Leche

El mundo quiere más “prote” (pero no la necesita)

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El yogur tiene proteína. El pan tiene proteína. Las papas fritas tienen proteína. El agua todavía no, pero es cuestión de tiempo. La obsesión global por el macronutriente del momento creó una demanda que la industria no puede satisfacer  y la escasez ya está llegando al precio de lo que comemos.

Mirá la góndola del supermercado con otros ojos.

El cereal que comías de chico ahora tiene un sello que dice “con proteína”. La galletita que comprás para el café tiene proteína. El snack de la tarde tiene proteína. El agua con gas, en algunos mercados, ya se vende “enriquecida con proteína”. La palabra aparece en los envases con la misma omnipresencia que “sin TACC” o “light” en décadas anteriores, como si nombrarse proteico fuera suficiente para volverse saludable.

Camila Veller, nutricionista posadeña con millones de vistas en el canal de YouTube “Dr. Veller” que conduce junto a sus hermanos médicos, lo describe con una precisión que no admite ambigüedades: “La proteína siempre existió en los alimentos. Ahora se ve un cambio y sucede lo que en otros momentos con las etiquetas de ‘light’ u ‘orgánico’. Ponerle proteína a todo es más una moda que una necesidad real. Debemos leer los ingredientes en el reverso. Si son varios y con nombres que ni siquiera podemos pronunciar podemos hablar de un ultraprocesado. Y aunque tenga proteína, eso no lo hace saludable.”

Detrás de esa moda de góndola hay una cadena de producción que, en 2026, está al borde del colapso.

El whey protein (suero de leche concentrado o aislado, el ingrediente que la industria usa para “proteinizar” casi todo) está en escasez crítica. Según datos del USDA, los precios subieron más del 50% desde enero de 2026 solo. En los últimos dos años, el concentrado de suero acumuló un aumento del 108% y el aislado del 139%. Algunos proveedores ya están vendidos para todo el año. Otros tienen lista de espera hasta 2027. Fuente: USDA / Vesper Analytics / XWERKS, mayo-junio 2026.

Para entender por qué esto importa más allá del gimnasio, hay que entender qué es el whey y por qué no se puede simplemente producir más.

El suero de leche es un subproducto de la fabricación de queso. Cuando se cuaja la leche para hacer queso, queda un líquido sobrante: eso es el suero. Durante décadas fue literalmente un desecho que las queserías tiraban o usaban como fertilizante. Luego la industria del fitness descubrió que ese líquido, procesado y concentrado, era una fuente de proteína de altísima calidad y bajo costo. Nació el negocio del whey.

El problema estructural es este: nadie produce suero de manera independiente. Para tener más suero, necesitás fabricar más queso. Y fabricar más queso requiere más vacas, más leche, más plantas queseras, más tiempo. No es un proceso que se escala en meses.

Más demanda de whey

industria alimentaria + fitness + GLP-1

Necesitás más suero

pero el suero viene del queso

Para más queso

necesitás más vacas, más leche, más plantas. Años, no meses.

Esa es la trampa. El mercado explotó. La oferta no puede seguirle el ritmo. Y los precios subieron a niveles que nunca se habían visto.

¿Qué causó la explosión de demanda? Dos fuerzas que se potenciaron mutuamente y que no estaban en ningún modelo de proyección hace cinco años.

La primera es la “proteínización” de la industria alimentaria. Durante la última década, el marketing nutricional encontró en la proteína su argumento ganador. A diferencia del azúcar o la grasa la proteína tiene buena prensa universal. Construye músculo. Da saciedad. Ayuda a envejecer mejor. Ningún nutricionista serio dice que la proteína es mala. Entonces la industria la adoptó como sello de salud y empezó a agregar whey a todo: barras, yogures, panes, pastas, snacks, bebidas. El 60% de los consumidores globales dice que está incorporando más proteína a su dieta. Eso es un mercado enorme buscando el mismo ingrediente.

La segunda fuerza es inesperada y más poderosa: los medicamentos GLP-1.

El Ozempic, el Wegovy y sus variantes son los fármacos para bajar de peso más usados de la historia. En Estados Unidos, aproximadamente el 12% de la población ya usa GLP-1  (uno de cada ocho adultos). El mecanismo de estos medicamentos reduce el apetito drásticamente. El problema es que cuando alguien come mucho menos, tiende a perder no solo grasa sino también masa muscular. Y los médicos que los prescriben recomiendan sistemáticamente un suplemento: proteína de suero.

El resultado es una tormenta perfecta que los precios ya están reflejando. El whey protein isolate llegó a los 11 dólares la libra — niveles que el mercado nunca había visto. Las marcas grandes compraron stock por adelantado y todavía están absorbiendo el costo internamente, pero los analistas advierten que esa protección dura entre 12 y 18 meses. Para fines de 2026 o principios de 2027, el precio del suplemento de proteína en la góndola podría subir entre un 50% y un 100% respecto a 2024.

Pero hay una dimensión de esta historia que los análisis de mercado no cuentan. La nutricional.

¿Necesitamos realmente tanta proteína?

La respuesta de la ciencia es más matizada de lo que el marketing sugiere. Las guías alimentarias de EE.UU. 2025-2030 recomiendan entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal para adultos activos. Una persona de 70 kilos debería consumir entre 84 y 112 gramos diarios. Eso se cubre perfectamente con una dieta variada que incluya legumbres, carnes, lácteos y cereales integrales. No requiere suplementos. No requiere panes “proteicos”. No requiere agua con whey.

La mayoría de los adultos en países desarrollados ya consume suficiente proteína sin suplementación. La deficiencia proteica es un problema real en contextos de pobreza y malnutrición severa no en los consumidores de supermercados que compran barras proteicas. El problema no es falta de proteína: es exceso de marketing que convirtió un macronutriente necesario en una categoría de consumo aspiracional. 

Hay algo más perturbador que el precio. El whey que la industria agrega masivamente a sus productos no siempre mejora el perfil nutricional del alimento.“Una galletita no deja de ser una galletita. Un ultraprocesado puede tener proteína pero no deja de tener varios ingredientes más que no son nada saludables” agrega la nutricionista Veller. 

Mintel advierte señales claras de saturación del discurso proteico en América Latina, similares a las ya observadas en Europa y Estados Unidos. El consumidor empieza a entender que no todo lo que dice “proteína” es lo que promete. Pero la industria, que invirtió enormes sumas en reformular sus productos con whey, necesita tiempo para girar y mientras tanto sigue comprando suero al precio más alto de la historia.

Once mil millones de dólares en nueva capacidad de producción de whey fueron anunciados en EE.UU. en los últimos meses, según datos corporativos de mayo de 2026. Pero esas plantas tardarán años en construirse y ponerse en marcha. El alivio de oferta significativo no llegará antes de fines de 2027. En el mientras tanto, la industria alimentaria que apostó todo a la proteína tiene que navegar con precios récord, proveedores sin stock y consumidores que todavía no vieron los aumentos trasladados al precio final. 

La ironía de fondo es esta: el mundo desarrollado construyó una crisis de suministro en torno a un ingrediente que, para la mayoría de sus consumidores, es un lujo nutricional disfrazado de necesidad. Mientras tanto, la deficiencia proteica real, la que afecta a millones de personas en países sin acceso a dietas diversas, sigue siendo un problema que no tiene góndola ni marketing ni inversores dispuestos a pagar 11 dólares la libra para resolverlo.

La nutricionista Camila Veller es muy clara“La proteína en polvo no es algo malo. Puede ayudar a suplementar dietas, genera saciedad y puede ayudar en muchos aspectos. Pero como todo en la vida, no es algo mágico. Puede ser parte de una dieta equilibrada. Y no necesariamente es para todos: la mayoría de las personas puede alcanzar sus metas proteicas con una dieta con componentes ricos en proteína.”

El whey escasea porque todos lo quieren. El problema es que muchos de los que lo quieren no lo necesitan. Y los que lo necesitan de verdad nunca pudieron pagarlo.

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Créditos a valor producto: El Gobierno Nacional junto al BICE amplían su línea para tamberos

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En el marco de la Exposición TodoLáctea 2026, el Gobierno Nacional anunció una nueva línea de capital de trabajo en valor producto para recría y engorde de ganado bovino perteneciente al sector tambero.

El anuncio fue realizado en el predio de la Sociedad Rural de San Francisco de la provincia de Córdoba por representantes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación y del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), la entidad financiera que canaliza la herramienta.

Los créditos financian la alimentación y compra de insumos para animales de la cadena destinados a la comercialización de carne, como los terneros machos que no integran el circuito lechero o las hembras que no son seleccionadas para reposición. Esta herramienta optimiza los recursos de los productores y fomenta el desarrollo de sistemas de producción mixtos o de ciclo completo (integración actividad tambera-ganadera).

El diferencial de este tipo de financiamiento es que las cuotas se fijan en kilos de novillo -que no varían durante toda la vida del préstamo- y se abonan en pesos al valor del índice INMAG (Índice Novillo del Mercado Agroganadero), mercado que estos animales integran cuando salen del tambo.

El monto máximo es de hasta $800 millones por productor y se otorga en UVA con una tasa fija del 8% anual y plazo de hasta 3 años. Para acceder, las empresas deben ser MiPyME dedicadas a la producción de leche bovina y contar con actividad comprobable de al menos dos años.

Además de esta nueva línea, BICE cuenta con créditos en valor producto para el sector tambero (cuyas cuotas de repago se fijan en litros de leche) para el financiamiento de la compra de sistemas de ordeño robóticos, rotativos, automatización de salas, sistemas de monitoreo, tanques de refrigeración, pasteurizadores y mejora de las instalaciones, entre otros proyectos. Desde su lanzamiento, el banco desembolsó más de $22.000 millones entre empresas de todo el país, principalmente de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe.

Dos de los proyectos financiados por esta herramienta dieron a conocer sus inversiones durante la realización de Todoláctea. El Establecimiento San Ignacio inauguró robots de ordeño en su campo de la localidad cordobesa de Arroyo Algodón, con los que incrementará un 25% la producción de leche. Por otro lado, El Lahual, de Villa María, presentó un sistema de ordeño rotativo de última generación (calesita) con la que duplicarán su tambo (de 600 a 1.200 vacas) y aumentarán el promedio de litros de leche de vaca por día.

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Los argentinos comen 5 kilos menos de carne al año y más del 25% de los precios siguen siendo impuestos

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El precio de los alimentos es una de las mayores preocupaciones del día a día y puede hacer que el plato de las familias cambie. Así lo revela el informe Composición de precios que dio a conocer FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina). Desde el último año, comemos cinco kilos menos de carne de vaca: pasamos de consumir 49 kilos y medio a 44 kilos y medio por año por persona. Por otro lado, consumimos un kilo y medio más de carne de cerdo, ahora comemos 19 kilos y 300 gramos. “La suba de los precios cambia los hábitos de consumo: en el último año se registró una inflación del 33%. La carne de vaca aumentó 64% y la de cerdo 25%. Esta diferencia, entre otros motivos, causó que muchas familias opten por el cerdo como una alternativa más amigable con sus bolsillos”, explica Antonella Semadeni, economista FADA. También consumimos 7% más de lácteos, puede deberse a que el aumento en el último año fue del 13%, por debajo de la inflación. 

La guerra en Medio 0riente empieza a impactar en las góndolas. Actualmente, los costos son: el 51% del precio de la carne, el 61% del pan y el 71% de la leche y podrían pesar más por el aumento del combustible y la urea que se utiliza para los cultivos. “Lo que pasa en Medio Oriente afecta nuestros bolsillos: en el actual contexto de guerra, el primer costo que va a subir es el de los fletes, principalmente por el aumento en los combustibles debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. El flete representa el 6% del precio del sachet de leche y es el 8% de los costos del productor de trigo”, detalla Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa FADA. “Los aumentos en la logística van a repercutir en precios y en las ganancias de los diferentes eslabones que producen estos alimentos”, afirma la economista.

Pan, leche y carne: ¿Por qué suben?

Desde el campo hasta la mesa, cada etapa incorpora costos de producir, tiene ganancias y paga impuestos que se van acumulando a lo largo del proceso y dan como resultado el precio que pagamos en la góndola, no es algo azaroso o arbitrario

En cualquiera de los 3 productos, $1 de cada $4 que pagamos, son impuestos”, revela María Luz Silvetti, economista FADA. “En otras palabras, cada 4 bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos y nos tomamos un vaso de leche por cada sachet”, agrega. ¿Cuáles son esos impuestos? Los que se destacan son: el IVA a nivel nacional, ingresos brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal”, detalla Silvetti. Del total de los impuestos que se pagan en estos productos, más del 70% corresponden a nivel nacional.

Cambios en los costos o en los impuestos pueden hacer que los precios suban y las ganancias disminuyan, con mayor o menor impacto. “Por ejemplo, una variación en el precio de los granos impacta en los siguientes eslabones. Sin embargo, dentro del precio final, el maíz representa sólo el 12% del precio final de la carne de cerdo, 13% en carne aviar, 6% en carne de vaca y 4% en leche. El trigo es sólo el 10% del precio final del pan francés”, expresa Semadeni. “De esta forma se deduce que los granos no influyen tan fuertemente ya que alrededor del 90% de los costos son otros”, agrega la economista.

El precio empieza mucho antes de la góndola

Al analizar por alimento, vemos que del precio de la carne, un 51% son los costos, 28% los impuestos y 21% la ganancia. “Para llegar a los bifes que compramos es necesario un proceso que lleva años, con costos importantes como la tierra donde se crían los animales, la sanidad, la alimentación, el transporte, el personal”, explica Fiorella Savarino, economista FADA. Al examinarlo en orden, se ve que en el precio de la carne de vaca el 35% es la cría, 16% el feedlot, 1% frigorífico, 20% carnicería y 28% impuestos.

En el caso del pan el 61% son costos de producir, el 24% impuestos y el 15% la ganancia. “Este precio se construye a lo largo de toda la cadena. Si lo vemos por eslabones, cronológicamente, la producción del trigo en el campo es el 7% del precio del pan, el molino el 4% y la panadería el 65%, el otro 24% son los impuestos.

En la leche 71% son costos, 26% son impuestos y sólo un 3% son ganancias. Del valor que pagamos al comprar un sachet, el tambo es el 27%, 24% la industria, 23% el comercio y 26% los impuestos.

“COMPOSICIÓN DE PRECIOS” EN NÚMEROS

CARNE

  • Comemos 5 kilos menos de carne de vaca y un kilo y medio más de cerdo.
  • Consumíamos 49 kilos y medio de carne de vaca, ahora 44 kilos y medio.
  • Nos comemos un cuarto kilo de impuestos por cada kilo de carne.
  • 28% son impuestos, el 51% son costos y 21% ganancia.
  • El maíz representa sólo 6% del precio final de la carne.
  • Precio carne por eslabones: la cría representa el 35%, el feedlot 16%, frigorífico 1%, carnicería el 20% y los impuestos el 28%.

LECHE

  • Consumimos 7% más de lácteos, en el último año.
  • Nos tomamos un vaso de impuestos por cada sachet de leche.
  • 71% son costos de producción, 26% impuestos y 3% ganancia.
  • El maíz representa el 4% del precio del sachet al consumidor.
  • Precio leche por eslabones: el tambo representa el 27%, la industria el 24%, el comercio 23% e impuestos el 26%.

PAN

  • Precio del pan: el 61% son costos, el 24% impuestos y el 16% la ganancia. 
  • El trigo representa sólo el 10% del precio.
  • Cada 4 bollitos de pan, nos comemos 1 de impuestos. 
  • Precio pan en eslabones: el trigo representa el 7%, el molino el 4%, la panadería el 65% y los impuestos el 23%.
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Repunte nominal y caída real: radiografía del consumo lácteo en supermercados

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En mayo de 2025, las ventas de productos lácteos en supermercados argentinos alcanzaron los $235.406,7 millones, lo que representa un incremento del 4,0% en comparación con abril, y un 0,7% si se mide el promedio diario. En la comparación interanual, el crecimiento fue del 38,4%, superando por más de 8 puntos porcentuales al Índice de Precios al Consumidor (IPC) de productos lácteos del INDEC (excluyendo huevos), que se ubicó en el 30,4% para el mismo período, según los datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina.

Este diferencial sugiere un escenario optimista a primera vista: habría aumentado el volumen de venta de productos lácteos o, en su defecto, se habría producido una mejora en el mix de consumo, con una mayor participación de productos de mayor valor unitario. Sin embargo, al analizar los datos en moneda constante -es decir, descontando el efecto inflacionario- el panorama cambia.

La evolución en términos reales muestra que el repunte nominal no alcanza para sostener el nivel de consumo: las ventas en moneda constante crecieron apenas un 2,5% en relación al mes anterior, pero cayeron un 0,8% si se analiza el promedio diario. En la comparación interanual, la contracción real fue del 3,5%, y el acumulado del primer cuatrimestre (enero a mayo) frente al mismo período de 2024 arroja una caída aún más pronunciada: -21,9%.

Estos datos evidencian que, a pesar de una recuperación en valores corrientes, el poder adquisitivo de los consumidores sigue deteriorado y el volumen de productos vendidos no logra sostenerse frente a la inflación acumulada.

Por otro lado, la participación de los productos lácteos en el total de las ventas de supermercados fue del 11,8% en mayo de 2025, levemente por encima del promedio histórico de los meses de mayo en los últimos 13 años (11,5%). Este comportamiento refuerza la idea de un consumo que, aunque debilitado en términos reales, mantiene cierta estabilidad dentro de las canastas básicas del supermercado.

En suma, el comportamiento del mercado lácteo en supermercados refleja un fenómeno dual: mejora relativa de la facturación en términos nominales -favorecida en parte por una recomposición de precios y/o cambios en la calidad del mix consumido-, pero con una demanda real todavía deprimida frente a la inflación acumulada. Para el sector, el desafío sigue siendo recuperar el volumen sin resignar rentabilidad en un contexto de fuerte contracción del consumo.

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Cada cuatro pancitos, nos comemos uno de impuestos

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En el desayuno de tostadas con café con leche tomamos la energía para encarar el día. Pero resulta que también nos comemos grandes cantidades de impuestos. Cada 4 bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos y nos tomamos un vaso de leche por cada sachet. Es decir, en el precio que pagamos por muchos de los productos, hay más impuestos que ganancia. Por ejemplo, en la leche hay 26% de impuestos y 7% de ganancia y en el pan 24% impuestos y 16% ganancias. Son datos que arroja el último informe de “Composición de precios” de FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina). 

“En el almuerzo o cena pasa lo mismo, si vamos a la carnicería, por cada kilo de carne nos estamos llevando un cuarto de impuestos. Hay 25% de impuestos y 15% de ganancias.  En otras palabras, cada $10.000, estamos pagando $2.500 de carga impositiva. Esto se repite también en muchos de los productos, y en algunos casos esto se está haciendo más visible para el consumidor, por la aplicación de la nueva medida de transparencia que pide detallar el “precio con y sin impuestos” en las góndolas y tickets”, advierte Nicolle Pisani Claro, Economista Jefe de FADA. 

¿Qué pagamos en un precio?

“El precio que pagamos está compuesto por tres grandes categorías: los costos de hacer ese producto, la ganancia y los impuestos que se pagan en todo ese proceso. Pero ¿cuáles son esos impuestos y qué hay detrás de un producto en cuanto a costos? Los impuestos que se destacan son: el IVA a nivel nacional, ingresos brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal”, detalla Antonella Semadeni, economista de FADA. Y del total de esos impuestos, más del 70% corresponden a los nacionales.

“En cuanto a los principales costos, por ejemplo, para elaborar el pan tenemos: la electricidad, que pesa aún más por las actualizaciones en las tarifas, materia prima, el transporte, alquileres y el personal. Por ejemplo, el flete representa el 2% del precio al consumidor”, describe Pisani Claro.

“Hasta que llega a nuestra mesa, en cada etapa del producto hay costos e impuestos que se deben afrontar, así como las ganancias propias de una actividad productiva. Que los impuestos superen la ganancia, es una situación que puede tornarse injusta ya que, por ejemplo, en la cadena de la leche todo el proceso productivo está afectado por cuestiones climáticas, sujeto al precio del maíz con el que se alimentan las vacas, a los productos relacionados con la salud de los animales, al del combustible para el transporte… son muchas las variables que se enfrentan. En medio de todo eso, el Estado, a través de los impuestos, está presente en todos los eslabones y no afronta ningún riesgo”, analiza Semadeni.

¿Cómo se va componiendo el precio?

“El precio que pagamos por nuestros alimentos no es azaroso o caprichoso y puede desglosarse de diferentes modos. Esto hacemos en este informe”, explica Semadeni. Por ejemplo, en el caso del pan, desde el campo a la mesa el precio se multiplica 12 veces. ¿Qué hay en el proceso?: 60% de costos de producir el pan, 24% de impuestos y 16% de ganancias

En el caso de la carne, el precio está compuesto por un 60% de costos. Para llegar a los bifes que compramos es necesario un proceso que lleva mucho tiempo, con costos importantes como la tierra donde se crían los animales, la sanidad y la alimentación, el transporte, y el personal.

En la leche 67% son costos, 26% son impuestos y sólo un 7% son ganancias. Por ejemplo, para el tambo, los costos que más subieron en esta última medición fueron la alimentación de las vacas y todos los costos relacionados con la comercialización.

Al estudiar la composición de los precios de manera cronológica, vemos en el precio del pan que el 8% corresponde al trigo, 4% al molino, 64% a la panadería y 24% los impuestos. En la carne 28% es la cría, 24% el feedlot, 2% frigorífico, 21% carnicería y 25% impuestos. En la leche 28% es el tambo, 26% la industria, 20% el comercio y 26% los impuestos.

Precio con y sin impuestos ¿Para qué sirve esta medida?

“Es una forma de educar a los consumidores, para que se tenga noción del peso de los impuestos en los productos que compramos y entender la importancia de revisar todo el sistema impositivo en general. El informe de FADA también va en esa línea de aportar información e incluso intenta ir más allá, detallando cómo se va componiendo el precio a través de todos los eslabones y teniendo en cuenta los impuestos en todos los niveles de gobierno”, comenta Pisani Claro.

 “Creemos que esto ayuda a derribar ciertos mitos sobre cómo se conforman los precios que muchas veces traban políticas públicas importantes para los ciudadanos y para las áreas productivas. Por ejemplo, durante muchos años se creyó erróneamente que la baja de las retenciones, al impactar en el precio de los granos, iba a traer un importante aumento del precio de los productos básicos cuando no es así. En realidad, este informe muestra que el 90% del precio de los productos corresponde a múltiples factores como impuestos, transportes, alquileres, salarios, servicios, entre muchos otros. Por eso creemos que es importante visibilizar y derribar ciertos mitos para centrarse y focalizar en lo que necesitamos como consumidores y para todo el proceso de producción y elaboración”, concluye Semadeni.

“COMPOSICIÓN DE PRECIOS” EN NÚMEROS

  • 1.000 de cada 4.000 pesos que pagamos en carne, leche y pan, son impuestos.
  • En el total de impuestos a estos alimentos: 3 mil de cada 4 mil pesos, son impuestos nacionales.

PAN

  • Cada 4 bollitos de pan, nos comemos 1 de impuestos. 
  • Precio del pan: el 60% son costos, el 24% impuestos y el 16% la ganancia. 
  • El trigo representa sólo el 8% del precio.
  • Desde el campo a la panadería, el precio se multiplica por 12 en su recorrido. 
  • Precio pan en eslabones: el trigo representa el 8%, el molino el 4%, la panadería el 64% y los impuestos el 24%.

LECHE

  • Nos tomamos un vaso de impuestos por cada sachet de leche.
  • 67% son costos de producción, 26% impuestos y 7% ganancia.
  • El maíz representa el 4% del precio del sachet al consumidor.
  • El precio de la leche se multiplica por 3,5 del campo a la góndola.
  • Precio leche por eslabones: el tambo representa el 28%, la industria el 26%, el comercio 20% e impuestos el 26%.

CARNE

  • Nos comemos un cuarto kilo de impuestos por cada kilo de carne.
  • 25% son impuestos, el 59% son costos y 15% ganancia.
  • El maíz representa sólo 9% del precio final de la carne.

Precio carne por eslabones:la cría representa el 28%, el feedlot 24%, frigorífico 2%, carnicería el 21% y los impuestos el 25%.

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