apaga. Y en ese margen, la política económica sigue jugando una partida donde cada punto porcentual redefine el equilibrio.

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