MAIZAR

El debate por el maíz transgénico: piden que el proyecto respete la biodiversidad y conservación del suelo

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Luego que los representantes de Agricultura Familiar de Nación defendieran el proyecto de producir maíz transgénico en pequeñas chacras misioneras, la Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones (FARM) salio a sentar postura.
Desde la organización criticaron los planteos de Jerónimo Lagier y Walter Kunz quienes afirmaron a través de un comunicado que “la propuesta de la Nación es incentivar el desarrollo de un modelo agronómico de alta productividad”. Piden un debate claro sobre los pro y contras de implementar plantaciones de maíz transgénico así como el impacto de este proyecto en el ordenamiento territorial y cuidado ambiental de la provincia.
El comunicado:
Posición de la F.A.R.M. en relación al proyecto de Agroindustria de nación – Maizar para Misiones.
El proyecto de implantación de 250.000 has de maíz propuesto por la Secretaría de Agricultura de la Nación, presenta carencias que lo tornan más una expresión de deseos que un proyecto de desarrollo productivo.
La discusión no debería centrarse en si el material a utilizar es o no modificado genéticamente. El avance de la biotecnología en general, y especialmente en el área de la agricultura es inevitable. Será sin dudas cada productor el que decidirá qué semilla usar en base a los asesoramientos recibidos y su posición frente al tema.
Para la provincia sería muy importante poder producir el maíz que requiere para la producción de proteína animal. Sólo para alimentar a la cuarta parte del rodeo bovino de Misiones, esto es a 100.000 animales, se requiere de 300 mil Toneladas de Maíz/año. Estamos hablando de una superficie de 60.000 hectáreas con maíces que deberían producir 5 Tn./Ha. promedio año. Esto sería ya de por sí un logro real e implicaría un avance muy importante para la producción de proteína vegetal aplicable a la transformación de proteína animal en Misiones.
Sin embargo vemos ciertas cuestiones no menores que si se deberían debatir ante un proyecto que se presenta con tanta grandilocuencia.
La Nación firma un acuerdo con MAIZAR, donde se proponen metas que, en primer lugar decididamente afectan una política de estado de la Provincia de Misiones en cuanto a la sostenibilidad de suelo y bosques nativos. El Estado Misionero decidió la protección de sus recursos naturales, y esta decisión, discutible o no, obedece a potestades originarias, no delegadas e irrenunciables de la Provincia. La Nación debe como mínimo acordar y dar participación a la provincia garantizando que el proyecto no afectará esta decisión soberana, ni las leyes que la sustentan.
Implementar este tipo de políticas de cultivos anuales en la escala declarada, también significa avanzar contra otras actividades como Forestación, Yerba, Te, Ganadería, etc. El recurso tierra es limitado y la realización de una u otra actividad, en la mayoría de los casos, es una elección por exclusión –
En este contexto, la superficie objetivo de 250.000 has es inalcanzable en el mediano plazo y constituye una expresión de deseos, ya que la superficie potencialmente apta y disponible para ese cultivo anual no llega ni remotamente a ese nivel . Como ejemplo de lo anterior nos remitimos a la superficie total bajo agricultura de Soja / Maíz de los años 70/80 que no superaba las 100.000 has, siendo que en aquella época no existían las limitaciones conservacionistas que hoy tenemos por la Ley de Ordenamiento Territorial o más conocida como “Ley de Bosques”.
Para mantener con sostenibilidad una actividad agrícola anual en estas latitudes se requiere de tecnología de conservación de suelos que implique la Siembra Directa (SD) y uso de Curvas de Nivel y rotación de cultivos, todo lo cual es de escasa utilización en la provincia y además requiere de capacitación previa en la tecnología.
El uso de SD trae inmediatamente el problema de falta de maquinaria de siembra adaptada a las condiciones de minifundio de la “población objetivo” planteada, aún cuando se piense en traerla desde Brasil, que si la dispone.
Los híbridos a utilizar deben necesariamente disponer de tecnología genética adaptada a las plagas (oruga cogollera, barrenador, militar, etc) y enfermedades (Tizón, bacteriosis vs) locales. Si bien existen materiales que se han aplicado con éxito en el NOA, en condiciones ambientales similares, requerirían de avales técnicos locales.
Lo anterior nos hace dependientes del monitoreo de plagas y enfermedades, ya que ello implicaría el uso masivo de insecticidas, fungicidas y herbicidas de última generación, maquinaria y tecnología de pulverización (hoy inexistente o, por lo menos escasa) y, lo que puede traer discusiones interminables, también la utilización de híbridos con biotecnología de “eventos apilados” para evitar el uso masivo de los insumos antes mencionados.
Hay una falta casi total de infraestructura de acopio y secanza en la zona, salvo situaciones puntuales, lo que implica costos de “flete falso” elevados por transporte de agua, o asumir pérdidas potenciales elevadas al dejar secar en planta el cultivo para mover grano seco al 13,5-14%.
El clima zonal (subtropical sin estación seca) y su variabilidad trae un factor de riesgo climático permanente que, aunque mensurable en términos de rendimientos de indiferencia (usar rendimientos bajos cercanos a ingresos similares al costo x ha de cultivo) hacen por lo menos discutible la factibilidad económica de esta producción y pone en serio riesgo la sostenibilidad del productor / empresario de basar su potencial en este cultivo y no en un portfolio de alternativas (Por Ej. Cultivo y ganadería).
Por estas razones, desde la FEDERACIÓN DE ASOCIACIONES RURALES Y FORESTALES DE MISIONES, estimamos que los proyectos técnicos deben ser ajustados a las situaciones reales y bases concretas realizables. No estamos de acuerdo con declaraciones grandilocuentes que sólo generan falsas expectativas en productores y la sociedad toda. Justificarlos en que ese es el camino del crecimiento, generación de riqueza, arraigo rural etc, es caer en un lugar común para evadir la discusión de los aspectos técnicos que definen si un proyecto es o no viable. Todos quienes de algún modo trabajamos para el mejoramiento productivo buscamos los mismos objetivos: más producción, mayor rentabilidad al productor, arraigo rural etc. Pero no es dable soslayar el “cómo”.
Consideramos importante el impulsar cultivos de maíz de alto rendimiento, siempre que sea sostenible y viable en el tiempo que contemple todo este tipo de condicionantes técnicos y, por sobre todo, el cumplimiento de una decisión ambiental de la Provincia fundada en sus derechos autonómicos a respetar la biodiversidad y conservación de suelos generando en él actividades sostenibles y sustentables.
 
 
 
 
 

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El debate por el maíz transgénico: ambientalistas advierten que el proyecto limitará el acceso y manejo de las semillas

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Luego que los representantes de Agricultura Familiar de Nación defendieran el proyecto de producir maíz transgénico en pequeñas chacras misioneras, el Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera planteó su oposición por como sería el manejo de las semillas
Sobre las manifestaciones en defensa del programa de maíz transgénico que realizaron los funcionarios Walter Kunz y Jerónimo Lagier, Director Nacional y coordinador de la Secretaria de Agricultura Familiar del Gobierno de la Nación, el Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera emitió el siguiente comunicado:
Es falso que desde la Nación se propicie la “libertad” de elección a los agricultores, cuando lo que justamente se hace es un programa de estimulo (como ellos mismos) admiten, a la producción de maíz transgénico.
Justamente el uso de semillas homogeneizadas, cercena a los AGRICULTORES la libertad sobre los modos de obtención, producción, investigación, innovación, almacenamiento, conservación, intercambio, comercialización, distribución y consumo de semillas.
Que el Estado promueva el uso de este tipo de semillas transgénicas es un ACTO ilegal, por cuanto el acto jurídico que habilita deviene en inconstitucional, al contradecir los preceptos de la Convención Sobre la Diversidad Biológica, a la que la Argentina adhirió mediante la sanción de la ley 24.375, y que declara “…de interés público y libres de todo derecho de propiedad intelectual las semillas nativas y criollas, las semillas elaboradas, generadas y/o mejoradas con recursos públicos, así como los conocimientos tradicionales asociadas a ellas”.
Es inconstitucional, además, por cuanto siendo la provincia de Misiones un territorio comprendido en los términos del Convenio N° 169, de la OIT, de rango Constitucional en la Argentina desde año 2011, se debió, previo a la implementación y ejecución de este proyecto, someter al consentimiento previo, libre e informado de nuestras comunidades indígenas.
Por lo que sí se debió hacer un estudio de impacto ambiental, a los fines de determinar los efectos de este sobre las comunidades indígenas.
Con esto queda en evidencia, que estos funcionarios no tienen la más mínima formación y preparación técnica para el cargo que ocupan, o bien dolosamente están trasgrediendo nuestras normas constitucionales, y avasallando las libertades de los pequeños productores y de los pueblos indígenas. Las consideraciones de los funcionarios ponen en duda además el daño que éstos cultivos generan en el suelo, agua, monte y salud, daños sobradamente comprobados donde se utilizaron transgénicos, y le restan importancia a las capueras, espacios de regeneración de la Selva, de biodiversidad.
Finalmente, si es cierto que el maíz tendrá como destino ser alimento de los “chanchos” brasileros, gran productor mundial de porcinos (de hecho es el 4to. Productor mundial), eso quiere decir que por medio de este maíz se sacarán las nutrientes de nuestros suelos para alimentar el alimento que le da proteínas a los países industrializados; mientras nos quedamos con un suelo “desnutrido”. Martín Ferroni, abogado, Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera

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Polémica en la chacra: Nación proyecta sembrar 250 mil hectáreas de maíz transgénico en Misiones

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Hace un mes en un acto que pasó casi desapercibido, la Secretaría de Agroindustria de la Nación y la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar) firmaron un convenio para desarrollar el cultivo de maíz de alta productividad en Misiones y el noreste de Corrientes, para “alcanzar el autoabastecimiento de alimentos balanceados de mejor calidad y mejores rindes para los pequeños productores, facilitando también así iniciar la comercialización de su producción con Brasil en un futuro mediato”. El organismo conducido por el ex presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere pretende convertir a la región en una zona exportadora de maíz, especialmente a  Santa Catarina (Brasil), que importa aproximadamente un millón de toneladas desde Paraguay y tres millones de toneladas del Mato Grosso, en éste último caso, con un flete carretero de aproximadamente 2.000 kilómetros. La cercanía territorial de Misiones a la región de consumo más intensivo de alimentos balanceados en el sur de Brasil, con epicentro en Chapecó, es un punto “estratégico” para la Nación.
En la práctica, el maíz transgénico y otros productos similares ya están en “etapa de prueba” en diez parcelas en la zona de San Pedro y San Antonio.


 
El objetivo de la Nación es sembrar entre 125.000 y 250.000 hectáreas de este transgénicos en Misiones para producir 1.000.000 de toneladas en una década y abastecer una demanda brasileña de “160 camiones del cereal, equivalente a 4800 toneladas diarias”. El objetivo de máxima equivale a un quinto de las 1.264.000 hectáreas de superficie agraria y a casi la totalidad de que queda disponible para sembrar, ya que la Provincia tiene otras 417 mil hectáreas forestales, según los últimos datos oficiales, un millón de hectáreas de monte y el resto, zonas urbanas. Hasta 2015, Misiones tenía solo 30 mil hectáreas cultivadas de maíz, pero ya estaba al límite de la ampliación de espacio productivo. 
La propia secretaría de Agricultura Familiar delegación Misiones admitió el miércoles que “no hay estudio de impacto ambiental por el cambio de uso de esa tierra ni por el glifosato que se va a utilizar (2.5 millones de litros en 250.000 ha en promedio). Sin embargo, asegura que para sembrar esa cantidad de hectáreas, se utilizarán parte de las 400.000 hectáreas de capuera que “hoy están improductivas y lotes de té abandonados”. También promete “tener en cuenta el resguardo de variedades de maíces criollos que se siembran” en Misiones.
Los trabajadores de terreno del organismo nacional no comparten la visión de Etchevehere. “El desarrollo de maíz de alto rendimiento en el norte provincial es un proyecto de Cambiemos. Por eso el financiamiento de silos y plantas en San Antonio y San Pedro”, explicó un trabajador de la secretaría bajo el anonimato. 
Sin embargo, el acuerdo está sellado. Maizar es a los granos lo que la Sociedad Rural al campo y engloba a empresas como Monsanto, Cargill, entre otras. Entre los puntos de su “misión” aparecen aumentar el área sembrada en todo el país, enfatizando “las regiones marginales” y promover leyes que permitan la desgravación de insumos clave y bienes de capital.

 

Los transgénicos son peligrosos para el medio ambiente porque supone aumentar el uso de productos tóxicos en la agricultura, contaminan genéticamente a las variedades tradicionales, acabando con ellas y provocando una grave pérdida de la biodiversidad.  El desarrollo de los transgénicos está en manos de unas pocas empresas multinacionales que acabarán controlando todo el mercado mundial de semillas y, con ello, la producción de alimentos en el planeta. Paralelamente, los herbicidas y otros productos de síntesis son específicos para estas variedades y están igualmente en manos de estas empresas.

La disyuntiva está a la vista. Misiones acaba de ser declarada capital nacional de la Biodiversidad justamente por resistir el embate de la sojización de la agricultura y custodiando el monte.

En ese contexto, avanzar ahora con la producción de transgénicos no parece ser la mejor carta de presentación para la capital de la Biodiversidad, que además está encarando una potente política de retorno a las chacras para una producción agraria sustentable. En el Gobierno provincial advierten que hay esa superficie disponible para plantar y que producir con el objetivo de exportar a Brasil es “primarizar aún más la economía agrícola”, cuando lo que se debe hacer es fortalecer la cadena productiva para abastecer el mercado interno.
La secretaría de Agricultura Familiar de Misiones rechaza el proyecto de Nación, lo mismo que una decena de organizaciones ambientalistas que emitieron un duro documento ante la embestida de Etchevehere en favor de los transgénicos.
La ley 68 de Fomento a la Producción Agroecológica, rechaza en su artículo 2 la utilización de insumos químicos y determina que los productores agroecológicos “gozan de especial atención y prioridad en las políticas de crédito y programas de producción de alimentos”, lo que revela el rumbo que le quiere imprimir la Provincia a las chacras, en las antípodas de los transgénicos. Desde octubre de 2015, Misiones adoptó como modelo de desarrollo productivo, económico, social y ambiental a la agricultura familiar en toda su diversidad, la que es sujeto prioritario de las políticas y acciones que se ejecutan desde las diferentes áreas del Gobierno provincial.
Otro detalle:  apenas en noviembre del año pasado la Legislatura provincial aprobó la ley que prohíbe el uso del glifosato, sus componentes y afines, en los ejidos urbanos del territorio provincial; comunidades de pueblos originarios; establecimientos educativos y sanitarios cualquiera sea su denominación o rango; Reservas Naturales de cualquier tipo y denominación ya sean nacionales, provinciales, municipales o privadas; centros turísticos; cursos de agua dulce que proveen para consumo humano o su utilización para la producción agrícola ganadera.
Los ambientalistas aseguran que esta última ley “ha sido herida de muerte” ante la  confirmación y avance del Proyecto  de cultivos de maíz transgénico en siete localidades de la Provincia sin previa participación de la ciudadanía.  
Los ecologistas ponen énfasis en que las semillas transgénicas son parte de un modelo productivo que ataca directamente la biodiversidad, y, dado que se utilizan bajo paquetes tecnológicos basados en plaguicidas de diverso tipo, destruyen y envenenan el suelo, el agua, el aire y como consecuencia  pone en riesgo la salud de los animales. de las plantas y de las personas.
El maíz transgénico en Misiones, viene a destruir el modelo de producción con enfoque en la  agroecología ya que ambos modelos son incompatibles. Una vez que un OGM (Organismos modificados genéticamente) es liberado al medioambiente es imposible retirarlo o prevenir su esparcimiento.  La coexistencia entre los maíces de variedad y el maíz transgénico no es posible ya que este último los contamina. Además no son necesarios ya que las variedades locales han demostrado ser muy eficientes y productivas ya que están adaptadas a nuestros modos de manejo, suelo y clima”, señala el documento de las organizaciones ecológicas.
La batalla ambiental recién se inicia. Está prevista una nueva reunión con la mesa territorial de Agricultura familiar en la primera semana de febrero. Pero para la Nación, la polémica parece no detener la iniciativa: el 1 de marzo ya organizaron una en Brasil con organismos vinculados a la producción, la cancillería e importadores.

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