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El nuevo des-orden mundial y los refugios estratégicos

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El ataque de Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro marcaron el fin del orden mundial tal como se conocía. Emerge ahora uno nuevo, ni global ni multipolar. Ni dividido en dos como durante la Guerra Fría. En el nuevo orden impera la ley del más fuerte por sobre el derecho internacional. Y eso no es un buen augurio para Ucrania o para Taiwan, ni para ningún país del mundo. 

El estado de derecho se ha transformado en “el Estado soy yo”. Donald Trump es al mismo tiempo presidente, policía, militar y juez de sentencias. 

En una entrevista extraordinariamente franca con The New York Times, Donald Trump esboza una concepción del poder presidencial que roza el absolutismo. Como comandante en jefe, sostiene que su autoridad está limitada únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”, desestimando al derecho internacional, los tratados y las normas multilaterales como restricciones reales. En su visión, la fuerza nacional -y no el andamiaje jurídico construido tras la Segunda Guerra Mundial- es lo que verdaderamente ordena el sistema internacional. Las reglas, alianzas y convenciones que durante décadas estructuraron la estabilidad global aparecen, en su cosmovisión, como cargas innecesarias para una superpotencia que debería actuar sin ataduras.

Ese mismo enfoque se proyecta sobre la geopolítica concreta. Trump reduce a la OTAN a una herramienta vacía sin Estados Unidos y admite que podría verse obligado a elegir entre preservar la alianza o apropiarse de Groenlandia, a la que considera estratégicamente indispensable, justo cuando sus pobladores están buscando la autodeterminación. Defiende la “propiedad” territorial como una condición psicológica y material del poder -superior a cualquier tratado o arriendo- y deja en claro que, para él, la soberanía de otros Estados es secundaria frente al papel de Estados Unidos como “protector de Occidente”. En contraste con presidentes anteriores, a quienes acusa de haber sido demasiado cautelosos, Trump reivindica el uso directo del poder estadounidense con fines políticos y económicos, incluso cuando eso implique redefinir -o ignorar- los límites del orden internacional vigente.

Cualquier parecido con la imagen de un dictador, es pura coincidencia. Obviamente Trump no se presenta como un dictador -Maduro tampoco-, sino como alguien que desprecia la idea misma de los límites. Niega que la ley, el derecho internacional o las alianzas sean fuentes externas de autoridad a las que deba someterse. Eso es en la práctica, un pensamiento tiránico, aunque todavía no sea una tiranía institucionalizada.

En términos de ciencia política, la visión que Trump expresa encaja con precisión en el concepto de cesarismo: una forma de liderazgo en la que el poder no se legitima por la ley ni por las instituciones, sino por la fuerza, el éxito y la capacidad de imponerse. El líder cesarista se sitúa por encima de los contrapesos formales, convierte al Estado en una herramienta personal y concibe la política -tanto interna como externa- no como un sistema de derechos y normas compartidas, sino como un campo de dominio, donde manda quien puede y no quien debe.

Julio César no abolió la República el primer día. Primero la vació de sentido.

Para desazón de los entusiastas del derrocamiento de Maduro y la acción de Estados Unidos, Trump ya no habla ni de democracia ni de salvar al país de una dictadura. Ni siquiera de narcotráfico. Estados Unidos admitió que el Cártel de los Soles, señalado por Trump como el enemigo que lideraba Maduro, no es una “organización criminal real”.  Expertos en delincuencia y narcóticos en Latinoamérica afirmaron que, esa denominación, se trata de “un término coloquial, inventado por los medios venezolanos en la década de 1990, para referirse a funcionarios corruptos por el dinero del narcotráfico“.

El eje es el petróleo. Negocios. Negocios para empresas de Estados Unidos. 

“Lo que hemos hecho es que hemos tomado el control de todo un país. Vamos a hacer que el país sea fuerte y bueno y, en última instancia, van a poder votar y poner a alguien que les guste. Hemos tomado petróleo por un valor de 4.000 millones de dólares en un solo día, y eso va a aumentar. Vamos a reconstruirlo. Todas las grandes compañías petroleras están entrando. Van a ganar mucho dinero y Venezuela va a recibir parte de ese dinero y nosotros vamos a recibir parte de ese dinero. Trajimos estabilidad a la región, con estabilidad y precios del petróleo mucho más bajos”, explicó Trump en otra entrevista. 

A diferencia de otros años -en noviembre se cumplieron 25 años del No al Alca-, el poder imperial no encuentra oposición. Javier Milei aplaudió el avance de Trump, Lula Da Silva ensayó una crítica de compromiso y el resto del continente miró para otro lado. El colombiano Gustavo Petro llamó dócilmente a Trump para calmar las amenazas del norte. En Europa y los organismos internacionales, las críticas no hirieron susceptibilidades. 

La crítica más mordaz provino de la ultraderechista francesa Marion Anne Perrine Le Pen, a quien nadie puede achacarle alguna simpatía por el chavismo residual: “Existían mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, hacía pesar sobre su pueblo, desde hace demasiado tiempo, una losa que hundió a millones de venezolanos en la miseria -cuando no los obligó al exilio-. Pero existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera sea su tamaño, cualquiera sea su poder, cualquiera sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a ese principio para Venezuela, para cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre. Sería, por lo tanto, un peligro mortal, en un siglo XXI que ya es escenario de grandes sacudidas geopolíticas y que hace pender sobre la humanidad el riesgo permanente de la guerra y del caos”, detalló. Servidumbre del siglo XXI. El nuevo des-orden mundial. 

Ese nuevo des-orden no necesita de alineamientos, sino sometimiento. Países como Argentina, urgidos de respaldos para sostener su economía, quedarán cada vez más expuestos. Los grandes jugarán su juego. El acuerdo Mercosur-UE, largamente buscado y a punto de ser firmado, ya no es garantía de crecimiento para los países de este continente, porque las condiciones las pone Europa y, en el caso de la Argentina, los costos de producción se han disparado en los últimos años, lo que hace difícil estimar potenciales beneficios. La yerba es uno de los productos que entrará sin arancel y se buscará potenciar la demanda de otros productos para sostener el ritmo exportador que cerró el 2025 en uno de sus mejores momentos. 

Pero aún con exportaciones en alza, la economía no encuentra sosiego. En la industria, once de los 16 principales sectores están en rojo contra noviembre de 2023. La industria textil es la más golpeada, con una caída del 38 por ciento, seguida por metales, caucho y la industria automotriz. 

De pasar a cobrar en dólares, a contar los pesos para llegar a fin de mes. El derrumbe económico coincide con una suba de precios que tuvo poco de moderación. La inflación seguirá en enero por encima del 2 por ciento y la de diciembre, que se conocerá en los próximos días, marca un porcentaje similar. Enero también marcará el debut del nuevo índice de precios al consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El nuevo formato no llega para mejorar la comprensión de la inflación, sino para desnudarla. Al actualizar la canasta con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de la era Milei salta a 269%, frente al 259% que arroja el viejo patrón de consumo de 2004/2005. La diferencia no es técnica: es política. Durante más de veinte años se midió el costo de vida con una canasta que ya no existe, subestimando el peso real de los alquileres, los servicios y los bienes básicos en los hogares. El resultado es incómodo para el relato oficial: cuando la inflación se mide con los hábitos reales de la gente, el ajuste aparece todavía más brutal de lo que ya muestran las estadísticas.

Uno de los cambios clave será la ponderación que tienen viviendas y servicios en el IPC, que -hasta el momento- es de 9,44% a nivel nacional, y a partir de enero escalará a 14,5%. Este fue un gran debate durante 2024, cuando se redujeron fuertemente los subsidios económicos para los servicios públicos y el IPC no reflejaba lo que ocurría hacia dentro de los presupuestos familiares.

En ese escenario de contracción, las provincias se ven obligadas a redoblar esfuerzos para sostener las economías regionales, con suerte dispar. La vecina Corrientes, señalada siempre como el “ejemplo” por las oposiciones en Misiones, tiene a decenas de municipios en virtual cesación de pagos, mientras que la provincia atraviesa una crisis financiera y administrativa de magnitud estructural que ya no puede ser disimulada por discursos de equilibrio fiscal ni por la aprobación exprés de presupuestos inflados. 

El gobernador Juan Pablo Valdés asumió con una herencia fiscal crítica, producto de la gestión de su hermano Gustavo, padrino político del radicalismo misionero: el gasto provincial creció un 39% por encima de los ingresos, el déficit supera los 160.000 millones y la deuda proyectada para 2025 ronda los 184.905 millones, ubicando a Corrientes entre las provincias más comprometidas del país.

En contraste, Misiones cierra el año con nota alta. Moody’s Argentina ratificó la calificación crediticia de Misiones y confirmó su perfil como uno de los distritos subnacionales más sólidos del país en un contexto macroeconómico todavía frágil para la Argentina. La agencia afirmó tanto las calificaciones de emisor en moneda local como en moneda extranjera de largo plazo en BB+.ar, con perspectiva estable, lo que implica que no se esperan cambios significativos en los fundamentos financieros de la provincia en el corto y mediano plazo.

El informe de Moody’s destaca que el perfil crediticio de Misiones se construye sobre una combinación clave: márgenes operativos sólidos, bajo nivel de endeudamiento y una muy reducida exposición al riesgo cambiario. Misiones presenta una de las estructuras de deuda más prudentes del mapa subnacional argentino, con un peso acotado de pasivos en moneda extranjera, lo que la protege frente a saltos en el tipo de cambio, una de las principales fuentes de estrés fiscal en el país.

Este punto es central en momentos en que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico con fuerte ajuste fiscal, inestabilidad monetaria y aún alta sensibilidad cambiaria, Moody’s subraya que Misiones no está expuesta a shocks cambiarios por su estructura de deuda, algo que pocas provincias pueden exhibir.

Ese orden económico se sustenta en el desendeudamiento de los últimos años y en una política fiscal que fortalece la autonomía y le permite a Misiones cumplir con sueldos y sostener lo que puede: programas productivos y de respaldo a la economía.

De todos modos, la oposición, carente de creatividad, repite las críticas hacia los pilares de esa fortaleza. Desde siempre el radicalismo, después el PRO y ahora Diego Hartfield, el ex tenista libertario, que repite los mismos conceptos sin decir cómo sostener servicios básicos sin recursos propios en momentos en los que la Nación se desentiende de todas sus responsabilidades. Salud, educación, seguridad y transporte, dependen exclusivamente de los recursos provinciales, mientras que el Gobierno de Milei sigue recaudando impuestos únicamente para cumplir con los vencimientos de una deuda que se hace cada vez más insostenible. Para Hartfield, Misiones sufre una fragilidad financiera, está “en default” y al mismo tiempo, debe suprimir sus herramientas fiscales. Contradicciones a la vista.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, quien ya había salido al cruce de las posiciones exhibidas por la Confederación Económica de Misiones, en contra de las políticas fiscales, no eludió contestar la diatriba del ex tenista que comenta la realidad en las redes y desde la playa: el funcionario planteó que no existe ningún escenario de fragilidad financiera cuando una calificadora como Moody’s acaba de volver a certificar la solvencia de la provincia, con bajo riesgo fiscal y una trayectoria de más de dos décadas de manejo responsable de las cuentas públicas. 

En ese mismo sentido, explicó que Misiones consiguió financiamiento de la Corporación Andina de Fomento no para cubrir déficits corrientes -como sucedió en otras épocas y como hace la Nación para dibujar equilibrios contables-, sino para destrabar una obra eléctrica de alta tensión que la Nación dejó sin ejecutar y que es clave para sostener el crecimiento productivo de Misiones. Desde su óptica, el verdadero problema no está en la salud financiera provincial, sino en los recursos que el Estado nacional sigue adeudando a los misioneros -desde regalías energéticas hasta fondos previsionales y programas sectoriales-, y que requieren una defensa activa en el Congreso. Por eso, Safrán dejó en claro que, mientras los indicadores macro puedan mostrar cierta mejora, la prioridad es atender la realidad concreta de la economía local, el empleo y la actividad, una tarea que demanda menos ruido político y más trabajo coordinado en favor de la provincia. “Lo invito a trabajar en esa agenda compartida por el bien de la provincia”, señaló Safrán, aunque Hartfield ya dejó claro que es “diputado de Milei” y no necesariamente de la provincia de Misiones.

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Lula encara su propia reforma laboral: el fin del 6×1

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció este miércoles su compromiso de impulsar la eliminación del régimen laboral conocido como 6×1, que establece seis días consecutivos de trabajo por uno de descanso.

El mandatario sostuvo que avanzar en esta reforma es una cuestión urgente para “enfrentar los privilegios de unos pocos” y garantizar derechos básicos a la mayoría de la población, entre ellos el descanso y la vida familiar.

En un mensaje transmitido a nivel nacional, Lula afirmó que resulta injusto que los trabajadores deban desempeñar jornadas intensas durante casi toda la semana y dispongan de un solo día para recuperarse, compartir con sus familias, atender responsabilidades domésticas o acompañar el crecimiento de sus hijos.

En ese marco, subrayó que poner fin al esquema 6×1 sin afectar los salarios constituye una demanda popular que el Estado tiene la obligación de escuchar y transformar en políticas concretas.

Durante su discurso, el jefe de Estado también hizo un balance de la agenda internacional y destacó que, mediante la vía diplomática, Brasil logró revertir los aumentos arancelarios impulsados por el presidente estadounidense Donald Trump y abrir cerca de 500 nuevos mercados para la exportación de productos brasileños.

Lula llamó además a los hombres a asumir un rol activo en la erradicación de la violencia contra las mujeres y resaltó los avances logrados en 2025 en la lucha contra el crimen organizado.

En ese sentido, destacó que la Policía Federal encabezó el mayor operativo de su historia contra organizaciones criminales y aseguró que ningún poder económico ni influencia política frenará ese accionar.

Otro de los hitos señalados por el Presidente fue la eliminación del impuesto a la renta para quienes perciben hasta 5.000 reales mensuales. A partir de enero, millones de trabajadores dejarán de sufrir ese descuento salarial, lo que -según explicó- incrementará ingresos familiares, aliviará la presión económica y estimulará el crecimiento del país.

El mandatario también enumeró el relanzamiento de programas habitacionales como Minha Casa Minha Vida, ahora ampliado a sectores de clase media, y Reforma Casa Brasil. A ello se suma la Transposición del Río São Francisco, considerada la mayor obra de infraestructura hídrica del mundo, que permite llevar agua a millones de familias del nordeste brasileño.

Lula destacó que el país atraviesa un fuerte dinamismo en materia de obras públicas, con proyectos en marcha en todos los estados gracias al Nuevo Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que impulsa empleo y desarrollo en miles de municipios.

Según afirmó, estos avances se reflejan en indicadores económicos históricos: Brasil cerrará el año con la tasa de desempleo más baja jamás registrada, niveles récord de empleo formal, el salario promedio más alto de su historia y una inflación acumulada en cuatro años que será la menor de todos los tiempos.

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Cumbre del Mercosur: ante el anfitrión Lula, Milei criticó al bloque y pidió mayor apertura comercial

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Javier Milei formó parte de la “foto de familia” con vista a las Cataratas y participa de la cumbre del Mercosur en Foz de Iguazú. El encuentro, que arrancó minutos después de las 9.30 de este sábado, reunió a los mandatarios del bloque con un objetivo central: definir una postura firme ante las idas y vueltas de la Unión Europea respecto al acuerdo de libre comercio que lleva más de dos décadas en veremos.

La postal grupal dejó ver la frialdad que domina el vínculo entre los líderes de las dos economías más grandes de la región. Si bien el presidente argentino saludó a su par de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el gesto fue protocolar, sin sonrisas y con una distancia física que se mantuvo durante toda la previa. Mientras Lula charlaba animadamente con Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay) sobre el paisaje, Milei se quedó un tanto apartado, ubicado entre Peña y el panameño José Raúl Mulino.

Milei que marcó un quiebre explícito con la tradición discursiva del bloque regional. Con un tono confrontativo y reformista, el mandatario sostuvo que el Mercosur “fracasó en cumplir sus objetivos centrales” y advirtió que, si no se adapta a los cambios globales, corre el riesgo de convertirse en “un freno para el futuro”.

Tras agradecer a Brasil por la organización del encuentro, Milei saludó a sus pares de Paraguay, Uruguay y Panamá, dio la bienvenida a Bolivia -que participa por primera vez en esta instancia- y felicitó al pueblo chileno por la reciente elección presidencial que consagró a José Antonio Kast, a quien definió como “un amigo” y como expresión de un giro regional hacia economías más abiertas y competitivas.

El núcleo del discurso estuvo centrado en una crítica estructural al Mercosur. Milei afirmó que, a más de tres décadas de su creación, el bloque no logró consolidar un verdadero mercado común: “No hay libre circulación efectiva, no hay coordinación macroeconómica, no hay armonización normativa real, ni un incremento significativo del comercio interno”, enumeró.

Según el presidente argentino, la contracara de ese estancamiento es una “burocracia sobredimensionada e ineficaz” que se expandió sin generar resultados. En ese marco, citó datos oficiales del propio Mercosur para señalar que el comercio intrazona, medido como proporción del comercio total, se encuentra “muy por debajo de sus niveles históricos”, a pesar de que el bloque mantiene algunos de los aranceles externos más altos del mundo.

“Un arancel así no protege el empleo, lo destruye”, sentenció Milei, y defendió la ampliación de las excepciones al Arancel Externo Común impulsadas durante la presidencia pro témpore argentina como un “primer paso” hacia un esquema más competitivo.

El mandatario reclamó un “arancel moderno, simple y alineado con los bloques dinámicos del siglo XXI” y una reforma institucional integral que reduzca el costo económico del Mercosur. “La integración debe estar al servicio del comercio, no de la burocracia”, enfatizó.

En esa línea, reivindicó la flexibilidad como un valor central para el crecimiento, al sostener que la innovación y la creatividad —factores clave del desarrollo— sólo florecen en entornos flexibles. Milei defendió las distintas modalidades de flexibilización ya existentes en el bloque y advirtió que intentar congelarlas sería “condenar al Mercosur al anacronismo”.

Como ejemplo de las limitaciones del enfoque monolítico, mencionó la prolongada negociación con la Unión Europea, que tras décadas aún no logró materializarse en un acuerdo comercial efectivo. “Nuestros países no tienen diez años más para desperdiciar en discusiones administrativas”, advirtió.

El discurso también incorporó una dimensión política y de seguridad. Milei alertó sobre la criminalidad transnacional en la región, con especial mención a la triple frontera, y destacó la creación de la Comisión Mercosur contra el Crimen Organizado Transnacional, impulsada por la Argentina.

En uno de los pasajes más duros, se refirió a la situación de Venezuela, país suspendido del Mercosur, al que describió como una “dictadura atroz e inhumana”. El presidente argentino respaldó la presión internacional encabezada por Donald Trump y reclamó una condena “tajante” del bloque al régimen de Nicolás Maduro. Además, exigió la liberación de los presos políticos, entre ellos el ciudadano argentino Nahuel Gallo, y celebró el reconocimiento internacional a María Corina Machado.

Malvinas y cierre

Antes de concluir, Milei reafirmó el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y agradeció el respaldo histórico del Mercosur en esa causa.

El cierre retomó el tono ideológico del inicio: “El proteccionismo, la burocracia y la complacencia nos hundieron en el estancamiento”, afirmó. Según Milei, la Argentina ya decidió “romper con ese modelo fallido” y avanzar hacia una economía abierta, competitiva y orientada a la libertad económica.

Con una pregunta directa a sus pares, el presidente dejó planteado el desafío central del bloque: “¿Queremos un Mercosur que sea un motor de crecimiento o un freno para el futuro?”. Para Milei, la respuesta de la Argentina ya está dada y marca, según sostuvo, un nuevo rumbo para la integración regional.

Puertas adentro, el clima está marcado por el fastidio ante el nuevo plantón de Europa, que postergó la firma del tratado hasta enero por las presiones de los sectores agrícolas de Francia e Italia. 

En este contexto, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, fue tajante al señalar la postura del bloque: “Estamos dispuestos a avanzar, entendiendo que Europa tiene sus plazos para cumplir las cuestiones institucionales internas, pero al mismo tiempo los plazos no son infinitos”.

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Lula bajó impuestos a trabajadores y aplica una suba a los millonarios de Brasil

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El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, le presentó este domingo a los brasileños cómo funcionará la nueva ley que elimina el impuesto de renta a los que ganan menos y que ataca «la injusticia tributaria» obligando a pagar más tributos a quienes ganan más. Se estima que la reducción permitirá inyectar en el consumo cerca de 28 billones de reales, lo que equivale a cinco mil millones de dólares.

Se trata de una reforma que Lula presentó como candidato en 2022 y que será una pieza clave en las elecciones del próximo año, a las que el líder progresista ya dijo que aspirará.

«Quien vive en una mansión, tiene dinero en el exterior, colecciona autos importados, aviones privados y motos acuáticas, paga diez veces menos que un profesor, un policía o una enfermera», dijo Lula en una transmisión en directo a todo el país por los medios de comunicación y las redes sociales.

La nueva ley, aprobada por unanimidad en la Cámara y el Senado, sancionada la semana pasada y que entrará en vigor en enero de 2026, elimina el impuesto de renta para quienes ganan hasta 5.000 reales mensuales (943 dólares o 806 euros) y aumenta la carga tributaria sobre los superricos.

También habrá una reducción proporcional para quienes tienen salarios de hasta 7.350 reales (1.390 dólares), con lo cual, según el Gobierno, el universo de personas beneficiadas será de unos 25 millones.

Según cálculos del fisco brasileño, una persona que gana 4.800 reales (905 dólares) dejará de pagar cerca de un 95 % menos al año, lo que equivale prácticamente a un salario.

El líder progresista explicó que ese alivio fiscal será compensado con un impuesto del 10 % sobre la renta de quienes ganan más de un millón de reales al año (188.679 dólares) grupo que representa apenas el 0,1 % de la población brasileña.

Lula señaló que la iniciativa busca enfrentar la «injusticia tributaria» que, según él, ha marcado la historia del país, en la que los trabajadores llegan a pagar hasta el 27,5 % de impuestos mientras las grandes fortunas contribuyen con apenas un 2,5 % en promedio.

«Era preciso cambiar, y estamos cambiando», afirmó en su pronunciamiento oficial.

El presidente destacó que el nuevo modelo tributario le inyectará unos 28.000 millones de reales (5.283 millones de dólares) a la economía del país en 2026, estimulando el consumo, el comercio y la generación de empleo.

“Brasil cambió en esta última semana. Por primera vez, más de cien años después del inicio del Impuesto a la Renta, los privilegios de una pequeña élite financiera dieron lugar a conquistas para la mayoría del pueblo brasileño”, afirmó el presidente al abrir su discurso.

Promesa de campaña de Lula, la exención fue sancionada el pasado día 26 y es una de las principales apuestas del gobierno para las elecciones de 2026. El cambio también incluye un descuento en el impuesto para quienes ganan entre R$ 5.000 y R$ 7.350 mensuales.

En el discurso, de poco más de seis minutos, Lula comparó el valor de la exención con un 14º salario. Dijo además que el dinero ahorrado podrá utilizarse para pagar deudas, viajar o comprar un televisor “con pantalla más grande” para ver el Mundial de 2026.

“Este alivio en el impuesto a la renta significa más dinero en el bolsillo, lo que significa mayor poder de compra, lo que significa aumento del consumo, lo que hace girar la rueda de la economía”, dijo Lula.

El presidente afirmó que la estimación de inyección en la economía para 2026, calculada por la Receita Federal, es un “estímulo extraordinario” para diversos sectores.

“Con cero Impuesto a la Renta, una persona con salario de R$ 4.800 puede ahorrar R$ 4.000 en un año. Es casi un 14º salario”, afirmó.

Lula también dijo que la compensación no se hará con recortes en salud o educación, sino mediante la tributación de los llamados súper ricos, “que ganan más de R$ 1 millón por año y hoy no pagan nada o casi nada de impuesto”.

Cálculos del Ministerio de Hacienda indican que unos 15 millones de brasileños dejarán de pagar el impuesto bajo la nueva regla. Para compensar la exención, habrá una mayor carga para los llamados súper ricos, un grupo de 140 mil contribuyentes con ingresos superiores a R$ 600 mil al año, es decir, R$ 50 mil por mes.

“Estamos hablando del 0,1% de la población. De gente que gana 10, 20 o 100 veces más que el 99% del pueblo brasileño, y que va a contribuir con hasta el 10% de impuesto sobre la renta, para dar un alivio a las familias que trabajan, luchan y mueven este país”, dijo Lula en otro tramo del discurso.

El mandatario dijo que la élite brasileña acumuló, en más de 500 años de historia del país, privilegios transmitidos por varias generaciones. “Entre los muchos privilegios, tal vez el más vergonzoso sea el de pagar menos Impuesto a la Renta que la clase media y los trabajadores”.

La propuesta fue aprobada por la Cámara de Diputados a comienzos de octubre, con apoyo unánime del plenario. Solo hubo 18 ausencias, entre ellas la de Eduardo Bolsonaro (PL), que está en Estados Unidos.

El respaldo vino tanto de parlamentarios de la base aliada como del centrão y de la oposición. El Senado aprobó el texto a comienzos de noviembre, en forma simbólica y también por unanimidad.

La exención del impuesto para quienes reciben hasta R$ 5.000 es una apuesta del gobierno para elevar la popularidad de Lula. La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia (Secom) ya destinó al menos R$ 40 millones para producir y difundir publicidad sobre la medida.

La ceremonia de sanción, en el Palacio del Planalto, no contó con la presencia de los presidentes de la Cámara, Hugo Motta (Republicanos-PB), ni del Senado, Davi Alcolumbre (Unión-AP), en un gesto que marcó la escalada de tensiones entre el Congreso y el gobierno de Lula.

En la práctica, hoy la exención llega a quienes ganan hasta R$ 3.036 por mes. La franja de exención de la tabla es de R$ 2.428,80 mensuales, pero la Receita aplica automáticamente un descuento simplificado de R$ 607,20, que elimina el IR de quienes ganan hasta dos salarios mínimos (R$ 3.036 en 2025).

La ampliación tendrá un costo de R$ 31,2 mil millones el año próximo, según el diputado Arthur Lira (PP-AL), que fue el relator del proyecto. La compensación vendrá con un impuesto mínimo del 10% para los súper ricos.

En el tramo final del discurso, Lula destacó la caída de la inflación y del desempleo, además de programas del gobierno como el Pé-de-Meia. Dijo que, incluso con avances, Brasil sigue siendo desigual. “La modificación del Impuesto a la Renta es un paso decisivo para transformar esta realidad, pero es solo el primero”.

Economía mensual para el trabajador

Una calculadora desarrollada por Folha y la empresa de contabilidad Contabilizei muestra cuánto deja de pagar un trabajador y cómo queda su salario neto en 2026 en comparación con el actual, teniendo en cuenta si es asalariado, autónomo, contribuyente individual o retira pró-labore como persona jurídica, el número de dependientes y el tipo de descuento más conveniente (completo o simplificado).

Quien recibe R$ 5.000 y no tiene dependientes dejará de pagar R$ 312,89 por mes. En el año, el ahorro será de R$ 3.754,68, sin contar el 13º salario.

Antônio Maciel, planificador financiero certificado por Planejar, afirma que el impacto deberá dar alivio a los trabajadores, que podrán destinar esos valores a la creación de un fondo de emergencia, el pago de deudas o el inicio de inversiones.

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Lula inaugura la COP30 llamando a “derrotar a negacionistas”

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El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, llamó este lunes, en la apertura oficial de la trigésima cumbre climática de la ONU (COP30), a imponer “una nueva derrota a los negacionistas” que desdeñan el calentamiento global.

El encuentro sobre clima se realiza en Belém y se celebra con la ausencia por primera vez de Estados Unidos, segundo mayor contaminante mundial. El objetivo de la cumbre de este año es salvar los esfuerzos globales frente al calentamiento.

“En la era de la desinformación, los oscurantistas rechazan no solo las evidencias de la ciencia, sino también los avances del multilateralismo. Controlan algoritmos, siembran el odio y difunden el miedo. Atacan a las instituciones, la ciencia y las universidades. Es el momento de imponer una nueva derrota a los negacionistas”, dijo Lula en un enérgico discurso en la primera sesión plenaria.

Es “mucho más barato” luchar contra el clima que hacer la guerra, añadió, en relación a los conflictos actuales en el planeta, como el de Ucrania. El dirigente progresista realizó además una defensa enfática del Acuerdo de París, del que se cumplen diez años y que Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del mundo, volvió a abandonar tras el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, hace nueve meses.

Lento avance


El presidente de Brasil destacó en su discurso que el mundo camina en la “dirección correcta”, pero “a la velocidad equivocada”. “Al ritmo actual, todavía vamos rumbo a un aumento superior a un grado y medio centígrado de la temperatura global. Romper esa barrera es un riesgo que no podemos correr”, advirtió.

En este contexto, llamó a la comunidad internacional a actuar en tres frentes. El primero, cumplir con lo ya pactado anteriormente y presentar metas climáticas “ambiciosas”, además de garantizar la financiación para los países más vulnerables y con menos recursos.

Segundo, instar a los líderes mundiales a acelerar la acción climática mediante un plan para “superar la dependencia de los combustibles fósiles”. Y tercero y último, convocar a la comunidad internacional a “colocar a las personas en el centro de la agenda climática”.

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