inflación alimentos argentina

Inflación de alimentos bajo control: mayo cerraría en torno al 2,5% pese al salto de las verduras

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La desaceleración inflacionaria encontró en mayo una nueva señal de estabilidad. Según el relevamiento semanal de precios de alimentos y bebidas de la consultora Analytica, durante la cuarta semana del mes la variación fue de apenas 0,3%, mientras que el promedio acumulado de las últimas cuatro semanas alcanzó el 2,5%, nivel que también coincide con la proyección para el Índice de Precios al Consumidor (IPC) general del mes.

El dato resulta relevante porque consolida una tendencia de moderación de precios en uno de los rubros de mayor impacto sobre el consumo cotidiano de los hogares. A diferencia de los meses de fuertes oscilaciones registradas durante 2024 y parte de 2025, el actual escenario muestra una inflación de alimentos que comienza a moverse en niveles compatibles con el proceso de estabilización macroeconómica impulsado por el Gobierno nacional.

Sin embargo, detrás del promedio aparecen comportamientos muy dispares entre categorías. El principal factor de presión continúa siendo el segmento de verduras, que acumuló una suba del 12,7% en las últimas cuatro semanas. Se trata de un incremento asociado principalmente a factores estacionales, problemas climáticos y variaciones en la oferta de productos frescos, un fenómeno recurrente en la economía argentina.

También se observó una aceleración moderada en los lácteos, con un aumento promedio del 3%, por encima del nivel general. En contraste, otros rubros tradicionalmente sensibles mostraron una dinámica mucho más contenida. Las carnes y derivados registraron una suba de apenas 1%, mientras que la categoría de otros alimentos —que incluye salsas, condimentos, snacks y productos procesados— avanzó 1,6%.

Un dato que contribuyó a amortiguar la evolución del índice fue la caída de las frutas, cuyos precios descendieron 4,9% en el promedio de cuatro semanas, compensando parcialmente el fuerte encarecimiento de las verduras.

Las diferencias regionales también reflejaron un comportamiento relativamente homogéneo. El Noroeste Argentino (NOA) registró la menor variación semanal con un aumento de 0,2%, mientras que el Gran Buenos Aires (GBA) y la región de Cuyo encabezaron los incrementos con alzas de 0,4%.

Para las provincias del NEA, donde el peso de los alimentos en la estructura de gasto familiar suele ser superior al promedio nacional, la moderación de los precios constituye un dato relevante. No obstante, el comportamiento de los productos frescos sigue siendo un factor de incertidumbre para los consumidores, especialmente en ciudades fronterizas donde la dinámica comercial también está influenciada por los movimientos cambiarios y los precios de países vecinos.

El relevamiento confirma que el proceso de desaceleración inflacionaria continúa avanzando, aunque de manera heterogénea. La clave para los próximos meses estará en determinar si la estabilidad cambiaria, la reducción de la emisión monetaria y la caída de las expectativas inflacionarias logran trasladarse de forma más uniforme a toda la cadena de alimentos, uno de los principales termómetros del costo de vida de los argentinos.

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Diez meses sin bajar: la inflación de marzo fue de 3,4% y el NEA volvió a ser la región más castigada

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La inflación de marzo volvió a mostrar que el proceso de desaceleración perdió solidez. El IPC nacional fue de 3,4%, por encima del 2,9% de enero y febrero, y con eso quebró la meseta en la que parecía haberse estabilizado el arranque del año. Ya no se trata solo de un dato mensual más alto: lo que aparece detrás es una estructura de aumentos mucho más pesada, en la que conviven alimentos, regulados, transporte, educación y servicios. En términos interanuales, la inflación nacional fue de 32,6%, pero el Noreste llegó a 33,4% y Cuyo a 33,5%. Dentro de los rubros, sobresalen las subas acumuladas de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (45,5%), Restaurantes y hoteles (41,0%), Educación (38,9%), Comunicación (36,6%) y Transporte (36,2%).

El 3,4%, por sí mismo, ya es una señal de alerta; pero cuando se abre la composición del índice, el cuadro es todavía más exigente. El INDEC marca que en marzo los regulados subieron 5,1%, muy por encima del nivel general, mientras que los servicios avanzaron 4,2% y los bienes 3,0%. Es decir, el mes no estuvo empujado por un solo factor transitorio, sino por una combinación de precios administrados, correcciones tarifarias y una inercia de servicios que sigue muy viva. Los datos contradicen el anticipo del ministro de Economía, Luis Caputo, quien el lunes había dicho que la inflación iba a estar en torno al 3 por ciento impulsada por la suba de combustibles, por la guerra y los precios estacionales de la educación.

El informe del Indec revela además que la región NEA tuvo la suba de precios más relevante, con 4,1 por ciento, empujada por un 22,7 de aumentos en la educación, 9,7 en viviendas, agua y electricidad y 4,5 por ciento de alimentos y bebidas no alcohólicas.

Al NEA le siguió el Noroeste con 4,0%. Por detrás quedaron el GBA con 3,4%, la Pampeana con 3,3%, Cuyo con 3,2% y bastante más abajo la Patagonia con 2,5%. Esa dispersión territorial marca que el problema inflacionario no pega igual en todas las regiones y que, en marzo, el norte volvió a ser la zona más castigada. Además, en el acumulado del año también se ve esa presión diferencial: el Noreste ya suma 11,5% y el Noroeste 10,7%, contra 9,4% nacional y apenas 8,6% en Patagonia.

3,4%
Inflación de marzo 2026
El IPC nacional volvió a acelerarse y cortó la meseta de enero y febrero
Región IPC marzo
Noreste4,1%
Noroeste4,0%
GBA3,4%
Nacional3,4%
Pampeana3,3%
Cuyo3,2%
Patagonia2,5%
Clave del mes: el Noreste fue la región con mayor suba de precios, por encima del promedio nacional. Fuente: INDEC, IPC marzo 2026.

Cuando se observan los rubros, aparece con claridad qué fue lo que tensó el índice. La división de mayor aumento a nivel nacional fue Educación, con 12,1%, en línea con el inicio del ciclo lectivo. No es un fenómeno nuevo para marzo, pero sí confirma que la educación formal sigue siendo un componente muy sensible del IPC cuando arrancan las clases.

Detrás se ubicó Transporte, con 4,1%, por el impacto de combustibles, transporte público y pasajes aéreos. Luego aparecieron Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 3,7%; Recreación y cultura, con 3,6%; y un pelotón integrado por Alimentos y bebidas no alcohólicas, Restaurantes y hoteles, ambos con 3,4%. Más abajo quedaron Prendas de vestir y calzado, con 3,1%; Comunicación, con 2,9%; Salud, con 2,6%; Bebidas alcohólicas y tabaco, con 2,1%; Bienes y servicios varios, con 1,7%; y Equipamiento y mantenimiento del hogar, con 1,3%, que fue el rubro de menor aumento.

El INDEC señala que la mayor incidencia regional la tuvo Alimentos y bebidas no alcohólicas, empujada sobre todo por la suba de Carnes y derivados, que en GBA llegó a 6,9%. En otras palabras, aunque Educación haya sido el rubro que más subió en porcentaje, el golpe más extendido y socialmente más sensible volvió a venir de los alimentos. Eso es clave porque una inflación motorizada por alimentos, y en especial por carnes, pega de lleno en la canasta cotidiana y erosiona con más rapidez el ingreso real.

El desagregado por regiones vuelve todavía más nítido ese patrón. En el Noreste, que tuvo la inflación mensual más alta del país, los mayores aumentos estuvieron en Educación (22,7%), Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (9,7%), Restaurantes y hoteles (4,9%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,5%). Es una combinación particularmente pesada: a la presión estacional del inicio de clases se sumaron aumentos fuertes en gastos del hogar y en alimentos.

Qué empujó la inflación de marzo
Educación lideró el mes, pero alimentos tuvo fuerte incidencia en el índice
Rubro Variación marzo
Educación12,1%
Transporte4,1%
Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles3,7%
Recreación y cultura3,6%
Alimentos y bebidas no alcohólicas3,4%
Restaurantes y hoteles3,4%
Prendas de vestir y calzado3,1%
Equipamiento y mantenimiento del hogar1,3%
El informe oficial remarca que Alimentos y bebidas no alcohólicas fue la división de mayor incidencia regional, impulsada sobre todo por carnes y derivados. Fuente: INDEC, IPC marzo 2026.

Otro dato central para interpretar marzo es la división entre bienes y servicios. A nivel nacional, los servicios subieron 4,2%, contra 3,0% de los bienes. En el norte esa brecha fue aún más marcada: en el Noreste, los bienes avanzaron 3,5% pero los servicios saltaron 6,1%; en el Noroeste, 3,4% y 5,4%, respectivamente. Esto refuerza la idea de que la inflación actual no es solo una inflación de góndola o de productos masivos: hay un componente muy fuerte de servicios, tarifas y prestaciones que corre por encima del promedio y dificulta que el índice general siga bajando. En el acumulado del año también se ve ese fenómeno: a nivel nacional, los servicios suben 11,7% contra 8,4% de los bienes.

La clasificación por categorías confirma esa lectura. En marzo, los regulados fueron lo que más avanzó, con 5,1% a nivel nacional. En el Noreste ese salto fue de 7,4%, y en el Noroeste de 6,0%. El IPC núcleo, que permite observar la inercia más persistente de los precios, subió 3,2% nacional, pero llegó a 3,5% en el Noreste y a 3,7% en el Noroeste. En cambio, los estacionales crecieron solo 1,0% a nivel nacional. La conclusión es bastante clara: marzo no fue un mal dato por culpa exclusiva de fenómenos puntuales o de temporada. Hubo estacionales, sí, pero el verdadero peso vino por el lado de los regulados y de un núcleo que sigue demasiado alto para hablar de una desinflación firme.

La lectura final es que marzo no mostró una inflación compleja y más difícil de desarmar de lo que el Gobierno promete. El corazón del problema sigue latiendo en los rubros más sensibles para la vida cotidiana. Los alimentos volvieron a tener una gravitación decisiva; los servicios corrieron arriba de los bienes; los regulados metieron presión; y el norte argentino quedó, otra vez, como la zona más castigada.

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La carne subió casi 11% en marzo y los cortes populares fueron los que más aumentaron

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La carne vacuna volvió a marcar un fuerte incremento en marzo y consolidó una tendencia que mantiene en tensión el consumo. Según el último relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA), los precios registraron una suba del 10,6% mensual en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con un incremento interanual del 68,6%, más del doble de la inflación.

El precio promedio del kilo de carne alcanzó los $18.564, reflejando un escenario en el que las condiciones estructurales del sector limitan cualquier corrección a la baja en el corto plazo.

Entre los cortes que más aumentaron durante el mes se destacan la picada común, con un alza del 20,4%, la carnaza común (17,7%) y la falda (13,4%). En el otro extremo, los incrementos más moderados se observaron en el matambre (7,6%), el lomo (8,5%) y tanto el peceto como la picada especial (9,3%).

La dinámica también varía según el canal de venta. En carnicerías, los precios subieron un 12,2% mensual y acumulan un incremento del 73,5% interanual. En supermercados, en cambio, el aumento fue del 7,1% en marzo y del 57,9% en comparación con el mismo mes de 2025.

Las diferencias entre canales se reflejan también en los precios relativos. Algunos cortes, como el lomo y la colita de cuadril, resultan más caros en supermercados, mientras que otros —como el asado, la falda, la picada común y la carnaza— presentan valores significativamente más bajos en grandes superficies.

En paralelo, las carnes sustitutas también registraron aumentos, aunque con menor intensidad. El pollo fresco subió 10,9% en marzo y acumula un alza interanual del 49,1%, mientras que el pechito de cerdo aumentó 6,3% mensual y 28,1% en términos interanuales.

En este contexto, el pollo gana protagonismo como alternativa de consumo. Durante el primer trimestre, con el valor de un kilo de asado se pudieron adquirir en promedio 3,92 kilos de pollo, lo que implica una mejora del 22,8% respecto al mismo período del año anterior. En el caso del cerdo, el poder de compra del asado permitió adquirir en promedio 2,02 kilos, con una mejora del 37,3% interanual.

La evolución de los precios confirma que la carne vacuna sigue perdiendo accesibilidad relativa frente a otras proteínas, en un escenario donde el consumo se reconfigura y el bolsillo de los hogares marca el ritmo de la demanda.

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Pobreza en baja, pero con alertas de fondo en los ingresos y forma de medición

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La pobreza en Argentina registró una caída significativa durante el segundo semestre de 2025, aunque el dato abre interrogantes sobre su consistencia y sostenibilidad en el tiempo. Según las cifras oficiales, el 28,2% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza y el 6,9% en situación de indigencia, lo que implica una reducción de 9,9 y 1,9 puntos porcentuales, respectivamente, en comparación con igual período de 2024.

Sin embargo, la mejora estadística convive con cuestionamientos metodológicos y con un deterioro concreto en los ingresos de los sectores más vulnerables, lo que obliga a analizar el dato con mayor profundidad.

Uno de los factores centrales es el cambio en la medición de ingresos. Desde fines de 2023, el INDEC incorporó mejoras en la captación de ingresos no laborales dentro de la Encuesta Permanente de Hogares, incluyendo transferencias como la Tarjeta Alimentar, pensiones no contributivas y programas sociales. Este ajuste permitió relevar con mayor precisión recursos que antes estaban subestimados, elevando el ingreso declarado de los hogares sin que necesariamente haya habido una mejora equivalente en su poder adquisitivo real.

A esto se suma una dinámica atípica en los ingresos informales. Los salarios de trabajadores no registrados muestran una suba real significativa —del 25,5% entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025— que no se condice con el contexto de enfriamiento del mercado laboral. Esta ruptura con patrones históricos sugiere que parte de la mejora responde a cambios estadísticos más que a una recuperación genuina del empleo o los ingresos.

Otro punto clave es la medición de la Canasta Básica Total. Distintos análisis advierten que su actualización subestima el peso creciente de servicios y transporte en el gasto de los hogares. Dado que estos rubros aumentaron por encima de los alimentos, la línea de pobreza podría estar quedando por debajo del costo real de vida, lo que eleva artificialmente la cantidad de personas que aparecen fuera de la pobreza.

Más allá de estos reparos, hay factores económicos que explican la baja del indicador. La inflación de alimentos mostró cierta desaceleración en la segunda mitad del año, con un promedio mensual del 2,2%, mientras que las líneas de pobreza e indigencia registraron caídas en términos reales. A su vez, algunos indicadores salariales, como el RIPTE, exhibieron una mejora interanual del 6,6%.

Pero este escenario convive con señales preocupantes. Los ingresos más sensibles sufrieron un fuerte deterioro: la Tarjeta Alimentar cayó 16,1% en términos reales, los planes sociales retrocedieron 10,5% —en gran parte por el congelamiento de sus montos— y la jubilación mínima con bono perdió 3,4% de poder adquisitivo. Es decir, mientras el promedio mejora, los sectores más vulnerables pierden capacidad de consumo.

En el mercado laboral formal, la situación tampoco termina de consolidarse. Si bien la mediana salarial llegó a cubrir casi la totalidad de la Canasta Básica en junio de 2025, hacia fin de año volvió a retroceder, cerrando en torno al 94%. Esto implica que una parte significativa de los trabajadores registrados sigue sin alcanzar el ingreso necesario para cubrir el costo de vida, consolidando el fenómeno de los “trabajadores pobres”.

De cara a 2026, el panorama presenta riesgos claros. La inflación de alimentos volvió a acelerarse en los primeros meses del año, con registros cercanos al 4% mensual, lo que presiona nuevamente sobre las canastas básicas. Al mismo tiempo, el salario mínimo, los programas sociales y las jubilaciones continúan perdiendo poder adquisitivo en un contexto de ingresos congelados o rezagados.

En este marco, la baja de la pobreza en 2025 aparece como un dato relevante, pero no necesariamente estructural. Más bien refleja una combinación de factores estadísticos y económicos que podrían revertirse si no se consolida una recuperación real del ingreso.

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