Keiko Fujimori

Perú vive su noveno cambio de presidente en diez años con la investidura de Keiko Fujimori

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La hija y heredera política del fallecido expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) es la primera mujer en resultar elegida jefa del Estado de Perú. Keiko Fujimori prometió el cargo este martes tras haber ganado las elecciones presidenciales de manera muy ajustada, por una diferencia de menos de 50.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez en la segunda vuelta.

La derechista Keiko Fujimori juró este martes como presidenta de Perú para el quinquenio 2026-2031, acto con el que asume oficialmente el cargo para el que la eligieron en las recientes elecciones, donde se impuso en la segunda vuelta por una ajustada diferencia de menos de 50.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez.

La hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) inauguró así su periodo presidencial en una ceremonia en el pleno del Congreso que escenificó el retorno del fujimorismo al Gobierno de Perú después de que, hace casi 26 años, su padre dimitiese por fax desde Japón tras destaparse un gigantesco escándalo de corrupción en su administración.

La primera mujer en ser elegida presidenta de Perú llegó al palacio legislativo tras haber mantenido previamente reuniones con los presidentes y delegados de los países que asisten la ceremonia, entre ellos el rey de España, Felipe VI; y ocho presidentes de países de América Latina.

Fujimori juró el cargo de presidenta con el compromiso de preservar «la soberanía nacional, la libertad y la democracia».

«Juro que cumpliré y haré cumplir la Constitución política y las leyes de Perú. Velaré por la integridad física y moral de todos los peruanos, en especial de quienes han sido históricamente postergados», dijo la flamante mandataria peruana.

«Respetando la libertad de culto, reconoceré la importancia de la Iglesia católica en la formación cultural y moral de Perú. Trabajaré por un país seguro, próspero y unido», añadió.

“Recibimos un Estado debilitado por la corrupción”

En sus primeras palabras dirigidas en el Congreso prometió aplicar “método, disciplina, trabajo y una ruta clara”, ya que “recibimos un Estado debilitado por la corrupción, donde las instituciones dejaron de servir a los ciudadanos”.

La hija de Alberto Fujimori, quien gobernó la nación andina desde 1990 hasta que fue destituido por el Congreso en 2000, se convirtió en la 66ta mandataria y primera mujer en llegar a la Presidencia peruana por el voto popular.

“Las FFAA asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en estrecha coordinación con la Policía”

En materia de seguridad, Fujimori destacó: “Vamos a recuperar cada barrio, cada carretera y cada espacio público para las familias peruanas. Allí donde el crimen organizado, el narcotráfico y la minería ilegal hayan arrebatado el control al Estado, haremos uso de todas las herramientas que la Constitución pone a disposición del Gobierno”, reportó Perú 21 y supo la Agencia Noticias Argentinas.

“Durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en estrecha coordinación con la Policía Nacional, hasta restablecer plenamente la autoridad del Estado y devolver esos territorios a los ciudadanos”, aseveró.

En ese contexto, sostuvo que la lucha “no será únicamente contra el delincuente común. Iremos tras las mafias nacionales e internacionales que financian la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal”.

“Fortaleceremos los sistemas de inteligencia para desarticular estas organizaciones desde sus cabecillas y sus estructuras económicas. Pero también seremos implacables con quienes traicionen el uniforme. Ningún miembro de la Policía Nacional que se ponga al servicio del delito encontrará protección en nuestro gobierno”, puntualizó.

La recepción de la banda presidencial

Tras el juramento, Fujimori recibió la banda presidencial de manos de su segundo vicepresidente, Miguel Ángel Torres, en su calidad de presidente del Senado.

Seguidamente, Fujimori ofrecerá su primer discurso como jefa de Estado para anunciar las primeras medidas que tomará en su mandato, y posteriormente está previsto que se dirija también a pie hasta el Palacio de Gobierno de Lima, donde entrará por primera vez como presidenta tras haber vivido de joven en él como primera dama durante el periodo presidencial de su padre.

Allí tiene previsto ofrecer un almuerzo a las delegaciones invitadas y en la tarde dirigirá la ceremonia oficial de nombramiento de su gabinete ministerial, de los que ya se conocen los nombres de las carteras clave.

El primer vicepresidente, Luis Galarreta, ejercerá de primer ministro, mientras que la cartera de Relaciones Exteriores estará en manos del periodista y excandidato presidencial Carlos Espá, quien respaldó a Fujimori en la segunda vuelta, y la de Economía y Finanzas la asumirá Elmer Cuba, quien ha hecho parte de la junta directiva del Banco Central (2016-2020).

El regreso del Fujimorismo

A diferencia de sus predecesores, Fujimori cuenta en principio con el suficiente respaldo en el Parlamento para poder completar todo su mandato.

Su asunción supone el regreso del fujimorismo al Gobierno de Perú, casi 26 años después de que su padre dimitiese por fax desde Japón tras destaparse un gran escándalo de corrupción en el que también estaba inmerso su mano derecha, el asesor Vladimiro Montesinos.

En este cuarto de siglo, la hija mayor y heredera política del exmandatario asumió las riendas del fujimorismo con el propósito de recuperar el poder y limpiar el nombre de su padre, condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, además de otros cargos por diversos casos de corrupción.

Ese día llega para Fujimori este martes, tras haber perseverado su propósito de alcanzar la Presidencia pese a perder de forma consecutiva tres elecciones en la segunda vuelta (las de 2011, 2016 y 2021), y haber pasado cerca de año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020, imputada por presunto lavado de dinero en la financiación irregular de sus campañas electorales.

El rey y ocho presidentes asisten

En total hay diez jefes de Estado y de Gobierno que llegaron a Perú para la investidura de Fujimori, entre ellos el rey de España, Felipe VI; y los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Chile, José Antonio Kast; Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña; y de Uruguay, Yamandú Orsi.

También asisten el vicepresidente electo de Colombia, Juan Manuel Restrepo, y expresidentes de diversos países de América Latina, entre ellos varios que tuvieron relación con Alberto Fujimori.

Es el caso del chileno Eduardo Frei (1994-2000) y el ecuatoriano Jamil Mahuad (1998-2000), con quien en 1998 se firmaron los acuerdos de paz que pusieron fin a un largo conflicto limítrofe entre ambos países que llevó a una serie de guerras.

Asimismo, Fujimori invitó a varias exmandatarias como la panameña Mireya Moscoso (1999-2004) y la boliviana Jeanine Áñez (2019-2020), además de al paraguayo Mario Abdo Benítez (2018-2023) y al presidente del Partido Popular (PP) de España, Alberto Núñez Feijóo, quien la respaldó y pidió el voto en su favor en la reciente elección.

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Milei viaja a Lima para asistir a la asunción de Keiko Fujimori

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El presidente Javier Milei viajará este martes a la ciudad de Lima para formar parte de las ceremonias oficiales de transmisión de mando presidencial en Perú. El acto central tendrá lugar en la sede del Congreso de la República en el marco de las celebraciones por la Independencia del país, donde la presidenta electa, Keiko Fujimori, prestará juramento e iniciará formalmente su mandato.

El viaje presidencial busca afianzar los vínculos bilaterales con la nueva administración peruana y consolidar la agenda institucional común dentro de la región.

También, Milei busca exhibirse como uno de los mayores líderes a nivel mundial y regional de la derecha, en momentos en que la mayoría de los presidentes sudamericanos se encuentran en ese perfil ideológico.

Fuerte presencia y cumbre regional de líderes

La ceremonia de asunción de Fujimori se perfila como un punto de encuentro clave para diversos mandatarios y referentes políticos conservadores y liberales de América Latina:

Entre los asistentes confirmados se encuentran mandatarios de la región como Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Rodrigo Paz (Bolivia) y Yamandú Orsi (Uruguay), José Antonio Kast (Chile) y Nasry Asfura (Honduras).

Con la toma de posesión ante el Parlamento, Fujimori asume la Jefatura de Estado tras imponerse en el balotaje presidencial. El inicio de su gestión marca un nuevo capítulo político en la historia reciente de Perú, con una gestión que buscará enfocarse en el orden institucional, la reactivación económica y el fortalecimiento de la seguridad ciudadana.

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Keiko Fujimori ganó las elecciones en Perú de acuerdo con la autoridad electoral

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El conteo oficial de los votos de la elección presidencial en Perú alcanzó el 100 %, con la candidata conservadora Keiko Fujimori a la cabeza por una diferencia mínima sobre su rival, Roberto Sánchez, según los resultados difundidos este lunes por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Fujimori obtuvo el 50,13 % de los votos válidos, mientras que Sánchez alcanzó el 49,86 %. En total, Fujimori recibió 9.223.396 votos, mientras que Sánchez sumó 9.173.755 sufragios, lo que representa una diferencia de 49.641 votos a favor de la candidata de Fuerza Popular, de acuerdo con el cómputo final de la ONPE.

El cierre del escrutinio pone fin a la etapa de conteo de votos y da paso a los procedimientos electorales establecidos por la legislación peruana para la proclamación oficial de los resultados.

La ONPE completó este lunes al 100% el recuento de las actas electorales tras más de tres semanas desde el balotaje del pasado 7 de junio. La diferencia entre ambos fue de 49.641 votos, uno de los márgenes más estrechos registrados en una elección presidencial peruana en las últimas décadas.

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Perú define su rumbo entre dos modelos opuestos: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez

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Perú celebrará este domingo una de las elecciones más trascendentes de las últimas décadas. Más de 27 millones de ciudadanos están convocados a las urnas para elegir entre dos proyectos políticos que representan visiones opuestas sobre el Estado, la economía, la seguridad y el futuro institucional del país: la candidata de derecha Keiko Fujimori y el dirigente de izquierda Roberto Sánchez.

La elección se desarrolla en un contexto de profunda fragmentación política, desgaste institucional y creciente inseguridad ciudadana. En apenas una década, Perú tuvo nueve presidentes y atravesó sucesivas crisis de gobernabilidad que erosionaron la confianza en las instituciones y modificaron las prioridades del electorado. La delincuencia, las extorsiones y el avance del crimen organizado desplazaron incluso a la economía como principal preocupación social.

En ese escenario, el balotaje adquiere una dimensión que trasciende las fronteras peruanas. El resultado será observado con atención por los mercados internacionales, los gobiernos de la región y los inversores vinculados a sectores estratégicos como la minería, el gas y la infraestructura.

Las encuestas muestran una ventaja estrecha de Keiko Fujimori, especialmente en Lima y las grandes ciudades costeras, mientras que Roberto Sánchez conserva una sólida base electoral en las regiones andinas y rurales del interior del país. La polarización es extrema y buena parte del electorado admite votar por el “mal menor”, una constante que viene marcando las últimas elecciones peruanas.

Keiko Fujimori busca una revancha histórica

A los 51 años, Keiko Fujimori enfrenta su cuarta oportunidad de llegar a la presidencia. Después de haber perdido los balotajes de 2011, 2016 y 2021, la líder de Fuerza Popular vuelve a competir con la promesa de restaurar el orden, fortalecer la seguridad y recuperar la estabilidad económica.

La dirigente construyó gran parte de su identidad política alrededor del legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000. Para sus seguidores, representa el período en el que el país logró derrotar militarmente a Sendero Luminoso y controlar una hiperinflación devastadora. Para sus detractores, simboliza una etapa marcada por violaciones a los derechos humanos, autoritarismo y corrupción.

Durante el cierre de campaña, Fujimori reivindicó explícitamente la gestión de su padre y prometió replicar políticas de mano dura contra la delincuencia, inspiradas en parte por el modelo aplicado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

Su propuesta económica apunta a preservar el modelo de mercado que convirtió a Perú en una de las economías más dinámicas de América Latina durante las últimas dos décadas. Entre sus prioridades figuran acelerar inversiones mineras, reducir regulaciones y promover obras de infraestructura vinculadas a la agroexportación.

La candidatura de Fujimori llega fortalecida tras la resolución judicial que dejó sin efecto el proceso principal en su contra por el caso Odebrecht. Aunque aún enfrenta causas menores vinculadas a cuestiones electorales, la anulación del expediente central eliminó el principal obstáculo que amenazaba su regreso a la competencia presidencial.

Roberto Sánchez y la búsqueda de una izquierda más moderada

Del otro lado aparece Roberto Sánchez, psicólogo, exseminarista y actual referente de Juntos por el Perú, quien logró convertirse en el heredero político del expresidente Pedro Castillo.

Sánchez llegó al balotaje como una de las grandes sorpresas de la elección. Comenzó la campaña relegado en las encuestas, pero logró consolidar el apoyo de amplios sectores populares del sur andino y de los votantes desencantados con el establishment político tradicional.

Su principal desafío durante la segunda vuelta fue ampliar esa base electoral hacia los sectores urbanos y moderados. Con ese objetivo, impulsó un giro estratégico en su discurso, dejando en segundo plano algunas de las propuestas más radicales de su plataforma original.

La Asamblea Constituyente, que inicialmente aparecía como eje central de su proyecto político, pasó a formar parte de una agenda más amplia de reformas institucionales. Del mismo modo, moderó algunas posiciones económicas para transmitir señales de previsibilidad a los sectores productivos y empresariales.

Sin embargo, mantiene propuestas de fuerte intervención estatal, incluyendo la revisión de contratos de explotación de recursos naturales, una mayor participación pública en sectores estratégicos y una redistribución más activa de la renta generada por la minería y la energía.

También plantea fortalecer los vínculos con los BRICS y avanzar en una política exterior más autónoma respecto de Estados Unidos.

Uno de los puntos más controvertidos de su campaña es la promesa de indultar a Pedro Castillo, condenado por intentar disolver el Congreso en 2022. Para sus seguidores, se trata de reparar una injusticia política; para sus adversarios, implica una amenaza para la institucionalidad democrática.

Seguridad, economía y gobernabilidad, los ejes de una elección decisiva

Más allá de las diferencias ideológicas, ambos candidatos coinciden en que la inseguridad se convirtió en la principal preocupación de los peruanos.

Fujimori propone endurecer el sistema penal, ampliar facultades de las fuerzas de seguridad y fortalecer el control territorial del Estado. Sánchez apuesta a una reforma policial, la creación de una Policía de Investigaciones y una estrategia más amplia orientada a combatir las redes criminales y la corrupción.

En materia económica, el contraste es igualmente marcado. Mientras la candidata de Fuerza Popular busca profundizar un modelo promercado basado en inversiones privadas y apertura económica, Sánchez plantea una mayor presencia estatal en sectores estratégicos y una revisión de las condiciones bajo las cuales operan grandes empresas mineras y energéticas.

Lo que está en juego, sin embargo, va más allá de un simple cambio de gobierno. Perú llega a estas elecciones con instituciones debilitadas, una ciudadanía crecientemente desencantada y una economía que, pese a mantener fundamentos relativamente sólidos, enfrenta desafíos vinculados a la seguridad, la desigualdad y la falta de estabilidad política.

El resultado del domingo definirá no sólo quién ocupará el Palacio de Gobierno durante los próximos años, sino también cuál será el camino elegido por uno de los países más relevantes de la región andina en un momento de fuertes transformaciones geopolíticas y económicas en América Latina.

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