La garrafa se convirtió en presión sobre los hogares: en Misiones subió 544% desde diciembre de 2023
La garrafa de gas volvió a convertirse en uno de los símbolos más visibles del encarecimiento del costo de vida. En Misiones, donde no hay gas natural y amplios sectores de la población dependen del gas licuado de petróleo (GLP) para cocinar y calefaccionarse, el aumento acumulado desde la asunción de Javier Milei representa un golpe directo sobre el presupuesto familiar.
Los números son contundentes. En diciembre de 2023 una garrafa de 10 kilos se conseguía en Misiones por valores que oscilaban entre los 4.500 y los 6.000 pesos. En junio de 2026 el mismo envase ronda los 29.000 pesos, lo que implica una suba de entre 383% y 544%, según el punto de partida que se tome como referencia.
Aun tomando el valor más alto de diciembre de 2023, el incremento supera con holgura la evolución de muchos ingresos familiares durante el mismo período. Si se considera el precio más bajo registrado entonces, la garrafa prácticamente multiplicó por seis su valor en apenas dos años y medio.
La inflación acumulada desde la llegada de Milei a la Casa Rosada supera el 249%. Esto significa que, en Misiones, la garrafa aumentó más del doble de la inflación en el escenario más extremo y más de un 50% por encima del índice general de precios incluso tomando la referencia más conservadora. El único alivio para el bolsillo sigue siendo el programa Ahora Gas, con precios de 20 mil pesos para la garrafa de diez kilos.
La situación adquiere mayor relevancia porque el gas envasado no es un producto más dentro de la canasta de consumo. Para miles de hogares constituye un servicio esencial. A diferencia de las grandes ciudades con acceso a redes de gas natural, en gran parte del interior argentino y particularmente en Misiones, la garrafa sigue siendo la principal fuente energética para cocinar alimentos y afrontar los meses más fríos del año.
Un informe reciente del Instituto Argentina Grande (IAG) advierte que el precio de la garrafa de 10 kilos a nivel nacional acumuló un aumento del 842% desde noviembre de 2023. Según la entidad, el combustible es utilizado para cocinar por el 39% de los hogares argentinos, mientras que en los barrios populares la dependencia alcanza al 85,8% de las familias.
El estudio atribuye parte de esa dinámica a los cambios regulatorios implementados por el Gobierno nacional. Por un lado, se eliminó el esquema de precios máximos para las garrafas y se reemplazó por valores de referencia no vinculantes. Por otro, el subsidio destinado a los usuarios permaneció congelado durante dos años, reduciendo progresivamente su capacidad de compensar los aumentos de mercado.
La modificación también alcanzó la modalidad de asistencia. Desde mayo de este año el beneficio dejó de abonarse mediante ANSES y pasó a instrumentarse a través de reintegros vinculados a compras realizadas con billeteras virtuales específicas, un mecanismo que genera interrogantes sobre su alcance efectivo entre los sectores más vulnerables.
En términos económicos, el impacto es significativo. Una familia que utilizaba dos garrafas mensuales destinaba entre 9.000 y 12.000 pesos por mes a este insumo a fines de 2023. Hoy necesita cerca de 58.000 pesos para cubrir el mismo consumo. La diferencia equivale a un gasto adicional de entre 46.000 y 49.000 pesos mensuales, una suma que compite con alimentos, transporte, medicamentos y servicios básicos dentro de presupuestos cada vez más ajustados.
La presión es todavía mayor en provincias fronterizas como Misiones, donde la desaceleración del consumo, la caída del empleo formal y el deterioro de la actividad económica vienen reduciendo la capacidad de compra de los hogares. En ese contexto, la garrafa se suma a una lista de bienes y servicios esenciales cuyos precios crecieron por encima de los ingresos.
La paradoja es que mientras la inflación muestra una tendencia descendente respecto de los picos registrados en 2024, algunos componentes centrales de la economía doméstica continúan acumulando aumentos que alteran profundamente la estructura de gastos de las familias. El gas envasado es uno de ellos.
Para miles de misioneros, el desafío ya no pasa únicamente por administrar el consumo. También consiste en garantizar el acceso a una energía básica que se volvió cada vez más cara en relación con los ingresos disponibles. Y esa ecuación, lejos de mejorar, sigue siendo una de las principales fuentes de tensión en la economía cotidiana.





