IRÁN

La inevitable guerra en Medio Oriente 

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Otra vez, Israel e Irán van al conflicto directo. Misiles van, misiles vienen, daño estructural y vidas perdidas, intereses políticos y económicos con apetencias de manejo hegemónico de la zona, pero con una premisa clave: esto es algo que va a ocurrir siempre entre ambos enemigos naturales. 

Esta guerra es completamente imposible de esquivar. En el génesis político que predomina el manejo político y la construcción identitaria e ideológica de ambos está la presencia del otro como un estorbo. Esta guerra, lejos de ser por cuestiones materiales, es un pleito de características filosóficas, que no se va a zanjar ni con misiles ni con diplomacia. 

Un conflicto de nunca acabar 

Hay dos sucesos históricos en el siglo XX que nos pueden dar un pantallazo sobre el origen del conflicto y que puedan responder a la razón por la cual esta guerra puede ser apocalíptica si estalla en algún momento con total crudeza. 

Ambos procesos históricos tienen que ver con la alta política que manejan estos países. El primero de ellos es la creación del Estado de Israel en 1948. Desde ese momento, con la reubicación en la antigua Palestina de los judíos que sobrevivieron del Holocausto padecido en la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a reconfigurarse el mapa de Medio Oriente. Con el correr de los años y anteponiendo intereses políticos y territoriales, comenzaron a gestarse guerras que sirvieron como mecanismos de ocupación y expansión de terreno para Israel. Esto fue provocando un clima de enemistad absoluta con sus vecinos, generando un estado de situación en alarma total que se da de manera constante hasta el día de hoy. 

El otro suceso es la Revolución Islámica de Irán en el año 1979. En ese momento, los Ayatolas suben al poder mediante una revuelta con amplio apoyo popular, tirando por el costado oscuro de la historia a la occidentalización forzada del Sha Reza Pahlevi e imponiendo un régimen teocrático basado en la doctrina del Corán y en la rígida interpretación de la Ley de la Sharia. Desde el vamos, la Revolución Islámica de Irán y sus consecuentes líderes políticos y religiosos marcaron a Israel como el enemigo único a vencer, exigiendo la eliminación o exterminio de dicho Estado y su gente.

Entendiendo estos procesos, la cuenta parece más clara. Israel vive en constante estado de alerta y con amenazas yihadistas de grupos armados financiados por Irán como Hezbolá, por citar uno de ellos, y por el lado de Teherán considerando la inexistencia de Israel como el único método de pacificación de Medio Oriente. Es decir, el problema es filosófico. Ambos países jamás van a lograr un acuerdo de paz porque su problema es filosófico, no material. Uno no necesita territorio del otro, sino que ambos creen en la eliminación de su enemigo, una situación que solo podría decantar en una guerra apocalíptica y que, además, es inevitable, porque a la larga o a la corta va a recrudecer. 

Mucho morbo hay con el concepto “Tercera Guerra Mundial”. Cuando explotó la conflagración en Ucrania se habló de que se podía atravesar eso, sin conocer, lógicamente, algunas de las características que podrían dar parámetros para semejante conflicto. En mi opinión, si hay una Tercera Guerra Mundial va a arrancar por Israel e Irán o por China y Taiwán. Centrándonos en Medio Oriente es algo obvio, por su incapacidad de resolver sus problemas con territorios, sino que el mundo de las ideas es el que entra en conflicto. Es inevitable, tal como el afán expansionista y la paranoia nacionalista en la Primera Guerra Mundial y el ascenso del extremismo político en el fascismo, nazismo y estalinismo en la Segunda Guerra Mundial. Estos ejemplos históricos sirven para demostrar cómo las ideas en pugna son las que propagan guerras brutales y de carácter mundial, más no un simple problema territorial, pese a que puede ser un condimento más, con Irán e Israel, la relación es irreconciliable. Además, hay que tener en cuenta que Irán es uno de los máximos productores de armas nucleares e Israel cuenta con la tecnología avanzada más imponente del mundo en lo bélico. 

Argentina en Medio Oriente 

Difícil es pensar que alguien querría comprarse un problema geopolítico de las dimensiones de Irán e Israel, pero, penosamente, nuestro país está generando (des)conexiones diplomáticas que pueden ser graves. 

El gobierno de Javier Milei se alineó en su totalidad con Israel desde el comienzo. De hecho, el mandatario jamás lo escondió. Sin embargo, en este contexto, estos apoyos pueden verse como más que simples declaraciones. 

La intención de Milei es que la embajada argentina se mude de Tel Aviv a Jerusalén en 2026, lo cual, lejos de ser una situación meramente de ubicación, es una declaración de principios geopolíticos. Con esto, lo que busca reconocer es el predominio de la ciudad sagrada bajo Israel, otorgándole el visto bueno diplomático de la hegemonía en la región. 

Esta situación, además de otros dichos de Milei lleva a que el posicionamiento con Israel pueda ser visto por sus enemigos como una amenaza, no por lo que represente Argentina en el entramado geopolítico, sino por la dinámica de mundializar el terrorismo que han demostrado los grupos y organizaciones que trabajan para Irán. 

Argentina fue epicentro de dos grandes atentados en la década de los 90’s: embajada de Israel y Amia. ¿Es momento de una alineación tan directa con Tel Aviv? Medio Oriente, como siempre, está que arde, pero pareciera ser que estamos a dos minutos de la medianoche, lo que no sería muy positivo para Argentina, rompiendo el posicionamiento histórico de neutralidad, todo en el nombre del ¿occidentalismo? Difícil de creer, pero parte de la política exterior actual de nuestro país. 

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La rebelión de los velos

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El 2022 vuelve a marcar un quiebre en Irán. Sin embargo, esta revuelta de mujeres tiene un carácter de crítica estructural hacia el régimen teocrático que puede hacer tambalear los cimientos que se han construido con firmeza desde 1979. Es preciso hablar de un suceso creador de época, en el contexto de una oleada de reivindicaciones históricas que viene golpeando fuerte en el mundo árabe desde 2010 (Primavera Árabe). 

Mujeres iraníes a las calles 

La muerte de Mahsa Amini, una joven kurda iraní de tan solo 22 años, en manos del aparato represivo expresado en la policía de la moral iraní, por el simple hecho de llevar mal puesto el hiyab (velo islámico), generó un revuelo de dimensiones internacionales, y que trae a colación un sinfín de consecuencias que pone en estado de alerta a los líderes políticos y religiosos de Irán. Este aberrante hecho ocurrió el 16 de septiembre, y desde ese momento convocó a las mujeres a levantarse contra un régimen opresor, en términos de abismales diferencias con Occidente. 

En principio, el hecho fue cometido por un agente de la policía de la moral, un estamento que forma parte de este modelo político. Para comprender el trasfondo de lo acontecido, es preciso decir que desde 1979, mediante la Revolución Islámica de Irán, ese país tuvo un giro de 180 grados en materia de estructura estatal, política y de manejo del poder. 

De la mano del ayatola Ruhollah Jomeini, Irán destrabó un proceso de occidentalización forzada, con fuerte presencia de intereses estadounidenses. Ante la aparición de esta ruptura de continuidades en el orden político, Irán viró hacia un modelo político abiertamente teocrático. Esto significa que el poder político se encuentra a la par del religioso para el manejo del poder estatal. Desde ese momento y hasta la actualidad, se afianzó un régimen que tiene al Islam como su religión oficial, con casi el 90% de chiítas. Sin embargo, la religión pasa a un segundo plano cuando se trata de asuntos políticos. 

Irán: mucho más que la religión 

El manejo de este gobierno teocrático tiene una premisa clave a la hora de hablar de la repercusión de sus prácticas políticas en la sociedad. Irán, al igual que muchos países musulmanes, aplica la Ley de la Sharia. Este reglamento no escrito y preislámico opera y afecta a las relaciones sociales internas de este tipo de países, a tal punto que las interpretaciones conllevan a cometer actos absolutamente condenables en Occidente. Algunos de estos ejemplos pueden ser actos de discriminación y violencia hacia las mujeres, llegando hasta el extremo del femicidio, sin olvidar una situación que puede ser entendida como reducción a la servidumbre. Pero nuevamente, la religión no es el meollo de la cuestión, sino más bien su utilización política en el marco de la interpretación de esta ley. De esta forma, también se comprende la existencia de la policía de la moral, que “vela” por nimiedades como el correcto uso del hiyab, y donde no escatiman en el uso de la coerción de la fuerza física para imponer el dictamen de este régimen teocrático. 

Asimismo, cabe comprender que la sociedad iraní, como así también gran parte de Medio Oriente, son países modernos, pero no modernistas. Aceptan el imperante avance de la tecnología y la ciencia, pero su entramado social sigue correspondiendo a un eje ideológico fuertemente arraigado en preceptos religiosos interpretados por una cúpula política. 

Más allá de esta breve descripción interna de la situación iraní, su contexto es mucho más complejo cuando se analiza su devenir histórico con un creciente Estado de Israel, la formación de grupos de acción, considerados terroristas por Occidente, como Hamás, Hezbolá, Al Qaeda e ISIS, la constante intervención de Estados Unidos y el desequilibrio provocado por enfrentamientos de carácter belicistas, el constante vaivén del consumo, la producción y distribución del petróleo, y también la constante opinión occidental, motivada y diseminada gracias a las tecnologías de la comunicación. Este sinfín de situaciones afecta por completo al ensamblaje geopolítico de Irán, más allá de las cuestiones teocráticas que hacen al poder en Teherán. 

Rebelión for export 

Un ítem de notable peculiaridad de esta revuelta de mujeres en Irán, es su condición de exportación de ideas. Tal y como sucedió con la Revolución Islámica de Irán en 1979 y las Primaveras Árabes en 2010, esta rebelión de los velos pareciera correr la misma suerte. Su efecto fue inmediato y efectivo en los países de la región y también en Europa. Esto se dio a tal punto que países de la zona vieron un levantamiento casi paralelo de las mujeres, quitándose los velos, cortándose el cabello y llevando pancartas de ataque a este tipo de regímenes. 

Fue tan grande el impacto que inclusive llegó a Afganistán, ese país dominado por los talibanes. En todos los lugares, la respuesta fue la misma: represión. De hecho, en el caso iraní, la cifra de fallecidas está cerca del número 200, y pareciera ser que la teocracia de Teherán no dará el brazo a torcer. 

Europa también se manifestó, desde las comunidades musulmanes hasta los propios occidentales. Las manifestaciones se concentraron alrededor de las embajadas iraníes, provocando respuestas represivas, como así también un reflote de reclamos diplomáticos impartidos desde el viejo continente y teniendo a Irán como destino final. 

Esta rebelión de los velos tiene un carácter rupturista. Esto se explica a través del día después de lo sucedido, en donde pareciera ser que es inagotable el modo de vida bajo el extremismo, que poco tiene que ver con lo espiritual y mucho se relaciona con el poder político. 

Internet aporta su grano de arena, entendiendo que las redes sociales han sido, desde las Primaveras Árabes hasta la actualidad, los escenarios elegidos para poder expresar su ideario político contrario a un régimen. La velocidad con la que vuelan las noticias y el impacto en Occidente son herramientas que cuenta una población enredada en conflictos completamente sensibles. 

La demostración laxa de apoyo desde Occidente se cae de cuajo con las prácticas islamofóbicas que tienen lugar, fundamentalmente, en Europa y Estados Unidos. Es un momento clave para comprender un cambio histórico, de carácter estructural y que poco tiene que ver con el que piensa o siente distintos, sino más bien con las prácticas distorsionadas desde el cuadro político gobernante. Las mujeres en las calles, los velos utilizados a elección y el respeto a la otredad. 

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