El acuerdo del FMI con Argentina podría cambiar las reglas del juego

Compartí esta noticia !

Escriben Joseph E. Stiglitz y Mark Weisbrot – Después de impulsar durante mucho tiempo políticas fallidas de ajuste de cinturón, el Fondo Monetario Internacional acordó un acuerdo que permitirá al gobierno de Argentina seguir una estrategia a favor del crecimiento. La tarea ahora será gestionar los impactos inevitables que surgirán del tumultuoso entorno económico mundial actual.

Un nuevo proyecto de acuerdo entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional ha evitado la austeridad. Pendiente de la aprobación del congreso argentino y la junta directiva del FMI, permitirá que la economía argentina crezca mientras el gobierno continúa con sus esfuerzos para reducir la pobreza y reducir gradualmente la inflación. Con tantos países enfrentando problemas de endeudamiento por la pandemia, el FMI deberá adoptar cambios similares en sus políticas en otros lugares.

Es bien sabido que el viejo modelo de austeridad no funciona. No solo hace que la economía se contraiga e inflija dificultades excesivas a la población; tampoco cumple ni siquiera los objetivos estrechos de reducir los déficits y aumentar la capacidad de un país para pagar a los acreedores.

Los defensores de la austeridad han afirmado tener éxito en algunos países. Pero estas eran economías pequeñas lo suficientemente afortunadas de tener socios comerciales que estaban disfrutando de un auge en el momento en que se implementó la austeridad. Esos efectos indirectos positivos compensaron los recortes en el gasto público, pero estas mismas economías podrían haber crecido aún más si no hubieran adoptado políticas de austeridad al estilo de Herbert Hoover.

Argentina, por su parte, ha demostrado los méritos de una estrategia alternativa centrada en el crecimiento. Cuando se permite que la economía se expanda, los ingresos fiscales pueden aumentar rápidamente.

El anuncio de un nuevo acuerdo del FMI con Argentina ha suscitado algunos comentarios críticos que sugieren que hay algo en la sangre de los argentinos que hace que su país no sea digno de confianza, como si fuera una nación de holgazanes. La suposición es que la única forma de lidiar con un moroso en serie es ser despiadadamente duro. De lo contrario, los gobiernos peronistas de “izquierda” derrochadores fiscales supuestamente dejarán un desastre para que lo limpie la próxima administración de centro-derecha, y el ciclo se repetirá sin cesar.

Esta crítica de memoria no podría estar más lejos de la verdad. Cuando el presidente de centro-derecha más reciente, Mauricio Macri, asumió el cargo a fines de 2015, la deuda pública externa de Argentina era relativamente pequeña, del 35% del PIB, debido a las políticas de crecimiento y reestructuración de la deuda de los gobiernos anteriores. Luego, Macri se lanzó a pedir prestado, y se ganó el elogio de los prestamistas de Wall Street felices de capitalizar las altas tasas de interés que ofrecía. En un par de años, sin embargo, todo comenzó a desmoronarse. Para 2019, la deuda pública externa de Argentina había aumentado al 69% del PIB.

El FMI otorgó su préstamo más grande al gobierno de Macri en 2018, sin siquiera imponer condiciones para prohibir que el dinero se use para financiar salidas de capital o pagar deudas insostenibles a acreedores privados. Lo que sucedió a continuación no fue una sorpresa: fuga de capitales, contracción económica y una inflación vertiginosa, que alcanzó el 53,8 % en 2019.

El mismo patrón se había desarrollado en la década de 1990 bajo la presidencia de Carlos Menem. Un mimado del FMI, Menem había sido llevado a Washington y exhibido como un ejemplo de buen gobierno y formulación de políticas económicas sólidas. Pero luego de un período de endeudamiento masivo del gobierno en el extranjero, Argentina cayó en una depresión devastadora que duró de 1998 a 2002. En 2003, la administración peronista de Néstor Kirchner pudo lograr una rápida recuperación. Lo hizo mediante la implementación de una estrategia de crecimiento de base amplia.

Los mercados financieros a menudo están obsesionados con la inflación, y la inflación puede ser un problema para el funcionamiento de una economía de mercado. Obviamente, el presidente argentino, Alberto Fernández, hubiera preferido no haber heredado una economía de alta inflación cuando asumió el cargo en 2019. Pero cada gobierno debe jugar la mano que le toca, y siempre habrá concesiones difíciles en la formulación de políticas económicas. Los programas tradicionales del FMI a menudo han dejado de lado las preocupaciones sobre el costo para las personas y la economía, la pérdida de crecimiento y el aumento de la pobreza, y han seguido una estrategia de tala y quema de austeridad de recorte presupuestario.

Con una inflación del 50,9% en 2021, hay quienes insisten en que Argentina necesita un programa recesivo para controlar los precios. Pero incluso si la austeridad renovada lograra este objetivo, el remedio sería peor que la enfermedad. En un país donde el 40% de la población ya vive por debajo del umbral de la pobreza, ningún programa que aumente el desempleo lo suficiente como para reducir rápidamente la inflación sería sostenible o justificable.

El nuevo acuerdo de Argentina con el FMI es solo el comienzo. Pero siempre habrá quienes anhelen el viejo FMI, con sus condicionalidades contractivas, a menudo duras o procíclicas. Estas políticas serían un desastre para la Argentina y el mundo. Profundizarían la brecha entre las economías avanzadas y los países en desarrollo y de mercados emergentes, lo que socavaría aún más la credibilidad del FMI, que tiene la tarea de garantizar la estabilidad financiera mundial, en un momento en que se necesitan con urgencia medidas para mejorar esta estabilidad.

Durante la implementación del nuevo programa, Argentina inevitablemente experimentará shocks, positivos y negativos. Dado que el COVID-19 sigue siendo omnipresente y en vista de los conflictos geopolíticos en curso, el riesgo de impactos negativos es real. Un gran shock adverso implicaría un menor crecimiento y mayores déficits que los anticipados, lo que requeriría una recalibración. En ese caso, el viejo lenguaje del FMI, “el país se ha descarrilado”, debería desecharse. Aquí hay un reemplazo: “El gobierno y el FMI continúan trabajando juntos para garantizar que el país responda de manera efectiva al shock para que se restablezca el crecimiento compartido, porque solo a través de ese crecimiento se pueden lograr los objetivos acordados”.

Las viejas ideas tardan en morir (no importa cuántas veces se demuestre lo contrario), y la reconstrucción de las instituciones es un proceso lento. Afortunadamente, el nuevo acuerdo del FMI permitirá a Argentina enfrentar los desafíos que enfrenta, en lugar de atarse las manos.

Publicado en Project Syndicate

Compartí esta noticia !

Superar la gran brecha

Compartí esta noticia !

La pandemia ha dejado al descubierto profundas divisiones, pero no es demasiado tarde para cambiar el rumbo

LA COVID-19 no sabe de igualdad de oportunidades: persigue a las personas con problemas de salud y a aquellas cuya vida cotidiana las expone a un mayor contacto con otras. Esto significa que va en forma desproporcionada tras los pobres, especialmente en los países pobres y en economías avanzadas como Estados Unidos donde el acceso a los servicios médicos no está garantizado. Una de las razones por las que Estados Unidos ha registrado el mayor número de casos y muertes (al menos al momento de entrar en prensa esta revista) es porque sus estándares sanitarios se ubican en promedio entre los peores de las principales economías desarrolladas, ejemplificados por una baja esperanza de vida (ahora más baja que siete años atrás) y por niveles más altos de disparidades en materia sanitaria.

En el mundo hay marcadas diferencias en la forma en que se ha manejado la pandemia, tanto en lo que respecta al éxito logrado por los países en mantener la salud de sus ciudadanos y la economía como a la magnitud de las desigualdades expuestas. Esas diferencias obedecen a muchas razones: el estado preexistente de la atención de la salud y las desigualdades sanitarias; el grado de preparación de un país y la resiliencia de la economía; la calidad de la respuesta pública, incluido su fundamento en la ciencia y el conocimiento; la confianza de los ciudadanos en las directrices del gobierno; y cómo los ciudadanos equilibraron sus “libertades” individuales de hacer lo que les plazca y su respeto por los demás, reconociendo que sus actos generaban externalidades. Los investigadores pasarán años analizando la intensidad de los diversos efectos.

Dos países ilustran algunas de las probables lecciones. Si Estados Unidos representa un extremo, quizá Nueva Zelandia represente el otro. Es un país en el cual un gobierno competente se basó en la ciencia y el conocimiento para tomar decisiones, un país con un alto nivel de solidaridad social (los ciudadanos reconocen que su comportamiento afecta a los demás) y de confianza, incluida la confianza en el gobierno. Nueva Zelandia ha logrado controlar la enfermedad y planea reasignar algunos recursos infrautilizados para construir la clase de economía que debería caracterizar el mundo pospandemia: un mundo más verde y más basado en el conocimiento, con un grado aun mayor de igualdad, confianza y solidaridad. Hay una dinámica natural en funcionamiento. Estos atributos positivos pueden reforzarse mutuamente. De igual manera, puede haber atributos adversos y destructivos que generen menos inclusión y más polarización en la sociedad.

Lamentablemente, si bien las desigualdades de nuestra sociedad ya eran graves antes de la pandemia y esta las ha expuesto contundentemente, podrían ser aun mayores en el mundo pospandemia a menos que los gobiernos hagan algo. La razón es simple: la COVID-19 no se irá rápidamente, y el temor de otra pandemia persistirá. Ahora es más probable que tanto el sector privado como el público tomen en serio los riesgos, y que entonces ciertas actividades, ciertos bienes y servicios, y ciertos procesos productivos sean vistos como más riesgosos y costosos. Si bien los robots también contraen virus, es más fácil manejarlos. Por eso es probable que, donde sea posible y al menos de cara al futuro, los robots reemplacen a los humanos, y el “zooming”, a los viajes aéreos. La pandemia amplía la amenaza de la automatización para los trabajadores poco cualificados en servicios que requieren interacciones personales, que hasta ahora se habían considerado menos afectados, como por ejemplo educación y salud. Todo esto significa que disminuirá la demanda de ciertos tipos de trabajo. Estos cambios casi con certeza aumentarán la desigualdad, acelerando las tendencias ya existentes.

Nueva economía, nuevas reglas

La respuesta fácil es acelerar el perfeccionamiento y la capacitación profesional paralelamente a los cambios del mercado de trabajo. Pero hay buenas razones para creer que esos pasos por sí solos no bastarán. Se necesita un programa integral para reducir la desigualdad del ingreso. El programa debe reconocer primero que el modelo de equilibrio competitivo (por el cual los productores maximizan las ganancias, los consumidores maximizan la utilidad y los precios se determinan en mercados competitivos que equiparan la demanda y la oferta) que ha dominado el pensamiento de los economistas por más de un siglo no ofrece hoy una buena perspectiva de la economía, especialmente para comprender el aumento de la desigualdad, o incluso el crecimiento impulsado por la innovación. Tenemos una economía plagada de poder de mercado y explotación.

Las reglas de juego importan. El debilitamiento de las restricciones al poder empresarial, la reducción del poder de negociación de los trabajadores, y la
erosión de las reglas que atañen a la explotación de consumidores, prestatarios, estudiantes y trabajadores se han combinado para crear una economía que funciona peor, caracterizada por un mayor rentismo
y más desigualdad.

Necesitamos una reformulación integral de las reglas de la economía. Por ejemplo, necesitamos políticas monetarias que se enfoquen más en asegurar el pleno empleo de todos los grupos y no solo en la inflación; leyes de quiebra mejor equilibradas, que reemplacen aquellas que se volvieron demasiado favorables al acreedor y asignaron muy poca responsabilidad a los banqueros que otorgaron préstamos abusivos; y leyes de gobierno corporativo que reconozcan la importancia de todas las partes interesadas, no solo de los accionistas. Las reglas que rigen la globalización no pueden servir solo a los intereses corporativos; los trabajadores y el medio ambiente tienen que ser protegidos. La legislación laboral debe proteger mejor a los trabajadores y ofrecer un mayor margen para la acción colectiva.

Pero todo esto no creará, al menos en el corto plazo, la igualdad y solidaridad que necesitamos. Tendremos que mejorar no solo la distribución del ingreso por el mercado sino también la redistribución. Resulta nefasto que algunos países con el grado más alto de desigualdad del ingreso de mercado, como Estados Unidos, de hecho tengan sistemas tributarios regresivos donde quienes más ganan pagan en impuestos una proporción menor de su ingreso que los trabajadores ubicados en niveles inferiores de la escala.

En esta última década el FMI ha reconocido la importancia de la igualdad para promover un buen desempeño económico (con crecimiento y estabilidad). Los mercados no prestan atención a los efectos más amplios resultantes de decisiones descentralizadas que llevan a un endeudamiento excesivo en moneda extranjera o a una excesiva desigualdad. Durante el reinado del neoliberalismo no se prestó atención alguna a la forma en que las políticas (como la liberalización de los mercados financieros y de capital) contribuían a una mayor volatilidad y desigualdad, ni a cómo otros cambios en las políticas —como pasar de planes jubilatorios de prestaciones
definidas a otros de contribuciones definidas, o de los públicos a los privados— generaron mayor inseguridad individual, así como mayor volatilidad macroeconómica, al debilitar los estabilizadores automáticos de la economía.

Las reglas están moldeando muchos aspectos de la respuesta de las economías a la COVID-19. En algunos países, alentaron el cortoplacismo y las desigualdades, dos características de las sociedades que no han manejado bien la COVID-19. Esos países no estaban bien preparados para afrontar la pandemia; las cadenas de suministro mundial que construyeron no eran suficientemente resilientes. Cuando llegó la COVID-19, por ejemplo, las empresas estadounidenses no pudieron siquiera proveer suficientes insumos básicos como mascarillas y guantes, ni mucho menos productos más complejos como tests y respiradores.

Dimensiones internacionales

La COVID-19 ha expuesto y exacerbado las desigualdades entre los países y dentro de cada país. Las economías menos desarrolladas tienen peores condiciones sanitarias, sistemas de salud menos preparados para lidiar con la pandemia y poblaciones cuyo entorno las hace más vulnerables al contagio, y tampoco tienen los recursos de las economías avanzadas para responder a las consecuencias económicas.

La pandemia no será controlada hasta que lo sea en todas partes, y el declive económico no podrá moderarse hasta que haya una robusta recuperación mundial. Por eso, para las economías desarrolladas es un tema de interés propio —así como una preocupación humanitaria— brindar la asistencia que las economías en desarrollo y de mercados emergentes necesitan. Sin ello, la pandemia mundial persistirá más de lo que debería, aumentarán las desigualdades mundiales y habrá una divergencia mundial.

Si bien el Grupo de los Veinte anunció que usaría todos los instrumentos disponibles para brindar este tipo de auxilio, hasta ahora la ayuda ha sido insuficiente. En particular, no se ha empleado un instrumento utilizado en 2009 y fácilmente disponible: una emisión de USD 500.000 millones de derechos especiales de giro (DEG). Hasta ahora, no ha sido posible superar la falta de entusiasmo de Estados Unidos o India. La provisión de DEG sería una enorme ayuda para las economías en desarrollo y de mercados emergentes, con nulo o escaso costo para los contribuyentes de las economías desarrolladas. Sería aun mejor que esas economías aportaran sus DEG a un fondo fiduciario que las economías en desarrollo utilizarían para atender las exigencias de la pandemia.

Las reglas de juego inciden entonces en el desempeño económico y las desigualdades, no solo dentro de los países, sino también entre ellos, y aquí las reglas y normas que rigen la globalización son centrales. Algunos países parecen estar comprometidos con el “nacionalismo de las vacunas”. Otros, como Costa Rica, están haciendo lo que pueden para asegurar que todo conocimiento pertinente para abordar la COVID-19 se utilice en el mundo entero, de forma análoga a las actualizaciones anuales de la vacuna antigripal.

Es probable que la pandemia acarree una erupción de crisis de deuda. Las bajas tasas de interés, combinadas con mercados financieros de las economías avanzadas que promueven los préstamos y un endeudamiento desmedido en las economías de mercados emergentes y en desarrollo, han dejado a varios países con más deuda de la que pueden atender, dada la magnitud de la contracción inducida por la pandemia. Los acreedores internacionales, especialmente los privados, ya deberían saber que no se puede extraer agua de una roca. Habrá una reestructuración de deuda. El único interrogante es si será ordenada o desordenada.

Si bien la pandemia ha expuesto las enormes grietas entre los países del mundo, probablemente también profundizará esas disparidades, dejando cicatrices persistentes, a menos que haya una mayor demostración de solidaridad mundial y nacional. Los organismos internacionales, como el FMI, han brindado liderazgo mundial, actuando de manera ejemplar. En algunos países el liderazgo también les ha permitido abordar la pandemia y sus secuelas económicas, incluidas las desigualdades que de otro modo habrían surgido. Pero aunque los éxitos han sido enormes en algunos lugares, en otros también ha habido fracasos estrepitosos. Y los gobiernos que fracasaron a nivel interno han obstaculizado la necesaria respuesta mundial. Al hacerse evidente la disparidad de resultados, es de esperar que haya un cambio de rumbo. Es probable que la pandemia se quede entre nosotros por un tiempo, y sus secuelas económicas, por mucho más. No es todavía demasiado tarde para cambiar el rumbo.

Compartí esta noticia !

Stiglitz sale en auxilio de su ‘pollo’ Guzmán y dice que el caso argentino es un “presagio” de lo que puede suceder con otros países endeudados

Compartí esta noticia !

En una columna de opinión publicada, el premio Nobel de Economía y mentor del ministro argentino volvió a apoyar la renegociación de la deuda en pos de hacerla “sostenible”. Además, cargó contra los bonistas por presentar contrapropuestas que van en el sentido contrario de las pretensiones del Palacio de Hacienda y no tienen en cuenta el drama de la pandemia.

El caso argentino y su reciente suerte de incursión en “default técnico” por 500 millones de dólares, por no haber podido concluir las negociaciones con los acreedores, en un “presagio” de lo que sucederá con otros países endeudados, advirtió hoy el premio Nobel Joseph Stiglitz.

El economista cuestionó la actitud de los acreedores de deuda emitida por mercados emergentes de querer utilizar el caso argentino como un ejemplo de lo que podría sucederle a otras naciones en problemas, con el propósito de alinear al resto de los países antes de que se atrevan a seguir el mismo camino.

“En el contexto de la pandemia, es miope e inhumano que los acreedores jueguen los juegos habituales en los que intentan sacar el máximo provecho de los deudores desventurados”, consideró Stiglitz, en un artículo publicado hoy en The Boston Globe.

“Irónicamente, los grandes fondos de bonos se encuentran entre los mayores tenedores de deuda de mercados emergentes y son los que más pierden”, enfatizó.

Stiglitz dijo que “el pronóstico es que muchos otros países, incluida la República del Congo, Zambia y posiblemente El Salvador, Irak, Sri Lanka y Brasil no podrán pagar lo que se debe, ya que la pandemia de coronavirus se traduce en una crisis ‘económica de coronavirus’ en la que las exportaciones se están derrumbando y los precios de los productos básicos están cayendo en picada”.

“Es por eso -continuó-, que las cosas que se desarrollan en Argentina pueden ser tan importantes; es un presagio para otros países endeudados”, expresó.

Para Stiglitz, la Argentina necesita espacio para “respirar”, y eso implica posponer los pagos.

“La pregunta es cómo valorar un dólar hoy con un dólar después”, dijo.

Al respecto, el profesor de la Universidad de Columbia sostuvo que “todos están de acuerdo en que un dólar en el futuro va a valer menos que un dólar hoy. Eso se llama el ‘valor del dinero en el tiempo'”.

A modo de ejemplo, Stiglitz tomó la posición de los acreedores y su exigencia de lucro desproporcionado con la Argentina, comparada con la renta que se logra a través de un bono del Tesoro de Estados Unidos.

“Si los acreedores tomaran un dólar y lo pusieran, por ejemplo, en un bono del Tesoro a 30 años, en 30 años tendrían casi $ 1.50, cincuenta por ciento más. Entonces, pagar algo por posponer un pago tiene sentido; pero los acreedores, en efecto, no están pidiendo, en este ejemplo, 50 centavos más, ¡están pidiendo $ 15 más!”, remarcó.

En la nota, Stiglitz, que fue profesor del ministro de Economía, Martín Guzmán, denotó tener un conocimiento detallado de las ofertas de los acreedores presentadas al gobierno argentino la semana pasada.

“Si los informes sobre la oferta revisada que hicieron la semana pasada son correctos, todavía exigían cerca del 100 por ciento de lo que se debe”, indicó.

“Argentina tiene razón al rechazar una reestructuración insostenible. Y los acreedores están equivocados al tratar de atacar el temor de Dios, o al menos al incumplimiento, en el corazón de Argentina para hacer de la nación un ejemplo para todos los países deudores en problemas debido a Covid-19. Es una estratagema desagradable para inducir a las naciones a alinearse y aceptar los términos severos que exigen los acreedores”, subrayó.

Stiglitz concluyó que “los acreedores deben negociar de buena fe, teniendo en cuenta la realidad de Covid-19 y esas limitaciones; es una realidad sombría, sin duda, pero es una realidad que deben enfrentar”.

Compartí esta noticia !

Tras el anuncio de Guzmán, caen los bonos en dólares y suben los bonos en pesos

Compartí esta noticia !

El envío de un proyecto de ley para renegociar la deuda pública generó incertidumbre entre los inversores por eventuales cambios de condiciones. El ministro de Economía solicitó un mayor plazo para cumplir con las obligaciones

Los bonos en dólares mostraban una reacción adversa al anuncio de este martes del ministro de Economía, Martín Guzmán, sobre el envío de un proyecto de ley de renegociación de la deuda pública.

“Le estamos pidiendo a los bonistas que nos den un plazo necesario para resolver el descalabro macroeconómico que está afectando a todo el país”, dijo el ministro en conferencia de prensa.

Tras el anuncio los bonos en dólares caían hasta un 4%. En consecuencia, el Riego País, que mide la probabilidad de default, subía un 3,2%, hasta los 1.890 puntos básicos.

“Con respecto a los bonos en dólares, especialmente los bajo ley Nueva York, caen producto de que esta nueva ley implique un cambio de condiciones de intereses, plazos y/o quita de capital”, destacó Nery Persichini, jefe de Estrategia de GMA Capital, en declaraciones a ámbito.com.

“Lo que se busca es que el Congreso le ceda al Poder Ejecutivo la libertad de reestructurar deuda; por lo que seguramente en el proyecto se van a plantear temas generales como un alargamiento de plazos o baja de tasas”, explica María Castiglioni, de C&T Asesores Económicos, a lanación.com.

A la conferencia del ministro se sumaron los dichos del premio Nobel Joseph Stiglitz, mentor de Guzmán, quien proyectó “quitas significativas” para los bonos argentinos.

El economista y mentor del ministro de Economía Martín Guzmán, Joseph Stiglitz opinó este martes (21/1) sobre la renegociación de la deuda argentina y le advirtió a los inversores que “habrá quitas significativas”.

El premio Nobel de Economía habló desde el Foro Económico Mundial en Davos e indicó que “la realidad es que va a haber quitas significativas. No puedo concebir un modelo razonable no diciendo que va a haber significativos recortes. Sería una fantasía pensar lo contrario”.

En declaraciones que reflejó la agencia Bloomberg, agregó que “los prestamistas deberían haber sabido del riesgo, es por eso que cobraron una tasa alta. No están siendo atacados por la espalda. Probablemente no hicieron la tarea, pero sabían que había un riesgo”.

En diciembre pasado, Stiglitz elogió al ministro Guzmán tras el anuncio de las primeras medidas económicas: “(Alberto) Fernández, con Guzmán, parece estar formulando un programa moderado, evitando los extremos del pasado”. Y agregó que “representa la mejor oportunidad para que la Argentina vuelva a crecer de manera gradual”.

“Stiglitz habla siempre porque es Stiglitz -dice Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma-. El tema es que el mercado lo mira como mentor de Guzmán y se supone que abreva en su pensamiento, así que si él sale a decir que va a haber quitas significativas, el mercado lo toma como un indicador”.

Contrario a los bonos en dólares era el comportamiento de los títulos nominados en pesos, que ganaban hasta un 6%.

“Lo que dejo claro Guzman es que los pesos se pagan y el mercado compra”, sostuvo vía Twitter Amilcar Collante, del Centro de Estudios Económicos del Sur.

Nery Persichini coincide que la reacción positiva obedece a que el ministro de Economía “dejó en claro que la estrategia será continuar con el ‘roll over’ de las últimas semanas, y esto aumenta las probabilidades de pago”.

Compartí esta noticia !

Nueva era, nuevos nombres, nuevas políticas

Compartí esta noticia !

Fracasamos, pero levantamos la vara”, reconoció Hernán Lombardi, que algo sabe de fracasos. La retirada de Mauricio Macri deja secuelas idénticas a las del Gobierno del fugaz Fernando De la Rúa, del que Lombardi también supo ser funcionario. 

El de Cambiemos será recordado como un tiempo de retrocesos. Sin embargo, el Presidente se despide por cadena nacional y hasta el último instante, insiste en que está dejando “bases sólidas”. No. No las hay. No hay indicador económico o social que esté mejor que en 2015 y hay algunos que abruman: durante la gestión de Macri, la pobreza aumentó a 40,8 por ciento, diez puntos por encima de la que recibió en diciembre de 2015, según el último informe de la Universidad Católica Argentina que se conoció apenas unas horas antes de que el Presidente volviera a culpar de los magros resultados a la crisis internacional, la sequía y el resultado de las elecciones Primarias. 

No puede haber bases sólidas si seis de cada diez chicos son pobres. No puede haber bases sólidas con 18 millones de pobres en el país. Y esas son las consecuencias del retroceso de los últimos cuatro años, que contrastan con la promesa de “pobreza cero”. 

Para un Presidente que pidió ser juzgado por cómo había logrado combatir la pobreza, el veredicto es lapidario. Pobreza del 40 por ciento, a niveles de 2006, cuando el país estaba en el purgatorio del 2001, una deuda equivalente a un PBI, desempleo del 12 por ciento, caída industrial por 18 meses consecutivos y la inflación más alta desde 1991 y la tercera más alta del mundo en 2019. No era tan fácil de solucionar, aunque fuera fácil prometer. De hecho, Macri cumplió apenas dos de las 20 propuestas de campaña.    

No es casual que el designado ministro de Economía, Martín Guzmán, utilizara una frase médica para presentarse en sociedad: “Argentina, te vamos a cuidar”. Ni desarrollo, ni inflación, ni deuda o promesas mágicas. “Cuidar”.

El discípulo del premio Nobel, Joseph Stiglitz, tendrá la difícil tarea de remendar una economía lastimada, con fábricas cerradas y miles de desempleados, pobreza, deuda, alta inflación y una deuda sideral. El PBI caerá este año 3% y si no hay un milagro, otro 1 por ciento en 2020.  

Todavía no se conocen los detalles de las negociaciones que ya inició con el Fondo Monetario Internacional, pero su idea es congelar los pagos por lo menos dos años hasta que la economía se recupere. También proyecta incrementar retenciones y generar un colchón que sirva para reactivar sectores paralizados. 

Hace poco, antes de que su nombre sonara como ministro, analizaba la situación de la deuda de Argentina: “Planteo que para empezar a resolver la crisis es necesario un reperfilamiento lo suficientemente elaborado como para asegurar la sostenibilidad de la deuda (y por ende la capacidad de repago), que incluya no solo a los vencimientos de capital sino también a los intereses”, explicó en un reportaje. 

“De otro modo, excepto si hay un shock externo lo suficientemente positivo, la carga de deuda profundizaría la recesión y empeoraría la sostenibilidad de la deuda. Una profundización de la recesión significaría tanto más malestar social como enfrentar un problema de deuda más complicado más adelante. Que es lo que les pasa a los países que se demoran en afrontar los problemas de sostenibilidad de deuda”, enumeró. 

El cambio es sustancial. De la mirada fiscalista a una que apunta al desarrollo. También anticipó su mirada sobre otro flagelo de la Argentina: la inflación. 

“Toca abandonar los extremismos y recuperar la sensatez en las premisas. Ni la inflación es un fenómeno puramente monetario, ni la emisión nunca genera inflación. Ni cepos ni liberalización total de los flujos de capitales internacionales. Esos extremos no son práctica sensata”.

Un poco de sensatez es un bálsamo en una herida abierta. 

Guzmán es el hombre -joven, apenas 37 años- sobre quien están posadas las miradas, pero el gabinete de Alberto Fernández incorpora figuras de renombre y varios de mucha experiencia, como el regreso de Agustín Rossi a Defensa o Ginés González García a Salud y la incorporación de Felipe Solá en Cancillería. En primera línea hay una docena de mujeres entre ministras y presidentas de entes: en Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, en Seguridad, Sabina Frederic Pérez, la vicejefa de Gabinete será Cecilia Todesca, a cargo del Consejo de Políticas Sociales estará Victoria Tolosa Paz, mientras a la presidencia del PAMI irá Luana Volnovich y a la AFIP, Mercedes Marcó Del Pont, ex presidenta del Banco Central. Elizabeth Gómez Alcorta será la primera ministra de la Mujer, Género y Diversidad y Marcela Losardo será la ministra de Justicia. Vilma Ibarra estará a cargo de Legal y Técnica, mientras que Victoria Donda irá al INADI y Malena Galmarini estará a la cabeza de Agua y Saneamientos Argentinos, que atiende a la Ciudad de Buenos Aires y 26 partidos del conurbano bonaerense. 

Por último, Alberto Fernández confirmó al misionero Sergio Lanziani como secretario de Energía. El ingeniero nuclear tendrá la misión de desdolarizar tarifas y renegociar contratos para aliviar el bolsillo de millones de argentinos. Tamaña responsabilidad coloca a Misiones en la primera línea de la gestión de Fernández. No será el único misionero en el equipo de Fernández: el ex ministro de Salud, José Guccione trabajará junto a Ginés González.

Pero no hay que encandilarse con las luces porteñas. La Renovación decidió mantener la identidad en el Congreso, desde donde acompañará al Ejecutivo, pero sin perder la autonomía del misionerismo

En la Renovación entienden que sumarse al montón del Frente de Todos no ayudará a levantar las banderas de la Provincia, como la compensación económica, la extensión del gasoducto y un tratamiento impositivo diferencial para la provincia. “La verdadera línea política de la Renovación está en Cámara de Diputados, donde se hacen oír las demandas de los misioneros”, explicó un dirigente renovador. Hacía referencia al Congreso, pero al mismo tiempo, a la Legislatura, donde la conducción de Carlos Rovira abrió las puertas de la “Casa del Pueblo” a la construcción de un dinámico andamiaje que incluso es alimentado por iniciativas de la oposición.

La Renovación, tal como planteó hace algunos meses el gobernador Hugo Passalacqua, quiere cimentar esa identidad misionerista. Sumarse a un enorme bloque heterogéneo podría demorar esa construcción de ladrillo a ladrillo. 

Pero esa diferenciación no implica en modo alguno distanciamiento con los objetivos del Gobierno nacional. Hay coincidencia en el rumbo y línea directa entre Oscar Herrera Ahuad y Alberto Fernández

El mandatario misionero dedicó los últimos días al diseño de su propio gabinete. Dialogó cara a cara con algunos para plantearle la impronta que le quiere imprimir a cada área durante su gestión, pero hasta las últimas horas algunos no tenían la confirmación de seguir o sumarse. 

De todos modos, es inminente que se conozca el nuevo Gabinete, que se guardó bajo siete llaves. El cambio fuerte fue la salida de Miguel Arturo Thomas, quien estuvo al frente de la Dirección General de Rentas desde la génesis de la Renovación. 

Como reveló Economis, Thomas se acogió al retiro voluntario después de dos décadas al frente del organismo recaudador de impuestos y largas batallas, primero por el estado de las cuentas, heredadas de los 90, modelo al que siempre cuestionó, y después, con algunos sectores empresarios, que cuestionaban su celo recaudatorio. Pero ese celo aumentaba los recursos de la Provincia y su prestigio en el ámbito impositivo. Siempre se jactó de haber logrado desafiar a los grandes estudios jurídicos con el laberinto impositivo que no dejaba escapar una moneda. 

Picante siempre con los diputados de la oposición y con algunos cruces fuertes con el gobierno de Cambiemos, este año tuvo dos traspiés que lo debilitaron. El Gobernador le ordenó derogar una resolución que aplicaba retenciones por pago a cuenta a productores primarios monotributistas de la zona sur. El Presupuesto 2020 también le marcó la cancha al recortar poderes a Rentas para modificar y establecer alícuotas y regímenes vigentes, facultad que quedará en manos del Ministerio de Hacienda que puede fijar “mecanismos de control, autorización y análisis de los pagos operativos y de funcionamiento de la Dirección General de Rentas”. 

Será reemplazado por el joven contador Rodrigo Vivar -de 31 años-. Contador público recibido en la Universidad Nacional de Misiones en 2014 se especializó en gestión de empresas cooperativas. Trabaja en el Fondo de Crédito Misiones desde su creación y es docente ayudante en la cátedra de Macroeconomía, que lidera el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán, quien fue ratificado en su cargo.

La llegada de Vivar, un técnico joven sin perfil político, en reemplazo del experimentado Thomas, implicaría un nuevo perfil en la DGR: se quiere abrir las puertas y tener un vínculo más cercano con el golpeado sector empresario. No implicará cambios en la política fiscal, sino una apertura y diálogo que se había perdido. La economía misionera, vapuleada por la crisis y las asimetrías, necesita una coordinación permanente y no puede permitirse tener compartimentos estancos. 

La dinámica fronteriza obliga a reaccionar rápido. Por caso, los empresarios están preocupados por la embestida que viene de Brasil con las Lojas Free de frontera. Foz de Iguaçu será la primera ciudad en habilitarlo, con un límite de compras libre de impuestos de 800 dólares. Para Iguazú puede ser un golpe duro, pero también para el resto de las ciudades fronterizas donde florecerán esos locales. “De las tres provincias con ciudades espejo, Misiones es la más perjudicada. Debemos reaccionar rápido con Cancillería”, sostuvo el presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, quien recordó que hace dos años le hizo el planteo al vicejefe de Gabinete de Macri, Gustavo Lopetegui, en una reunión realizada en Chaco. Nunca hubo una respuesta. Lo mismo que con el artículo 10 de la ley Pymes. 

Volviendo al gabinete de Herrera, según pudo averiguar Economis, el jefe de Gabinete será Victor Kreimer en reemplazo de Adolfo Pischik y en sus cargos seguirán el ministro de Gobierno, Marcelo Pérez y el de Turismo, José María Arrúa, lo mismo que el de Industria, Luis Lichoski.

El empresario Nicolás Brea sonaba fuerte para reemplazar a Lanziani en energía. Candidato a intendente de Posadas, tiene una impronta profundamente misionerista en cuanto a las demandas de compensación y como empresario fue uno de los que comprendió la lógica de la política fiscal, justamente para cubrir las necesidades de Misiones ante las inequidades del federalismo argentino.

Hasta este sábado no había confirmación sobre el reemplazante de José Luis Garay, pero sería Sebastián Oriozabala el elegido. A Educación irá Miguel Sedoff -Ivonne Aquino vuelve a la Universidad- y a Desarrollo Social, Benilda Dammer, mientras que Lisandro Benmaor se hará cargo de la conducción del Instituto de Previsión Social, en reemplazo del vicegobernador electo, Carlos Arce. Rafael Morgenstern seguirá al frente de Deportes. 

Karina Aguirre será la nueva ministra de Acción Cooperativa, en reemplazo de la histórica Elida Vigo. Aguirre es de su equipo en el Sacra y secretaria de la Mujer de ese sindicato federal, además de abogada en el Instituto Hernando Arias de Saavedra.

No hay misterio en las incorporaciones ni en las ratificaciones. Es la continuidad de un proyecto político en el que apenas se acomodan algunas piezas.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin