MEDIO ORIENTE

Ataques en Qatar e Irán sacuden el mercado del gas y colocan a Vaca Muerta en un nuevo mapa estratégico

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Los ataques a infraestructura energética en Qatar e Irán empezaron a producir algo más serio que un rebote de precios: reordenaron, al menos de manera incipiente, la conversación global sobre quién puede garantizar oferta de gas en un mundo atravesado por guerras, cuellos de botella logísticos y una transición energética todavía incompleta. En ese nuevo tablero, el dato político no es solo que el Brent haya superado los US$119 intradiarios o que el gas europeo haya tocado máximos de varios años. Lo central es que el conflicto alcanzó activos sensibles del sistema exportador de gas natural licuado y abrió una pregunta de fondo sobre abastecimiento, no únicamente sobre cotización. En ese escenario, Vaca Muerta empieza a ser leída como algo más que una promesa productiva argentina: aparece como una plataforma potencial en una geografía alejada de los focos de guerra, con capacidad de ganar valor estratégico si la crisis se prolonga.

Ras Laffan, Qatar e Irán: cuando el riesgo deja de ser financiero y pasa a ser físico

La alarma creció a partir del ataque a Ras Laffan Industrial City, en Qatar, señalado como el principal nodo exportador de GNL del mundo y sede de instalaciones clave como la planta Pearl GTL. La referencia no es menor. Si el conflicto alcanza ese tipo de infraestructura, ya no se discute solo la volatilidad habitual de los mercados energéticos frente a una escalada bélica. Lo que entra en juego es la integridad de una red que sostiene buena parte del abastecimiento internacional de gas.

Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, planteó esa diferencia con claridad. Según explicó, “la reacción de los mercados no puede interpretarse como un simple sobresalto geopolítico” porque lo que empieza a descontarse es una posible restricción física de oferta, en particular en gas. La observación importa porque marca un cambio de fase: cuando la amenaza deja de estar asociada únicamente al nerviosismo inversor y empieza a vincularse con la capacidad material de producir y exportar, el problema deja de ser transitorio.

En ese punto, el gas aparece más expuesto que el petróleo. Carnicer sostuvo que el petróleo conserva un mercado más flexible y mayor margen para redireccionar cargamentos, mientras que el gas depende de una cadena de infraestructura mucho más rígida. Esa diferencia técnica tiene traducción política y económica inmediata: si se afecta una gran planta exportadora de GNL, la tensión puede pasar rápidamente de los precios al abastecimiento.

El mercado ya reaccionó, pero el problema puede ser más profundo

La primera reacción fue visible. El Brent superó los US$119 intradiarios, el gas europeo escaló a máximos de varios años y el mercado estadounidense también registró subas. Sin embargo, el texto base sugiere que esa respuesta puede ser apenas la superficie de un problema más complejo.

Carnicer advirtió sobre un posible escenario de escasez si las interrupciones se prolongan. La definición es relevante porque no plantea solo una crisis de costos, sino un cuello de botella más severo. “Cuando el cuello de botella es material, la sustitución es más lenta, más cara y más incompleta”, señaló. Eso implica que, aun con mercados dispuestos a pagar más, la reposición de oferta no necesariamente será rápida ni suficiente.

Esa tensión modifica el marco en el que se moverán gobiernos, empresas y grandes consumidores. Ya no se trata solo de absorber una suba coyuntural en los valores de la energía. Lo que aparece es la posibilidad de una competencia más intensa por cargamentos en el mercado spot, presión sobre la generación eléctrica y márgenes más estrechos para los países que dependen del GNL importado para sostener su matriz.

La comparación con Europa muestra que esta vez el problema puede ser más severo

El paralelo con la crisis energética europea tras la guerra entre Rusia y Ucrania ayuda a dimensionar el problema, pero también marca una diferencia importante. Carnicer recordó que, en aquel caso, el gas existía, aunque se había roto la relación política y comercial entre las partes. En la crisis actual, en cambio, el riesgo potencialmente más grave reside en la afectación de la capacidad física de producir y exportar.

Ese matiz cambia la naturaleza del desafío. Cuando lo que se deteriora es la infraestructura crítica, las alternativas tardan más en aparecer y el costo de reemplazo crece. De allí surge una lectura más amplia sobre seguridad energética global: la concentración de oferta en pocos nodos y regiones expone al sistema a shocks de magnitud cuando alguno de esos centros entra en zona de guerra o amenaza permanente.

En otras palabras, el conflicto en Medio Oriente no solo impacta por su escala actual, sino porque desnuda una debilidad estructural del mercado mundial del gas. La arquitectura energética global sigue dependiendo de polos muy concentrados, y esa dependencia se vuelve más costosa cada vez que la geopolítica atraviesa el corazón mismo de la infraestructura.

Vaca Muerta gana centralidad en un tablero que exige diversificación

Es allí donde aparece Vaca Muerta. No como reemplazo inmediato de Qatar, algo que el propio Carnicer descartó, sino como una pieza que podría ganar peso dentro de una arquitectura energética más equilibrada. El especialista sostuvo que el yacimiento argentino adquiere valor estratégico por su escala, su productividad y, sobre todo, por estar ubicado lejos de los principales focos de conflicto.

La clave de esa afirmación no está solo en el potencial geológico. Está en la geografía y en el contexto. Si el mercado internacional empieza a internalizar que la infraestructura del Golfo puede convertirse en blanco recurrente, entonces toda nueva plataforma exportadora ubicada fuera de esa región mejora su posicionamiento estratégico. Dicho de otro modo, el valor de Vaca Muerta no depende únicamente de lo que produce, sino también de dónde está y de qué riesgo evita.

Ese cambio de percepción puede tener consecuencias concretas. Los proyectos de exportación de GNL en desarrollo en Argentina pasan a ser observados bajo otra lógica. Ya no solo como iniciativas de largo plazo para monetizar recursos, sino como parte de una discusión más amplia sobre confiabilidad del suministro y diversificación global de proveedores.

Qué implica para Argentina: oportunidad, pero también exigencia

La oportunidad existe, aunque el texto base también pone un límite a cualquier sobreactuación. Carnicer remarcó que Vaca Muerta no puede reemplazar en el corto plazo el volumen de Qatar. Esa precisión importa porque evita convertir una ventana estratégica en una ilusión desmedida. El reposicionamiento argentino, si ocurre, será gradual y dependerá de que los proyectos de exportación avancen con escala y consistencia.

Aun así, el nuevo contexto le agrega densidad política a la agenda energética local. Si el mercado global empieza a premiar diversificación geográfica y proveedores confiables, entonces la discusión sobre infraestructura, capacidad exportadora y desarrollo de GNL deja de ser solo un tema sectorial. Se convierte en una cuestión de inserción internacional y de oportunidad económica en un momento en que la seguridad energética vuelve al centro del debate global.

También cambia el tipo de competencia. La carrera ya no será únicamente por costos o productividad. Será por confiabilidad, estabilidad de oferta y capacidad de construir plataformas exportadoras en territorios menos expuestos a la disrupción bélica. En esa liga, Vaca Muerta puede ganar protagonismo si logra transformar su ventaja de recurso en capacidad concreta de abastecimiento.

Un sistema energético más vulnerable de lo que parecía

El trasfondo de todo esto es menos coyuntural de lo que sugieren los movimientos diarios del Brent o del gas europeo. Lo que dejan al descubierto los ataques en Qatar e Irán es una fragilidad de diseño. Hay demasiada oferta crítica concentrada en pocos nodos, y eso convierte a cada episodio militar en una amenaza sistémica.

Carnicer lo resumió al advertir que la seguridad energética del siglo XXI requerirá no solo más energías limpias, sino también mayor diversidad de proveedores confiables. La frase no discute la transición energética; la complejiza. Porque incluso en una matriz en transformación, el gas sigue siendo un insumo clave para generación eléctrica, industria y respaldo del sistema.

Por eso, el golpe sobre la infraestructura del Golfo no se lee solo como un evento regional. Funciona como una señal para gobiernos, mercados y empresas sobre el tipo de vulnerabilidades que seguirán marcando la agenda energética internacional.

Lo que habrá que mirar en las próximas semanas

En el corto plazo, habrá que seguir dos variables. La primera es la duración y profundidad de las interrupciones sobre la infraestructura energética atacada en Qatar e Irán. La segunda, cómo se reacomodan los compradores de GNL en un mercado spot que podría volverse más competitivo y más caro.

En paralelo, empezará a tomar forma otra discusión: si la crisis acelera decisiones de inversión en nuevos polos exportadores fuera del Golfo. Allí Vaca Muerta puede empezar a ser mencionada con mayor frecuencia, no como solución inmediata, sino como parte de una estrategia internacional de diversificación.

La oportunidad está abierta, pero todavía no cerró en forma de ventaja consolidada. Dependerá menos del impacto retórico del conflicto y más de la capacidad de transformar una ventana geopolítica en estructura exportadora real.

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La suba global de la urea golpea al trigo y pone en tensión la estrategia de dólares del Gobierno

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El aumento abrupto del precio internacional de la urea, insumo central para la producción de trigo y maíz, encendió una señal de alerta que excede al sector agropecuario: pone presión directa sobre la principal fuente de divisas del país. En medio de la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, la tonelada del fertilizante escaló desde niveles de US$450 hasta zonas de US$750, con valores recientes en torno a US$660. El dato llega en un momento clave —la planificación de la campaña fina— y abre una tensión de fondo: ¿puede sostenerse la apuesta oficial por la agroexportación sin herramientas de intervención sobre costos estratégicos?

El factor internacional que redefine los costos internos

El disparador no es local, pero el impacto sí lo es. La cadena global de fertilizantes quedó expuesta a la incertidumbre geopolítica, con el Estrecho de Ormuz como cuello de botella crítico: por allí circulan cerca de 16 millones de toneladas de fertilizantes, un tercio del comercio marítimo mundial, y más de dos tercios corresponden a urea.

Las disrupciones logísticas y la incertidumbre sobre el suministro de gas natural —insumo clave para la producción— elevaron el riesgo percibido de oferta. El resultado fue una suba generalizada de precios y una retracción en las operaciones: importadores y distribuidores locales comenzaron a frenar compras ante la falta de referencias claras.

Esa volatilidad internacional se traslada de manera directa al esquema productivo argentino, altamente dependiente de insumos importados en este rubro.

Trigo más caro, márgenes más finos

El impacto técnico es inmediato y cuantificable. En cultivos como el trigo, la fertilización representa hasta el 50% del costo de implantación y protección, mientras que en maíz ronda el 45%.

Con los nuevos valores de la urea, el costo del trigo podría aumentar en más de US$50 por hectárea. Esa suba desplaza los rindes de indiferencia entre 3 y 5 quintales por hectárea, obligando al productor a obtener mayores rendimientos en un contexto donde los márgenes ya estaban ajustados.

No es solo fertilizante. La suba del petróleo también presiona sobre combustibles y logística, encareciendo toda la estructura de costos de la campaña. El combo configura un escenario más exigente justo cuando el productor empieza a definir decisiones de siembra.

La variable política: menos herramientas, más exposición

El encarecimiento de la urea reabre un debate que el mercado venía observando en silencio: la salida de YPF de Profertil, la principal productora local de urea, concretada en diciembre pasado por unos US$600 millones.

Hasta entonces, la empresa abastecía alrededor del 25% de la demanda del agro local. La operación implicó que el Estado deje de tener participación directa en un insumo estratégico, en un contexto donde Argentina es importador neto de fertilizantes.

La decisión adquiere otra dimensión frente a la actual volatilidad. Sin capacidad de intervención directa sobre precios o abastecimiento, el esquema queda más expuesto a shocks internacionales. Y eso impacta en una variable central para el Gobierno: los dólares del agro.

Según proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el complejo agroindustrial esperaba generar más de US$34.500 millones en exportaciones en 2026. Pero ese cálculo parte de una estructura de costos que ahora cambia. Cada aumento en insumos críticos introduce incertidumbre sobre volúmenes, márgenes y, en última instancia, liquidación de divisas.

Repercusiones: tensión sobre la “fábrica de dólares”

El efecto no es inmediato en términos macroeconómicos, pero sí progresivo. Un mayor costo de producción puede traducirse en menor área sembrada o en una menor intensidad tecnológica, lo que impacta en los rindes.

En ambos casos, el resultado converge: menos producción potencial o menor eficiencia. Y eso repercute sobre el flujo de exportaciones, la recaudación y la disponibilidad de divisas para el Banco Central.

El sistema entra así en una zona de sensibilidad. El Gobierno depende del agro como principal generador de dólares, pero el agro depende de insumos cuyo precio escapa al control local. Esa dependencia cruzada se vuelve más visible cuando el contexto internacional se vuelve inestable.

Escenario abierto: decisiones bajo incertidumbre

La campaña fina empieza a definirse en las próximas semanas, pero el mercado de fertilizantes todavía no ofrece señales claras. En algunos casos, directamente no hay precios de referencia; en otros, se registran subas de entre US$50 y US$100 por tonelada en pocos días.

El productor, enfocado aún en la cosecha de maíz y el inicio de la soja, deberá tomar decisiones en un escenario donde los costos se mueven más rápido que los precios de los granos.

Habrá que observar si la volatilidad internacional se estabiliza o si se consolida un nuevo piso de costos. También si el mercado logra recomponer la oferta o si persisten las restricciones.

En paralelo, la discusión sobre el rol del Estado en insumos estratégicos podría volver a escena, no por definición ideológica sino por necesidad operativa. La ecuación es simple, pero no lineal: sin costos previsibles, la “fábrica de dólares” pierde potencia. Y ese es un dato que empieza a pesar en la política económica.

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El petróleo brent se dispara más del 10% y roza los 120 dólares por barril

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El barril de petróleo brent para entrega en mayo mantiene fuertes subidas este jueves y se dispara más del 10 %, con lo que roza los 120 dólares, afectado por el aumento de las tensiones en Oriente Medio tras los ataques producidos a instalaciones gasistas.

A las 10:45 horas, y según datos de Bloomberg recogidos por EFE, el precio del brent se dispara el 10,79 %, hasta los 119,05 dólares, aunque ha llegado a tocar un máximo en los 119,13 dólares.

Por su parte, el petróleo intermedio de Texas, el de referencia en Estados Unidos, también sube, aunque con menos fuerza. Avanza el 3,29 %, hasta los 99,49 dólares antes de la apertura oficial del mercado.

Asimismo, el precio del gas natural para entrega a un mes en el mercado TTF de Países Bajos, de referencia en Europa, también se dispara el 25,5 %, hasta los 68,6 euros por megavatio hora (MWh).

El precio del crudo y del gas mantienen este jueves la escalada que ya registraron en la víspera, ante el recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, con ataques cruzados a infraestructuras energéticas.

En la víspera, Israel y Estados Unidos atacaron instalaciones gasistas iraníes, entre ellas al campo de gas natural South Pars (Pars Sur) en el golfo pérsico de Irán.

Trump asegura que desconocía el ataque

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este miércoles que no tenía conocimiento del ataque que Israel ejecutaría sobre el campo de gas natural Pars Sur en el golfo pérsico que Irán comparte con Catar.

En una publicación donde Trump se desliga del ataque indicó que: «Israel, enfurecido por lo ocurrido en Oriente Medio, atacó una importante instalación en Irán conocida como el campo de gas Pars Sur. Solo una pequeña parte resultó dañada».

El mandatario insistió en que su país no tenía «conocimiento previo del ataque» y que «Irán, sin conocer los hechos, respondió atacando injustificadamente una parte de la planta de gas natural licuado de Catar.»

«Israel no volverá a atacar el campo de gas Pars Sur, de vital importancia, a menos que Irán decida imprudentemente atacar a un país inocente, en este caso Catar», agregó el republicano.

Un yacimiento clave

En términos de capacidad, South Pars constituye la sección iraní del mayor yacimiento de gas natural del planeta, compartido con Qatar a través del golfo Pérsico.

El miércoles, QatarEnergy informó que los proyectiles iraníes contra Ras Laffan, el principal núcleo de procesamiento de gas natural licuado (GNL) del país, ocasionaron “daños extensos” en sus instalaciones. Al mismo tiempo, las autoridades saudíes confirmaron la destrucción de cuatro misiles balísticos dirigidos contra Riad y frustraron un ataque con drones en una planta de gas.

Irán amenaza con destruir el sector energético del Golfo

La Guardia Revolucionaria iraní aseguró este jueves que seguirá atacando la infraestructura energética de los aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico hasta su «completa destrucción», si se repiten los ataques contra instalaciones de Irán.

«Les advertimos una vez más que han cometido un grave error al atacar la infraestructura energética de la República Islámica. Si esto se repite, no cesaremos en los ataques contra su infraestructura energética y la de sus aliados hasta su completa destrucción», advirtió en un comunicado publicado por la agencia Fars.

Irán atacó en la noche del miércoles la refinería de Ras Laffan en Catar, entre otros objetivos, en respuesta a un bombardeo previo contra las instalaciones gasísticas de Pars Sur, en la costa sur iraní.

La Guardia Revolucionaria amenazó con una respuesta «mucho más severa» la próxima vez en caso de que sus instalaciones vuelvan a ser atacadas.

En su mensaje, el cuerpo militar de elite indicó que «no tenía intención de extender el alcance de la guerra a las instalaciones petroleras ni de perjudicar las economías de los países amigos y vecinos», pero que con la agresión a Pars Sur, considera que se ha entrado «en una nueva fase de la guerra».

«La necesidad de defender la infraestructura iraní nos obligó a atacar las instalaciones energéticas vinculadas a Estados Unidos y a sus socios», subrayó.

Arabia Saudí dice que dos refinerías en Riad han sido atacadas

Arabia Saudí dijo este jueves que dos de sus refinerías en Riad han sido atacadas, según recogió la cadena Al Jazeera, mientras el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, afirmó que el país se reserva el derecho de emprender acciones militares contra Irán si fuera necesario.

«Atacar Riad mientras varios diplomáticos se encuentran reunidos no puedo verlo como coincidencia y creo que es la clara señal sobre lo que Irán piensa de la diplomacia. No cree en hablar con sus vecinos, intenta presionarlos», aseveró Faisal bin Farhan Al Saud al término de una reunión de cancilleres de países árabes y musulmanes en la capital saudí, según muestra un video difundido por Al Jazeera.

«No va a funcionar, el reino no va a sucumbir a la presión. Por el contrario, esta presión será contraproducente», añadió, elevando el tono con Teherán, antes de asegurar que Arabia Saudí se reserva el derecho de tomar acciones militares si fuera necesario.

El canciller saudí dijo que dos refinerías de Riad fueron alcanzadas por ataques, en declaraciones a la prensa posteriores al mencionado encuentro recogidas por Al Jazeera.

Tendencia alcista

De acuerdo con declaraciones de Donald Trump, presidente de Estados Unidos al cierre del miércoles, fue Israel quien realizó el ataque a South Pars. Trump puntualizó que Estados Unidos y Qatar no participaron en la operación. Además, advirtió que el gobierno israelí no emprendería nuevas acciones contra la infraestructura iraní en South Pars salvo que Irán atacara territorio catarí. Trump dejó claro que Estados Unidos respondería si Irán actúa contra Doha, capital de Qatar.

Tina Teng, estratega de mercado consultado por Reuters, sostuvo que la tendencia alcista en los precios del petróleo persistirá mientras los ataques iraníes sigan impactando la infraestructura energética de la región y no existan señales inmediatas de distensión ni se reabra el estratégico estrecho de Ormuz, paso crucial para el tránsito petrolero mundial.

Trump evalúa el despliegue de miles de soldados estadounidenses en Oriente Medio como reacción a este nuevo escenario. Entre las opciones en estudio figuran operaciones para asegurar la navegación segura de los petroleros a través del estrecho de Ormuz, que podrían implicar el uso de fuerzas aéreas y navales e, incluso, un refuerzo de tropas terrestres.

Paralelamente, la Reserva Federal mantuvo el miércoles los tasas de interés sin cambios y reflejó en su discurso una actitud restrictiva derivada de la incertidumbre provocada por la guerra. La institución prevé una mayor inflación y sigue de cerca los efectos económicos de la escalada militar en la región.

Priyanka Sachdeva, analista de Phillip Nova, advirtió que “la escalada en Medio Oriente, los ataques precisos contra la infraestructura petrolera y la muerte de líderes iraníes apuntan a una interrupción prolongada del suministro de petróleo”. El temor a una prolongada inestabilidad geopolítica, sumado al riesgo de daños continuados en instalaciones críticas, condiciona el futuro inmediato del mercado energético.

El episodio ha supuesto una alteración significativa en la dinámica de precios del petróleo a escala global, reforzando el liderazgo del Brent sobre el WTI y anticipando escenarios de inflación y mayores costos de energía si las hostilidades persisten.

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Por la guerra en Medio Oriente, la Fórmula 1 suspendió los Grandes Premios de Arabia Saudita y Bareín

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La organización de la Fórmula 1 confirmó que no se disputarán los Grandes Premios de Arabia Saudita y Bareín debido a la guerra que se está desarrollando en Medio Oriente en estas últimas semanas.

La máxima categoría del automovilismo confirmó esta suspensión en sus redes sociales debido a la escalada bélica del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y aseguró que no habrá sustituciones en el calendario y serán dos fechas menos en la temporada.

Estas dos fechas, de las principales en el siglo XXI en la Fórmula 1, se iban a disputar el próximo 12 y 19 de abril. En su comunicado, la organización aseguró que “los Grandes Premios de Baréin y Arabia Saudí no se celebrarán en abril. Debido a la situación actual en Oriente Medio, los Grandes Premios, junto con las rondas de la F2, la F3 y la Academia de la F1, no se celebrarán según lo previsto. Aunque se consideraron alternativas, no se realizarán sustituciones en abril”.

El conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel

La escalada del conflicto bélico, con bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán y el asesinato del líder iraní Ali Khameneí hace algunas semanas, agudizaron la situación y provocaron esta decisión de la Fórmula 1.

Además, la navegación en el estrecho de Ormuz se ha complicado y el traslado de los equipos se dificulta, sumado a que las escuderías ya tenían buena parte de su instrumentación varada en Baréin debido a que allí se realizaron los test de pretemporada y ahora deberán resolver cómo lo retiran antes de que el conflicto bélico se agudice.

Esta suspensión de los Gran Premio de Arabia Saudita y Bahréin significan el primer coletazo oficial que tiene el conflicto bélico de Medio Oriente en el deporte mientras se potencian las chances de que la Finalissima de fútbol masculino entre Argentina y España no se dispute en Qatar como estaba prevista y la selección de Irán se baje del Mundial de fútbol que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá en junio.

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Irán no participará del Mundial de fútbol

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Ahmad Doyanmali, ministro de Deportes, afirmó que el seleccionado de su país no asistirá a la máxima cita del deporte, tras los ataques de Estados Unidos e Israel que provocaron una guerra en Medio Oriente.

Ahmad Doyanmali, ministro de Deportes de Irán, afirmó que su país no jugará el Mundial 2026 mediante un durísimo comunicado contra Estados Unidos, que horas antes le había abierto las puertas: “Dado que este gobierno corrupto ha asesinado a nuestro líder (Alí Jamenei), no hay condiciones de que podamos participar”. 

Doyanmali continuó: “Se nos han impuesto dos guerras en ocho o nueve meses y varios miles de nuestros ciudadanos han sido asesinados. Por lo tanto, no tenemos ninguna posibilidad de competir de esta manera. Finalmente, aseguró: “Si el país organizador fuera otro, seguramente la comunidad internacional habría reaccionado y le habría retirado la sede”en diálogo con la Agencia Alemana de Prensa. 

Estados Unidos realizó dos ofensivas contra el régimen iraní desde que Trump asumió su segundo mandato. Primero, se desarrolló la Operación Martillo de Medianoche, que inició uy terminó el 22 de junio de 2025 y consistió en bombardeos a tres centrales nucleares del país de Medio Oriente. Segundo, la guerra que inició el 28 de febrero y aún sigue en pie. De hecho, en las últimas horas, el mandatario republicano prometió represalias “nunca antes vistas”. 

Por otra parte, el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, preguntó: “¿Qué persona sensata enviaría a su selección nacional a Estados Unidos si la Copa del Mundo fuera tan política como lo fue la Copa de Asia?”. En Australia, el equipo femenino iraní no cantó el himno de su nación y seis jugadoras le solicitaron asilo al gobierno de Anthony Albanese. 

Los Leones de Persia se habían clasificado para el Grupo G de la máxima cita del deporte, que iniciará el 11 de junio, y sus tres partidos obligatorios eran en Estados Unidos. Según su calendario, tenían que enfrentar a Nueva Zelanda y Bélgica en Los ángeles y a Egipto en Seattle

Minutos antes de las palabras de Doyanmali, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, había revelado“Ayer me reuní con el presidente Trump. Hablamos sobre la actual situación en Irán y el hecho de que su equipo haya clasificado para participar de la Copa del Mundo. Durante la conversación, Trump reiteró que su combinado es, por supuesto, bienvenido a competir”. 

Sin embargo, los ciudadanos iraníes no son habilitados a entrar en Estados Unidos por el sistema de visados, que la administración de Trump volvió más estrictos y también afecta a Haití, Senegal o Costa de Marfil, también clasificados a la cita. 

Ahora, la FIFA debe buscar un sustituto. El apartado 6.7 del reglamento especifica que “si una federación participante se retirara o quedara excluida del Mundial de la FIFA 26, la FIFA decidirá a su entera discreción al respecto y emprenderá las acciones que considere necesarias. La FIFA podrá decidir, en particular, sustituir dicha federación por otra”.

¿Qué equipos podrían verse favorecidos por esa retirada? Si se mantiene el cupo otorgado a la Confederación Asiática (8.5 plazas), la mejor posicionada sería la selección de Irak, que se ganó el derecho a jugar el repechaje internacional, el próximo 31 de marzo contra el ganador de la semifinal entre Bolivia y Surinam. En ese caso, podría acudir a esa repesca el equipo de Emiratos Árabes, que perdió ante Irak el ‘play-off’ de la zona asiática.

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