Lugo

Las “Felices Pascuas” en Paraguay

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Es probable que hoy, como anticipado regalo de Pascuas, la Cámara de Diputados apruebe el proyecto de Enmienda para incluir la reelección presidencial en la Constitución, y convoque a referéndum para sellar el trámite, de cara a las elecciones generales de abril de 2018.

El presidente de la cámara baja del Parlamento paraguayo, Hugo Velázquez, insistía hasta ayer que la Enmienda no está en el orden del día de la sesión de este martes, pero no son pocas las voces que sugieren su tratamiento sobre tablas, para madrugar una reacción opositora que hasta ahora no se ha traducido en movilización de masas.

Las versiones sobre la inminente aprobación del polémico proyecto que instaló una crisis política interminable, encuentran razones en el fracaso de la mesa de diálogo, convocada por el presidente Horacio Cartes, para zanjar la explosiva situación que quedó tras los violentos episodios de fines de marzo, donde fue incendiado el Parlamento y la policía mató a un joven liberal.

La mesa de diálogo, murió, prácticamente, antes de empezar por la intransigencia de cada uno de los sectores enfrentados: la oposición, que exigía al oficialismo retirar el proyecto de Enmienda, y el oficialismo, adelantando que de dicho proyecto no estaba sobre la mesa.

Los observadores, consideran que éste es el momento más oportuno para el último paso de un trámite parlamentario, accidentado y no exento de controversia, de un proyecto que ha dividido la escena política paraguaya como nunca durante toda la transición iniciada con la caída de la dictadura de Stroessner, en 1989.

El comienzo de la Semana Santa, en un país de profundas raíces católicas es, prácticamente, un reaseguro de que no habrá reacción alguna a una aprobación de la Enmienda en Diputados. La gente –especulan los analistas-, estará de viaje, jugando a la lotería en familia, o mirando en televisión esas viejas películas sobre Jesús, de ayer, hoy y siempre.

Pueblo mbaé
Si hay un gran actor ausente en la tormenta política que se agita en medios y redes sociales, es la gente, por no decir el pueblo, que puesto así suena a gran y enciclopédica entelequia. Pero, ambas son invocadas como palabras mágicas por los dos sectores que dicen hablar en su nombre.

Los unos, piden que “el pueblo decida” en un referéndum si quiere o no enmendar la Constitución. Los otros, cuestionan el procedimiento que instaló el tema a las puertas de que la Cámara de Diputados convoque a tal referéndum, pero en el fondo temen perderlo, conscientes del aparato que maneja el presidente Horacio Cartes, impulsor de la Enmienda, y la popularidad de la principal figura de su aliado más próximo en la cruzada, el izquierdista Frente Guasú, que busca la reelección del ex presidente Fernando Lugo, ubicado en la cima de la intención de voto para las elecciones del año que viene, según todos los sondeos.

Pero, el pueblo no está en la calle. No estuvo el viernes 31 de marzo, la trágica noche en que la policía asesinó al joven liberal, Rodrigo Quintana. No está en la plaza, donde estoicamente un puñado de activistas sostiene una carpa que llama a una resistencia que no enciende. El pueblo, el anónimo, se sigue levantando a las tres de la mañana, para viajar colgado en buses chatarra hacia los mercados, fábricas, o las esquinas y viaductos, donde todos los días cientos de miles libran su batalla perdida contra la miseria, en un país donde la desigualdad alcanza niveles épicos.

Cualquiera pensaría que con 22,24% de la población pobre, esto es 1,5 millones de personas, cualquier chispita sería suficiente para desatar el incendio. Pero, no. La quema del Congreso no fue producto de la ira popular; eso lo sabe todo el mundo, hasta quienes promocionan la idea de la revuelta. Resulta harto evidente, que en un edificio donde normalmente es difícil el acceso, con escáner y rayos x, y un cordón permanente de policías, alguien tuvo que haber ordenado el laissez faire, que derivó en la destrucción de buena parte de la planta baja del edificio.

Durante meses, los medios venían hablando de la reedición del marzo paraguayo, aquella masacre de 1999 producto de un plan que salió mal y que desembocó en un baño de sangre, en el mismo lugar donde este marzo se encendió la mecha que desembocó en la muerte del muchacho de la juventud liberal.

Resulta increíble, pero el crimen, sobre el que hay videos donde claramente se ve a la policía ingresando a los tiros en el local partidario liberal, no provocó mayor indignación, como tampoco provocaron las muertes de aquel marzo, sobre cuya sangre se convalidó un gobierno corrupto que no había sido elegido por nadie. Como tampoco provocó la masacre de Marina Kué, en 2012, donde murieron 17 personas, entre campesinos y policías, y que sirvió de pretexto para sacar a Lugo del gobierno. La indignación, hubiera impedido la caída de Lugo, y hubiera forzado una investigación transparente de los hechos, y evitado las condenas injustas de quienes terminaron pagando un crimen que no cometieron.

La “grieta” no es solo kurepí
Un discurso peligroso se instaló como consecuencia de la escalada en la guerra mediática por el rekutú (reelección, en guaraní). En rigor, es un fenómeno similar al que los medios hegemónicos ayudaron a instalar en Argentina, responsabilizando al kirchnerismo de haber dividido al país, la famosa “grieta”. Aquí, la oposición a la Enmienda, entre cuyos actores más poderosos se encuentra casi todo el conglomerado mediático empresarial, viene alentando la visión de que quien suscriba el proyecto reeleccionista es cartista golpista.

La Enmienda, dicen es “anticonstitucional”, por lo tanto, su inminente aprobación en Diputados constituye un golpe de Estado parlamentario. Es curioso que la mayoría de quienes hablan hoy de golpe, incluidos los medios hegemónicos, no hayan considerado de la misma manera el juicio político contra Fernando Lugo en 2012, que fue visto como un quiebre institucional por la mayoría de los países del mundo, tan es así que Federico Franco, que reemplazó a Lugo en la Presidencia, gobernó poco más de un año aislado y casi sin salir al exterior.

Hoy, en el pináculo del surrealismo, actores opositores que en 2012 apoyaron el juicio político contra Lugo, como Efraín Alegre, presidente del PLRA y aspirante a liderar la chapa presidencial de la oposición en 2018, tachan de golpista al mismo Lugo, y a todo quien se encolumne detrás de la enmienda constitucional.

Igualmente contradictorio resulta que el sector mayoritario de quienes se oponen a la enmienda reeleccionista, hayan intentado un plan similar en 2011 para posibilitar la reelección de Lugo, que ahora es su enemigo público número uno, incluso más que Cartes, dato que también tiene su propia lógica, y no estriba en quiebre ni golpe alguno, sino que tiene más que ver con intereses personales y sectoriales.
La posibilidad de que Lugo pueda volver a postularse, produce desesperación en filas de la izquierda nucleada en Avanza País, la concertación escindida del Frente Guasú en 2012, y el oficialismo liberal que promueve la candidatura de Alegre, que ven pulverizarse sus espacios políticos. Avanza País, podría quedarse sin el puñado de escaños que tiene en el Congreso, e incluso quedar al borde de la extinción.

Con Lugo habilitado, Alegre volvería a quedarse con las ganas. También, el intendente de Asunción, Mario Ferreiro. Ambos, ya perdieron contra Cartes en 2013.

La Corte, no corta
La oposición al proyecto reeleccionista abriga esperanzas de que la Corte Suprema de Justicia detenga todo lo actuado en el Parlamento hasta ahora. Esto es, que declare inconstitucional la llamada sesión de los 25, del 31 de marzo, donde el bloque de senadores pro-Enmienda, mayoría sobre una Cámara de 45 parlamentarios, cambió el reglamento del Senado y aprobó el polémico proyecto, pasándolo a Diputados.

La oposición, alega que está sesión es ilegal por no haberse desarrollado conforme a procedimientos parlamentarios usuales, pero el tema aquí no es jurídico, sino político, y es poco probable que el máximo tribunal se compre una pelea con una mayoría de senadores que tienen el poder para descabezar la Justicia.

Pero, si la Corte eligiera intervenir, una opción que los analistas locales ven poco factible, es muy probable que falle en línea con el oficialismo pro-reelección, ya sea porque, históricamente, ha respondido al oficialismo colorado, o porque casi todos sus integrantes deben favores a la clase política.

Alicia Pucheta, por ejemplo, que dejó la Presidencia del tribunal hace poco, tiene a su hijo Hugo Correa, en Itaipú, al igual que su colega Antonio Fretes, quien además tiene otros varios parientes en la función pública. La hija de Raúl Torres Kirmser, otro de los ministros, ostenta un cargo diplomático en la embajada paraguaya en Austria. El actual presidente, Luis María Benítez Riera, fue nombrado en la época de Lugo, pero muestra mucha afinidad con el titular del Ejecutivo.

La última vez que la Corte intervino, hace menos de dos meses, habilitó a Cartes para una nueva emisión de bonos de deuda, sin necesidad que el tema pasara por el Parlamento.

Lugo, con y sin
Con Enmienda, Fernando Lugo, es número puesto. Las encuestas lo ubican con más del 52% de intención de voto. Pero, múltiples voces calculan que si Lugo tiene un Plan B, en caso de no prosperar la enmienda constitucional, sería insistir con su candidatura, abonando a una cuasi descabellada interpretación constitucional, según la cual no tiene impedimento alguno.

Desde hace mucho tiempo, mucho antes que surgiera el proyecto Enmienda, el entorno más cercano a Lugo abonaba la tesis que el ex presidente y actual senador está habilitado para ser candidato.

La denominada Tesis Fariña, en alusión a Marcos Fariña, abogado del ex obispo, cabalgaba sobre una sui generis interpretación del artículo 229 de la Constitución, referente a la duración del mandato presidencial, que dice textualmente que el Presidente y el Vicepresidente “no podrán ser reelegidos en ningún caso”. Según Fariña, dicha reglamentación no alcanza a su cliente, puesto que éste no ejerce actualmente el cargo de Presidente de la República.

La Tesis Fariña, alcanzaría a todos los ex presidentes, incluido Cartes si renunciara, por lo menos, seis meses antes de las elecciones. Sin embargo, no produjo entusiasmo en ex mandatarios como Nicanor Duarte Frutos, por ejemplo, viejo entusiasta de sueños absolutistas, quien de prosperar el proyecto reeleccionista de su correligionario, seguro le planteará batalla por la candidatura presidencial al interior del Partido Colorado.

El hecho de que, además, Lugo haya podido jurar como senador activo, cuando la Corte no se lo permitió a Duarte Frutos, que había sido legalmente electo, porque según la ley paraguaya los presidentes se convierten, automáticamente, en senadores vitalicios al dejar el cargo, es una especie de bonustrack de la misma teoría de Fariña.

Para todos los constitucionalistas consultados, es un verdadero disparate, pero como decía el protagonista de aquella película de Alberto Lecchi: “Perdido por perdido, dos veces perdido”.

Es quizás probable que Lugo insista, habida cuenta de su indiscutido liderazgo pronosticado en los sondeos. Y también es muy probable que, en ese caso, la Corte intervenga para cortarle el paso, en favor, por supuesto, de un cartismo sin Cartes.

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Otro golpe parlamentario en Paraguay: fuerzan enmienda para aprobar reelección

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Según reportaron medios colegas, el senador Velázquez desde su puesto en la Cámara Alta, como vicepresidente segundo, hizo el llamado a sesión extraordinaria para modificar el reglamento interno.

Según un reporte los Senadores que buscan el cambio salieron de la sala de sesiones para obtener el dictamen de comisiones y llevar adelante el debate en la sala bicameral del Congreso Nacional.

Lo que buscan los senadores consiste en que el presidente del Congreso no logre “cajonear” el proyecto de enmienda, además desean que algunas mociones no requieran dos tercios (30 votos), sino mayoría absoluta (23 votos).

El senador Eduardo Petta dijo a los medios es que la situación no fue válida ya que estaban presentes el presidente del Senado, el liberal Roberto Acevedo, y el vicepresidente segundo, Eduardo Petta.

Mediante el cambio del reglamento buscan dar vía libre al proyecto de enmienda constitucional para habilitar la reelección presidencial.

En la residencia presidencial estuvieron siguiendo de cerca la tensión del Congreso. El cartismo busca cerrar la jugada y llegar hasta las últimas consecuencias con el plan de enmienda para la reelección.

Durante todo el tiempo en que los legisladores oficialistas se pulsearon ayer con la oposición en el Congreso, el presidente Horacio Cartes y su equipo de asesores se pasaron monitoreando paso a paso los acontecimientos desde Mburuvicha Róga.

Hubo intensas llamadas y tratativas para encaminar el tema, pese a todos los cuestionamientos que surgieron sobre el intento de forzar la sesión para llevar adelante el proyecto de enmienda.

Hubo nulo movimiento desde tempranas horas de la mañana en la residencia presidencial. Cartes solamente tuvo una reunión oficial con un equipo de funcionarios del Ministerio de Agricultura y Ganadería para tratar el tema de la carne. Estuvieron por la residencia los ministros Juan Carlos Baruja (Agricultura y Ganadería) y Antonio Barrios (Salud Pública). Ninguno dio declaración oficial.

Los principales operadores desde el Senado, Lilian Samaniego y Juan Darío Monges, mantuvieron al tanto de las negociaciones principalmente a los asesores políticos Darío Filártiga, Arnaldo Franco y Basilio Núñez.

Un colaborar cercano de Cartes aseguró que se juegan al todo o nada y que llegarán hasta conseguir aprobar la enmienda, necesaria para plantear la reelección para las elecciones de 2018.

El que se borró durante la confrontación política en el Senado fue el Fernando Lugo. Sus aliados solamente señalaron que se mantiene en su posición de no apoyar la enmienda. Sin embargo, será uno de los principales beneficiados ya que una vez aprobado el plan iniciará su campaña para competir contra Cartes.

Desde el oficialismo aseguran que ya tienen el paso asegurado para aprobar la enmienda y que hay conversaciones avanzadas con la Justicia Electoral para impulsar el referéndum.

La idea de los cartistas y sus aliados es que puedan realizar el referéndum a más tardar entre mayo y junio, para arrancar luego con las internas.

Desde el cartismo indican que ya tienen armada la lista de senadores de Honor Colorado y que la lealtad de muchos en el Congreso es una señal de que ya tienen asegurado su espacio, como Lilian Samaniego, quien nuevamente quiere ocupar uno de los primeros lugares.

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Lugo considera “muerta” la enmienda que permitiría habilitar la reelección

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Esa chance “ya venció, ya murió, ya no tiene más sentido”, dijo Lugo, señalado como favorable a una enmienda constitucional que habilite la reelección.

Lugo hizo estas declaraciones a la prensa tras el vencimiento del plazo de tres semanas propuesto por los legisladores del Frente Guasú -que lidera el ex obispo- para presentar en el Parlamento un proyecto de enmienda para la modificación de la Constitución, que hasta ahora prevé un mandato presidencial de cinco años y prohíbe la reelección.

Presidente entre 2008 y 2012 y destituido en un rápido y cuestionado juicio político, Lugo adelantó el año pasado su intención de volver a ser candidato en 2018, respaldado por el Frente Guasú, pero el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) lo consideró inhabilitado porque ya ejerció ese cargo.

Lugo consideró hoy que la decisión del TSJE se debe “destrabar” y remarcó que él y la alianza que lo respalda creen que el tribunal “se ha excedido” en sus funciones al pronunciarse contra su candidatura.

Si quedara habilitada la reelección presidencial, Lugo sería el candidato preferido para un 52,6 % de los votantes, según una encuesta publicada a comienzos de mes y encargada por el diario Última Hora.

El Frente Guasú trabaja en un proyecto de enmienda constitucional que habilita la reelección, que también le interesa al gobernante Partido Colorado, que a su vez pretende postular al mandatario Horacio Cartes en las elecciones de 2018.

Las dos fuerzas deben presentar en las próximas semanas el proyecto de enmienda en el Congreso para agotar los plazos ante la inminencia de las elecciones del próximo año.

La duda sobre cuándo se presentará ese proyecto generó expectativa en el Parlamento, después de que la última sesión de la Cámara de Senadores se levantara la pasada semana por falta de quórum. Si la enmienda se aprueba, debe haber un referendo para que la ciudadanía vote a favor o en contra de la reelección.

El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el mayor de la oposición, rechaza la enmienda como forma de habilitar la reelección porque considera que la única vía legal es la reforma de la Carta Magna.

 
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Paraguay: planes B, o cuando lo peor es nada

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La novela de la enmienda se alarga. Ya casi se agotan los tiempos, y el polémico proyecto para introducir la figura de la reelección presidencial en la Constitución paraguaya, de cara a las generales de abril del año que viene, sigue siendo un borrador que alimenta todo tipo de especulaciones.

Así, el tema parece diluirse en el horizonte político, dejando espacio a lo que podría ser un escenario sin rekutú (reelección, en guaraní), y en el que nadie tiene asegurado nada. Ni el liberal Efraín Alegre, ni el cartismo, como tampoco la oposición colorada, y la izquierda, irreconciliablemente dividida.

Tener y no tener

Según la prensa de Asunción, el oficialismo colorado tiene prácticamente afinado un Plan B para el caso que el rekutú del presidente Horacio Cartes no salga. HC, no piensa en relegar un espacio por el que pagó millones de dólares, además de lo que significa el poder para un hombre sospechado, investigado, por vinculaciones con el narcotráfico y el lavado de dinero. Retirarse, y pasar a ser una figura decorativa en el Parlamento, como Senador Vitalicio, no aparece entre sus opciones.

El nombre elegido encaja perfectamente en el retrato que hiciera, en su momento, el dirigente colorado stronista, Blas N. Riquelme, de la figura de Juan Carlos Wasmosy, candidato a presidente por el  Partido Colorado en las elecciones de 1992. “Ivaí ramó je la ja reková, por lo menos ja rekó” (“Por más feo que sea lo que tenemos, por lo menos tenemos”), dijo Riquelme, y la frase quedó para el folclore.

Enrique Riera Escudero, actual ministro de Educación, es el Plan B del cartismo, el hombre elegido para tomar la posta de un proyecto político neoliberal, que repite las recetas económicas de ajuste de sus vecinos argentinos y brasileños, a la par que toma deuda de los centros financieros internacionales, y hace y patrocina grandes negocios con el sector privado corporativo, mientras crecen la pobreza y el desempleo.

Riera, es un hombre relativamente joven. Fue legislador, Intendente de Asunción, titular del Consejo de la Magistratura. Hace menos de un año, reemplazó en Educación a Marta Lafuente, obligada a renunciar por el movimiento estudiantil, que tomó más de 100 colegios en todo el país. Riera, tampoco se lleva bien con los chicos. Vivió ya varios episodios donde le hicieron saber de reivindicaciones pendientes. Pero, hasta ahora pudo capear un temporal que acabó con su predecesora.

Riera, tiene más sombras que luces. Su responsabilidad política en el incendio del supermercado Ykua Bolaños, en 2004, cuando era Intendente de Asunción, es innegable, y lo colocó en el ojo del huracán de un crimen que se saldó con 400 muertos, y por el que nadie nunca pagó, salvó las víctimas y sus familias.

De hecho, llegó a ser casi invisible. Por una buena temporada, mantuvo un perfil bajísimo para lo que era su performance de aparición pública, hasta que ahora despunta como el favorito para suceder a HC. Incluso, sobre Santiago Peña, el joven Ministro de Hacienda y niño mimado de Cartes, pero muy resistido por el coloradismo más ortodoxo, donde la militancia y los vínculos sanguíneos son factores preponderantes. Peña, sin embargo, podría acompañar a Riera en una eventual chapa colorada, de cara a las generales de abril de 2018.

La estrella que no brilla

En la oposición, el horizonte aparece todavía más desdibujado. La sensación es que la estrella del liberal Efraín Alegre se apagará más temprano que tarde, y el desenlace será otro. La Convención de semanas atrás, donde hizo valer su postura y se proyectó como presidenciable indiscutido, supuso también un realineamiento de sus opositores, liderados por el senador Blas Llano, partidario de la enmienda constitucional y de una concertación con el ex presidente Fernando Lugo a la cabeza.

En estos días, por lo menos seis diputados efrainistas se pasaron al llanismo, deserciones que podrían llegar a minar las aspiraciones de Alegre de encabezar la alianza electoral. De no poder acompañar a Lugo a falta de enmienda, el gobernador de Central, Blas Lanzoni, podría disputarle la candidatura presidencial, con ciertas posibilidades de obtenerla.

Para desgracia de Alegre, está también la estrella del periodista Mario Ferreiro, Intendente de Asunción, a quien los últimos sondeos difundidos ubican con un 47,3% de intención de voto, en caso que la reelección no salga y Lugo no sea candidato.

Ferreiro es un socialdemócrata, que ha conseguido aglutinar un puñado de fuerzas progresistas, nucleadas en la concertación Avanza País, con la que fue candidato a Presidente en 2013. Hace un año, en una alianza con el liberalismo, le arrebató la Municipalidad de Asunción al cartista Arnaldo Samaniego, que iba por otro mandato.

De ofrecerse como Vice de Alegre, Ferreiro se presenta ahora con pretensiones de encabezar una eventual alianza. Su único respaldo son las encuestas. Su concertación política no tiene base social, ni estructura, con la excepción del Partido Revolucionario Febrerista (PRF) y el Pmas, que tampoco tienen mucho predicamento electoral. Llegó a la Intendencia aliado con el Partido Liberal. Su única posibilidad es reeditar la alianza. Le encargó la tarea de mediador con el liberalismo a su hermano Adolfo, senador por Avanza País.

No es mucho lo que el hermano pueda hacer, en un escenario donde la mitad del liberalismo no abandona todavía la idea de volver a llevar a Lugo como bandera, y donde el sector más cercano a Ferreiro lo ve como segundo de Alegre, y nunca como cabeza de la chapa.

 

En la “mansión guasú”

Mientras tanto, las mismas encuestas que esgrime Ferreiro, hacen más desconcertante la posición de Lugo. El ex presidente se dice y se desdice contra la enmienda, cuando sus partidarios en el Frente Guasú (Frente Grande) discuten un proyecto común con el oficialismo colorado, cuya presentación al Parlamento sigue siendo incierta.

El ex obispo no tiene un Plan B. O en todo caso, su segunda opción, sea retener su banca en el Senado. Los sondeos lo sitúan en la cima de la intención de voto, así que su continuación como parlamentario estaría garantizada.

Contrario a la enmienda constitucional en sus apariciones públicas, Lugo reafirma, sin embargo, que de prosperar el polémico proyecto reeleccionario volvería a presentar su candidatura a la Presidencia.

A menos de 14 meses para las elecciones, el tablero electoral es el de mayor incertidumbre en toda la larga transición política paraguaya iniciada en 1989. Nunca antes, ni siquiera en 1992, cuando el histórico caudillo colorado Luis María Argaña veía birlada su candidatura mediante un fraude que se ventilaría una década después. Ni en 1999, cuando el argañismo consiguió dejar fuera de competencia al vencedor de las internas, el general Lino Oviedo, metiendo a Argaña en la chapa partidaria, en un aventurado plan que salió mal, y resultó en un baño de sangre conocido  como “marzo paraguayo”.

 

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La reelección provoca una tormenta política en Paraguay

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Por Marcelo Ameri, desde Asunción. Por alguna razón desconocida, Horacio Cartes, está convencido que volvería a ganar las Presidenciales del año que viene en Paraguay, cuando todos los pronósticos y encuestas indican lo contrario, ubicando al ex presidente y actual senador, Fernando Lugo, como favorito.

Pero, Cartes, que llegó al poder en 2013 y cuya imagen está por el piso, insiste en impulsar una enmienda constitucional que habilite la figura de la reelección, prohibida por la Carta Magna de 1992.

El tema, divide y polariza las opiniones desde hace varios meses, en una guerra mediática que parece no tener fin. La polarización alcanza al interior de las principales fuerzas políticas del país. Colorados y liberales se debaten en feroces internas, donde no faltan las amenazas de expulsión. También la izquierda, dividida desde 2013, en dos bloques que antagonizan ventilando sus trapos sucios, el Frente Guasú, y la concertación Avanza País.

Ambos bloques se acusan mutuamente de haber pactado con Cartes. Y de hecho, ambos lo hicieron. Avanza, empezó pactando la conformación de la Mesa Directiva del Congreso; después, negoció una banca en el Consejo de la Magistratura; después, pactó el rechazo al proyecto que gravaba las exportaciones de granos, el impuesto a la actividad tabacalera (Cartes es tabacalero), y la Contraloria General de la República, hace muy poco. Una sucesión de “pactos”, que empezó cuando Cartes todavía no había calentado el sillón de López, a muy poco de asumir el poder. Hay testimonios fotográficos “a bulto”, como se dice comúnmente en Paraguay cuando la oferta supera con creces la demanda.

¿Lugo pactó con Cartes? Sí, pactó acompañar el proyecto de enmienda constitucional ad referéndum. De hecho, sin el ex presidente ya habría sido archivado.

La enmienda constitucional tampoco es un tema nuevo. Ya en 2011, un sector de los que ahora se oponen intentó un plan similar para posibilitar la reelección de Lugo. Pero, éste, que hoy se muestra a favor, fue el que sepultó la idea. Después de 35 años de vivir bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, en 1992, a los tres años de haber recuperado la democracia, los paraguayos establecieron en la Constitución que quien gobierne no podría hacerlo por más de un período. Lugo, destituido en 2012 por lo que sus partidarios consideran un “golpe legislativo”, un año antes había recolectado firmas para un proyecto que también fue rechazado.

Pudo haber tenido su rekutú (reelección en guaraní). Su gobierno había obtenido conquistas importantes en lo relacionado con la soberanía de los recursos energéticos que Paraguay comparte con los países vecinos. Y, al mismo tiempo, había desplegado una batería de políticas sociales que se hacían sentir hasta en las zonas más alejadas del país. No hubo atisbo de transformación estructural, como reclamaba la izquierda más radical. El tema de la propiedad de la tierra, concentrada como en ninguna otra parte del mundo, por ejemplo, no pasó nunca del plano discursivo, pero en un país donde buena parte de la población es pobre o muy pobre, la salud gratuita, las pensiones y los subsidios, son hechos difíciles de olvidar.

Contrariamente a lo que sucede con Horacio Cartes. A un año de concluir su mandato, su gobierno hace agua por toda la línea. La población pobre suma cerca de 2.000.000 de personas, el 25% del total; se han disparado el desempleo y sub-empleo, aumentó la inseguridad, la deuda pública ha alcanzado niveles históricos. El Presidente y parte de su gabinete enfrentan denuncias de corrupción, y de sostener vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero. La imagen de Cartes no deja de caer.

Sin embargo, es el principal impulsor de la enmienda por la reelección. Y ha conseguido, no solo sumar al ex obispo, sino domesticar lo suficiente a sus partidarios, y negociar alianzas con sectores del liberalismo disidente.

La discusión se centra en la forma más que en el fondo. Sucede que el tema fue rechazado en agosto pasado en el Congreso, y según la Constitución no puede volver a ser tratado por el término de un año. Quienes se oponen, tachan la iniciativa de inconstitucional. La paradoja es que el voto de Lugo en aquella sesión fue crucial para el rechazo del proyecto.

Lugo es así el blanco favorito de una guerra mediática que parece no tener fin. La posibilidad de que pueda volver a postularse, produce desesperación en filas de la izquierda nucleada en Avanza País, y el oficialismo liberal que promueve la candidatura de Efraín Alegre, que ven pulverizarse sus espacios políticos. La posibilidad de que pueda volver a repetir la hazaña del 20 de abril de 2008, inquieta a los grupos económicos, que temen un Lugo recargado, que recorte algunos de sus privilegios.

Hace un par de semanas, Humberto Rubín, propietario de Radio Ñanduti, se despachaba contra el ex obispo, no sin reconocer el “increíble” feed back que tiene con la población, especialmente en el interior del país. “Es un hijo de puta, pero la gente lo quiere”, comentaba Rubín, patriarca de una familia de empresarios mediáticos que se iniciaron con el padrinazgo de la dictadura stronista.

Hay quienes ven el tema como un “Pacto de Olivos” a la paraguaya. Pero, Cartes no es Menem, y a diferencia de Alfonsín, cuyo candidato era imposible que ganara, todos los sondeos dan a Lugo una intención de voto cercana al 47%.  A menos que sea verdad aquella desopilante versión que dice que Cartes compró todas las encuestas para que le den ganador a Lugo.

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