MARTIN GUZMAN

Nueva era, nuevos nombres, nuevas políticas

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Fracasamos, pero levantamos la vara”, reconoció Hernán Lombardi, que algo sabe de fracasos. La retirada de Mauricio Macri deja secuelas idénticas a las del Gobierno del fugaz Fernando De la Rúa, del que Lombardi también supo ser funcionario. 

El de Cambiemos será recordado como un tiempo de retrocesos. Sin embargo, el Presidente se despide por cadena nacional y hasta el último instante, insiste en que está dejando “bases sólidas”. No. No las hay. No hay indicador económico o social que esté mejor que en 2015 y hay algunos que abruman: durante la gestión de Macri, la pobreza aumentó a 40,8 por ciento, diez puntos por encima de la que recibió en diciembre de 2015, según el último informe de la Universidad Católica Argentina que se conoció apenas unas horas antes de que el Presidente volviera a culpar de los magros resultados a la crisis internacional, la sequía y el resultado de las elecciones Primarias. 

No puede haber bases sólidas si seis de cada diez chicos son pobres. No puede haber bases sólidas con 18 millones de pobres en el país. Y esas son las consecuencias del retroceso de los últimos cuatro años, que contrastan con la promesa de “pobreza cero”. 

Para un Presidente que pidió ser juzgado por cómo había logrado combatir la pobreza, el veredicto es lapidario. Pobreza del 40 por ciento, a niveles de 2006, cuando el país estaba en el purgatorio del 2001, una deuda equivalente a un PBI, desempleo del 12 por ciento, caída industrial por 18 meses consecutivos y la inflación más alta desde 1991 y la tercera más alta del mundo en 2019. No era tan fácil de solucionar, aunque fuera fácil prometer. De hecho, Macri cumplió apenas dos de las 20 propuestas de campaña.    

No es casual que el designado ministro de Economía, Martín Guzmán, utilizara una frase médica para presentarse en sociedad: “Argentina, te vamos a cuidar”. Ni desarrollo, ni inflación, ni deuda o promesas mágicas. “Cuidar”.

El discípulo del premio Nobel, Joseph Stiglitz, tendrá la difícil tarea de remendar una economía lastimada, con fábricas cerradas y miles de desempleados, pobreza, deuda, alta inflación y una deuda sideral. El PBI caerá este año 3% y si no hay un milagro, otro 1 por ciento en 2020.  

Todavía no se conocen los detalles de las negociaciones que ya inició con el Fondo Monetario Internacional, pero su idea es congelar los pagos por lo menos dos años hasta que la economía se recupere. También proyecta incrementar retenciones y generar un colchón que sirva para reactivar sectores paralizados. 

Hace poco, antes de que su nombre sonara como ministro, analizaba la situación de la deuda de Argentina: “Planteo que para empezar a resolver la crisis es necesario un reperfilamiento lo suficientemente elaborado como para asegurar la sostenibilidad de la deuda (y por ende la capacidad de repago), que incluya no solo a los vencimientos de capital sino también a los intereses”, explicó en un reportaje. 

“De otro modo, excepto si hay un shock externo lo suficientemente positivo, la carga de deuda profundizaría la recesión y empeoraría la sostenibilidad de la deuda. Una profundización de la recesión significaría tanto más malestar social como enfrentar un problema de deuda más complicado más adelante. Que es lo que les pasa a los países que se demoran en afrontar los problemas de sostenibilidad de deuda”, enumeró. 

El cambio es sustancial. De la mirada fiscalista a una que apunta al desarrollo. También anticipó su mirada sobre otro flagelo de la Argentina: la inflación. 

“Toca abandonar los extremismos y recuperar la sensatez en las premisas. Ni la inflación es un fenómeno puramente monetario, ni la emisión nunca genera inflación. Ni cepos ni liberalización total de los flujos de capitales internacionales. Esos extremos no son práctica sensata”.

Un poco de sensatez es un bálsamo en una herida abierta. 

Guzmán es el hombre -joven, apenas 37 años- sobre quien están posadas las miradas, pero el gabinete de Alberto Fernández incorpora figuras de renombre y varios de mucha experiencia, como el regreso de Agustín Rossi a Defensa o Ginés González García a Salud y la incorporación de Felipe Solá en Cancillería. En primera línea hay una docena de mujeres entre ministras y presidentas de entes: en Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, en Seguridad, Sabina Frederic Pérez, la vicejefa de Gabinete será Cecilia Todesca, a cargo del Consejo de Políticas Sociales estará Victoria Tolosa Paz, mientras a la presidencia del PAMI irá Luana Volnovich y a la AFIP, Mercedes Marcó Del Pont, ex presidenta del Banco Central. Elizabeth Gómez Alcorta será la primera ministra de la Mujer, Género y Diversidad y Marcela Losardo será la ministra de Justicia. Vilma Ibarra estará a cargo de Legal y Técnica, mientras que Victoria Donda irá al INADI y Malena Galmarini estará a la cabeza de Agua y Saneamientos Argentinos, que atiende a la Ciudad de Buenos Aires y 26 partidos del conurbano bonaerense. 

Por último, Alberto Fernández confirmó al misionero Sergio Lanziani como secretario de Energía. El ingeniero nuclear tendrá la misión de desdolarizar tarifas y renegociar contratos para aliviar el bolsillo de millones de argentinos. Tamaña responsabilidad coloca a Misiones en la primera línea de la gestión de Fernández. No será el único misionero en el equipo de Fernández: el ex ministro de Salud, José Guccione trabajará junto a Ginés González.

Pero no hay que encandilarse con las luces porteñas. La Renovación decidió mantener la identidad en el Congreso, desde donde acompañará al Ejecutivo, pero sin perder la autonomía del misionerismo

En la Renovación entienden que sumarse al montón del Frente de Todos no ayudará a levantar las banderas de la Provincia, como la compensación económica, la extensión del gasoducto y un tratamiento impositivo diferencial para la provincia. “La verdadera línea política de la Renovación está en Cámara de Diputados, donde se hacen oír las demandas de los misioneros”, explicó un dirigente renovador. Hacía referencia al Congreso, pero al mismo tiempo, a la Legislatura, donde la conducción de Carlos Rovira abrió las puertas de la “Casa del Pueblo” a la construcción de un dinámico andamiaje que incluso es alimentado por iniciativas de la oposición.

La Renovación, tal como planteó hace algunos meses el gobernador Hugo Passalacqua, quiere cimentar esa identidad misionerista. Sumarse a un enorme bloque heterogéneo podría demorar esa construcción de ladrillo a ladrillo. 

Pero esa diferenciación no implica en modo alguno distanciamiento con los objetivos del Gobierno nacional. Hay coincidencia en el rumbo y línea directa entre Oscar Herrera Ahuad y Alberto Fernández

El mandatario misionero dedicó los últimos días al diseño de su propio gabinete. Dialogó cara a cara con algunos para plantearle la impronta que le quiere imprimir a cada área durante su gestión, pero hasta las últimas horas algunos no tenían la confirmación de seguir o sumarse. 

De todos modos, es inminente que se conozca el nuevo Gabinete, que se guardó bajo siete llaves. El cambio fuerte fue la salida de Miguel Arturo Thomas, quien estuvo al frente de la Dirección General de Rentas desde la génesis de la Renovación. 

Como reveló Economis, Thomas se acogió al retiro voluntario después de dos décadas al frente del organismo recaudador de impuestos y largas batallas, primero por el estado de las cuentas, heredadas de los 90, modelo al que siempre cuestionó, y después, con algunos sectores empresarios, que cuestionaban su celo recaudatorio. Pero ese celo aumentaba los recursos de la Provincia y su prestigio en el ámbito impositivo. Siempre se jactó de haber logrado desafiar a los grandes estudios jurídicos con el laberinto impositivo que no dejaba escapar una moneda. 

Picante siempre con los diputados de la oposición y con algunos cruces fuertes con el gobierno de Cambiemos, este año tuvo dos traspiés que lo debilitaron. El Gobernador le ordenó derogar una resolución que aplicaba retenciones por pago a cuenta a productores primarios monotributistas de la zona sur. El Presupuesto 2020 también le marcó la cancha al recortar poderes a Rentas para modificar y establecer alícuotas y regímenes vigentes, facultad que quedará en manos del Ministerio de Hacienda que puede fijar “mecanismos de control, autorización y análisis de los pagos operativos y de funcionamiento de la Dirección General de Rentas”. 

Será reemplazado por el joven contador Rodrigo Vivar -de 31 años-. Contador público recibido en la Universidad Nacional de Misiones en 2014 se especializó en gestión de empresas cooperativas. Trabaja en el Fondo de Crédito Misiones desde su creación y es docente ayudante en la cátedra de Macroeconomía, que lidera el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán, quien fue ratificado en su cargo.

La llegada de Vivar, un técnico joven sin perfil político, en reemplazo del experimentado Thomas, implicaría un nuevo perfil en la DGR: se quiere abrir las puertas y tener un vínculo más cercano con el golpeado sector empresario. No implicará cambios en la política fiscal, sino una apertura y diálogo que se había perdido. La economía misionera, vapuleada por la crisis y las asimetrías, necesita una coordinación permanente y no puede permitirse tener compartimentos estancos. 

La dinámica fronteriza obliga a reaccionar rápido. Por caso, los empresarios están preocupados por la embestida que viene de Brasil con las Lojas Free de frontera. Foz de Iguaçu será la primera ciudad en habilitarlo, con un límite de compras libre de impuestos de 800 dólares. Para Iguazú puede ser un golpe duro, pero también para el resto de las ciudades fronterizas donde florecerán esos locales. “De las tres provincias con ciudades espejo, Misiones es la más perjudicada. Debemos reaccionar rápido con Cancillería”, sostuvo el presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, quien recordó que hace dos años le hizo el planteo al vicejefe de Gabinete de Macri, Gustavo Lopetegui, en una reunión realizada en Chaco. Nunca hubo una respuesta. Lo mismo que con el artículo 10 de la ley Pymes. 

Volviendo al gabinete de Herrera, según pudo averiguar Economis, el jefe de Gabinete será Victor Kreimer en reemplazo de Adolfo Pischik y en sus cargos seguirán el ministro de Gobierno, Marcelo Pérez y el de Turismo, José María Arrúa, lo mismo que el de Industria, Luis Lichoski.

El empresario Nicolás Brea sonaba fuerte para reemplazar a Lanziani en energía. Candidato a intendente de Posadas, tiene una impronta profundamente misionerista en cuanto a las demandas de compensación y como empresario fue uno de los que comprendió la lógica de la política fiscal, justamente para cubrir las necesidades de Misiones ante las inequidades del federalismo argentino.

Hasta este sábado no había confirmación sobre el reemplazante de José Luis Garay, pero sería Sebastián Oriozabala el elegido. A Educación irá Miguel Sedoff -Ivonne Aquino vuelve a la Universidad- y a Desarrollo Social, Benilda Dammer, mientras que Lisandro Benmaor se hará cargo de la conducción del Instituto de Previsión Social, en reemplazo del vicegobernador electo, Carlos Arce. Rafael Morgenstern seguirá al frente de Deportes. 

Karina Aguirre será la nueva ministra de Acción Cooperativa, en reemplazo de la histórica Elida Vigo. Aguirre es de su equipo en el Sacra y secretaria de la Mujer de ese sindicato federal, además de abogada en el Instituto Hernando Arias de Saavedra.

No hay misterio en las incorporaciones ni en las ratificaciones. Es la continuidad de un proyecto político en el que apenas se acomodan algunas piezas.

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¿Qué tiene en la cabeza Martín Guzmán, el discípulo de Stiglitz que es ministro de Economía?

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El cargo más esperado en el ámbito nacional será ocupado por el licenciado Martín Guzmán, que tendrá la dura tarea de encender la economía, bajar la inflación, arreglar la deuda y corregir las cuentas fiscales, entre otras minucias.

Con apenas 37 años y sin experiencia en el ámbito político, Guzmán deberá lidiar con una de las inflaciones más altas del mundo, una actividad en caída libre y el desafío de renegociar una pesada deuda cuando asuma como ministro de Economía de Argentina.

Guzmán, que se graduó en la Universidad de La Plata y tiene un doctorado en Brown University, actualmente trabaja como investigador de la Universidad de Columbia, en el equipo del ganador del Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz.

Guzmán no es profesor en la Universidad de Columbia. Es investigador. Cuando completó su doctorado en Brown University, fue contratado por Stiglitz para incorporarse a su equipo y un proyecto sobre resoluciones deudas soberanas. El contrato inicial duró un año pero luego se quedó y escribieron varios libros en coautoría.

“Es alguien a quien en los últimos tiempos he consultado mucho por los problemas que tiene Argentina en materia de deuda”, dijo el viernes el presidente electo de centroizquierda, Alberto Fernández, al confirmar su designación.

Todas las noticias de estos días se enfocan en su opinión sobre la deuda externa y su reprogramación, pero fuera de esto Guzmán es un pensador muy prolífico y reconocido en lo más selecto de la academia internacional. Así que en el presente artículo trataremos (no es tarea fácil reducir un paper científico a columna de opinión) sacar de escritos suyos, lo que piensa de un tema fundamental para salir de esta crisis: El tipo de cambio adecuado que tiene que tener la Argentina.

Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago:

No hay que ir muy lejos para ver ejemplos de académicos brillantes que a la hora de ocupar un cargo ejecutivo terminaron con resultados lamentables: los recientes expresidente y vice del Banco Central; Federico Sturzenegger y Lucas Llach son un ejemplo de esto. 

También recuerdo en un reportaje al ex ministro Surrouille en que un periodista que lo cuestionaba porque no aplicaba cierta medida que había escrito, 

Éste le  contestó: “Quizás usted leyó hace poco lo que yo escribí hace mucho. Esto no desacredita la formación de nadie, pero a veces la coyuntura se torna más compleja de lo que estaba en el papel”.

Vamos a las ideas:

 Sobre el tipo de cambio:

Entre una Convertibilidad y un tipo de cambio alto Guzmán es claramente un defensor del tipo de cambio alto y competitivo como base para el crecimiento. Es obvio, esto en países como el nuestro favorece la rentabilidad de sectores exportadores tradicionales (de materias primas) y el desarrollo de sectores industriales con posibilidades de exportación (economías regionales).

 Esto ocurre en parte porque con el dólar alto los salarios en dólares son bajos, y por ende el costo de los exportadores disminuye; esto incentiva a mayores exportaciones y mayor entrada de dólares al país. La contracara es que el consumo interno (atado a los sueldos bajos en dólares disminuye y por ende perjudica a la producción que no tiene posibilidades de exportar sus bienes, como ahora). 

Pero ante esta paradoja, nuestro flamante ministro entiende que la mejor rentabilidad obtenida por los sectores exportadores no solo depende del trabajo del sector privado (los que producen soja por ejemplo) sino que también es consecuencia de una decisión política para que, mediante un tipo de cambio alto, estos mejoren, y que inevitablemente esta mejora en parte se produce en detrimento de los no exportadores (tanto trabajadores como empresarios orientados al mercado interno) Esto también resulta en una caída de la inversión de los segundos dado que el mercado interno se vuelve menos rentable.

La propuesta: ya la conocemos, gravar con impuestos a la exportación a los sectores tradicionales (entiéndase exportaciones agropecuarias) y en menor medida a sectores industriales que también exportan para volcar esos recursos vía créditos para inversión, educación, investigación y desarrollo para poder generar crecimiento de los sectores que no alcanzan el mercado externo.

Entiéndase que esto no es un castigo a los que exportan soja, dado que su actividad es muy importante para la entrada de divisas al país. Se trata de hacerles compartir su incremento de rentabilidad con los perjudicados, dado que en parte fue la política económica del dólar alto la que les permitió crecer.

Como dice en su paper que no se trate solo de recoger, sino de crear ganadores. 

No es menor el análisis de que el tipo de cambio alto para desarrollar la economía debe ser “estable”: bruscas devaluaciones pueden aumentar las exportaciones de lo que hay, pero nadie va a invertir en el sector exportador si el país devalúa, después congela, después devalúa y después congela el tipo de cambio. Nadie va a invertir en miras al desarrollo de la actividad económica exportadora o no, con un tipo de cambio tan volátil que un día te enriquece y al otro te funde.

Para finalizar no es menor su visión de la balanza de pagos, como por ejemplo es partidario de un fuerte control del ingreso de capitales especulativos que aumentan en épocas de auge económico y huyen profundizando la crisis como nuestra tristemente célebre “bicicleta financiera”. Propone evitar sus efectos y priorizar la inversión extranjera directa que es la que termina en inversión física estable.

En síntesis, tipo de cambio alto y estable: alto para competir y vender, y estable para que las empresas vean un horizonte e inviertan a largo plazo, más control de capitales especulativos.

Reconoce los efectos colaterales de esto y propone un sistema de compensación (no subsidios improductivos ojo, sino no sirve para nada) de los beneficiados a los otros para que se desarrollen también, para crear y no solo recoger ganadores.

Comparación odiosa: Macri tuvo un tipo de cambio totalmente inestable, con atrasos los dos primeros años y bruscos saltos los dos últimos, libre entrada y salida de capitales que terminó en la fuga más monstruosa que haya tenido la Argentina y nos quedamos con la deuda, eliminó las retenciones primero con lo cual no habría recursos para compensar a los sectores castigados, para al final volverlas a poner, no para créditos productivos y desarrollo, sino para pagar las consecuencias del absurdo manejo monetario.

No lo escribió hace mucho, el paper tiene dos años así que no hay excusa y dejo el link (en inglés).

https://www.nber.org/papers/w23868.pdf

Mucha suerte, señor Ministro, para que sus escritos se plasmen en políticas que den los resultados de sus escritos. Recuerde que el mejor equipo de los últimos 50 años también escribió mucho, aplicó poco y nada y así nos fue.

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