Mendoza y una comparación necesaria
Las bases científicas que hoy justifican el desastre ambiental llevado a cabo en Mendoza son perfectamente comparables con los argumentos pseudocientíficos que argumentaron el holocausto de la Alemania nacional socialista.
La “eugenesia” es un término que refiere a las prácticas y creencias que promueven la idea de “mejorar” la genética humana propiciando la reproducción de aquellos que posean las características “deseables” en tanto a aspecto o inteligencia y, por otro lado, evitan la multiplicación de aquellos que posean características “indeseables”. El término fue acuñado en 1883 por Francis Galton, primo hermano de Charles Darwin, quien lo definió como “la ciencia de la mejora de la raza“. En sus inicios, la eugenesia ganó popularidad entre intelectuales y políticos, especialmente a principios del siglo XX, en países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y los países nórdicos. A lo largo de la historia, la eugenesia, ha sido argumento de diversas violaciones de los derechos humanos, a continuación, unos ejemplos: La colonización de América se sustentó en una eugenesia basada en la supremacía racial y religiosa, que consideraba a indígenas y africanos como razas inferiores. Promovió su eliminación, desplazamiento, mestizaje forzado y el “blanqueamiento” de la población para “mejorar” la composición humana del continente según el modelo europeo, sentando así las bases ideológicas de la eugenesia moderna. “La conquista del desierto” en Argentina, también representó la purga de indígenas de la Patagonia por orden de Sarmiento, cuyo busto se venera en las escuelas primarias de Argentina. La esclavitud tanto en estados unidos como en el resto de América, en el transcurso de los siglos XIX y XX, fue respaldada por la nueva teoría “científica” que dio en llamarse eugenesia, lo que derivó en el holocausto, el genocidio sionista sobre palestina, y otras guerras y segregación hacia todo aquello que no cumpla con el estándar de raza deseable.
Pero, qué tiene que ver esto con Mendoza?
Al igual que con la eugenesia, los argumentos que intentan respaldar la megaminería de cobre bajo los términos que establece el gobierno nacional son una farsa demasiado evidente, claro, al mismo tiempo que representa un peligro inminente para millones de personas.
El proyecto San Jorge ha causado revueltas en la población civil por el asunto del agua, pero ¿Por qué? Claro, por un lado, el proyecto megaminero de producción de cobre fino requerirá 141 Litros de agua dulce por segundo, 12,1 Millones de Litros al día, suficiente para satisfacer a 4,7 Millones de personas, el 10% del País. Por otro lado, las perforaciones de las que se obtiene agua potable en Mendoza promedian los 120m de profundidad, y como el “tajo” del PSJ (Proyecto San Jorge) trasciende los 300m, el agua potable se acidificará con residuos tóxicos. Mendoza dedica actualmente el 82% de su agua a la irrigación de cultivos, los cuales, por su alta calidad, hacen que podamos hoy enorgullecernos del prestigio de nuestros vinos y frutas provenientes de la “capital del vino”.
Pero, ¿Que importa? Lo importante es que estamos trayendo inversiones del exterior ¿No? Lo importante es que estamos creando trabajo ¿No?
El PSJ es el primer gran proyecto de Mendoza en adherirse al nuevo Régimen de Incentivo de las Grandes Inversiones (RIGI), impulsado por el gobierno de LLA. La Inversión necesaria para crear el PSJ es de 3.5 billones de pesos, con lo que se esperan lograr entre 16 y 27 años de producción de cobre en un mundo con demanda extrema de cobre debido al desarrollo tecnológico. En contraposición a Chile, de dónde se extrae gran parte del cobre de todo el mundo, nosotros tendremos una renta del 16% de las ganancias para el Estado, mientras que en Chile no baja del 45%. Y a esto se le suma que los recursos que actualmente administra el Estado no se dirigen a la educación ni a proyectos que beneficien a los trabajadores.
¿Puestos de trabajo?
A Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y simpatizante político de las estrategias económicas de Javier Milei, le enorgullece anunciar la masiva cantidad de empleos que generará el PSJ: 3.900 puestos de trabajo durante la construcción del proyecto (2 a 3 años) y 2.400 puestos una vez en marcha (16 a 27 años). No hace falta aclarar que fui sarcástico cuando el número de beneficiados cabe en cuatro cifras mientras que el de afectados es de siete. Es difícil defender esta iniciativa cuando todos los números hablan de genocidio silencioso (hay cada vez más macanas y menos derechos), destrucción del medio ambiente y de regalar nuestros recursos naturales a empresas suizas.
Comparar el proyecto megaminero de San Jorge con la eugenesia de la Alemania nazi no es exagerado, ya que las consecuencias de que más proyectos como este sigan llegando al país implican que no sea solo el agua la que se nos quite en pos de un propósito que es ajeno a la población civil.
Lamentablemente lo más probable sea que las miles de personas que se manifestaron en contra del PSJ no logren cambiar nada, ya que 3.5 billones de pesos es mucho dinero y el gobierno nacional parece tener claras sus intenciones cuando invierte en “seguridad” y compra aviones F-16 en lugar de comprar aviones hidrantes para los incendios de este verano.
Hay quienes afirman que, de lograrse masividad en las protestas contra el proyecto, podría evitarse su construcción. Yo, aunque la realidad me aplaste cada vez más, “elijo creer”.

