IPIM

Los precios mayoristas subieron 0,8% en julio, pero agro, industria y electricidad mostraron fuertes presiones

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A primera vista, julio dejó una señal de marcada moderación en los precios mayoristas: el índice que mide cuánto cobran productores e importadores por los bienes vendidos en el mercado interno avanzó apenas 0,8%. Pero debajo de ese promedio ocurrió algo bastante distinto.

El dato general fue contenido por una caída excepcional de 9,2% en petróleo crudo y gas, que restó casi un punto porcentual al índice. Sin ese contrapeso, numerosas ramas de la economía mostraron aumentos bastante mayores: los productos agropecuarios subieron 3,6%, la energía eléctrica 5,8%, los vehículos 2,7%, los químicos 2% y los productos manufacturados 1,7%.

Ese contraste convierte al informe del Sistema de Índices de Precios Mayoristas del INDEC en una fotografía particularmente interesante de julio: el promedio fue bajo, pero la presión de costos no desapareció; estuvo fuertemente compensada por la energía primaria.

El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó 0,8% mensual, 16,6% desde diciembre y 31,1% interanual. El Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB), que excluye el componente impositivo, también subió 0,8%, acumuló 15,5% en el año y llegó a 30,2% interanual. A su vez, el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) avanzó 0,9% mensual, 15,5% en el año y 31,3% contra julio de 2025.

Los tres indicadores, con metodologías diferentes, describen por lo tanto una dinámica similar: los precios en la puerta de fábrica y en el circuito mayorista continuaron aumentando, aunque julio mostró una variación general reducida.

El petróleo explica buena parte del 0,8%

La clave para interpretar el mes está en mirar las incidencias y no solamente las variaciones.

Dentro del IPIM, los productos nacionales aportaron 0,77 punto porcentual a la suba mensual. Los manufacturados y la energía eléctrica aportaron 1,26 punto, pero los productos primarios restaron 0,49.

Dentro de estos últimos hubo dos fuerzas en dirección opuesta: los productos agropecuarios sumaron 0,39 punto porcentual, mientras petróleo crudo y gas restaron 0,91 punto.

Ese -0,91 resulta decisivo: por sí solo, el petróleo neutralizó buena parte de las presiones alcistas que se observaron en el resto del sistema.

El propio INDEC identifica entre las mayores incidencias positivas del mes a los productos agropecuarios, con 0,39 punto; sustancias y productos químicos, con 0,19; vehículos automotores, carrocerías y repuestos, con 0,17; y alimentos y bebidas, con 0,16. Del otro lado apareció petróleo crudo y gas, con -0,91 punto.

Por eso, leer el 0,8% como una estabilidad generalizada de los precios de producción sería incompleto. Julio combinó aumentos relevantes en varias ramas con una baja extraordinaria de uno de los componentes primarios de mayor peso.

El agro volvió a acelerar

Uno de los movimientos más fuertes estuvo en el sector agropecuario.

Los productos agropecuarios aumentaron 3,6% en el IPIM, 3,9% en el índice básico mayorista y 3,8% en precios básicos del productor. Los productos pesqueros, por su parte, subieron 2,4%.

En términos interanuales, los productos agropecuarios se ubicaron 33,8% por encima de julio de 2025 en el IPIM, mientras los productos pesqueros acumularon 42,1%.

Sin embargo, el acumulado anual presenta una imagen diferente. Entre diciembre y julio, los productos agropecuarios subieron 10,2%, claramente por debajo del 16,6% del índice general, mientras pesca acumuló 22,5%.

Esto marca una diferencia entre el comportamiento reciente y la trayectoria anual: el agro tuvo un julio caliente después de siete meses en los que había aumentado menos que el promedio mayorista.

La electricidad: 5,8% en un solo mes y casi 45% en el año

El dato más intenso del informe aparece en la energía eléctrica.

Los precios mayoristas de la electricidad aumentaron 5,8% solamente en julio, la variación mensual más alta entre las divisiones relevadas.

En los primeros siete meses del año acumularon una suba de 44,6%, casi tres veces el 16,6% del nivel general del IPIM. Y en doce meses el aumento alcanza 45%.

El dato tiene una lectura económica relevante porque la electricidad no es solamente un producto final: es un costo transversal de buena parte de la actividad productiva. Por eso, su evolución puede trasladarse de manera indirecta a diferentes cadenas industriales y comerciales.

Manufacturas: aumentos generalizados con diferencias sectoriales

Los productos manufacturados subieron 1,7% mensual dentro del IPIM. La dispersión entre actividades fue amplia.

Tabaco aumentó 3,2%; muebles y otros productos industriales, 2,9%; vehículos, carrocerías y repuestos, 2,7%; productos metálicos básicos, 2,6%; equipos para medicina e instrumentos de medición, 2,6%; productos de minerales no metálicos, 2,4%; y máquinas y aparatos eléctricos, 2,2%.

Alimentos y bebidas avanzaron 1,4% mensual, papel y productos de papel 1,6% y sustancias y productos químicos 2%.

Para una provincia como Misiones, con fuerte presencia forestal, resulta especialmente relevante la evolución de madera y productos de madera —excepto muebles—, que mostró un incremento mensual de 0,9%, inferior al promedio manufacturero. El rubro acumula 9,9% en los primeros siete meses de 2026 y 20,7% interanual.

También el papel mostró una trayectoria relativamente contenida: 1,6% mensual, 11,9% acumulado y 19,5% interanual.

Son dos datos relevantes para observar la evolución de costos y precios de salida de una cadena con fuerte peso en la economía del NEA.

Importados: subieron menos que la producción nacional

Otro elemento significativo fue el comportamiento de los productos importados.

En julio aumentaron 0,5% en el IPIM, frente al 0,8% de los productos nacionales. En el índice básico mayorista, los importados subieron 0,6% contra 0,9% de los nacionales.

La diferencia se vuelve mucho más pronunciada cuando se mira el acumulado del año: los productos importados registraron una suba de 8,4%, prácticamente la mitad del 17,2% correspondiente a los productos nacionales dentro del IPIM.

También en la comparación interanual se observa una brecha: los importados aumentaron 21,3%, mientras los productos nacionales lo hicieron 31,8%.

El contraste es relevante para la estructura competitiva de la economía: en la medición del INDEC, los bienes importados vienen aumentando bastante menos que los producidos localmente.

Petróleo y combustibles: dos historias diferentes

Uno de los contrastes más llamativos del informe surge dentro de la misma cadena energética.

Mientras petróleo crudo y gas cayó 9,2% en julio, los productos refinados del petróleo aumentaron 0,7% en el IPIM.

En doce meses, sin embargo, los refinados acumulan una suba de 59%, el incremento más alto entre las principales ramas manufactureras relevadas, mientras petróleo crudo y gas registra 45,7%.

Y durante 2026, el crudo y gas todavía acumula un incremento de 42,6%, pese a la fuerte baja de julio; los refinados avanzaron 30%.

La caída mensual, por lo tanto, no implica que la presión energética del año haya desaparecido. Más bien funciona como una corrección potente dentro de una trayectoria previa de aumentos muy elevados.

Un índice calmo por fuera, mucho más movido por dentro

El 0,8% mayorista de julio ofrece una señal favorable desde el promedio, pero el detalle obliga a una lectura más cuidadosa.

El petróleo cayó 9,2% y actuó como un gigantesco amortiguador estadístico. Al mismo tiempo, aumentaron 3,6% los productos agropecuarios, 5,8% la electricidad, 2,7% los vehículos, 2,9% muebles y otros productos industriales y 2,4% los productos de minerales no metálicos.

La industria manufacturera en conjunto avanzó 1,7%.

Por eso, la principal conclusión que deja el informe no es solamente que los mayoristas aumentaron 0,8%, sino que ese resultado se construyó sobre movimientos sectoriales muy dispares.

Detrás de un promedio relativamente bajo siguen operando focos de presión relevantes en energía eléctrica, agro, químicos y distintos segmentos industriales. Al mismo tiempo, los bienes importados mantienen aumentos sensiblemente inferiores a los nacionales.

La inflación mayorista de julio, en definitiva, no fue uniforme ni generalizada: fue una combinación de fuertes aumentos sectoriales neutralizados por una caída excepcional del petróleo. Y esa composición será tan importante como el índice general para anticipar qué costos pueden trasladarse hacia adelante en las cadenas productivas.

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La inflación mayorista fue de 1,1% en junio y acumuló 33,7% en doce meses

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La inflación mayorista volvió a mostrar señales de desaceleración durante junio y se consolidó por debajo del ritmo de aumento de los precios al consumidor. Según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró un incremento del 1,1% respecto de mayo, mientras que la variación interanual alcanzó el 33,7%.

El dato representa una reducción de 1,4 puntos porcentuales frente al registro de mayo, cuando la inflación mayorista había sido del 2,5%, y marca el segundo mes consecutivo de desaceleración. Además, el indicador se ubicó por debajo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que en junio fue del 1,9% y acumuló una suba interanual del 33,5%.

En el acumulado del primer semestre de 2026, los precios mayoristas avanzaron un 15,6%, reflejando una dinámica de costos que continúa moderándose tras los fuertes ajustes registrados en los primeros meses del año.

La variación mensual del IPIM estuvo explicada por un incremento del 1% en los productos nacionales y del 2,3% en los productos importados. Dentro de la producción local, las mayores incidencias correspondieron a las subas en sustancias y productos químicos, productos agropecuarios, productos refinados del petróleo y energía eléctrica. Estos aumentos fueron parcialmente compensados por la caída registrada en petróleo crudo y gas, que ejerció un efecto moderador sobre el índice general.

El comportamiento fue similar en los restantes indicadores de precios mayoristas. El Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB), que excluye el efecto de los impuestos, también registró un aumento del 1,1%, impulsado por incrementos del 1,1% en los productos nacionales y del 2,2% en los importados.

En tanto, el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) mostró una suba del 1,1%, resultado de una disminución del 0,6% en los productos primarios y un aumento del 1,8% en los productos manufacturados y en la energía eléctrica.

La desaceleración del IPIM constituye un dato seguido de cerca por analistas y empresas, ya que los precios mayoristas suelen anticipar parte de la evolución futura de los precios minoristas. Una menor presión sobre los costos de producción podría contribuir a moderar la transmisión hacia el consumidor final, aunque ese efecto depende también de factores como el tipo de cambio, la demanda y la política tarifaria.

Tras conocerse el informe del INDEC, el presidente Javier Milei destacó el resultado y felicitó públicamente al ministro de Economía, Luis Caputo, a quien volvió a definir como “el mejor ministro de Economía de todos los tiempos”, en una nueva señal de respaldo al programa económico basado en el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria.

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La inflación mayorista se acelera al 3,4% en marzo y presiona costos por el salto en energía

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación mayorista alcanzó el 3,4% en marzo, en línea con el Índice de Precios al Consumidor del mismo mes, tras haber mostrado una desaceleración en enero y febrero. El dato confirma un cambio de tendencia en los costos de producción, con impacto directo en la estructura de precios de la economía.

De acuerdo con el informe oficial, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) acumuló un alza del 6,1% en el primer trimestre y registró una variación interanual del 27,9%, consolidando una dinámica de presión en los precios de origen.

Energía y combustibles, el motor de la suba

El repunte del índice estuvo explicado principalmente por el incremento en los productos nacionales, que subieron 3,5%, mientras que los importados lo hicieron en menor medida (1,1%).

Dentro de los componentes locales, el mayor impacto provino de “Petróleo crudo y gas”, que registró un aumento significativo y explicó más de dos puntos porcentuales de la variación mensual. También incidieron los productos refinados del petróleo, alimentos y bebidas, y productos químicos.

En contrapartida, los productos agropecuarios mostraron una caída mensual, lo que amortiguó parcialmente la suba general.

Un cambio de tendencia tras dos meses de calma

El dato de marzo corta una secuencia de desaceleración que se había observado en enero (1,7%) y febrero (1%). La aceleración vuelve a ubicar a los precios mayoristas en niveles similares a los del IPC, lo que refuerza la señal de transmisión hacia precios minoristas.

Además, otros indicadores del sistema mayorista también mostraron subas: el índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB) creció 3% y el índice de precios básicos del productor (IPP) también avanzó 3%, impulsado por aumentos en productos primarios y manufacturados.

Energía como factor estructural

El comportamiento del rubro energético aparece como un factor determinante en la dinámica inflacionaria. La suba en petróleo y gas —asociada a movimientos internacionales— introduce un componente externo que condiciona la política económica local.

En este escenario, los sectores vinculados a la energía y combustibles concentran mayor capacidad de incidencia sobre la formación de precios, mientras que actividades como el agro, que mostraron caídas, pierden peso relativo en la dinámica mensual.

Costos en alza y presión sobre cadenas productivas

La aceleración del índice mayorista implica un encarecimiento en los costos de producción que, según la estructura de cada sector, puede trasladarse a precios finales o absorberse vía márgenes.

El incremento en energía impacta transversalmente: transporte, industria y logística. A su vez, el comportamiento dispar entre sectores —con subas en energía y bajas en agro— genera una recomposición desigual dentro de la economía.

Posibles efectos en economías del NEA

Aunque el informe no desagrega datos regionales, la dinámica observada sugiere un impacto potencial en provincias con fuerte peso de economías regionales como Misiones.

Por un lado, la caída en productos agropecuarios podría moderar costos en actividades primarias. Por otro, el encarecimiento energético y logístico puede afectar la competitividad de cadenas productivas alejadas de los centros de consumo, una condición estructural del NEA.

Variables a seguir

El comportamiento de los precios mayoristas en los próximos meses dependerá de la evolución de los costos energéticos y del contexto internacional. También será clave observar si esta aceleración se consolida o si vuelve a desacelerarse.

Otro punto a monitorear es el grado de traslado a precios minoristas y su impacto en el consumo, en un contexto donde la estabilidad de precios sigue siendo un eje central del programa económico.

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Precios mayoristas: suben 1% en febrero y el Gobierno enfrenta una señal clave en la cadena de costos

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El proceso de desaceleración inflacionaria sumó un nuevo capítulo con matices: el índice de precios mayoristas registró una suba de 1% en febrero de 2026 y acumuló 25,6% interanual, según informó el INDEC el 17 de marzo. El dato, en apariencia contenido, adquiere relevancia política porque mide el pulso de la cadena de formación de precios antes de su traslado al consumidor. En ese punto se abre una pregunta inevitable: ¿la baja en la nominalidad mayorista consolida la estrategia del Gobierno o anticipa tensiones futuras en márgenes y abastecimiento?

Lejos de ser un indicador técnico más, el índice funciona como termómetro adelantado de la inflación minorista y como referencia para sectores productivos que ajustan contratos, listas de precios y expectativas.

Una desaceleración con composición heterogénea

El informe oficial muestra que la variación mensual se explicó por el aumento de 1% en los productos nacionales, mientras que los productos importados registraron una leve baja de -0,3%. Esa diferencia introduce un dato clave: la presión inflacionaria se sostiene más en factores internos que en el componente externo.

Al interior de los productos nacionales, el comportamiento no fue uniforme. Los productos primarios subieron 1,2%, los manufacturados 1% y la energía eléctrica avanzó 0,5%. Esta estructura sugiere que la dinámica de costos sigue atravesada por variables productivas locales, incluso en un contexto de menor volatilidad cambiaria.

La baja en importados, en tanto, aparece como un factor de contención, aunque con impacto acotado en la estructura general del índice. No alcanza por sí sola para compensar la inercia de los precios domésticos.

Un indicador clave para la política económica

El índice de precios internos al por mayor (IPIM) no solo mide variaciones. También anticipa decisiones. Su evolución incide en la política de precios, en la negociación entre proveedores y empresas, y en la construcción de expectativas inflacionarias.

Para el Gobierno, el dato de febrero puede leerse como una señal de estabilización relativa en la cadena de costos. Sin embargo, también expone una limitación: la inflación no desaparece, se redistribuye. Y en ese movimiento, los precios mayoristas siguen mostrando una inercia que condiciona la velocidad de desaceleración general.

En términos institucionales, el índice no tiene impacto directo en normas o contratos como otros indicadores, pero sí influye en la toma de decisiones del sector privado y en la calibración de políticas públicas.

Correlación de fuerzas: márgenes en disputa

El comportamiento de los precios mayoristas también refleja una tensión silenciosa entre sectores productivos. Cuando los costos suben, aunque sea de forma moderada, se activa una disputa por los márgenes a lo largo de la cadena.

El dato de febrero sugiere que esa tensión no desapareció. Se reconfiguró. La estabilidad relativa puede aliviar presiones en el corto plazo, pero no elimina la puja entre productores, distribuidores y comercializadores.

En ese escenario, la política económica queda en una posición delicada: necesita sostener la desaceleración sin generar un estrangulamiento en sectores que dependen de la recomposición de precios para sostener actividad.

Un equilibrio todavía inestable

El registro de 1% mensual marca una desaceleración respecto de períodos anteriores, pero no define una tendencia irreversible. La clave estará en observar si este nivel se consolida o si responde a factores transitorios.

Las próximas mediciones permitirán evaluar si la baja en productos importados se sostiene y si los componentes internos logran moderarse sin intervención adicional. También será relevante analizar cómo impacta esta dinámica en la inflación minorista.

Por ahora, el dato deja una señal ambivalente. La nominalidad cede, pero no se apaga. Y en ese margen, la política económica sigue jugando una partida donde cada punto porcentual redefine el equilibrio.

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Tarifas de energía: el Gobierno avanza con la reducción de subsidios y nuevos aumentos desde febrero

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Las tarifas de los servicios públicos registrarán nuevos aumentos a partir del 1º de febrero de 2026, como resultado de una serie de medidas adoptadas por el Gobierno nacional para avanzar en la reducción de subsidios y sostener el esquema de actualización de precios del sector energético. El ajuste más significativo se verificará en el gas natural, con una suba promedio del 16,86% en todo el país, mientras que en el caso de la energía eléctrica el incremento autorizado será del 2,55% en Misiones, según lo dispuesto por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) para la empresa LÍNEAS DE TRANSMISIÓN DEL LITORAL SOCIEDAD ANÓNIMA (LITSA).

Las decisiones se formalizaron a través de la Resolución ENRE 38/2026, publicada en el Boletín Oficial el 30 de enero, y se inscriben en el marco de la emergencia del Sector Energético Nacional declarada por el Decreto 55/2023 y prorrogada sucesivamente hasta el 9 de julio de 2026.

Gas natural: suba promedio del 16,86% y cambios en el esquema de precios

El aumento más relevante se producirá en la tarifa de gas, que registrará un incremento promedio del 16,86% como consecuencia de la combinación de varios factores regulatorios y económicos. Entre los motivos del ajuste se encuentran la cuota mensual de la Revisión Quinquenal Tarifaria, el aumento mensual por fórmula de actualización basada en el IPIM y el IPC para evitar el deterioro real de las tarifas, la aplicación del nuevo esquema de subsidios SEF y la implementación de un precio de gas unificado y fijo para todo el año.

Según explicaron desde el Gobierno nacional, este último punto genera un salto tarifario puntual en febrero, pero se aplica en un mes de bajo consumo. En ese sentido, la interpretación oficial sostiene que “se busca darle previsibilidad al usuario para que en los meses donde más necesita consumir gas (invierno) no se le dispare el precio”, y que de esta manera “se evita así sobresaltos estacionales de la factura a lo largo del año”.

El enfoque apunta a reducir la volatilidad estacional del costo del servicio y a profundizar el proceso de corrección de los precios relativos de la economía, en línea con los objetivos planteados por el Ministerio de Economía en el marco de la emergencia energética.

Electricidad en Misiones: ajuste del 2,55% para LITSA

En el caso de la energía eléctrica, el incremento autorizado será del 2,55% en Misiones, correspondiente al segmento de transporte bajo jurisdicción federal. El ajuste fue aprobado por el ENRE mediante la Resolución 38/2026 y alcanza a LÍNEAS DE TRANSMISIÓN DEL LITORAL SOCIEDAD ANÓNIMA (LITSA), en su carácter de transportista independiente.

El aumento surge de la aplicación del mecanismo de actualización de la remuneración aprobado por el ENRE en la Resolución 320/2025, rectificada por la Resolución 591/2025, que establece una fórmula de ajuste basada en la evolución del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) y del Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicados por el INDEC.

Para diciembre de 2025, el IPIM registró una variación del 2,40% y el IPC del 2,85%. Dadas las ponderaciones definidas en el esquema regulatorio —67% IPIM y 33% IPC—, el porcentaje de actualización resultante fue del 2,55%, con vigencia a partir del 1 de febrero de 2026.

El objetivo explícito del mecanismo es que la remuneración de las transportistas se mantenga en términos reales durante todo el período tarifario de cinco años, conforme a lo establecido en el marco de la Revisión Quinquenal Tarifaria.

Marco normativo, fundamentos y alcance institucional

La resolución del ENRE se apoya en una extensa base normativa, que incluye la Ley 24.065 de Energía Eléctrica, la Ley 27.742, el Decreto 55/2023 que declaró la emergencia energética, sus prórrogas posteriores, y las instrucciones impartidas por el Ministerio de Economía y la Secretaría de Energía mediante notas fechadas el 26 de enero de 2026.

En ese contexto, el organismo regulador aprobó los valores horarios a aplicar al equipamiento regulado de LITSA, detallados en el anexo de la resolución, que incluyen remuneraciones por conexión y por capacidad de transporte, con montos expresados en pesos por hora según nivel de tensión y tipo de equipamiento.

La medida fue notificada a las principales asociaciones del sector eléctrico y a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), y forma parte del proceso más amplio de actualización tarifaria que el Gobierno impulsa para reducir subsidios, ordenar las cuentas públicas y garantizar la sostenibilidad del sistema energético.

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