LACTANCIA

Científicos confirman que es seguro consumir yerba mate durante la lactancia materna

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El consumo de infusiones de yerba mate (Ilex paraguariensis) –ya sea en forma de mate cebado o como mate cocido– suele estar condicionado, en ocasiones, por mitos y supuestos sobre sus potenciales beneficios o riesgos para la salud humana.

En algunos casos, estas presunciones carecen de soporte científico. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la lactancia materna. Para salvar ese vacío de información validada, un equipo del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Inicsa – UNC/Conicet) indagó cómo impacta el consumo de yerba mate tanto en el estado nutricional de la mujer durante el puerperio, como en la composición de su leche.

La elección de esa etapa no es casual. “Se trata de un momento muy particular de las mujeres, cuando se encuentran sujetas o interpeladas por mucha presión del ambiente laboral, social o sanitario. Muchas veces, el mate es un recurso para socializar, una costumbre”, explica Valentina Cortez, una de las autoras del estudio.

El trabajo, realizado entre 2013 y 2020, contó con la participación de 279 mujeres lactantes adultas de Córdoba (Argentina), que transitaban los primeros seis meses posparto. Cada una de ellas otorgó una muestra de 10 mililitros de leche, que fueron sometidos a un estudio bioquímico, a través del cual se analizaron numerosos biomarcadores.

Hallaron que tanto el mate cebado como el mate cocido aportaron una mediana de 382.21 mg/día de polifenoles, compuestos procedentes de los vegetales y reconocidos por sus propiedades promotoras de la salud: tiene efectos antioxidantes y neuroprotectores. En los casos indagados, más del 35% de la ingesta diaria de estos agentes fue provista por el mate.

“De los 18 polifenoles detectados –todos beneficiosos para la salud–, 15 fueron ácidos hidroxicinámicos –en su mayoría sustancias antioxidantes– y tres flavonoides, pigmentos procedentes de los vegetales y que protegen al organismo de agentes oxidantes, además de actuar como antiinflamatorios naturales”, apuntan desde el equipo.

“Respecto a los macronutrientes lácteos, las proteínas, la glucosa, los triglicéridos y el colesterol no fueron afectados por el consumo de mate. Del mismo modo, su ingesta no mostró inducción de estrés oxidativo en la leche humana”, completan.

Según el grupo de investigación, además de proveer ciertos nutrientes, el mate es una fuente importante de fitoquímicos. Más aún, un aporte diario de casi 500 mg de polifenoles sería suficiente para tener efectos sobre la salud por sí solo, independientemente de otros alimentos y bebidas dependientes de su acción individual y conjunta derivada de la sumatoria de bioactividades.

Los oxidantes, sin alteraciones

El informe, publicado por Soledad Huespe en UNCiencia (órgano de difusión de la Universidad Nacional de Córdoba), señala que un dato alentador a subrayar en este estudio es que ciertos agentes oxidantes (anión superóxido, los hidroperóxidos, los lipoperóxidos y los nitritos), cuya presencia ya fue establecida en la leche humana en diversas investigaciones previas, no sufrieron alteraciones debido a la ingesta de mate.

“Esto es relevante para la salud materno-infantil, dado que esos agentes oxidantes pueden dañar la glándula mamaria, los compuestos de la leche y también a la niña o niño recién nacido, en especial al prematuro, que es más susceptible a sufrir estrés oxidativo”, resalta Cortez.

Se reportaron, además, otros indicadores de seguridad del consumo del mate durante la lactancia derivados del tejido mamario.

“En este sentido, se estudiaron las enzimas lactato-deshidrogenasa, fosfatasa alcalina y gamma-glutamil-transpeptidasa. La ausencia de efectos sobre la primera como indicadora de daño mamario, junto con la falta de cambios nutricionales y oxidativos en la leche, apoyan la seguridad del consumo de mate. Respecto a la fosfatasa y a la interleucina, moléculas con roles metabólicos e inmunológicos, la ausencia de efectos permitiría desestimar un riesgo de inflamación”, continúa Agustín Miranda, integrante del equipo de investigación.

A partir de los resultados de la investigación, el grupo propone que la ingesta de infusiones de yerba mate –caracterizada por el alto consumo de mate cebado y condicionada por lo social y lo reproductivo– es una práctica alimentaria segura. No compromete la composición de la leche humana en sus aspectos nutricionales, defensivos y enzimáticos, y además resulta potencialmente útil como una fuente relevante de polifenoles bioactivos.

“Concluimos que consumir mate no se ve traducido en pérdida de nutrientes, o aumento de la oxidación de la leche, ni alteraciones del tipo inflamatorias o enzimáticas. Tampoco hubo cambios significativos en el peso materno”, cierran.

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Científicos confirman que es seguro consumir yerba mate durante la lactancia materna

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Yerba Mate Argentina – El consumo de infusiones de yerba mate (Ilex paraguariensis) –ya sea en forma de mate cebado o como mate cocido– suele estar condicionado, en ocasiones, por mitos y supuestos sobre sus potenciales beneficios o riesgos para la salud humana.

En algunos casos, estas presunciones carecen de soporte científico. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la lactancia materna. Para salvar ese vacío de información validada, un equipo del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Inicsa – UNC/Conicet) indagó cómo impacta el consumo de yerba mate tanto en el estado nutricional de la mujer durante el puerperio, como en la composición de su leche.

La elección de esa etapa no es casual. “Se trata de un momento muy particular de las mujeres, cuando se encuentran sujetas o interpeladas por mucha presión del ambiente laboral, social o sanitario. Muchas veces, el mate es un recurso para socializar, una costumbre”, explica Valentina Cortez, una de las autoras del estudio.

El trabajo, realizado entre 2013 y 2020, contó con la participación de 279 mujeres lactantes adultas de Córdoba (Argentina), que transitaban los primeros seis meses posparto. Cada una de ellas otorgó una muestra de 10 mililitros de leche, que fueron sometidos a un estudio bioquímico, a través del cual se analizaron numerosos biomarcadores.

Hallaron que tanto el mate cebado como el mate cocido aportaron una mediana de 382.21 mg/día de polifenoles, compuestos procedentes de los vegetales y reconocidos por sus propiedades promotoras de la salud: tiene efectos antioxidantes y neuroprotectores. En los casos indagados, más del 35% de la ingesta diaria de estos agentes fue provista por el mate.

“De los 18 polifenoles detectados –todos beneficiosos para la salud–, 15 fueron ácidos hidroxicinámicos –en su mayoría sustancias antioxidantes– y tres flavonoides, pigmentos procedentes de los vegetales y que protegen al organismo de agentes oxidantes, además de actuar como antiinflamatorios naturales”, apuntan desde el equipo.

“Respecto a los macronutrientes lácteos, las proteínas, la glucosa, los triglicéridos y el colesterol no fueron afectados por el consumo de mate. Del mismo modo, su ingesta no mostró inducción de estrés oxidativo en la leche humana”, completan.

Según el grupo de investigación, además de proveer ciertos nutrientes, el mate es una fuente importante de fitoquímicos. Más aún, un aporte diario de casi 500 mg de polifenoles sería suficiente para tener efectos sobre la salud por sí solo, independientemente de otros alimentos y bebidas dependientes de su acción individual y conjunta derivada de la sumatoria de bioactividades.

Los oxidantes, sin alteraciones

El informe, publicado por Soledad Huespe en UNCiencia (órgano de difusión de la Universidad Nacional de Córdoba), señala que un dato alentador a subrayar en este estudio es que ciertos agentes oxidantes (anión superóxido, los hidroperóxidos, los lipoperóxidos y los nitritos), cuya presencia ya fue establecida en la leche humana en diversas investigaciones previas, no sufrieron alteraciones debido a la ingesta de mate.

“Esto es relevante para la salud materno-infantil, dado que esos agentes oxidantes pueden dañar la glándula mamaria, los compuestos de la leche y también a la niña o niño recién nacido, en especial al prematuro, que es más susceptible a sufrir estrés oxidativo”, resalta Cortez.

Se reportaron, además, otros indicadores de seguridad del consumo del mate durante la lactancia derivados del tejido mamario.

“En este sentido, se estudiaron las enzimas lactato-deshidrogenasa, fosfatasa alcalina y gamma-glutamil-transpeptidasa. La ausencia de efectos sobre la primera como indicadora de daño mamario, junto con la falta de cambios nutricionales y oxidativos en la leche, apoyan la seguridad del consumo de mate. Respecto a la fosfatasa y a la interleucina, moléculas con roles metabólicos e inmunológicos, la ausencia de efectos permitiría desestimar un riesgo de inflamación”, continúa Agustín Miranda, integrante del equipo de investigación.

A partir de los resultados de la investigación, el grupo propone que la ingesta de infusiones de yerba mate –caracterizada por el alto consumo de mate cebado y condicionada por lo social y lo reproductivo– es una práctica alimentaria segura. No compromete la composición de la leche humana en sus aspectos nutricionales, defensivos y enzimáticos, y además resulta potencialmente útil como una fuente relevante de polifenoles bioactivos.

“Concluimos que consumir mate no se ve traducido en pérdida de nutrientes, o aumento de la oxidación de la leche, ni alteraciones del tipo inflamatorias o enzimáticas. Tampoco hubo cambios significativos en el peso materno”, cierran.

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Lactancia y licencias por maternidad y paternidad, ¿Cómo está Argentina?

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Los cuidados que reciben los/as niños/as en su primera infancia son una de las inversiones con mayor impacto social y económico que puede hacer un país: inciden en el desarrollo humano, en la igualdad de oportunidades y en la productividad futura, además de la participación laboral de quienes hoy sostienen esas tareas. Se trata de un desafío que excede el ámbito doméstico y que involucra al Estado, al mercado, y a la comunidad.

Dentro de ese sistema, el régimen de licencias familiares es una de las principales herramientas con las que cuenta el Estado para garantizar tiempo protegido para cuidar. Mientras el país atraviesa una transformación demográfica profunda -la tasa de fecundidad cayó 49% entre 2014 y 2024, junto con una creciente participación femenina en el mercado laboral-, el régimen conserva la lógica con la que fue concebido: la Ley de Contrato de Trabajo entiende la licencia como una prohibición de trabajar alrededor del parto, es decir, como cobertura de una incapacidad temporaria. La evidencia sobre desarrollo infantil temprano sugiere correr ese eje: el tiempo disponible en los primeros meses no es un beneficio laboral, sino un insumo del desarrollo del capital humano.

Hoy, la licencia por paternidad en Argentina -para quienes están alcanzados por la Ley de Contrato de Trabajo- es de 2 días. Se trata de la licencia por paternidad más breve de Sudamérica. A su vez, cerca de la mitad de los/as trabajadores/as no accede a licencias por nacimiento o adopción, ya sea por trabajar en la informalidad o por desempeñarse como cuentapropista.

Ese tiempo para cuidar incide directamente sobre la posibilidad de iniciar y sostener la lactancia durante los primeros meses de vida. La evidencia muestra que la lactancia no depende únicamente de la decisión de las familias, sino también del tiempo disponible para cuidar, del acompañamiento del sistema de salud y de las condiciones que ofrecen los lugares de trabajo.

En esta materia, Argentina muestra resultados por encima del promedio regional: según la última Encuesta Nacional de Lactancia Materna (ENaLac), 9 de cada 10 bebés reciben leche materna en sus primeros seis meses y el 53% lo hace de manera exclusiva, frente a un 43% en América Latina y el Caribe, superando la meta del 50% fijada por la Organización Panamericana de la Salud para 2025. Sostener esa práctica, en cambio, se vuelve más difícil con el paso de las semanas: entre los 2 y los 6 meses, la lactancia exclusiva cae del 54% al 45%. La propia ENaLac identifica el tiempo de licencia disponible -tanto del cuidador primario como del secundario- entre los factores asociados a una mayor prevalencia.

En cuanto al sector privado, el estudio releva experiencias que ya llevan adelante empresas en Argentina para acompañar los cuidados de su personal —horarios flexibles, teletrabajo, licencias adicionales a las previstas por la normativa, convenios de acceso a servicios de cuidado infantil y espacios para la lactancia, entre otras—. Estas iniciativas muestran que el compromiso empresarial puede complementar al del Estado, aunque su alcance todavía es heterogéneo y depende del tamaño y el sector de cada empresa. 

A su vez, dado que buena parte de las mujeres ocupadas en Argentina trabaja de manera informal o por cuenta propia, el estudio sistematiza los instrumentos hoy disponibles para acompañarlas durante el embarazo, el puerperio y la crianza temprana -transferencias, servicios estatales de cuidado y redes comunitarias, entre otros-, con el objetivo de identificar qué apoyos existen y qué vacíos persisten para este universo de trabajadoras. El relevamiento identifica un patrón: el esquema vigente protege razonablemente el acceso a recursos, como ingresos, alimentos y controles de salud, pero no protege el tiempo para cuidar en los primeros meses de vida.

Estas son algunas de las principales líneas de investigación de Lactancia en contexto: hacia un marco integral de políticas de cuidado, un estudio de junio de este año, elaborado por el Programa de Protección Social de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).

“Discutir licencias en un contexto de baja de los nacimientos es discutir capital humano. El tiempo protegido en los primeros meses de vida es uno de los insumos clave del desarrollo: mejora las posibilidades de sostener la lactancia, fortalece el vínculo temprano y favorece el desarrollo infantil, con efectos que trascienden el mercado laboral y llegan a la productividad y la equidad de las próximas décadas”, puntualizó Manuel Mera, director de Protección Social de CIPPEC.

Una reforma del régimen de licencias basada en tres principios

El trabajo analiza el régimen de licencias vigente y puntualiza tres problemas estructurales. En términos de cobertura, no es universal: cerca de la mitad de la población trabajadora queda fuera. Es normativamente heterogéneo, ya que los derechos cambian según el tipo de empleo y, en el empleo público, según la jurisdicción. Y mantiene un sesgo maternalista: las licencias para personas gestantes son hasta 45 veces más extensas que las de personas no gestantes.

Aún hoy, las madres gestantes del sector privado cuentan con una licencia de 90 días, mientras que los padres disponen de 2 días. La normativa, además, prácticamente no contempla situaciones como adopción, nacimientos múltiples, nacimientos prematuros, hijos/as con discapacidad o familias monoparentales.

Según el estudio, este diseño termina reforzando una división tradicional de roles que continúa depositando sobre las mujeres la mayor parte de las tareas de cuidado, con impacto sobre sus posibilidades de inserción, permanencia y desarrollo profesional.

Ante este diagnóstico, CIPPEC propone pensar el sistema de licencias alrededor de tres ejes: universalidad, corresponsabilidad y equidad. Uno de los aspectos centrales consiste en ampliar de manera progresiva las licencias para personas no gestantes, para promover una distribución más equilibrada de las responsabilidades de cuidado. El estudio desarrolla distintos escenarios de implementación, graduales y adaptados a diferentes capacidades y plazos.

El estudio también estima el costo fiscal de ambas alternativas. El régimen actual representa 0,07% del PBI; una reforma de mínima lo llevaría a 0,09% hacia 2033 y uno de máxima a 0,14%. A eso se suma un dato relevante para la discusión presupuestaria: por efecto de la caída sostenida de la natalidad, el gasto asociado a licencias por maternidad y paternidad se redujo 35% en términos reales en la última década, lo que abre espacio para mejorar cobertura y duración sin alterar de manera significativa la trayectoria del gasto. En conjunto, el trabajo concluye que ampliar el régimen es fiscalmente manejable en las dos alternativas.

El estudio incorpora, por último, un análisis de factibilidad política. A lo largo de las últimas dos décadas, bloques de distinto signo presentaron proyectos para actualizar el régimen: en 2023 se debatieron 54 iniciativas en la Cámara de Diputados y se firmaron tres dictámenes que coincidieron en la necesidad de actualizar el sistema, con diferencias en la extensión de los plazos, la gradualidad y los mecanismos de financiamiento. En la región, dos experiencias recientes muestran que una reforma gradual es viable: Uruguay amplió su licencia por paternidad en 2024 con aprobación unánime del Parlamento, y Brasil sancionó en 2026 una ampliación progresiva hasta 2029.

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Llaman a fortalecer las acciones que contribuyen a mantener la lactancia

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Pese al consenso internacional de mantener la lactancia materna exclusiva (LME) hasta los 6 meses de vida, en la Argentina esto se logra en apenas el 53,2% de los casos.2  Ante esa situación, y en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026, que se conmemora cada primera semana de agosto,1 la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un documento institucional centrado en un mensaje concreto: “fortalecer las acciones que funcionan”.


El concepto resume que, frente a contextos económicos complejos, jornadas laborales cada vez más exigentes, emergencias climáticas y sistemas sanitarios sometidos a múltiples demandas, no hace falta inventar nuevas estrategias; lo que se necesita es consolidar aquellas intervenciones cuya eficacia ya fue ampliamente demostrada y garantizar que lleguen a todas las familias, independientemente del lugar donde vivan o de su situación socioeconómica. 


La recomendación se da en un marco en el que, según los últimos datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación (Encuesta Nacional de Lactancia – ENaLac 2022),2 solo en 1 de cada 2 casos (53,2%) la mantiene en forma exclusiva desde el nacimiento hasta los 6 meses, descendiendo el porcentaje en el grupo de bebés de 6 meses de edad a un 44.7%. La meta global propuesta para el 2030 por la Asamblea Mundial de la Salud es de un nivel de lactancia materna exclusiva del 60% hasta el medio año de vida. 


El documento de la SAP describe una serie de decisiones cotidianas que pueden facilitar o dificultar la continuidad del amamantamiento. La primera de ellas ocurre apenas nace el bebé: el contacto piel con piel inmediato y el inicio de la lactancia durante la primera hora de vida constituyen una práctica ampliamente validada por la evidencia científica. 


Ese primer contacto favorece la adaptación del recién nacido, estimula la producción de leche, fortalece el vínculo entre madre e hijo y reduce significativamente la mortalidad neonatal. 


La buena noticia es que en la Argentina esta intervención presenta niveles de cumplimiento muy elevados, lo que demuestra que cuando existen protocolos claros y equipos capacitados los resultados son posibles.

 
Sin embargo, ese excelente comienzo necesita continuidad. Las primeras semanas suelen estar atravesadas por dudas, dolor, grietas en los pezones, dificultades en el acople, preocupaciones sobre la cantidad de leche o interpretaciones erróneas acerca del crecimiento del bebé. Muchas de estas situaciones pueden resolverse con una consulta oportuna, pero cuando no existe acompañamiento adecuado terminan favoreciendo un destete precoz que, en muchos casos, podría haberse evitado.


“Con frecuencia se piensa que para mejorar los indicadores hacen falta grandes innovaciones. Sin embargo, sabemos exactamente qué medidas favorecen que una madre pueda sostener la lactancia. El desafío consiste en que esas acciones estén disponibles para todas las familias y no dependan del lugar donde nació el bebé o de las posibilidades económicas de cada hogar”, señaló el Dr. Luis Alfredo Azula, médico pediatra y secretario de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).


“Una gran parte de las consultas que recibimos no responden a problemas médicos complejos sino a situaciones habituales del aprendizaje de la lactancia. Cuando las familias cuentan con profesionales capacitados que pueden acompañarlas desde el nacimiento y durante las primeras semanas, la mayoría de esas dificultades encuentra solución y la lactancia continúa. El apoyo temprano hace una enorme diferencia”, explicó el Dr. Antonio Morilla, médico pediatra y prosecretario de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la SAP. 


Otro de los momentos críticos para sostener la lactancia -detalla el documento- suele producirse cuando las madres deben reincorporarse a sus actividades laborales. En ese punto, las posibilidades reales de continuar amamantando están estrechamente relacionadas con las condiciones de trabajo. Licencias adecuadas por maternidad y paternidad, pausas para la extracción de leche y espacios amigables para la lactancia representan herramientas concretas que permiten compatibilizar el empleo con el cuidado de los hijos.


“Cuando hablamos de proteger la lactancia no estamos hablando solamente de una elección personal. Estamos hablando de políticas públicas, de organizaciones de salud, de empleadores y de comunidades que comprendan que criar también requiere redes de apoyo. Ninguna madre debería sentirse sola frente a las dificultades de la lactancia”, afirmó la Dra. Alejandra Buiarevich, médica pediatra y secretaria consultora de la Junta Ejecutiva del Comité Nacional de Lactancia de la SAP.


“La lactancia no necesita madres perfectas, sino entornos que comprendan, escuchen y acompañen. Muchas veces una palabra de apoyo, una consulta a tiempo o una red que sostenga emocionalmente a esa familia permiten superar dificultades que parecían insalvables. Cuidar la salud mental de quien amamanta también forma parte de proteger la lactancia”, sostuvo la Lic. Mónica Tesone , psicóloga y coordinadora del Grupo de Trabajo de Educación Continua del Comité Nacional de Lactancia de la SAP. 


La protección también alcanza otro aspecto menos visible para la población general, pero de enorme importancia sanitaria: la regulación de la comercialización de sucedáneos de la leche materna. La industria mundial de fórmulas infantiles mueve decenas de miles de millones de dólares al año y despliega estrategias de marketing cada vez más sofisticadas. 


Los organismos internacionales advierten que la publicidad puede generar expectativas irreales, sembrar dudas innecesarias sobre la capacidad de amamantar e influir en decisiones familiares que deberían estar basadas exclusivamente en información científica y asesoramiento profesional.


La necesidad de proteger la lactancia también se expresa en otra estrategia que muchas veces permanece fuera del conocimiento del público, pero que resulta decisiva para los bebés más vulnerables: los Bancos de Leche Humana y las redes de donación. 


Para los recién nacidos prematuros o con muy bajo peso que, por distintas razones, no puedan recibir inicialmente la leche de su propia madre, la leche humana donada y pasteurizada constituye mucho más que un alimento. Representa un verdadero recurso terapéutico capaz de disminuir complicaciones graves, entre ellas la enterocolitis necrotizante, una enfermedad intestinal de alta mortalidad en recién nacidos prematuros. Cada mujer que dona leche puede contribuir a mejorar las posibilidades de recuperación de varios bebés internados en unidades de cuidados intensivos neonatales.


La propuesta de “fortalecer las acciones que funcionan” de la SAP también incorpora una mirada más amplia y pone en relación la salud infantil con la sostenibilidad ambiental y la resiliencia frente a las crisis sociales y climáticas. 


La leche materna constituye el primer sistema alimentario sostenible de la humanidad: es un alimento natural, renovable, producido y consumido localmente, que no requiere envases, procesos industriales, transporte de larga distancia ni consumo de agua para su preparación. Tampoco genera residuos plásticos ni emisiones asociadas a la fabricación y distribución de otros productos destinados a la alimentación infantil. 


Desde esta perspectiva, la responsabilidad de sostener la lactancia deja de recaer exclusivamente sobre la mujer para transformarse en una construcción colectiva: padres, parejas, abuelos, empleadores, equipos de salud, instituciones educativas, gobiernos, medios de comunicación y la comunidad en su conjunto pueden contribuir a crear condiciones que favorezcan una experiencia más saludable y menos solitaria.

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Semana Mundial de la Lactancia Materna: lactancia compartida para que amamantar y trabajar sean compatibles

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El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación implementa diversas acciones destinadas a promover la corresponsabilidad en la lactancia para favorecer la continuidad laboral y educativa de las personas que amamantan. En ese sentido, ya se entregaron 11390 kits de lactancia en 15 provincias como parte del Plan 1000 Días.
La Semana Mundial de la Lactancia Materna se celebra todos los años del 1 al 7 de agosto en más de 170 países. La campaña es coordinada por la Alianza Mundial para la Acción de Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés) con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, con el objetivo de crear conciencia e incentivar acciones sobre temas relacionados con la lactancia materna. En esa línea, el lema de este año es “Amamantar y trabajar: ¡hagamos que sea posible!”, con el foco puesto en defender los derechos que promueven la lactancia materna y garantizan el acceso y permanencia igualitarios en el ámbito laboral.

Desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación (MMGyD) se impulsan e implementan políticas públicas y programas destinados a favorecer los derechos de las mujeres y personas gestantes, el acceso a la salud de las y los recién nacidos y la promoción de la lactancia compartida y la corresponsabilidad de los cuidados.

Más de 11 mil kits de lactancia entregados

El MMGyD, en cumplimiento de las disposiciones de la Ley N° 27.611 de Atención y Cuidado Integral de la Salud durante el Embarazo y la Primera Infancia (1000 días), entrega kits de lactancia que facilitan el sostenimiento de la lactancia exclusiva hasta el sexto mes de vida. Esta estrategia no sólo protege la salud de la recién nacida y el recién nacido, sino que, además, promueve la continuidad laboral o educativa de la persona que amamanta, favoreciendo su autonomía. En ese sentido, también fomenta la corresponsabilidad social en el sostenimiento de la lactancia y los cuidados.

Los kits están compuestos por un bolso térmico, un sacaleches manual, tres vasos recolectores para el almacenamiento de leche humana, una toalla de mano, dos protectores mamarios reutilizables y un manual de lactancia.

Hasta la fecha, se entregaron 11390 kits de lactancia en las provincias de San Luis (200), Catamarca (410), Chaco (1060), Salta (1820), Tucumán (1440), Santiago del Estero (1180), Corrientes (1240), Buenos Aires (200), Chubut (120), Misiones (1340), Tierra del Fuego (60), La Rioja (280), Santa Fe (1700), Neuquén (160) y Santa Cruz (180). El número de kits que le corresponde a cada provincia es establecido por el MMGyD junto al Ministerio de Salud en base a un índice que considera la vulnerabilidad de la población y la interrupción de la lactancia en cada jurisdicción. En total, son 25 mil los que se distribuirán en el marco del Plan 1000 Días en todo el país a mujeres y LGTBI+ que se encuentren amamantando a niñas y niños de 0 a 6 meses.

La lactancia es una responsabilidad colectiva y social, por lo tanto, debe ser apoyada en el ámbito familiar, laboral y social, así como promovida por el Estado mediante políticas públicas que favorezcan su ejercicio y permitan prácticas más inclusivas e igualitarias.

Reglamentación del Artículo 179 de la LCT y licencias parentales

El MMGyD impulsó la entrada en vigencia de la reglamentación del Artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT), un paso fundamental para garantizar una organización de los cuidados más justa y con igualdad de género. El artículo dispone que los establecimientos con más de 100 personas empleadas deberán ofrecer espacios de cuidado – por ejemplo, lactarios- para las niñas y niños desde 45 días a 3 años de edad, que están a cargo de las y los trabajadores, sin distinción de género, durante sus jornadas de trabajo.

La medida busca resolver el cuidado de las niñas y los niños mientras sus madres y padres se encuentran trabajando, a la vez que busca atribuir la responsabilidad del cuidado a todas las personas trabajadoras por igual, en vez de asignarlo como una responsabilidad exclusiva de las mujeres, contribuyendo a cerrar las brechas de género en el mundo laboral que afectan el acceso o la participación, la permanencia y el desarrollo de mujeres y LGBTI+.

En esa línea, el MMGyD presentó el proyecto de ley Cuidar en Igualdad que, junto a otros 50 proyectos en debate en el Congreso de la Nación, impulsa la ampliación del régimen de licencias familiares para personas gestantes, no gestantes y adoptantes en los sectores público y privado con el objetivo de redistribuir de manera más justa los cuidados.

La actual organización de los cuidados en nuestro país es el eje de las desigualdades entre los géneros y de diversas inequidades sociales. La creación e implementación de políticas públicas que contribuyan a una división más igualitaria de las tareas de cuidado es un eje central en la gestión del MMGyD. Hoy, las mujeres dedican el doble de tiempo al trabajo de cuidado con respecto a sus pares varones y enfrentan barreras para acceder, permanecer y desarrollarse en espacios laborales. Atender estas desigualdades con herramientas efectivas que promuevan modificaciones en la organización social es un paso fundamental para reducir las brechas de género e impulsar sus trayectorias laborales y profesionales.

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