innovación agropecuaria

La Rural cerró negocios por más de $25.000 millones y reafirmó su rol como motor del agro argentino

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La 138° Exposición Rural de Palermo volvió a confirmar su papel como uno de los principales escenarios de generación de negocios, innovación y desarrollo para la agroindustria argentina. Durante los once días de actividad, la muestra reunió a más de 1,3 millones de visitantes, entre asistentes presenciales y participantes virtuales, y permitió concretar operaciones comerciales por más de $25.000 millones, reflejando el dinamismo de una cadena productiva que continúa siendo uno de los principales generadores de divisas y empleo del país.

Más allá de los números de convocatoria, la exposición funcionó como un punto de encuentro entre productores, empresas, instituciones, desarrolladores tecnológicos e inversores. En total participaron 500 expositores comerciales directos e indirectos, cuya presencia movilizó el trabajo cotidiano de unas 10.000 personas, evidenciando el impacto económico que genera este tipo de eventos sobre múltiples actividades vinculadas al agro.

La ganadería volvió a ocupar un lugar central dentro de la muestra. Durante la exposición se realizaron 40 remates en los que se comercializaron más de 170.000 cabezas, mientras que el predio reunió 2.500 animales pertenecientes a 100 razas diferentes, consolidando a Palermo como la principal vidriera nacional para la mejora genética y la incorporación de nuevas tecnologías aplicadas a la producción pecuaria.

La dimensión federal también quedó reflejada en la participación de más de 15 provincias, que exhibieron sus sistemas productivos, economías regionales y desarrollos tecnológicos, fortaleciendo los vínculos comerciales entre las distintas cadenas de valor del país.

Uno de los aspectos que ganó protagonismo fue la internacionalización del negocio agropecuario. La ronda de negocios de genética permitió concretar 20 reuniones comerciales con compradores provenientes de Uruguay y Perú, ampliando las oportunidades de exportación para reproductores y material genético argentino, un segmento que continúa ganando reconocimiento por su calidad y adaptación productiva.

La innovación tecnológica volvió a ocupar un lugar estratégico dentro de la agenda de la muestra. La tercera edición del Agtech Forum reunió a 800 acreditados, consolidando un espacio donde startups, empresas tecnológicas y productores analizaron soluciones vinculadas con agricultura de precisión, inteligencia artificial, digitalización y nuevas herramientas para mejorar la eficiencia productiva.

En la misma línea, la jornada dedicada a Pulverización Inteligente convocó a 15 empresas expositoras y 380 participantes acreditados, reflejando el creciente interés por tecnologías que permiten optimizar el uso de insumos, reducir costos y minimizar el impacto ambiental mediante aplicaciones más precisas y eficientes.

La capacitación también ocupó un lugar destacado. A lo largo de la exposición se desarrollaron 100 conferencias técnicas que reunieron a 7.000 profesionales, quienes participaron de espacios de actualización sobre producción animal, agricultura, sustentabilidad, biotecnología, maquinaria agrícola y nuevas tendencias del negocio agroindustrial.

La dimensión educativa constituyó otro de los ejes de la muestra. Se organizaron 100 visitas guiadas destinadas a escuelas, instituciones educativas y público general, con la participación de delegaciones provenientes de 10 provincias argentinas y grupos internacionales de Estados Unidos, China y Colombia. La iniciativa buscó acercar el conocimiento del sistema agroalimentario a las nuevas generaciones y fortalecer el vínculo entre el campo, la educación y la sociedad.

Los resultados de esta edición muestran que la Exposición Rural trasciende el tradicional espacio de exhibición ganadera para consolidarse como una plataforma de articulación entre producción, innovación, comercio exterior y desarrollo tecnológico. En un contexto donde el agro continúa siendo uno de los principales motores de la economía argentina, estos encuentros permiten acelerar la incorporación de conocimiento, promover inversiones y abrir nuevos mercados para las economías regionales.

El volumen de negocios alcanzado, la fuerte participación federal y el creciente protagonismo de la innovación tecnológica reflejan un sector que continúa apostando a mejorar su competitividad. La combinación entre genética, digitalización, capacitación y vinculación comercial convierte a la Rural de Palermo en un espacio donde no solo se exhibe el potencial del campo argentino, sino que también se construyen soluciones para incrementar la productividad y generar nuevas oportunidades de desarrollo económico.

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Los palitos de yerba mate, de residuo industrial a insumo estratégico

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Un equipo del INTA Cerro Azul desarrolla un biocarbón elaborado a partir de palitos de yerba mate que podría mejorar sustratos, capturar carbono durante más de un siglo y generar una nueva alternativa de agregado de valor para la principal cadena agroindustrial de Misiones.

En una provincia donde la yerba mate concentra buena parte de la actividad agroindustrial, incluso los subproductos comienzan a adquirir un nuevo valor estratégico. Investigadores del INTA Cerro Azul avanzan en el desarrollo de un biocarbón elaborado a partir de los palitos de yerba mate, una biomasa residual que podría convertirse en un insumo de alto valor para la horticultura, la producción de plantines, la recuperación de suelos y las estrategias de mitigación del cambio climático.

La investigación es encabezada por la ingeniera agrónoma y magíster Lorena Bárbaro, quien trabaja en la evaluación del denominado biochar, un material sólido rico en carbono obtenido mediante pirólisis, un proceso térmico que transforma biomasa con una disponibilidad mínima de oxígeno. A diferencia del carbón vegetal convencional, cuyo destino es la combustión, el biocarbón está diseñado para permanecer incorporado al suelo o a sustratos durante décadas, reteniendo carbono y mejorando las condiciones físicas, químicas y biológicas del ambiente donde se aplica.

“El objetivo principal es transformar un descarte de la industria yerbatera en un producto con valor agregado y con beneficios tanto productivos como ambientales”, explicó Bárbaro.

La elección de los palitos de yerba mate no fue casual. Si bien representan apenas entre el 2% y el 5% del volumen industrial procesado, constituyen un flujo constante de biomasa disponible en la provincia. Además, presentan una granulometría particularmente adecuada para su utilización en mezclas de sustratos, permitiendo mantener la porosidad necesaria para una correcta retención de agua y aireación de las raíces.

Actualmente el equipo desarrolla el biocarbón utilizando un horno tipo Kon-Tiki, conocido también como horno de “cortina de llamas”, construido junto a una metalúrgica local. Se trata de una tecnología de bajo costo, adaptable a distintas escalas productivas y ampliamente utilizada en proyectos de biochar a nivel internacional.

Su funcionamiento consiste en incorporar sucesivas capas de biomasa dentro del horno, donde la propia cortina de llamas consume los gases liberados durante la pirólisis y evita el ingreso de oxígeno, condición indispensable para obtener un biocarbón de alta calidad.

“La geometría del horno es determinante. La inclinación permite que el proceso ocurra prácticamente sin oxígeno y eso garantiza una mayor estabilidad del carbono obtenido”, explicó la investigadora.

Antes de avanzar con aplicaciones agronómicas, el material fue sometido a una completa caracterización física y química siguiendo protocolos internacionales. Los resultados mostraron un contenido cercano al 70% de carbono estable y parámetros que cumplen con las normas internacionales para biocarbón de calidad.

Ese aspecto resulta central porque determina la permanencia del carbono en el ambiente. Mientras el carbón utilizado como combustible libera nuevamente dióxido de carbono durante su combustión, el biochar permanece incorporado al suelo durante períodos que pueden superar los cien años, funcionando como un mecanismo de secuestro de carbono.

Pero los beneficios no terminan allí. La estructura microscópica generada durante la pirólisis produce una enorme cantidad de microporos que incrementan significativamente la superficie específica del material. Esa característica le permite retener agua, nutrientes y ofrecer refugio para microorganismos beneficiosos, mejorando las propiedades biológicas del suelo o del sustrato donde se incorpora.

“Esos microporos actúan como reservorios de agua y nutrientes y generan un ambiente favorable para los microorganismos. Desde el punto de vista agronómico, ese es uno de los grandes aportes del biocarbón”, señaló Bárbaro.

La próxima etapa de la investigación estará orientada a evaluar su utilización como componente de sustratos para producción hortícola y plantines. El equipo trabaja inicialmente con mezclas comerciales y posteriormente avanzará hacia formulaciones propias, donde el biocarbón reemplazará parcialmente otros componentes tradicionales.

Uno de los desafíos consiste en determinar la proporción adecuada de incorporación. Debido a su elevado pH, el biocarbón no puede utilizarse como único componente del sustrato. Las primeras evaluaciones indican que porcentajes de entre el 20% y el 30% permiten aprovechar sus beneficios sin alterar el equilibrio químico necesario para el desarrollo de las plantas.

La línea de investigación también dialoga con otros proyectos que el INTA desarrolla sobre nuevos sustratos para sistemas de semihidroponía, donde se buscan alternativas locales para reemplazar insumos importados como la turba. En ese contexto, el biocarbón elaborado con palitos de yerba mate podría convertirse en un complemento estratégico para una horticultura más eficiente y sustentable.

Más allá de las aplicaciones productivas, el proyecto incorpora un componente ambiental cada vez más relevante. La valorización de residuos agroindustriales, la captura de carbono y la economía circular aparecen como ejes que posicionan a este tipo de investigaciones dentro de las nuevas estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

Si las próximas etapas experimentales confirman los resultados obtenidos hasta ahora, un residuo históricamente subutilizado de la industria yerbatera podría convertirse en un nuevo insumo tecnológico desarrollado íntegramente en Misiones, agregando valor a la principal economía regional y abriendo nuevas oportunidades para una agricultura con menor impacto ambiental.

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Investigan cómo reemplazar la turba por insumos locales para reducir costos en la horticultura

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La búsqueda de sistemas de producción más eficientes y sostenibles llevó al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Misiones a avanzar en una investigación que podría reducir significativamente los costos de la horticultura intensiva en la provincia. El eje del trabajo consiste en desarrollar un sustrato elaborado con materiales locales que permita reemplazar la turba, uno de los principales componentes utilizados en los sistemas de semihidroponía y cuyo elevado costo está asociado a su origen y disponibilidad.

El proyecto es desarrollado por el ingeniero agrónomo Adolfo Vogel, becario profesional del INTA y maestrando en Cultivos Intensivos de la Universidad Nacional del Litoral, bajo la dirección de la ingeniera Lorena Barbaro. La investigación se lleva adelante en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul y se enfoca en adaptar tecnologías ya consolidadas en otras regiones del país a las condiciones productivas de Misiones.

La semihidroponía aparece como una alternativa para zonas donde la producción en suelo enfrenta limitaciones sanitarias. El sistema permite cultivar sobre sustratos inertes, controlando con mayor precisión variables como el riego, la nutrición y el desarrollo radicular, reduciendo además la incidencia de enfermedades propias del suelo y la necesidad de aplicar agroquímicos.

“En Misiones no existían estudios específicos sobre este sistema de producción. La idea fue comenzar a generar información local para que los productores puedan evaluar esta alternativa con datos obtenidos en nuestras condiciones”, explicó Vogel.

Actualmente, la investigación trabaja con cultivos de hoja implantados en canaletas bajo diferentes proporciones de corteza de pino y turba. La corteza de pino constituye un recurso ampliamente disponible en la provincia gracias a la actividad forestoindustrial y cumple la función de aportar estructura y aireación al sustrato. Sin embargo, la retención de agua y nutrientes continúa dependiendo de la turba, un recurso natural no renovable cuya extracción se realiza principalmente en países del norte de Europa y, en menor medida, en Tierra del Fuego.

“La turba es el componente que mejor funciona para retener agua y nutrientes, pero es un recurso no renovable, costoso y que, además, proviene de zonas muy alejadas. Nuestro objetivo es encontrar materiales disponibles en Misiones que puedan cumplir esa misma función”, señaló el investigador.

Una vez determinada la combinación óptima entre corteza de pino y turba, la segunda etapa del proyecto buscará reemplazar completamente este último componente mediante materiales generados en la provincia. Entre los candidatos aparecen el compost elaborado con bosta de vaca y el compost producido a partir de aserrín, dos subproductos abundantes en la actividad agropecuaria y forestal misionera.

La investigación también evaluará una tercera alternativa nacional basada en una turba vegetal proveniente de Chubut, aunque el objetivo principal continúa siendo desarrollar un sustrato con insumos íntegramente locales que reduzca la dependencia de materiales importados y mejore la competitividad de los productores.

Además del desarrollo del sustrato, el equipo analiza la posibilidad de adaptar otros componentes del sistema de semihidroponía. Actualmente los ensayos utilizan canaletas comerciales fabricadas por una empresa brasileña, elegidas por su estandarización para trabajos científicos. Sin embargo, una vez finalizada la etapa experimental, el desafío será diseñar soluciones con materiales disponibles en la provincia para disminuir aún más los costos de implementación.

Desde el punto de vista productivo, la semihidroponía ofrece ventajas relevantes para los cultivos intensivos. El sistema permite incrementar la eficiencia en el uso del agua y los fertilizantes, mejorar el control sanitario y sostener niveles de producción en establecimientos afectados por enfermedades del suelo, una problemática frecuente en producciones hortícolas como tomate o frutilla.

No obstante, Vogel aclara que su adopción depende de una evaluación económica. “Es un sistema más costoso que la producción tradicional en suelo, por eso resulta conveniente cuando las enfermedades limitan la producción o cuando el producto obtenido tiene un mayor valor comercial que justifica la inversión”, explicó.

La investigación representa un paso hacia la incorporación de tecnologías adaptadas a la realidad productiva de Misiones, combinando innovación, aprovechamiento de recursos locales y economía circular. Si los resultados son positivos, el desarrollo de un sustrato provincial podría disminuir costos, reducir la dependencia de insumos externos y abrir nuevas oportunidades para la horticultura intensiva en la región.

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INTA Misiones anticipa un año desafiante para la yerba mate por el fenómeno de El Niño

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La combinación entre un escenario climático desafiante y la necesidad de incorporar mayor innovación tecnológica marcará la agenda del sector yerbatero y tealero durante los próximos meses. Desde la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul del INTA Misiones, la ingeniera agrónoma Sandra Molina anticipó que el fenómeno de El Niño podría generar pérdidas significativas en los yerbales si se repiten las condiciones de elevada humedad y prolongados períodos de nubosidad registrados en eventos anteriores.

La investigadora, que actualmente dirige el equipo de investigación en yerba mate y té del organismo, explicó que el principal riesgo no está asociado únicamente al exceso de precipitaciones, sino a la aparición de enfermedades que encuentran en ese contexto ambiental las condiciones ideales para desarrollarse. En particular, advirtió sobre el hongo responsable de la caída de hojas en yerba mate, una enfermedad que, según los ensayos realizados por el INTA, puede provocar mermas de entre el 20 y el 30% en el rendimiento de hoja verde.

Frente a ese escenario, el organismo recomienda anticipar la cosecha dentro de las posibilidades operativas de cada establecimiento. La estrategia busca reducir la exposición de las plantaciones a las condiciones que favorecen la propagación del patógeno, especialmente durante los meses en que se espera mayor intensidad del fenómeno climático.

El desafío adquiere una dimensión adicional para los establecimientos que incorporaron cosecha mecanizada. Molina explicó que las lluvias persistentes dificultan el ingreso de las máquinas a los lotes, ya que el suelo necesita varios días para recuperar la firmeza necesaria para soportar el peso de los equipos. Esa limitación reduce considerablemente las ventanas disponibles para cosechar y obliga a planificar con mayor precisión cada intervención.

En contraste, el cultivo de té presenta una realidad diferente. Si bien las precipitaciones intensas pueden complicar el ingreso de las cosechadoras durante el inicio de la zafra, previsto para octubre y noviembre, el cultivo no enfrenta actualmente problemas sanitarios de la magnitud observada en la yerba mate. El principal condicionante continúa siendo la operatividad de la cosecha mecanizada y no la aparición de enfermedades generalizadas.

Mientras monitorea el comportamiento climático, el INTA profundiza distintas líneas de investigación orientadas a mejorar la competitividad de ambas producciones estratégicas para Misiones.

Uno de los ejes centrales continúa siendo el mejoramiento genético. En yerba mate se desarrollan ensayos regionales que evalúan el comportamiento de distintos materiales en diversas zonas productivas de la provincia. El objetivo es identificar variedades con mejores niveles de rendimiento, pero también con mayor tolerancia frente a plagas, enfermedades y diferentes condiciones ambientales.

A esa línea se incorpora ahora un nuevo componente vinculado a la calidad industrial y comercial de la materia prima. El equipo comenzará a caracterizar los materiales disponibles según su contenido de cafeína y polifenoles, dos atributos que, aunque todavía no constituyen una demanda masiva del mercado, aparecen como variables de creciente interés para consumidores y segmentos específicos de mayor valor agregado.

La investigación busca anticiparse a una tendencia internacional que apunta hacia productos diferenciados según sus propiedades funcionales. Sin embargo, Molina remarcó que estos estudios requieren evaluaciones de largo plazo, ya que la concentración de esos compuestos depende no sólo de la genética sino también de factores ambientales como las precipitaciones, la temperatura y el estrés hídrico registrado en cada campaña.

En el caso del té, el programa de mejoramiento también ingresó en una nueva etapa. Durante el último año comenzaron cruzamientos dirigidos entre materiales ya inscriptos con el propósito de desarrollar nuevas variedades que combinen mayor productividad, calidad química y mejores características organolépticas. Se trata de un proceso que demanda varios años de evaluación antes de obtener nuevos cultivares disponibles para el sector productivo.

Otro de los frentes donde el organismo concentra esfuerzos es la adaptación de tecnologías de agricultura de precisión a las condiciones específicas de los cultivos perennes del noreste argentino. Según explicó la especialista, muchas de las herramientas digitales desarrolladas para la agricultura extensiva de la región pampeana requieren procesos de adecuación antes de ser utilizadas eficientemente en yerba mate y té.

Por esa razón, el INTA trabaja en protocolos específicos que permitan incorporar tecnologías de monitoreo, gestión y mecanización adaptadas a la realidad productiva misionera. El desafío, sostuvo Molina, no consiste únicamente en que los productores adquieran nuevas herramientas, sino en lograr una verdadera adopción tecnológica que permita mejorar la eficiencia en el uso de recursos y optimizar la toma de decisiones.

La investigadora también destacó el acompañamiento técnico que el organismo brinda a los elaboradores de té artesanal, un segmento donde la calidad final del producto adquiere un peso determinante en la comercialización. En ese ámbito, los estudios buscan identificar qué materiales genéticos resultan más adecuados para distintos tipos de elaboración, aportando información que permita diferenciar productos y agregar valor.

Respecto al impacto climático sobre la calidad del té, Molina explicó que las respuestas no son uniformes. Algunos materiales reducen su contenido de cafeína durante períodos de abundantes precipitaciones, generando infusiones más suaves, mientras que otros reaccionan de manera inversa y producen hojas con mayor concentración de cafeína, dando origen a tés más intensos y astringentes.

La combinación entre investigación genética, adaptación tecnológica y monitoreo climático configura una estrategia que apunta a fortalecer la competitividad de dos economías regionales centrales para Misiones en un contexto donde las condiciones ambientales y las exigencias de los mercados evolucionan con creciente rapidez.

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Biofábrica Misiones despierta interés regional por su desarrollo en bioinsumos

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La experiencia desarrollada por Biofábrica Misiones en la producción de bioinsumos continúa despertando interés en América Latina. En esta oportunidad, la empresa recibió la visita de la doctora peruana Betsabé León Tacca, ingeniera agrónoma, magíster en Fitopatología y doctora en Ciencia y Tecnología Ambiental, quien recorrió las instalaciones para conocer de primera mano los procesos de investigación y producción orientados a una agricultura más sustentable.

La especialista llegó a Misiones tras un intercambio académico con la gerente de Biofábrica Misiones, Luciana Imbrogno, a quien conoció durante un curso de capacitación realizado en Guatemala. A partir de ese vínculo surgió el interés por profundizar conocimientos sobre los procesos de elaboración de bioinsumos, especialmente aquellos destinados al control biológico de enfermedades que afectan a los cultivos.

Actualmente, León Tacca es docente principal de la Universidad Nacional de Cañete, en Perú, donde dicta las cátedras de Fitopatología. Además, integra el Registro Nacional Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Renacyt), reconocimiento otorgado a investigadores de destacada trayectoria en ese país.

Durante la recorrida visitó el laboratorio de producción de bioinsumos y conoció las distintas etapas de multiplicación de hongos benéficos, con especial atención al Trichoderma, un microorganismo ampliamente utilizado en la agricultura por su capacidad para controlar de manera biológica diversos patógenos que afectan a los cultivos.

“Recibimos con mucha satisfacción a profesionales que buscan conocer nuestra experiencia en el desarrollo y producción de bioinsumos. Estos intercambios permiten compartir conocimientos, validar metodologías y abrir nuevas oportunidades de cooperación científica y tecnológica”, señaló Marilyn Silva, responsable del Área de Producción de Bioinsumos de Biofábrica Misiones.

Por su parte, la investigadora peruana destacó el nivel de equipamiento, la infraestructura y la capacidad técnica del laboratorio, y manifestó su interés en avanzar en futuras acciones conjuntas entre ambas instituciones.

Entre las iniciativas analizadas figuran el desarrollo de proyectos colaborativos de investigación, el intercambio de metodologías para optimizar procesos de producción, la realización de pasantías para estudiantes y profesionales, así como la participación de especialistas de Biofábrica Misiones en actividades académicas y congresos científicos organizados por la Universidad Nacional de Cañete.

La visita ratifica el posicionamiento de Biofábrica Misiones como uno de los principales referentes regionales en biotecnología aplicada al sector agropecuario. El creciente interés de universidades e investigadores de otros países refleja el reconocimiento alcanzado por el modelo misionero en el desarrollo de soluciones biológicas para una producción más eficiente, sostenible y con menor impacto ambiental.

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