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Brasil recluta a los bancos en su lucha para eliminar la deforestación en la Amazonia

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Naiara Galarraga Gortázar, El País. La lucha contra la desforestación en la Amazonia y en otros valiosos ecosistemas de Brasil es una tarea ardua y colosal que implica voluntad política, fondos, agentes forestales e ingenio. La última novedad ideada por el Gobierno federal es convertir a los bancos en fiscalizadores de lo que ocurre sobre el terreno, a miles de kilómetros de sus sucursales. A partir de este miércoles, cuando alguien solicite un crédito rural subvencionado con dinero público, el banco estará obligado a revisar en una base de datos oficial si la propiedad a la que se refiere ha talado árboles o vegetación a partir de 2019. La norma, que los bancos apoyan pero ha levantado la ira de los productores agropecuarios, es parte del arsenal gubernamental para cumplir la promesa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de que Brasil eliminará completamente la deforestación en 2030.

Ese plazo se lo impuso el propio Lula cuando ganó las últimas elecciones, anunció que Brasil volvía a la primera línea en la lucha global contra el cambio climático y regresó al Gobierno. A menos de cuatro años de que venza el plazo, queda mucha tarea por delante aunque la tala ilegal se ha desplomado. El último balance anual indica que la Amazonia perdió 5.796 kilómetros de vegetación nativa, lo que significa un 11% menos que el año anterior, según las mediciones por satélite realizadas por el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE).

Esa es la base de datos, llamada Prodes, con la que los bancos deberán cotejar las solicitudes de créditos subvencionados. Los satélites de Prodes fotografían desde el espacio parcelas de tres metros cada 16 días (para asegurarse de que las nubes no arruinan la visión) en la Amazonia, cuya extensión es el doble de la Unión Europea, y otros biomas brasileños.

Si resulta que la propiedad en cuestión fue talada después de 2019, el productor agropecuario que pide el crédito deberá probar que esa tala es parte del porcentaje autorizado por la ley. “Así convertimos a cada gerente de banco que gestiona créditos subsidiados en un inspector de deforestación ilegal”, explicó a la agencia Reuters Andre Lima, que dirige los esfuerzos para combatir la deforestación en el Ministerio de Medio Ambiente brasileño. Incluso en el caso de que sea legal, el propietario deberá pagarla de su bolsillo.

La nueva norma atañe a los créditos subvencionados con el dinero del contribuyente, es decir, unos 53.000 millones de dólares o un tercio del crédito rural brasileño, según información del Banco Central citada por Reuters. Y es que casi una quinta parte del crédito subvencionado otorgado fue para operar propiedades deforestadas hace nada, entre 2020 y 2023, según un estudio de la Climate Policy Initiative de la Universidad Pontificia de Río de Janeiro. Es decir, durante parte del mandato de Bolsonaro y el primer año de Lula.

El poderoso lobby agropecuario ha fracasado en sus intentos de paralizar la norma o retrasar si entrada en vigor, algo que incluso el propio Ministerio de Agricultura de Lula intentó. La principal asociación del sector, la Confederación de Agricultura y Pecuaria (CNA, por sus siglas en portugués) ha señalado el riesgo de que se den falsos positivos, que los satélites indiquen una tala donde no la hay. Los expertos sostienen que el caso típico es el contrario, la destrucción de vegetación que se le escapa al ojo que supervisa desde el espacio.

Los bancos han saludado la medida. La patronal bancaria considera que les da seguridad jurídica. Las nuevas verificaciones son un seguro contra hipotéticos impagos del crédito por parte de un productor que pierde un contrato por deforestar.

La Unión Europea tiene lista una ley, cuya entrada en vigor se ha aplazado dos veces, que prevé vetar de los Veintisiete una serie de productos si proceden de áreas deforestadas. Gestada por Bruselas en los años Bolsonaro, afecta al cacao, café, soja, aceite de palma, madera, carne de vacuno, el caucho y todos sus derivados (como cuero, madera, papel o chocolate). Las resistencias de los países afectados y las dificultades técnicas han aplazado su entrada en vigor, que estaba prevista para 2024 y será el último día de 2026. Entremedias, Brasil y los países que integran con él Mercosur han cerrado un acuerdo comercial gigante que estará vigente a partir de mayo.

La deforestación ha caído un 50% en la Amazonia desde que el líder de la izquierda brasileña regresó al poder para un tercer mandato. Como bien sabe desde su primera etapa presidencial, la preservación de la selva tropical es clave para regular la temperatura global y un elemento central en la proyección internacional de Brasil. Para bien y para mal, como cuando Bolsonaro convirtió a su país en el villano ambiental planetario. La deforestación es la principal causa de las emisiones de CO² de Brasil.

El presidente Lula puso de nuevo al frente del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático —un apellido novedoso— a la veterana política y activista Marina Silva, que a principios de los años 2000 ya demostró que sabía cómo reducir drásticamente la tala ilegal en el mayor bosque tropical del mundo. Y lo ha vuelto a lograr. Estos días, Silva acaba de dejar el ministerio para presentarse a las elecciones al Senado.

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Lula da Silva confirma a su actual vice como compañero de fórmula y rearma su gabinete

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Mientras las últimas encuestas lo muestran en un empate técnico con su principal opositor, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reveló este martes planes para remodelar el gobierno ante la salida de por lo menos 14 ministros para disputar cargos en las elecciones de octubre, en las que él aspira a la reelección. Al mismo tiempo, anunció que su actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, volverá a ser su compañero de fórmula.

Lula, de 80 años, buscará un cuarto mandato contra el senador Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, preso por golpismo. agradeció el trabajo de los ministros salientes y reivindicó las labores del Gobierno durante los últimos tres años y medio, en una reunión celebrada en el Palacio presidencial de Brasilia.

Encuestas recientes muestran un crecimiento de la intención de voto de Flávio Bolsonaro que lo empatan con Lula en una eventual segunda vuelta. En diciembre, el actual mandatario de centroizquierda llevaba una ventaja de 15 puntos.

“Tengan orgullo de decir lo que hicieron y cómo contribuyeron a que el país volviese a la normalidad”, declaró el líder del Partido de los Trabajadores antes de criticar la gestión de su predecesor, el ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022).

Lula añadió que, si bien la situación actual “no es esplendorosa”, es “infinitamente mejor” que la que dejó Bolsonaro, cuando algunos Ministerios perdieron cientos de funcionarios por los recortes.

Entre los altos cargos que dejan el gobierno figuran pesos pesados como el responsable de la Casa Civil, Rui Costa, y la de la cartera de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann, que se presentan al Senado por el Partido de los Trabajadores.

Lula busca ampliar la presencia de parlamentarios afines en la Cámara alta, que cumple tareas de gran importancia como la aprobación de los nombres propuestos por el presidente para ser magistrados de la Corte Suprema.

El ex ministro de Hacienda Fernando Haddad, otro político de la máxima confianza de Lula, ya renunció a su cartera recientemente para ser candidato a gobernador del estado de San Pablo, el más poblado del país y clave para las aspiraciones del mandatario para la reelección.

Por otra parte, el vicepresidente Alckmin se mantendrá como número dos del Estado brasileño y buscará repetir cargo en los próximos comicios, según confirmó este martes el mandatario.

Alckmin, un médico de 73 años, fue cuatro veces gobernador de Sao Paulo, el estado más rico y poblado de Brasil, y dos veces candidato presidencial por el conservador Partido de la Social Democracia Brasileña.

En 2006, perdió en segunda vuelta contra el propio Lula.

Con la excepción del presidente y del vicepresidente, la ley obliga a que los integrantes del Ejecutivo que quieran disputar unas elecciones dejen sus puestos seis meses antes de los comicios, es decir hasta este sábado, para evitar abusos de poder.

Pese a los cambios, Lula descartó que la salida de ministros conlleve alteraciones profundas y afirmó que “no hay nuevo programa de gobierno”.

“La máquina ya está funcionado; la obligación de quien se queda es concluir (proyectos)”, declaró.

En este momento, Lula tiene como principal rival para las elecciones al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, y las últimas encuestas apuntan a un empate entre ambos.

Además, el gobernador de Goiás, el derechista Ronaldo Caiado, lanzó el lunes su candidatura presidencial, que presentó como una alternativa a la polarización entre los polos capitaneados por Lula y Bolsonaro.

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Brasil amplía en un 70% dos áreas protegidas en el Pantanal

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva anunció el domingo (22.03.2026) la ampliación en un 70 % de dos áreas protegidas situadas en el Pantanal, el mayor humedal del planeta.

La superficie conjunta del Parque Nacional del Pantanal Matogrossense y de la Estación Ecológica de Taiamã sumará 104.200 hectáreas adicionales.

Esto supone aumentar el área total de humedal bajo protección del 4,7 % al 5,4 %, según un comunicado del Ministerio de Medioambiente.

La dependencia afirmó que la ampliación “fortalece” la resiliencia del ecosistema frente al cambio climático, así como la protección de especies amenazadas y de criaderos de peces.

Además, la decisión refuerza acciones de combate a los incendios, una de las principales amenazas al humedal, gracias a la ampliación de las brigadas de bomberos.

El anuncio sobre la ampliación lo hizo el presidente Lula durante la ceremonia inaugural de la decimoquinta conferencia de la ONU sobre especies migratorias (COP15) en la ciudad de Campo Grande, considerada como la puerta de entrada al Pantanal.

“No habrá prosperidad duradera en Latinoamérica sin la protección de la biodiversidad”, declaró.

El Pantanal, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad y que Brasil comparte con Paraguay y Bolivia, es el hábitat de cientos de especies de animales, como el jaguar, el tapir y el oso hormiguero.

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‘¿IA para quién?’: los centros de datos en Brasil preocupan por el consumo de agua y energía

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Leonardo Coelho, Dialogue Earth. La capacidad de los centros de datos de Brasil podría triplicarse para 2030. Esta expansión está impulsada por las empresas de China y Estados Unidos que están llegando en masa al país, pero las implicaciones para el consumo local de agua y energía preocupan a los expertos.

El país ya es el centro neurálgico de los centros de datos de América Latina, con una capacidad instalada de alrededor de 800 megavatios (MW). Brasil cuenta con 198 instalaciones según el Data Center Map, que recopila información sobre los centros de datos en funcionamiento y previstos en todo el mundo.

Los centros de datos no son un fenómeno nuevo, pero la explosión de los chatbots de IA, que consumen mucha energía, ha provocado un enorme aumento de la demanda. Estados Unidos es, con diferencia, el país con mayor número de centros de datos, seguido de Alemania, Reino Unido y China.

En diciembre, la empresa china ByteDance, responsable de la plataforma TikTok, anunció una inversión de 38 mil millones de dólares para un centro de datos en Porto do Pecém, en el estado costero de Ceará, en el noreste brasileño. Otras empresas chinas interesadas en Brasil son Huawei y Alibaba.

Mientras tanto, un consorcio estadounidense formado por la gestora de activos BlackRock, Microsoft y xAI, de Elon Musk, ha gastado recientemente 40 mil millones de dólares en la compra de Aligned Data Centers, que gestiona instalaciones en el país y es la empresa matriz de la brasileña Odata. El gobierno brasileño ha fomentado estas inversiones mediante exenciones fiscales.

Líderes indígenas y expertos en medioambiente y energía temen las repercusiones en la disponibilidad local de agua y electricidad. Roberto Anacé, líder indígena de la región donde TikTok tiene previsto construir un centro, ha declarado a Dialogue Earth que teme una posible escasez.

La fiebre por los centros de datos es el resultado de los esfuerzos conjuntos del gobierno brasileño en Estados Unidos y China. En 2025, el ministro de Finanzas de Brasil, Fernando Haddad, comunicó a los inversores tecnológicos de Estados Unidos su deseo de impulsar una economía “simultáneamente digital y verde”, aprovechando los incentivos fiscales y el suministro de energías renovables. Ese mismo año, el ministro de Comunicaciones, Frederico de Siqueira Filho, visitó a inversores en Beijing y otras ciudades chinas.

El gobierno lanzó una Política Nacional de Centros de Datos en septiembre de 2025 que incluía una política fiscal denominada Redata. Al ofrecer exenciones fiscales vinculadas a compromisos con normas medioambientales, Redata se diseñó para promover un desarrollo más sostenible de los centros de datos.

“La industria y el gobierno están tomando medidas para atraer más inversiones al país, especialmente grandes centros de datos […] centrados en la inteligencia artificial”, explica Luis Tossi, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Centros de Datos (ABDC), a Dialogue Earth.

Sin embargo, a finales de febrero de 2026, el impulso de los centros de datos en Brasil se estancó. Redata se introdujo como un decreto ejecutivo temporal para acelerar la inversión, pero requería la aprobación del Congreso para convertirse en ley. Las tensiones políticas hicieron que la votación no sucediera a tiempo y la política fiscal de Redata expiró.

Los grupos de presión con estrechos vínculos con el Congreso declararon al diario brasileño Valor Econômico que uno de los obstáculos fue el intento de incluir el gas natural entre las fuentes de energía que darían derecho a desgravaciones fiscales a los proyectos. La propuesta original daba prioridad a las energías renovables, y el impulso para ampliarla provocó desacuerdos. Según Valor Econômico, esto ya está teniendo repercusiones en los planes de los grandes centros de datos de las principales empresas.

“El gobierno no va a abandonar este proyecto”, afirma Júlia Catão Dias, del Instituto de Defensa del Consumidor (Idec) de Brasil. “El problema ahora es una disputa entre el sector del gas y el gobierno, ya que la industria quiere ser incluida en la política. Por eso el proyecto de ley está estancado y no hay fecha para su aprobación”.

Soberanía digital versus seguridad hídrica

Haddad afirma que sigue trabajando intensamente con los legisladores para que Redata sea aprobada en el Congreso y ha declarado a periodistas que hay una cola de empresas que quieren invertir en Brasil: “He hablado con varios senadores y les he explicado lo delicado que es este tema. Los que están comprometidos con el desarrollo y la soberanía nacionales están totalmente preparados para afrontar este reto”.

Según él, solo el 40% de los datos brasileños se procesan dentro del país. El resto se gestiona en el extranjero, fuera del alcance de la legislación brasileña. Por lo tanto, para el gobierno, la expansión de los centros de datos reforzaría la “soberanía digital” del país.

Igor Marchesini, asesor especial del Ministerio de Finanzas y artífice de la política de centros de datos, afirma que la expansión brasileña reduciría las emisiones globales del sector gracias al predominio de las fuentes renovables en la matriz eléctrica nacional. “Brasil no necesita quemar carbón para alimentar un centro de datos”, explica a Dialogue Earth.

Otros no están tan seguros de cómo Brasil hará frente a este aumento. Fabro Steibel, director ejecutivo del Instituto de Tecnología y Sociedad, afirma que la estrategia propuesta por el gobierno para los centros de datos sigue siendo vaga y poco clara. Agrega que la información compartida públicamente sobre el consumo previsto de agua y energía ha sido mínima.

Alrededor del 80% de los centros de datos de Brasil funcionan con sistemas de refrigeración de circuito cerrado, que reutilizan el agua para enfriar los servidores. Así lo afirma la asociación comercial del sector tecnológico, Brasscom, que señala que esa proporción podría alcanzar el 90% a finales de la década.

Pero André Fernandes, director del Instituto de Investigación en Derecho y Tecnología de Recife, señala que las necesidades iniciales de agua siguen siendo muy elevadas: “Esa agua tiene que venir de algún sitio. No es casualidad que estos proyectos suelan ubicarse cerca de cursos de agua”.

TikTok y la empresa brasileña Casa dos Ventos informaron a Dialogue Earth que los edificios del centro de datos contarán con un sistema de refrigeración con una capacidad equivalente a dos piscinas olímpicas, es decir, unos 5 millones de litros de agua. Estiman un consumo diario de agua de entre 20 mil y 30 mil litros (equivalente al consumo de 46 a 72 hogares), de los cuales alrededor del 10% se destina a la refrigeración.

El modelo de circuito cerrado plantea otras preocupaciones. José Renato Laranjeira, fundador del Laboratorio Brasileño de Políticas Públicas e Internet, afirma que, aunque un sistema de circuito cerrado reduce el consumo de agua, requiere más electricidad para funcionar que otras alternativas debido a su dependencia de potentes refrigeradores: “Esta opción conlleva un aumento de la demanda energética”.

Conflictos locales

Los expertos entrevistados por Dialogue Earth afirman que la fiebre por los centros de datos se está produciendo casi sin consultas públicas.

Dias, del Idec, junto con otros expertos consultados por Dialogue Earth, cuestionan las razones por las que el gobierno impulsa la atracción de estas instalaciones, sobre todo sin incorporar salvaguardias ambientales eficaces ni protecciones para el interés público. “¿Inteligencia artificial para qué? ¿Para quién? ¿En qué condiciones? ¿Realmente la necesitamos? Porque eso determinaría qué tipo de centro de datos queremos”, afirma Dias.

Cuando el centro de datos esté funcionando al 100% de su capacidad, habrá escasez de energía
Roberto Anacé, líder indígena de Ceará
Fernandes afirma que el proyecto de ley Redata solo menciona el uso de fuentes de energía renovables de forma genérica y no aborda los impactos socioambientales de estos proyectos: “No menciona los residuos electrónicos, ni aborda los impactos en los barrios y los territorios cercanos, ni el consumo y la eliminación de agua”.

También hay preocupaciones a nivel local. Anacé y otros líderes de Ceará están tratando de bloquear la instalación del centro de datos de TikTok, por temor a disputas sobre el agua y la electricidad en sus comunidades. “Dicen que hay un excedente de energía. Por ahora lo hay, pero cuando el centro de datos esté funcionando al 100% de su capacidad, habrá escasez”, afirma Anacé.

Las empresas afirman a Dialogue Earth que la energía del proyecto procederá de fuentes renovables específicas, como nuevos parques eólicos, que aún se encuentran en fase de planificación. Por lo tanto, afirman, no competiría con las necesidades eléctricas locales.

Un análisis de documentos internos al que ha tenido acceso el medio de comunicación Intercept Brasil indica que el consumo energético diario del proyecto de TikTok es equivalente al de 2,2 millones de brasileños. São Gonçalo do Amarante, donde se encuentra Porto do Pecém, tiene una población de solo 54 mil habitantes.

En agosto de 2025, manifestantes ocuparon la agencia ambiental estatal y presentaron una demanda ante la Fiscalía General de la República (MPF), que luego señaló deficiencias en el proceso de concesión de licencias.

Según las empresas, “la concesión de la licencia ambiental del centro de datos se ha llevado a cabo en estricto cumplimiento de la legislación vigente”. Todavía están analizando el informe de la MPF.

Anacé afirma que su pueblo no rechaza las iniciativas de desarrollo local, pero es esencial que los proyectos de esta envergadura incluyan consultas de base con las comunidades afectadas: “Ni un anacardo ni un mango dan fruto si no tienen raíces”.

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Lula impulsa el debate por el fin de la jornada 6×1 en Brasil y pone el foco en el bienestar laboral

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, abrió un debate de alto impacto económico, social e institucional al plantear públicamente la discusión sobre el fin de la denominada jornada laboral 6×1, con el objetivo de garantizar dos días de descanso semanal para los trabajadores. El anuncio, realizado a través de sus redes sociales, vincula productividad, avances tecnológicos y calidad de vida, y vuelve a instalar en la agenda regional el equilibrio entre trabajo y bienestar.

Transformaciones del mundo del trabajo y el debate por la jornada laboral

“El mundo del trabajo está en transformación”, sostuvo Lula al introducir el tema. En su mensaje, el mandatario enmarcó la discusión en un contexto global atravesado por cambios tecnológicos profundos y nuevas exigencias sobre el desempeño laboral. En ese sentido, citó al filósofo coreano Byung-Chul Han, quien caracteriza a la actualidad como una “sociedad del cansancio”, en la que la presión permanente por el rendimiento impacta directamente en el equilibrio entre la vida personal y profesional.

La referencia no es menor. El concepto de “sociedad del cansancio” apunta a un modelo productivo que, aun sin coerción directa, genera autoexigencia constante y desgaste psicosocial. Al incorporar esta mirada, el presidente brasileño introduce un componente cultural y filosófico al debate laboral, alejándolo de una discusión puramente técnica o sindical.

En este marco, Lula afirmó que en Brasil se está discutiendo el fin de la jornada 6×1, un esquema que concentra seis días de trabajo por uno de descanso. El objetivo explicitado es asegurar que el trabajador cuente con dos días de descanso semanal, una modificación que, de concretarse, implicaría una redefinición de la organización del tiempo de trabajo en amplios sectores de la economía.

Productividad, tecnología y bienestar: fundamentos del planteo presidencial

Uno de los ejes centrales del mensaje presidencial es la relación entre productividad y tecnología. Según planteó Lula, los avances tecnológicos permitieron alcanzar “niveles inimaginables de productividad”. Esta afirmación introduce un argumento clave: si la capacidad productiva aumentó de manera exponencial, el debate ya no debería centrarse únicamente en cuánto se produce, sino en cómo se distribuyen los beneficios de ese incremento.

“Es hora de pensar en el bienestar de las personas”, subrayó el mandatario, al conectar directamente innovación tecnológica con calidad de vida. El planteo sugiere que el progreso técnico abre una ventana para revisar esquemas laborales históricos que hoy podrían resultar desfasados frente a las nuevas condiciones de producción.

Desde una perspectiva económica, esta discusión interpela a empresas, sindicatos y al Estado, ya que una eventual modificación del régimen de descanso semanal tendría efectos sobre costos laborales, organización de turnos y productividad sectorial. En términos institucionales, el debate anticipa posibles reformas normativas que requerirían consensos amplios y un análisis detallado de su implementación.

Impacto y reacciones posibles

El posicionamiento público de Lula instala el tema en el centro de la agenda política brasileña y regional. Sectores vinculados al trabajo podrían interpretar la iniciativa como una señal de fortalecimiento de derechos laborales, mientras que actores empresariales podrían poner el foco en la necesidad de evaluar impactos económicos y operativos.

Más allá de las reacciones, el mensaje presidencial marca una definición política clara: el bienestar laboral pasa a ser un componente explícito de la discusión sobre desarrollo y productividad. En un contexto global de cambios acelerados en el empleo, la postura de Brasil introduce un debate que trasciende fronteras y reabre la pregunta sobre cómo compatibilizar crecimiento económico, innovación tecnológica y calidad de vida.

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