Leche

Mayor capacidad de pago de los exportadores de lácteos, ¿cuánto y cuándo sube el precio de la leche?

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La cadena láctea argentina atraviesa un nuevo momento complejo. La desmejora en el precio de la leche a productor en el último año es significativa, y la suba de costos por sequía y depreciación cambiaria han puesto en jaque la ecuación financiera de los Tambos.  
En tanto, la industria y los eslabones comerciales enfrentan un mercado interno altamente abastecido, que pone límites a la posibilidad de trasladar a precios de venta aumentos de costos.  
En este contexto adverso, ha aparecido un factor alcista en el precio de la leche cruda. Se trata de la depreciación cambiaria de mayo, que genera expectativas de un mejor escenario de negocios para el sub‐circuito exportador (fundamentalmente leche en polvo) y de una suba del precio de la leche cruda en las próximas semanas o meses.  
Esta columna analiza, entre otros temas, lo que viene pasando con las exportaciones, los precios de leche y de productos lácteos y realiza una estimación de cuál puede ser la capacidad de pago por el litro de leche cruda de exportadores e industria en su conjunto en un futuro cercano.
La cadena láctea argentina llegó a ser uno de los sectores agroindustriales con mayor inserción externa del país, especialmente a comienzos de la última década. En el período 2011‐2013 llegó a explicar el 4% del comercio mundial de Leches en Polvo y el 2% del mercado de quesos (considerando sólo el comercio por fuera de la UE‐27).  
En esos años de boom exportador la formación de precios hacia el interior de la cadena estaba muy influenciada por lo que sucedía a nivel internacional, las exportaciones absorbían el 25% de la producción local y por ende tenían potencia para transmitir hacia el mercado interno lo que sucedía con precios internacionales de commodities lácteas y condiciones de exportación en general.  
Luego de esta etapa de auge, los envíos de la cadena al exterior se deterioraron sensiblemente. Se observaron ajustes de cantidades en los años 2014, 2015, 2016 y 2017. Recién en el segundo semestre del año pasado comenzó a normalizarse el flujo, tanto por mejora precios por tonelada exportada como por recuperación de la oferta interna de leche. De todos modos, el año cerró con un despacho de 98 mil toneladas de LPE y una contracción interanual del 30,5% (volumen), mientras que en quesos los envíos totalizaron 44 mil toneladas y el ajuste fue de 17,4%.  
Se estima que en 2017 las exportaciones habrían representado aproximadamente el 14% de la producción de leche total, y por ende su capacidad de tracción habría disminuido en forma importante, un dato importante a tener en cuenta para el análisis que sigue.
Saber lo que está pasando con las exportaciones en 2018 no es tan sencillo, en función que las estadísticas disponibles llegan hasta el mes de febrero1 . Según INDEC, durante el primer bimestre de 2018 se despacharon (en promedio) 8.770 toneladas de LPE, lo que representa una expansión interanual del 7% (volumen). Por su parte, los envíos de queso promediaron las 4.230 toneladas/mes, con un crecimiento del 15% en la comparación al primer bimestre de 2017. 
Durante 2017 las colocaciones de LPE a destinos no Venezuela promediaron US$ 3.290 por tonelada, un 34% más que en 2016. Los quesos, en tanto, promediaron un valor por tonelada de US$ 4.420 (+26%). Aun así, la cadena no pudo sostener su facturación promedio mensual en dólares, enfrentando una baja del 12% con respecto a 2016. 
Si se considera el promedio mensual de litros de leche equivalente exportados (solo aquellos de primera generación: leches fluidas y en polvo, quesos, postres, etc.), los envíos en primer bimestre de 2018 apenas lograron superar los 100 millones de litros equivalentes / mes (aproximadamente 108 millones, lo que representa una suba del 6% respecto a 2017 pero una caída del 22% con respecto a lo observado en 2016, ó del 48% respecto al promedio del período 2011‐2013).  
La generación de divisas, considerando datos anuales, tocó fondo en 2017, la cadena apenas aportó US$ 727 millones, la marca más baja desde 2009, aún contando con precios de exportación por tonelada más altos que en el año referido.
En las últimas semanas la Dirección Nacional de Lechería (DNL)2 de la Nación publicó las nuevas estimaciones de producción de leche cruda para 2017, estimándolas en 10.097 millones de litros. Esto representaría una baja de ‐1,9% con respecto a 2016, y de ‐16,3% respecto a 2015.
Por su parte, los datos para el primer cuatrimestre de 2018 señalan que la producción de leche estaría incrementándose en torno al 9% interanual. Santa Fe lideraría con un crecimiento del 20,6%, seguida por Córdoba +17,2%, contrastando con la suba del 4,2% registrada en Buenos Aires.
Esta mayor producción de los últimos 6 meses es la que habría presionado a la baja (en términos reales) los precios a nivel productor. En efecto, si bien el precio de la leche cruda se ubicó en abril un 17,2% arriba de similar mes del año previo, el poder de compra de los tamberos se redujo un 7,3% a esa misma fecha (considerando una inflación en el orden del 25% anual); además, subas importantes en los precios de granos y demás alimentos del rodeo y en los costos operativos, han dejado muy golpeada la ecuación económica del primer eslabón de la cadena.
En Abril’18 el precio a productor se arrimó a los $6,20 por litro (Panel de 18 Empresas SSL), equivalentes a 30,6 centavos de Dólar. No se sabe todavía como cerrará el precio productor de mayo, pero es de esperar que medido en dólares, se tenga un ajuste muy importante. Por caso, si el precio productor se ubicase en $6,35 en Mayo (+2,4%), representaría en dólares un valor de apenas US$ 26,8 centavos/litro (para un tipo de cambio supuesto en $24 promedio); si la inflación de mayo fuese superior a la suba del precio de la leche cruda, se tendría además otro mes con deterioro en el poder adquisitivo del tambero.
El IERAL monitorea la evolución del valor de una canasta de productos lácteos comercializada en mercado interno (valor de la integración Láctea). Se estima que esta canasta se habría ubicado en los $23,1 por litro en abril 2018, cuando un año atrás su valor equivalía a $25,1 a precios de hoy; se trata de un retroceso de 8,1% en un año. Este ajuste de precios relativos es una señal de un mercado interno muy bien abastecido de leche, indica que la demanda ha pedido precios más bajos de lácteos para absorber toda la producción que se fue volcando al mercado. Con un mercado interno satisfecho, un ajuste de precios relativos se puede evitar sólo si las exportaciones van absorbiendo los excedentes de leche que la producción genera.
El IERAL estima que la participación del productor tambero en la integración láctea destinada a mercado doméstico habría rondado el 26,9% en abril, manteniéndose prácticamente al mismo nivel que doce meses atrás (+0,3pp); lejos está el productor de sus mejores años en materia de participación, por caso del 32,5% que alcanzara en abril de 2014.
Por cada tonelada de leche en polvo que se exporta se tiene un precio implícito para cada litro de leche cruda que se ha utilizado para elaborar el producto. La relación entre este precio implícito y el precio de la leche cruda es lo que se denomina aquí como el margen bruto del exportador.  
Con este margen bruto los exportadores deben asumir todos sus costos de industrialización (menos el de la adquisición de la materia prima), logísticos (fletes) y los demás gastos administrativos o de estructura.  
Las estadísticas históricas muestran que con un margen bruto de entre 25%‐30% las exportaciones se han mantenido en expansión; desde otra perspectiva, que un margen en estos andariveles habría permitido cubrir todos los costos antes mencionados y dejar algún beneficio económico al exportador por el riesgo asumido en la operación. Por el contrario, cuando este margen bruto cayó por debajo del 25%‐30%, los envíos al exterior perdieron su impulso.
Las colocaciones de LPE en abril promediaron US$ 3.066 (considerando todos los destinos). Tomando este precio como referencia, más el reintegro del 3% al valor FOB,3 el ingreso recibido por tonelada exportada se habría ubicado en US$3.158. A su vez, dado un precio del dólar de $20,23, el polvero exportador habría obtenido un ingreso equivalente a $7,70 por litro de leche cruda procesado en sus ventas de abril.  
Considerando este precio implícito del litro de leche y el precio de la leche cruda ($6,20, Panel 18 Empresas SSL‐Minagro), surge que el margen bruto del industrial polvero habría sido de $1,50 por litro de leche procesado y vendido (esto es, antes de afrontar gastos de industrialización, flete a puerto, gastos de fobbing, impuestos, etc.), equivalente al 24% del costo de la materia prima. Este margen de abril se ubicaría por debajo del andarivel de referencia (30%) antes mencionado y no sería un margen “pro exportación”; desde otra perspectiva, se infiere que las operaciones hechas con ese margen bruto deben haber tenido una rentabilidad muy ajustada, sino nula o negativa, lo cual no era claramente una buena noticia para la cadena.
La depreciación cambiaria de mayo ha venido a modificar significativamente esta ecuación. Con un tipo de cambio de $23,70 (promedio estimado mayo), suponiendo un precio FOB LPE a US$ 3.063 (promedio primer cuatrimestre) con reintegros del 3% (que incrementa el ingreso por tn a US$3.155), se tiene un precio implícito del litro de leche exportada de $9,01. En caso de haberse pagado $6,60 por litro de esta última, se tendría un margen sobre el costo de la materia prima de $2,41, es decir, del 36,5%.  Nótese que si el tipo de cambio se estabilizase en $25,0 en Junio y el precio FOB LPE se mantuviese en US$ 3.063, la industria polvera exportadora podría obtener un margen bruto de exportación del 35,8% (una referencia muy razonable para exportar) pagando $7 por litro la leche cruda.
Con la devaluación la industria exportadora ha mejorado su capacidad de pago por leche cruda y es de esperar que ésta ofrezca en semanas y meses que vienen (junio /julio) un valor por la leche cruda que será probablemente superior al de meses anteriores en términos reales (una recomposición de precios nominales mayor a la tasa de inflación).  
El caso de la industria que vende a mercado interno es diferente, dado que sus ingresos dependen de lo que esté dispuesto a pagar el consumidor local menos los costos del eslabón comercial. A su vez, la disposición a pagar del consumidor depende (ceteris paribus preferencias, composición familiar, etc.) básicamente de su ingreso y cómo evolucione éste en relación al valor de otros bienes y servicios.
En los costos comerciales influyen, a su vez, los precios de salarios, energía, alquileres, la inflación general. El contexto actual del mercado interno, donde la inflación ha mostrado una leve aceleración, el crecimiento se está corrigiendo a la baja y el poder adquisitivo del salario se encuentra muy amenazado por la suba de precios (con segmentos de clase media afectados por suba de tarifas), no parecería ser el más propicio para absorber precios de lácteos creciendo en términos reales.
Desde otra perspectiva, un aumento importante de costos en las usinas lácteas, como implicaría la suba del precio de la leche cruda en un porcentaje como el que pueden pagar hoy los exportadores, que intente ser trasladado a precios de venta, podría “chocar” con una demanda muy “sensible”, con escasa predisposición a permitir ajustes de precios.  
Por otra parte, no debe perderse de vista que los precios de los lácteos en góndola se encuentran muy retrasados en lo que va de 2018, en el sentido de que, si bien han venido aumentando, lo han hecho a menor ritmo que otros productos. De hecho la canasta de productos lácteos (integración láctea) que monitorea IERAL se encuentra hoy un 8%/10% más barata que el año pasado (en términos reales). Este atraso en algún momento se debe corregir.
Considerando lo anterior y la suba del tipo de cambio de mayo, no debería sorprender si los productos lácteos se encarecen y suben por encima de la tasa de inflación en estas semanas que vienen. Por caso, bajo un escenario de inflación del 3% y 2,5% para mayo y junio’18, no sería descabellado pensar en una integración láctea subiendo entre un 7%‐10% en 2 meses.
A su vez, si los productores mantienen la participación que tuvieron en jun’17 (26,7% del valor de la integración al mercado interno), la sub‐cadena que comercializa en mercado local podría llegar a pagar entre $6,60‐ $6,80.   En un contexto en que el mercado externo podría pagar un valor cercano a $7, y estaría con expectativas de crecer, la industria láctea podría ofrecer para junio valores en el rango que va de $6,60 a $7, según el mix de mercados que se atienda (mercado interno / mercado externo).
La clave estará finalmente en cómo se terminen alineando la oferta de productos lácteos y la demanda en el mercado interno; por ejemplo, si el sub‐circuito exportador lograse “sacar mucha leche” (por ser éste un buen momento para el negocio y/o porque la expectativa es que el negocio sea bueno a futuro), de forma tal que la oferta de lácteos al mercado local se termine resintiendo respecto al 2017, en ese caso, si habría más recorrido posible en los precios que reciben los distintos actores de la cadena (leche cruda / productor, lácteos / industria). Pero si la exportación se apropiase, por caso, de sólo una parte de la mayor producción de leche que aparentemente habrá este año (+4%/+5%), y la oferta neta de lácteos al mercado interno se mantuviese igual o por encima de la del 2017, menos chances habrá de observar mejoras de precios relevantes en la parte de la cadena que se encuentra vinculada al mercado interno. 

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Lechería: trabajo conjunto para la sanidad e inocuidad de la Agricultura Familiar

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 El objetivo general de dicha mesa, es contribuir a mejorar sanidad e inocuidad de la producción lechera de la Agricultura Familiar generando productos lácteos que cumplan con las normativas vigentes, desde la unidad productiva hasta su comercialización.

La mesa interministerial es convocada para abordar en forma conjunta la temática de sanidad e inocuidad en la producción y transformación de alimentos de la Agricultura Familiar con una mirada focalizada y concentrada en un territorio que permita lograr mayor celeridad e integralidad, buscando que las fuentes de financiamiento disponibles y los trabajos técnicos realizados confluyan para lograr el mayor impacto posible. De esta manera, los actores participantes entienden la necesidad de trabajar interinstitucionalmente para que el Estado, en todos sus niveles, llegue al productor de manera coherente y con acciones tendientes a fortalecer el desarrollo rural.

Jerónimo Lagier, coordinador provincial de la Secretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial del Ministerio de Agroindustria de la Nación, comentó que “en continuidad con el trabajo de terreno de nuestros técnicos, buscamos mejorar la sanidad de los productos lácteos de las cooperativas que agregan valor a la leche. Para ello, hemos programado reuniones con los actores integrantes de las Cuencas Lecheras del Alto Uruguay y San Antonio”. A su vez, Lagier destacó que “estas agroindustrias lecheras vienen cobrando importancia a partir de la elaboración de productos de calidad y con un impacto positivo dentro de la chacra y la economía familiar”.

Por otra parte, Ricardo Spachuk, director de Producción Animal del Ministerio del Agro y la Producción, enfatizó el trabajo que realiza su cartera en materia de sanidad, genética y nutrición animal. “En lo que refiere a sanidad, nuestra expectativa es continuar con el saneamiento y relevamiento del stock ganadero de la región para llegar a declararla como zona libre de brucelosis y tuberculosis”, agregó Spachuk.

En tanto, Mariana Barros, en representación de la Coordinación Nacional de Agricultura Familiar de SENASA, explicó que “se busca continuar un trabajo tendiente a la formalización de las unidades productivas para que puedan estar alcanzadas por las normativas que refieren a brucelosis y tuberculosis, dos enfermedades de importancia zoonótica para la familia productora como para los productos que elabora y apuntando siempre a mejorar el conjunto de las acciones sanitarias”.

La reunión contó con el acompañamiento de Horario Babi, director de la Estación Experimental INTA Cerro Azul, técnicos de terreno de las diferentes instituciones participantes, representantes de los municipios y las cooperativas lecheras de la región.

Cuenca lechera del Alto Uruguay

La realización de esta Mesa Interministerial se inscribe como continuidad de un trabajo de diagnóstico de la actividad lechera y su potencialidad para el agregado de valor e industrialización para la elaboración de políticas públicas que acompañen el desarrollo de los productores misioneros. Dicho diagnóstico cuenta con el impulso del Ministerio de Agroindustria de la Nación con el apoyo de la FAO, SENASA, INTA, Ministerio del Agro y la Producción, municipios, cooperativas, técnicos y productores.

En este sentido, día a día, más de 240 productores agregan valor a la producción de leche transformando en quesos de pasta blanda y semi blanda a través de 5 cooperativas lácteas en la región del Alto Uruguay: Las Mercedes (San Vicente), Sarandí (El Soberbio), CAUL, Lácteos Aurora y Esperanza Km 7 (Colonia Aurora).

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El precio de la leche en Argentina es el segundo más caro del mundo

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Por los costos internos y el atraso del dólar, el litro de leche en comercios cuesta USD 1,55 en nuestro país. Solo en Canadá es más caro: USD 1,86.

El Departamento de Estadísticas y Tendencias del Centro de Almaceneros, Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba realizó un estudio con los precios de la leche vacuna fluida alrededor del mundo.

Según el informe, durante el 2017 “el precio de la leche en nuestro país rompió la ‘media’ internacional para situarse u$s0,55 por encima de ésta”.

“En un ranking (descendente) de 36 países referentes, Argentina ostenta el segundo lugar – superado solamente por Canadá – en el precio de venta de este producto, sin embargo en un comparativo de salarios promedios entre los mismos países rankeados Argentina se encuentra decimotercera”, precisa el trabajo.

El estudio pone de manifiesto que “Argentina durante el 2017 rompe los estándares internacionales -respecto al precio al consumidor de la leche fluida – perjudicando de manera directa a los consumidores”.

“Acá hay que manejar los volúmenes para que cuando sobra leche hay que exportarla sí o sí, al precio que sea, porque no hay que sobreofertar el mercado interno. Hay que buscar un sistema por el que el productor perciba lo justo. No es posible que el productor se lleve el 29% de la torta y la comercialización el 30%, la industria el 28%, y el resto el Estado con los impuestos”, detalló a radio Mitre el presidente de la Mesa de Productores Lecheros de Santa Fe, Marcelo Aimaro.

El problema de los costos estructurales en la Argentina, en un presente de alta inflación por encima del 20% anual, también deja en evidencia que a pesar de los precios récord al público, que medidos en dólares superan los internacionales, los salarios promedio entre los mismos países comparados dejan a la Argentina en el puesto 13° del listado, según el análisis del Centro de Almaceneros de Córdoba.

“Sin lugar a dudas, el precio de la leche fluida en Argentina se encuentra desfasado y desequilibrado respecto al precio internacional, ocasionando unabrupto descenso en su consumo y el encarecimiento de sus derivados”, concluyó el análisis.

Marcelo Aimaro aseguró que “el productor recibe 5,5 pesos por litro de leche, mientras que el consumidor la paga entre 20 y 25“.

“No hay una política lechera y esto sumado a una fuerte crisis por la inclemencia del tiempo, ya venimos de tres crisis hídricas, hizo caer la producción de 8 millones de litros a no más de 5 millones“, es decir, un 37,5%, destacó Aimaro. “Ya importamos manteca y vamos camino a comprar leche también. En el primer semestre de este año ingresaron 392 mil kilos de manteca contra cero en 2015. La crisis también eleva los precios”, manifestó.

“En ninguna parte del mundo el sector de la lechería es libre total de regulaciones. En Canadá es un sistema cerrado con cuotas en el que cada productor puede producir una cierta cantidad, no puede haber traspaso de leche entre provincias y el productor percibe un precio que se fija de acuerdo a lo que produce la industria y lo que se vende en la góndola”, explicó Aimaro.

“En Nueva Zelanda, país con el que nos quieren comparar, ellos son 90% exportación y 10% consumo interno, al revés de lo que es la Argentina. Para nosotros es muy difícil seguir ese modelo, porque prácticamente hoy no sobra leche y no podemos exportar, cuando el precio internacional es más bajo que el mercado interno“, agregó el titular de la Mesa de Productores Lecheros santafesino.

La carestía de precios, los elevados costos de producción y la baja en los volúmenes procesados por la industria láctea se registran en paralelo a una baja en el consumo. Un informe del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (CESNI) reveló que los argentinos consumen un 26% menos de lácteos que hace 17 años y el mayor descenso lo representa la leche (-38%), mientras el 87% de los adolescentes y el 72% de los niños de entre 5 y 12 años no alcanza la recomendación de tres porciones por día para cubrir las necesidades de calcio establecidas para las distintas etapas de la vida.

Apenas por encima de los 200 litros de leche por año, el consumo per cápita en nuestro país se ubica en niveles similares a los de los últimos 10 años, pero claramente por debajo de los niveles de la década de 1990.

Según datos del Observatorio Lácteo, dependiente del Ministerio de Agroindustria, la producción de leche en el 2016 -afectada por la inundación de campos y una economía adversa- llegó a 9.895 millones de litros de leche, lo que significa una caída del 12,5% respecto a los 11.314 millones registrados en el 2015.

Asimismo, las exportaciones lácteas registraron en el 2016 una caída del 27% anual, con 1.647 millones de litros y 300 mil toneladas vendidas al exterior. Con la exportación de 135.297 toneladas de leche en polvo, con un valor promedio de USD 2.596 por tonelada, se constató una caída del 16,7 y 24,4 por ciento respectivamente.

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La alergia a la proteína de la leche de vaca afecta a cerca de 50 mil niños menores de 3 años

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La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) es una afección que padecen entre el 2 y el 3% de los niños menores de 3 años y que es importante identificar a tiempo. Este tema fue abordado en una mesa redonda sobre alergias alimentarias en el marco del 6º Congreso Argentino de Gastroenterología Pediátrica, dentro de la Semana de Congresos y Jornadas Nacionales 2017 organizados por la Sociedad Argentina de Pediatría.

El Dr. Claudio Parisi, Presidente de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), destacó que pese a que la APLV se manifiesta mediante síntomas subjetivos e inespecíficos, y un grupo importante de ellas no cuenta con métodos objetivos para su diagnóstico, entre otros signos tenemos que estar alertas a la presencia de llanto persistente, sangrado en la materia fecal, reacciones alérgicas, síntomas símil reflujo, cólicos y retraso en el crecimiento (enteropatía), situación esta última que puede suceder cuando el bebé no es diagnosticado a tiempo.

Existen varios tipos de APLV: las mediadas por el IgE, un anticuerpo involucrado en el proceso alérgico, y por lo general responden de manera inmediata frente a la ingestión del alimento. “Son relativamente sencillas de diagnosticar, pero se debe tener en cuenta que varían en intensidad en función de la cantidad de alimento ingerido y que también puede suceder que el mismo alérgeno alimentario no siempre produzca la misma sintomatología, ni de similar intensidad”, alertó el Dr. Boggio Marzet,pediatra gastroenterólogo y Coordinador del Grupo de Trabajo en Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Pirovano.

Luego, se encuentran las no mediadas por IgE y que, como principal característica, se observan síntomas inespecíficos de aparición mucho más tardía y que no responden a las pruebas de alergia. “En ambas situaciones, el tratamiento se inicia con la llamada ‘dieta de exclusión’, que consiste en la supresión inmediata en la dieta de la mamá del alimento sospechado, en este caso la leche de vaca y todos sus derivados, mientras que cuando ya no se mantiene el amamantamiento o el bebé recibe alimentación complementaria, la supresión también debe alcanzar al niño”, subrayó el Dr. Parisi.

“En estos casos, como complemento a la leche de vaca que el niño no puede ingerir, se recomienda la incorporación de leches de fórmula especiales, bajo indicación del médico tratante. Por lo general, si las manifestaciones son leves, se indican fórmulas especiales, que tienen la proteína de la leche de vaca ‘rota’ o fragmentada, lo que disminuye su capacidad de generar alergia. Son las fórmulas extensamente hidrolizadas, y, si los síntomas son más severos, se recomiendan las fórmulas a base de aminoácidos, adonde directamente la proteína está fragmentada en el 100% de su totalidad con lo cual la capacidad de generar alergia es prácticamente nula”, sostuvo el Dr. Boggio Marzet. “La cobertura de estas fórmulas está garantizada por la ley de leches medicamentosas, que entró en vigencia en febrero”, agregó.

“Afortunadamente, la mayoría de estos cuadros de ALPV, cualquiera sea su origen, suelen revertir por sí solos antes de los 3 años de edad. Sin embargo, en niños pequeños representa un problema serio que debe atenderse, ya que se corre el riesgo de que se presente un cuadro severo de desnutrición y otras complicaciones como problemas serios en el crecimiento”, se encargó de aclarar el Dr. Parisi.

“Ya en un trabajo de nuestro equipo presentado en 2010 en el Congreso Anual de la Sociedad Norteamericana de Gastroenterología Pediátrica, Hepatología y Nutrición[1], observamos que cuanto más tarde se diagnostica y se trata la APLV, mayor es el riesgo de comprometer seriamente las curvas de crecimiento de estos niños. No debemos perder de vista que, en el mejor de los casos, el tiempo promedio desde la aparición de los primeros síntomas hasta el diagnóstico no es inferior a los 3 meses”, concluyó el Dr. Boggio Marzet

Estudio argentino sobre APLV y cesáreas

Entre las causas que aumentarían el riesgo de presentar alergia a la proteína de la leche de vaca, se destacan los antecedentes de alergias en la familia, pero aparece también el nacimiento por cesárea.

Ese tema fue estudiado en una investigación denominada “¿Es el parto por cesárea un factor de riesgo para el desarrollo de alergia a proteína de leche de vaca (APLV) en lactantes argentinos?”. Ésta fue liderada por el Dr. Christian Boggio Marzet con la participación de las doctoras María Anabel Tilli y María Teresa Basaldúa, del Grupo de Trabajo en Gastroenterología & Nutrición Pediátrica del Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano.

Entre los años 2010 y 2014, se relevaron 238 pacientes de una edad promedio de 7 meses y con un peso promedio de 3.149 g, que presentaban signos aparentes de APLV. Del total, un 56,3% había nacido por cesárea y un 43,7% por parto natural. Entre su conclusión principal, se halló que aquellos niños que no habían transitado el canal vaginal tendrían un riesgo más elevado para desarrollar reacciones inmediatas de alergia a la proteína de la leche de vaca y también reacciones tardías, como reflujo gastroesofágico y cólicos. El trabajo fue publicado en el Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition[2].

La flora intestinal, técnicamente llamada ‘microbiota’, está colonizada por millones de bacterias que determinan gran parte de la inmunidad del individuo. El bebé recibe de su madre esos primeros gérmenes beneficiosos que se alojarán en su intestino por nariz y por boca durante su paso por el canal vaginal. En contrapartida, los primeros gérmenes que reciben aquellos que nacen por cesárea son los que circulan en la sala de parto, que no son los microorganismos que lo ayudarán en el desarrollo del sistema inmunológico en el intestino. Esta situación empeora cuando la mamá ha recibido antibióticos por alguna infección (aún durante el propio parto), cuando el nene es prematuro o cuando desde muy temprano no recibe lactancia materna.

“Promoviendo el parto vaginal, siempre que sea posible, y fomentando la lactancia materna, estaremos contribuyendo a la formación de una microbiota más protectora, que sin dudas ayudará a la formación del sistema inmunológico del intestino y lo fortalecerá frente a este tipo de agresiones como las alergias a la proteína de la leche de vaca”, manifestó el Dr. Christian Boggio Marzet.

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Con una fuerte caída en la producción, el consumo de leche se desplomó 25%

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La crisis láctea dejó en 2016 unos datos alarmantes. La producción primaria de leche alcanzó 9711 millones de litros, lo que significó una caída de 14,17% en comparación con 2015.

Esta caída fue la mayor baja desde 1970 (semejante al retroceso experimentado en 2002 cuando en plena crisis económica e institucional la retracción había sido del 10%) y evidencia la complicada situación que vienen atravesando los tambos y la industria lechera en el país en los últimos años.

En términos de litros, fueron 9,7 millones los producidos, la peor marca desde 2007, cuando se produjeron 9,5 millones. Los datos fueron provistos por un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), en base a la Subsecretaría de Lechería del Ministerio de Agroindustria.

Si bien las causas principales que menciona el informe citan a la merma de consumo en el mercado interno, por la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores producto de la inflación, y la retracción en la demanda externa, en gran parte también influyeron las fuertes inundaciones que sufrió la principal cuenca lechera del país (Santa Fe-Córdoba), en la primera parte del año (que se replicaron a comienzos de este año), además de la baja de rentabilidad que los tamberos y la industria vienen sufriendo desde hace varios años.

Quizás, el caso SanCor sea el más emblemático, pero para muchos pequeños productores la situación se volvió insostenible. Según el Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA), en 2016 se cerraron 460 tambos, duplicando la tasa promedio de cierre de los últimos años. “Incidieron sobre el sector los aumentos en el valor de los combustibles, lo cual encareció la logística, además de la decisión de la actual administración de eliminar buena parte de las retenciones agrarias sin ofrecer compensaciones a los productores lácteos”, critica el informe de la Undav, que además agrega que como subproducto de la devaluación de diciembre de 2015 y de la subsiguiente eliminación de los derechos de exportación de la mayoría de los cereales agrícolas, “se produjo un desacople entre los precios de venta de la producción primaria hacia el entramado industrial y los costos productivos del tambo”.

El relevamiento sostiene que el consumo anual de leche por habitante, medido en litros, cayó desde un promedio mensual de 44 litros consumidos durante 2015 a 40 litros en 2016, el menor consumo per cápita desde la salida de la crisis de 2001.

La mayor parte de la caída es explicada por la situación de la leche pasteurizada consumiéndose casi 6 litros menos de este producto en 2016 (-20%). Por su parte el consumo de leche esterilizada creció 15% y la de leche chocolatada disminuyó 10%. En el agregado, el consumo de leche fluida cayó 9,3% de un año a otro. Dentro de la menor demanda interna, la leche en polvo fue la que registró la caída más fuerte, con 43,8% interanual; seguida por la manteca, con 13,1%; el yogur, con 9,8%; y la leche líquida, con 9,3%.

En cuanto a la balanza comercial del sector, el análisis remarcó que las exportaciones lácteas totales pasaron de 428 millones a 378 millones de litros, con un baja de 13,23%; mientras que en divisas cayó 50,72%, de u$s 1352 millones en 2015 a u$s 897 millones en 2016. Como ejemplo, se menciona que este escenario derivó en que las siete principales exportadoras de lácteos del país presentaran una caída en el monto de exportaciones en 2016 lo cual, a su vez, explica mermas de hasta el 71%.

Por su parte, las importaciones del sector también estuvieron en alza -cuenta El Cronista – ya que alcanzaron los 5,3 millones de kilos, 55,9% mayores a las del año anterior, y en volumen totalizaron los u$s 16,9 millones, lo que significó un crecimiento de 43,22%.

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