Ley de Glaciares

Argentina incumple nueve de cada diez compromisos ambientales

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No es una novedad que el Gobierno de Javier Milei considere la acción climática como una preocupación secundaria, cuando no directamente como una construcción ideológica. El Presidente ha negado reiteradamente el origen humano del calentamiento global y sostiene que las alteraciones del clima forman parte de ciclos naturales. Sin embargo, el problema ya no reside solamente en sus declaraciones.

La visión presidencial comenzó a transformarse en estructura administrativa, presupuesto, prioridades económicas y resultados concretos.

La segunda actualización del Observatorio Nacional de Acción Climática ofrece una radiografía difícil de relativizar: 102 de los 115 objetivos climáticos monitoreados, el 88,7 por ciento, están fuera de una trayectoria real de cumplimiento. Apenas 13 compromisos, equivalentes al 11,3 por ciento, fueron cumplidos, alcanzados fuera de plazo o presentan avances suficientes como para esperar que lleguen a concretarse.

En otras palabras, nueve de cada diez compromisos asumidos por la Argentina están incumplidos, avanzan demasiado lentamente o ya se volvieron imposibles de alcanzar dentro de los plazos establecidos.

El informe no analiza anuncios electorales ni expresiones generales. Examina compromisos asumidos por escrito por el Estado argentino en leyes, planes nacionales, resoluciones, estrategias sectoriales y acuerdos internacionales. La evaluación abarca 115 objetivos distribuidos en 17 áreas, entre ellas energía, transporte, bosques, biodiversidad, residuos, salud, agro y ganadería, financiamiento climático y gestión de riesgos.

Lo que emerge no es únicamente una demora administrativa. Es un proceso de desacople entre los compromisos formales del país y la orientación efectiva de la política económica.

Acción climática argentina

Nueve de cada diez objetivos están fuera de trayectoria

Situación Objetivos Porcentaje
Trayectoria positiva 13 11,3%
Avance parcial 42 36,5%
Trayectoria negativa 60 52,2%
Fuera de trayectoria de cumplimiento 102 88,7%
Fuente: Observatorio Nacional de Acción Climática, actualización 2026.

De la negación discursiva al incumplimiento concreto

La cifra general es contundente, pero su composición ofrece una señal todavía más preocupante.

De los 102 objetivos que no están encaminados, 60 ya se encuentran en una trayectoria negativa: 32 no registran ningún avance verificable, 27 no pueden cumplirse dentro del plazo previsto y uno fue directamente eliminado por el Gobierno sin haber sido alcanzado. Los otros 42 muestran avances parciales, pero a una velocidad insuficiente.

El resultado demuestra que la inacción climática no se limita a paralizar nuevas iniciativas. También erosiona compromisos que ya estaban en marcha.

La comparación entre las actualizaciones de 2025 y 2026 muestra que, sobre 100 objetivos comparables, 36 cambiaron de categoría: 21 empeoraron y apenas 15 mejoraron. La cantidad de metas ubicadas en una trayectoria negativa pasó de 39 a 49 en apenas un año.

Por cada dos objetivos que mejoraron, casi tres retrocedieron.

Los avances, además, se concentran principalmente en rendición de cuentas y transparencia: publicación de sistemas de monitoreo, informes ambientales e instrumentos institucionales. Son herramientas necesarias, pero no equivalen a una reducción efectiva de emisiones, a la protección de bosques o al desarrollo de infraestructura resiliente.

Los sectores con mayor impacto ambiental directo son, justamente, los que acumulan los peores resultados.

Transporte tiene 11 de sus 14 objetivos sin avances o imposibles de cumplir. Residuos presenta la misma cantidad de metas críticas sobre un total de 15. En biodiversidad, siete de los once compromisos están en esas categorías, mientras que en bosques la proporción alcanza a seis de diez.

Bosques, transporte, residuos, emisiones y biodiversidad no cuentan con ningún objetivo cumplido.

Una institucionalidad ambiental degradada

El deterioro de los indicadores coincide con una pérdida sostenida de jerarquía política.

Al asumir Milei, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dejó de existir como cartera autónoma. El área fue reducida primero a una secretaría compartida con Turismo y Deportes y, posteriormente, a una Subsecretaría de Ambiente dentro de la estructura de la Jefatura de Gabinete.

La degradación no fue solamente nominal. Según el análisis recogido por el Observatorio, el presupuesto ambiental sufrió una caída cercana al 80 por ciento en términos reales durante 2024 y 2025 respecto de lo ejecutado en 2023. La participación del área dentro del presupuesto nacional se redujo del 0,12 al 0,03 por ciento.

El último episodio terminó de exponer la fragilidad institucional. La renuncia de Fernando Brom fue aceptada con vigencia desde el 26 de junio de 2026. En lugar de designar inmediatamente un reemplazante, la resolución oficial encomendó al secretario de Turismo y Ambiente la atención y firma del despacho de la Subsecretaría.

Los principales focos críticos

El incumplimiento se concentra en áreas de alto impacto

Área temática Total de objetivos Sin avances o imposibles Incidencia
Transporte 14 11 78,6%
Residuos 15 11 73,3%
Biodiversidad 11 7 63,6%
Bosques 10 6 60,0%
Agua y saneamiento 4 4 100%
Se consideran objetivos clasificados como “Sin avances” o “Imposible de cumplir en el plazo establecido”. Fuente: ONAC.

En términos administrativos, el organismo continúa existiendo. En términos políticos, el área responsable de coordinar buena parte de la agenda ambiental nacional quedó sin conducción específica.

La vacancia no explica por sí sola el retroceso, pero funciona como síntoma. El Estado argentino conserva compromisos climáticos, participa en sistemas internacionales de información y mantiene normas ambientales. Lo que se debilitó es su capacidad institucional para convertir esos instrumentos en políticas públicas.

La motosierra ambiental y el giro extractivo

La orientación del Gobierno se vuelve más evidente cuando se observa qué sectores reciben prioridad política y económica.

Mientras la estructura ambiental pierde presupuesto, personal y jerarquía, el Ejecutivo impulsa una expansión acelerada de la minería, los hidrocarburos y las grandes inversiones extractivas. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones ofrece estabilidad jurídica, beneficios tributarios y ventajas aduaneras para proyectos de gran escala, con especial incidencia en minería, petróleo, gas y energía.

La tensión no reside necesariamente en desarrollar esos sectores. Argentina necesita inversiones, exportaciones, infraestructura y divisas. El dilema aparece cuando la política de expansión productiva no está acompañada por organismos ambientales fuertes, controles suficientes, información pública y planificación territorial.

La discusión, por lo tanto, no debería reducirse a minería sí o minería no. La pregunta es qué tipo de minería, bajo qué controles, con qué distribución de beneficios, qué garantías sobre el agua y qué capacidad estatal para fiscalizar proyectos que pueden extenderse durante décadas.

Milei sintetizó su visión en marzo, durante un discurso en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Señaló que Chile, con la misma cordillera, genera treinta veces más riqueza minera que Argentina y atribuyó la diferencia a lo que calificó como ambientalismo extremo.

La frase refleja una concepción en la que la regulación ambiental aparece como un obstáculo para la inversión, en lugar de ser entendida como parte de la seguridad jurídica y de la licencia social que requieren los proyectos de largo plazo.

En paralelo, el debate público incluye propuestas para flexibilizar o modificar normas centrales, como las leyes de Glaciares, Manejo del Fuego y Tierras. Algunas modificaciones todavía no se concretaron, pero el sentido político resulta reconocible: reducir restricciones al uso productivo del territorio y ampliar el margen para inversiones extractivas.

El riesgo es construir un modelo en el que el Estado ofrece estabilidad fiscal por décadas a los capitales, pero no garantiza con igual firmeza estabilidad ambiental a las comunidades.

El problema económico que el Gobierno minimiza

La política climática suele presentarse como una agenda exclusivamente ambiental. Esa lectura quedó desactualizada.

El incumplimiento puede afectar el acceso de la Argentina al financiamiento internacional, a fondos de adaptación, a créditos de organismos multilaterales y a inversiones que exigen estándares ambientales, sociales y de gobernanza.

También puede generar dificultades comerciales.

Metas con plazo entre 2023 y 2025
23
objetivos vencidos
2
cumplidos en plazo
91,3%
no se cumplió en tiempo y forma
Fuente: Observatorio Nacional de Acción Climática, actualización 2026.

Los principales mercados internacionales avanzan hacia mecanismos de trazabilidad, certificación de cadenas productivas y medición de huella de carbono. La Unión Europea, grandes compradores privados y bancos internacionales incorporan progresivamente criterios ambientales en sus decisiones.

En ese contexto, no contar con estadísticas consistentes, planes sectoriales verificables o capacidad de fiscalización no reduce costos: puede aumentarlos.

La desregulación, presentada como una ventaja competitiva inmediata, corre el riesgo de convertirse en una desventaja para las exportaciones argentinas. El país puede producir minerales, alimentos, energía, madera o biocombustibles, pero cada vez tendrá más dificultades para ingresar a mercados exigentes si no demuestra cómo fueron producidos.

La política climática, por lo tanto, no es solamente una política de conservación. Es también una política comercial, energética, industrial, financiera y de infraestructura.

El reloj de 2030

El dato más delicado del informe aparece al analizar los plazos.

De los 115 compromisos estudiados, 76 —el 66,1 por ciento— tienen como horizonte el año 2030. Dentro de ese grupo, 28 no muestran avances, 26 tienen progresos leves y siete ya fueron clasificados como imposibles de cumplir.

Solamente tres están cumplidos.

La Argentina tiene menos de cuatro años para acelerar objetivos que, en muchos casos, implican transformaciones estructurales: electrificación del transporte, reducción de residuos, protección de ecosistemas, eficiencia energética, adaptación de ciudades, prevención de desastres y disminución de emisiones.

No son políticas que puedan ejecutarse en los últimos meses del plazo. Requieren inversión sostenida, coordinación entre la Nación, las provincias y los municipios, además de previsibilidad presupuestaria.

El historial tampoco ofrece señales alentadoras. De los 23 objetivos que vencieron entre 2023 y 2025, apenas dos se cumplieron en tiempo y forma. Otros dos fueron alcanzados después del plazo. Los 19 restantes no se cumplieron o todavía no cuentan con verificación definitiva.

Así, el 91,3 por ciento de los compromisos vencidos no alcanzó el estándar acordado en tiempo y forma.

Misiones, una excepción subnacional

El informe incorpora por primera vez una dimensión particularmente relevante para Misiones: el seguimiento de los planes provinciales de respuesta al cambio climático.

La Ley 27.520 obliga a las 23 provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a elaborar planes articulados con la estrategia nacional. Sin embargo, solamente tres jurisdicciones cuentan hasta el momento con planes convalidados: Jujuy, La Pampa y Misiones.

Santa Fe aprobó el suyo en el ámbito provincial y aguarda la validación nacional; otras doce jurisdicciones se encuentran en distintas etapas de elaboración y ocho todavía no presentaron sus planes.

La inclusión de Misiones entre las tres provincias con instrumentos convalidados le otorga una ventaja institucional, pero también eleva la responsabilidad de transformar ese documento en metas verificables.

Para una provincia cuya economía y calidad de vida dependen de los bosques, el agua, la biodiversidad y las producciones agrícolas, la política climática no es abstracta. Atraviesa la yerba mate, la forestoindustria, el turismo, la energía, la infraestructura vial y la gestión de las ciudades.

El cambio en el régimen de lluvias, los períodos prolongados de sequía, las olas de calor y el aumento del riesgo de incendios pueden traducirse en menores rendimientos agrícolas, pérdidas forestales, presión sobre los recursos hídricos y mayores gastos públicos.

Misiones puede construir una agenda diferencial, pero deberá hacerlo en un escenario nacional de menor financiamiento y creciente debilidad institucional.

El costo de negar lo que ya sucede

La discusión climática suele quedar atrapada entre dos extremos: el negacionismo que desconoce el problema y un ambientalismo discursivo que formula metas sin explicar cómo financiarlas.

El informe del Observatorio expone una tercera dimensión: Argentina no carece de compromisos. Tiene más de 600 distribuidos en 23 documentos oficiales. Lo que falta es ejecución.

Ese fracaso no comenzó necesariamente en diciembre de 2023. Varias metas vencieron antes o arrastraban demoras de administraciones anteriores. El propio estudio diferencia entre compromisos heredados sin continuidad, políticas que registraron avances durante la actual gestión y objetivos que recibieron alguna atención, pero no la suficiente.

Sin embargo, la administración Milei agregó un elemento cualitativo: no solo redujo la capacidad de cumplimiento, sino que cuestionó abiertamente la legitimidad de la agenda.

El resultado es una política contradictoria. Argentina necesita inversiones de largo plazo, pero debilita los organismos que deben otorgar previsibilidad ambiental. Necesita aumentar exportaciones, pero reduce capacidades para certificar cadenas productivas. Necesita obras de infraestructura, pero demora instrumentos de adaptación. Necesita divisas internacionales, pero se aleja de una de las principales fuentes de financiamiento global.

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El Gobierno convoca al Congreso en febrero para tratar la reforma laboral, ley de glaciares y acuerdo Mercosur–UE

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El presidente Javier Milei convocó formalmente al Honorable Congreso de la Nación a Sesiones Extraordinarias entre el 2 y el 27 de febrero de 2026, mediante el Decreto 24/2026, publicado en el Boletín Oficial. La convocatoria delimita una agenda legislativa acotada pero de alto impacto económico, político e institucional, que incluye la modernización del régimen laboral, la adecuación de la Ley de Glaciares, el tratamiento del Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, y la designación de un embajador extraordinario.

La medida, firmada por el Presidente de la Nación y el vocero presidencial Manuel Adorni, se dicta en uso de las facultades conferidas por los artículos 63 y 99, inciso 9 de la Constitución Nacional, y establece que los temas habilitados para su tratamiento serán exclusivamente los detallados en el Anexo IF-2026-06047221-APN-JGM, que forma parte integrante del decreto.

Una agenda extraordinaria con foco en reformas estructurales

El Artículo 1° del Decreto 24/2026 convoca al Congreso a sesionar fuera del período ordinario durante 26 días, desde el 2 hasta el 27 de febrero de 2026, mientras que el Artículo 2° define los asuntos que integran la convocatoria, restringiendo el temario a cuatro puntos centrales.

Entre ellos se destaca el Proyecto de Ley de Modernización Laboral (Mensaje 35/25, Expediente Senadores PE 159/2025), una iniciativa clave dentro del programa de reformas del Poder Ejecutivo, con impacto directo sobre el mercado de trabajo, la regulación de las relaciones laborales y los costos asociados al empleo formal.

También figura el Proyecto de Ley de adecuación del Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, que propone modificaciones a la Ley N° 26.639 (Mensaje 36/2025, Expediente Senadores PE 161/2025). Este punto reviste relevancia institucional y económica, dado que involucra estándares ambientales, regulación de actividades productivas y el marco normativo vigente en zonas de glaciares y ambientes periglaciales.

Comercio exterior y política exterior en el temario legislativo

La convocatoria incluye además el tratamiento del Proyecto de Ley para aprobar el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, que será enviado por el Poder Ejecutivo Nacional. Se trata de uno de los acuerdos comerciales más relevantes en términos de inserción internacional, reglas de acceso a mercados y alineamiento estratégico del bloque regional.

En el plano de la política exterior, el temario contempla la consideración del acuerdo para designar Embajador Extraordinario y Plenipotenciario al señor Fernando Adolfo Iglesias, conforme a lo dispuesto por el artículo 5° de la Ley del Servicio Exterior de la Nación N° 20.957 y sus modificatorias.

La inclusión de este punto refuerza el carácter integral de la convocatoria, que combina reformas económicas y laborales con definiciones institucionales y diplomáticas que requieren aval del Congreso.

Posibles repercusiones

La delimitación estricta de los temas a tratar durante las sesiones extraordinarias refuerza el rol del Poder Ejecutivo en la definición de prioridades legislativas, al tiempo que coloca al Congreso frente a debates de alta sensibilidad económica, regulatoria y política.

La modernización laboral y la adecuación de la Ley de Glaciares anticipan discusiones intensas en torno al equilibrio entre competitividad, protección ambiental y marcos regulatorios vigentes, mientras que el acuerdo Mercosur–Unión Europea introduce un eje central de debate sobre comercio exterior y reglas de integración internacional.

Con esta convocatoria, el Gobierno busca avanzar en una agenda concentrada de proyectos considerados estratégicos antes del inicio del período ordinario de sesiones.

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Mendoza y una comparación necesaria

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Las bases científicas que hoy justifican el desastre ambiental llevado a cabo en Mendoza son perfectamente comparables con los argumentos pseudocientíficos que argumentaron el holocausto de la Alemania nacional socialista.

La “eugenesia” es un término que refiere a las prácticas y creencias que promueven la idea de “mejorar” la genética humana propiciando la reproducción de aquellos que posean las características “deseables” en tanto a aspecto o inteligencia y, por otro lado, evitan la multiplicación de aquellos que posean características “indeseables”. El término fue acuñado en 1883 por Francis Galton, primo hermano de Charles Darwin, quien lo definió como “la ciencia de la mejora de la raza“. En sus inicios, la eugenesia ganó popularidad entre intelectuales y políticos, especialmente a principios del siglo XX, en países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y los países nórdicos. A lo largo de la historia, la eugenesia, ha sido argumento de diversas violaciones de los derechos humanos, a continuación, unos ejemplos: La colonización de América se sustentó en una eugenesia basada en la supremacía racial y religiosa, que consideraba a indígenas y africanos como razas inferiores. Promovió su eliminación, desplazamiento, mestizaje forzado y el “blanqueamiento” de la población para “mejorar” la composición humana del continente según el modelo europeo, sentando así las bases ideológicas de la eugenesia moderna. “La conquista del desierto” en Argentina, también representó la purga de indígenas de la Patagonia por orden de Sarmiento, cuyo busto se venera en las escuelas primarias de Argentina. La esclavitud tanto en estados unidos como en el resto de América, en el transcurso de los siglos XIX y XX, fue respaldada por la nueva teoría “científica” que dio en llamarse eugenesia, lo que derivó en el holocausto, el genocidio sionista sobre palestina, y otras guerras y segregación hacia todo aquello que no cumpla con el estándar de raza deseable.

Pero, qué tiene que ver esto con Mendoza?

Al igual que con la eugenesia, los argumentos que intentan respaldar la megaminería de cobre bajo los términos que establece el gobierno nacional son una farsa demasiado evidente, claro, al mismo tiempo que representa un peligro inminente para millones de personas.

El proyecto San Jorge ha causado revueltas en la población civil por el asunto del agua, pero ¿Por qué? Claro, por un lado, el proyecto megaminero de producción de cobre fino requerirá 141 Litros de agua dulce por segundo, 12,1 Millones de Litros al día, suficiente para satisfacer a 4,7 Millones de personas, el 10% del País. Por otro lado, las perforaciones de las que se obtiene agua potable en Mendoza promedian los 120m de profundidad, y como el “tajo” del PSJ (Proyecto San Jorge) trasciende los 300m, el agua potable se acidificará con residuos tóxicos. Mendoza dedica actualmente el 82% de su agua a la irrigación de cultivos, los cuales, por su alta calidad, hacen que podamos hoy enorgullecernos del prestigio de nuestros vinos y frutas provenientes de la “capital del vino”.

Pero, ¿Que importa? Lo importante es que estamos trayendo inversiones del exterior ¿No? Lo importante es que estamos creando trabajo ¿No?

El PSJ es el primer gran proyecto de Mendoza en adherirse al nuevo Régimen de Incentivo de las Grandes Inversiones (RIGI), impulsado por el gobierno de LLA. La Inversión necesaria para crear el PSJ es de 3.5 billones de pesos, con lo que se esperan lograr entre 16 y 27 años de producción de cobre en un mundo con demanda extrema de cobre debido al desarrollo tecnológico. En contraposición a Chile, de dónde se extrae gran parte del cobre de todo el mundo, nosotros tendremos una renta del 16% de las ganancias para el Estado, mientras que en Chile no baja del 45%. Y a esto se le suma que los recursos que actualmente administra el Estado no se dirigen a la educación ni a proyectos que beneficien a los trabajadores.

¿Puestos de trabajo?

A Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y simpatizante político de las estrategias económicas de Javier Milei, le enorgullece anunciar la masiva cantidad de empleos que generará el PSJ: 3.900 puestos de trabajo durante la construcción del proyecto (2 a 3 años) y 2.400 puestos una vez en marcha (16 a 27 años). No hace falta aclarar que fui sarcástico cuando el número de beneficiados cabe en cuatro cifras mientras que el de afectados es de siete. Es difícil defender esta iniciativa cuando todos los números hablan de genocidio silencioso (hay cada vez más macanas y menos derechos), destrucción del medio ambiente y de regalar nuestros recursos naturales a empresas suizas.

Comparar el proyecto megaminero de San Jorge con la eugenesia de la Alemania nazi no es exagerado, ya que las consecuencias de que más proyectos como este sigan llegando al país implican que no sea solo el agua la que se nos quite en pos de un propósito que es ajeno a la población civil.

Lamentablemente lo más probable sea que las miles de personas que se manifestaron en contra del PSJ no logren cambiar nada, ya que 3.5 billones de pesos es mucho dinero y el gobierno nacional parece tener claras sus intenciones cuando invierte en “seguridad” y compra aviones F-16 en lugar de comprar aviones hidrantes para los incendios de este verano.

Hay quienes afirman que, de lograrse masividad en las protestas contra el proyecto, podría evitarse su construcción. Yo, aunque la realidad me aplaste cada vez más, “elijo creer”.

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Glaciares en debate: críticas técnicas y constitucionales a la reforma que el Senado tratará en febrero

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El proyecto del Poder Ejecutivo que modifica la Ley 26.639 de presupuestos mínimos para la protección de glaciares y del ambiente periglacial obtuvo dictamen en el Senado tras un trámite acelerado, pero enfrenta un rechazo contundente de especialistas, organizaciones ambientales y referentes científicos, que advierten sobre un debilitamiento estructural del régimen de protección ambiental, riesgos para la seguridad hídrica y mayor incertidumbre jurídica. La iniciativa será tratada en el recinto el próximo 10 de febrero.

El debate se desarrolló en una reunión conjunta de las comisiones de Ambiente y Desarrollo Sustentable y de Minería, Energía y Combustibles del Senado de la Nación, realizada en el Salón Arturo Illia del Palacio Legislativo. En apenas dos días, el oficialismo logró dictaminar el proyecto pese a las objeciones técnicas, constitucionales y ambientales planteadas durante las exposiciones. El tratamiento parlamentario, inicialmente previsto para el 26 de diciembre, fue finalmente postergado para febrero.

Cambios estructurales y cuestionamientos constitucionales

Durante el encuentro, los expositores coincidieron en que la reforma propuesta introduce modificaciones de fondo a la Ley 26.639, sancionada hace 15 años, al alterar el esquema de presupuestos mínimos de protección ambiental previsto en la Constitución Nacional. Según advirtieron, la iniciativa reduce el alcance del régimen nacional y fragmenta los criterios de protección de bienes comunes estratégicos como el agua.

Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), sostuvo que el proyecto “reduce el área de protección glaciar —que actualmente alcanza apenas el 0,21% del territorio nacional— con el objetivo de habilitar proyectos de megaminería de alta montaña hoy expresamente prohibidos”. Además, remarcó que la iniciativa transfiere a las provincias la facultad de definir qué glaciares deben ser protegidos, lo que “desmantela el esquema de protección ambiental uniforme y común para todo el país”.

En la misma línea, Enrique Viale, presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, afirmó que la reforma “tira por la borda la arquitectura constitucional de las leyes de presupuestos mínimos” y alertó sobre el precedente que podría sentar para otras normas ambientales vigentes. “¿Qué va a pasar después? ¿Vienen por los bosques, por los ríos, por la Ley General del Ambiente?”, planteó.

Ciencia, crisis climática y falta de participación

Desde el ámbito científico, las críticas se centraron en la ausencia de consultas previas y en la celeridad del tratamiento legislativo. Manuel Jaramillo, director ejecutivo de Fundación Vida Silvestre Argentina, calificó como “inadmisible” que el proyecto no haya sido consultado con el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), organismo de referencia establecido por la propia ley vigente para la elaboración del Inventario Nacional de Glaciares.

Pablo E. Villagra, director del IANIGLA, recordó que el Inventario Nacional de Glaciares fue concluido en 2018, recibió reconocimiento de la comunidad glaciológica internacional y no presenta errores significativos, además de encontrarse actualmente en proceso de actualización.

Agostina Rossi, de Greenpeace Argentina, advirtió que “cuando el riesgo aumenta, las normas se fortalecen, no se debilitan”, y sostuvo que la distinción entre glaciares “útiles” y “no útiles” carece de sustento científico. “Los glaciares y el ambiente periglacial no son obstáculos: son aliados para enfrentar la crisis climática”, afirmó.

Las organizaciones también cuestionaron la escasa participación pública y el carácter exprés del proceso legislativo, señalando que la iniciativa no replica el nivel de debate y consenso que acompañó la sanción original de la ley.

Minería, inversiones y licencia social

Desde el sector empresario minero, la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM) y la Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN) plantearon que la ley vigente presenta imperfecciones que generan incertidumbre normativa y que la reforma busca adecuar el marco regulatorio del sector. Alfredo Vitaller, por CAEM, sostuvo que acompañan la protección de los glaciares “en tanto cumplan su función como reserva de agua”.

Sin embargo, desde las organizaciones ambientales y científicas se advirtió que la reforma no generará mayor seguridad jurídica ni atraerá inversiones de largo plazo. Hernán Casañas, director ejecutivo de Aves Argentinas, afirmó que “las empresas serias buscan certidumbres y estándares ambientales altos” y que “los flujos de inversión más importantes van a los países con mayor protección ambiental”. En ese sentido, remarcó que flexibilizar la ley “profundizará la incertidumbre normativa y debilitará la licencia social para operar”.

Durante la jornada también expusieron los gobernadores de San Juan y Catamarca, quienes defendieron la necesidad de compatibilizar la protección ambiental con el desarrollo minero. El gobernador de Catamarca destacó que la actividad genera cerca de 3.000 empleos directos y un efecto multiplicador de aproximadamente 5.000 puestos adicionales, subrayando su impacto en la economía local y en la diversificación productiva.

Un debate abierto con impacto institucional

Con dictamen favorable, el proyecto será tratado en el recinto del Senado el próximo 10 de febrero, tras un nuevo llamado a sesiones extraordinarias. Las organizaciones ambientales, científicas y sociales reiteraron su pedido para que no se avance con una reforma que, según sostienen, reduce los niveles de protección ambiental, vulnera la Constitución Nacional y pone en riesgo la seguridad hídrica en un contexto de crisis climática.

“La Ley de Glaciares es clara, constitucional y vigente: debe cumplirse, no vaciarse”, enfatizaron los expositores, al tiempo que reclamaron un debate más amplio, con base científica y participación efectiva, antes de modificar uno de los pilares del régimen ambiental argentino.

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Milei busca modificar la Ley de Glaciares para reducir discrecionalidad y fortalecer el rol de las provincias

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El presidente Javier Milei envió al Honorable Congreso de la Nación un proyecto de reforma de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Glaciares (Ley 26.639) con el objetivo de “ordenar el marco normativo vigente”, evitar interpretaciones arbitrarias y consolidar un esquema de federalismo ambiental compatible con la Constitución Nacional. El anuncio fue realizado este 15 de diciembre de 2025 a través de un comunicado oficial de la Oficina del Presidente y abre un debate de fuerte impacto económico, político e institucional, en particular sobre inversiones productivas, competencias provinciales y protección ambiental.

Una ley cuestionada por su aplicación y un intento de ordenar el marco normativo

A más de 15 años de su sanción, la denominada Ley de Glaciares es señalada por el Poder Ejecutivo como una norma que “ha demostrado graves falencias interpretativas”, que derivaron en inseguridad jurídica, paralización de inversiones productivas y afectación del legítimo ejercicio de las competencias provinciales sobre los recursos naturales.

Según el comunicado oficial, la iniciativa enviada al Congreso propone “reglas claras”: protege los glaciares que cumplen una función hídrica efectiva, fortalece los estándares ambientales vigentes y elimina la discrecionalidad que, “bajo pretextos ideológicos”, habría obstaculizado el desarrollo económico del país. El planteo del Gobierno apunta a reducir la incertidumbre regulatoria que, en la práctica, impactó sobre proyectos productivos en distintas regiones.

Federalismo ambiental, provincias y artículo 41 de la Constitución

El proyecto reafirma el mandato constitucional del artículo 41, que establece la obligación de proteger el ambiente sin impedir el desarrollo humano, y del artículo 124, que reconoce a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio. En esa línea, la reforma busca fortalecer el rol de las autoridades provinciales en la evaluación de impacto ambiental, reconociendo su capacidad técnica y científica.

Además, el texto oficial destaca la necesidad de una articulación eficiente con el Inventario Nacional de Glaciares, con el fin de contar con información “precisa, actualizada y útil para la toma de decisiones”. Desde la Casa Rosada se presenta esta estrategia como una “verdadera reforma de federalismo ambiental”, orientada a compatibilizar protección ambiental, seguridad jurídica y desarrollo productivo.

Impacto político y económico: inversiones, provincias y sectores productivos

La iniciativa se inscribe en la hoja de ruta del Gobierno desde el primer día de gestión: terminar con la “parálisis regulatoria”, ordenar el Estado, respetar la Constitución y liberar las fuerzas productivas. En el plano político, el proyecto se vincula también con los compromisos asumidos en el Pacto de Mayo y con reclamos históricos de provincias integrantes de la Mesa del Litio —Catamarca, Jujuy y Salta— y de la Mesa del Cobre —Mendoza y San Juan—, donde la aplicación de la Ley de Glaciares fue un factor central en las discusiones sobre inversiones mineras.

Desde el Ejecutivo anticipan que el debate legislativo deberá garantizar la correcta participación ciudadana y sostienen que la reforma representa “un paso decisivo para poner a la Argentina de pie”, con reglas claras, federalismo real, desarrollo productivo y crecimiento económico, sin abandonar los estándares de protección ambiental.

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