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El cerdo gana terreno en la mesa argentina: el consumo creció 9% y desplaza a la carne vacuna

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La carne de cerdo consolida su avance en la dieta de los argentinos y continúa ganando espacio frente a la carne vacuna, en un contexto donde el consumidor busca alternativas más accesibles y donde la cadena porcina sostiene un crecimiento productivo de largo plazo.

De acuerdo con un informe presentado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) durante el Congreso Nacional de Producción Porcina realizado en Córdoba, el consumo per cápita de carne porcina alcanzó los 19,54 kilos por habitante al año, lo que representa un incremento interanual del 8,6%.

El dato refleja una tendencia estructural: mientras el consumo de carne vacuna pierde terreno, el cerdo se posiciona cada vez más como una proteína competitiva en precio y con creciente aceptación en los hogares argentinos. La propia campaña difundida por FADA resume el cambio de hábitos: “comemos un kilo y medio más de cerdo por persona por año” y “consumimos 5 kilos menos de carne de vaca”.

La producción también acompaña esa expansión. Según los datos de FADA elaborados sobre estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la faena porcina de abril alcanzó 758.494 cabezas, un 6,4% más que un año atrás, aunque mostró una caída mensual del 6,1%, evidenciando la volatilidad de la actividad.

En paralelo, la producción mensual de carne porcina llegó a 73.124 toneladas res con hueso en abril de 2026, con una mejora interanual del 7,9%. El peso promedio de faena del capón general se ubicó en 118 kilos vivos.

Uno de los factores centrales detrás del crecimiento del consumo es el comportamiento relativo de los precios. El informe muestra que el pechito de cerdo aumentó 23,7% en los últimos doce meses, casi nueve puntos por debajo de la inflación acumulada, estimada en 32,4%.

La diferencia se vuelve aún más marcada al compararla con la cadena bovina. En el mismo período, el precio del asado subió 61,9%, el novillito 52,8% y el ternero 77,4%, muy por encima del incremento registrado por la carne porcina.

Ese comportamiento permitió que el cerdo gane competitividad relativa en góndola y se convierta en una opción más accesible para sectores golpeados por la pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, detrás del crecimiento del consumo aparecen desafíos productivos importantes. El informe advierte que la relación insumo-producto se deterioró durante el último año. En mayo de 2026, el capón vivo aumentó 25% interanual, mientras que el maíz -principal componente de alimentación- subió 32,4%.

La consecuencia es que los productores necesitan más kilos de cerdo para comprar la misma cantidad de maíz. FADA precisó que la relación capón/maíz cayó 3,4% interanual, una señal de pérdida de rentabilidad relativa para el sector.

A nivel macroeconómico, el trabajo también plantea interrogantes sobre competitividad y tipo de cambio. El índice de tipo de cambio real multilateral promedió 84,6 en mayo, reflejando un dólar relativamente bajo frente a socios comerciales históricos.

En ese contexto, la balanza comercial porcina continúa siendo deficitaria. Entre abril de 2025 y marzo de 2026, las importaciones superaron ampliamente a las exportaciones, con un saldo negativo que osciló entre US$7,4 millones y US$18,7 millones mensuales.

Pese a esas tensiones, la cadena porcina argentina mantiene una dinámica expansiva que ya lleva más de diez años. El crecimiento del consumo, la estabilidad relativa de precios y la mayor escala productiva consolidan al cerdo como una de las proteínas animales con mayor proyección en el mercado interno argentino.

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El trigo explica menos del 7% del precio del pan

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La Sociedad Rural Argentina salió a fijar posición en medio del debate por el precio del pan y buscó despejar cuestionamientos sobre la incidencia del trigo en el valor final que paga el consumidor en la panadería.

Desde la entidad remarcaron que actualmente el valor del trigo representa apenas el 6,7 por ciento del precio final de un kilo de pan, lo que equivale a menos de una décima parte del valor abonado por el consumidor.

Según explicaron, el precio del pan se conforma a partir de múltiples factores a lo largo de toda la cadena de valor, donde intervienen impuestos, costos laborales, logística, energía, alquileres y la estructura comercial, elementos que impactan directamente en los márgenes de cada eslabón y, en consecuencia, en las decisiones de precios.

En ese marco, sostuvieron que las variaciones en el precio del trigo tienen una incidencia limitada sobre el valor final del pan, por lo que consideran incorrecto atribuir al productor agropecuario la principal responsabilidad por los aumentos.

La entidad también señaló que entre comienzos de 2024 y la actualidad la participación del trigo en el precio del pan cayó del 10 por ciento al 6,7 por ciento, en un contexto de menor intervención sobre el mercado y con una reducción de los derechos de exportación, que pasaron del 12 por ciento al 7,5 por ciento.

Para la Sociedad Rural Argentina, un análisis adecuado debe contemplar el funcionamiento integral de todos los eslabones que conforman la cadena de valor, evitando simplificaciones que terminan asignando responsabilidades que no reflejan la dinámica real del sector.

Finalmente, desde la entidad reafirmaron que el campo argentino continuará produciendo, invirtiendo y generando empleo en todo el país, y consideraron fundamental consolidar un entorno que incentive la producción, la inversión y el funcionamiento pleno de los mercados, en beneficio de toda la cadena y también de los consumidores.

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El costo de los fertilizantes frena la intención de siembra de trigo

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Mientras la cosecha de soja en la región núcleo entra en su recta final con 1,2 millones de hectáreas recolectadas en la última semana, el trigo enfrenta un escenario crítico. Pese a la recuperación de los precios internacionales, el elevado costo de la urea —que roza los u$s 1.000 la tonelada— consolida un recorte de 300.000 hectáreas en la intención de siembra para el ciclo 2026/27.

La Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario confirma que el ritmo de la trilla no se detuvo, logrando levantar el 80% de la soja total de la región. Sin embargo, la atención de los decisores se desplaza hacia la inminente campaña de invierno. La ecuación económica actual, definida por técnicos como un escenario donde “el trigo va por escalera y la urea por ascensor”, impone una caída del 17% en el área sembrada respecto al año anterior, debido a que el repunte del valor del cereal no logra compensar el encarecimiento de los insumos básicos.

El impacto en el bolsillo misionero y la cadena logística

Para el sector productivo y comercial de Misiones, esta dinámica del centro del país anticipa tensiones en la estructura de costos:

Harinas y Derivados: El recorte de superficie en las zonas más productivas de Argentina presiona a mediano plazo la oferta interna de grano. Para el consumidor misionero, esto implica un riesgo de alza en el precio del pan y manufacturas, agravado por los costos de flete desde los molinos pampeanos.

Fertilizantes y Asimetrías: El valor de la urea en u$s 1.000/tn no solo afecta al trigo. En Misiones, sectores como el tabacalero, el yerbatero y el forestal dependen de estos mismos insumos importados. La escasez de compras anticipadas en la zona núcleo sugiere una cautela extrema que podría replicarse en el NEA, afectando los rendimientos de las economías regionales.

Rindes de indiferencia elevados

Los asesores de la zona núcleo reportan rindes de indiferencia (el nivel de producción necesario para cubrir solo los costos) que alcanzan los 35 a 40 qq/ha en campo propio y hasta 50 qq/ha en campos arrendados.

Dato Clave: En localidades como San Pedro (Buenos Aires), se requieren 50 qq/ha para lograr rentabilidad, un nivel que solo se alcanza en campañas excepcionales, elevando el riesgo productivo a niveles insostenibles para el productor promedio.

Estado de la Cosecha Gruesa: La soja de primera presenta rindes destacados en Marcos Juárez (50 qq/ha) y General Pinto (50 qq/ha), contrastando con los magros 10 a 15 qq/ha observados en la franja este.

La falta de compras anticipadas de fertilizantes es el indicador más alarmante del informe. En Marcos Juárez, los productores evalúan directamente redireccionar los pocos insumos adquiridos hacia el maíz tardío, abandonando los planteos de trigo ante márgenes que “no cierran”.

Lo que hay que seguir de cerca

La evolución del fenómeno climático “Niño” y la volatilidad del precio de la urea en el mercado internacional serán los factores determinantes para lo que resta de mayo. Para Misiones, es vital monitorear la oferta de trigo de calidad panadera; un faltante en la zona núcleo obligará a los molinos regionales a buscar abastecimiento más costoso, impactando de forma directa en el índice de precios local y en la competitividad de la industria alimenticia del NEA.

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Analytica registra suba moderada en alimentos y proyecta inflación del 2,9% en abril

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Los precios de alimentos y bebidas mostraron una suba del 0,2% en la tercera semana de abril, según el relevamiento de la consultora Analytica sobre cadenas de supermercados a nivel nacional. Con este dato, el promedio de las últimas cuatro semanas se ubicó en 1,4%, mientras que la proyección para el nivel general de precios del mes alcanza el 2,9%.

El registro se inscribe en un contexto donde la dinámica inflacionaria continúa bajo seguimiento del Gobierno y de los mercados, con foco en la evolución de los precios minoristas y su impacto en el consumo.

Desaceleración relativa en el corto plazo

El informe refleja una variación semanal acotada, aunque con heterogeneidad entre regiones. Las menores subas se registraron en el NOA y Cuyo, con incrementos del 0,1%, mientras que la Patagonia encabezó las alzas con un 0,3%.

A nivel agregado, el dato de 1,4% en cuatro semanas sugiere una desaceleración respecto a períodos previos, aunque el traslado a la inflación mensual proyectada (2,9%) indica que la presión sobre precios persiste.

Qué rubros empujan los precios

En el desglose por categorías, los mayores incrementos se concentraron en pescados y mariscos, con una suba del 2,6% en el promedio de cuatro semanas, seguidos por azúcar, dulces y chocolates, que avanzaron 2,3%.

En el otro extremo, los menores aumentos se verificaron en pan y cereales (+0,7%) y en el rubro de otros alimentos —que incluye salsas y snacks— con un 1,2%. Las frutas, por su parte, registraron una caída del 1,4%, constituyendo la única categoría con variación negativa en el período.

Precios bajo monitoreo

El comportamiento de los alimentos se mantiene como una variable central en la agenda económica. La moderación en la variación semanal puede leerse como un dato relevante para el Gobierno en términos de expectativas inflacionarias, aunque la proyección mensual cercana al 3% refleja que la desaceleración aún es parcial.

En este escenario, el seguimiento de precios en supermercados continúa siendo un indicador clave tanto para la política económica como para la percepción social del proceso inflacionario.

Consumo y poder adquisitivo

La evolución de los precios de alimentos impacta de forma directa sobre el poder adquisitivo, especialmente en los sectores de ingresos fijos. Subas más moderadas pueden aliviar parcialmente la presión sobre el consumo, aunque la dinámica acumulada sigue siendo un factor condicionante.

El comportamiento dispar entre rubros también influye en la composición del gasto, con alimentos básicos mostrando menor variación relativa frente a productos más específicos.

Escenario abierto

La evolución de las próximas semanas será determinante para confirmar si la desaceleración observada se consolida o si se trata de un comportamiento puntual. Variables como costos, dinámica cambiaria y consumo seguirán influyendo en la formación de precios.

El dato proyectado para abril marca un piso relevante para la inflación mensual, pero el comportamiento de los alimentos continuará siendo un factor clave para definir la tendencia en el corto plazo.

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El precio de la carne vacuna sube por una escasez que ya no es coyuntural

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La carne vacuna volvió a quedar en el centro de una tensión que excede a la góndola y empieza mucho antes del mostrador. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que tanto el mercado internacional como el interno se mueven hoy bajo una misma lógica: oferta limitada, demanda firme y precios sostenidos. En la Argentina, ese cuadro ya tuvo traducción concreta. A enero de 2026, el precio promedio de los cortes vacunos acumuló un 73% interanual, muy por encima del pollo (31%) y del pechito de cerdo (23%), y también bastante por encima de la inflación, que según el INDEC se ubicó en 33,1% interanual a febrero de 2026. La pregunta que se abre no es solo cuánto más puede subir la carne, sino qué margen real le queda al mercado doméstico para absorber esos valores sin empezar a romper su propia lógica de consumo.

Un mercado global más ajustado y una demanda que no afloja

La lectura de fondo que plantea la Bolsa rosarina es que el aumento del precio de la carne vacuna no responde a un sobresalto aislado, sino a una restricción estructural. El Índice de Precios de la FAO viene reflejando desde hace tiempo una dinámica distinta a la que exhiben las otras dos grandes proteínas animales: la aviar y la porcina. Mientras pollo y cerdo muestran otro comportamiento, la carne vacuna arrastra un proceso más tenso, donde producción y consumo se acercan cada vez más desde 2020.

El punto de quiebre, según el informe, puede ubicarse en 2019, cuando China se consolidó como principal importador mundial de carne vacuna y desplazó a Estados Unidos del liderazgo. Ese cambio reordenó incentivos, consolidó una demanda más agresiva y transformó a los grandes productores en jugadores obligados de una disputa por abastecer un mercado internacional cada vez más exigente.

Del lado de la oferta, además, los golpes se acumularon. Australia atravesó una fuerte caída productiva desde 2020, con mayor intensidad en 2021 y 2022, tras la severa sequía previa. Cuando comenzó a recuperar volumen en 2023, Estados Unidos ingresó en una de sus mayores contracciones productivas, también golpeado por la sequía, con un stock ganadero que cayó al nivel más bajo en 75 años. En paralelo, el consumo interno norteamericano siguió firme y desequilibró aún más su balanza comercial: hoy Estados Unidos importa más del doble de la carne vacuna que exporta.

Ese cuadro no parece aflojar. Para 2026, las proyecciones del USDA difundidas a fines del año pasado anticipan un mercado todavía más estrecho: el consumo mundial apenas compensaría cerca de dos tercios de la caída prevista en la producción global, estimada en cerca de 1 millón de toneladas. No es un detalle técnico. Es la señal de que el precio internacional seguirá encontrando respaldo en una escasez persistente.

Argentina replica el mismo patrón, pero con una presión adicional sobre el consumo

En el plano local, la lógica es similar, aunque con un ingrediente adicional: la carne vacuna conserva un peso cultural y alimentario que vuelve más delicado cualquier proceso de encarecimiento sostenido. El informe describe una oferta relativamente limitada frente a un mercado interno que, pese a los aumentos, mantuvo firmeza durante buena parte del año y a una demanda externa que sigue mostrando interés por el producto argentino.

Desde comienzos de 2025, la carne vacuna lideró los incrementos dentro del conjunto de las carnes. Pero fue en el segundo semestre cuando se produjo el mayor salto. El dato interanual a enero de 2026, con un 73% promedio para los cortes vacunos, resume esa aceleración mejor que cualquier otra referencia.

La consecuencia inmediata fue un cambio en la relación de precios con las carnes sustitutas. A comienzos de 2025, con el valor de un kilo de asado se podían comprar aproximadamente tres kilos de pollo fresco. Hoy, esa relación se amplió a cerca de cuatro kilos. En el caso del cerdo ocurrió algo parecido: un año atrás, por cada kilo de asado se adquiría menos de 1,5 kilos de pechito; hoy esa equivalencia llega a cerca de dos kilos. La carne vacuna no solo subió más: se alejó de sus competidores directos y empezó a redefinir hábitos posibles de consumo.

Salarios, inflación y un límite que empieza a aparecer en el mostrador

El informe agrega un dato clave para entender por qué la tensión no se transformó antes en un freno más visible: durante 2025, los salarios medios se mantuvieron relativamente alineados con la inflación e incluso mostraron una leve recomposición. A diciembre, el índice de salarios exhibió un aumento interanual del 38,2%, frente a una inflación del 31,5% en ese mismo período.

Ese comportamiento permitió sostener parte del consumo aun con carne más cara. Pero el margen parece haberse reducido. Marzo aparece en el informe como un mes decisivo para testear esa resistencia y ya ofrece una primera señal: los mostradores comienzan a exhibir cierta resistencia frente a las subas de precios. No se trata todavía de una retracción generalizada, pero sí de una advertencia. El mercado interno sigue orientado a la carne vacuna, aunque empieza a mostrar que no puede convalidar cualquier valor.

Ese cambio de humor tuvo correlato en la hacienda. Durante la última semana, el precio de la hacienda gorda destinada a faena mostró un retroceso significativo en categorías orientadas al consumo interno, sobre todo novillitos y vaquillonas de kilaje intermedio. En esos casos, las bajas promediaron $200 por kilo, alejándose de los más de $5.000 pagados a comienzos del mes. En cambio, los novillos más pesados, vinculados principalmente a exportación, se mantuvieron firmes e incluso registraron ligeras subas.

Ese desdoblamiento no es menor. Muestra que el límite aparece primero en el consumo doméstico, mientras la demanda exportadora conserva capacidad para sostener precios. En otras palabras, el mercado empieza a segmentarse con más nitidez entre lo que puede absorber el mostrador local y lo que todavía puede traccionar el negocio externo.

Menos faena, menos cabezas y una oferta que seguirá apretada

La otra variable que explica el escenario es la oferta física. Durante los primeros dos meses del año, la cantidad de animales faenados cayó 11% respecto de igual período del año pasado. Y en lo que va de marzo, el ritmo de remisiones hacia plantas frigoríficas parece profundizar esa tendencia.

La Bolsa atribuye parte de esa brecha a la retención que se observa dentro de los circuitos de invernada y engorde. Ese fenómeno, que en algún momento podría moderarse, por ahora actúa como un factor que restringe la disponibilidad de hacienda y sostiene precios en origen. Aun cuando la diferencia interanual debería atenuarse en el segundo semestre, las proyecciones de faena para el conjunto de 2026 siguen por debajo de 13 millones de cabezas, lo que implicaría un recorte de más de 600 mil cabezas frente al año pasado.

Ese dato tiene una consecuencia directa: la producción total difícilmente supere los 3 millones de toneladas, incluso considerando una mejora en los pesos de faena. De ese total, unas 875 mil toneladas podrían destinarse a exportación, dejando entre 2,1 y 2,2 millones de toneladas para el mercado interno. Eso representa aproximadamente un 7% menos de lo que se volcó al consumo local el año pasado.

La discusión, entonces, ya no pasa solamente por el precio. Pasa por la disponibilidad real. Cuánta carne habrá, a qué destino se asignará y con qué capacidad de pago competirá cada segmento.

Repercusiones: un equilibrio delicado entre exportación y consumo interno

El escenario descrito por la Bolsa de Comercio de Rosario deja fortalecida una idea que recorre toda la cadena: la carne vacuna opera hoy en un mercado donde la escasez dejó de ser una anomalía y pasó a ser un dato estructural. Eso beneficia en parte a quienes logran colocar producto en un contexto de precios sostenidos, pero también condiciona a los distintos eslabones del negocio.

El sector exportador, aun con potencial de crecimiento, aparece trabajando al límite de su capacidad de compra frente al valor de la hacienda. Es decir, el mercado externo sigue interesado, pero no ilimitadamente. El precio del animal también le impone restricciones y, en muchos casos, afecta el nivel de actividad.

Al mismo tiempo, el mercado interno mantiene una fuerte orientación cultural al consumo de carne vacuna, pero ya empieza a exhibir un umbral de resistencia. Ese punto es políticamente sensible aunque el informe no lo plantee en términos partidarios: cuando un alimento central para la canasta argentina sube muy por encima de la inflación y de las proteínas sustitutas, la discusión deja de ser sectorial y empieza a tocar el clima económico general.

No hay, en el texto base, elementos para anticipar medidas oficiales ni cambios regulatorios. Pero sí hay un dato duro: la menor oferta obliga a una puja más intensa entre destinos, y esa puja termina ordenando precios, consumo y rentabilidad.

Un mercado que podría dejar de subir fuerte, pero no de estar caro

La Bolsa traza una hipótesis prudente para los próximos meses: el precio de la carne vacuna parecería estar acercándose a su límite de suba en términos reales. En un contexto de inflación más moderada, no deberían esperarse grandes saltos adicionales al consumidor. Pero eso no equivale a un alivio. Lo que se perfila es un mercado con precios sostenidos durante todo el año.

Esa diferencia importa. Una cosa es dejar de acelerar; otra, muy distinta, es retroceder. Si la oferta sigue ajustada, la faena no repunta y la exportación conserva atractivo, el mercado podría estabilizarse en niveles altos sin necesidad de nuevos saltos bruscos. Para el consumidor, eso implica convivir con una carne estructuralmente cara. Para la cadena, supone administrar una escasez que puede sostener márgenes en algunos tramos y comprimirlos en otros.

La clave estará en la carne disponible, no solo en la carne cotizada

El informe cierra sobre una variable decisiva: la disponibilidad efectiva de carne que logre volcarse al mercado será el factor clave en los próximos meses. Esa frase resume el corazón del problema. La discusión no se agota en si el kilo baja o sube cien pesos. Lo que está en juego es el volumen que efectivamente llegue al mercado interno en un contexto de menor faena, exportación todavía activa y una demanda local que no renuncia del todo a la carne vacuna, aunque ya empezó a marcar sus límites.

En ese equilibrio inestable se moverá el sector durante 2026. El mercado global seguirá presionando por una proteína escasa. El mercado doméstico seguirá defendiendo su centralidad, pero con menos margen para convalidar precios. Y entre ambos, la carne argentina continuará disputando destino, valor y volumen en una sintonía de escasez que, por ahora, no muestra señales de disiparse.

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