MADURO

Argentina y el Grupo de Lima no reconocen al gobierno de Maduro y piden nuevas elecciones

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La amplia mayoría de los 14 países que integran el grupo de Lima instó al presidente de Venezuela a que respete las atribuciones de la Asamblea Nacional y le transfiera, de forma provisional, el Poder Ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones presidenciales democráticas.
Los ministros de Relaciones Exteriores y delegados del Grupo de Lima, formado por 14 países americanos contrarios al régimen del presidente venezolano Nicolás Maduro -entre ellos, la Argentina- , instaron este viernes al líder chavista a no asumir su nuevo mandato presidencial, “frente al inicio el 10/01 de 2019 del ilegítimo periodo presidencial del régimen”.
En esa línea, instaron a Maduro a que respete las atribuciones de la Asamblea Nacional y le transfiera, de forma provisional, el Poder Ejecutivo hasta que se realicen nuevas elecciones presidenciales democráticas.
Los Ministros de Relaciones Exteriores que se reunieron en la capital de Perú concluyeron esta respuesta ante la crisis que vive Venezuela, así como también debatieron sobre la situación que vive Nicaragua que ha cobrado la vida de 325 personas.
En su declaración detallaron que “no reconocerán la legitimidad del nuevo periodo presidencial del régimen de Nicolás Maduro”. Esto “debido a que el proceso electoral que le dio origen no contó con las garantías y estándares internacionales necesarios para un proceso libre, justo y transparente”.
Junto con ello, la agrupación que reúne 14 países -pero al que solo asistieron 11-, instaron a Maduro a “no asumir la presidencia de Venezuela y a transferir el poder ejecutivo a la Asamblea Nacional hasta que se realicen nuevas elecciones”.
El país que hoy vive una profunda crisis que se ha traducido en un gran éxodo de venezolanos en los últimos años. El vocero de Naciones Unidas, Stephani Dujarric, más de 2 millones de personas han inmigrado de Venezuela hacia diferentes países.
Frente a este panorama, el Grupo de Lima resaltó “su profunda preocupación por el éxodo masi vo de migrantes y solicitantes de refugio producto de la grave crisis política y humanitaria en ese país”.
Es por ello que acordaron ciertas sanciones a Venezuela, los cuales destaca la reevaluación de sus relaciones diplomáticas con el país, impedir la entrada a sus territorios a los altos funcionarios del régimen venezolano, “establecer sanciones financieras a personas naturales y jurídicas vinculadas al mismo”.
Decisión que va “en funciones del restablecimiento de la democracia y el orden constitucional en ese país”, destacaron en la declaración.
Los cancilleres de la Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía firmaron la declaración. El único integrante del bloque que no la acompañó fue México, que cambió su postura desde la asunción del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, en diciembre pasado.

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Dujovne participó en una reunión para “discutir la crisis en Venezuela”

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El Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, participó hoy de una reunión organizada por el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steven Mnuchin, para discutir la crisis en Venezuela. Dicha reunión se organizó en los márgenes de la cuarta reunión de Ministros de Finanzas y Presidentes de Bancos Centrales del G20.
Los ministros presentes condenaron el régimen autoritario del gobierno de Nicolás Maduro y conversaron sobre el rol que podría jugar la cooperación internacional para ayudar a aliviar la crisis humanitaria de Venezuela.
“Es trascendental que avancemos en el proceso legal que nos permita condenar a Nicolás Maduro por los crímenes contra la humanidad que se están cometiendo en Venezuela. El pueblo venezolano necesita nuestra ayuda para dejar atrás una dictadura que incumple sistemáticamente con los derechos humanos”, aseguró Nicolás Dujovne, en línea con el comunicado emitido por el Grupo de Seis países del Grupo de Lima (Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Perú y Canadá), durante el mes de septiembre.
En consonancia con las declaraciones del Grupo de Lima, los ministros reforzaron además el profundo deseo de que el país logre realizar una transición pacífica hacia un gobierno democrático. Asimismo, resaltaron que la puesta en libertad de los presos políticos es un elemento clave en este proceso.
Por último, se destacó la necesidad de cooperar a nivel internacional para que la administración de Maduro reconozca la crisis humanitaria que atraviesa el país y habilite los canales necesarios para recibir ayuda.
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Venezuela: Maduro no tendrá contrincante en elecciones presidenciales

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La oposición venezolana ha decidido no inscribir candidatos unitarios para las elecciones presidenciales del 22 de abril. La decisión se toma luego de un intenso forcejeo político y no es compartida por todos los partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Ya Voluntad Popular, partido del preso político Leopoldo López, se había adelantado la semana pasada al anunciar que no acudiría a los comicios ni respaldaría a candidato alguno porque, a su juicio, hacerlo significaría legitimar un fraude para perpetuar a Maduro. Se avecina un futuro muy oscuro para el país caribeño.
Los venezolanos parecen tener cada vez menos opciones para salir de la dictadura Chavista-Madurista que los tiene sumergidos en una profunda crisis social, económica y hasta moral de la que no logran salir desde hace varios años. Y es que ahora, en las venideras elecciones presidenciales no tendrán un candidato opositor a Maduro para votarlo en los comicios.
La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), partido opositor al Gobierno de Nicolás Maduro, anunció que no participará en las elecciones presidenciales venezolanas convocadas para el 22 de abril debido a que consideraron que no hay garantías para que se lleve a cabo el proceso.
“El evento prematuro y sin condiciones que se anuncia para el próximo 22 de abril es solo un show del propio gobierno para aparentar una legitimi dad que no tiene”, apuntó la MUD en un comunicado. Así mismo, convocaron a los sectores sociales del país a formar un Frente Amplio Nacional con el objetivo de lograr “elecciones limpias y competitivas, y lograr el rescate de la democracia”. Pese a ello, al menos tres partidos integrantes de la MUD no descartaban postular al exgobernador Henri Falcón como candidato presidencial “unitario” de ese sector de la oposición.
“Estas no son elecciones; nuestro objetivo es lograr elecciones de verdad; la Constitución las exige y hacia ese objetivo orientaremos nuestra lucha”, agrega el texto, que fue leído por el coordinador político de la coalición, Ángel Oropeza, en conferencia de prensa.
A juicio de la MUD, las “elecciones de verdad” implican el cumplimiento de los requisitos incluidos en el primer borrador de acuerdo del diálogo recientemente frustrado entre el chavismo y la oposición, celebrado en Santo Domingo, República Dominicana.
Entre esos requisitos figuran “la realización de elecciones en el segundo semestre de este año 2018, la conformación de un CNE (Consejo Nacional Electoral, hoy controlado por el gobierno) equilibrado” y “la invitación a misiones de observación internacional independientes en todas las fases del proceso”.
Asimismo, se incluyen “el voto de los venezolanos en el exterior, el acceso igualitario a los medios de comunicación públicos y privados, la revocatoria de las inhabilitaciones a partidos y líderes, y la realización de las auditorías técnicas que permitan brindar transparencia y confiabilidad al proceso”.
“Con estas condiciones, previstas en la ley y que por tanto deberían ser de obligatorio cumplimiento, estamos listos para participar; pero, en caso contrario, no cuenten con la Unidad Democrática ni con el pueblo para a valar lo que hasta ahora es solo un simulacro fraudulento e ilegítimo de elección”, subraya el documento.
Los precandidatos de la oposición
La principal incógnita que despierta la posición de la MUD es cuál será la postura final del ex gobernador Henri Falcón, líder de Avanzada Progresista y precandidato electoral. En el seno de la oposición se le ha intentado convencer, incluso una parte de sus dirigentes cree que al final no será de la partida.
En cambio, Falcón protagoniza ya una especie de precampaña electoral, en la que incluso ha aceptado el reto de ir a un debate televisado contra Nicolás Maduro. “Si nosotros participamos de verdad, sin complejos, la ineptitud de este gobierno que nos condujo a esta tragedia nacional será derrotada y Venezuela podrá tener un verdadero gobierno de unidad nacional”, clamó quien fuera dirigente chavista ha sta hace una década.
El ex gobernador viene de perder de forma estrepitosa las elecciones regionales de octubre, donde no salió reelegido en Lara. Además su partido recibió un contundente varapalo en las municipales de diciembre, comicios en los que no participaron PJ, AD y VP, pero en donde sí concurrió UNT. Incluso el principal líder de UNT, Manuel Rosales, se presentó sin éxito a las regionales en Zulia, elecciones repetidas tras la destitución ilegal de Juan Pablo Guanipa (PJ), quien se negó a subordinarse a la Asamblea Constituyente de la revolución.
Los otros precandidatos lanzados al ring electoral son Claudio Fermín, un político opositor cuasi jubilado, y el pastor evangélico Javier Bertucci, quien asegura haber recibido el llamado del Espíritu Santo para enfrentarse al “hijo de Chávez”. El padre congrega a miles de seguidores en la Iglesia Maranatha de Carabobo. Falta le hará sin duda la ayuda del Espíritu Santo: el pastor y empresario está vinculado a los Papeles de Panamá, ya que intentó constituir una empresa valorada en 5 millones de dólares.

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Madura la crisis económica en Venezuela

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 La caída del nivel de actividad no cede: tras tres  años de caída consecutiva el nivel de actividad volvería a caer fuerte este año. De esta forma, entre 2014 y 2017 la economía venezolana habría perdido casi un tercio de su Producto Bruto Interno.

  •    La caída de la actividad en los últimos años se combinó con una fuerte aceleración inflacionaria. Esta dinámica se exacerbó en 2016 cuando alcanzó un alza de precios de entre 250% y 525% de acuerdo al consenso económico. Este año la situación empeoraría aún más con un aumento generalizado de precios que rozaría el 1000%.
  •  Uno de los factores que dio inicio al deterioro de la economía de Venezuela fue el sostenido aumento del gasto del sector público a partir de 2011. Las erogaciones comenzaron a acelerarse progresivamente y en 2014 llegaron a representar casi 50% del PBI según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).      
  • En los últimos meses, la conflictividad política-social en Venezuela evidenció una alarmante escalada, alcanzando su punto máximo tras la conformación de la Asamblea Constituyente (órgano con autoridad por sobre el poder Ejecutivo). Aunque la situación del país ha tomado visibilidad internacional recientemente, la crisis venezolana es el resultado de varios años de continuo y profundo deterioro económico, político y social.Uno de los primeros problemas con los que cuenta Venezuela a la hora de evaluar su situación económica es la escasez de datos actualizados. La mayoría de las estadísticas oficiales relevantes llegan a 2014, año en el que (no casualmente) el PBI del país comenzó a contraerse. La economía venezolana venía mostrando un crecimiento anual moderado entre 2010-13 (+2,5% promedio anual), pero en 2014 el PBI de Venezuela ingresó en un espiral contractivo. La mayor merma ocurrió el año pasado, cuando la economía se contrajo 15% según la consultora Ecoanalítica, miembro de la alianza LAECO[1]. De esta manera, en los últimos tres años el país acumularía una caída del PBI aproximada de 23%.

    La retracción de la actividad en los últimos años se combinó con una fuerte aceleración inflacionaria (la suba de precios lidera el ranking mundial). Entre 2007-2012, el alza de precios en el país se mantuvo relativamente estable en 25% anual, pero a partir de 2013 comenzaron a mostrar una suba tan virulenta que actualmente puede hablarse de un proceso de hiperinflación. Conforme a consenso de estimaciones privadas y de organismos internacionales, en 2016 la inflación se estableció entre 250% y 525%, y para este año se proyecta una suba cercana al 1.000%. El efecto de estos dos fenómenos sobre el aumento de la pobreza (el último dato disponible es de 2015, cuando alcanzó el 33% de la población) no hace más que profundizar la crisis política y social.

    El inicio del ciclo recesivo de Venezuela coincide con el derrumbe del precio del petróleo a nivel internacional (el valor del barril se redujo a la mitad en 2014), lo cual no es casual dado que más del 90% de las exportaciones del país están ligados a la actividad extractiva, y que los dólares petroleros representan dos tercios de los recursos fiscales del país. Sin embargo, otros países de la región con una elevada dependencia de los recursos naturales (caso de Ecuador) sufrieron menos este shock externo, lo cual lleva a analizar con mayor profundidad los condicionantes internos que desembocaron en dicho colapso económico.


    El origen de la crisis económica: desborde de gasto público y shock externo

    Es sabido que el boom de los precios de los commodities que tuvo lugar tras la crisis internacional de 2008 favoreció a los países exportadores de materias primas. En el caso particular de Venezuela, sin embargo, en esos años la performance de la economía comenzó a dar los primeros indicios de deterioro, aun cuando el valor del barril del petróleo alcanzó valores máximos. Tal como se hizo referencia en el apartado anterior, en los años subsiguientes a la crisis mundial, el PBI de Venezuela aumentó 2,5% anual en promedio, contra la tasa de 8,5% de 2004-2008.

    Uno de los factores que dio inicio al deterioro de la economía de Venezuela fue el sostenido aumento del gasto del sector público a partir de 2011. Previo a este año, el nivel de gasto era elevado pero estable (entre 2004-2010 representó 34% del PBI). Desde ese año, las erogaciones comenzaron a acelerarse progresivamente y en 2014 llegaron a representar casi 50% del PBI según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).       

    Pese a los altos niveles del precio del petróleo, los ingresos del gobierno no acompañaron la tendencia creciente de los gastos, de hecho se mantuvieron en torno al 27% del PBI entre 2011-2014 (previo a la crisis internacional llegaron a superar 37% del producto). Como consecuencia de ello, el oficialismo recurrió a otras fuentes de financiamiento para cubrir el déficit fiscal: la emisión monetaria y la deuda externa.

    Por un lado, la impresión de dinero alimentó la aceleración inflacionaria, y por otra parte el stock de deuda de Venezuela experimentó un crecimiento exponencial: mientras que en 2008 la deuda bruta del gobierno llegó a un mínimo de 20% del PBI, la tendencia ascendente llevó este ratio al 63% previo a la crisis del petróleo, según estimación del FMI. Asimismo, el crecimiento de la economía generó una mayor demanda de divisas por el incremento de las importaciones, que pasaron de representar 15% del PBI en 2010, a 25% en 2014.

    Frente a este escenario, la caída del precio del petróleo en 2014 (se redujo a la mitad en dicho período, pasando de más de más de US$ 110 el barril a mediados de ese año, a US$ 50 al cierre) expuso los desequilibrios macroeconómico acumulados. Las menores exportaciones del país y los crecientes servicios de la deuda en divisas afectaron el abastecimiento interno (Venezuela importa una cantidad importante de productos básicos).

    La primera forma de hacer frente a la restricción externa fue el racionamiento de importaciones, sobre todo de bienes de consumo, situación que incrementó el desabastecimiento e impulsó la aceleración de la inflación. De hecho, este fenómeno ha llevado a que ciertos bienes, algunos durables (como celulares o electrodomésticos) pero también básicos (los medicamentos, por ejemplo), se trancen directamente en moneda dura, al punto que el bolívar dejó de cumplir la función de medio de cambio.

    Asimismo, el gobierno de Venezuela instauró un esquema de administración de la oferta de dólares (en la actualidad existen dos mercados de cambios con cotizaciones diferenciadas de acuerdo al grado de necesidad de la demanda) que generó un mercado cambiario paralelo y fuertes distorsiones de precios relativos al interior de la economía. A esto se suma el aumento de la emisión monetaria, como resultado de la reducción de los ingresos fiscales por la baja del precio del crudo, dejando la economía al borde de la hiperinflación. 

    El impacto negativo del shock externo del petróleo potenció la conflictividad política y el deterioro social. Vale destacar que las medidas adoptadas por el gobierno bolivariano ante el viento de frente no sólo no lograron revertir el rumbo económico sino que lo profundizaron. Mientras que la producción de crudo de los países miembro de la OPEP tuvo entre 2014 y 2016 una baja acumulada del 4%, la caída en dicho período fue más marcada en Venezuela (-15%), poniendo en evidencia el impacto negativo de la creciente intervención del Estado sobre la economía.

    En definitiva, las perspectivas de Venezuela para este año son muy negativas: el PBI caería por cuarto año consecutivo, alrededor de 7% de acuerdo al consenso de mercado, la inflación anual rozaría los cuatro dígitos, la deuda pública llegaría a representar 95% del producto (Venezuela está al borde del default), y los déficits gemelos se mantendrían elevados (1% del PBI el rojo de cuenta corriente y más de 15% el del sector público). Más aún, el recrudecimiento de la situación política de los últimos meses disparó la amenaza de que Estados Unidos deje de comprarle petróleo al país. Es difícil saber si el gobierno de Trump va a implementar dicha medida, pero la situación económica en Venezuela es tan crítica que la mera posibilidad de que se efectivice profundiza la crisis.      

     

    El precio internacional del petróleo no afecta a todos por igual

    Es importante poner en perspectiva esta situación. Venezuela no es el único país dependiente de la producción y el precio internacional del petróleo para sostener su crecimiento. Ecuador, vecino país y miembro también de la OPEP, sufrió el efecto de la caída del precio internacional del crudo, pero el impacto fue mucho más moderado de lo que sucedió en el país bolivariano: en el primero el PBI logró crecer 2,5% entre 2014-2016, contra la reducción de más de 20% estimada para Venezuela. Más aún, esta disparidad está exacerbada por el hecho de que Ecuador es una economía dolarizada (no cuenta con moneda propia), que llevaría a pensar que dispone de menos herramientas para contrarrestar el shock externo, aunque la realidad muestra lo contrario.

    Sin duda que la dependencia fiscal y del sector externo sobre los recursos naturales es un escollo para Venezuela. Sin embargo, las decisiones de política económica frente a este escenario son la principal condena del modelo económico vigente. La escasez actual de recursos ha llevado al gobierno bolivariano a tener que escoger entre abastecer la demanda de bienes del mercado interno (alrededor del 70% de los alimentos que se consumen en el país son importados) o cumplir con sus obligaciones de deuda externa. Para peor, parece imposible solucionar la crisis económica en un contexto político social tan convulsionado.

    [1] Alianza Latinoamericana de Consultoras Económicas (LAECO). Ecolatina (ARG) y Ecoanalítica (VEN) son dos de las diez consultoras miembros de la dicha alianza.

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Venezuela, caso testigo

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Mucha similitud, casi un “deja vu”, son las actuales clarísimas amenazas de invasión a Venezuela, proferidas en oprobioso tono de soberbia imperial por EEUU; comparables con las amenazas que en 1902 hicieron las flotas armadas de Gran Bretaña, Italia y Alemania, que por la fuerza de los cañones pretendían cobrar la deuda que por entonces tenía el país hermano con esas potencias europeas. La firme intervención diplomática de Argentina logró evitar la agresión, lo cual instituyó al respecto la Doctrina Drago, así llamada por el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina.
Aquella oligarquía mental y económicamente subordinada a Gran Bretaña que gobernaba a Argentina en esos años, tenía vigentes y aplicaba algunos criterios de patriotismo y dignidad nacional, pese a su anglofilia tan acentuada. En eso se diferenciaban de la actual Ceocracia de negocios rápidos e impúdicos, que con discursos de pastores evangélicos hipócritas pregonan buenas intenciones que sus acciones desmienten, mientras se mofan en los hechos de toda expresión de soberanía.
Tal como fundamenté en mi libro DEL COLONIALISMO DECIMONÒNICO AL NEOCOLONIALISMO DEL SIGLO XXI – 1800-2100, (disponible en el blog), el siglo actual marca el regreso del colonialismo descarnado y brutal del siglo XIX, en versión remozada y acentuada, sin tapujos ni ambigüedades; sin otros límites que los que impone la fuerza bruta, sea esta la ejercida por presiones financieras fortísimas, por el machacar concentrado del poder mediático llevado a extremos de lavados de cerebros a escalas de cooptación total de voluntades, por presiones económicas y geopolíticas sutiles o intencionalmente visibles, y en última instancia por agresiones armadas.
Esta última alternativa incluso cuenta con un abanico de opciones, que van desde fomentar descontentos violentos, guerras de incitación a violencias desenfrenadas por medio de las redes sociales (como en las “primaveras árabes” y en Ucrania), fomento al terrorismo, guerras híbridas (como la fase actual del intervencionismo en Venezuela), y por último la agresión militar directa, en forma “convencional” de invasiones y/o bombardeos directos.
En lo geopolítico, el siglo XXI comenzó en los años ’90, con la agresión abierta y sin tapujos, ejercida por las potencias atlantistas, con su brazo armado la OTAN,
contra Yugoeslavia. Tuvo todos los visos de un escarmiento, por el “atrevimiento” de haber tenido la Yugoeslavia de Tito una postura internacional propia, no subordinada a ninguno de los dos grandes bloques hegemónicos de la Guerra Fría.
También el comienzo de la era actual, el siglo XXI en lo geopolítico, puede situarse en la implosión de la ex Unión Soviética, en 1990.
La amenaza de invadir Venezuela está en línea con las invasiones y
bombardeos a Iraq, a Libia, la guerra de invasión a Siria, las intervenciones militares francesas en varias de sus ex colonias del África Subsahariana, los bombardeos “preventivos” en Afganistán; y las prearmadas guerrillas y acciones terroristas urbanas que asolan el país caribeño – sudamericano parecen tener el sello de agencias intervencionistas extranjeras, tal como todo indica que sucedió en Ucrania. Por no mencionar las invasiones a Panamá, a Grenada, y en las primeras seis décadas del siglo XX a prácticamente todos los países caribeños, bajo la doctrina del gran garrote. ¿Por la democracia y la “libertad”? ¡NO!, imperialismo grosero y explícito.
Todo eso es el contexto, sin obviar errores políticos y limitaciones
económicas del gobierno venezolano, ni tampoco el fracaso de los intentos industrialistas y diversificadores de la economía que intentó desarrollar Chávez, superado en ello por el llamado “mal holandés” o el síndrome de “la maldición del petróleo” que provee dólares fáciles que desalientan otras producciones.
Sin duda no se puede caer en el simplismo que proponen los medios hegemónicos de comunicación, manejados o alineados con la Sociedad Interamericana de Prensa, entidad que claramente responde a intereses globalizantes, los cuales pretenden justificar la agresión burdamente colonialista, en supuestas defensas “de la democracia”, “de la libertad”, o “de los derechos humanos”. ¡Es intervencionismo extranjero puro, liso y llano, es burlarse
 abiertamente de la soberanía arrogándose el rol de juez mundial supremo, por el solo peso brutal de la doctrina del garrote!
En ese contexto, la Argentina macrista, el Brasil “temeriano” y los restantes países sudamericanos que implícita o explícitamente avalan las políticas intervencionistas amenazadoramente expuestas por EEUU, cumplen roles de vulgares países bananeros genuflexos a los dictados del establishment de EEUU y de sus asociados menores de las otras potencias atlantistas.
Actitud muy lejos de la visión geopolítica de grandeza, de integración efectiva, defensa de nuestra soberanía individual y conjunta del bloque regional, que eran objetivos básicos de la hoy anémica UNASUR.
Pero hay algunas diferencias básicas entre Argentina y Brasil, en demérito nuestro, lamentablemente.
En Brasil, los altos mandos castrenses, en paralelo con Itamaraty (la Cancillería) analizan concienzudamente la situación venezolana, y tienen criterios amplios como para invitar a disertar por ejemplo al especialista en geopolítica Dr. Miguel Ángel Barrios, de fundamentada postura simpatizante con el Comandante Chávez. Claramente, los altos mandos y posiblemente toda la oficialidad del país lusitano, entienden y razonan la geopolítica con criterio nacional y continental sudamericano.
En Argentina, incomprensiblemente, el grueso de los retirados opinantes y posiblemente buena parte del personal militar en actividad, agotan su pensamiento de soberanía en el himno y la bandera; pero ni se inmutan ante las acciones de destrucción socio económica, desindustrialización intencional, desguace de entes y de proyectos tecnológicos (satelital, aeronáutico, de cohetería, de radares, nuclear, científico en general), de endeudamiento masivo a escala de espiral desenfrenada, de la vuelta de la timba financiera, y de resignación explícita de soberanía, entre otros hechos deplorables de esta reedición corregida y aumentada de los años ’90. No solo no se inmutan, sino que apoyan abiertamente al modelo neoliberal, que es apátrida por definición…pero declaman patriotismo.
Incluso algunos opinantes, auto identificados como retirados, recitan el discurso “políticamente correcto” neoliberal de inmiscuirse en cuestiones internas de Venezuela, sin analizar un ápice las negativas proyecciones geopolíticas de tan dudosamente fundamentada postura; la cual es afín a los dictados de los medios
periodísticos dominantes. Siguen “atados a los años ’70, persiguiendo zurditos”, mientras que hoy la cruda realidad transita claramente por otros carriles.
Juraron defender a la Patria, y son meros defensores de un sistema caduco y anacrónico; pero ni se dan cuenta. Sumamente lamentable.
Como dijera Belgrano: “Ay, Patria mía”.

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