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Blindaje de origen y valor agregado: implementan nuevo protocolo para la miel fraccionada

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A través de la Resolución 61/2026, la Secretaría de Agricultura de la Nación oficializó la actualización del Protocolo de Calidad para Miel Fraccionada. Para Misiones y la región, la normativa no solo redefine los estándares físico-químicos para acceder al Sello “Alimentos Argentinos”, sino que se posiciona como una herramienta estratégica para desacoplar el precio del productor regional de los vaivenes de los commodities a granel, permitiendo capturar renta mediante el envasado en origen.

La miel argentina, reconocida globalmente por su excelencia, enfrenta hoy un mercado internacional de una selectividad quirúrgica. La sustitución del protocolo vigente desde 2007 por el nuevo Código SAA 013 responde a la necesidad de blindar la genuinidad del producto frente a la competencia de jarabes adulterados y exigencias sanitarias crecientes. Para el sector apícola de Misiones, donde la producción se caracteriza por su origen en la selva paranaense y montes nativos, esta actualización técnica permite certificar atributos diferenciales que son, en esencia, la ventaja comparativa real frente a la producción masiva de la región pampeana.

Parámetros técnicos: el rigor como activo comercial

El nuevo protocolo impone límites estrictos que funcionan como un filtro de calidad para el mercado externo, elevando el estándar de las salas de fraccionamiento locales:

Humedad Controlada: Se establece un máximo general del 18%, con excepciones técnicas para mieles de Chilca (19%) y de Caá-tay (20%). Esto es vital en el NEA, donde la humedad ambiental desafía la estabilidad del producto.

Frescura y Pureza: El Hidroximetilfurfural (HMF), indicador de deterioro por calor o envejecimiento, se fija en un máximo de 25 mg/kg.

Inocuidad Microbiológica: El recuento de hongos y levaduras debe ser inferior a 10 UFC/g, un parámetro crítico para prevenir la fermentación en envases destinados a góndola.

Genuinidad: Se ratifica el uso de Cromatografía en Capa Fina (TLC) para detectar adulteraciones con jarabes de glucosa o maíz, garantizando que el producto sea 100% fruto de la abeja melífera.

Misiones y el desafío del fraccionamiento

A diferencia del esquema productivo de Buenos Aires, enfocado mayormente en la exportación de tambores de 300 kg, el NEA tiene la oportunidad de capitalizar este protocolo para fortalecer su esquema de fraccionamiento local. En una provincia con asimetrías fronterizas marcadas, donde los costos de logística encarecen la competitividad, exportar miel fraccionada (envases ≤ 2,5 kg) bajo el sello de calidad permite ingresar a nichos de mercado (delicatesen o turismo rural) con precios que triplican al valor del granel.

La intervención del INTI NEA en la confección de este protocolo asegura que las particularidades de las mieles de monte —a menudo con niveles de acidez o coloración distintos a las de pradera— estén contempladas, evitando que el rigor técnico se convierta en una barrera de acceso para el pequeño productor misionero.

Impacto en la cadena de valor

Aseguramiento de la Inocuidad: Es obligatoria la implementación del sistema HACCP (APPCC) en la sala de procesamiento, desde la recepción del tambor hasta la distribución final.

Trazabilidad Total: El sistema debe permitir rastrear el producto desde la colmena hasta el consumidor, garantizando la seguridad jurídica ante reclamos internacionales.

Envase Sustentable: Se prioriza el uso de vidrio con cierre hermético o materiales reciclables grado alimentario como el PET, alineándose con las tendencias de consumo consciente.

La adopción voluntaria de este protocolo es el camino más corto para que las cooperativas apícolas misioneras logren el valor agregado en origen. Lo que hay que seguir de cerca es la capacidad de las PyMEs locales para financiar la adecuación de sus salas de extracción y fraccionamiento a las normas de SENASA citadas en el protocolo. En un escenario de “dólar quieto”, la diferenciación por calidad certificada es la única vía para que la miel del NEA no quede atrapada en la guerra de precios de los commodities globales.

Protocolo Calidad Miel Argentina by CristianMilciades

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“Pasé del laboratorio al territorio para dar respuesta a las necesidades productivas de la región”

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Andrea Acosta protagoniza una nueva producción de “Tecnólogas que transforman”, el ciclo audiovisual que reúne relatos de mujeres trabajadoras en el ámbito de la CyT. Como extensionista en la región NEA dejó la biotecnología para apostar a la vinculación permanente en el territorio. Desde su rol como tecnóloga sostiene la importancia de promover en el INTI un espacio consolidado para el desarrollo de las mujeres.

Andrea Acosta es licenciada en Genética de la Universidad Nacional de Misiones y mediante una beca estudió Biotecnología en la UBA. Sus primeros años en la profesión, en el área de Biotecnología Forestal de INTA Castelar, donde hizo su tesis de posgrado; y en el proyecto Biofábrica de cultivo in vitro de plantas a gran escala de la provincia de Misiones, por el cual viajó a Cuba a especializarse en la temática, no daban cuenta del cambio que haría en su carrera.

En 2010 ingresó al Programa de Extensión del INTI para dedicarse de lleno al fortalecimiento de las cooperativas misioneras. “Fue una vuelta total de página en mi vida y no me arrepiento: salí de la biotecnología para fortalecer a los pequeños productores. Me tuve que poner a la altura de estudiar las metodologías de intervención de esos proyectos”.

Pasar del laboratorio al territorio para dar respuesta a las necesidades productivas de una región con una marcada impronta cooperativista dada por la fuerte inmigración europea que recibió la provincia, fue un cambio importante también para el propio INTI que por aquellos años se orientaba a llevar la tecnología a los pequeños productores. “La sede de Misiones tenía muy poca visibilidad cuando ingresé. Empezamos a vincularnos y el INTI empezó a tener registro en el mapa misionero. Fue un trabajo de hormiga. Crecimos en capacidades técnicas, humanas y en equipamiento. Empezamos con una oficina que no tenía PC y hoy contamos con un laboratorio de calidad alimentaria que permite asistir a todas las cooperativas de la región. La visión del extensionismo hizo que hoy estemos donde estamos”, señala Andrea.

Uno de los trabajos en territorio que destaca la directora técnica de la región NEA Este del instituto, que abarca Corrientes y Misiones, fue el fortalecimiento de una cooperativa láctea en la cuenca lechera La Aurora realizado junto al sector de Lácteos del Parque Tecnológico Miguelete. “Era una pequeña casa precaria de madera donde se producía leche. Después de mucho trabajo junto al gobierno de la provincia, logramos que incorporen una planta industrial y actualmente producen casi 15 mil litros diarios de leche. Ver cómo han avanzado es una gran satisfacción”, expresa la tecnóloga.

La especialista del INTI que actualmente trabaja en su tesis de maestría en Administración Estratégica de Empresas sobre medición de productividad en cosecha de yerba mate, distingue dos proyectos con gran impacto en el entramado productivo regional que surgieron de la conformación del clúster mandioquero de Misiones: “Por un lado, logramos caracterizar la calidad del almidón producido en la provincia, que hasta la fecha ni las empresas ni las cooperativas conocían. Hicimos los ensayos químicos y analíticos que les permitió, con información técnica avalada por el INTI, salir a vender un producto de calidad. Otro proyecto importante fue el diseño de una lavadora de raíces en seco que logró disminuir el elevado consumo de agua de las cooperativas y empresas locales y aumentar su productividad.

Como coordinadora del Proyecto FOAR en Angola impulsado junto a la Cancillería Argentina, Andrea lideró el fortalecimiento de un instituto similar al INTI en el país africano. Mediante una beca de la Agencia Internacional del Japón (JICA) viajó en 2015 al país nipón para capacitarse en una metodología de diferenciación de productos locales, en el marco del programa Ovop, que la llevaron a formar parte de los programas que impulsan esa metodología en Misiones y Chaco.

A la hora de reflexionar sobre el mayor logro de su carrera Andrea no duda en afirmar con orgullo que fue la creación “ladrillo a ladrillo” de la sede del INTI en Misiones.

Andrea sostiene que, a pesar de las dificultades que se le presentan por ser mujer, pudo compatibilizar la maternidad con su desarrollo profesional. “Tengo un marido que me acompaña mucho en ese camino. A las mujeres nos cuesta más, pero creo que logré un equilibrio entre lo familiar y lo profesional desde el primer momento en que tuve que viajar y dejar a mi hija de nueve meses, porque nunca dudé en tomar las posibilidades que me daba la institución. Siempre me sentí muy segura de los lugares que quería ocupar”, afirma la directora regional, quien, por otro lado, asegura que no le fue fácil hacerse un lugar para ser escuchada en un ambiente con mucha representación masculina como son las cámaras industriales. “Las mujeres siempre tenemos que demostrar que tenemos los conocimientos para estar en el lugar que estamos. También considero que debe darse un cambio en las instituciones. Desde mi rol como tecnóloga creo que es importante promover dentro del instituto un espacio concreto, tangible, consolidado para el desarrollo de las mujeres”.

La huella que le gustaría dejar a Andrea en la región NEA es la apuesta permanente al trabajo de vinculación de un INTI atento a las necesidades de la industria y un espacio que sea realmente de desarrollo para las y los técnicos regionales. “La huella se construye en el día a día”, remarca.

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