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Carolina Mazza, un viaje de casi 70 años: la herencia familiar que trasciende fronteras

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Antes de los paquetes turísticos, los vuelos internacionales, Disney, Turquía, Miami, Europa, las reservas digitales y los mensajes de WhatsApp, hubo algo mucho más elemental: una persona entregándole dinero a otra porque confiaba en que iba a volver con él convertido en otra moneda. Ocurría en Santo Tomé, Corrientes, hace casi siete décadas.

El abuelo de Carolina Mazza y sus hermanos recibían dinero de vecinos que necesitaban cambiar moneda cuando el negocio todavía no tenía la estructura ni la regulación actual. Viajaban a Buenos Aires o Brasil y regresaban con la moneda que les habían encargado.

El capital inicial de aquella empresa, por lo tanto, no fue solamente financiero. Fue reputacional. “Así arranca, basado en la confianza”, cuenta hoy Carolina Mazza. Y cuando se le pregunta qué permitió construir la empresa familiar durante todos estos años, agrega inmediatamente un segundo componente: “Confianza y mucho trabajo”.

Casi 70 años después, esa pequeña historia fronteriza se transformó en una de las compañías referentes del turismo en Misiones. Y ahora acaba de cruzar nuevamente una frontera: Mazza Turismo abrió una oficina en Encarnación.

No es un movimiento menor. Después de consolidarse durante décadas en el mercado misionero, la compañía pone un pie en una economía que Carolina observa en expansión y empieza a pensarse en una escala regional. Al mismo tiempo, la cuarta generación de la familia se incorpora al negocio.

Es un nuevo capítulo para una empresa que aprendió a sobrevivir a casi todo: cambios de moneda, crisis argentinas, transformaciones tecnológicas, nuevas formas de consumir, tragedias familiares y una revolución completa en la manera de viajar.

Con el tiempo, aquella actividad familiar vinculada al cambio de monedas tomó una estructura formal. Llegaron las habilitaciones del Banco Central y la primera casa de cambio funcionó en Santo Tomé. Después, el padre de Carolina tomó una decisión que sería determinante para la historia posterior: recién casado, se mudó junto a su esposa a Posadas y abrió allí la casa de cambio.

Luego se incorporarían otros integrantes de la familia. Entre ellos estaba Chela, tía de Carolina, que no tenía demasiado entusiasmo por el negocio cambiario y empezó a mirar hacia otro lado. Eran comienzos de los años setenta y los viajes comenzaban a convertirse en una actividad con un enorme horizonte por delante. Apostó al turismo. Vista desde 2026, la decisión parece lógica. Hace más de medio siglo era una lectura empresarial de futuro.

Carolina reconoce allí un rasgo que atravesó a la familia: la capacidad de observar lo que está cambiando y animarse a modificar el negocio antes de que el cambio resulte evidente para todos.

“Una empresa que no se capacita, que no mira el futuro, obviamente no crece”, sostiene. La definición resume buena parte de la historia de Mazza. Cada generación recibió algo construido por la anterior, pero también tuvo que transformarlo. Para Carolina, respetar las raíces no significa inmovilizarse, sino conservar determinados valores mientras la empresa se adapta al mundo que viene.

Esa tensión entre legado y transformación es uno de los grandes desafíos de cualquier compañía familiar. Sobrevivir durante casi siete décadas exige mantener una identidad, pero también saber abandonar a tiempo aquello que alguna vez funcionó.

La tragedia que cambió su vida

Carolina Mazza es licenciada en Administración de Empresas. Hace casi 30 años acababa de recibirse, ya era madre de su hija mayor y comenzaba a incorporarse a la empresa.

Su padre decidió que antes de ocupar responsabilidades mayores tenía que conocer el negocio desde abajo. Pasó por caja, archivos, documentación para el Banco Central y diferentes áreas administrativas. En aquel momento probablemente no imaginaba cuánto iba a necesitar ese aprendizaje.

Entonces ocurrió el accidente aéreo de Austral en Fray Bentos. En ese vuelo del 10 de octubre de 1997 viajaban su abuelo y su tía Chela, precisamente quien estaba al frente del área de turismo. No hubo sobrevivientes. 

El golpe familiar fue enorme y, al mismo tiempo, dejó un vacío inmediato dentro de la compañía. Carolina era la integrante de la familia con formación profesional para asumir esa responsabilidad. La decisión prácticamente no admitía tiempos.

“Tenés que hacerte cargo”.

Y había un detalle que volvía todo más urgente: alrededor de 450 chicos tenían un viaje a Disney en marcha.

No había plataformas digitales capaces de ordenar automáticamente cada reserva ni teléfonos inteligentes que concentraran la información. Había carpetas. Grandes carpetas con pasajeros, vuelos, servicios, autorizaciones y cada detalle de una operación enorme.

Carolina tuvo que estudiarlo todo mientras atravesaba el duelo. Se apoyó en las personas que habían trabajado con su tía, recibió el acompañamiento de su padre y salió adelante.

Su primer gran viaje profesional fue Disney con 450 chicos. “Fue un éxito. Creo que fue mi mejor Disney”, recuerda.

La frase tiene algo de paradoja. Uno de los momentos más dolorosos de su vida terminó señalándole el camino profesional que seguiría durante las siguientes tres décadas.

Ella no había imaginado dedicarse exclusivamente al turismo. Hoy dice que no se ve haciendo otra cosa.

Desde afuera, trabajar viajando por el mundo parece un privilegio. Y lo es. Carolina disfruta profundamente de su profesión, pero conoce también la parte que no aparece en las fotografías.

Durante años tuvo que dejar a sus hijos para acompañar grupos durante diez o quince días. Disney se convirtió en uno de los productos emblemáticos de Mazza y también en una ausencia recurrente en su propia casa. Su cumpleaños coincidía con esos viajes y durante mucho tiempo prácticamente nunca pudo celebrarlo con sus hijos en la fecha correspondiente.

Ellos terminaron incorporándolo a la dinámica familiar: mamá tenía que estar trabajando en Disney y el cumpleaños se festejaba después.

Es una dimensión del mundo empresario que suele quedar escondida detrás del resultado. Construir una compañía exige capital y decisiones, pero también consume tiempo. Y el tiempo que se entrega al negocio siempre sale de algún lado.

Carolina conoce además otra característica del oficio: el empresario difícilmente termina de trabajar cuando baja la persiana.

Habla de sus empleados como “guerreros”, pero marca una diferencia inevitable. El colaborador termina su jornada y vuelve a su casa. Quien conduce la empresa se lleva buena parte de ella en la cabeza.

A las diez u once de la noche puede seguir buscando tarifas, respondiendo consultas, revisando la administración o controlando bancos. No necesariamente porque exista un problema, sino porque siempre queda algo pendiente.

“No cerrás la puerta de la empresa y decís ‘bueno’. No se separa nunca”.

Detrás del glamour de los destinos internacionales hay, en definitiva, una empresa. Con números, empleados, proveedores, impuestos, pasajeros, contingencias y responsabilidades que siguen existiendo aunque el horario comercial haya terminado.

“Nosotros no vendemos viajes, tratamos con personas”. En casi 30 años, Carolina vio cambiar por completo la industria.

Cuando comenzó, la agencia concentraba información que el cliente difícilmente podía obtener por su cuenta. Hoy cualquier persona puede comparar cientos de vuelos desde un teléfono, reservar un hotel en otro continente, alquilar un departamento, contratar traslados, comprar entradas y construir un itinerario completo sin hablar con nadie. Eso obligó a redefinir el negocio.

Carolina lo explica con una frase que funciona casi como declaración de principios: “Nosotros no solo vendemos viajes. Nosotros tratamos con personas”.

Un viaje rara vez es apenas un pasaje y una habitación. Detrás puede haber un cumpleaños, un aniversario, una luna de miel, una separación, el viaje de una familia que ahorró durante años o el sueño de unos padres que quieren llevar por primera vez a sus hijos a Disney.

Por eso sostiene, medio en broma, que quienes trabajan en turismo también terminan siendo un poco psicólogos. Hay que escuchar la historia para entender qué viaje está buscando realmente el cliente.

Esa relación explica también por qué muchos pasajeros terminaron convirtiéndose en amigos. Carolina disfruta especialmente de las salidas grupales y conserva vínculos que continúan mucho después del regreso. Hay reuniones con quienes viajaron a Turquía, encuentros con grupos de Miami, comidas de fin de semana y amistades nacidas a miles de kilómetros de Misiones.

El producto terminó, pero la relación continuó. Para ella, esa es una parte central del negocio. Puede demorarse un vuelo, fallar un transfer o no responder un hotel exactamente a las expectativas. Lo que el pasajero difícilmente perdona es sentirse abandonado.

“Que alguien vuelva de un viaje y te diga que fuiste parte de su sueño, que fuiste parte de esa ilusión y que fue el mejor viaje de su vida, es la mejor recompensa que nosotros podemos tener”.

Mazza no reniega de la tecnología. La usa. Ese mismo día necesitaba definir dónde convenía alojar a unas pasajeras que viajarían a una exposición en París y recurrió a la inteligencia artificial para analizar ubicaciones, distancias y alternativas según los aeropuertos. Es una herramienta que incorporó al trabajo cotidiano y que permite resolver consultas que antes demandaban mucho más tiempo.

Pero una cosa es usar tecnología y otra muy distinta entregarle el viaje.

Ahí Carolina marca el límite. Una plataforma puede encontrar una tarifa, comparar hoteles o armar un itinerario en segundos. Lo que no puede hacer es conocer realmente al pasajero, interpretar sus temores, anticiparse a determinadas necesidades o responder cuando algo sale mal a miles de kilómetros de casa.

Ese es el terreno en el que Mazza Turismo pretende competir. No contra la inteligencia artificial, sino con algo que la tecnología todavía no puede ofrecer: experiencia, criterio y respaldo humano.

“Vos sabés que atrás hay alguien de la agencia que está atento”, explica. Si surge una duda con un transfer, cambia un vuelo o aparece un problema en destino, hay una persona que conoce la operación y puede intervenir. “Eso es impagable”.

La transformación digital no necesariamente condena a las agencias de viajes, pero sí las obliga a justificar mejor su existencia. Emitir un pasaje dejó de ser suficiente porque el pasajero puede hacerlo solo. El valor está en saber qué conviene, conocer aquello que Google no siempre cuenta, anticipar problemas y tener capacidad de respuesta cuando el viaje deja de funcionar como estaba previsto.

Viajar también es parte del trabajo

En Mazza hay una concepción particular de la capacitación: viajar es trabajar.

No solamente porque permite conocer hoteles y destinos, sino porque proporciona una clase de información que difícilmente aparece completa en una pantalla.

Carolina lo explica con detalles concretos. Saber qué recorrido encontrará el pasajero al bajar de un avión, dónde está Migraciones, hacia qué lado debe caminar para retirar una valija, en qué piso encontrará un transfer o cuál es la conexión más sencilla puede parecer información menor hasta que uno aterriza cansado, en un aeropuerto desconocido y a miles de kilómetros de casa.

Ese conocimiento acumulado se convierte en capital de la empresa.

“Gran parte de esas capacitaciones para nosotros son los viajes. Para nosotros viajar es trabajo, porque lo replicamos después en eso que el pasajero necesita”.

Por eso, cuando arma equipos, Carolina pone primero una condición que no aparece en ningún sistema de reservas: calidad humana.

Después vienen la formación profesional, la geografía, las tarifas, la economía, los medios de pago, los sistemas específicos como Amadeus y una capacitación permanente que exige saber cada vez más sobre un mundo enorme. Pero el conocimiento técnico no compensa un mal trato.

“Un pasajero puede perdonarte cualquier cosa menos que vos no lo trates bien”, afirma.

Liderar es hacer crecer al otro

Su concepción del liderazgo sigue la misma lógica. Carolina no cree en el jefe que necesita que todas las decisiones pasen por su escritorio. Para ella, conducir significa ayudar a los demás a crecer, abrir espacios para que puedan desarrollarse y dar libertad para trabajar sin perder el control necesario de una organización.

También reivindica la cercanía. Entiende que debe existir respeto entre quien conduce y su equipo, pero no una distancia artificial. Una relación humana sólida, sostiene, puede mejorar incluso ese respeto y fortalecer el compromiso con la empresa.

Hay una experiencia personal detrás de esa mirada. Cuando tuvo que hacerse cargo del turismo después de la muerte de su tía, fueron precisamente los integrantes de aquel equipo quienes la ayudaron a entender rápidamente el negocio y sacar adelante una operación gigantesca.

Casi treinta años después, dirige intentando que el conocimiento no quede encerrado en la cabeza de una sola persona.

Paraguay: la decisión de cruzar el Paraná

La apertura de una oficina en Encarnación es la decisión empresarial más importante de esta nueva etapa de Mazza Turismo. Después de décadas de liderazgo en Misiones, la compañía cruza el Paraná y comienza a pensarse como una empresa regional.

Carolina viene observando la transformación de Paraguay desde hace tiempo y utiliza a Encarnación como la medida más cercana de ese cambio.

Recuerda una ciudad muy diferente. Años atrás, dice, desde la costa paraguaya se veía a Posadas como una gran concentración de luces mientras Encarnación conservaba una escala mucho menor. Hoy esa distancia se redujo drásticamente. “Vos mirás desde el río Encarnación y es una gran ciudad”.

Su lectura va más allá de la transformación urbana. Ve a Paraguay como un país en pleno desarrollo y entiende que allí existe un mercado suficientemente importante como para justificar la expansión.

Mazza, además, no desembarca como una marca completamente desconocida. Ya tiene clientes paraguayos y décadas de presencia en una región donde las fronteras comerciales son bastante más porosas que las administrativas. También hay consumidores de Posadas que compran servicios en Paraguay, lo que agrega otra oportunidad para la nueva oficina.

La apuesta es utilizar uno de los activos más importantes construidos durante casi siete décadas -la reputación- para competir en un mercado nuevo.

“Que tengan también la confianza de decir: una empresa tan seria como Mazza ahora está en Paraguay y yo puedo ir a comprar allá”, explica.

La frase vuelve a conectar el presente con el origen. El abuelo recibía dinero porque la gente confiaba en que regresaría con la moneda encargada. Décadas después, la empresa pretende cruzar otra frontera apoyándose en el mismo intangible.

La apuesta paraguaya también permite asomarse a la mirada que Carolina tiene sobre el clima de negocios argentino.

No romantiza la tarea empresaria en ninguno de los dos países, pero cuando habla de Argentina identifica un problema recurrente: la dificultad para proyectar. “Acá es muy difícil. No imposible, pero difícil”.

En turismo, los cambios económicos y regulatorios tienen impacto inmediato. Un nuevo impuesto o una modificación en la forma de liquidar una operación obliga a tocar sistemas, rehacer presupuestos, recalcular precios y explicar al cliente por qué una cotización realizada pocos días antes ya no puede sostenerse.

Carolina cuestiona especialmente la forma en que muchas veces se implementan las decisiones. Una norma puede anunciarse un viernes o un sábado y comenzar a regir inmediatamente, mientras las empresas todavía no tienen sistemas preparados para aplicarla.

Para una actividad que vende con anticipación y opera en monedas diferentes, esa incertidumbre se multiplica. El pasajero que pidió una cotización el viernes puede volver el lunes y encontrarse con otro precio sin que la empresa haya modificado un solo componente del viaje.

“Uno no puede proyectar”, resume.

Paraguay aparece, en ese contexto, como una oportunidad de crecimiento y también como una diversificación geográfica para una compañía acostumbrada a navegar la volatilidad argentina. No significa abandonar Misiones. Significa ensanchar el mercado.

La expansión hacia Encarnación coincide con otro movimiento decisivo: la incorporación de la cuarta generación familiar.

Pilar, hija de Carolina, tiene 30 años. Es arquitecta, pero eligió trabajar en turismo y hoy está al frente del área de Disney. También asumirá responsabilidades en la nueva sucursal paraguaya.

Su historia dentro de la empresa comenzó mucho antes de que pudiera decidir una profesión.

Cuando tenía alrededor de tres años acompañaba a su madre a las reuniones informativas sobre Disney. Carolina debía trabajar y la llevaba con ella. La niña se sentaba y escuchaba.

Una tarde, una amiga del abuelo llegó a la oficina y, jugando, le preguntó si podía venderle un viaje a China. La respuesta de Pilar quedó en la memoria familiar:

“Señora, yo de China no sé nada. Pero si quiere le vendo un viaje a Disney”. Tenía tres años.

El supuesto cliente decidió escucharla y Pilar comenzó a explicarle los programas que tantas veces había oído presentar a su madre. Hoy dirige justamente esa área y comienza a tomar mayores responsabilidades dentro de la empresa.

Para Carolina, la llegada de una nueva generación aporta algo indispensable: otra velocidad.

Cuando ella comenzó, la publicidad se hacía en los diarios. Hoy alguien puede decidir un viaje después de ver una historia de Instagram. Muchos clientes ni siquiera pisan la oficina y completan prácticamente toda la operación por WhatsApp.

Pilar creció dentro de ese lenguaje digital. Herramientas que para una generación requieren adaptación son naturales para la siguiente.

Carolina no lo vive como una amenaza a su forma de conducir, sino como un complemento. La empresa familiar empieza a preparar la sucesión incorporando conocimiento nuevo sin desprenderse de la experiencia acumulada.

El desafío es enorme. Muchas compañías familiares consiguen crear riqueza; bastante menos logran transferirla junto con la cultura empresarial que permitió generarla.

Mazza está entrando en esa etapa.

La obsesión por no perder el liderazgo

Después de tantas crisis, cambios tecnológicos y transformaciones del mercado, Carolina reconoce que hay algo que sigue empujándola. Pasión, primero. Orgullo, después.

“Sé que soy la empresa líder en el mercado y no quiero perder ese liderazgo”.

No lo plantea como una posición adquirida para siempre. Al contrario. Sabe que sostenerla obliga a moverse, abrir destinos, encontrar productos, incorporar tecnología y buscar nuevos mercados. Paraguay forma parte de esa lógica.

También aparece la responsabilidad de construir una empresa suficientemente grande para que la generación que viene encuentre oportunidades dentro de ella. Carolina tiene tres hijos y no descarta que los otros dos puedan incorporarse en algún momento.

“Me gusta donde estoy y quiero seguir ahí y quiero seguir creciendo”, afirma.

No es una mala definición de competitividad empresarial: llegar primero puede ser difícil; permanecer obliga a empezar de nuevo casi todos los días.

Cuando la conversación sale finalmente de los balances, los pasajeros y los destinos, aparece una Carolina mucho más personal.

¿Qué la hace sentir orgullosa?

La primera respuesta es su familia.

Después habla de su propia vida. No fue sencilla. Además de las pérdidas que marcaron su ingreso al turismo, tuvo que criar prácticamente sola a sus tres hijos después de que el padre muriera cuando eran pequeños. Con el tiempo reconstruyó su vida afectiva, pero recuerda aquellos años como otra etapa en la que no había demasiado margen para detenerse.

No cuenta esa historia desde la queja.

La utiliza para explicar una forma de mirar la vida. “Estamos en este mundo para eso. No podemos pasar por la vida amargados, por más que nos pasen cosas que no sean las más lindas”, dice.

Hay algo de esa filosofía en la empresa que dirige. El turismo, después de todo, comercializa uno de los bienes más particulares de la economía: experiencias que las personas esperan convertir en recuerdos.

Carolina lleva casi treinta años organizando esos momentos para otros mientras construía su propia historia entre aeropuertos, hijos, pasajeros, empleados, crisis y decisiones empresariales.

Cuando mira hacia atrás no habla primero de facturación, cantidad de pasajeros o sucursales. Dice que ama lo que hace.

Y quizá allí esté una de las claves para entender cómo una empresa consigue atravesar casi siete décadas y llegar a la cuarta generación sin convertirse simplemente en una reliquia familiar.

Los negocios necesitan números, profesionalización, tecnología, equipos y estrategia. Las empresas que quieren sobrevivir durante generaciones necesitan algo más difícil: conseguir que quienes vienen detrás todavía quieran formar parte de la historia. Ese es, probablemente, el verdadero patrimonio empresario que Carolina Mazza recibió de las generaciones anteriores y que ahora intenta entregar a la siguiente.

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Un viaje a la experiencia AguaVista: el country que convirtió el lujo en calidad de vida

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A pocos minutos de Encarnación, AguaVista se consolidó como uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos de Paraguay. Con cerca de 1.000 lotes vendidos, golf, náutica, deportes, seguridad y un flamante aeródromo privado, el proyecto busca convertirse en una experiencia regional. Elio Saurini, presidente de A+E y del consorcio de propietarios, explica la filosofía empresarial detrás de un country que apuesta a vender realidades antes que promesas.

Hay proyectos inmobiliarios que venden metros cuadrados. Otros venden ubicación, amenities o una promesa de valorización futura. AguaVista intenta vender algo bastante más difícil de medir: una experiencia.

Para comprenderlo hay que salir de Encarnación, cruzar hacia San Juan del Paraná y entrar en un espacio donde el paisaje empieza a explicar el negocio antes que cualquier brochure comercial. Golf, residencias, náutica, áreas deportivas, caminos internos y seguridad conforman una suerte de pequeña ciudad privada construida alrededor de una idea que aparece repetidamente en la conversación con Elio Saurini, presidente de A+E Sociedad Anónima -la desarrolladora- y también presidente del consorcio de propietarios: calidad de vida.

Ahora hay además una pieza que cambia la escala del proyecto. AguaVista inauguró su propio aeródromo.

No es solamente un nuevo servicio para los propietarios. Es probablemente la expresión más acabada de hacia dónde pretende ir el desarrollo: convertirse en un destino en sí mismo y acortar las distancias entre el sur de Paraguay y los grandes centros de negocios de la región.

“Queremos que sea una experiencia para todas las personas que visiten el sur, no solamente paraguayos, sino también extranjeros”, sintetiza Saurini. Y define tres pilares: calidad de vida, seguridad y bienestar.

La frase puede sonar a slogan inmobiliario. Pero detrás hay 17 años de construcción, inversión y decisiones empresariales, algunas bastante alejadas de la lógica tradicional del negocio inmobiliario.

AguaVista comenzó alrededor del deporte. Más específicamente, alrededor de una cancha de golf. Con el tiempo, el proyecto fue adquiriendo otra dimensión.

A+E significa originalmente Asunción más Encarnación, las dos procedencias de los accionistas que dieron origen a la sociedad. Después llegaría una figura determinante para la transformación del proyecto: Andrés Trosiuk, actualmente accionista mayoritario. Saurini le atribuye buena parte del cambio de escala.

La familia Trosiuk aportó capital, conocimiento empresario y, especialmente, tiempo. Pero la transformación más profunda estuvo en la filosofía con la que comenzó a desarrollarse AguaVista.

La premisa fue sencilla de formular y costosa de ejecutar: hacer todo al mejor nivel posible. Y apareció una segunda decisión todavía más disruptiva. No vender promesas.

En una industria acostumbrada a financiar buena parte de sus desarrollos mediante ventas “en pozo”, AguaVista decidió avanzar en sentido contrario.

“Nosotros no vamos a vender en pozo, vamos a vender realidades. Vamos a terminar y ahí recién vamos a vender”, recuerda Saurini sobre la estrategia impulsada por Trosiuk.

El comprador adquiría algo que podía utilizar prácticamente al día siguiente.

La diferencia parece semántica, pero en términos de negocio es enorme: significa trasladar parte importante del riesgo desde el cliente hacia el desarrollador.

La náutica fue uno de los primeros grandes ejemplos de esa filosofía y, según Saurini, también uno de los puntos de inflexión en la historia de AguaVista. Desde entonces el proyecto no dejó de incorporar capas.

Hoy reúne golf, náutica, fútbol, pádel, espacios para eventos, barrios residenciales y una infraestructura interna concebida para que buena parte de la vida cotidiana transcurra dentro del complejo. Y llegó el aeropuerto.

El lujo de comprar tiempo

En los negocios premium existe un activo cuyo valor suele crecer más rápidamente que el metro cuadrado: el tiempo.

El nuevo aeródromo de AguaVista debe entenderse desde esa perspectiva. Durante años, uno de los problemas para quienes llegaban desde Asunción o Ciudad del Este en vuelos privados era que el último tramo terrestre podía demandar casi tanto tiempo como el propio viaje aéreo.

El aeropuerto de Encarnación se encuentra, según Saurini, a unos 40 o 45 minutos de AguaVista. Un vuelo privado desde los principales centros paraguayos puede durar entre 40 minutos y una hora y veinte, dependiendo de la aeronave.

La paradoja era evidente: se podía cruzar medio Paraguay en el mismo tiempo que después demandaba completar el último tramo por tierra. El aeródromo elimina buena parte de esa fricción.

No fue sencillo. El proyecto llevaba más de una década en discusión. El masterplan original no contemplaba una pista y la topografía tampoco facilitaba la solución. Hace alrededor de siete años se intentó adquirir un terreno vecino, pero inconvenientes documentales frustraron aquella alternativa. Las negociaciones continuaron hasta conseguir finalmente la propiedad donde se construyó la infraestructura actual. La pista es privada, pero no exclusiva para propietarios.

Cualquier aeronave privada puede operar cumpliendo las condiciones correspondientes. AguaVista incluso imagina una etapa posterior: apoyar eventualmente una conexión regular Asunción-AguaVista o un circuito que incluya Ciudad del Este. Todavía es una idea hacia el futuro.

Pero revela algo sobre la ambición del proyecto. AguaVista ya no piensa únicamente en cómo llegar al country, sino en conectar el country con Paraguay.

El crecimiento también puede medirse en otra cifra: alrededor de 1.000 lotes vendidos.

Si cada lote representa potencialmente un núcleo familiar, Saurini calcula un universo cercano a las 4.000 personas vinculadas al complejo. El público es heterogéneo. La mayoría de los propietarios son paraguayos, procedentes principalmente de Encarnación, Asunción y Ciudad del Este. Pero existe una presencia significativa de argentinos, además de brasileños y, en menor medida, europeos. También cambió la manera de habitar AguaVista.

Ya no se trata exclusivamente de casas de fin de semana. Es una pequeña ciudad multicultural. 

Hay familias que viven permanentemente allí y salen diariamente a trabajar; otras utilizan sus propiedades durante determinados períodos del año y otras mantienen la lógica tradicional de segunda residencia.

Ese cambio es probablemente uno de los indicadores más importantes de maduración de cualquier country: cuando deja de ser solamente un destino ocasional y comienza a transformarse en lugar de residencia.

Para Saurini, el diferencial está en dos conceptos que aparecen constantemente durante la conversación: seguridad y libertad.

Un chico, ejemplifica, puede desplazarse en carrito de golf por el complejo sin necesidad de atravesar una calle convencional. La seguridad representa además una inversión permanente dentro del presupuesto y de la concepción general del desarrollo.

Es una concepción del lujo menos vinculada con la ostentación que con otra clase de privilegio: poder moverse, hacer deporte, vivir rodeado de naturaleza y reducir ciertas preocupaciones de la vida urbana.

Paraguay y el negocio de la previsibilidad

Pero AguaVista tampoco puede entenderse aislado de lo que ocurre alrededor. El desarrollo creció mientras Paraguay atravesaba una transformación económica que comenzó a atraer cada vez más capital extranjero. Saurini identifica una característica fundamental: la estabilidad.

Y aquí aparece una diferencia interesante entre la cultura empresarial paraguaya y la argentina.

En Paraguay los márgenes son menores, pero son mucho más seguros”, explica.

El empresario argentino, acostumbrado históricamente a convivir con retornos nominalmente elevados, inflación, saltos cambiarios y horizontes cortos, puede sorprenderse frente a rentabilidades más moderadas.

La contrapartida paraguaya es otra. Previsibilidad.

Saurini asegura que en Paraguay un empresario puede realizar proyecciones a cinco, seis e incluso diez años con un grado razonable de certidumbre. Ese cambio de paradigma ayuda a explicar el creciente interés argentino.

No necesariamente se trata de ganar mucho y rápido. Se trata de poder estimar cuánto puede ganar un proyecto dentro de varios años sin que todas las variables cambien violentamente en el camino.

Saurini observa incluso una suerte de efecto dominó entre inversores extranjeros. Uno llega, invierte, obtiene resultados y transmite su experiencia a otro potencial inversor.

“Vemos muchos extranjeros queriendo invertir, muchos extranjeros que ya invirtieron y el que ya invirtió, le fue bien, vuelve a traer a otra gente”, describe.

Entre ellos aparecen muchos argentinos.

Saurini evita opinar sobre inversiones en Argentina porque nunca realizó una personalmente. Pero asegura que los argentinos que invirtieron en AguaVista se muestran conformes con la experiencia.

El contraste entre ambos modelos es inevitable. Argentina ofrece históricamente oportunidades extraordinarias asociadas también a riesgos extraordinarios. Paraguay está construyendo otra propuesta: retornos posiblemente menos espectaculares a cambio de una economía donde el tiempo puede formar parte de la ecuación empresarial. Y para un inversor, poder pensar a diez años también es una forma de rentabilidad.

Saurini describe al empresario paraguayo como cauto. Esa cautela, combinada con estabilidad macroeconómica, explica en parte el patrón de crecimiento del país. Pero también reconoce una asignatura pendiente: la industria.

El ejecutivo observa especialmente lo que está sucediendo en el este paraguayo, donde la cercanía con Brasil y los incentivos de la Ley de Maquila están impulsando nuevas inversiones industriales. Su lectura es que esa transformación recién comienza.

Paraguay construyó durante años estabilidad, previsibilidad y condiciones favorables para el capital. El próximo salto, entiende, debería producirse en la sofisticación de su matriz productiva.

Para AguaVista, esa expansión económica representa además una oportunidad.

Porque los countries premium no prosperan únicamente por sus atributos internos. Necesitan un ecosistema económico que produzca empresarios, ejecutivos, profesionales e inversores dispuestos a pagar por una determinada forma de vida.

Del rooftop al hotel para pilotos

El aeródromo tampoco está concebido como una pista aislada. AguaVista prepara un rooftop, un espacio de coworking y alojamiento destinado a pilotos, una necesidad frecuente para quienes operan vuelos privados. También aparecen proyectos vinculados con hotelería y gastronomía.

La intención es que la infraestructura aeronáutica funcione como otra puerta de entrada al ecosistema AguaVista y, eventualmente, también hacia Encarnación.

El aeródromo está abierto a aeronaves privadas aunque sus pasajeros no sean propietarios del country.

Eso modifica nuevamente el concepto original. El proyecto inmobiliario empieza a adquirir características de hub privado de turismo, negocios y servicios premium.

Y esa transformación ocurre en un momento particularmente interesante para el sur paraguayo, con Encarnación consolidándose como destino turístico y polo de servicios frente a una región transfronteriza de enorme potencial.

Disciplina de ultramaratonista

Hay otro elemento que permite entender a Saurini. Corre ultradistancias. Y cuando se le pregunta cuánto de la disciplina deportiva traslada al mundo empresarial, no duda: “El 100%”.

Su fórmula tiene dos palabras: constancia y disciplina.

“En la vida todo es disciplina para lograr los objetivos”, sostiene.

Puede parecer una digresión personal dentro de una conversación sobre inversiones inmobiliarias, pero probablemente explique más de AguaVista que muchos indicadores financieros.

Un proyecto que lleva 17 años desarrollándose necesita precisamente eso.

No solamente capital.

Tiempo.

Persistencia.

Capacidad de atravesar ciclos económicos.

Y una visión suficientemente larga como para continuar invirtiendo cuando todavía no existe un comprador esperando del otro lado.

Incluso la mirada deportiva de Saurini termina infiltrándose en el diseño. Caminos, circuitos y espacios son pensados también para quienes corren, caminan o utilizan bicicleta.

No es casual.

AguaVista nació alrededor del golf y el deporte continúa formando parte de su identidad.

La experiencia AguaVista

Cuando mira hacia atrás, Saurini admite algo poco frecuente entre quienes conducen grandes desarrollos empresariales.

Ni siquiera él imaginó que llegarían hasta acá.

No esperaba un aeropuerto de estas características. Tampoco algunos de los barrios que terminaron construyéndose.

El proyecto superó las expectativas de quienes participaron de su propio desarrollo.

Tal vez allí esté la clave para entender AguaVista.

No se construyó de una sola vez. Se fue agregando ambición.

Primero fue el golf.

Después llegaron la náutica, las residencias, los servicios, el deporte, la seguridad, nuevos barrios y una comunidad que hoy reúne alrededor de un millar de propietarios de lotes.

Ahora los aviones pueden aterrizar dentro del propio complejo.

Y el próximo paso ya no parece ser simplemente vender más terrenos.

Es construir una marca capaz de trascender el negocio inmobiliario.

Porque en el segmento premium, el verdadero producto rara vez es una casa.

Puede ser el silencio.

La seguridad.

La naturaleza.

El tiempo que se ahorra.

La posibilidad de subir a un avión en Asunción y aterrizar prácticamente frente a casa. O simplemente la sensación de que todo aquello que se compró ya existe. Después de 17 años, AguaVista parece haber entendido que el lujo contemporáneo no consiste solamente en tener más. Consiste, cada vez más, en vivir mejor.

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Invertir a ambos lados del Paraná: la nueva frontera de los negocios inmobiliarios entre Misiones y Encarnación

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Durante décadas, la relación entre Posadas y Encarnación estuvo marcada principalmente por el comercio minorista y el turismo de compras. Sin embargo, la dinámica económica de los últimos años comenzó a transformar esa lógica. Hoy, el corredor binacional se consolida como un mercado inmobiliario integrado donde las oportunidades ya no se limitan al consumo, sino que alcanzan a oficinas corporativas, locales comerciales y desarrollos de uso mixto.

La frontera dejó de ser una barrera para convertirse en una plataforma de inversión. Empresas argentinas buscan expandirse hacia Paraguay atraídas por menores costos operativos, mientras que firmas paraguayas encuentran en Misiones un punto estratégico para acceder al mercado argentino y al resto del Mercosur.

Un mercado que se mueve con el tipo de cambio

El comportamiento del tipo de cambio continúa siendo uno de los factores que más condiciona las decisiones de inversión. Cuando el peso argentino gana competitividad, aumentan los proyectos comerciales en Misiones; cuando el guaraní ofrece mayor estabilidad relativa, Encarnación se vuelve especialmente atractiva para el desarrollo de nuevos emprendimientos.

No obstante, los especialistas coinciden en que las inversiones inmobiliarias comerciales ya no responden únicamente a las variaciones cambiarias. Cada vez pesan más variables como la estabilidad jurídica, la calidad de la infraestructura urbana, la conectividad y el potencial de crecimiento de cada ciudad.

Oficinas y locales comerciales

El modelo tradicional de oficinas también está evolucionando. Las empresas demandan espacios más eficientes, flexibles y tecnológicamente preparados. Los edificios con plantas adaptables, menores costos de mantenimiento y mejores estándares ambientales ganan valor frente a propuestas más antiguas.

En paralelo, los locales comerciales dejan de depender exclusivamente del tránsito peatonal. La expansión del comercio electrónico obliga a pensar espacios híbridos donde conviven atención al público, logística de última milla, retiro de compras online y experiencias presenciales.

En ciudades fronterizas como Posadas y Encarnación, esta tendencia adquiere una dimensión adicional: muchas empresas necesitan presencia física en ambos mercados para optimizar operaciones, reducir costos logísticos y fortalecer su posicionamiento regional.

Otra de las grandes tendencias es el crecimiento de los proyectos de uso mixto, que integran viviendas, oficinas, gastronomía, servicios y comercios dentro de un mismo complejo.

Este formato genera mayor circulación de personas durante todo el día, reduce riesgos para los desarrolladores y diversifica las fuentes de ingresos. Además, responde a una demanda creciente de consumidores que privilegian la cercanía entre trabajo, servicios y espacios de recreación.

En el caso de Misiones y Encarnación, estos emprendimientos encuentran un escenario particularmente favorable gracias al incremento del intercambio económico y al desarrollo de nuevos servicios vinculados al comercio internacional.

Una visión regional para invertir mejor

El mercado inmobiliario fronterizo exige un análisis que trascienda las fronteras políticas. Comprender las diferencias regulatorias, fiscales y financieras entre ambos países resulta determinante para identificar oportunidades de largo plazo.

Diversos especialistas internacionales vienen siguiendo esta evolución. Entre ellos, la analista de bienes raíces comerciales Roksolana Pyrtko destaca que los mercados latinoamericanos muestran un creciente interés por corredores económicos transfronterizos, donde la integración comercial impulsa nuevas oportunidades para inversores institucionales y desarrolladores privados.

En ese contexto, Misiones y Encarnación aparecen como uno de los polos con mayor potencial del Cono Sur. La combinación de infraestructura compartida, creciente movilidad empresarial, expansión del comercio y demanda de espacios corporativos configura un escenario donde las inversiones inmobiliarias comerciales comienzan a mirar menos las fronteras y más la lógica de una región económica integrada.

La integración inmobiliaria entre Misiones y Paraguay no se explica únicamente por la demanda de oficinas y locales comerciales. El crecimiento de los desarrollos residenciales de alta gama está modificando el mapa urbano de toda el área metropolitana que une Posadas, Garupá, Candelaria y Encarnación.

En el lado argentino, Candelaria se convirtió en el caso más emblemático. La ciudad fue la de mayor crecimiento poblacional de Misiones en los últimos quince años y, al mismo tiempo, logró conservar la tranquilidad de un pueblo ribereño situado a apenas veinte minutos de Posadas por autopista. Esa combinación de conectividad, naturaleza y precios de la tierra todavía competitivos impulsó un verdadero boom inmobiliario.

Hoy funcionan o se desarrollan emprendimientos como Club de Campo Santa Cecilia, El Palmar, Los Arroyos, Ecos de Candelaria, Haras de Candelaria, Altos de Candelaria y el tradicional barrio El Lago, mientras otros proyectos como Club de las Aves y Costa Serena preparan su desembarco. A ello se suman nuevos barrios privados en Garupá, una ciudad que también acompaña la expansión del Gran Posadas y comienza a captar inversiones de familias que priorizan calidad de vida sin resignar cercanía con el principal centro económico de Misiones.

El denominador común es claro: lotes de mayores dimensiones, contacto con el río Paraná, infraestructura moderna, fibra óptica, seguridad y amenities que hace apenas una década eran exclusivos de los grandes centros urbanos del país.

Del otro lado del río, Paraguay exhibe uno de los desarrollos más consolidados de la región. En San Juan del Paraná, a pocos kilómetros de Encarnación y a sólo 25 kilómetros de Posadas, el country Aguavista se posiciona como uno de los emprendimientos premium más importantes del sur paraguayo.

Con más de 300 hectáreas urbanizadas, playa privada sobre el Paraná, marina náutica, campo de golf de estándar internacional, instalaciones deportivas, restaurantes y servicios integrales, Aguavista refleja una tendencia que gana fuerza en toda América Latina: la búsqueda de comunidades planificadas donde residencia, recreación y servicios conviven en un mismo espacio.

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