Lula

Esclavitud legitimada: en Brasil proponen abolir la justicia laboral

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Brasil hoy ya es un país de derechos devastados. Tierra de la Reforma Laboral, privatizaciones y que transita la previa a la Reforma Previsional tan añorada por la mano derecha de Bolsonaro, el Ministro de Economía Paulo Guedes. Como si no bastara el sin fin de saqueos al pueblo brasileño, el diputado Eduardo Martins del partido PSC quiere acabar con la Justicia Laboral.

Con el desempleo que hay, desigualdad en ascenso y varios problemas en el mercado de trabajo, la intención de algunos diputados es de profundizar la desarticulación del sistema laboral, sin que les importara las desigualdades sociales. Un país con trabajo esclavo, accidentes laborales y precaria inclusión igualitaria, no puede simplemente prescindir de las redes de protección. Estamos, en una época lamentable en la que perdemos los límites de lo imposible o improbable”, afirmó Noemia Porto de la Asociación Nacional de los Magistrados de la Justicia Laboral (ANAMATRA)

La Constitución de Brasil prohíbe una alteración que afecte la separación de los poderes del Estado. “No es a través de la destrucción de instituciones que llevan más de un siglo y son responsables en garantizar la justicia social, que se solucionaría los problemas de desempleo y desigualdades de ingresos”, sentenció Angelo da Costa presidente en la Asociación de Procuradores del Trabajo (ANTP).

La justicia social como blanco de destrucción

El diputado Martins defiende una “renovación” de instituciones judiciarias que según él, estarían “superadas” construidas en la época de Getúlio Vargas (conocido como padre de los pobres por proteger los derechos de los trabajadores en Brasil). Alegó también, como factor contribuyente en la Reforma Laboral, una supuesta litigiosidad en aumento.

Para Anamatra y ANPT, la Justicia Laboral también actúa para mantener el funcionamiento del sistema de combate al trabajo infantil y al trabajo esclavo, opera contra la desigualdad de derechos de mujeres y negros en el mercado laboral, pero todo el colectivo en general, muchas veces no reconocida esa labor.

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El derrumbe de Sergio Moro

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Las revelaciones periodísticas del portal The Incercept generan fisuras en el gobierno de Brasil. Un sector importante del Poder Judicial considera viciado el proceso conocido como Lava Jato y está proclive a rever la condena del ex presidente Lula Da Silva. El próximo miércoles el ministro de Justicia Sergio Moro deberá dar explicaciones en el Congreso. El pedido de libertad del Partido de los Trabajadores comienza a ganar adhesiones parlamentarias y al mismo tiempo Jair Bolsonaro muestra un apoyo incondicional a su ministro.

Por . El ministro de Justicia Sergio Moro deberá concurrir el próximo miércoles al Congreso a responder una batería de preguntas sobre las filtraciones periodísticas que lo muestran presionando al jefe de los fiscales Deltan Dallagnol para inculpar al ex presidente Lula Da Silva en el marco del proceso conocido como Lava Jato. El ex fiscal de Curitiba, presentado por el presidente Jair Bolsonaro como la reserva moral del gobierno, llegará al Parlamento golpeado en su imagen pública. En ese sentido, resuenan las palabras del columnista del influyente diario Folha Do Sao Paulo Igor Gielow, quién título este martes su artículo de opinión con un título sugestivo: “El caso Moro explicita el cambio ideológico del Partido de la Justicia”.

Los núcleos duros oficialistas quizás vuelvan a inflar los elevados muñecos de aire con la imagen de Súper Moro para recibirlo en el hemiciclo. Pero ese apoyo al hombre que –según demostró el portal The Intercept– digitó la cárcel de Lula comienza a menguar en amplios sectores de la élite judicial y periodística de Brasil. Varias expresiones de las últimas horas visibilizan el declive de Moro como capital simbólico de una supuesta Justicia independiente. Incluso, la revista Veja que lideró la campaña contra Lula y ensalzó como a un héroe al ex juez, publicó esta semana una portada en el que dice que Moro se está desmoronando.

Por su parte, la Orden de Abogados de Brasil sugirió en un comunicado público que Moro se apartara del Ministerio de Justicia y Dallagnol hiciera lo mismo de su cargo en el Ministerio Público. Es más, dos jueces del Tribunal Supremo de Justicia, Gilmar Mendes y Marco Aurelio Mello, reprocharon en declaraciones al matutino Folha do Sao Paulo el proceder del creador de Lava Jato en la 13a. Sala Federal de Curitiba. En paralelo, voceros del TSJ dejaron trascender que la Corte “tomará las escuchas como parte probatoria a pesar de haber sido tomadas por un canal no formal”.

Por último, el máximo tribunal aceptó un pedido de habeas corpus de la defensa del ex presidente a favor de su defendido alegando imparcialidad del juez que fuera recibido con alfombra roja y honores de príncipe supremo de la justicia por su par argentino Germán Garavano.

El analista latinoamericano Augusto Taglioni, director del portal Resumen del Sur, interpreta: “Da la sensación que el Tribunal Supremo no va a aprobar el habeas corpus para liberar a Lula pero está haciendo una enorme demostración de poder contra Moro. Cristaliza una interna judicial que lleva tiempo. La Corte siempre se opuso a la independencia de la República de Curitiba”. Taglioni gráfica el malestar del Poder Judicial con los gestos histriónicos y sobrepolitizados de Moro que, incluso antes de las revelaciones del portal dirigido por el premio Pulitzer Green Greenwald, manifestó siempre un visceral rechazo a Lula. Ese proceder que se supone ajeno a la objetividad del Derecho fue leído como una actitud cívica y republicana por dirigentes de Cambiemos como el mencionado Garavano, la titular de la Oficina Anticorrupción, o el juez Claudio Bonadio. Todos ellos se fotografiaron junto a Moro, en ocasión de una visita de él a la Argentina como fiscal, como si fuera una deidad de la verdad y la justicia.

Por otro lado, el otro campo donde se desploman las acciones de Moro es en el terreno político. El ministro de Justicia representa para el arco opositor el nuevo flanco donde tambalea el gobierno del presidente que reivindica la Dictadura militar de su país. Si los malos indicadores económicos constituyen la crítica central de las fuerzas partidarias enfrentadas a Bolsonaro, el escándalo internacional destapado por The Intercept muestra a un Ejecutivo vulnerando la Justicia independiente que prometió defender.

En ese sentido, el Partido de los Trabajadores está exigiendo la formación en el hemiciclo legislativo de una Comisión Parlamentaria de Investigaciones para escudriñar los efectos del lawfare –o guerra jurídica– en el país. Nuestras Voces conversó vía telefónica con una de las principales espadas legislativas del PT en la Cámara Baja, el diputado Paulo Pimenta, quien además es uno de los impulsores de la comisión mencionada.

Consultado sobre su lectura acerca de las revelaciones filtradas por The Intercept, Pimenta comienza acotando que el escándalo periodístico trasciende el caso Lula. “La investigación revela, en realidad, un esquema impune muy grande orquestado por el juez Sergio Moro y el Procurador Deltan Dallagnol en pos de herir la democracia y el Estado de Derecho en Brasil. Sin ninguna duda, Lula es la víctima individual más importante de esa operación. Pero nuestra convocatoria en el Congreso es amplia. Queremos ir a fondo, saber qué otras cosas digitaron a favor de Bolsonaro. Por eso, estamos llegando a un acuerdo con otras fuerzas partidarias para conformar una Comisión Mixta, integrada por diputados y senadores, que investigue todo lo sucedido. Luego, a medida que surjan más informaciones en boca del portal The Intercept, iremos impulsando más acciones. Pero, por lo pronto, esperamos a Moro en el Congreso para que otorgue explicaciones. Y, por supuesto, exigimos la remoción de él al frente de la cartera de Justicia, y de Dallagnol como jefe de los fiscales”.

¿Considera que el Poder Judicial está más permeable a incorporar la base probatoria revelada por The Intercept para rever el caso LavaJato?, pregunta Nuestras Voces a Pimenta. El legislador trabalhista se muestra medianamente confiado en cuanto a la respuesta que dará la Justicia en el caso Lula: “La credibilidad de la sociedad brasileña con respecto al Poder Judicial y al Ministerio Público está muy devaluada. Ahora, el escándalo periodístico ahondó mucho más esa crisis de legitimidad. Por eso, consideramos que esas instituciones deben recuperar la imparcialidad política necesaria para cumplir con los mandatos constitucionales pautados”.

Por último, Nuestras Voces consulta a Paulo Pimenta, si considera que la sociedad política entre Bolsonaro y Moro seguirá en pie a pesar de las escuchas que muestran al ministro de Justicia digitando la causa contra Lula como un operador político. “Esa alianza seguirá firme. No olvidemos que Bolsonaro fue elegido también gracias a la actuación de Moro al frente del Lava Jato. Ese apoyo fue muy claro en la defensa cerrada que están haciendo las milicias digitales del gobierno a favor del ministro de Justicia en las redes sociales. El propio Bolsonaro acompañó a su ministro estrella en un acto de la Marina que homenajeó y premió a Moro por su labor. Pero, sin ninguna duda, esa complicidad le jugará en contra al presidente ante la opinión pública. La imagen de Bolsonaro viene en picada. Pero, la actual crisis lo desploma aún más. Hay sectores que creían en su supuesta guerra contra la corrupción. Pero, el trabajo del portal The Intercept revela otra cosa. Más que Justicia, Bolsonaro y Moro buscaban un objetivo político”.

El presidente Jair Bolsonaro realizó durante toda la semana demostraciones de apoyo a su ministro de justicia. El lunes se mostraron juntos en un acto de condecoración que la Orden de la Marina le ofreció a Moro. El miércoles fueron a ver un partido del club Flamengo en el estadio Mané Garrincha de Brasilia y se difundieron fotos de ellos sonriendo. Y este jueves Bolsonaro declaró, refiriéndose a las filtraciones: «Lo que hizo Moro no tiene precio. Realmente reveló la promiscuidad del poder en relación con la corrupción» y agregó, como una clara muestra de incondicionalidad: «Le di un beso heterosexual a nuestro querido Sergio Moro», agregó.  El jefe de Gabinete de Brasil días atrás había presentado al ex juez como a un “héroe nacional”.

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¡Lula vive!, ¡Viva Lula!

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Una de las mayores maniobras pergeñadas para torcer la voluntad popular es la de no permitir que Luis Inacio Lula da Silva se presentara en las elecciones de 2018. Pocas veces en la historia hemos tenido la oportunidad de observar un complot orquestado por la derecha fascista encabezada por el juez federal Sergio Moro que emitió una orden de arresto contra Lula da Silva, propinándole un duro golpe al popular ex presidente de Brasil. No olvidemos que Moro en declaraciones anteriores expresó que no puede involucrarse en la política por que perdería su imparcialidad. ¡No solo se involucró, sino que se convirtió en ministro del Capitán Jair Bolsonaro que fuera ungido presidente en unas elecciones de las cuales Lula fuera excluido.
Pudo más el afán de protagonismo de los seis miembros del Superior Tribunal de Justicia de Brasil que en una ajustada votación de seis a cinco resolvieron negar el habeas corpus presentado por los abogados del ex presidente. Los magistrados Edson Fachin, Alexandre de Moraes, Luis Roberto Barroso, Luis Fux y Carmen Lucía, pasarán a la historia como aquellos magistrados, que por afán de protagonismo, se opusieron a la libertad de Lula.
El Supremo Tribunal Federal (STF) anunció que el ex presidente Luis Inacio Lula da Silva fue autorizado a dar entrevistas desde la prisión de Curitiba donde está detenido desde el 7 de abril de 2018. El presidente del máximo tribunal, Dias Toffoli, indicó que fue revocada la prohibición emitida por el magistrado Luis Fux en setiembre de 2018 que suspendió el permiso para que el ex mandatario fuera entrevistado. La medida de Fux fue dictada en plena compaña, cuando el Partido de los Trabajadores era claro favorito para ganar las elecciones presidenciales. Tal decisión, frenó la posibilidad de que el periódico Folha de San Pablo y el diario español El País
entrevistaran a Lula, lo fue calificada como censura, que expresamente está prohibida por la Constitución de Brasil.
Vale la pena consignar las personalidades e instituciones que han clamado por la libertad de Lula da Silva:
1) El Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el portugués Antonio Guterres, y el Secretario General Ban-KI-Moon.
2) Los 16 Jefes de Estado, reunidos en Adis Abeba, en el marco de la Cumbre de la Unión Africana que bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo esperaban para que explique como hizo para que en pocos años pudo rescatar del hambre y la pobreza a 36 millones de brasileño, reducir la mortalidad infantil en un 45%, disminuir el número de personas sub alimentadas en un 82% y conseguir que Brasil, , el país más grande de Latinoamérica, donde la brecha entre ricos y pobres era la mayor del mundo, desapareciera del mapa del hambre que la FAO elabora anualmente.
3) Los líderes de la mayoría de los países Latinoamericanos y las organizaciones progresistas, Senadores, Diputados y Gobernadores de los mismos, han clamado por su libertad. No es casualidad que Barak Obama, mientras le estrechaba la mano en una cumbre del G-20 en Londres, se refiriera a él como “el político más popular de la Tierra”
4) El diario El País de España, uno de los más prestigiosos de habla hispana y a quién no se le puede acusar de populista, termina el editorial con estas palabras, “La acusación formal es la de beneficiarse de un apartamento que no es ni nunca ha sido suyo y su mayor delito, es ser en este momento el líder más valorado de un país en profunda crisis y en plena carrera electoral, porque en efecto, si hay un delito es precisamente en lo que coinciden, opositores y detractores, que cando se celebren las próximas elecciones generales previstas para Octubre de este año, hay un vencedor seguro, Lula, si lo dejan ser candidato”.
5) ¿Conlleva esto a deducir que la soberanía popular es un mito?. Si se entiende que la soberanía popular se manifiesta en elecciones limpia, lo que en ellas se decida, debe tener preeminencia sobre cualquier otra opción. Y que ello no suceda sirve de ejemplo el caso de Lula da Silva. El autor y desarrollador del plan más exitoso de la historia, avalado por las Naciones Unidas como ejemplo para cualquier país subdesarrollado que quisiera dejar atrás las secuelas negativas de su subdesarrollo. A esta personalidad, no digo la justicia brasileña, sino parte de ella, representada por seis jueces que en un fallo dividido votan por encarcelar a Lula, son los portadores de la miseria y ruindad humanas que representan. El juez federal Sergio Moro emitió una orden de arresto contra Lula da Silva, propinándole un duro golpe al otrora popular ex presidente de Brasil para regresar a la política en las elecciones de octubre. ¿Se auto promociona Sergio Moro para la presidencia del Brasil?. No lo niega.
6) Capítulo aparte merecen las declaraciones del jefe del Ejército brasileño Eduardo Vilas Boas en el sentido de salir electo Lula da Silva, el ejército saldrá a las calles para impedirlo.” Lo lamento por la democracia, pues sus declaraciones constituyen una presión contra los encargados de emitir el fallo de la justicia, declaró la vicepresidenta de Brasil Lucía Topolanski y que el tribunal norteño que falló contra Lula está partido en dos. “Sacaron a una presidenta, pero hasta ahora no hay ningún juez que haya dicho algo en contra Dilma Rouseff, lo que representa un hecho gravísimo”.
Totalmente desubicado Vilas Boas en el contexto mundial que le toca vivir. Hoy no están en el poder en los Estados vecinos un Pinochet en Chile, un Videla en Argentina, o un Stroessner en Paraguay para apoyarlo. Además tendrá la repulsa mundial por su  actitud.
Miguel Schmalko- consejero y ex presidente de la FEBAP y CACEXMI (Federación Económica Brasil-Argentina-Paraguay y Cámara de Comercio Exterior de Misiones).

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Católicos de Brasil: ¡Reacciones!

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En el mundo, Brasil es el país que tiene un mayor número de católicos, 172,2 millones según los números del Vaticano, seguido por México (110,9), Filipinas (83,6), Estados Unidos (72,3), Italia (58.0), Francia (48,3), Colombia (45,3), España (43,3), República Democrática del Congo(43,2), y Argentina (40,8). Son los 10 países con mayor número de católicos.
En el continente americano, en total, el catolicismo ha perdido 13 puntos porcentuales en cuanto a creyentes en todo el continente, pasando del 80% de la población en 1995 a 67% en el 2013. En Brasil, la campaña de los evangélicos apoyaron a Bolsonaro para que ganara las elecciones.
Un mastodonte de 56 metros de altura, 105 de ancho y 121 de profundidad, en un área de 100.000 metros cuadrados, se levanta el barrio de Brás, una de las zonas populares de Sao Paulo. Se dice que su inspirador, el magnate de la comunicación y fundador de la de la evangélica iglesia Universal del Reino de Dios, Edir Macedo, trajo piedra de Jerusalén para construir esta réplica del templo de Salomón, con capacidad para 10.000 fieles. Esta inauguración, bajo una amenaza de lluvia en la tarde paulista, apenas 1.000 acudieron al culto.
Los evangélicos, una masa de 42,3 millones de personas-22,2% de la población- son uno de los sectores determinantes de las elecciones brasileñas, con un poder inusual en comparación con otros países de América Latina, donde también han crecido con los años. Junto a los partidarios de las armas y los ruralistas forman en el Congreso lo que se conoce como la bancada BBB: bala, buey y Biblia.
En la elección se sumó una cuarta B, la de Jair Bolsonaro, que ha logrado aglutinar el respaldo de todos ellos. En el caso de los evangélicos, recibió el espaldarazo en TV Record, la segunda televisión del país, propiedad de Edir Macedo donde el ultraderechista aprovechó los 30 minutos que le brindó Record para tratar de humanizar su retrógrada figura. El apoyo de Macedo es de suma importancia para Bolsonaro. Creador hace 40 años de la Iglesia Universal del Reino de Dios, hoy impero religioso con más de nueve millones de seguidores en todo el mundo que frecuentan cerca de 10.000 templos. Lo dio a conocer en su página de Fecebook, cuando se le preguntó por quién votaría. De ese pequeño gesto, pasó a ofrecer al militar retirado la mayor plataforma de la que pudo disponer para justificar, paliar o argumentar sus peroratas en un país donde el 44,8% decide su voto influenciado por la televisión. La comparación con Trump vuelve a ser inevitable. Si aquel tiene Fox News, Bolsonaro cuenta con TV Record.
El respaldo de Macedo se suma al de otros líderes evangélicos, como el pastor José Wellington Becerra da Costa, presidente emérito de la Asamblea de Dios, la mayor fuerza evangélica con 22,5 millones de fieles en Brasil, cerca del 10% de la población. “De todos los candidatos, el único que habla el idioma del evangélico es Bolsonaro. No podemos dejar a la izquierda volver al poder” aseguró el pastor después de mostrar un video de Bolsonaro en la fiesta aniversario de la iglesia. En agosto de 2014, era Dilma Rousseff, en plena campaña para la reelección, aparecía en el púlpito de la iglesia de Becerra da Costa. Entonces, era ella quien se llevaba el tercio del electorado evangélico en vísperas de la elección. Dilma estaba al frente en todas las encuestas y era la favorita para vencer.
El abandono paulatino comenzó con el impeachement a Rousseff donde en las elecciones, han puesto fin a la alianza evangélica con el PT. En la última década, los principales líderes apoyaron al partido, un respaldo pragmático por el que se obtenían, por ejemplo, beneficios fiscales. Por su parte el apoyo evangélico resultaba incómodo para el partido de Lula, pues sus reclamos no terminaban de encajar con las defensas más progresistas de la formación.
“Desde setiembre se ha producido una migración considerable de la intensión del voto evangélico hacía Bolsonaro” explica Ronaldo Almeida,, profesor de Antropología de la Universidad de Campinas (Unicamp) y miembro del Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento.
“Bolsonaro representa esa sensación de orden y autoridad que cala en esa parte de la población, aún más en un contexto de retroceso económico y moral” manifestó Dilma, pero sobre todo Lula, había logrado el respaldo de los sectores más pobre, mayoría dentro de los evangélicos.
Todo eso fue difuminando con el paso del tiempo, la llegada de la crisis económica y crecimiento del antipetismo (contrarios al partido de los Trabajadores). La puntilla supuso la aparición de un candidato que defendía los valores más tradicionales.
“Bolsonaro es un candidato que tiene la agenda que nosotros defendemos, tiene una vida limpia y patriota. ¿Por qué no apoyarlo?” se pregunta retórico el pastor Silas Malafaia, de la Victoria en Cristo, una vertiente de la Asamblea de Dios. Cuando se le pregunta por las actitudes racistas, machistas y homófobas de Bolsonaro, el pastor responde que son acusaciones” de lo más ridículas”. “Fue la izquierda brasileña quien apoyó con fuerza esa basura moral, como la ideología de género y el beso gay en la novela de las seis de la tarde”.
Ya fuese la elección de Trump o el Brexit, allí detrás siempre se situaba la gran masa de los llamados perdedores de la globalización, trabajadores empobrecidos y rabiosos, con escasa formación, víctimas propiciatorias para cualquier caudillo demagogo. Poco o nada tiene que ver con el movimiento que colocó en la presidencia del quinto país más poblado del paneta a Jair “Messias” Bolsonaro, un antiguo capitán de paracaidistas amante del gobierno militar, la tortura y las ejecuciones policiales, machista y racista, además profundo ignorante sobre cualquier asunto que no conlleve la exhibición de testosterona.
“Desafiaba responder a las calamidades, La élite elige el tiro, el porrazo y la bomba” .” Quién ha titulado así un artículo en el diario Folha de Sao Paulo no es ningún furioso izquierdista, sino Reinaldo Azevedo, una de las firmas más aceradas de la derecha liberal brasileña. Para atestiguar sus conclusiones ahí está la Bolsa, descorchando champán, tras cada encuesta que confirmaba el triunfo de Bolsonaro.
Nadie gana unas elecciones sin penetrar en todas las capas sociales, es obvio, pero las cifras del instituto de opinión de Datafolha resultan inequívocas. Entre los brasileños con estudios superiores los apoyos a Bolsonaro superaron el 40%, frente al 20% entre los que no pasaron de primaria; su intención de voto entre los pobres- los que viven con una renta familiar de dos salarios mínimos al mes o menos. 1.908 reales, unos 480 euros- es también del 20%, mientras se disparaba al 50% entre las clases media y alta; le respaldaban el 42% de los hombres y el 28% de la mujeres; arrasa en el sur del país, la zona más rica, pero pierde con claridad en el nordeste subdesarrollado ante Fernando Haddad, el heredero de Lula da Silva en el liderazgo del Partido de los Trabajadores (PT).
Hasta hace unos meses, el mundo del dinero aún veía con desconfianza a Bolsonaro. No tanto porque dijese que los derechos humanos son “estiércol”, porque mandase a los indios a”comer hierba” en sus tribus o porque negase condenar el asesinato de la concejal izquierdista de Río de Janeriro Marielle Franco. La discrepancia de fondo era la concepción estatista de la economía que Bolsonaro heredó de su admirada dictadura militar (1964-1985)- En vista que esos principios no gustaban, el candidato se sacó otros: contrató como gurú económico a un ultraliberal y todos los recelos desaparecieron. No hay más que ver el goteo de pronunciamientos en su favor de grandes empresas, entregadas ya sin disimulo al macho alfa que promete limpiar Brasil de asesinos y ladrones. En esto, ha acabado con revueltas en las calles, protagonizadas por los sectores sociales acomodados, y la posterior maniobra parlamentaria que en 2016 lograron sacar del gobierno, después de 14 años, a un PT asediado por crisis económicas y escándalos.
Aquellas protestas despertaron a un movimiento derechista que aprovechó a fondo la pasión nacional por las redes sociales. De repente, los objetivos ya fueron más allá de la corrupción y el desastre económico de la presidente Dilma Rousseff. Ahora atacaban las cuotas raciales en la universidad, las ayudas públicas a “los que no quieren trabajar”, las restricciones al uso de armas y la inmoralidad de las costumbres. En ese pozo negro creció la figura de Bolsonaro, que también recibió el apoyo de las más influyentes iglesias evangélicas del país. Y así, poco a poco, la élite brasileña asumió que el verdadero peligro no es el líder ultraderechista sino el PT. Da igual que el partido de Lula nunca tocara la fiscalidad de las rentas altas, ni nacionalizase una empresa, que regase con ayudas a chorro a grandes compañías privadas, que durante sus mandatos, aunque millones salieron de la pobreza, los ricos también se hicieron más ricos. Una buena parte de los brasileños se ha convencido de que el programa oculto de PT es convertir al país en una nueva Venezuela.
Mientras tanto, los únicos bolivarianos que se escuchan, en versión extrema derecha, provienen del vicepresidente de Bolsonaro. Tan macho o más que su jefe, el general de reserva Antonio Hamilton Mourao especula abiertamente con el escenario de un autogolpe presidencial y lanza la idea de una nueva Constitución redactada por una “comisión de notables” sin representantes populares. Los entregados a la causa minimizan todo esto como si fuera cháchara electoral sin mucha importancia. Para ellos la auténtica amenaza la encarna el PT. Y hay que frenarla a toda costa, aunque sea a porrazos.
Con un país irremediablemente dividido en dos, ¿piensa Bolsonaro que puede llevar a la práctica el “Orden y Progreso” que flamea en la enseña patria?.
¡ Que ingratitud de una clase dirigente que mediante la política de Lula que puso recursos del BANDES al servicio de la clase empresarial brasileña para que expandan su actividades en Latinoamérica y África donde competían de igual a igual con las grandes multinacionales.!.
Miguel Schmalko- consejero y ex presidente de FEBAP y CACEXMI (Federación Económica Brasil, Argentina, Paraguay y Cámara de Comercio Exterior de Misiones)

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Lava Jato: Michel Temer es arrestado tres meses después de dejar el poder

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Los mandos contra Temer fueron enviados por el juez Marcelo Bretas, de la Operación Lava Jato en Río de Janeiro
El ex presidente Michel Temer irá a la cárcel por el escándalo de corrupción en Brasil conocido como Lava Jato. El juez federal de Río de Janeiro Marcelo Bretas ha determinado la detención del expresidente brasileño, según confirman medios cariocas.
Desde el miércoles (20), la Policía Federal brasileña intentaba rastrear y confirmar la ubicación de Temer, sin tener éxito. La Fiscalía llegó a solicitar dos veces ante la Corte Suprema la apertura de juicios por corrupción contra Temer pero el Congreso se negó a autorizar los procedimientos.
 
La Fuerza de tarea de la Lava Jato en Río de Janeiro arrestó en la mañana de este jueves a Michel Temer, ex presidente de la República, que fue artífice del golpe que depuso a Rousseff (PT). Los agentes aún intentan cumplir un mandamiento contra Moreira Franco, ex ministro de Minas y Energía. La información es de TV Globo.
Los mandos fueron enviados por el juez Marcelo Bretas, de la 7ª región Federal Criminal de Río.
Primera instancia
A principios de febrero, Luís Roberto Barroso, ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), decidió enviar a la Justicia Federal en Brasilia, la denuncia presentada contra Michel Temer en el caso de la investigación de los puertos. No hay, sin embargo, informaciones si la prisión es referente a ese proceso.
A finales de 2018, Temer fue denunciado por Raquel Dodge, procuradora general de la República, por los crímenes de corrupción pasiva y lavado de dinero por integrar un supuesto esquema para favorecer a las empresas en la edición de un decreto sobre el sector portuario.
La procuradora denunció a cinco personas por corrupción activa y pasiva y lavado, entre ellas, el ex asesor especial de la Presidencia de la República, Rodrigo Rocha Loures. La Fiscalía también acusó de crímenes al amigo del presidente, el coronel jubilado de la Policía Militar João Baptista Lima Filho.
Barroso afirma en la decisión que la fiscalía describió “detalladamente el funcionamiento de un esquema duradero de corrupción que se habría formado en torno al ex Presidente de la República, Michel Temer”.

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