inflación 2026

La mano de obra se despega de la inflación: los servicios del hogar aumentan más que los materiales y presionan sobre el costo de vivir

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En un contexto de desaceleración de la inflación, los servicios para el hogar empiezan a mostrar una dinámica propia. Mientras el IPC nacional marcó en junio una variación mensual del 1,9%, la mano de obra de los principales oficios vinculados al mantenimiento de viviendas avanzó alrededor del 3,5% mensual, muy por encima de los materiales, cuya variación se ubicó en torno al 1,6%.

La conclusión surge del Índice de Precios del Hogar elaborado por Todo Resuelto, un marketplace especializado en servicios domiciliarios que releva más de 600 precios reales correspondientes a 21 oficios en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. El trabajo funciona como un termómetro del costo de mantener una vivienda y permite observar tendencias que muchas veces no aparecen reflejadas en los índices tradicionales.

El fenómeno tiene una explicación relativamente sencilla: con la inflación general moderándose, el componente laboral comienza a recuperar terreno. Los profesionales independientes actualizan honorarios para recomponer ingresos, mientras los materiales muestran una mayor estabilidad producto de una menor volatilidad de precios y una demanda más contenida.

Julio también incorpora un componente estacional. Las bajas temperaturas incrementan la demanda de gasistas matriculados para instalaciones y reparaciones de calefones, termotanques, estufas y calderas, generando mayores tiempos de espera y presión sobre los honorarios.

En paralelo, el informe destaca que la división “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” del INDEC creció 3,3% en junio, muy por encima del nivel general de inflación (1,9%), impulsada principalmente por las actualizaciones tarifarias y los costos asociados al mantenimiento del hogar.

Cuánto cuesta contratar un oficio

Los valores relevados muestran la magnitud que alcanzó el costo de la mano de obra especializada.

En plomería, una visita técnica cuesta entre 17.000 y 25.000 pesos, mientras que la hora de trabajo oscila entre 31.000 y 52.000 pesos. Una destapación de cloaca principal puede costar entre 62.000 y 135.000 pesos, dependiendo de la complejidad.

En electricidad, la visita técnica se ubica entre 26.000 y 50.000 pesos, mientras que una instalación completa de tablero eléctrico puede variar entre 200.000 y 360.000 pesos. Si se trata del cableado integral de una vivienda de tres ambientes, el presupuesto puede alcanzar entre 1 y 2 millones de pesos.

Para pintura, el trabajo de renovar un departamento de dos ambientes ronda actualmente entre 415.000 y 730.000 pesos, mientras que pintar una casa de tres ambientes puede demandar entre 730.000 y 1,25 millones de pesos.

En el rubro gas, la instalación de un calefón tiene un costo de mano de obra que oscila entre 108.000 y 188.000 pesos, siempre realizada por un gasista matriculado.

El informe identifica a la carpintería a medida como uno de los sectores donde mejor se observa la evolución de costos durante el año.

Un placard de melamina de dos metros lineales cuesta actualmente entre 300.000 y 640.000 pesos, según el diseño, la calidad de los herrajes y las terminaciones.

En sentido inverso, la climatización atraviesa su temporada baja. La instalación de un aire acondicionado split cuesta entre 130.000 y 200.000 pesos, mientras que un equipo inverter frío-calor de 3.000 frigorías puede conseguirse entre 590.000 y 900.000 pesos, valores que suelen incrementarse considerablemente durante el verano.

Presupuestos con mayor estabilidad

La menor inflación también modifica la relación entre clientes y prestadores. A diferencia de 2025, cuando los presupuestos perdían vigencia en pocos días, hoy mantienen estabilidad durante más tiempo. Sin embargo, desde Todo Resuelto recomiendan seguir trabajando con presupuestos cerrados, detallando alcance del trabajo, materiales incluidos y fecha de validez para evitar conflictos posteriores.

El relevamiento abarca diez grandes categorías de servicios -entre ellas plomería, electricidad, gas, albañilería, pintura, carpintería, climatización, cerrajería, mudanzas y control de plagas- e incluye más de 40 trabajos representativos.

La metodología combina información proveniente de colegios profesionales, gremios, relevamientos propios de mercado y precios del retail. Cada valor debe estar respaldado por al menos dos fuentes independientes. El INDEC se utiliza únicamente como referencia estadística para comparar tendencias y no para actualizar automáticamente los precios.

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El costo de construir volvió a acelerarse: en junio subió 2,6% y la mano de obra lideró los aumentos

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Después de un período de moderación inflacionaria, el costo de construir volvió a mostrar una aceleración durante junio. El Índice del Costo de la Construcción (ICC) del Gran Buenos Aires registró un incremento del 2,6% respecto de mayo, explicado por aumentos simultáneos en materiales (1,8%), mano de obra (3,3%) y gastos generales (2,8%).

El dato refleja que, aunque la inflación general continúa desacelerándose, el sector de la construcción mantiene presiones propias derivadas de las negociaciones salariales y de la actualización de tarifas de servicios públicos, factores que siguen incidiendo directamente sobre el costo de las obras privadas y públicas.

La principal incidencia provino del capítulo de mano de obra, que avanzó 3,3% mensual. El incremento responde al acuerdo paritario firmado por la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) el 19 de mayo, posteriormente homologado por el Gobierno nacional, que estableció nuevas escalas salariales desde junio junto con una asignación extraordinaria no remunerativa. El ajuste también impactó indirectamente en el rubro de gastos generales, ya que incluye el costo del sereno de obra.

A ello se sumó la actualización de los cuadros tarifarios de electricidad aprobados para Edenor y Edesur, las modificaciones en los costos de conexión de gas y los nuevos valores autorizados para los servicios de agua y cloacas, todos componentes que forman parte de los gastos generales considerados por el indicador.

Los materiales, por su parte, aumentaron 1,8%, una variación inferior a la registrada por la mano de obra. El relevamiento del INDEC toma como referencia los insumos con mayor incidencia dentro del costo total de una obra tipo, garantizando una cobertura superior al 95% de cada rubro.

El análisis por especialidades muestra comportamientos heterogéneos. Las mayores subas correspondieron a yesería (5,7%), instalación eléctrica (4,4%), pintura (4,1%) y otros trabajos y gastos (3,7%). En el extremo opuesto, los menores incrementos se observaron en movimiento de tierra (1,2%), vidrios (0,9%), carpintería de madera (0,6%) y carpintería metálica y herrería (0,6%).

En términos acumulados, el ICC registró un incremento interanual del 32,1%, un nivel que continúa condicionando las decisiones de inversión en desarrollos inmobiliarios y obras privadas, aunque se ubica significativamente por debajo de los registros superiores al 200% observados durante el pico inflacionario de 2024.

Para desarrolladores, constructoras y familias que proyectan construir o ampliar una vivienda, el dato ofrece una señal relevante: el costo de los materiales muestra una desaceleración más marcada, mientras que el componente laboral y los servicios regulados continúan siendo los principales impulsores del índice. Este escenario obliga a una planificación financiera más precisa y refuerza la importancia de presupuestar las obras considerando posibles ajustes salariales y tarifarios durante su ejecución.

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La inflación esperada vuelve a subir: los hogares proyectan 37,5% para los próximos doce meses

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La desinflación oficial convive con una señal menos cómoda en el frente de las expectativas: los hogares argentinos volvieron a corregir hacia arriba su previsión de inflación para los próximos doce meses. Según la Encuesta de Expectativas de Inflación del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, en mayo la inflación esperada por la población se ubicó en 37,5%, 3,5 puntos porcentuales por encima del registro de abril, cuando había sido de 34%.

El dato no implica solamente una variación estadística. En una economía donde la memoria inflacionaria sigue condicionando decisiones de consumo, precios, salarios y financiamiento, el nuevo aumento de las expectativas muestra que el proceso de normalización todavía enfrenta un escollo central: la credibilidad de la desaceleración futura.

La mediana, en cambio, se mantuvo sin cambios en 30%. Esa diferencia entre promedio y mediana sugiere que una parte de las respuestas más elevadas empujó hacia arriba el resultado general, aun cuando el valor central de la distribución no se modificó respecto del mes anterior. Es decir, no todos los hogares ajustaron su percepción con la misma intensidad, pero sí creció el peso de quienes esperan una inflación más alta.

Sebastián Auguste, director del Centro de Investigación en Finanzas de la UTDT, señaló que la medición de mayo muestra “una nueva suba en el promedio”, luego del incremento registrado en abril, mientras que la mediana permaneció estable. La encuesta fue realizada entre el 4 y el 19 de mayo, un período clave para captar el pulso social sobre precios después de los movimientos económicos de comienzos de mes.

El deterioro fue generalizado por regiones, aunque con diferencias importantes. El Gran Buenos Aires mostró el salto más fuerte: pasó de una inflación esperada de 35,6% en abril a 42,2% en mayo. En el Interior, el indicador avanzó de 33% a 35,4%, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires subió de 35,9% a 36,7%.

La brecha territorial es relevante. El mayor incremento en el Gran Buenos Aires puede leerse como una señal de mayor sensibilidad social frente al precio de los alimentos, tarifas, transporte y servicios básicos, componentes que golpean con más fuerza en los presupuestos familiares de ingresos medios y bajos. En el Interior, la suba fue más moderada, aunque también confirma que la expectativa de inflación no descendió en ninguna de las regiones relevadas.

La encuesta también muestra una fractura clara por nivel socioeconómico. En los hogares de mayores ingresos, la inflación esperada subió de 33,5% a 35,6%. En los hogares de menores ingresos, el salto fue mucho más pronunciado: de 35% a 41,7%. Como resultado, la brecha entre ambos grupos se amplió.

Ese punto es especialmente sensible desde el punto de vista económico y político. Los hogares de menores ingresos suelen tener menor capacidad de cobertura frente a la inflación, menor acceso a instrumentos financieros defensivos y mayor proporción de gasto destinado a bienes esenciales. Cuando ese segmento espera más inflación, la percepción de pérdida de poder adquisitivo tiende a volverse más intensa, aun cuando los índices oficiales muestren una desaceleración respecto de los picos previos.

El dato mensual ofrece un matiz distinto. La expectativa de inflación para los próximos 30 días se ubicó en 3,86% promedio, levemente por debajo del 3,93% registrado en abril. La mediana mensual se mantuvo en 3%. Esto indica que, en el cortísimo plazo, los hogares no perciben una aceleración inmediata, pero sí proyectan mayores tensiones acumuladas en el horizonte de un año.

La lectura económica es doble. Por un lado, la expectativa mensual relativamente estable puede reflejar cierta aceptación social de que la inflación corriente dejó atrás los niveles más altos. Por otro, el aumento de la expectativa anual muestra que la población todavía no descuenta una convergencia rápida hacia niveles bajos y sostenibles.

En términos de política económica, el dato plantea un desafío para el Gobierno. La baja de la inflación observada necesita convertirse en expectativa persistente para consolidar decisiones de inversión, consumo, crédito y negociación salarial. Si los hogares siguen proyectando inflación elevada, las conductas defensivas pueden demorar la estabilización: remarques preventivos, compras anticipadas, reclamos salariales más altos o mayor preferencia por cobertura cambiaria.

La encuesta de la Di Tella no mide inflación efectiva, sino expectativas. Pero en la Argentina esa variable tiene peso propio. Después de años de inflación alta, la confianza no se recompone solo con algunos meses de desaceleración. Requiere consistencia fiscal, monetaria, cambiaria y, sobre todo, una trayectoria de precios que resulte creíble para los hogares.

Mayo dejó, en ese sentido, una advertencia: la nominalidad puede estar bajando, pero la expectativa social todavía se resiste a acompañar plenamente. Y el mayor deterioro entre los hogares de menores ingresos confirma que la discusión inflacionaria sigue siendo, además de macroeconómica, profundamente distributiva.

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La inflación mayorista se acelera al 3,4% en marzo y presiona costos por el salto en energía

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación mayorista alcanzó el 3,4% en marzo, en línea con el Índice de Precios al Consumidor del mismo mes, tras haber mostrado una desaceleración en enero y febrero. El dato confirma un cambio de tendencia en los costos de producción, con impacto directo en la estructura de precios de la economía.

De acuerdo con el informe oficial, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) acumuló un alza del 6,1% en el primer trimestre y registró una variación interanual del 27,9%, consolidando una dinámica de presión en los precios de origen.

Energía y combustibles, el motor de la suba

El repunte del índice estuvo explicado principalmente por el incremento en los productos nacionales, que subieron 3,5%, mientras que los importados lo hicieron en menor medida (1,1%).

Dentro de los componentes locales, el mayor impacto provino de “Petróleo crudo y gas”, que registró un aumento significativo y explicó más de dos puntos porcentuales de la variación mensual. También incidieron los productos refinados del petróleo, alimentos y bebidas, y productos químicos.

En contrapartida, los productos agropecuarios mostraron una caída mensual, lo que amortiguó parcialmente la suba general.

Un cambio de tendencia tras dos meses de calma

El dato de marzo corta una secuencia de desaceleración que se había observado en enero (1,7%) y febrero (1%). La aceleración vuelve a ubicar a los precios mayoristas en niveles similares a los del IPC, lo que refuerza la señal de transmisión hacia precios minoristas.

Además, otros indicadores del sistema mayorista también mostraron subas: el índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB) creció 3% y el índice de precios básicos del productor (IPP) también avanzó 3%, impulsado por aumentos en productos primarios y manufacturados.

Energía como factor estructural

El comportamiento del rubro energético aparece como un factor determinante en la dinámica inflacionaria. La suba en petróleo y gas —asociada a movimientos internacionales— introduce un componente externo que condiciona la política económica local.

En este escenario, los sectores vinculados a la energía y combustibles concentran mayor capacidad de incidencia sobre la formación de precios, mientras que actividades como el agro, que mostraron caídas, pierden peso relativo en la dinámica mensual.

Costos en alza y presión sobre cadenas productivas

La aceleración del índice mayorista implica un encarecimiento en los costos de producción que, según la estructura de cada sector, puede trasladarse a precios finales o absorberse vía márgenes.

El incremento en energía impacta transversalmente: transporte, industria y logística. A su vez, el comportamiento dispar entre sectores —con subas en energía y bajas en agro— genera una recomposición desigual dentro de la economía.

Posibles efectos en economías del NEA

Aunque el informe no desagrega datos regionales, la dinámica observada sugiere un impacto potencial en provincias con fuerte peso de economías regionales como Misiones.

Por un lado, la caída en productos agropecuarios podría moderar costos en actividades primarias. Por otro, el encarecimiento energético y logístico puede afectar la competitividad de cadenas productivas alejadas de los centros de consumo, una condición estructural del NEA.

Variables a seguir

El comportamiento de los precios mayoristas en los próximos meses dependerá de la evolución de los costos energéticos y del contexto internacional. También será clave observar si esta aceleración se consolida o si vuelve a desacelerarse.

Otro punto a monitorear es el grado de traslado a precios minoristas y su impacto en el consumo, en un contexto donde la estabilidad de precios sigue siendo un eje central del programa económico.

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El FMI explicó los motivos por los que espera menos crecimiento y más inflación para la Argentina

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El Fondo Monetario Internacional revisó sus previsiones para la Argentina y proyectó un crecimiento del 3,5% para 2026 —medio punto menos que en octubre— junto con una suba significativa de la inflación esperada, que pasó del 16,4% al 30,4%. El ajuste fue presentado este martes en el último informe de perspectivas globales, en un contexto internacional atravesado por tensiones en energía, conflictos y volatilidad de precios.

Durante la presentación, Petya Koeva Brooks, vicedirectora del Departamento de Investigación, explicó que la revisión responde principalmente a una pérdida de impulso en la actividad económica local hacia la segunda mitad del año pasado, lo que condiciona el arrastre estadístico para este año.

Un escenario global que condiciona

El recorte en las proyecciones se enmarca en un contexto internacional adverso. El FMI identificó un escenario con encarecimiento de la energía, persistencia de conflictos y presión sobre los precios de insumos clave, factores que afectan especialmente a economías emergentes.

En el caso argentino, el organismo destacó una dinámica ambivalente: si bien el país se beneficia por su perfil exportador —en particular de commodities—, ese efecto positivo se ve contrarrestado por el impacto de la inflación interna y el encarecimiento de bienes básicos.

Según lo informado, la mejora en los términos de intercambio no logra compensar la pérdida de poder adquisitivo, lo que limita el dinamismo de la demanda interna.

Qué cambia en las proyecciones

El nuevo escenario plantea dos correcciones centrales: Crecimiento: baja del 4,0% estimado en octubre al 3,5% en 2026. Inflación: sube de 16,4% a 30,4% para el mismo período.

El FMI vinculó el ajuste en el crecimiento a la desaceleración de la actividad registrada en la segunda mitad del año pasado. Ese menor impulso condiciona la recuperación esperada.

En materia de precios, el organismo reconoció que el proceso de desinflación continúa, pero a un ritmo más lento del previsto. La convergencia hacia niveles de un dígito, que se proyectaba meses atrás, quedó postergada.

Expectativas bajo presión

La revisión del FMI introduce una señal relevante para la agenda económica del Gobierno nacional, en un contexto donde las expectativas de estabilización son un activo central.

El organismo no modifica la dirección del proceso —continúa proyectando crecimiento y desaceleración inflacionaria—, pero sí ajusta los tiempos. Ese corrimiento implica mayor presión sobre la credibilidad del programa económico, especialmente en lo vinculado a la velocidad de la desinflación.

Al mismo tiempo, la Argentina se mantiene por encima del promedio regional de crecimiento (2,3% para América Latina), lo que atenúa parcialmente el impacto de la corrección.

Precios persistentes y consumo condicionado

El nuevo cuadro proyectado tiene implicancias directas: Inflación más alta: erosiona ingresos reales y condiciona el consumo. Menor crecimiento: limita la recuperación de la actividad. Costos globales elevados: impactan en insumos, energía y transporte.

El FMI advirtió que el encarecimiento de commodities y factores externos genera un “shock de oferta negativo” que presiona sobre los precios internos.

Señales para economías dependientes del consumo

Aunque el informe no desagrega impactos por provincias, el nuevo escenario macroeconómico tiene efectos indirectos sobre economías regionales como Misiones.

Una inflación más persistente y menor dinamismo económico podrían traducirse en: Menor capacidad de consumo interno. Presión sobre costos productivos. Y mayor dependencia de mercados externos

En provincias con fuerte base agroindustrial, el comportamiento de los precios internacionales y los costos logísticos seguirá siendo una variable clave.

Escenario abierto

El FMI remarcó que la evolución de la economía argentina estará condicionada por factores externos, como los precios de la energía y la dinámica de los conflictos internacionales.

A nivel local, las variables a observar pasan por: La recuperación de la actividad en los próximos meses. La evolución de la inflación y su velocidad de desaceleración. Y el impacto de los precios internacionales sobre la economía doméstica

El nuevo cuadro no altera la dirección general del proceso, pero sí introduce mayor incertidumbre sobre los plazos de estabilización.

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