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La tecnología financiera puede reducir los costos de las remesas a América Latina

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A veces, para los latinoamericanos que viven en el extranjero enviar dinero a su país de origen puede ser una experiencia complicada y costosa. Para enviar sus remesas, la mayoría suele utilizar los métodos del sector bancario tradicional y los servicios de transferencias monetarias. Pero el uso de estos servicios financieros para pagos transfronterizos resulta caro —alrededor de un 6% del importe total— y estas comisiones suele pagarlas el remitente. Esto se traduce en menos dinero para enviar a la familia o los amigos.
Una opción menos costosa para los países latinoamericanos es el uso de tecnología financiera, como la banca móvil, para enviar dinero al exterior, según un reciente documento de trabajo del personal técnico del FMI .
Nuestro gráfico de la semana muestra la proporción de remesas enviadas a través de dinero móvil en América Latina, junto con la proporción total de remesas a escala mundial. Como se observa en el gráfico, el uso de dinero móvil en América Latina, tanto para enviar como para recibir remesas, es relativamente bajo, pese a que la región concentra una alta proporción del total de remesas mundiales, que fueron de unos USD 80.500 millones en 2017.
Esto contrasta con África subsahariana, donde el uso de dinero móvil para las remesas está mucho más avanzado. A escala mundial, la proporción de remesas correspondiente a América Latina es mayor que la de África subsahariana. Sin embargo, como muestra el gráfico, África subsahariana concentra la mayor parte de los envíos mundiales de remesas a través de dinero móvil, seguida de Asia oriental y el Pacífico.

 
Llama a casa
Dado que una gran cantidad de latinoamericanos viven en el exterior y envían a su país de origen cuantiosas remesas —alrededor del 1,5% del producto de la región en 2017—, una mayor utilización de las distintas opciones de tecnología financiera contribuiría a reducir los costos de las transferencias transfronterizas.
Según este estudio, los operadores móviles y el dinero móvil pueden enviar remesas con un costo relativamente bajo, alrededor de un 3%, frente a un costo de alrededor de 6% de las transferencias con proveedores de servicios financieros más tradicionales.
Esto es fundamental en muchos países de la región donde las remesas son una fuente de ingresos. Por ejemplo, en El Salvador, Haití, Honduras y Jamaica, las remesas recibidas superan el 15% del PIB de cada país.
Una mayor disponibilidad de tecnología financiera
La buena noticia para quienes envían y reciben remesas es que la tecnología financiera se está desarrollando con rapidez en América Latina. Por ejemplo, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo y de Finnovista, en la región están aumentando las nuevas empresas de tecnología financiera centradas en servicios de pagos, con un crecimiento de alrededor del 61% en 2018. Además, las empresas globales de tecnología financiera están empezando a asociarse con operadores de redes móviles, servicios de transferencias bancarias y bancos locales de la región para ofrecer servicios financieros.
Las políticas también son un factor importante. En toda la región, las autoridades ya están adoptando medidas para mejorar la eficiencia de los sistemas de pago. Además, será fundamental un entorno regulatorio favorable que estimule el desarrollo de soluciones de tecnología financiera para el envío de remesas en América Latina.
Por ejemplo, mediante normas que simplifiquen la adjudicación de licencias de dinero móvil y remesas internacionales y la habilitación de servicios de remesas tanto para enviar como para recibir pagos transfronterizos se podría respaldar el desarrollo de la tecnología financiera y de nuevas empresas tecnológicas.
Además, los países pueden apoyar asociaciones entre operadores tradicionales de transferencias monetarias (como los bancos locales) con redes establecidas y proveedores de dinero móvil.
Los países latinoamericanos también pueden apoyar el desarrollo de nuevos centros globales de remesas que sirvan para conectar con otros proveedores de servicios de remesas, lo que contribuiría a reducir los costos.
Al mismo tiempo, las políticas también deben proteger frente a los riesgos relacionados con la seguridad cibernética, el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

 
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¿Cuánto aumentó la deuda externa en la era Macri?

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El ratio de la deuda pública es uno de los indicadores más utilizados para analizar la capacidad de pago de un gobierno. Esta variable comenzó a estar en el centro de la escena luego de la devaluación de mediados de 2018, que llevó al ratio correspondiente al tercer trimestre de 2018 casi al 100%.
El último informe de la deuda pública de la Secretaría de Finanzas vino con una novedad: la publicación del ratio de la deuda utilizando el tipo de cambio promedio de los últimos doce meses, en lugar de utilizar el del último día hábil del trimestre bajo análisis.
El motivo político es bastante sencillo. La utilización de la nueva metodología arroja un ratio del 64,1% del PBI para diciembre de 2018, contra 86,2% que marca la metodología anterior; es decir, casi 22 p.p. menos. En un contexto de crisis de balance de pagos con elevada incertidumbre y volatilidad cambiaria, el objetivo sería el de no agregar presión por el lado de la deuda, mostrando un ratio que está más cerca del 50% que del 100%, un umbral crítico tanto en términos reales como simbólicos. No obstante, al comparar con el resto de la región se observa que el ratio es de todos modos elevado, siendo solamente superado por Brasil y Uruguay.

Ratio de la deuda pública para países seleccionado de la región

En % del PIB

Fuente: elaboración propia en base a WEO, FMI

LA NUEVA METODOLOGÍA

¿Por qué hay tanta diferencia entre una metodología y la otra? La utilización de un promedio con ventana móvil (en este caso, de 12 meses), provoca un suavizamiento en el comportamiento de cualquier serie de datos, y esto se hace más marcado cuanto más volátil sea la serie en cuestión. Esta es la ventaja de utilizar este tipo de cálculo, de allí su implementación y su justificación económica. Al ser un dato de suma relevancia, que además se encuentra muy afectado por la dinámica cambiaria, resulta preferible una metodología que suavice el impacto que tiene el tipo de cambio en el ratio de deuda.

Tipo de cambio según cada metodología

Variación % anual

Fuente: elaboración propia en base a BCRA
Como se puede observar en el gráfico, el tipo de cambio promedio presenta un comportamiento más suave. El otro dato importante, en particular para la deuda pública, es que el tipo de cambio promedio siempre presenta un techo más bajo. Para el caso actual eso cobra suma relevancia, ya que tanto septiembre como diciembre de 2018 presentan los picos de la devaluación.
Esto queda claro cuando se observa cómo quedaría la evolución del ratio con cada metodología. Por un lado, la serie suavizada muestra un comportamiento mucho más estable y, por otro, el ratio siempre se ubica por debajo del que utiliza el cálculo actual. El dato llamativo es el de 2015, que presenta una brecha de más de 15 p.p. La explicación radica en la devaluación que llevó a cabo el gobierno de Cambiemos en diciembre de ese año al momento de asumir, con el objetivo de lograr la unificación cambiaria [1].

El ratio de deuda pública según cada metodología

En % del PIB

Fuente: elaboración propia en base a Secretaría de Finanzas e ITE
El otro aspecto interesante que muestra el gráfico es la dinámica divergente que tiene en la actualidad el ratio. La medición original muestra una caída para diciembre de 2018, dado que el pico de la devaluación fue en septiembre, mientras que la serie alternativa presenta una tendencia creciente. En efecto, esto se debe al arrastre estadístico que tiene cualquier promedio móvil, ya que en definitiva lo que está sucediendo es que se van reemplazando valores bajos del tipo de cambio por los valores más altos tras la devaluación, llevando al alza la medición.
Esto último refleja el “costo” que tiene llevar a cabo el cambio de la metodología en el contexto actual. El ratio va a dar valores más bajos que la serie original, pero los próximos datos van a mostrar una deuda en ascenso. Esto queda claro al proyectar ambas metodologías, utilizando como supuesto que el tipo de cambio para fin de año alcanza el techo de $/USD 51,5 de la zona de no intervención, recientemente fijado por el BCRA [2]. El cambio de metodología implica que los próximos anuncios sobre la evolución de la deuda pública casi con seguridad muestren una tendencia creciente, mientras que lo contrario sucedería si se sigue utilizando el cálculo actual, algo que podría agregar preocupación a los mercados y presionar aún más al alza del dólar.

Proyección del ratio de deuda pública según cada metodología

En % del PIB

Fuente: elaboración propia en base a Secretaría de Finanzas e ITE
Tratándose de un año electoral, es muy probable que la Secretaría de Finanzas repita lo hecho en la última publicación, es decir, mostrar ambos cálculos. La serie original casi con seguridad se mantenga, dado que esa es la metodología que utiliza el FMI. A partir de esto, no sería llamativo encontrar análisis sesgados que mezclen ambos datos para afirmar que el ratio de la deuda no es tan elevado y que además presenta una tendencia decreciente.
 
[1] Como para el dato anual se toma el tipo de cambio del último día hábil del año, la devaluación es captada en su totalidad por la metodología original, mientras que si se utiliza el promedio, los pocos datos elevados de diciembre son promediados con los valores mucho más bajos del resto del año.
[2] Además se supuso que el stock de la deuda se mantiene constante hasta fin de año y que el PBI a precios corrientes aumenta un 38%, en línea con la evolución de precios esperada y la caída en la actividad económica.

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Vinieron a destruir y terminar con la Argentina

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Muchos aun no comprenden y dicen “fracasaron” y “se equivocaron”. Falso, vinieron a hacer todo el daño que ya han perpetrado, y mucho más si les seguimos dejando. Son apátridas que desprecian visceralmente al Ser Nacional.
Forman esa oligarquía abyecta, que solo busca seguir enriqueciéndose, fugando capitales a paraísos fiscales; tienen cerrado espíritu de casta pretendidamente superior, que se basa en los infinitos privilegios que los rodean desde siempre; son hipócritas que mienten y falsean sin ningún atisbo de moral, son perversos que se solazan ante la miseria generalizada que ellos mismos provocan.
Son peores que los oligarcas del mitrismo y de la década infame, pues aquellos, en sus sumisiones a Gran Bretaña, guardaban algún resto de decoro para considerar –en sus distorsionadas ópticas- que defendían ciertos intereses básicos de Argentina, y a algún resto de patriotismo muy elemental hacían referencia. Estos en cambio, solo desprecian todo lo nacional, operando como marionetas funcionales a los poderes financieros transnacionales y las Potencias Atlantistas, que buscan sin tapujos, la disolución nacional.
A los odios cerriles del mitrismo sarmientino a la gente común (“solo sirven para abonar la tierra con su sangre”, dijo de los gauchos “el gran educador” cuando se ufanaba de los degüellos al por mayor contra los federales, perpetrado por los Coroneles de Mitre), le sumaron la impiedad de los feroces bombardeadores del ’55 (masacrando a su propio pueblo) y fusiladores del ’56, el odio a lo Nacional y Popular de los golpistas del ’62, las aberraciones del ’76 (para imponer el neoliberalismo); y ahora agregaron un cinismo a toda prueba, opinando como simples relatores respecto al desbarranque generalizado que ellos provocaron intencionalmente, eludiendo sus responsabilidades como perpetradores de la sumatoria de acciones de traición a la patria y de negociados alevosos para ellos y sus amigotes (capitalismo de country, lo llaman algunos), advirtiéndose como se ríen descaradamente de la miseria acentuada y la angustia general que adrede provocan y agravan día a día.
Son incapaces de resistir un diálogo libre con periodistas no comprados o condicionados previamente.
Tampoco pueden ya dialogar con personas comunes, ante el repudio general que cosechan, por lo que la calle ya les es marcadamente hostil.
Su accionar político – económico es continuación directa del neoliberalismo procesero (puesto en vigencia por Martínez De Hoz, con la custodia de las bayonetas de Videla y sus secuaces, como tropas de ocupación en el propio territorio, bajo la excusa “perfecta” de “la subversión”), y es también continuador total –pero en versión recargada- del neoliberalismo noventista-, aquel del claudicado Alfonsín y de los apátridas Menem y De La Rúa.
Claro que ahora con varios de los mismos perpetradores de los años ’90, se manejan como “niños bien” que en base a la prepotencia de fingidos buenos modales, buscan llevarse todo por delante, como se detalla seguidamente.
 La suma del poder público -que buscan afanosamente y que en buena parte la consiguieron, “domesticando” a periodistas, políticos y sectores del Poder Judicial-.
 Cuentan con los apoyos casi irrestrictos de los auto subordinados miembros de la dogmática familia militar liberal (esa que ve “zurdos” hasta en la sopa, pero no ve a los delincuentes de guante blanco de las finanzas y las oligarquías), y el poder de choque de las fuerzas de seguridad, prestas a apalear a obreros despedidos, docentes, jubilados y al pueblo protestando ante tanta desfachatez y descaro.
 Todo eso con las complicidades de sectores clasemedieros tan afectos al odio fácil y a “comprar” mensajes prefabricados para tan incautos y no pensantes, como reacios a razonar y a buscar fundamentos bien basados, que esos sectores demuestran ser.
 Las “progresías”, “comprando” causas prefabricadas por los mismos factores de poder que nos agreden desde afuera, aportan al odio y a las divisiones, militando causas conflictivas como el ultra feminismo, el aborto, el ultra indigenismo, el ultra ecologismo y otras similares.
De mínima buscan hacernos retroceder un siglo y medio, reeditando el infame mitrismo, el mismo que buscó reinstaurar el repudiado “proceso”; pero de máxima, claramente su objetivo es balcanizar a Argentina y hacerla desaparecer como Unidad Geopolítica; esto último acorde a los dictados que con muchos
fundamentos se atribuyen a Churchill en los acuerdos de Yalta, que el neoliberalismo transnacional claramente asumió como un objetivo propio.
Destruir el empleo y precarizarlo al extremo, instalar la desocupación masiva como fenómeno permanente para “domesticar” a los trabajadores asalariados y a los pequeños cuentapropistas; reducir brutalmente el poder adquisitivo de los salarios; empobrecer rápida y alevosamente a la clase media, y transformar en indigentes a los pobres; “descartar” a los indigentes dejando que se mueran –literalmente- de hambre y de enfermedades de la miseria; usar la candidez política de los jubilados, para luego hambrearlos y forzarlos a muertes prematuras por carencias de medicamentos y falta de alimentos sanos y suficientes; desarticular totalmente el país, paralizando las obras públicas e incluso no reponiendo las existentes, además de instalarnos “salvavidas de plomo” como las costosas y muy ineficientes “energías renovables” (un curro gigantesco del que casi nadie habla pues es un tema muy técnico); precarizar y vaciar de contenido a la Educación y a la Salud Pública; destruir premeditada y alevosamente a toda la industria argentina, con lo cual no solo nos dan una estocada mortal a nuestro futuro como nación independiente y soberana, sino que fomentan un país chiquito, en el cual apenas tendrán cabida con trabajo no más de diez millones de habitantes (todo el resto, somos “descartables” y “sobramos” para estos perversos apátridas); destruir rápidamente y con brutal alevosía todos los entes tecnológicos y los programas de desarrollo científico que logró realizar nuestro país, varios de ellos de notable relevancia mundial (como el nuclear, satelital, de desarrollos de drogas medicinales, de técnicas avanzadas de siembra, etc.); tergiversar en forma total la Historia Nacional, incluso haciéndola desaparecer de los planes de estudio y de la mentalidad de la población (los billetes sin figuras de próceres son una de las acciones perpetradas en tal sentido); desprecio total por la soberanía (tal como antes ya lo había dicho el actual impresentable presidente), y acorde con eso, entregar en bandeja Las Malvinas al arbitrio británico, perpetrando acciones para perder derechos en La Antártida y el muy rico y extenso Mar Argentino, además de “preparar el terreno” para secesionar La Patagonia, despoblándola con aviesa intención; subordinarnos expresa y vilmente a los dictados de las potencias anglosajonas, y con ello a la OTAN y las Potencias Atlantistas, además del poder hoy omnímodo del FMI y de la Banca usurera transnacional.
Para avanzar en la sádica misión de hacer colapsar totalmente a Argentina, el gobierno neoliberal recargado actual, el de CEOs apátridas soberbios y poco ilustrados, cuenta con fuertes apoyos internos y externos. Y demuestran estar dispuestos a todo, con tal de no perder el poder y completar su macabra tarea.
Pero los sectores del Pensamiento Nacional tenemos la enorme fuerza de la verdad; de la justicia de su causa totalmente patriótica y humanamente cristiana (lo cual incluye, con respeto, a otros credos) en su concepción moral; de la Doctrina Nacional que pese a los ataques recibidos vive y está muy fuerte; y sin duda el mundo multipolar de hoy nos ofrece potenciales aliados para enfrentar exitosamente al proyecto globalista, egoísta por definición, antiteo y apátrida que hoy nos agrede con saña y alevosía.
Pese a lo oscuro de la hora, el resultado está abierto. En su resolución favorable se juega el futuro de la patria, y nuestra dignidad como argentinos… nada menos.

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¿Cómo llegará la economía a las elecciones?

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En un año caracterizado por elevada incertidumbre hay una certeza: la economía no será un activo para el oficialismo de cara a las próximas elecciones presidenciales. Las recientes medidas anunciadas por el gobierno intentan morigerar esta situación, en un momento donde las principales preocupaciones de la población son de índole económicas, señala un estudio de Ecolatina. Por caso, según el último relevamiento de la consultora Synopsis, las preocupaciones por la inflación y el desempleo lideran la lista, relegando significativamente las problemáticas de corrupción e inseguridad. 
 
En comparación con procesos electorales previos, este año la evolución de la actividad será diferente y, aunque la economía no es el único factor que opera sobre la decisión de los votantes, es uno relevante. Por caso, en 2011 y 2017, cuando ambos oficialismo ganaron ampliamente las elecciones nacionales, la demanda interna crecía por encima del PBI (11,3% i.a. versus 6,3% i.a. en 2011 y 4,6% i.a. versus 2,1% i.a en 2017, en los primeros tres trimestres de dichos año). En contraposición, para los comicios presidenciales que se avecinan tanto la actividad como la demanda interna caerán, esta última con mayor profundidad que la primera. 
 
Dado el fuerte ajuste monetario y de la obra pública, el encarecimiento relativo del capital importado y la incertidumbre que genera el proceso electoral, la inversión no repuntará, experimentando una caída promedio del 12% i.a. en los primeros tres cuartos del año, la más profunda desde el 2009. Los datos del comienzo del año dan cuenta de ello: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) marcó un caída de casi 11% i.a. promedio entre enero y febrero; la importación de bienes de capital registró una contracción del 40% i.a. en el primer trimestre y los patentamientos de vehículos se redujeron casi 50% i.a. en el mismo periodo. 
 
Por otra parte, una ambiciosa meta fiscal y una caída promedio del salario real entorno al 7% i.a., auguran un consumo interno que continuará en retroceso. Por caso, según Kantarworld Panel en el primer trimestre el consumo masivo cayó 9% i.a., tras un derrumbe del poder adquisitivo de 10,7% i.a, y el gasto público se redujo 13% i.a. En este marco, la demanda interna se reduciría a un ritmo de 5,5% i.a. promedio durante los primeros tres trimestres del año. 
 
Un aliciente para la actividad vendrá por el lado de la demanda externa. Gracias a una cosecha agrícola que promete ser récord y una competitividad cambiaria significativamente mayor a la experimentada en los últimos años, las exportaciones lograrían acumular hasta septiembre un incremento en torno al 10% promedio anual. En este sentido, la buena performance del campo le permitiría a la actividad experimentar un crecimiento en términos desestacionalizados en el segundo trimestre del año, pero luego se vería interrumpido por la incertidumbre reinante durante el proceso electoral. De esta forma, el PBI acumularía a septiembre un incremento del 1% en la medición desestacionalizada, pero en términos interanuales promediaría una caída del 2,3% i.a.  

PBI y Elecciones.jpg

 
¿Las recientes medidas adoptadas pueden modificar la dinámica recesiva?
 
Frente a una perspectiva desfavorable, el gobierno intenta llegar mejor a las elecciones a través de  una batería de medidas que buscan reactivar la actividad económica y frenar la inflación. En primer lugar, el congelamiento del techo de la zona de no intervención, el cual ayudaría a acotar la volatilidad cambiaria y la inflación en la previa electoral, generando un mayor atraso cambiario que en el margen podría impulsar el consumo.
 
En segundo lugar, el programa de precios esenciales, la disponibilidad de créditos de ANSES y los descuentos en farmacia para beneficiarios de la AUH, los cuales están dirigidos a los hogares de Nivel Socioeconómico (NSE) bajo, quienes han sido los más castigados por el aumento de la inflación y el freno de la actividad. Por caso, según los datos de Kantar Worlpanel, en marzo último, cuando el Nivel General de precios alcanzó una suba del 4,7% a nivel nacional, el consumo masivo del NSE bajo inferior se desplomó un 19% i.a. y el del NSE bajo superior experimentó una caída del 20% i.a, ambas contracciones mucho mayores que el promedio total de los hogares (-11% i.a). Vale destacar que, ambos grupos representan el 50% del consumo masivo y que se caracterizan por destinar un mayor porcentaje de sus ingresos al consumo de bienes de primera necesidad.
Por su parte, el congelamiento y/o aplanamiento de tarifas actúan en la misma línea, intentando contener la inflación y reactivar el consumo, en este caso de la mayoría de los hogares. No obstante, estas últimas herramientas lucen insuficientes. Por un lado, la canasta de precios esenciales sólo incluye 64 productos, mientras que la composición del gasto de las familias es mucho más amplia. Por otro lado, el congelamiento de tarifas sólo contempla la electricidad y el transporte de jurisdicción nacional, excluyendo los aumentos ya pactos de agua y gas. Al mismo tiempo, la luz ya experimentó un significativo aumento en la primera parte del 2019 y el transporte de jurisdicción provincial o municipal no está incluido en las medidas. 
 
En esta línea, no es esperable que las medidas adoptadas en los últimos días cambien significativamente el curso de la economía en los próximos meses. Al momento de que los argentinos se paren frente a las urnas para emitir su voto, la economía habrá crecido sólo un 1% en términos desestacionalizados, una magnitud que no luce suficiente para que la sensación de reactivación sea generalizada.

 
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Encuestas muestran que la intención de voto de Macri cae al ritmo que sube el dólar

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Después de una semana negra para la economía, las encuestas marcan el malhumor de la sociedad y el debilitamiento del presidente Mauricio Macri y su operativo reelección. Una encuesta de Analía del Franco revela que el 45,8 por ciento considera que la situación económica es muy mala, que se agranda a un 77 por ciento si se suman las opiniones negativas sobre la política del Gobierno.
Pese al discurso repetido del oficialismo sobre la “pesada herencia”, el 40 por ciento considera que el gran responsable de la crisis es el Gobierno de Macri y apenas un 27,3 por ciento culpa a Cristina.
Del Franco indagó sobre el escenario electoral y muestra a Cristina arriba en las preferencias, con 35,4 por ciento, casi el mismo porcentaje que en marzo, mientras que Macri cae dos puntos y se ubica en 27,2 por ciento.
Ante un eventual ballotage, Cristina sube a 43,1 por ciento y el Presidenta cosecharía 33,6 por ciento, a diez puntos de la ex Presidenta.
Lo curioso es que si fuera Sergio Massa el contendiente, también derrotaría a Macri: obtendría 41,2 por ciento, contra 30 del actual Presidente. Roberto Lavagna también se impondría en una segunda vuelta, con 40,9 por ciento, contra 31,9 de Macri. En cambio, si fuera el salteño Juan Manuel Urtubey, caería derrotado ante Macri, por 33,5 por ciento a 28,6.

La consultora Taquion fue más allá de las preferencias electorales y preguntó ¿qué genera más esperanza? El 32,1 por ciento de los encuestados pidió “que aparezca uno nuevo”. El 30 por ciento se ilusiona con el regreso de Cristina y el 20,1 por ciento, con la reelección de Macri.
Con la pregunta al revés ¿Qué le genera más temor? El 48,4 respondió que la reelección presidencial y sólo 34,4 por ciento, el retorno de Cristina. Apenas 6,8 por ciento de los consultados pidió que siga Macri, mientras que 44,7 por ciento espera que cambie el Gobierno.

En la misma línea, la consultora Circuitos relevó que el 40,9 por ciento considera que la situación económica es muy mala y el 67,5 por ciento de los entrevistados considera que las medidas tomadas por el Gobierno de Macri, “los perjudican”.
El 37,6 por ciento cree que la situación incluso “‘puede empeorar” y el 66,2 por ciento, asegura que el Gobierno no puede resolver la crisis.
El 33,8 por ciento de los encuestados por esta consultora, votaría a Cristina, contra 24,4 por ciento que elegiría a Macri.
En un ballotage, Cristina obtendría 44,2 por ciento y Macri 36,6 por ciento. Según esta consultora, Massa también le ganaría a Macri, con 39,7 por ciento, contra 31 del Presidente.

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