MACROECONOMÍA

La inflación es un problema macro

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La Mirada Analytica (número 7), un análisis de la consultora Analytica, dirigida por Ricardo Delgado hace foco en la macroeconomía Argentina.

 En julio la inflación acumulada alcanzó el objetivo anual que había proyectado el gobierno. Sin embargo, no modificó su estrategia para resolver el problema. Y, por el contrario, se inclinó por profundizar un diagnóstico basado en comportamientos sectoriales. En consecuencia, a partir de mañana congela el precio de 1.500 bienes de consumo masivo.

 Un congelamiento de precios por fuera de un plan de estabilización no es sostenible. En este contexto, lo más probable es que genere una aceleración inflacionaria aún más alta una vez que finalice. La inflación en la Argentina tiene múltiples causas, siendo el comportamiento del tipo de cambio una de las principales. Por caso, eso se refleja de forma explícita al analizar la suba en el precio de los alimentos, uno de los principales motivos de la nueva medida del equipo económico.

 Desde hace varios años que el aumento en el precio de los alimentos es superior al del nivel general. En particular, un 12% más desde abril del 2018 hasta igual mes del 2020. Tendencia que se cortó durante los primeros meses de la pandemia y se reanudó en julio del año pasado. Más allá de haberse revertido durante los últimos dos meses, aun el precio de los alimentos acumula un 10% de crecimiento por encima del índice general.

 Podemos definir dos impulsos para la suba relativa del precio de los alimentos. Como se observa en el gráfico de la página siguiente, el primero fue un salto de más del 50% en el tipo de cambio real bilateral con EEUU entre el segundo trimestre del 2018 y el tercero del 2020. Y el segundo, fue de ahí en adelante la suba en los precios internacionales de las materias primas.

 Al cuantificar el impacto de cada impulso la diferencia es muy grande. El precio de los alimentos en la Argentina es cuatro veces más sensible al tipo de cambio que a los precios internacionales. Si queremos ver el dato positivo, el gobierno tiene herramientas para intervenir sobre el tipo de cambio mientras es tomador de precio en el caso de las materias primas, sin posibilidades de influir en su cotización internacional.

 A su vez, el precio relativo de los alimentos, respecto al IPC, muestra un crecimiento tendencial también en la región principalmente desde el año pasado. En Brasil, Chile y Colombia, como se observa en el gráfico de la próxima página, hay un comportamiento similar a pesar de diferir en sus estructuras productivas y en la composición de sus importaciones y exportaciones.

 A nivel global, la tendencia alcista en el precio de los alimentos se mantiene. El índice que elabora la FAO creció 4% durante el tercer trimestre y acumula a septiembre una suba del 35% desde marzo del 2020.

 En consecuencia, es evidente que el aumento en el precio de bienes de primera necesidad está determinado principalmente por variables macroeconómicas. Algunas de carácter endógeno (tipo de cambio) y otras exógeno (precio de las materias primas) a la economía argentina. Más allá de que existan comportamientos precautorios de algunas empresas aumentando los precios. Con una brecha cambiaria ya en 95% para algunas cotizaciones del dólar paralelo, hay incentivos suficientes para buscar cubrir costos de reposición y mantener márgenes de rentabilidad.

 Las consecuencias, como suele suceder, golpean más fuerte a los que menos tienen. La indigencia, quienes no pueden comprar la canasta básica alimentaria, aumentó durante el primer semestre y alcanzó a 4,9 millones de argentinos, 92.000 más respecto a los seis meses anteriores. A pesar de haberse producido al mismo tiempo una leve reducción de la pobreza.

 Durante el tercer trimestre la canasta básica alimentaria aumentó 5,6%. En consecuencia, hoy un adulto necesita por mes $9.713 para no caer en la indigencia.

 Hacia adelante, todo indica que los precios de los alimentos tenderían al alza. Dado que cierta corrección en el tipo de cambio en el marco de un acuerdo con el FMI no se vería compensada con la caída del precio de los commodities asociada al endurecimiento de la política monetaria en los países centrales.

 La coyuntura juega en contra de los precios de los alimentos y de la estabilidad macro. Menores precios internacionales de los commodities tensionarían aun más las cuentas externas y fiscales en una economía sin crédito externo.

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Información macroeconómica, expectativas y conducta

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Christopher Roth, del Institute on Behavior and Inequality (briq), en Bonn, y Johannes Wohlfart, del Departmento de Economía de la Goethe University, en Frankfurt, publicaron un informe de avance de investigación (*), en el que describen cómo las expectativas macroeconómicas de los individuos afectan causalmente sus perspectivas económicas personales y su conducta.
Explican que las expectativas familiares (unidades de consumo) respecto a los futuros ingresos afectan su conducta financiera y su consumo y, debe ser modelada por las percepciones del riesgo idiosincrático y agregado. Los agentes de decisión política ocupan un rol fundamental en el cambio de perspectivas macroeconómicas de las unidades familiares de consumo, y la confianza de los pequeños consumidores respecto al crecimiento económico son centrales en la lenta recuperación del consumo de muchos sectores  luego de una recesión.
En la investigación se plantean responder dos preguntas. Primero: ¿son relevantes las informaciones o noticias sobre la macroeconomía, como los pronósticos profesionales sobre crecimiento económico, como información disponible en las unidades familiares? Segundo: ¿afectan las unidades familiares sus expectativas respecto a su propia situación económica y su conducta económica, en respuesta a cambios en sus expectativas respecto al crecimiento económico?
Para variar exógenamente las expectativas de los participantes, los investigadores les proporcionaron diferentes informes profesionales sobre la probabilidad de una recesión económica. Los participantes actualizaron sus perspectivas en respuesta a los informes profesionales, extrapolando las expectativas respecto a sus circunstancias económicas personales y ajustando sus planes de consumo y compras accionarias.
Afirman que la extrapolación de las expectativas respecto al desempleo personal es encabezada por los individuos con alta exposición al riesgo macroeconómico (por ejemplo, personas con experiencias anteriores de desempleo, quienes habitan en zonas con alto desempleo, o quienes trabajan en industrias más cíclicas), consistentemente con los modelos macroeconómicos de información imperfecta en los que las personas están desatentas a los indicadores económicos, aunque comprenden cómo la economía funciona.
En el experimento, los investigadores manipularon información en la que se valoraba, según los pronosticadores profesionales, diferentes probabilidades de una caída real del PBI. De este modo los experimentadores pudieron examinar el efecto causal de las expectativas del retroceso de la economía, en las expectativas sobre los resultados personales y en la consiguiente conducta de los participantes.
La magnitud del efecto alcanzado es consistente con las pérdidas de empleo durante la última recesión y, hay heterogeneidad en los resultados en línea con estrategias ante exposición al riesgo. Los investigadores afirman que proveen evidencia de que las expectativas de las personas sobre la macroeconomía afectan causalmente sus planes de consumo y sus compras de acciones.
En general, los hallazgos de la investigación –afirman los autores- son consistentes con los modelos macroeconómicos de información imperfecta: primero encontraron que los consumidores son inicialmente ignorantes sobre los signos pertinentes respecto a la macroeconomía. Segundo, los participantes ponen al día, actualizan sus expectativas económicas, en respuesta a los informes profesionales que se les facilitan, respecto al contexto macroeconómico, en concordancia con las predicciones de actualización bayesianas, aunque este no es el caso para individuos con bajos niveles educativos. Tercero, la actualización de las expectativas personales es consistente con los datos en términos del tamaño de la heterogeneidad, indicando que los participantes  tienen un entendimiento de su propia exposición al riesgo macroeconómico.
Desde el punto de vista práctico, los investigadores afirman que los resultados identifican grupos específicos, que los diseñadores de políticas pueden esperar que reaccionen a una perspectiva económica mejorada. Específicamente, los grupos con mayor exposición al riesgo agregado (como individuos trabajando en industrias cíclicas) son más propensos a responder a una mejora en la perspectiva macroeconómica, mientras que una gran proporción de la población no es probable que reaccione. Los diseñadores de políticas pueden maximizar los efectos de sus estrategias comunicativas apuntando a estos grupos.
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(*) Roth, Christopeher and Wohlfart, Johannes, How Do Expectations about the Macroeconomy Affect Personal Expectations and Behavior? (14 Feb 2019). http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3016052 Disponible en: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3016052

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Analizaron las crisis argentinas según la teoría económica

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Se realizó una charla con estudiantes e interesados en Economía en la Universidad Gastón Dachary. Allí un equipo de profesionales de la Universidad intentó acercar conceptos de macroeconomía y teoría económica para comprender a coyuntura Argentina de los últimos años.
Los profesionales buscaron maneras accesibles de explicar que nos permite comprender la teoría económica respecto a la inestabilidad argentina a lo largo de la historia reciente.
Con base a ejemplos económicos de la historia reciente trataron de brindar un acercamiento a la coyuntura nacional actual, de manera pedagógica y reflexiva; además, se buscó introducir al público a los conceptos fundamentales de la macroeconomía argentina desde la teoría económica, brindando herramientas accesibles y eficaces para entender los debates actuales sobre la realidad que atraviesa el país
Encabezado por el docente e investigador Dario Díaz, doctor en Economía y las Licenciadas Marcela Torres y Natalia Ojeda y la Contadora y Licenciada en Economía Bettina Alvarez se realizó este panel de debate sobre la realidad que atraviesa el país.
Primero explicaron las causas y consecuencias de la inflación en argentina, las restricciones presupuestarias de la economía y el origen histórico de las crisis económicas argentinas, se describieron los instrumentos de política económica y las decisiones que se tomaron en cada contexto macroeconómico.


 

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¿Y por Paraguay como andamos?

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Ya se escribió mucho y se seguirá escribiendo sobre la crisis financiera que esta atravesando nuestro país, asi que dejemos por un rato de mirarnos al ombligo y veamos cómo están nuestros vecinos en estos momentos:
¿Por qué Paraguay? 
Bueno la respuesta para los que vivimos en Posadas es mas que obvia; cualquier movimiento en nuestra economía repercute en Paraguay y viceversa, sobre todo si esos movimientos se refieren específicamente al tipo de cambio.
Pero hay cuestiones mas profundas por las que debería interesarnos el presente y el futuro de nuestros hermanos paraguayos: además de la incidencia en nuestra economía por la proximidad geográfica y por ser parte integrante del Mercosur, cualquier aficionado a la historia sabe que la guerra de la triple alianza, de la que Argentina fue parte, dejo a ese país devastado en su pujante economía, prácticamente despoblado de hombres, reducido en su superficie y con consecuencias culturales que sobreviven hasta  nuestros días.
De hecho, si comparamos ambos países todavía hoy la diferencia en ingresos es muy importante: 
Al 2017 Argentina tenia un PBI per cápita de Uss. 14305 contra el de Paraguay que en el mismo período era de Uss. 5727. O sea si sacamos la foto podemos decir hoy que Argentina es mas rico ya que su ingreso per cápita es (o era ya que la última devaluación pegó durísimo en el mismo ) prácticamente el triple que el de Paraguay.
Pero en términos per cápita argentina también es mas rico que China, aunque sabemos que al paso que va el gigante asiático va a ser la primera potencia mundial ( hoy su PBI per cápita es de Uss 8804 )
Entonces dejemos de mirar la foto y miremos la película de Paraguay:
Crecimiento Económico
Paraguay tuvo un crecimiento de su PBI del 4,8 % en el 2017 y 4,3 % en el 2016, mientras nosotros crecimos un magro 2,9 % en el 2017 y tuvimos una caída del PBI del 1,8 % en el 2016.
Algo a tener en cuenta también es que el fundamento del crecimiento paraguayo de estos últimos años se debe al consumo privado y a la inversión, a diferencia de la Argentina donde el gasto público suele explicar una parte importante de las expansiones.
Situación fiscal: 
Al igual que la Argentina Paraguay está atravesando un periodo de déficit, pero en el 2017 y en el 2016 su rojo fiscal fue del 1,1 % del PBI. Paraguay tiene una ley de responsabilidad fiscal que le pone un límite al déficit del 1,5 % del PBI, o sea que están teniendo un déficit por debajo de lo autorizado por el congreso, algo impensable en Argentina.
El déficit al igual que aquí se está financiando con emisión de deuda, pero esta fué a fines del 2017 el 18,2 % del PBI, mientras que en Argentina fue del 52,5 % del PBI, recordemos que a esa fecha no debíamos todavía al FMI.
Otro punto importante es la presión tributaria, mientras en Argentina supera el 30 % en Paraguay fue el 9,9 %; o sea con baja presión tributaria tienen un bajo déficit fiscal (si se puede, hay que hacerlo nomás).
Política Monetaria:
Paraguay también tiene la política de metas de inflación, pero no del 15 % para terminar en el 45 % como pasa acá, sino del 4 % y como se cumplen las metas puede bajar las tasas de interés para favorecer la inversión.
Sector externo:
Cuando uno cruza a hacer compras en Paraguay lo primero que puede imaginar es el déficit monstruoso de cuenta corriente que debe tener, dado que mucho de lo que venden es importado; pero no, en el 2016 tuvieron un superávit de cuenta corriente del orden del 1,1 % del PBI y en el 2017 un déficit si, pero de apenas 300 millones de dólares; cuando en Argentina en el 2017 tuvo un déficit de cuenta corriente de mas de 30.000 millones de dólares.
Podemos seguir comparando datos y en estos momentos dado la crisis financiera que estamos viviendo todos nos serán desfavorables, pero esta historia no es tan reciente, observemos el siguiente gráfico que muestra la evolución de los dos países partiendo desde el inicio de la década pasada:

Fuente : elaboración propia en base a la Cepal.

En el gráfico mostramos el crecimiento desde el 2000 al 2017 de ambas economías y podemos explicarlo de la siguiente manera:
Los años 2000 marcaron una fuerte prosperidad para Latinoamérica traccionada principalmente por el aumento del precio de las materias primas vendidas a Asia, todos crecimos pero a diferente velocidad; Si ambos países hubieran tenido el mismo PBI en el 2000 (100) hoy el resultado sería el siguiente:
Desde el 2000 al 2017 Argentina multiplico por 2 su PBI, mientras que Paraguay lo multiplicó por 3,5…. O sea, de mantenerse la tendencia de los últimos años tranquilamente nuestros vecinos van a ser más ricos que nosotros.
Consejo:
Sean amables hoy con nuestros hermanos paraguayos; capaz mañana tengan que ir a pedirle trabajo.

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Como pasar del “ajuste” a “políticas de Estado” para lograr un crecimiento sostenido

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Un informe de la Fundación Mediterranea – IERAL, a cargo de Marcelo Capello y Agustín Cugno, plantea las medidas fiscales para la emergencia, que deberían ceder paso en el futuro a políticas de estado, para asegurar el crecimiento de largo plazo
Apuntando al déficit cero para el resultado primario (antes de intereses) de 2019, el gobierno anunció un ajuste fiscal que implica un recorte de gasto de 1,6 % del PIB y un aumento de los recursos de 1,2 %. La merma en las erogaciones se logra en un 55 % por ajuste del gasto corriente, pero en un 45 % por menor inversión pública
De cumplirse el objetivo oficial, en 2019 el sector público nacional habrá logrado llevar a terreno positivo el ahorro corriente (0,9 % del PIB), luego de cinco años de desequilibrios en este indicador. Esto significa que la Argentina dejará de tomar deuda para pagar gasto corriente. El desafío a futuro es mantener el equilibrio fiscal pero, al mismo tiempo, reemplazar el impuesto a las exportaciones y controlar el gasto corriente, de modo de evitar que el ajuste recaiga sobre la inversión
En 2019, el gasto primario se ubicaría en 20,4 % del PIB, casi 4 puntos porcentuales por debajo del máximo marcado en 2016 (24,1 %), pero todavía muy por encima de guarismos como el de 2007 (15,4 % del PIB). Además, buena parte del ajuste reciente ha recaído sobre el gasto de capital, que está pasando de 2,9 % del PIB en 2014 a 0,9 % en 2019, aunque la merma sería menos significativa en términos físicos
Dado que los dos grandes problemas económicos existentes desde el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner a la actualidad, son el muy alto nivel de déficit fiscal y de cuenta corriente, la combinación óptima de políticas debería haber sido tal que reduzca el déficit fiscal y mejore el resultado de la cuenta corriente, incentivando mayores exportaciones.
Imponer mayores Derechos de Exportación (DE) va en línea con el primer objetivo, pero no con el segundo. Lo óptimo hubiera sido reducir el peso del gasto público más rápidamente en los últimos dos años (especialmente el gasto corriente), lo cual hubiera incidido favorablemente sobre ambos objetivos.
En la actual coyuntura, con un tipo de cambio ya muy depreciado como consecuencia de la nueva corrida cambiaria de las últimas semanas y, ante la necesidad de asegurar solvencia fiscal para el actual año y el próximo, la estrategia del gobierno apunta a bajar a cero el déficit primario en 2019, a través de un ajuste del gasto por 1,6% del PIB, y de un aumento en la recaudación del 1,2%, en este caso aumentando los DE (inclusive a sectores que había antes desgravado) y suspendiendo las rebajas en materia de aportes patronales que correspondía al año 2019. Está claro que en el gobierno deben suponer, para lograr mejorar los resultados fiscales y de  cuenta corriente en forma simultánea, que aún luego de esas medidas, el nivel de rentabilidad para los exportadores primarios, industriales y de servicios resultará mayor que el existente previo a la suba del tipo de cambio en estos últimos meses, con los impuestos vigentes en ese momento.
¿Cómo se puede explicar lo anterior? Ocurre que la fuerte depreciación del peso operada en los últimos meses bajará inicialmente, y en forma importante, el peso de los costos que se derivan de los bienes y servicios no transables (entre ellos el salario), sobre los ingresos de los sectores transables de la economía (los que exportan y compiten con las importaciones), de modo que para éstos últimos podría ocurrir que aún con la aplicación de mayores DE aumente inicialmente la rentabilidad, dada la baja en sus costos resultante de la licuación salarial y de otros costos no transables (no se mueven a la par del dólar). Se tratará de una mejora en la rentabilidad por unidad producida, y medida en moneda local, a valores constantes. La caída en las ventas, no obstante, podría generar pérdidas netas en sectores que dependen más del mercado interno, dado que podrán trasladar parcialmente a precios la suba del tipo de cambio.
Claro que se debe tener en cuenta que suele resultar normal que, luego de una fuerte suba del tipo de cambio real y de la rentabilidad en la producción de bienes transables, tras la estabilización y progresiva normalización de la economía, la inflación le gane al
dólar por algún tiempo, con lo que el tipo de cambio real comienza nuevamente a apreciarse, y así se podría terminar nuevamente en un problema de competitividad y de cuenta corriente, si a la par no se reducen los nuevos tributos aplicados.
Quizá por la anterior razón, los nuevos DE se han definido como montos fijos por cada dólar exportado, de manera que en la medida que el tipo de cambio nominal se siga deslizando al alza en el tiempo (en un país con inflación todavía alta, ello debería tender a ocurrir, en términos nominales), el peso relativo de los DE caerá en el futuro, medido sobre el monto de exportaciones, sin necesidad de decisiones burocráticas al respecto. Esta medida seguramente fue pensada de ese modo para dar sensación de “transitoriedad” a los nuevos DE, aunque también podría concebir un riesgo: si el plan anunciado funciona, y el tipo de cambio nominal, tras el overshooting de las últimas semanas, tiende a bajar, el peso relativo de los DE podría subir por arriba de los niveles iniciales, en lugar de bajar. En este caso, el sector transable quedaría con mayores impuestos y ya no habría tanta licuación de costos vía salarios y otros costos no transables, lo que podría generar problemas al sector exportador, que paga DE más altos.
Si bien se trata de un plan de emergencia, en la urgencia de contener una corrida cambiaria, en que se apunta a resolver el problema fiscal y de cuenta corriente con instrumentos heterodoxos y en algunos casos transitorios, se debe remarcar que, si se hubiese actuado a tiempo, con un mayor ajuste en el gasto público nacional y provincial, podríamos haber evitado esta situación.
A largo plazo, se requiere una política de estado en materia de equilibrio fiscal e incentivos a las exportaciones. Aplicar nuevamente DE no ayuda para ese objetivo. Por ende, debería tratarse de una solución transitoria, que luego vaya mutando hacia otro tipo de estrategia, con incentivos más claros, efectivos y duraderos para la inserción externa de Argentina, una vez superado el actual trance económico y financiero.
Debe partirse de la idea de que, aun teniendo éxito el paquete de medidas anunciado, y se logre contener el tipo de cambio y asegurar la capacidad de pago de Argentina, luego sobrevendrá un período con alguna apreciación cambiaria, de modo que, si los DE no bajan adicionalmente, podría sobrevenir nuevamente un problema de competitividad, generando dudas respecto a la estrategia exportadora que Argentina necesita a largo plazo.


El tipo de cambio real contra el dólar en niveles de 2007 
Con los valores actuales del dólar, el Tipo de Cambio Real (TCR) de Argentina contra dicha moneda se ubica en 1,72, a valores de diciembre de 2001. Se trata prácticamente del TCR bilateral que existía en el año 2007, y no muy lejos del TCR promedio entre 1950 y 2018 (1,92 pesos por dólar).
Vale recordar que en el año 2007 existían algunas variables económicas en niveles muy razonables para la economía argentina, como un superávit primario (Nación más provincias) de 2,9% del PIB, y 0,7% de superávit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.
Claro que dicha situación resultó un derivado de la fuerte devaluación del peso ocurrida en 2002 y de los altos precios de las commodities observados desde 2003, mientras que en la actual situación el ajuste cambiario y en el gasto público debió realizarlo la misma administración actualmente en gobierno (con el desgaste político que ello supone), y los precios de las commodities ya no son los existentes hace una década atrás.
Luego de 2007, las variables económicas fundamentales fueron empeorando en forma sostenida, perdiendo sustentabilidad en materia fiscal y de competitividad, error que debe evitarse en las actuales circunstancias.
El ajuste fiscal anunciado esta semana en contexto histórico Las nuevas medidas fiscales anunciadas por el gobierno nacional apuntan a lograr el equilibrio fiscal primario en 2019 (en lugar de 2020, como era la meta anterior), apostando con ello a que el FMI apruebe adelantar total o parcialmente para 2019, los fondos que por el acuerdo vigente recibiría en 2020 y 2021, para así despejar cualquier duda sobre la capacidad del gobierno para cumplir con los compromisos por deudas en 2018 y 2019. Con tal fin, se anunció un ajuste fiscal que consta de un recorte del gasto equivalente a 1,6% del PIB en 2019, y de un aumento en los recursos por 1,2% del PIB, que incluye los mencionados aumentos en los Derechos de Exportación, así como la suspensión en la baja del peso de los aportes patronales el próximo año. El recorte en el gasto, a su vez, se efectuará en un 45% por menor gasto de capital, y 55% por ajuste en el gasto corriente. Si se considera el ajuste fiscal total para 2019, incluyendo la suba de impuestos, ascenderá a 2,8% del PIB, el cual se logrará en un 43% por suba de tributos, 39% por reducción de gasto corriente y 18% por recorte en el gasto de capital.

A continuación, se evalúan los números fiscales anunciados para 2019 con una visión a más largo plazo, de modo de comparar con la situación en el período 2007 – 2019. En primer lugar, puede decirse que, si se cumplen los pronósticos fiscales para 2019, se habrá recuperado el ahorro corriente en el sector público (+0,9% del PIB), tras cinco años de desequilibrio corriente en el sector público nacional. Esto significa que dejaremos de tomar deuda para pagar gasto corriente. No obstante, aun se estará lejos del superávit corriente que se observaba en 2007 (4,8%).

Como se anticipó, en 2019 se volvería al equilibrio primario, situación que no existía desde el año 2009. En cambio, se observará aun déficit financiero por 3,2% del PIB, similar al existente en el año 2012.

Luego de una baja en la presión tributaria en los primeros dos años de la administración actual, con las modificaciones tributarias anunciadas, los ingresos corrientes del sector público nacional ascenderán a 20,4% del PIB en 2019, ratio superior al observado en los años previos. Como se adelantó, una vez que se hayan resuelto las urgencias macroeconómicas, debe retomarse el sendero de reducción de la presión tributaria, y compensar con mayor ahorro en las erogaciones corrientes del estado.

El gasto primario se ubicará en 20,4% del PIB en 2019, cerca de 4 puntos inferior al máximo observado en 2016 (24,1%), pero todavía bastante por arriba del gasto primario que se observaba en 2007 (15,4%). No obstante, no se trataría tanto de un ahorro en erogaciones corrientes, como de un ajuste en el gasto de capital, que pasará de 2,9% del PIB en 2014, a 0,9% en 2019 (caída a un tercio de aquel nivel), aunque probablemente la reducción resultará menos importante en términos físicos.


El gasto en subsidios económicos, que se realiza para disminuir el impacto sobre las tarifas de energía, transporte y agua, entre otros servicios, resultará de 1,7% del PIB en 2019, contra un máximo de 3,9% en 2014.

Junto a las erogaciones de capital, en 2019 se verificará un fuerte ajuste en las transferencias discrecionales a provincias, cuando dichos envíos serán equivalentes a 0,4% del PIB el año entrante, contra 2,4% que representaban en 2010. En este concepto, el ajuste es transmitido a los gobiernos provinciales.

En definitiva, si se cumplen las proyecciones del gobierno, en 2019 se alcanzará equilibrio primario en el sector público nacional, lo cual resultaría un elemento imprescindible para el logro de la sustentabilidad fiscal y macroeconómica de Argentina, pero se lo conseguirá con algunas medidas económicas que realizarán un buen aporte con ese objetivo en el corto plazo, pero que deberán ser reemplazadas por otras decisiones de mejor calidad en el largo plazo, cuando el tipo de cambio real ya no resulte tan alto como el actual. Existirá un gran desafío a futuro: mantener el equilibrio fiscal, pero ir reemplazando los DE y la caída en el gasto de capital por mayor ajuste en el gasto corriente y otras reformas pendientes, de modo de ir compensando la previsible caída en el TCR que se producirá en los próximos meses, con otras medidas que sostengan la competitividad estructural, así asegurar sustentabilidad en los números fiscales y en la cuenta corriente.

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