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Lula impulsa el debate por el fin de la jornada 6×1 en Brasil y pone el foco en el bienestar laboral

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, abrió un debate de alto impacto económico, social e institucional al plantear públicamente la discusión sobre el fin de la denominada jornada laboral 6×1, con el objetivo de garantizar dos días de descanso semanal para los trabajadores. El anuncio, realizado a través de sus redes sociales, vincula productividad, avances tecnológicos y calidad de vida, y vuelve a instalar en la agenda regional el equilibrio entre trabajo y bienestar.

Transformaciones del mundo del trabajo y el debate por la jornada laboral

“El mundo del trabajo está en transformación”, sostuvo Lula al introducir el tema. En su mensaje, el mandatario enmarcó la discusión en un contexto global atravesado por cambios tecnológicos profundos y nuevas exigencias sobre el desempeño laboral. En ese sentido, citó al filósofo coreano Byung-Chul Han, quien caracteriza a la actualidad como una “sociedad del cansancio”, en la que la presión permanente por el rendimiento impacta directamente en el equilibrio entre la vida personal y profesional.

La referencia no es menor. El concepto de “sociedad del cansancio” apunta a un modelo productivo que, aun sin coerción directa, genera autoexigencia constante y desgaste psicosocial. Al incorporar esta mirada, el presidente brasileño introduce un componente cultural y filosófico al debate laboral, alejándolo de una discusión puramente técnica o sindical.

En este marco, Lula afirmó que en Brasil se está discutiendo el fin de la jornada 6×1, un esquema que concentra seis días de trabajo por uno de descanso. El objetivo explicitado es asegurar que el trabajador cuente con dos días de descanso semanal, una modificación que, de concretarse, implicaría una redefinición de la organización del tiempo de trabajo en amplios sectores de la economía.

Productividad, tecnología y bienestar: fundamentos del planteo presidencial

Uno de los ejes centrales del mensaje presidencial es la relación entre productividad y tecnología. Según planteó Lula, los avances tecnológicos permitieron alcanzar “niveles inimaginables de productividad”. Esta afirmación introduce un argumento clave: si la capacidad productiva aumentó de manera exponencial, el debate ya no debería centrarse únicamente en cuánto se produce, sino en cómo se distribuyen los beneficios de ese incremento.

“Es hora de pensar en el bienestar de las personas”, subrayó el mandatario, al conectar directamente innovación tecnológica con calidad de vida. El planteo sugiere que el progreso técnico abre una ventana para revisar esquemas laborales históricos que hoy podrían resultar desfasados frente a las nuevas condiciones de producción.

Desde una perspectiva económica, esta discusión interpela a empresas, sindicatos y al Estado, ya que una eventual modificación del régimen de descanso semanal tendría efectos sobre costos laborales, organización de turnos y productividad sectorial. En términos institucionales, el debate anticipa posibles reformas normativas que requerirían consensos amplios y un análisis detallado de su implementación.

Impacto y reacciones posibles

El posicionamiento público de Lula instala el tema en el centro de la agenda política brasileña y regional. Sectores vinculados al trabajo podrían interpretar la iniciativa como una señal de fortalecimiento de derechos laborales, mientras que actores empresariales podrían poner el foco en la necesidad de evaluar impactos económicos y operativos.

Más allá de las reacciones, el mensaje presidencial marca una definición política clara: el bienestar laboral pasa a ser un componente explícito de la discusión sobre desarrollo y productividad. En un contexto global de cambios acelerados en el empleo, la postura de Brasil introduce un debate que trasciende fronteras y reabre la pregunta sobre cómo compatibilizar crecimiento económico, innovación tecnológica y calidad de vida.

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Primero Brasil: el gobierno de Lula planea exportar solo el excedente de sus “tierras raras”

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El asesor especial presidencial en asuntos exteriores de Brasil, Celso Amorim, afirmó que el país sudamericano pretende exportar apenas el excedente de tierras raras y priorizará el interés nacional en la definición de sus necesidades estratégicas, en medio de la creciente disputa global por minerales críticos.

Tras señales del Gobierno de Estados Unidos sobre su disposición a invertir no solo en la extracción, sino también en el procesamiento de minerales críticos en Brasil, Amorim sostuvo que la cuestión va más allá de beneficiar los recursos dentro del país, durante una entrevista con el portal de noticias UOL.

“La cuestión no es solo beneficiar. Hay tres puntos. El principal de ellos es que necesitamos definir nuestras necesidades (inteligencia artificial, defensa, alta tecnología) y solo exportar el excedente”, afirmó Amorim, quien fue canciller y ministro de Defensa de Brasil.

Ese posicionamiento sugiere que el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva evalúa mecanismos para garantizar el acceso prioritario de la industria nacional a tierras raras y a otros minerales estratégicos, como el litio, fundamentales para el desarrollo de baterías eléctricas, chips y productos de alta tecnología.

El Ministerio de Minas y Energía estudia políticas y marcos regulatorios para la explotación del sector debido a que Brasil posee la segunda reserva mundial de este tipo de minerales detrás de China.

Amorim añadió que otro aspecto clave es el nivel de procesamiento de los minerales en territorio brasileño. “El segundo punto es el grado de procesamiento. Es la diferencia entre procesar arrabio y aceros especiales, para hablar en términos más antiguos”, explicó, en referencia al objetivo de agregar valor a la producción antes de su exportación.

Al ser consultado sobre las intenciones de Estados Unidos de firmar acuerdos de explotación de estas tierras raras, Amorim dijo que Brasil no aceptará condiciones de exclusividad en la comercialización de esos recursos estratégicos. “Queremos poder comercializar con todos”, dijo el asesor especial de Lula.

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Lula confirma para esta semana el lanzamiento de un pacto para enfrentar el feminicidio

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El presidente Luiz Inácio Lula da Silva confirmó que lanzará esta semana el Pacto Brasil de Enfrentamiento al Feminicidio, una iniciativa que busca unir a los Tres Poderes del Estado en torno a acciones de prevención y combate a la violencia letal contra las mujeres. El anuncio fue realizado ayer (1/2) a través de las redes sociales del mandatario, y la ceremonia está prevista para este miércoles (4) en Brasilia, según la agenda preliminar divulgada por la Secretaría de Comunicación Social (Secom).

De acuerdo con información anticipada a comienzos de enero, el pacto será firmado por las máximas autoridades del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Además de Lula, se espera la presencia del presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta (Republicanos-PB); del presidente del Senado, Davi Alcolumbre (União Brasil-AP); y del presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Edson Fachin. La iniciativa apunta a darle un carácter institucional y permanente al enfrentamiento del feminicidio en el país.

Al referirse al tema, el jefe del Ejecutivo sostuvo que el combate a la violencia de género no puede recaer exclusivamente sobre las mujeres. “Esta no es una batalla solo de las mujeres, sino una lucha de toda la sociedad. Es necesario que los hombres se involucren en esta causa porque enfrentar la violencia de género es un deber”, afirmó. La declaración refuerza la estrategia del gobierno de ampliar el debate público e involucrar también al público masculino en las acciones de prevención.

El lanzamiento se produce en un contexto de aumento de los casos. El feminicidio, definido como el asesinato de mujeres por razones relacionadas con el género, sigue siendo uno de los delitos más graves que enfrenta Brasil, que actualmente ocupa el quinto lugar en el ranking mundial de este tipo de crímenes.

Pese a los avances institucionales, las cifras continúan siendo elevadas. Datos del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública indican que en 2025 se registró un promedio de cuatro mujeres asesinadas por día, totalizando 1.470 víctimas de feminicidio, una cifra superior al récord anterior de 1.464 casos en 2024. En tanto, el Mapa de la Seguridad Pública 2025 señala que en 2024 se contabilizaron 1.459 víctimas, lo que representa un aumento del 0,69% respecto de 2023. Entre 2015 y 2024, el país acumuló 11,6 mil casos registrados.

El gobierno evalúa que la problemática también tiene un impacto político y social relevante. Las mujeres representan el 52,5% del electorado brasileño y, según una encuesta de Quaest, la aprobación del gobierno de Lula entre ellas alcanza el 48%, mientras que el 47% manifiesta rechazo. Entre los hombres, el nivel de aprobación es menor. En el Planalto consideran que el refuerzo de políticas públicas orientadas a la protección de las mujeres permite responder a una demanda social urgente y, al mismo tiempo, recuperar respaldo político.

La propuesta del pacto prevé cooperación entre la Unión, los estados y los municipios, además de una articulación entre ministerios y organismos del sistema de Justicia. Entre los ejes en discusión figuran campañas de concientización, el fortalecimiento de la red de atención a las víctimas, la capacitación de profesionales para detectar señales tempranas de violencia y la integración de bases de datos entre las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial. El Ministerio de las Mujeres también trabaja en la ampliación de las Casas de la Mujer Brasileña y de las Carpas Lilas, espacios de acogida y orientación.

El ministro de Justicia, Wellington César Lima e Silva, recibió del presidente la instrucción de tratar el enfrentamiento a la violencia contra la mujer como una prioridad. La cartera ya analiza el refuerzo de unidades especializadas y medidas legales para aumentar la efectividad de las sanciones a los agresores. En paralelo, se debate el uso de tecnología e inteligencia para el monitoreo de autores de violencia doméstica, especialmente en casos de incumplimiento de medidas de protección.

Participación masculina

Especialistas advierten que el feminicidio suele ser el desenlace de un ciclo prolongado de agresiones físicas, psicológicas, morales y patrimoniales. Para la abogada Ana Beatriz Martins de Almeida Nogueira, coordinadora metropolitana de la Dirección de las Mujeres de la OAB-RJ, el pacto solo tendrá resultados concretos si existe planificación e integración real entre las instituciones.

También subraya la importancia de involucrar a los hombres en las estrategias de prevención. “No sirve de nada crear mecanismos de defensa e información si no alcanzamos también a quienes pueden convertirse en agresores. Muchas actitudes abusivas todavía son vistas como normales, especialmente en contextos marcados por herencias del patriarcado”, sostiene. Según la especialista, la violencia psicológica y las amenazas posteriores a la finalización de relaciones son señales frecuentes que anteceden a crímenes más graves.

En el Congreso, la expectativa es que el pacto contribuya a destrabar proyectos para endurecer las penas y mejorar los mecanismos de protección, mientras que el Poder Judicial deberá reforzar los protocolos de juzgamiento con perspectiva de género. Aun así, integrantes del gobierno reconocen que el lanzamiento tendrá, en una primera etapa, un carácter simbólico y de movilización institucional, con el detalle de las acciones previsto para fases posteriores.

La ceremonia contará además con la presencia de la primera dama, Janja, quien viene desempeñando un rol activo en las agendas vinculadas a los derechos de las mujeres. Para el Planalto, el pacto representa un gesto político de alto nivel frente a un problema que, además de criminal, es considerado estructural y cultural. La expectativa oficial es que la iniciativa sirva de base para campañas nacionales y para la consolidación de políticas públicas permanentes de protección a las mujeres.

Una agenda sostenida

La agenda a favor de la seguridad de las mujeres no es nueva. El presidente Lula se ha manifestado en reiteradas oportunidades sobre el tema y el año pasado ya había adelantado que convocaría a los representantes de los Tres Poderes para dialogar al respecto. En ese marco, destacó la necesidad de una fuerza de tarea conjunta, con participación de la sociedad civil, movimientos sociales y el sector empresarial, para enfrentar la violencia contra las mujeres.

“Decidí asumir la responsabilidad de que era necesario crear o construir una especie de movimiento que pudiera transformarse en un pacto contra el feminicidio, contra la violencia contra la mujer, contra la violación. Es decir, contra todo lo que constituye un crimen bárbaro”, expresó el mandatario.

Lula también detalló un compromiso asumido con la primera dama: “Le dije a Janja que voy a asumir la responsabilidad de poner la lucha contra el feminicidio y contra la violencia contra la mujer en mi día a día. En cada discurso que dé, voy a tocar este tema”.

Por su parte, Janja sostuvo que, mientras las mujeres sigan siendo brutalmente asesinadas, ninguna acción del gobierno federal será suficiente. “He dicho que hemos trabajado mucho, principalmente para que las mujeres en Brasil tengan más dignidad con sus hijos, con sus familias, con vivienda y con acceso”, señaló. Si bien reconoció que los cambios no se producen de un día para otro, advirtió que deben ser rápidos: “Hemos llegado a un umbral muy peligroso. Nosotras, las mujeres, necesitamos sentirnos seguras en este Brasil que estamos construyendo”.

La ministra jefa de la Secretaría de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann, también se pronunció recientemente sobre el tema. “Podríamos estar construyendo ahora, históricamente, un tercer pacto: después del ecológico y después del de la democracia, un pacto por la vida de las mujeres. Eso es lo que la sociedad reclama. Este es un esfuerzo institucional, de unidad y de unión de los Poderes. Necesitamos enfrentar esto”, afirmó.

En la misma línea, la ministra de las Mujeres, Márcia Lopes, destacó que el endurecimiento de las leyes, el fortalecimiento de la línea telefónica 180 y la incorporación de contenidos de prevención en escuelas y universidades forman parte de la estrategia nacional para reducir los feminicidios y las agresiones contra las mujeres.

“No podemos, jamás, naturalizar esta situación, como parte de la sociedad ha hecho a lo largo de los años. Es increíble esta cultura que casi incorpora la violencia como un acto normal dentro de una relación, por el machismo, por la misoginia y por todo aquello que arrastramos históricamente como sociedad”, concluyó.

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Lula acusa a Trump de querer crear una “nueva ONU” con él como “dueño”

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acusó este viernes al mandatario de EE.UU., Donald Trump, de querer establecer una «nueva ONU» con él como «dueño», en referencia a la Junta de Paz propuesta por la Casa Blanca para resolver conflictos.

«En vez de corregir la ONU, como yo reivindico desde 2003 (…) con la entrada de nuevos países, el presidente Trump está haciendo una propuesta de crear una nueva ONU en la que él solito es el dueño», declaró durante un acto.

Lula añadió que la Carta de la ONU «está siendo rasgada» y el multilateralismo «tirado al suelo», mientras prevalece la «ley del más fuerte», declaraciones que alejan aún más la posibilidad de que Brasil se una a la organización liderada por EE.UU.

Hasta ahora, una veintena de naciones, algunas de ellas lideradas por aliados próximos a Trump, han expresado su apoyo a la iniciativa, pero las grandes potencias y la mayoría de países europeos se han mostrado reticentes al considerar que la Junta de Paz debilita la ONU.

Lula defiende el multilateralismo ante Trump

Además, Lula criticó los planes desvelados esta semana por Trump en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) para levantar complejos hoteleros de lujo en una Gaza devastada por la guerra entre Hamás e Israel.

«Mataron más de 70.000 personas para decir que ahora van a recuperar Gaza y construir un hotel de lujo… ¿y el pueblo que murió?», lanzó.

En ese sentido, el mandatario dijo que este mes ha conversado por teléfono con varios líderes mundiales, como los mandatarios de China y México, para ver si encuentran «una forma» de defender el multilateralismo.

Lula destacó que «no acepta» que Brasil «vuelva a ser colonia» y defendió mantener relaciones tanto con EE.UU. como con Cuba o China porque, según dijo, el país suramericano «no tiene preferencias».

«Estamos viviendo un momento crítico en la política mundial», afirmó, después de citar las recientes elecciones de Chile, Honduras y otros países donde la derecha ganó.

Lula, de 80 años, busca presentarse a los comicios del próximo mes de octubre para lograr un cuarto mandato como presidente.

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El nuevo des-orden mundial y los refugios estratégicos

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El ataque de Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro marcaron el fin del orden mundial tal como se conocía. Emerge ahora uno nuevo, ni global ni multipolar. Ni dividido en dos como durante la Guerra Fría. En el nuevo orden impera la ley del más fuerte por sobre el derecho internacional. Y eso no es un buen augurio para Ucrania o para Taiwan, ni para ningún país del mundo. 

El estado de derecho se ha transformado en “el Estado soy yo”. Donald Trump es al mismo tiempo presidente, policía, militar y juez de sentencias. 

En una entrevista extraordinariamente franca con The New York Times, Donald Trump esboza una concepción del poder presidencial que roza el absolutismo. Como comandante en jefe, sostiene que su autoridad está limitada únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”, desestimando al derecho internacional, los tratados y las normas multilaterales como restricciones reales. En su visión, la fuerza nacional -y no el andamiaje jurídico construido tras la Segunda Guerra Mundial- es lo que verdaderamente ordena el sistema internacional. Las reglas, alianzas y convenciones que durante décadas estructuraron la estabilidad global aparecen, en su cosmovisión, como cargas innecesarias para una superpotencia que debería actuar sin ataduras.

Ese mismo enfoque se proyecta sobre la geopolítica concreta. Trump reduce a la OTAN a una herramienta vacía sin Estados Unidos y admite que podría verse obligado a elegir entre preservar la alianza o apropiarse de Groenlandia, a la que considera estratégicamente indispensable, justo cuando sus pobladores están buscando la autodeterminación. Defiende la “propiedad” territorial como una condición psicológica y material del poder -superior a cualquier tratado o arriendo- y deja en claro que, para él, la soberanía de otros Estados es secundaria frente al papel de Estados Unidos como “protector de Occidente”. En contraste con presidentes anteriores, a quienes acusa de haber sido demasiado cautelosos, Trump reivindica el uso directo del poder estadounidense con fines políticos y económicos, incluso cuando eso implique redefinir -o ignorar- los límites del orden internacional vigente.

Cualquier parecido con la imagen de un dictador, es pura coincidencia. Obviamente Trump no se presenta como un dictador -Maduro tampoco-, sino como alguien que desprecia la idea misma de los límites. Niega que la ley, el derecho internacional o las alianzas sean fuentes externas de autoridad a las que deba someterse. Eso es en la práctica, un pensamiento tiránico, aunque todavía no sea una tiranía institucionalizada.

En términos de ciencia política, la visión que Trump expresa encaja con precisión en el concepto de cesarismo: una forma de liderazgo en la que el poder no se legitima por la ley ni por las instituciones, sino por la fuerza, el éxito y la capacidad de imponerse. El líder cesarista se sitúa por encima de los contrapesos formales, convierte al Estado en una herramienta personal y concibe la política -tanto interna como externa- no como un sistema de derechos y normas compartidas, sino como un campo de dominio, donde manda quien puede y no quien debe.

Julio César no abolió la República el primer día. Primero la vació de sentido.

Para desazón de los entusiastas del derrocamiento de Maduro y la acción de Estados Unidos, Trump ya no habla ni de democracia ni de salvar al país de una dictadura. Ni siquiera de narcotráfico. Estados Unidos admitió que el Cártel de los Soles, señalado por Trump como el enemigo que lideraba Maduro, no es una “organización criminal real”.  Expertos en delincuencia y narcóticos en Latinoamérica afirmaron que, esa denominación, se trata de “un término coloquial, inventado por los medios venezolanos en la década de 1990, para referirse a funcionarios corruptos por el dinero del narcotráfico“.

El eje es el petróleo. Negocios. Negocios para empresas de Estados Unidos. 

“Lo que hemos hecho es que hemos tomado el control de todo un país. Vamos a hacer que el país sea fuerte y bueno y, en última instancia, van a poder votar y poner a alguien que les guste. Hemos tomado petróleo por un valor de 4.000 millones de dólares en un solo día, y eso va a aumentar. Vamos a reconstruirlo. Todas las grandes compañías petroleras están entrando. Van a ganar mucho dinero y Venezuela va a recibir parte de ese dinero y nosotros vamos a recibir parte de ese dinero. Trajimos estabilidad a la región, con estabilidad y precios del petróleo mucho más bajos”, explicó Trump en otra entrevista. 

A diferencia de otros años -en noviembre se cumplieron 25 años del No al Alca-, el poder imperial no encuentra oposición. Javier Milei aplaudió el avance de Trump, Lula Da Silva ensayó una crítica de compromiso y el resto del continente miró para otro lado. El colombiano Gustavo Petro llamó dócilmente a Trump para calmar las amenazas del norte. En Europa y los organismos internacionales, las críticas no hirieron susceptibilidades. 

La crítica más mordaz provino de la ultraderechista francesa Marion Anne Perrine Le Pen, a quien nadie puede achacarle alguna simpatía por el chavismo residual: “Existían mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, hacía pesar sobre su pueblo, desde hace demasiado tiempo, una losa que hundió a millones de venezolanos en la miseria -cuando no los obligó al exilio-. Pero existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera sea su tamaño, cualquiera sea su poder, cualquiera sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a ese principio para Venezuela, para cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre. Sería, por lo tanto, un peligro mortal, en un siglo XXI que ya es escenario de grandes sacudidas geopolíticas y que hace pender sobre la humanidad el riesgo permanente de la guerra y del caos”, detalló. Servidumbre del siglo XXI. El nuevo des-orden mundial. 

Ese nuevo des-orden no necesita de alineamientos, sino sometimiento. Países como Argentina, urgidos de respaldos para sostener su economía, quedarán cada vez más expuestos. Los grandes jugarán su juego. El acuerdo Mercosur-UE, largamente buscado y a punto de ser firmado, ya no es garantía de crecimiento para los países de este continente, porque las condiciones las pone Europa y, en el caso de la Argentina, los costos de producción se han disparado en los últimos años, lo que hace difícil estimar potenciales beneficios. La yerba es uno de los productos que entrará sin arancel y se buscará potenciar la demanda de otros productos para sostener el ritmo exportador que cerró el 2025 en uno de sus mejores momentos. 

Pero aún con exportaciones en alza, la economía no encuentra sosiego. En la industria, once de los 16 principales sectores están en rojo contra noviembre de 2023. La industria textil es la más golpeada, con una caída del 38 por ciento, seguida por metales, caucho y la industria automotriz. 

De pasar a cobrar en dólares, a contar los pesos para llegar a fin de mes. El derrumbe económico coincide con una suba de precios que tuvo poco de moderación. La inflación seguirá en enero por encima del 2 por ciento y la de diciembre, que se conocerá en los próximos días, marca un porcentaje similar. Enero también marcará el debut del nuevo índice de precios al consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El nuevo formato no llega para mejorar la comprensión de la inflación, sino para desnudarla. Al actualizar la canasta con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de la era Milei salta a 269%, frente al 259% que arroja el viejo patrón de consumo de 2004/2005. La diferencia no es técnica: es política. Durante más de veinte años se midió el costo de vida con una canasta que ya no existe, subestimando el peso real de los alquileres, los servicios y los bienes básicos en los hogares. El resultado es incómodo para el relato oficial: cuando la inflación se mide con los hábitos reales de la gente, el ajuste aparece todavía más brutal de lo que ya muestran las estadísticas.

Uno de los cambios clave será la ponderación que tienen viviendas y servicios en el IPC, que -hasta el momento- es de 9,44% a nivel nacional, y a partir de enero escalará a 14,5%. Este fue un gran debate durante 2024, cuando se redujeron fuertemente los subsidios económicos para los servicios públicos y el IPC no reflejaba lo que ocurría hacia dentro de los presupuestos familiares.

En ese escenario de contracción, las provincias se ven obligadas a redoblar esfuerzos para sostener las economías regionales, con suerte dispar. La vecina Corrientes, señalada siempre como el “ejemplo” por las oposiciones en Misiones, tiene a decenas de municipios en virtual cesación de pagos, mientras que la provincia atraviesa una crisis financiera y administrativa de magnitud estructural que ya no puede ser disimulada por discursos de equilibrio fiscal ni por la aprobación exprés de presupuestos inflados. 

El gobernador Juan Pablo Valdés asumió con una herencia fiscal crítica, producto de la gestión de su hermano Gustavo, padrino político del radicalismo misionero: el gasto provincial creció un 39% por encima de los ingresos, el déficit supera los 160.000 millones y la deuda proyectada para 2025 ronda los 184.905 millones, ubicando a Corrientes entre las provincias más comprometidas del país.

En contraste, Misiones cierra el año con nota alta. Moody’s Argentina ratificó la calificación crediticia de Misiones y confirmó su perfil como uno de los distritos subnacionales más sólidos del país en un contexto macroeconómico todavía frágil para la Argentina. La agencia afirmó tanto las calificaciones de emisor en moneda local como en moneda extranjera de largo plazo en BB+.ar, con perspectiva estable, lo que implica que no se esperan cambios significativos en los fundamentos financieros de la provincia en el corto y mediano plazo.

El informe de Moody’s destaca que el perfil crediticio de Misiones se construye sobre una combinación clave: márgenes operativos sólidos, bajo nivel de endeudamiento y una muy reducida exposición al riesgo cambiario. Misiones presenta una de las estructuras de deuda más prudentes del mapa subnacional argentino, con un peso acotado de pasivos en moneda extranjera, lo que la protege frente a saltos en el tipo de cambio, una de las principales fuentes de estrés fiscal en el país.

Este punto es central en momentos en que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico con fuerte ajuste fiscal, inestabilidad monetaria y aún alta sensibilidad cambiaria, Moody’s subraya que Misiones no está expuesta a shocks cambiarios por su estructura de deuda, algo que pocas provincias pueden exhibir.

Ese orden económico se sustenta en el desendeudamiento de los últimos años y en una política fiscal que fortalece la autonomía y le permite a Misiones cumplir con sueldos y sostener lo que puede: programas productivos y de respaldo a la economía.

De todos modos, la oposición, carente de creatividad, repite las críticas hacia los pilares de esa fortaleza. Desde siempre el radicalismo, después el PRO y ahora Diego Hartfield, el ex tenista libertario, que repite los mismos conceptos sin decir cómo sostener servicios básicos sin recursos propios en momentos en los que la Nación se desentiende de todas sus responsabilidades. Salud, educación, seguridad y transporte, dependen exclusivamente de los recursos provinciales, mientras que el Gobierno de Milei sigue recaudando impuestos únicamente para cumplir con los vencimientos de una deuda que se hace cada vez más insostenible. Para Hartfield, Misiones sufre una fragilidad financiera, está “en default” y al mismo tiempo, debe suprimir sus herramientas fiscales. Contradicciones a la vista.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, quien ya había salido al cruce de las posiciones exhibidas por la Confederación Económica de Misiones, en contra de las políticas fiscales, no eludió contestar la diatriba del ex tenista que comenta la realidad en las redes y desde la playa: el funcionario planteó que no existe ningún escenario de fragilidad financiera cuando una calificadora como Moody’s acaba de volver a certificar la solvencia de la provincia, con bajo riesgo fiscal y una trayectoria de más de dos décadas de manejo responsable de las cuentas públicas. 

En ese mismo sentido, explicó que Misiones consiguió financiamiento de la Corporación Andina de Fomento no para cubrir déficits corrientes -como sucedió en otras épocas y como hace la Nación para dibujar equilibrios contables-, sino para destrabar una obra eléctrica de alta tensión que la Nación dejó sin ejecutar y que es clave para sostener el crecimiento productivo de Misiones. Desde su óptica, el verdadero problema no está en la salud financiera provincial, sino en los recursos que el Estado nacional sigue adeudando a los misioneros -desde regalías energéticas hasta fondos previsionales y programas sectoriales-, y que requieren una defensa activa en el Congreso. Por eso, Safrán dejó en claro que, mientras los indicadores macro puedan mostrar cierta mejora, la prioridad es atender la realidad concreta de la economía local, el empleo y la actividad, una tarea que demanda menos ruido político y más trabajo coordinado en favor de la provincia. “Lo invito a trabajar en esa agenda compartida por el bien de la provincia”, señaló Safrán, aunque Hartfield ya dejó claro que es “diputado de Milei” y no necesariamente de la provincia de Misiones.

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