LIBRE COMERCIO

Replanteando el libre comercio

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Por Kim Ruhl / F&D FMI – En lo que respecta al comercio internacional, los países siempre han sopesado la eficiencia económica frente a la seguridad nacional. Tras la Segunda Guerra Mundial, promovieron el libre comercio internacional mediante aranceles bajos, creyendo que era tanto económicamente eficiente como políticamente estabilizador. El comercio mundial se triplicó como cuota del PIB entre 1950 y su máximo en 2008, con aproximadamente la mitad de este comercio en bienes intermedios, reflejando la importancia de las relaciones de producción transfronterizas. Aunque el conflicto continuó, no hubo guerras a escala global como las que caracterizaron la primera mitad del siglo XX. La globalización y la estabilidad habían prevalecido.

El mundo está ahora reevaluando el papel de la interconexión económica en los asuntos globales, consciente de que más interconexión implica más dependencias que las naciones adversarias pueden aprovechar para imponerse con la suya en otras áreas de las relaciones internacionales. Las economías resilientes deben ser la respuesta. Un país debe tener acceso a los recursos que necesita para librar una guerra prolongada. Debe contar con un suministro fiable de medicamentos, microchips, minerales críticos y otros insumos vitales, independientemente de la alineación global cambiante. Y debe ser capaz de aumentar rápidamente la producción ante una emergencia como la COVID-19.

En Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump está trabajando para reducir riesgos en las cadenas de suministro y fortalecer la capacidad nacional en industrias clave para mejorar la resiliencia económica. Esto implica una modificación de la política de apertura casi incondicional que caracterizó el pasado.

Estas políticas, en algunos casos, reducirán la eficiencia económica en comparación con un mundo en el que ignoramos el riesgo geopolítico. Estos son los costes necesarios de la resiliencia. La modelización económica que reconoce el equilibrio puede guiar a los responsables políticos. El reto es minimizar los costes y garantizar que no se aplique un proteccionismo burdo bajo el pretexto de la seguridad nacional.

Décadas de fragilidad

Durante décadas, el comercio y la inversión internacionales avanzaron en gran medida sin control. En busca de eficiencias, las cadenas de suministro —y industrias enteras— se trasladaron al extranjero, a sus ubicaciones de menor coste. La política comercial jugó un papel, al igual que los avances tecnológicos en comunicaciones, transporte y logística que hicieron viables las relaciones de producción a larga distancia. Las diferencias en los estándares medioambientales y laborales incentivaron a las empresas a trasladar la producción a lugares que valoraban menos el medio ambiente y los derechos de los trabajadores.

El orden internacional liderado por Estados Unidos proporcionó la estabilidad que permitió que estas complejas redes prosperaran. A medida que las cadenas de suministro se estiraban y concentraban, se acumulaban fragilidades. Estas fragilidades siempre estuvieron presentes, pero a menudo se manifestaban de formas limitadas o idiosincráticas.

Una serie de eventos recientes aumentó la conciencia sobre estas vulnerabilidades y renovó el interés en cómo encajan la economía y la seguridad nacional.

Las interrupciones en las cadenas de suministro por COVID-19 dejaron claro a todos que bienes críticos—productos como farmacéuticos, semiconductores y suministros médicos—provenían de un puñado de países y que las grandes interrupciones eran tanto posibles como dolorosas. Las vulnerabilidades de la cadena de suministro sorprendieron a algunas empresas. Una encuesta de Deloitte reveló que solo el 15 por ciento de los directores de compras podía ver los riesgos más allá de sus proveedores directos.

La dependencia de Europa de la energía rusa recordó al mundo la idea largamente entendida de que la integración económica puede unir a los países con una contención mutua, pero también produce influencia. En 2022, Rusia representó el 27 por ciento de las importaciones de petróleo de la UE y el 45 por ciento de las importaciones de gas, según la Comisión Europea. Para 2025, Rusia representaba el 3 por ciento de las importaciones de petróleo y el 13 por ciento de gas. El desacoplamiento de la energía rusa se produjo a costa de precios más altos y un crecimiento económico más lento. Las facturas energéticas más altas redujeron los ingresos en unos 1.000 € por persona en 2021–22, estima la Comisión.

Los controles chinos de licencias de exportación impuestos en abril de 2025 provocaron una escasez de tierras raras y derivados que amenazaron con cerrar las líneas de producción de automoción, defensa, electrónica y otras en Estados Unidos y otros lugares. Seis meses después, China amenazó con ampliar el alcance y la escala de sus controles de exportación, recordando de forma contundente a Estados Unidos su vulnerabilidad.

Estados Unidos debe ahora enfrentarse a los riesgos para la seguridad nacional que acompañan a cadenas de suministro clave dominadas por sus adversarios. Las consideraciones geopolíticas sobre lo que comerciamos y con quién comerciamos se han convertido en una prioridad.

Esto no rechaza la ventaja comparativa ni las ganancias del comercio; Es un reconocimiento de que el libre comercio no siempre es apropiado. El libre comercio en mercados bien funcionales sigue siendo el ideal y debe buscarse siempre que sea posible, especialmente con aliados. Sin embargo, muchos de los problemas que enfrenta Estados Unidos son resultado de fuerzas deliberadas no mercantiles, que distorsionan la producción y el consumo a pesar de los bajos tipos arancelarios predominantes.

Fuerzas peligrosas

La dirección estratégica del Estado, las subvenciones, la represión financiera, el proteccionismo y el arbitraje regulatorio son fuerzas políticas, no fundamentos económicos. Estas políticas son especialmente peligrosas cuando se aplican por grandes países adversarios. El pensamiento económico debe tener en cuenta más de estas fuerzas, y los economistas pueden aumentar su implicación con ellas.

Los responsables políticos necesitan marcos para analizar las consideraciones estratégicas de sus elecciones. ¿Una política genera influencia para Estados Unidos o vulnerabilidad? ¿Cómo podemos identificar qué bienes deben controlarse por razones de seguridad nacional evitando un proteccionismo innecesario? ¿Qué productos deben obtenerse en el país y cuáles pueden importarse de aliados? ¿Cómo reactivamos una industria nacional de la forma más eficiente posible? Quizá lo más importante sea el desarrollo de herramientas que identifiquen claramente los compromisos entre la eficiencia económica y los objetivos estratégicos.

Los economistas ya disponen de muchas de las herramientas analíticas necesarias, y estas pueden informar a los responsables de la toma de decisiones sobre los sacrificios y consecuencias no deseadas de las políticas. Los aranceles y sanciones son quizás las palancas de política más estudiadas, pero los mínimos de precios, los almacenes, las restricciones a la exportación y los acuerdos de inversión son solo algunos de los instrumentos políticos relevantes disponibles. La política fiscal, la política industrial y la infraestructura regulatoria pueden parecer política interna, pero también son instrumentos de la diplomacia económica y deben estudiarse en ese contexto.

Siempre ha habido economistas estudiando geoeconomía, y se está realizando más trabajo. Las conferencias emblemáticas de la Oficina Nacional de Investigación Económica y la Asociación Americana de Economía incluyen regularmente sesiones sobre temas geoeconómicos. Lo mismo está ocurriendo en círculos académicos y de políticas públicas en el extranjero. La investigación económica tiende a ir por detrás de los grandes eventos de rápido desarrollo, pero se pone al día rápidamente.

Un nuevo enfoque

Este es el comienzo de un cambio de enfoque a largo plazo y de gran alcance para responsables políticos y analistas. El campo de la geoeconomía es total, extendiéndose más allá del comercio internacional y la seguridad nacional. Controlar las redes internacionales de pagos y el dólar son fortalezas geopolíticas para Estados Unidos, pero los países no alineados, tras haber aprendido una lección de las sanciones a Rusia, están creando redes alternativas de pago y encontrando formas de aislarse de una posible pérdida de acceso al sistema financiero liderado por Estados Unidos.

Los países compiten por cerrar activos minerales críticos en todo el mundo, a veces compitiendo con aliados por los recursos. Tecnologías que definen el futuro como la IA, la computación cuántica y la biotecnología están en juego y seguirán siendo sujetas a políticas, tanto buenas como malas.

El cambio necesario no ocurrirá rápidamente. Redirigir las cadenas de suministro y reubicar la producción entre países llevará décadas. A corto plazo, los cambios en la política pueden hacer que los precios suban, que algunos bienes escaseen y requieran inversiones costosas. Estos costes a corto plazo existen, incluso si el objetivo a largo plazo merece la pena. La estructura de la democracia estadounidense genera complicaciones adicionales. El compromiso con una política a largo plazo es difícil cuando una administración futura puede deshacer la política de sus predecesoras, especialmente cuando se acumulan los costes a corto plazo.

Un mundo cambiante ha devuelto a los compromisos entre eficiencia económica y seguridad nacional al centro del pensamiento político. Una reevaluación clara de la seguridad nacional es bienvenida, pero no debemos abandonar los principios económicos que han hecho grande la economía estadounidense, especialmente los mercados libres y competitivos. Encontrar el equilibrio adecuado requiere un esfuerzo continuo por parte de los responsables políticos y de los investigadores que los apoyan.

KIM RUHL  titular de la Cátedra Curt y Sue Culver de Economía en la Universidad de Wisconsin–Madison y fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca desde febrero de 2025 hasta febrero de 2026.

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El acuerdo UE-Mercosur instala un nuevo escenario para la industria de la madera

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La firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, se concretó el pasado 17 de enero, en Asunción, Paraguay. Establece una zona de libre comercio de más de 700 millones de consumidores, al mismo tiempo que introduce un inédito marco normativo en materia de sostenibilidad y cooperación técnica. Para el bloque Mercosur, el acuerdo implica el acceso preferencial al 92% de sus exportaciones hacia el mercado europeo. La UE logrará la eliminación progresiva de aranceles para el 91% de sus bienes industriales, señala un documento de la Asociación de Empresarios Metalúrgicos de la República Argentina.

Desgravación arancelaria: el horizonte de la forestoindustria

El sector de la madera y el mueble se posiciona como uno de los protagonistas de este acuerdo. Actualmente, los productos madereros del Mercosur enfrentan estructuras arancelarias que limitan su competitividad en Europa frente a proveedores de Europa del Este o el Sudeste Asiático.

Con la entrada en vigor del tratado, se prevé una eliminación gradual de los derechos de importación, que en ciertos productos de valor agregado (como muebles de diseño o paneles compensados) actualmente oscilan entre el 2% y el 10%. Esta ventana de oportunidad permite a las PyMEs regionales proyectar exportaciones de productos acabados, superando la histórica dependencia de la exportación de materia prima bruta.

El desafío de la trazabilidad y el Reglamento EUDR

La apertura de mercados viene acompañada de una exigencia técnica rigurosa: el cumplimiento del Reglamento de la UE sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR).

Para la industria maderera del Mercosur, esto implica que cada metro cúbico exportado deberá contar con certificados de geolocalización que garanticen que su origen no proviene de tierras deforestadas después de diciembre de 2020. Si bien esto representa una barrera de entrada técnica para los productores informales, se convierte en un sello de calidad competitiva para las empresas que ya han invertido en certificaciones internacionales (como FSC o PEFC), posicionando a la región como un proveedor estratégico de biomasa y madera sostenible bajo estándares globales.

Modernización tecnológica y el efecto “catch-up”

El impacto para la industria del mueble será ambivalente. Por un lado, la reducción de aranceles para la importación de maquinaria de última generación y bienes de capital de origen europeo (especialmente de Alemania e Italia) facilitará la reconversión tecnológica de las plantas locales. Esto es crítico para mejorar la productividad y el acabado de los muebles regionales.

Sin embargo, la industria local deberá enfrentar la competencia de productos terminados europeos de alta gama que ingresarán con aranceles decrecientes. El éxito del sector dependerá de la capacidad de respuesta de las cámaras empresariales para aprovechar los programas de cooperación técnica y financiamiento que el acuerdo prevé para la transición productiva.

La perspectiva europea: entre la oportunidad de mercado y el blindaje ambiental

Mientras en el Mercosur el debate se centra en la competitividad, en los principales centros industriales de la UE (Alemania, Italia, Francia), las entidades representativas del sector ‒como CEI-Bois (Confederación Europea de Industrias de la Madera) y EFIC (Confederación Europea de Industrias del Mueble)‒ mantienen una postura de “optimismo vigilante”.

  1. Seguridad de suministros y materias primas críticas: Para la industria europea, el acuerdo es una pieza clave para diversificar sus fuentes de suministro. En un contexto de tensiones geopolíticas, la UE busca reducir su dependencia de mercados asiáticos. Las cámaras europeas ven al Mercosur como un proveedor de biomasa y madera certificada de escala industrial, esencial para cumplir con los objetivos del Green Deal europeo que exige sustituir materiales fósiles por renovables en la construcción y el mobiliario.
  2. Exportación de tecnología, el renovado rol de EUMABOISLa industria de la maquinaria para la industria de la madera (representada por Eumabois) es una de las más entusiasmadas con la firma del acuerdo. La eliminación de aranceles en el Mercosur para bienes de capital permite a los fabricantes europeos (especialmente italianos y alemanes) volver a consolidar su liderazgo tecnológico en la región. Para ellos, el acuerdo significa la posibilidad de recuperar la iniciativa en el mercado sudamericano donde hoy enfrentan una fuertísima competencia china. No se trata solo de vender máquinas, sino de establecer sus estándares técnicos y digitales como la norma a seguir en las fábricas del Mercosur.
  3. El “Level Playing Field” y la propiedad intelectual, estandartes de la sostenibilidad como “barrera” competitiva: Una de las mayores preocupaciones europeas ha sido históricamente la protección de diseños y la lucha contra la falsificación. El acuerdo firmado el 17 de enero incluye capítulos robustos sobre propiedad intelectual. Las cámaras europeas de diseño de muebles ven esto como una victoria, ya que les permite exportar productos de alto valor añadido con la garantía de que sus diseños industriales estarán protegidos legalmente en los cuatro países del bloque sudamericano.

Es importante destacar que, a diferencia de otros sectores, las entidades madereras europeas no temen a la competencia del Mercosur, siempre y cuando se aplique estrictamente el Reglamento EUDR. Su visión es clara: solo entrará al mercado común aquello que demuestre trazabilidad total. Esto “nivela el campo de juego” (el famoso level playing field), asegurando que las empresas europeas ‒que ya operan bajo costos ambientales altos‒ no se vean desplazadas por madera de origen incierto.

Implicancias para la industria de la madera del Acuerdo UE-Mercosur

Para la industria de la madera y el mueble, este acuerdo no solo reduce aranceles, sino que redefine las reglas de sostenibilidad y modernización tecnológica para los próximos veinte años.

  • La madera como vector de sostenibilidad y el reto de la trazabilidad. El acuerdo establece un marco de “cero arancel” para una vasta gama de productos de madera, pero la apertura no es un cheque en blanco. La UE ha dejado claro que el acceso al mercado común está intrínsecamente ligado al cumplimiento del Reglamento EUDR. Para los productores del Mercosur, la industria ya no se mide solo en metros cúbicos o calidad de fibra, sino en datos de geolocalización. Las cámaras empresarias europeas, como CEI-Bois, ven en este acuerdo una oportunidad para asegurar un flujo constante de madera de rápido crecimiento proveniente de Sudamérica, esencial para la bioeconomía europea, siempre que se garantice la ausencia de deforestación mediante sistemas de certificación robustos.
  • Transformación del sector del mueble: diseño y protección intelectual. El impacto en el sector del mueble presenta una dualidad técnica. Mientras que el Mercosur se beneficia de la eliminación de gravámenes para exportar mobiliario de madera maciza, la industria europea ‒liderada por la EFIC‒ celebra la armonización de estándares de Propiedad Intelectual. Esto protege los derechos de diseño industrial europeo en suelo sudamericano, fomentando una competencia basada en el valor añadido y no solo en el costo de materiales. Por otro lado, la reducción de aranceles para componentes y herrajes europeos permitirá a los fabricantes locales del Mercosur elevar el estándar de calidad de sus terminaciones, cerrando la brecha de calidad percibida en mercados internacionales.
  •  Bienes de capital, la carrera por la eficiencia productiva. Un componente crítico del acuerdo es la facilitación del comercio de maquinaria. Entidades como Eumabois han señalado que la eliminación de barreras técnicas y arancelarias para bienes de capital permitirá a las plantas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay acceder a tecnologías de Industria 4.0, centros de mecanizado CNC y sistemas de secado inteligente de origen europeo. Esta transferencia tecnológica es vista como el motor de un efecto “catch-up” (convergencia), donde la industria del Mercosur podrá procesar sus recursos forestales con la misma eficiencia técnica que sus pares nórdicos, aumentando la productividad por empleado y reduciendo el desperdicio de material.

El impacto país por país

 – Argentina: El sector de madera sólida en la región mesopotámica ve una puerta abierta para divisas. Sin embargo, el gran reto es la infraestructura logística. El impacto será positivo si se logra acoplar la oferta con los estándares de sostenibilidad europeos, pero negativo si la burocracia interna frena la agilidad de los certificados de exportación.

– Brasil: Posee la mayor escala del bloque. El impacto es netamente positivo en términos de volumen de exportación de tableros y celulosa. El desafío negativo reside en la fiscalización extrema que recibirá por parte de las ONGs y cámaras europeas sobre la cadena de custodia, lo que elevará los costos de auditoría interna.

– Uruguay: Con una industria forestal ya muy alineada a estándares internacionales, el impacto es de consolidación. El país se posiciona como el “puerto verde” de entrada de inversiones para CLT (madera laminada cruzada). El riesgo es la alta competitividad del mercado europeo que exigirá una especialización aún mayor en productos de ingeniería.

– Paraguay: El acuerdo actúa como un catalizador para la formalización. El impacto positivo será la llegada de capitales para reforestación comercial. El lado negativo es la vulnerabilidad de la pequeña industria del mueble artesanal, que podría verse desplazada por productos industriales importados si no se inicia un plan de reconversión técnica inmediato.

Un acuerdo que reconfigura el mapa del mercado global

El Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, firmado tras años de negociación, busca crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Potenciará el intercambio comercial, eliminando aranceles en más del 90% del comercio bilateral.

Aspectos clave del acuerdo (actualizado a 2026):

  • Alcance comercial: Liberaliza el 91% de las importaciones del Mercosur desde la UE (especialmente autos, químicos, maquinaria) y el 92% de la UE desde el Mercosur (agroalimentos).
  • Desgravación: La UE eliminará aranceles al 82% de las exportaciones del Mercosur, con un 70% de desgravación inmediata.
  • Beneficios para el Mercosur: Mayor acceso de productos agrícolas (soja, carne, maíz) al mercado europeo.
  • Sostenibilidad y medio ambiente: Incluye el cumplimiento del Acuerdo de París y compromisos contra la deforestación.
  • Situación actual: El Consejo de la UE autorizó la firma a principios de 2026, iniciando la fase de ratificación, aunque persiste el debate político y técnico, con el- Parlamento Europeo solicitando un dictamen al Tribunal de Justicia de la UE sobre su validez jurídica

Más de un cuarto de siglo de negociaciones

El acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Mercosur es el resultado de más de 25 años de negociaciones. Tras un principio de acuerdo alcanzado en 2019 y revisado posteriormente, los textos finales quedaron cerrados en diciembre de 2024. A comienzos de este año, el Consejo de la UE autorizó formalmente su firma, lo que marca el inicio de la fase de ratificación.

“El tratado es un acuerdo mixto, con dos pilares: el comercial regula el comercio de bienes y servicios, el acceso a los mercados y a la propiedad intelectual. Y el político y de cooperación, que abarca el diálogo institucional, la sostenibilidad y la cooperación. Esta estructura es clave porque determina cómo y cuándo puede aplicarse”, explica un análisis realizado por el reconocido estudio legal Marval, O’Farrell & Mairal.

El acuerdo prevé una liberalización progresiva:

  • La UE eliminaría aranceles para aproximadamente el 92 % de las importaciones provenientes del Mercosur;
  • El Mercosur haría lo propio con cerca del 91 % de las importaciones desde la UE.

“El sistema incluye plazos de transición, cuotas y mecanismos de protección para productos sensibles. Se verían directamente alcanzados los sectores agroindustriales, alimentos, bebidas, manufacturas e industria”, señala el estudio.

Por otra parte, el capítulo de propiedad intelectual es uno de los componentes técnicos más relevantes. Establece, por primera vez, un marco bilateral estructurado que cubre derechos de autor y derechos conexos, marcas, diseños industriales, patentes, variedades vegetales, indicaciones geográficas, secretos comerciales y medidas de observancia civil, administrativa y en frontera. El acuerdo prevé la protección recíproca de indicaciones geográficas (IG), contempla reglas de coexistencia con marcas y derechos preexistentes, evitando afectaciones automáticas.

El análisis de Marval, O’Farrell & Mairal recuerda que para que el acuerdo tenga efectos reales, aún deben cumplirse varias etapas:

  • Firma formal del tratado;
  • Aprobación del Parlamento Europeo;
  • Decisión de conclusión del Consejo de la UE;
  • Ratificación por los parlamentos de todos los Estados miembros de la UE;
  • Ratificación individual por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay;
  • Aprobación del tratado por el Congreso Nacional de cada Estado Parte del Mercosur;
  • Depósito del instrumento de ratificación ante la Secretaría del Mercosur;
  • Entrada en vigencia individual del tratado para cada Estado Parte del Mercosur, a medida que se completen las ratificaciones y se efectúe el depósito correspondiente.

“Solo cuando se cumplan estos pasos podrá entrar en vigencia. En el mejor escenario, podría aplicarse de forma provisional y parcial, limitada a materias de competencia exclusiva de la UE”, indica el análisis. Y puntualiza que el Parlamento Europeo remitió el acuerdo al Tribunal de Justicia para que evalúe la compatibilidad con la normativa comunitaria.

En el caso de Argentina, será necesaria, además, una adecuación normativa interna, incluida la legislación en materia de propiedad intelectual. A través del Decreto 24/2026, publicado en el Boletín Oficial el 19 de enero de 2026, el Poder Ejecutivo Nacional convocó a sesiones extraordinarias para tratar el proyecto de ley que ratifica el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, formalizando así el comienzo de su etapa de internalización legislativa. “Hoy, el acuerdo no genera derechos ni obligaciones exigibles. Su relevancia está en lo que puede producir si se ratifica: cambios estructurales en comercio, inversión y en la gestión estratégica de la propiedad intelectual entre los países de ambos bloques”, concluye el estudio.

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Milei en Davos: “El capitalismo de libre comercio es el único sistema justo”

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En una nueva intervención ante el Foro Económico Mundial, el presidente Javier Milei volvió a plantear su visión ideológica y económica ante líderes globales, con un discurso centrado en la defensa del capitalismo de libre comercio, la crítica al socialismo y la reivindicación de las reformas encaradas por su gobierno. La exposición, que se dio tras la participación de Donald Trump, tuvo un fuerte contenido político e institucional y buscó reforzar el posicionamiento internacional de la Argentina en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas y debates sobre el rol del Estado.

El mandatario argentino aseguró que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema justo” y sostuvo que “el socialismo suena lindo, pero termina mal”, en una alocución que mantuvo el tono confrontativo que ya había caracterizado sus presentaciones anteriores en Davos. La intervención se produjo luego del discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volvió a generar polémica por Groenlandia y lanzó advertencias a Europa.

Crítica al socialismo, la agenda “woke” y el orden occidental

Durante su exposición, Milei afirmó que la crisis que atraviesa Occidente es “fruto del socialismo” y utilizó como ejemplo “los daños aberrantes en Venezuela”, a los que atribuyó a la “narcodictadura sangrienta” de Nicolás Maduro. En ese marco, reiteró su rechazo a lo que denominó la agenda “woke”, al populismo y a los “parásitos socialistas”, conceptos que forman parte del núcleo discursivo que el Presidente viene sosteniendo desde el inicio de su gestión.

Asimismo, planteó la necesidad de “retomar los valores judeocristianos para salvar Occidente” y remarcó que “los políticos tienen que dejar de molestar a quienes están trabajando para lograr un mundo mejor”. Con esa definición, volvió a ubicarse en el rol de outsider y a tomar distancia de lo que define como “la vieja política”, una narrativa que busca reforzar tanto en el plano interno como ante audiencias internacionales.

Reformas, desregulación y balance de gestión ante el mundo

En el tramo dedicado a los resultados de su gobierno, Milei destacó el accionar del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado —al que denominó informalmente “el Ministerio de los Rendimientos Crecientes”— conducido por Federico Sturzenegger. Según señaló, ese esquema permitió avanzar en “13.500 reformas estructurales” que, desde la visión oficial, habilitaron el crecimiento de la Argentina al reducir trabas regulatorias.

Bajo esa lógica, el Presidente reiteró que “regular mata el rendimiento” y “merma el crecimiento”, una premisa central del programa económico libertario. En paralelo, elogió la gestión del Ministerio de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello, a quien reconoció por su enfoque hacia los sectores más vulnerables, al que describió como una política de “enseñar a pescar” antes que “regalar pescado”. Incluso, destacó la idea de promover que esos sectores puedan “fundar su propia empresa pesquera”, en lugar de depender de la asistencia estatal permanente.

Proyección política e impacto institucional del mensaje

El discurso de Milei en Davos volvió a posicionar a la Argentina dentro del debate ideológico global, con un mensaje alineado con el liberalismo económico más ortodoxo y una crítica frontal a los modelos de intervención estatal. En términos institucionales, la exposición refuerza la estrategia del Gobierno de buscar legitimidad externa para su programa de reformas, en un contexto de fuerte ajuste interno y redefinición del rol del Estado.

Al cerrar su presentación, el Presidente reiteró su rechazo a las ideas “populistas y empobrecedoras” y afirmó que su gestión continuará trabajando para “defender la libertad, la propiedad privada y la paz”. La frase final condensó el tono del mensaje: “Maquiavelo ha muerto y es hora de enterrarlo. Viva la libertad, carajo”.

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Acuerdo Mercosur–Unión Europea: Lula se baja del acto en Paraguay y recibe a líderes europeos en Río

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no participará este sábado en Asunción del acto de firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, un entendimiento largamente negociado que apunta a crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Desde el Gobierno brasileño explicaron que la ceremonia fue concebida inicialmente como una instancia de carácter ministerial y que la convocatoria a jefes de Estado se realizó fuera de agenda, motivo por el cual el mandatario mantendrá su cronograma sin modificaciones.

La ausencia de Lula resulta significativa por su rol central en el relanzamiento de las negociaciones desde su regreso al poder en 2023. Aun así, Brasil optó por no modificar la agenda presidencial y el jefe de Estado no viajará a Paraguay, según informó la agencia AFP.

Una firma con formato ministerial y agenda presidencial sin cambios

Desde la presidencia de Brasil señalaron que la convocatoria original del evento no preveía una participación a nivel presidencial, y que las invitaciones a los jefes de Estado se cursaron de manera tardía. Bajo ese criterio, Lula decidió no asistir a la ceremonia de firma que se realizará en Asunción.

En el acto sí estará presente el presidente de Paraguay, Santiago Peña, junto a su par de Uruguay, Yamandú Orsi. También se espera la participación del presidente argentino, Javier Milei, aunque su presencia aún no fue confirmada oficialmente.

En paralelo a la firma en Paraguay, Lula recibirá este viernes en Río de Janeiro a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, António Costa, quienes realizarán una escala previa antes de viajar a Asunción. El encuentro tendrá lugar en el Palacio de Capanema, sede de Itamaraty, la diplomacia brasileña, y funcionará como una instancia política de alto nivel vinculada al cierre del acuerdo birregional.

El rol de Brasil y el liderazgo de Lula en el acuerdo birregional

Lula da Silva es considerado uno de los principales impulsores y el “arquitecto” del acuerdo Mercosur–Unión Europea, un proceso de negociación que se extendió durante 25 años sin lograr un cierre definitivo. Durante la presidencia pro tempore de Brasil en el bloque sudamericano, el mandatario impulsó el relanzamiento de las conversaciones, aunque no logró concretar la firma, que finalmente se encamina a sellarse bajo el liderazgo paraguayo.

“El presidente fue quien empujó todo el proceso. Su liderazgo y constancia fueron decisivos para destrabar un acuerdo que llevaba 25 años sin avances concretos”, afirmó este jueves el vicepresidente brasileño Geraldo Alckmin, en declaraciones radiales.

El entendimiento dará origen a una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un alcance estimado de cerca del 30% del Producto Bruto Interno global y un mercado potencial de más de 700 millones de personas. En términos sectoriales, el acuerdo es visto como especialmente favorable para el campo sudamericano y la industria europea, en un contexto en el que Brasil se posiciona como el mayor productor mundial de carne bovina y el principal exportador global de soja.

Resistencias en Europa y tensiones políticas regionales

Pese al avance hacia la firma, el acuerdo enfrenta fuertes resistencias en varios países europeos, donde productores agrícolas y ganaderos protagonizan protestas por el impacto que la apertura comercial podría tener sobre sus economías locales. Estas objeciones siguen siendo uno de los principales focos de tensión en la etapa posterior a la firma, cuando el tratado deba ser ratificado por los parlamentos correspondientes.

En el plano político regional, la ausencia de Lula también se produce en un contexto de distanciamiento con el presidente paraguayo Santiago Peña, en medio del acercamiento del mandatario guaraní con Javier Milei. Además, se señala que Lula evitaría una eventual foto conjunta con el presidente argentino y que busca eludir escenarios que puedan derivar en tensiones diplomáticas, como ya ocurrió en anteriores cumbres del Mercosur vinculadas a la crisis política de Venezuela.

Mientras tanto, el presidente brasileño tendrá su propia “foto de la victoria” en Río de Janeiro, con los máximos referentes de la Unión Europea, en un gesto que refuerza su papel como garante político del acuerdo, aun sin asistir a la firma formal en Paraguay.

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Mercosur y EFTA eliminan aranceles y abren oportunidades para el agro argentino

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Tras ocho años de negociaciones, el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) alcanzaron un tratado de libre comercio que proyecta abrir un área comercial de 300 millones de personas y un PIB conjunto superior a los USD 4,3 billones. Para la Argentina, significa nuevas oportunidades de exportación, mayor previsibilidad normativa y un paso estratégico hacia la integración internacional.

El anuncio se realizó en Río de Janeiro, durante una cumbre en el Palacio de Itamaraty, donde participaron los cancilleres Gerardo Werthein (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Mario Lubetkin (Uruguay) y la viceministra de Relaciones Económicas de Paraguay, Patricia Frutos.

Las negociaciones comenzaron en julio de 2017 en Buenos Aires y, tras 14 rondas formales, desembocaron en un acuerdo que los representantes de ambos bloques definieron como “histórico”. El vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, afirmó: “En medio de un mundo en incertidumbre estamos dando una prueba de que es posible fortalecer el multilateralismo y el libre comercio”.

La EFTA está conformada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein, países que no integran la Unión Europea pero poseen un fuerte poder adquisitivo y marcos regulatorios de alto estándar.

Aranceles, acceso a mercados y sectores clave

El tratado prevé la creación de un área de libre comercio con impacto directo en bienes, servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias, y reglas de origen.

Entre los compromisos centrales se destacan:

  • EFTA eliminará el 100% de los aranceles de importación sobre productos industriales y pesqueros del Mercosur desde la entrada en vigor del acuerdo.
  • El Mercosur contará con un período de hasta 15 años para eliminar gradualmente la mayoría de los aranceles a productos industriales europeos.
  • El bloque europeo otorgará preferencias arancelarias inmediatas a productos agrícolas estratégicos para la región, como café, carne bovina, aviar y porcina, etanol y vino.
  • Más del 97% de las exportaciones de ambas partes obtendrán mejoras de acceso a mercados, según destacó la Cancillería argentina.

En 2024, el comercio bilateral mostró exportaciones del Mercosur hacia la EFTA por USD 3.373 millones e importaciones por USD 3.824 millones, con Suiza como principal socio.

La Cancillería resaltó que el acuerdo “proveerá mayor previsibilidad y certidumbre jurídica en el comercio”, clave para las inversiones y la competitividad de las empresas. Además, se subrayó que beneficiará especialmente a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) al brindar un marco simplificado de acceso a mercados sofisticados.

El canciller uruguayo Mario Lubetkin lo calificó como una “alianza estratégica”, mientras que su par brasileño, Mauro Vieira, destacó que se trata de un pacto “justo y basado en reglas claras”.

Desde el plano político, el acuerdo fortalece la posición internacional del Mercosur, en momentos en que el bloque busca diversificar sus socios frente a la dificultad de concretar el demorado tratado con la Unión Europea.

El tratado aún debe ser aprobado por los Parlamentos de cada país firmante, un proceso que podría extenderse hasta finales de 2026 o incluso demorarse más. Sin embargo, se prevé que la aplicación sea gradual y bilateral, es decir, entre cada miembro del Mercosur y cada país de la EFTA a medida que se concreten las ratificaciones.

De confirmarse, Argentina quedará posicionada en una plataforma estratégica para acceder a un mercado de alto poder adquisitivo, en momentos en que necesita ampliar sus exportaciones, atraer inversiones y consolidar divisas.

El desafío para el país será aprovechar las ventajas arancelarias, mejorar la competitividad en sectores agroindustriales y sostener un marco regulatorio alineado con estándares internacionales.

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