La desindustrialización en Argentina ya supera a la de la Convertibilidad
La nueva desindustrialización argentina: caída más profunda que en la convertibilidad. Un informe de FLACSO y CIFRA advierte que la economía argentina atraviesa una segunda oleada de desindustrialización más severa que la de 1976-2001. Entre 2011 y 2024, el PIB industrial cayó un 19% y el país perdió participación regional en el valor agregado manufacturero.
Argentina enfrenta una crisis industrial de magnitud histórica. Según el último informe del Área de Economía y Tecnología de FLACSO y CIFRA, titulado “La magnitud de la nueva desindustrialización”, el país experimenta desde 2012 una segunda oleada de retroceso fabril que ya supera en intensidad a la registrada entre 1976 y 2001.
Entre 2011 y 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) industrial se contrajo un 19% en términos absolutos, un desplome superior al 10,3% que se había observado en la primera etapa de desindustrialización. El informe, elaborado por el economista Pablo Manzanelli, advierte que se trata de una caída estructural sostenida, que combina una pérdida en la producción total y una reducción relativa del peso de la industria en la economía.
Milei y Macri, epicentros del colapso fabril
El informe atribuye las mayores contracciones al impacto de las políticas aplicadas durante los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei. En 2024, durante el primer año de la actual administración, el valor agregado industrial cayó -9,2% anual, cifra que incluso supera el promedio de la gestión Cambiemos (-3,6% anual acumulativo entre 2016 y 2019).
La desindustrialización también avanzó bajo gobiernos de signo político distinto, aunque con menor intensidad. Durante el último mandato de Cristina Fernández de Kirchner (2011-2015), el sector cayó 1,6% anual, mientras que con Alberto Fernández (2019-2023), pese a las recesiones de 2020 y 2023, se registró una expansión acumulativa del 2,3%.
Más allá del retroceso absoluto, el informe subraya un deterioro relativo sin precedentes. El coeficiente de industrialización —relación entre el valor agregado industrial y el PIB total— descendió al 15,3% en 2024, el mismo nivel que tenía la economía argentina en 1930, al inicio de la industrialización por sustitución de importaciones.
Esto significa que la industria perdió 3,4 puntos porcentuales desde 2011 y 8,5 puntos en comparación con su pico histórico en 1974 (25,8%). A su vez, la participación argentina en el valor agregado industrial de América Latina cayó del 10% en 2011 al 7,4% en 2024, profundizando su marginalidad regional.
El informe apunta que la causa estructural común en todas las etapas de la crisis industrial es la subinversión del sector manufacturero, especialmente por parte de grandes empresas. “La ganancia que no se invierte se fuga al exterior”, señala el trabajo, citando estudios previos de Manzanelli y Calvo.
Si bien en etapas anteriores el retroceso se explicó por la caída de exportaciones (2011-2015) o del consumo interno (2016-2019), el núcleo del problema radica en un patrón económico dominado por la valorización financiera y la apertura comercial, que desalienta la inversión productiva y erosiona la estructura fabril.
Una desindustrialización prematura, con impacto regional
El documento advierte que la crisis no solo es local, sino también comparativa: Argentina perdió casi 7 puntos porcentuales de participación en el producto industrial latinoamericano desde 1974. Este dato la posiciona como uno de los países con mayor retroceso relativo en un continente que también enfrenta procesos de desindustrialización temprana.
La pérdida de densidad industrial no solo tiene efectos económicos. También compromete la generación de empleo de calidad, el desarrollo tecnológico y la capacidad de sustituir importaciones, elementos clave para una estrategia de crecimiento sostenible.
El informe de FLACSO y CIFRA concluye que la actual etapa de desindustrialización combina contracción absoluta y pérdida relativa, algo que no se observaba desde mediados del siglo XX. La magnitud de la caída industrial, consolidada en los últimos 13 años, impone un desafío urgente para cualquier política de desarrollo que busque recuperar la capacidad productiva del país.
En tiempos de apertura comercial, ajuste fiscal y valorización financiera, la reactivación industrial exige no solo estímulos coyunturales, sino también un cambio profundo en la orientación del modelo económico.
