Las exportaciones agroindustriales de Argentina alcanzaron en el primer bimestre de 2026 un volumen récord de la última década con 18,5 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 8% respecto del mismo período de 2025, de acuerdo a los datos procesados por la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional, en base a INDEC.
Asimismo, según los datos del la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de la Nación el valor exportado ascendió a USD 7.595 millones, el segundo mayor de los últimos diez años, y un 7% superior al 2025, con envíos a más de 105 países.
De los 54 complejos analizados (incluyen los productos primarios y sus derivados), 26 mostraron aumentos respecto del año 2025 y 12 presentaron volúmenes récords de la década. En orden, por el aporte en el volumen, son los siguientes: trigo (+92%); cebada (+32%); maní (+13%); girasol (+249%); pesca y acuicultura (+14%); forrajeras (+132%); azúcar (+43%); productos lácteos (+19%); apicultura (+60%); otras oleaginosas- lino, sésamo, jojoba, cártamo- (+209%); ovinos (+38%) y aromáticas y especias (+30%).
A su vez, 169 productos incrementaron sus exportaciones respecto del primer bimestre de 2025. Entre los más relevantes se mencionan las semillas de girasol con el 6.354%; aceite de jojoba con el 722%; harina de maíz con el 288%; porotos de soja con el 270%; porotos secos con el 242%; sésamo con el 227%; semillas con el 165%; aceite de maní con el 113%; aceite de girasol con el 99%; granos de trigo con el 94%; manteca con el 86%; lana sucia, esquilada con el 63%; miel con el 60%; dulce de leche con el 48%; madera aserrada con el 33%; entre otros.
Se destacan en el bimestre 36 productos que no fueron exportados en 2025, tales como hilados de algodón, carne caprina, damasco, otros frutos secos, peras secas, preparaciones de frutilla, poroto salvaje, semillas de cártamo, malta tostada, tocinos y grasas porcinas.
Dentro de los productos con mayor valor por tonelada exportada en 2026 se encuentran el aceite esencial de limón con USD 29.718/tn; complementos alimenticios con USD 19.688/tn; equinos con USD 16.780/tn; carne bovina, deshuesada, fresca o refrigerada con USD 12.338/tn; huevos sin cáscara con USD 8.678/tn; crustáceos congelados con USD 7.243/tn; cortes de carne ovina, congelada con USD 6.071/tn entre otros.
Los principales destinos fueron en orden de importancia por el volumen exportado fueron: Vietnam, Indonesia, Bangladesh, Arabia Saudita, Brasil, Argelia, Perú, Chile, Malasia y Marruecos. Estos 10 destinos representaron más del 55% del total exportado.
Para acompañar la inserción internacional de la agroindustria, la Secretaría pone a disposición mapas y tableros interactivos que permiten visualizar la apertura de mercados desde 2024, el posicionamiento global de los productos argentinos y la evolución de las exportaciones por complejo y destino.
El último “Informe de empleo y actividad” elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines – FAIMA, destaca el difícil panorama que enfrenta la cadena de valor sectorial. Pero también da cuenta de las asimetrías presentes al interior de la misma.
El trabajo de FAIMA fue coordinado por su director ejecutivo Fernando Couto y contó con el respaldo de los datos aportados por las 28 cámaras de todo el país que representan a la actividad sectorial.
Panorama complejo
FAIMA pone de relieve que la recuperación macroeconómica no se traduce de manera homogénea en la cadena foresto-industrial. En este sentido, la entidad puntualiza que el crecimiento del EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) está fuertemente impulsado por sectores primarios, mientras que la industria continúa mostrando debilidad estructural.
Por otra parte, el crecimiento observado en algunos segmentos responde en gran medida a efecto rebote estadístico. “Tanto en madera como en muebles, las subas acumuladas deben interpretarse en el contexto de las fuertes caídas registradas en 2024, lo que sugiere una recuperación parcial más que una expansión consolidada”, advierte FAIMA.
El empleo continúa ajustándose, con una caída del empleo industrial del 6,15% interanual. “Es una clara muestra que indica que el proceso contractivo aún no se ha revertido, particularmente en actividades vinculadas a construcción y bienes de mayor valor agregado”, comenta el coordinador del informe Fernando Couto.
Para las PyMEs, la realidad es aún más compleja. El relevamiento sectorial evidencia una caída significativa en ventas, mostrando que la recuperación no está siendo uniforme y que existen fuertes diferencias según escala y región.
En línea con lo anterior, persisten señales de fragilidad en la demanda interna: La contracción del comercio sectorial confirma un menor dinamismo del consumo y de la actividad vinculada a construcción, precisa el informe de FAIMA.
Números y señales
El punto de partida en 2026 lleva el lastre de los números preocupantes que mostró el balance sectorial de 2025. Así, en toda la cadena foresto-industrial, el comportamiento fue dispar.
El sector de madera y productos de madera (excepto muebles) mostró una recuperación interanual del 4,6% en diciembre y una suba acumulada del 3,8% en 2025, tras haber registrado una fuerte caída del 14% en 2024.
En cambio, el sector de muebles y colchones registró una caída interanual del 6,6% en diciembre, aunque acumuló una expansión del 14% en el año. “Sin embargo, este crecimiento debe interpretarse como una recuperación parcial luego de la caída del 18% sufrida en 2024”, aclara el informe.
En el segmento PyME mueblero, el relevamiento sectorial de FAIMA para el cuarto trimestre de 2025 indicó una caída promedio del 19% en ventas, evidenciando una divergencia respecto de indicadores oficiales y reflejando una recuperación desigual según tamaño de empresa y región.
En materia de empleo registrado, la cadena foresto-industrial mostró una contracción interanual del 6,15% en el segmento industrial y del 2,42% en el comercial.Las mayores pérdidas de empleo industrial se concentraron en viviendas prefabricadas de madera (-31%). Pero también hubo índices altos en artículos de tornería (-22%), enchapados y tableros (-20%) y aserrado de madera nativa (-11%).
En el comercio sectorial también se verificó una contracción generalizada, especialmente en mayoristas de muebles (-7%) y venta minorista de madera (-3,5%). “El único segmento industrial con variación positiva fue la fabricación de somieres y colchones (+1,64%), mientras que en el comercio solo creció el segmento mayorista orientado a industria y comercio (+5%)”, destaca FAIMA.
Evolución sectorial
Del optimismo cauteloso al desengaño de la realidad
“El año 2025 se define como un ciclo de Régimen de Supervivencia para la cadena de valor de la madera de Argentina. El periodo está marcado por una contracción de mayor a menor y una caída drástica de la demanda en el segundo semestre. Con una capacidad ociosa promedio del 50%, el sector sostiene una estrategia de retención de capital humano”, señala el mencionado informe.
El relevamiento planteaba que la viabilidad del 2026 dependía de una “cancha nivelada”, que contenía la esperanza del acceso al crédito, la reforma laboral y, fundamentalmente, una política de costos logísticos y reales que detuviera la asfixia financiera provocada por la combinación de precios planchados y tarifas en ascenso.
De acuerdo al último informe de FAIMA, poco y nada de eso se verifica en los primeros meses de 2026. Ni tampoco se vislumbra en el horizonte inmediato de la actividad industrial.
El diagnóstico general que presentó el trabajo de ASORA Madera y Tecnología se confirma con el informe de FAIMA: un estancamiento generalizado, con el mueble y la construcción atravesando una crisis profunda. Los ejes que se identificaron en el relevamiento sectorial marcan la hoja de ruta a seguir en la evolución de cortísimo plazo de la actividad de la cadena de valor de la madera:
Por un lado, la “Triple Pinza” de costos: tarifas de servicios en alza, incertidumbre laboral y una falta de competitividad externa que reduce drásticamente la rentabilidad.
Los efectos de la reforma laboral, tan esperada por los industriales, no pareciera tener el impacto inmediato que auguraron sus impulsores. Las PyMEs sostienen el empleo especializado como activo estratégico, pero enfrentan una situación contextual que las asfixia en su intención de mantener al personal que tanto les costó formar.
El dilema de la apertura e impacto tecnológico sigue sin resolverse. La entrada de productos finales de China amenaza la fabricación nacional. Esto afecta el recambio tecnológico, con el consiguiente efecto negativo sobre la modernización de instalaciones industriales que muestran evidentes signos de retraso y obsolescencia.
La nota positiva de una mayor estabilidad en precios de insumos y la previsibilidad de mercado comienza a diluirse con una inflación que se le escapa de las manos al Gobierno. Esto tiene su correlato en la caída de la rentabilidad y pisa cualquier esperanza de recomposición en los volúmenes de pedidos.
Así, el panorama presentado por FAIMA subraya más las notas negativas del análisis y previsiones del informe de ASORA Madera y Tecnología que el optimismo cauteloso de las opiniones obtenidas a fines de 2025. En esta línea, todo indica que las previsiones que señalaban la continuidad del estancamiento de la actividad y el mercado interno trazarán la escena sectorial, al menos, en el primer semestre del año.
La industria foresto-industrial argentina atraviesa una profunda transformación en su perfil exportador. En los últimos diez años, el sector no solo logró aumentar significativamente la generación de divisas, sino también diversificar su matriz productiva y ampliar la variedad de productos con valor agregado destinados a los mercados internacionales.
De acuerdo con un nuevo informe de coyuntura elaborado por la Asociación Forestal Argentina (AFoA) en colaboración con datos del INDEC y del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), entre 2015 y 2025 las exportaciones del sector crecieron un 40,7%, pasando de un promedio anual de 315 millones de dólares a un nuevo piso consolidado cercano a los 470 millones de dólares. El informe se enmarca en las actividades por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina, una entidad que desde 1946 impulsa el desarrollo sostenible del sector forestal y foresto-industrial argentino.
“El dato más relevante de esta década es el cambio en la arquitectura de las exportaciones. Hoy el sector foresto-industrial argentino funciona como un complejo multiproducto mucho más diversificado que años atrás”, explicó Claudia Peirano, directora ejecutiva de AFoA.
El gran salto de la madera aserrada
Uno de los cambios más significativos del período se observa en el crecimiento de la madera de pino aserrada, que pasó de representar apenas 10,5% del total exportado en 2015 a cerca del 29% en 2025, con un aumento en valor del 286%.
En paralelo, otros segmentos también mostraron avances importantes. Los tableros de fibra (MDF) duplicaron su participación en las exportaciones del sector, mientras que productos químicos derivados del pino, como colofonia y trementina, continúan consolidándose como un nicho de alto valor.
“La expansión de productos como madera aserrada, tableros y resinas refleja las inversiones que se han realizado en la industria y el esfuerzo del sector por generar más valor agregado a partir del recurso forestal”, señaló Peirano.
Celulosa: sigue liderando, pero con menor peso relativo
Si bien la pasta celulósica continúa siendo el principal producto exportado por la foresto-industria argentina —con 215,8 millones de dólares en 2025— su peso relativo dentro del total disminuyó significativamente en la última década.
En 2015 representaba el 58% de las exportaciones, mientras que en 2025 su participación se redujo al 45,2%, por el crecimiento mencionado de otros rubros del sector.
Más volumen y recuperación logística
El crecimiento en valor también estuvo acompañado por un fuerte incremento en el volumen físico exportado. Según el informe, el volumen de productos forestales enviados al exterior aumentó un 78% en la última década, superando de manera sostenida el millón de toneladas anuales desde 2021.
Este avance estuvo vinculado a la recuperación de la operatividad de los puertos de la Mesopotamia, lo que permitió mejorar la logística de exportación para productos de gran volumen como rollizos y madera aserrada.
El año 2026 comienza con señales positivas
El inicio de 2026 confirma la tendencia de crecimiento del sector. Durante enero, las exportaciones foresto-industriales alcanzaron 37,4 millones de dólares, lo que representa un aumento del 16,1% respecto al mismo mes del año anterior.
Entre los productos con mayor dinamismo se destacaron las resinas industriales, que crecieron 24% en valor, y la madera aserrada, con un incremento del 19%.
Un sector con potencial para seguir creciendo
Para AFoA, los datos muestran que la foresto-industria argentina tiene potencial para continuar expandiendo su presencia en los mercados internacionales, aunque advierte que mejorar la competitividad será clave para sostener ese proceso.
“Argentina cuenta con recursos forestales, capacidad industrial y oportunidades de inversión para seguir creciendo en el comercio internacional. El desafío es consolidar un marco que permita mejorar la competitividad y aprovechar las oportunidades que pueden abrirse en los mercados globales”, concluyó Peirano.
La construcción ligera se consolida como una de las tendencias globales con mayor potencial para transformar la industria edilicia hacia modelos más adaptables y sostenibles. Así lo señala un reciente análisis publicado por el Foro Económico Mundial (World Economic Forum), que identifica a este sistema constructivo como una herramienta clave para reducir la huella de carbono del sector y mejorar la eficiencia en el uso de recursos.
El informe destaca que la construcción ligera —basada en estructuras portantes livianas, sistemas industrializados y procesos off-site— permite disminuir el uso de materiales intensivos en emisiones como el hormigón y el acero, acelerar los tiempos de obra y generar edificaciones más flexibles, desmontables y adaptables a las necesidades urbanas cambiantes.
Para la industria de la madera, este enfoque representa una oportunidad estratégica. En Argentina, donde existe disponibilidad de materia prima renovable, capacidad industrial y experiencia técnica en sistemas constructivos en seco, el impulso global hacia modelos más sustentables abre una ventana de crecimiento y agregado de valor.
Menos emisiones, más eficiencia
Según el análisis del Foro Económico Mundial, la construcción ligera contribuye a:
Reducir significativamente las emisiones asociadas a los edificios.
Optimizar el uso de recursos naturales.
Disminuir residuos en obra mediante procesos industrializados.
Facilitar el acceso a soluciones habitacionales más rápidas y eficientes.
En este contexto, la madera estructural certificada emerge como un material estratégico, no solo por su menor huella de carbono, sino también por su capacidad de almacenar carbono durante la vida útil del edificio.
Una oportunidad para Argentina
Desde CADAMDA señalan que la construcción con madera y sistemas livianos no solo acompaña las tendencias globales, sino que puede convertirse en un motor de desarrollo productivo nacional, generando empleo, innovación tecnológica y mayor competitividad en la cadena foresto-industrial.
Argentina es uno de los pocos países de la región con potencial de expansión forestal, disponibilidad de especies de rápido crecimiento y un entramado industrial capaz de escalar soluciones constructivas modernas. En ese escenario, la construcción ligera no es solo una tendencia: es una estrategia de desarrollo sostenible alineada con los desafíos climáticos y urbanos del siglo XXI.
Para sectores como la industria maderera, la construcción ligera representa un nicho con potencial de expansión, debido a:
Uso estratégico de madera estructural certificada, que impulsa el agregado de valor y conecta con mercados internacionales exigentes en sostenibilidad.
Mayor velocidad de ejecución, reduciendo costos logísticos y tiempos de obra, lo cual es atractivo para desarrolladores y políticas públicas.
Posicionamiento en la agenda de economías circulares, alineándose con estándares globales de construcción sustentable.
Condiciones para su masificación
Aunque las ventajas son claras, su adopción a gran escala requiere:
Capacitación de la cadena de valor, incluyendo arquitectos, ingenieros y constructores, en técnicas de construcción ligera.
Marcos regulatorios estables e incentivos públicos que impulsen su integración en políticas de vivienda y desarrollo urbano.
Acceso a datos de ciclo de vida de materiales, para respaldar decisiones basadas en impacto ambiental real.
“La madera siempre vino de Canadá” admite un contratista en uno de los tantos suburbios que se construyen al norte de la ciudad de Detroit, en Michigan. “Esto siempre fue así, desde que comencé en este negocio” repite el mismo hombre a las cámaras de CNN que buscan explicar un mercado que claramente muestra su dependencia estructural con el vecino del norte.
El dato es contundente: Estados Unidos consume más madera de la que produce. En el mercado de softwood lumber(madera blanda utilizada en estructuras, vigas y entramados de viviendas), el país cubre alrededor del 63% de su demanda con producción local, mientras que el resto proviene de importaciones.
Y ahí es donde aparece Canadá como socio indispensable. Aproximadamente 85% de la madera importada por Estados Unidos proviene de Canadá. En términos de consumo total, cerca del 32% de toda la madera utilizada en Estados Unidos es canadiense. Cada año ingresan al país alrededor de 26 millones de metros cúbicos de madera importada para cubrir ese déficit estructural. Para Canadá esto se traduce en que el 80% de la madera que produce, la exporta.
Esto significa que millones de viviendas estadounidenses dependen directa o indirectamente de la madera producida en los bosques de la Columbia Británica, Quebec o Alberta.
El problema es que ese flujo hoy está atravesado por una escalada de tensiones comerciales que parecen no tener punto de retorno.
Aranceles, disputa histórica y nuevas tensiones
La disputa por la madera blanda entre Estados Unidos y Canadá no es nueva: lleva décadas. Washington acusa a Ottawa de subsidiar su industria forestal mediante el control estatal de los bosques, lo que -según la posición estadounidense- abarata artificialmente la madera canadiense.
En los últimos años la tensión se intensificó y, por supuesto, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, el enfrentamiento escaló a niveles impensados por la constante presión de nuevos aranceles y dejó el escenario en las puertas de una crisis de abastecimiento nunca antes vista.
Las autoridades estadounidenses elevaron significativamente los derechos antidumping y compensatorios sobre la madera canadiense, que podrían superar el 30-34% en algunos casos.
El resultado es un mercado cada vez más volátil.
Los precios de la madera ya alcanzaron máximos de tres años, impulsados por la expectativa de menor oferta y mayores costos de importación.
Al mismo tiempo, Canadá anunció programas de asistencia para su industria forestal por hasta 1.200 millones de dólares canadienses, con el objetivo de resistir el impacto de los aranceles y diversificar mercados.
El conflicto no sólo afecta a los productores: también golpea al corazón del mercado inmobiliario estadounidense.
Impacto directo en el sector de la construcción
La vivienda es el principal destino de la madera en Estados Unidos. La mayoría de las casas unifamiliares se construyen con estructuras de madera (wood frame), lo que hace que cualquier alteración en el mercado tenga efectos inmediatos.
Según estimaciones de la National Association of Home Builders, las políticas arancelarias y el encarecimiento de insumos podrían aumentar el costo de construcción de una vivienda nueva entre 9.000 y 10.900 dólares en promedio.
Las consecuencias potenciales incluyen: aumento del precio final de las viviendas, reducción de proyectos de construcción, caída en remodelaciones y una feroz presión inflacionaria sobre el sector inmobiliario.
Esto ocurre en un momento en el que Estados Unidos ya enfrenta un déficit estructural de viviendas, por lo que cualquier shock de oferta en los materiales puede profundizar el problema.
El dato clave es que reemplazar completamente la madera importada exigiría construir alrededor de 75 nuevos aserraderos modernos en Estados Unidos, algo inviable en el corto plazo.
En otras palabras: Estados Unidos necesita si o si proveedores externos.
Canadá y el giro hacia India
Frente a este escenario, Canadá comenzó a acelerar una estrategia de diversificación comercial para reducir su dependencia del mercado estadounidense.
Uno de los destinos en los que el país está poniendo la mirada es India, un mercado con enorme potencial debido a su crecimiento urbano y demográfico. La semana pasada el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, (quien le dijo a Trump “no vamos a rogar”) visitó Nueva Delhi para reunirse con su par Narendra Modri. La firma del acuerdo llamó la atención, pero cuando se conocieron los detalles llegó el verdadero golpe: no se usarán dólares estadounidenses ni bancos de ese país para ninguna de las transacciones. El objetivo principal es “puentear” a Estados Unidos en un acuerdo que asciende a los 50.000 millones de dólares anuales.
India enfrenta un déficit creciente de materiales de construcción, y está ampliando el uso de madera en viviendas y edificios de mediana altura. Al mismo tiempo, el país más poblado del mundo tiene un ambicioso plan energético y necesita uranio para sus centrales nucleares. Canadá tiene una de las grandes reservas del mundo de tierras raras. Esto representa una oportunidad estratégica: diversificar exportaciones y disminuir la vulnerabilidad frente a los aranceles estadounidenses.
Si esa estrategia prospera, podría ocurrir un fenómeno paradójico: parte de la madera, minerales y otros recursos canadienses que históricamente iban a Estados Unidos podrían redirigirse a Asia, reduciendo aún más la oferta disponible en el mercado norteamericano.
Y ese vacío podría abrir nuevas oportunidades para otros proveedores.
¿Puede Misiones crecer en el mercado estadounidense?
Misiones posee una de las mayores reservas forestales cultivadas de América Latina, con plantaciones de pino y eucalipto que crecen a ritmos muy superiores a los de los bosques del hemisferio norte.
Para la empresaria forestal misionera Silvina Oliva, con gran experiencia en producción e incluso exportación a Estados Unidos y Canadá, el momento exige una lectura estratégica.
“El mundo se está convirtiendo en un lugar incierto, peligroso y volátil. Sí creo que nosotros como polo foresto-industrial debemos convertir esta crisis en una oportunidad para que nuestra madera sea apreciada y requerida tanto en Canadá como en Estados Unidos”.
La empresaria sostiene que el potencial productivo existe.“Nuestra materia prima crece en tiempo récord al lado del crecimiento en aquellos lares, y hasta estructuralmente podría resultar interesante”.Entre los productos con potencial exportador menciona: tablas cepilladas, tableros encolados, molduras y otros productos industrializados de mayor valor agregado. “Todo eso puede ser de interés y de hecho lo es”, señala.
Silvina Oliva lidera Valerio Oliva Forestal y exportó a Estados Unidos y Canadá.
Pero aprovechar una oportunidad internacional no depende sólo del mercado. Según Oliva, existen obstáculos estructurales que hoy limitan la competitividad de la industria forestal argentina.
“Tenemos ciertas debilidades coyunturales que tenemos que solucionar antes, y lamentablemente no dependen de nosotros: los costos altos debido a impuestos, los costos laborales y los costos logísticos que siguen siendo altísimos”.
En 2025 el complejo forestal representó apenas 0,9% del total de exportaciones del país. Las ventas externas del sector alcanzaron 821 millones de dólares, con un incremento interanual de 10,3%. El 43,1% correspondió a productos celulósicos y papeleros, principalmente pasta química de madera de conífera y papel y cartón. El 37,4% estuvo compuesto por productos del sector maderero, como madera aserrada de pino y madera de coníferas perfilada.
Como otras economías regionales, el sector maderero-forestal enfrenta un deterioro de su competitividad externa. La baja del dólar mayorista combinada con un fuerte aumento de los costos internos está presionando los márgenes de exportación. Los costos en dólares suben y el tipo de cambio baja, lo que genera un combo de baja rentabilidad.
A esto se suman desafíos internos del propio sector: necesidad de inversión en modernización, escasa escala exportadora, baja asociatividad entre empresas.
“En términos de calidad, certificaciones, tipo de productos:tenemos capital humano y excelente materia prima. Nos falta tecnología, inversión y aggiornamiento para poder ajustar los costos puertas para adentro”, explica Oliva.
Una ventana de oportunidad…que podría cerrarse rápido
El mercado internacional de la madera es profundamente cíclico. Las oportunidades aparecen y desaparecen con rapidez según cambian los flujos comerciales.
Por eso el interrogante de fondo no es sólo si Estados Unidos profundizará sus problemas de abastecimiento, sino si Misiones está preparada para responder, al menos en parte, a esa gran demanda.
Oliva lo resume con una pregunta que resuena en todo el sector forestal argentino:
“Ahora, ¿qué hacemos con todas las variables que dependen de las voluntades políticas? ¿Perderemos nuevamente una oportunidad más?”…
Si la tensión comercial entre Estados Unidos y Canadá continúa escalando, el mercado global de la madera podría reconfigurarse.
Y en ese escenario la industria forestal misionera podría encontrar una oportunidad histórica… siempre que logre superar sus propias limitaciones estructurales.