JUAN RUBEN MARTINEZ

El valor de la pureza

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 2° domingo de Adviento [5 de diciembre de 2021]

Estamos caminando el tiempo del Adviento con el propósito de convertirnos y volver a Dios para celebrar bien la Navidad. En algunas reflexiones anteriores señalaba que para comprender el Reino que anuncia Jesucristo, el Señor, debemos entender el mensaje del «código de la cruz», es decir, el código de la pequeñez y de la humildad. En este tiempo nos preparamos para penetrar el misterio de Dios desde el pesebre de Belén. Dios se manifiesta en lo pequeño y desde ese ángulo podemos comprender más el misterio de Dios.

En este segundo domingo de Adviento el Evangelio (Lc 3,1-6), nos propone la figura de San Juan Bautista, el precursor del Señor. El texto nos dice de Juan: «como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” […] Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios».

El domingo pasado en el inicio del Adviento reflexionaba sobre el contenido de la esperanza cristiana, y cómo la expresión bíblica y litúrgica «Ven Señor Jesús», no implica que nos quedemos en la pasividad; esto sería una espera alienante y la esperanza cristiana por el contrario nos exige comprometernos con el presente y evangelizar nuestra cultura y tiempo. Por esta razón el documento «Jesucristo Señor de la historia» nos decía: «Los creyentes encontramos en nuestra fe un nuevo motivo para trabajar en la edificación de un mundo más humano. La esperanza en un futuro más allá de la historia nos compromete mucho más con la suerte de esta historia. ¡Cómo deseamos que esta esperanza activa empape la conciencia y la conducta de cada uno de nuestros hermanos!» (JSH 16).

El 8 de diciembre celebraremos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fecha tan querida por el pueblo de Dios. En relación a esa celebración, habitualmente he tratado de reflexionar sobre el valor de la pureza, especialmente ligada a nuestros jóvenes. Debemos reconocer que el contexto no los ayuda demasiado. Desde las propuestas consumistas que bombardean en las programaciones de los medios de comunicación, hasta problemas que no sólo no terminan de resolverse, sino, por el contrario, se multiplican gravemente como el problema de la droga y alcohol.

Sabemos que en algunos lugares han trabajado algunas formas legislativas para cuidar a nuestros jóvenes y cada tanto se encuentran algunos cargamentos de droga, pero somos conscientes que este «mundo de la droga» sigue creciendo. Nos preocupa que cuando tocamos especialmente este tema que mata humanamente a muchos de nuestros jóvenes, quedan muchos silencios.

La droga no es el único mal que padecen nuestros jóvenes, hay muchos otros males como el alcoholismo, la promoción de una sexualidad promiscua, incluso en planteos educativos… todo esto fruto de una visión humana materialista y sin ninguna dimensión de lo trascendente. Sabemos que el ambiente influye en gran medida en la voluntad y la libertad de aquellos que en la adolescencia empiezan a realizar sus primeras opciones fundamentales.

En este contexto tendremos que acentuar con más fuerza el valor de la pureza como clave para la vida de nuestros jóvenes y para todas las edades. Incluso cuando planteamos la educación sexual integral en nuestras escuelas, tendremos que esforzarnos por introducir un poco más el valor de la ecología humana, el respeto y cuidado de nuestra propia naturaleza humana, la corporeidad, la biología y la sexualidad, así como erradicar el machismo que siempre es un flagelo cultural. Hablar de la pureza de vida, como una opción fundamental parece ir a contrapelo del consumismo que, con tal de ganar plata, no tiene escrúpulos en destrozar a los niños y jóvenes y la misma dignidad humana. Debemos subrayar que los mismos padres y educadores, como primeros responsables de nuestros jóvenes, necesitan ahondar sobre el valor de la pureza. La pureza es un valor que va más allá de lo sexual. ¡Qué maravilloso y testimonial es ver la pureza de una anciana, que ha vivido tantas cosas, que ha luchado tanto, que es madre, abuela y su rostro refleja en medio de sus arrugas, la pureza de vida!

La esperanza cristiana, porque tiene a Dios como su meta y absoluto, nos compromete a trabajar activamente con nuestra historia. Los jóvenes son el presente y el futuro y por lo tanto todo lo que invirtamos en ellos será un signo de esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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“La Educación Sexual la venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis”, dijo el Obispo Martínez

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Por primera vez desde que estalló la crisis en el colegio Roque González por las denuncias de acoso y abuso sexual dentro de la institución, el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, dio su mirada sobre el conflicto y la necesidad de fortalecer la educación sexual en las escuelas, ya que no se trata de un caso aislado, sino que disparó otras demandas de estudiantes, como en el colegio Santa María.

En diálogo con radio Tupa Mbaé abordó el tema de educación sexual en las escuelas de la diócesis. “Como obispo de la diócesis quiero expresar también que la Educación Sexual Integral es un tema que venimos trabajando desde hace muchos años en la diócesis. Creo que después se dan situaciones, la gente escucha problemas concretos que suceden en algunas escuelas, como lo que se dio en el colegio San Roque González, ahora se dio también en el colegio Santa María. Son temas que, obviamente, las instituciones tendrán que acompañar, problemas puntuales que se han dado ahí y que corresponde a las instituciones”, indicó el prelado.

Agregó que “de hecho, hemos planteado en el Instituto Montoya, formaciones de todo un año, los sábados a la mañana, los viernes a la tarde, para los docentes, para formarlos en el tema de la sexualidad”.

Martínez también expresó que “algunas cosas han dolido, y en lo personal también me han dolido. Transferir estas situaciones puntuales a decir “esto pasa porque no se da el tema de ESI”.

“El mismo ministro (Miguel Sedoff) dijo algunas expresiones, para mí, en su rol de ministro de la educación pública tanto estatal como privada, de una forma muy ligera. Decir que en las instituciones privadas confesionales no dan la perspectiva de género, culpabilizando a los idearios, la verdad que es un poco ligera esa expresión. […] Cuando nosotros nos hemos esforzado en dar el tema de la educación sexual y lo estamos dando, y tenemos materiales que son públicos, trabajados. Y decir que la perspectiva de género es incompatible con los idearios, es una negación primero a la ley, y a la realidad de los contenidos”.

El obispo puso de relieve que es política asumida la educación sexual: “Quiero ratificar que esto que hacemos, el tema de los idearios y la perspectiva de género, tratando de articular, lo hacemos con el respaldo de la ley. Quiero subrayar esto, para nuestra audiencia, las familias que nos escuchan, muchos de los funcionarios, ministros, mandan a nuestras escuelas a sus hijos”.

Y destacó que “en la ley 26.150 que es de octubre del 2006, el artículo 5 especifica que todas las provincias, regiones, tienen que implementar la Educación Sexual Integral. Pero dice, cada comunidad educativa, considerando el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adopción de las propuestas a su realidad sociocultural en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”.

Añadió, “esto es muy importante decirlo. Nosotros creemos que es muy bueno, por eso hemos trabajado muchos aspectos de la perspectiva de género […] de lo cultural, tratando de quitar algunos estereotipos, que en lo cultural generan un daño a la comprensión del varón, la mujer, de sus roles. Lo cual es cierto, porque a veces hay estereotipos, es decir, costumbres o mandatos que se vienen dando en lo cultural, que hay que erradicar, que tenemos que trabajarlos”.

Pero hizo hincapié en que “vivimos en una sociedad democrática, justamente hablamos de la diversidad, y es bueno que la democracia no uniforme. Cuando autoritariamente una ley pretende uniformar y achatar la diversidad de los idearios, de las culturas y de la libertad religiosa, estamos fritos, caemos en una especie de dictadura. Y las ideologías se transforman en dictaduras, y de esto tendríamos que tener mucho cuidado. Nosotros convivimos con la diversidad”.

Desde la educación católica, insistió, “con las escuelas ligadas a la red del obispado de nuestra diócesis, estamos trabajando fuertemente estos temas. Por eso nos duele la ligereza con que hubo afirmaciones en este tiempo, como que en lo confesional y por culpa de los idearios no se puede hablar de ESI. Me parece que eso es muy ligero, no es responsable. Los funcionarios tienen que ser muy respetuosos de la diversidad cultural, religiosa y de posturas. Con estas expresiones no nos han respetado, y no han respetado el esfuerzo que hemos hecho en las escuelas hablando de sexualidad. Otra funcionaria dijo, ´si, en las escuelas religiosas les cuesta hablar de sexo´. Esos sí son estereotipos, porque supone que, porque es escuela religiosa, está prohibido hablar de sexualidad. Es un error olímpico”.

“Creo que no hay que ser ligeros ni irresponsables, para tener una convivencia sana”, culminó el obispo Martínez.

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Cristo Rey

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo [21 de noviembre de 2021]

Con la celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, culminamos el año litúrgico. Desde el próximo domingo empezaremos a prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y lo haremos durante varias semanas en el llamado tiempo de Adviento.

Esta celebración de Cristo Rey puede confundir a varios, asociando esta denominación con el poder y la fastuosidad de los reyes de este mundo. En la época de Jesús tampoco entendieron demasiado qué tipo de reinado tenía Jesús y cómo era su Reino. Pilato en el Evangelio de este domingo (Jn 18,33b-37), expresa lo confundido que estaba sobre la realeza que tenía el Señor. «Pilato le dijo ¿Entonces tú eres Rey? Jesús respondió: tú lo dices. Yo soy Rey» (Jn 18,37). De todas maneras, el Señor explica a Pilato, algo que seguramente por su ceguera espiritual y su alejamiento de Dios no podía comprender: «Mi realeza no es de este mundo». (Jn 18,35)

Es cierto que en general la ceguera e incomprensión sobre el reinado de Jesús, es también una incomprensión sobre la misión de la Iglesia, es decir, de todos los bautizados. La imposibilidad de captar por dónde pasa el verdadero Reino, está ligada al alejamiento de Dios. Para percibirlo es necesaria una cierta mirada de fe. Es clave recordar que como Iglesia y como cristianos debemos seguir apostando en la cotidianidad, no al éxito, ni a triunfalismos pastorales, sino a la fidelidad, al seguimiento de Cristo, el Señor, que siempre implica el tomar la cruz de cada día, considerando que el discipulado debe ser siempre pascual. El Apóstol Pablo en la carta a los Filipenses nos señala el camino que la Iglesia debe guardar mirando a Jesucristo, el Señor: «Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz». (Flp 2,5-8)

Este domingo retomamos la tradición de ir todos a Loreto en una nueva peregrinación a nuestro Santuario, que el año pasado fue acotada por la pandemia. Allí celebramos la memoria de tantos hombres y mujeres que evangelizaron en estas tierras, como los mártires Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez, Juan del Castillo, y el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que junto a miles de indígenas vivieron una experiencia inédita en las Reducciones Jesuíticas.

En Loreto alimentamos nuestro ánimo en la memoria, pero también en los sufrimientos, en el martirio y en la vitalidad de estos testigos del pasado. Ellos nos fortalecen en la esperanza, para sobrellevar las dificultades, las persecuciones y las luchas de nuestro tiempo.

En esta reflexión quiero subrayar la importancia que tiene la peregrinación a nuestro Santuario diocesano de Loreto en la que participan muchas personas que se movilizan caminando, en autos, colectivos y bicicletas desde las distintas parroquias, escuelas y comunidades de nuestras zonas pastorales, saliendo conjuntamente desde Leandro N. Alem, Jardín América y Posadas. La Misa central es concelebrada con todos los Sacerdotes y Diáconos de la Diócesis, junto con nuestros consagrados, seminaristas y todo el Pueblo de Dios.

En la casa de Nuestra Madre de Loreto realizamos este momento único en el año donde como Pueblo de Dios en nuestra Diócesis de Posadas, llevamos nuestro agradecimiento a Dios por su presencia de tantas maneras en la tarea evangelizadora que Él nos encomendó.

También llevamos nuestros dolores, peticiones, inquietudes y sufrimientos. Todo lo ponemos a los pies de Nuestra Madre de Loreto y bajo la intercesión de nuestros mártires de las misiones. En ellos vemos ejemplos de entrega que nos permiten decir en el hoy de nuestra historia que nosotros , como ellos, queremos también ser testigos, discípulos y misioneros en esta porción de la Iglesia en nuestra provincia de Misiones.

Junto a nuestra Madre de Loreto en su Santuario le pedimos a Dios por nuestra Iglesia diocesana, por la tarea evangelizadora y por cada una de nuestras intenciones.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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La vocación de la Misión

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 28o durante el año [10 de octubre de 2021]

En este mes de octubre estamos rezando especialmente por las familias y por la misión. El Papa nos acompaña enviando cada año una carta para que reflexionemos sobre las Misiones.

En la de este año, nos ayuda a redescubrir la fuerza que tiene la experiencia del amor de Dios que nos mueve a compartirla con los demás. Esto es particularmente importante en nuestra época ya que «en este tiempo de pandemia, ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción. “Lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20), la misericordia con la que hemos sido tratados, se transforma en el punto de referencia y de credibilidad que nos permite recuperar la pasión compartida por crear “una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes” (FT 36).

Es su Palabra la que cotidianamente nos redime y nos salva de las excusas que llevan a encerrarnos en el más vil de los escepticismos: “todo da igual, nada va a cambiar”. Y frente a la pregunta: “¿para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta permanece siempre la misma: “Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive” (EG 275) y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo.

Al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás. Como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1,1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza, esa nota indiscutible que nace de sabernos acompañados por el Señor. Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.

El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año […] es una invitación a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: Ella existe para evangelizar. Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio. Por eso me gusta pensar que aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades. […]

Contemplar el testimonio misionero de tantas personas «nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia “al dueño que envíe trabajadores para su cosecha” (Lc 10,2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión. Y es un llamado que Él nos hace a todos, aunque no de la misma manera. Recordemos que hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de una ciudad, o en la propia familia.

También hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Siempre, pero especialmente en estos tiempos de pandemia es importante ampliar la capacidad cotidiana de ensanchar nuestros círculos, de llegar a aquellos que espontáneamente no los sentiríamos parte de “mi mundo de intereses”, aunque estén cerca nuestro (FT 97). Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana. Que su amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros».

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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María de Itatí

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 25o durante el año [19 de septiembre de 2021]

Este fin de semana celebramos con gozo a nuestra Madre de Itatí. Durante muchos años realizamos la peregrinación, sobre todo de los jóvenes de la región del NEA a su Casa, en la Basílica de Itatí. Así como el año pasado, este año, por la situación de pandemia en la que todavía estamos, la celebración y formas de expresión se realizarán desde cada diócesis y la misa principal se transmitirá por vía telemática desde Itatí. De todas maneras, aquellos jóvenes que están más cerca tendrán la posibilidad de la presencialidad. 1Más allá de estas alternativas, estaremos, desde los diversos lugares del NEA, en comunión con nuestra madre de Itatí, patrona del nordeste Argentino.

En realidad, María siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento, en la mañana de Pentecostés, ella estuvo junto a los Apóstoles: «Todos ellos, íntimamente unidos se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus parientes» (Lc 1,14). Desde los primeros siglos, los cristianos veneran a María con diversas advocaciones ligadas a los lugares donde la Iglesia evangelizaba. En América Latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, ha estado cerca de su pueblo: Guadalupe en México, Caacupé en Paraguay, Luján en Argentina y, en nuestro nordeste, la de Itatí.

En este domingo celebramos desde nuestras diócesis o conectados telemáticamente a las celebraciones de la Basílica de nuestra madre, continuando con una tradición que asume diversas expresiones de religiosidad que son signos de la fe de nuestra gente y es un tema que requiere la preocupación de los cristianos por acompañar desde la evangelización la riqueza de esta piedad popular. El texto de este domingo (Mc 9,30-37), señala la catequesis sobre la verdadera grandeza: «El que quiera hacerse el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Sin esta actitud de pequeñez difícilmente comprendamos la evangelización de nuestro tiempo y la valoración necesaria de la piedad popular.

El documento de Aparecida del episcopado latinoamericano nos enseña e ilumina sobre aspectos que tendremos que tener en cuenta al considerar la piedad popular en nuestra realidad misionera en orden a la evangelización. «No podemos devaluar la espiritualidad popular, o considerarla un modo secundario de la vida cristiana, porque sería olvidar el primado de la acción del Espíritu y la iniciativa gratuita del amor de Dios. En la piedad popular, se contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal. Es también una expresión de sabiduría sobrenatural, porque la sabiduría del amor no depende directamente de la ilustración de la mente sino de la acción interna de la gracia. Por eso, la llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera.

La piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda. Es parte de una originalidad histórica cultural de los pobres de este Continente, y fruto de una síntesis entre las culturas y la fe cristiana. En el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, sigue siendo una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe. El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador por el cual el pueblo cristiano se evangeliza a sí mismo y cumple la vocación misionera de la Iglesia». (DA 263-264)

En este tiempo en que tantos cristianos se encuentran para rezar y reflexionar sobre la evangelización, será fundamental ver cómo partiendo de la riqueza que nos aporta la piedad popular, buscamos nuevas estrategias pastorales que lleven al corazón de la gente la persona de Jesús y sobre todo el discipulado en el que todos debemos iniciarnos, la formación integral o bien la catequesis que nos permita madurar nuestra fe y dar respuestas adecuadas para evangelizar nuestra cultura misionera

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.

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