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YPF coloca US$1.200 millones y extiende su deuda hasta 2035

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YPF consiguió una señal relevante en los mercados internacionales: colocó bonos por US$1.200 millones a nueve años, con vencimiento en junio de 2035, y recibió ofertas por hasta US$2.200 millones. La operación se convirtió en la mayor emisión corporativa argentina desde 2015 y le permite a la petrolera mejorar el perfil de vencimientos mientras obtiene recursos para sostener su expansión.

La compañía realizó la colocación después de mantener durante dos jornadas reuniones con más de 50 inversores en Nueva York. La demanda alcanzó casi el doble del monto finalmente emitido, un dato que la conducción de YPF interpretó como una señal de confianza del mercado en la evolución de la compañía y en el desarrollo energético argentino.

“Esto es una señal enorme de la confianza que el mercado tiene en nuestra compañía, en nuestro presente y en el futuro que estamos construyendo”, afirmó Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, al comunicar la operación.

El bono fue emitido a una tasa de interés del 7,55%, mientras que la tasa efectiva alcanzó el 7,85%, que representa el costo real de la financiación para la empresa. Otro dato relevante aparece en el diferencial respecto de los bonos del Tesoro de Estados Unidos: fue de 300 puntos básicos, el menor “riesgo YPF” registrado hasta ahora en el mercado internacional. El antecedente inmediato era de 375 puntos básicos, alcanzado en diciembre de 2017.

Refinanciar hoy para liberar caja mañana

La operación tiene una doble función financiera. Una parte de los US$1.200 millones permitirá cancelar anticipadamente dos obligaciones negociables internacionales cuyos vencimientos estaban previstos entre 2027 y 2029. YPF reemplaza así compromisos relativamente cercanos por una deuda con vencimiento en 2035.

El movimiento no elimina el endeudamiento, pero modifica su estructura temporal. La petrolera extiende la vida promedio de sus obligaciones y reduce la concentración de vencimientos en los próximos años, al mismo tiempo que conserva recursos para financiar su crecimiento.

Los fondos restantes estarán destinados al Plan 4×4, la hoja de ruta con la que la compañía busca acelerar su desarrollo productivo. En términos financieros, la emisión combina entonces administración del pasivo con financiamiento de capital de crecimiento.

La diferencia es importante para una empresa que pretende aumentar su escala de producción: el acceso al mercado internacional no funciona únicamente como una fuente de liquidez, sino también como una herramienta para ordenar el calendario de pagos mientras se financian nuevos activos productivos.

Vaca Muerta aparece como el próximo salto

La estrategia financiera de YPF está vinculada con una apuesta de mayor escala: transformar el gas de Vaca Muerta en una fuente estructural de exportaciones.

Durante el Forbes Energy Summit 2026, Marín señaló que Argentina LNG constituye la principal prioridad estratégica de la petrolera y confirmó que la empresa preparaba la documentación para presentar el proyecto al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

El proyecto contempla procesar gas de Vaca Muerta, convertirlo en gas natural licuado y exportarlo desde la costa de Río Negro. YPF lo presentó en agosto junto con la italiana ENI y XRG, el brazo inversor de la emiratí ADNOC, con una inversión estimada en US$51.000 millones.

La iniciativa prevé una capacidad inicial de producción de 12 millones de toneladas anuales de GNL, con posibilidad de alcanzar 18 millones en una segunda etapa. Según las proyecciones mencionadas por la compañía, cuando llegue a su capacidad plena, prevista entre 2029 y 2031, podría generar exportaciones anuales por US$10.000 millones durante dos décadas.

Marín afirmó que la decisión final de inversión, conocida como FID, está prevista antes de fin de año. Esa instancia será determinante porque marca el momento en que los socios del proyecto definen si están dadas las condiciones para avanzar con el desarrollo.

Más equipos para sostener el crecimiento

La expansión financiera se corresponde con una aceleración de la actividad productiva. YPF pasó de operar con 12 equipos de perforación a fines de 2025 a contar con 16 en agosto de este año.

El objetivo de la compañía es cerrar 2026 con entre 18 y 19 equipos y alcanzar 21 equipos en febrero de 2027. La evolución de ese indicador es relevante porque refleja la capacidad de la petrolera para ampliar la actividad sobre Vaca Muerta y sostener el crecimiento de producción.

La nueva deuda aporta parte de los recursos necesarios para ese proceso. El desafío será que la expansión productiva permita generar los flujos suficientes para sostener una estructura financiera más larga y, al mismo tiempo, financiar nuevos proyectos.

En ese esquema, el Plan 4×4 aparece como el puente entre la administración financiera y el crecimiento operativo. La compañía busca aumentar escala, mejorar productividad y consolidar una plataforma capaz de sostener proyectos de exportación de largo plazo.

El mercado internacional mira algo más que a YPF

La colocación de YPF coincidió con otra operación significativa: Mercado Libre emitió bonos por US$1.000 millones con vencimiento en 2036. En conjunto, ambas emisiones representaron US$2.200 millones en el mercado internacional.

Pero para YPF el dato central está en las condiciones obtenidas. El diferencial de 300 puntos básicos frente a los bonos estadounidenses constituye una referencia sobre cómo el mercado está valorando el riesgo de la compañía y, en términos más amplios, la posibilidad de financiar proyectos vinculados con la expansión energética argentina.

El antecedente histórico también aporta perspectiva. La única colocación corporativa argentina superior a la actual fue realizada por la propia YPF en 2015, cuando obtuvo US$1.500 millones.

Ahora la petrolera consiguió US$1.200 millones con un plazo de nueve años y un vencimiento que se extiende hasta 2035. La combinación entre demanda, plazo y diferencial de tasa le permite reforzar su estructura financiera en un momento en que su estrategia apunta mucho más allá de la producción local de hidrocarburos.

De la deuda al financiamiento de una plataforma exportadora

La operación muestra una transformación en la lógica financiera de YPF. El acceso a deuda internacional no aparece solamente como una herramienta para cubrir necesidades inmediatas: también forma parte de una estrategia para financiar una expansión que tiene como horizonte Vaca Muerta, el crecimiento de la producción y la eventual exportación masiva de GNL.

El resultado dependerá de la capacidad de la compañía para convertir ese financiamiento en mayor producción, flujo de fondos y proyectos de exportación. En particular, Argentina LNG concentra una apuesta de escala que puede modificar la inserción energética del país si logra atravesar las próximas etapas de inversión.

Por ahora, YPF consiguió algo más concreto y medible: US$1.200 millones de financiamiento, una demanda de US$2.200 millones, un costo efectivo del 7,85% y el menor diferencial histórico frente al Tesoro estadounidense. La siguiente etapa será transformar ese acceso al capital en más barriles, más gas y, sobre todo, una mayor capacidad argentina para generar divisas a partir de Vaca Muerta.

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Piporé, la única yerba argentina que llega a las Islas Malvinas

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Mientras el Gobierno nacional anuncia mayores sanciones contra las empresas que operan en las Islas Malvinas y promete utilizar todas las herramientas del Estado para defender la soberanía argentina, una marca profundamente misionera mantiene una presencia singular en el archipiélago: la yerba Piporé, de Santo Pipó.

La revelación la hizo Raúl Karaben, socio de la cooperativa yerbatera, durante el encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas que se realiza en Puerto Iguazú. Allí aseguró que Piporé es la única yerba mate que se comercializa en las islas, aunque no llega directamente desde la Argentina continental.

“Piporé se vende en las Islas Malvinas. Nosotros abastecemos a los chilenos, vendemos muy bien en Chile y Punta Arenas”, explicó Karaben. Desde ese extremo austral, la yerba cruza hacia el archipiélago y encuentra consumidores en un territorio atravesado nuevamente por la tensión diplomática.

El dato apareció en medio de una exposición destinada a explicar el negocio yerbatero, pero adquirió una dimensión política inevitable. En el auditorio estaba Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado y uno de los principales impulsores de los cambios que quitaron al Instituto Nacional de la Yerba Mate sus facultades para ordenar el mercado y establecer precios de referencia.

Pero Karaben no se refugió únicamente en el costado exitoso del negocio exportador. Cuando describió la situación interna, eligió una definición brutal: “El precio está para el tujes”. Según el empresario, el productor percibe apenas un tercio de lo que cobraba cuatro años atrás y esos ingresos “no le alcanzan para lo más mínimo”.

Karaben evitó atribuir el derrumbe exclusivamente a las decisiones del Gobierno nacional. “¿Es producto del Gobierno? No. La yerba tiene ciclos”, sostuvo. Explicó que el mercado pasó de una etapa de escasez a otra de sobreoferta: la producción aumentó de unos 800 millones a aproximadamente 980 millones de kilos y, con más materia prima disponible, el precio se desmoronó.

El ajuste, advirtió, recae primero sobre el eslabón más débil. “Pierde el más chiquito”. Son cerca de 12.000 productores y son ellos, especialmente los de menor escala, quienes atraviesan el momento más crítico. Pero el impacto alcanza finalmente a toda la cadena. “Estamos mal porque la yerba está mal. El mal precio es para todos”, resumió.

Su mirada también chocó con la propuesta del Gobierno de Misiones de recuperar un valor obligatorio para la materia prima. “Poner un precio mínimo es una pavada”, lanzó. Argumentó que los precios fijados administrativamente pueden terminar eludiéndose mediante acuerdos informales o notas de crédito posteriores. Desde esa perspectiva, establecer un valor de referencia no resuelve el desequilibrio de fondo ni responde la pregunta central: quién pagará efectivamente el precio mínimo que reclama la Provincia.

Karaben cuestionó, además, el cruce de responsabilidades entre Posadas y Buenos Aires. Consideró que la Provincia “le tira la pelota a la Nación”, aunque el problema no haya sido originado exclusivamente por el Gobierno nacional. Recordó que la yerba atravesó una etapa de precios muy favorables que impulsó nuevas plantaciones y amplió la oferta hasta superar la capacidad de absorción del mercado.

“¿La responsabilidad la tiene el Gobierno? No, pero sí, porque no hace nada para atender la problemática”, planteó. La frase condensó su diagnóstico: el Estado no creó por sí solo la crisis, pero tampoco puede desentenderse de sus consecuencias sobre miles de familias productoras.

La crítica más dura quedó dirigida hacia la política productiva provincial. “Misiones no tiene política agraria”, sentenció Karaben. Para el dirigente cooperativista, la crisis de la yerba mate es apenas la manifestación más visible de una debilidad estructural: la falta de diversificación. “No se puede vivir de un monoproducto”, advirtió.

La escena concentró varias de las contradicciones que rodean a la actividad. Piporé habló de exportaciones y expansión internacional frente al funcionario que condujo la apertura del mercado interno, mientras los productores misioneros denuncian una fuerte caída del precio de la hoja verde y reclaman nuevas herramientas de regulación.

Karaben describió una actividad con características difíciles de encontrar en otros sectores productivos. La yerba mate no ofrece resultados inmediatos: es un árbol que requiere alrededor de cinco años antes de entregar su primera cosecha comercial, pero luego puede mantenerse productivo durante cuatro décadas.

Esa espera inicial condiciona las decisiones de inversión y limita la capacidad de reaccionar rápidamente ante los movimientos del mercado. Cuando los precios caen, el productor no puede sustituir de inmediato el cultivo. Cuando la demanda aumenta, tampoco es posible multiplicar la oferta de una temporada a otra.

La producción se concentra prácticamente en tres países: la Argentina, Brasil y Paraguay. Dentro del mercado argentino, aproximadamente el 85 por ciento de la yerba mate se cultiva en Misiones.

Brasil, que durante años tuvo un peso mayor dentro del mapa regional, redujo parte de su superficie yerbatera ante el avance de la soja. De ese modo, el grueso de la producción quedó concentrado en la Argentina y, especialmente, en suelo misionero.

Karaben también describió un proceso de concentración productiva. Los primeros ocho establecimientos representan alrededor del 75 por ciento de la producción, mientras que los quince principales reúnen cerca del 90 por ciento.

La yerba mate, además, se mueve dentro de un mercado interno relativamente inelástico. El consumo argentino presenta pocas variaciones estructurales y deja escaso margen para crecer únicamente dentro del país.

“Si alguien sube, le ganó a otro”, resumió Karaben. En otras palabras, cuando una marca aumenta su participación, generalmente lo hace desplazando a un competidor, no porque se haya ampliado considerablemente el consumo total.

Por esa razón, la exportación se convirtió en una pieza estratégica.

El largo viaje hacia el mundo árabe

Piporé construyó una presencia especialmente fuerte en los países árabes. La relación tiene raíces históricas y comenzó a consolidarse después de la Segunda Guerra Mundial, cuando numerosos inmigrantes sirios y libaneses que habían vivido en la Argentina regresaron a sus lugares de origen llevando consigo el hábito de tomar mate.

Ese consumo, nacido de la experiencia migratoria, se transmitió entre generaciones y atravesó fronteras. En la actualidad, la yerba llega a más de 25 países del mundo árabe.

La guerra en Siria produjo nuevos desplazamientos poblacionales y contribuyó a expandir el consumo hacia otros destinos. El mate acompañó a esas comunidades como una marca de identidad, del mismo modo que sucede con los argentinos que viven en el exterior.

Karaben identificó así dos grandes perfiles entre los consumidores internacionales: el argentino nostálgico que busca sostener sus costumbres y el consumidor árabe que incorporó la yerba como parte de su propia tradición familiar.

La cooperativa también exporta a mercados alejados del consumo histórico sudamericano, entre ellos Alemania, Bulgaria, Dinamarca, Noruega y Canadá. Chile ocupa un lugar central dentro de esa estrategia, especialmente el sur del país.

Desde allí se produce la conexión más inesperada: Punta Arenas funciona como puerta de entrada de Piporé hacia las Islas Malvinas.

La presencia de Piporé en las islas aparece justo cuando la cuestión Malvinas volvió al centro de la agenda nacional. El presidente Javier Milei anunció el endurecimiento de las sanciones contra compañías que desarrollen actividades sin autorización argentina y anticipó mayores recursos para avanzar con una base naval en Tierra del Fuego.

En ese contexto, la ruta comercial de la yerba expone una paradoja. Una cooperativa nacida en Misiones, propiedad de productores argentinos y estrechamente ligada a una de las economías regionales más representativas del país, llega al territorio a través del circuito comercial chileno.

No se trata de una operación directa con origen argentino hacia las islas, sino de la expansión regional de una marca que logró instalarse con fuerza en el mercado austral. Desde Punta Arenas, el producto continúa un recorrido que termina colocando yerba misionera en las góndolas malvinenses.

Piporé, próxima a cumplir 96 años de historia, se convirtió así en una inesperada avanzada argentina. No lleva discursos ni documentos diplomáticos. Lleva yerba mate.

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Fabricaciones Militares proyecta pérdidas operativas por más de $30.000 millones, pero apuesta a la exportación y al ingreso de capital privado

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En un escenario internacional marcado por el incremento del gasto en defensa y el rearmamento de numerosos países, el Gobierno nacional aprobó el Plan de Acción y Presupuesto 2026 de Fabricaciones Militares Sociedad Anónima Unipersonal (FM SAU), una empresa estratégica para la producción de bienes destinados a la defensa, la seguridad, la minería, la industria química y la metalmecánica. El desafío es tan claro como complejo: transformar una compañía con pérdidas operativas en un actor competitivo capaz de insertarse en mercados globales.

A través de la Resolución 1172/2026 del Ministerio de Economía, se oficializó el presupuesto de la empresa, que dependerá de un delicado equilibrio entre mayores ventas, aportes del Estado y una estrategia de internacionalización para sostener su funcionamiento. El plan refleja una realidad conocida por buena parte de las empresas públicas industriales: el mercado interno resulta insuficiente para financiar las inversiones necesarias para crecer.

Los números muestran esa tensión. Fabricaciones Militares proyecta ingresos operativos por 42.081 millones de pesos, mientras que sus gastos de operación ascenderán a 72.545 millones, lo que arroja una pérdida operativa estimada de 30.463 millones de pesos.

Sin embargo, el resultado cambia cuando se incorpora la asistencia del Estado. El presupuesto contempla 23.000 millones de pesos en transferencias corrientes de la Administración Nacional, que reducen significativamente el desequilibrio económico. Aun así, el ejercicio cerraría con un desahorro de 8.434 millones de pesos, mientras que el resultado financiero proyectado muestra un superávit cercano a los 976 millones, producto principalmente de recursos de capital y movimientos financieros previstos para el ejercicio.

Más allá de las cifras presupuestarias, el documento estratégico deja en claro cuál será la hoja de ruta de la empresa. Fabricaciones Militares reconoce que el actual contexto internacional, atravesado por conflictos geopolíticos y un creciente proceso de rearme, genera una demanda sostenida de productos vinculados con la defensa y la seguridad. Bajo ese diagnóstico, la compañía sostiene que mantiene negociaciones con actores internacionales para incorporar capital, tecnología y acceso a nuevos mercados.

La estrategia oficial también implica un cambio de enfoque comercial. La empresa buscará concentrar sus esfuerzos en las líneas de negocio de mayor volumen de ventas, aplicar políticas de precios más competitivas y diversificar su oferta para fortalecer su presencia tanto en el mercado argentino como en el exterior. Según el plan aprobado, la sostenibilidad futura dependerá en gran medida de consolidar alianzas estratégicas con empresas internacionales capaces de aportar financiamiento y ampliar la escala productiva.

El documento admite además una limitación estructural: el mercado doméstico no genera el volumen suficiente para financiar la modernización de las plantas industriales. Por ese motivo, el Gobierno plantea como objetivo atraer inversiones privadas —nacionales y extranjeras— que permitan expandir la capacidad instalada, incorporar tecnología, reducir costos y aumentar la competitividad internacional de la empresa.

En materia laboral, Fabricaciones Militares mantendrá una dotación de 950 trabajadores, de los cuales apenas 20 integran la planta permanente y 930 corresponden a personal temporario, según las proyecciones oficiales. El gasto en remuneraciones alcanzará los 34.553 millones de pesos, convirtiéndose en uno de los principales componentes del presupuesto operativo.

La inversión en bienes de capital, en cambio, será moderada. El presupuesto destina 335 millones de pesos exclusivamente a la adquisición de maquinaria y equipamiento, sin contemplar nuevas construcciones o ampliaciones edilicias durante 2026.

Otro dato relevante es que la empresa no prevé tomar nueva deuda durante el ejercicio. La estrategia financiera estará basada en mejorar la administración de activos, optimizar la liquidez y sostener el funcionamiento mediante recursos propios, aportes estatales y eventuales asociaciones con capital privado.

El presupuesto aprobado deja una lectura de fondo sobre el rol que el Gobierno asigna a Fabricaciones Militares. Lejos de plantear un esquema de mera asistencia fiscal, la estrategia apunta a convertir a la empresa en un proveedor competitivo para industrias de defensa y seguridad que hoy experimentan una expansión global. El interrogante será si esa oportunidad internacional alcanza para compensar las debilidades estructurales del mercado local y transformar un déficit operativo superior a los 30.000 millones de pesos en un modelo económicamente sustentable.

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El Mundial de la Yerba Mate busca posicionar producto insignia de Misiones bajo estándares globales de calidad

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La yerba mate tendrá por primera vez su propia competencia internacional. Del 5 al 7 de junio, el Museo del Mate, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, será escenario de la primera edición del Mundial de la Yerba Mate, una iniciativa que busca dar un salto conceptual en la forma en que se presenta y posiciona uno de los productos más emblemáticos de la agroindustria argentina.

La propuesta combina un certamen técnico de alcance internacional con un Fan Fest abierto al público y apunta a instalar una nueva discusión dentro de la cadena productiva: cómo transformar a la yerba mate de una bebida profundamente arraigada en la cultura regional en una categoría global con estándares de calidad, evaluación sensorial y diferenciación comercial comparables a los que hoy poseen industrias como la del vino, el café o los destilados.

Durante tres jornadas, más de 80 productores de distintos países presentarán muestras de yerba mate y productos derivados que serán sometidos a un sistema de evaluación técnica a ciegas. Un jurado internacional analizará cada producto bajo parámetros previamente establecidos, con el objetivo de otorgar reconocimientos en función de la calidad alcanzada y no por comparación directa entre competidores.

El modelo busca introducir herramientas de mejora continua para las empresas participantes. Además de las medallas, los productores recibirán devoluciones técnicas que permitirán identificar fortalezas y oportunidades de desarrollo en sus productos.

Detrás de la iniciativa se encuentra una mirada estratégica sobre el futuro de la actividad. El sommelier de mate y organizador del evento, Martín Gómez, sostiene que la industria debe comenzar a pensarse desde una lógica de valorización global. En ese sentido, el Mundial propone correr el eje del ritual tradicional para enfocarse en la materia prima, sus atributos sensoriales, sus procesos de elaboración y su potencial comercial.

La apuesta adquiere especial relevancia para Misiones, responsable de más del 80% de la producción nacional de yerba mate. Mientras el mercado interno muestra niveles de consumo cercanos a la saturación, con una penetración superior al 90% de los hogares argentinos, el crecimiento futuro aparece vinculado a la expansión internacional y al desarrollo de nuevos formatos de consumo.

Por eso, uno de los aspectos más innovadores del certamen será la incorporación de categorías vinculadas a bebidas listas para consumir, aplicaciones gastronómicas y desarrollos industriales derivados de la yerba mate. Se trata de segmentos que crecen en mercados externos donde el producto es percibido principalmente como un alimento funcional asociado a la energía natural, el bienestar y los hábitos saludables.

La iniciativa también incorpora una dimensión de construcción de marca país. Según los organizadores, existen conversaciones para que futuras ediciones cuenten con actividades simultáneas en distintos mercados internacionales e incluso con subsedes dentro de Argentina. El objetivo es convertir al Mundial en una plataforma permanente de promoción comercial y posicionamiento global.

En términos económicos, la propuesta dialoga con algunos de los desafíos estructurales de la cadena yerbatera: agregar valor, diversificar destinos de exportación y reducir la dependencia de los ciclos de precios del mercado doméstico. En lugar de concentrarse exclusivamente en las discusiones tradicionales sobre costos, regulación o distribución de rentabilidad, el evento introduce una agenda vinculada a calidad, innovación y diferenciación.

El cronograma prevé que el 5 y el 6 de junio se desarrollen las evaluaciones técnicas a cargo de especialistas internacionales. El Fan Fest abrirá sus puertas el 6 y 7 de junio con acceso libre y gratuito para el público general, mientras que la ceremonia de premiación se realizará el último día, cuando se anunciarán los productos distinguidos en esta primera edición.

Además de las degustaciones guiadas, los visitantes podrán recorrer stands de productores, participar de paneles especializados y conocer las distintas expresiones que hoy adopta la yerba mate en diferentes mercados del mundo.

La comunidad matera también tendrá un rol destacado a través de proyectos como Cebado Intenso, espacio digital dedicado a difundir la cultura del mate y promover una visión amplia y diversa del consumo. Desde esa iniciativa colaborarán en la asistencia técnica del certamen y en las actividades destinadas al público.

Más allá de los resultados de esta primera edición, el Mundial de la Yerba Mate marca un cambio de paradigma para una industria que busca ampliar sus horizontes. La discusión ya no pasa únicamente por cuánto se produce o cuánto se consume, sino por cómo construir valor en torno a un producto que forma parte de la identidad argentina y que aspira a ganar un lugar cada vez más relevante en el escenario global.

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La cadena de legumbres acelera escala exportadora y abre una disputa por tecnología, trazabilidad y valor agregado

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El mercado argentino de legumbres atraviesa una etapa de expansión productiva y redefinición estratégica.

La 1.ª Jornada de la Mesa de Legumbres de Santa Fe, realizada el 5 de mayo en la Bolsa de Comercio de Rosario, permitió reunir una agenda técnica, comercial e institucional que mostró a una cadena con fuerte orientación exportadora, creciente incorporación tecnológica y nuevas exigencias de competitividad. El desafío ya no pasa únicamente por producir más, sino por hacerlo con calidad, trazabilidad, eficiencia y capacidad de diferenciación.

Según expuso Paulo Lanza, especialista en Comercio Exterior, Argentina parte de una posición productiva favorable: el rendimiento promedio nacional en legumbres alcanza 1.484 kg/ha, frente a un promedio mundial de 1.058 kg/ha; y entre el 60% y el 73% de la producción se destina a la exportación. Esa combinación de productividad relativa y perfil exportador vuelve crítica a la cosecha nueva, tanto para sostener compromisos comerciales como para consolidar el posicionamiento del origen argentino en los mercados internacionales.

Bajo un escenario climático normal, la campaña 2025/26 proyecta una producción de 1,37 millones de toneladas, un 24% por encima del ciclo previo, sobre una superficie sembrada récord de 952.100 hectáreas. Dentro de ese total, se estiman más de 835.000 toneladas de porotos, 370.000 toneladas de arvejas, 122.000 toneladas de garbanzos y 43.000 toneladas de lentejas. El poroto mantiene el liderazgo productivo, con fuerte anclaje en el NOA, mientras que la arveja muestra una expansión relevante en Santa Fe y Buenos Aires. Sin embargo, la estabilidad de los rindes dependerá de la evolución climática. Para el trimestre mayo – julio 2026, el pronóstico presentado por María José Dickie para el sur de Santa Fe, ingeniera agrónoma y especialista en clima del INTA, muestra una fase neutral del ENSO, temperaturas medias normales o superiores a lo normal y precipitaciones normales o inferiores a lo normal. Tal escenario se interpreta inicialmente favorable para arveja y lenteja, siempre que se preserve una adecuada disponibilidad de humedad útil durante las etapas críticas del cultivo. 

El salto productivo, de todos modos, no se sostiene sólo con mayor superficie. Requiere genética adaptada, reducción de brechas de rendimiento, menores pérdidas poscosecha y variedades con atributos comerciales. En este punto, Daniel Kirschbaum, referente del INTA en el área de Hortalizas, Flores, Aromáticas y Medicinales, destacó el rol de la cooperación internacional para mejorar la competitividad. El convenio INTA-ICARDA vincula al país con un banco de germoplasma de escala global, orientado a introducir, multiplicar y evaluar variedades de arveja, lenteja y haba con potencial de adaptación local, a través de redes nacionales de ensayo y posterior registro en INASE. En esa línea, INTA Oliveros coordina la Red Nacional de Arveja, cuenta con más de 15 materiales avanzados de arveja, 2 materiales experimentales de lenteja macrosperma en trámite de inscripción y 65 líneas avanzadas de lenteja.

La competitividad futura también dependerá del ordenamiento del sistema de semillas. Luis Rista, referente de INASE, señaló que las legumbres todavía muestran un bajo nivel relativo de formalidad frente a otros cultivos extensivos, con alta proporción de uso propio o semilla informal, baja tasa de recambio varietal y escasa penetración de semilla fiscalizada. Para revertir este diagnóstico, INASE viene avanzando en la incorporación de cultivos al SISA, la definición de normas específicas para producción de semilla y el ordenamiento de cultivares mediante la Resolución INASE 200/2024. La incorporación de la arveja al SISA en 2019 y del garbanzo en 2023 permitió comenzar a registrar superficie sembrada y cultivar utilizado. En arveja, la campaña 2024/25 muestra unas 83.000 hectáreas declaradas, 978 productores y 38 variedades, con más del 98% de la superficie concentrada en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. A su vez, entre 2020 y 2026 se inscribieron 15 nuevas variedades de arveja.

A la agenda genética y semillera se suma la adopción de herramientas de agricultura de precisión. Eduardo Vita Larrieu, investigador de la EEA INTA Oliveros especializado en tecnología de aplicación, abordó el uso de drones, aplicaciones selectivas y sistemas de medición que permiten mejorar la eficiencia, reducir pérdidas y documentar procesos. En un mercado de especialidades, donde la calidad y la trazabilidad definen el acceso a mejores condiciones comerciales, la tecnología sólo agrega valor si se integra con conocimiento técnico, protocolos de aplicación y gestión profesional.

La poscosecha constituye otro eslabón decisivo. Como planteó Ricardo Bartosik, referente de Poscosecha de Granos del INTA Balcarce e investigador de CONICET, la calidad comercial no se define únicamente en el lote, sino también en el acondicionamiento, limpieza, clasificación, almacenamiento, control de plagas, trazabilidad y segregación por origen. Los requisitos de exportación exigen que el producto llegue sano, seco, limpio, sin olores objetables y libres de materias extrañas. En el caso de China, además, se exige acopio por zonas de producción, sin mezclar mercadería de distintas áreas habilitadas. Esto vuelve clave la inversión en plantas de procesamiento, sistemas de gestión de calidad, registros operativos y manejo poscosecha de agroquímicos, especialmente para evitar rechazos por residuos y sostener la confianza en el producto argentino.

El mayor potencial de la cadena, sin embargo, está en transformar esa calidad primaria en productos de mayor valor. María Cecilia Accoroni, de INTA Oliveros, presentó oportunidades vinculadas con harinas, concentrados, aislados, texturizados, snacks, panificados, sustitutos cárnicos y alimentos listos para consumir. Las legumbres se insertan en tendencias globales asociadas con proteínas vegetales, alimentos saludables, sostenibilidad y etiquetas más limpias. Para avanzar en esa dirección será necesario fortalecer la investigación aplicada, asegurar calidad homogénea, seleccionar variedades adecuadas, controlar antinutrientes y articular con mayor intensidad producción, ciencia e industria.

El contexto internacional ofrece oportunidades, aunque en un escenario más competitivo y volátil. Marlene Boersch, cofundadora y socia gerente de Mercantile Consulting Venture de Canadá, remarcó la creciente incidencia de barreras paraarancelarias y reacomodamientos comerciales en la distribución del market share global. En arvejas, Canadá proyecta exportaciones por unas 2,3 Mt en 2025/26 y 2,4 Mt en 2026/27, con India y China explicando entre el 65% y el 75% de sus ventas externas. Aun antes del arancel chino del 100% aplicado a las arvejas canadienses en marzo de 2025, Canadá ya venía perdiendo participación frente a Rusia: su cuota en China cayó del 90% en 2021/22 al 28% en 2025, mientras Rusia pasó a representar cerca del 60% del mercado. En lentejas, también se observa una mayor competencia de Australia, Rusia y Kazajistán, con India, Turquía y Emiratos Árabes concentrando alrededor del 60% de las exportaciones canadienses.

La mirada sobre China, aportada por Hu Bingchuan, investigador del Instituto de Desarrollo Rural de la Academia China de Ciencias Sociales, refuerza la importancia estratégica de ese destino. Según su presentación, China cuenta con un mercado de legumbres secas de alrededor de 3,3 Mt, con consumo total cercano a 3,28 Mt, producción doméstica de 0,98 Mt e importaciones por aproximadamente 2,3 Mt. Las arvejas secas representan el 54% del consumo total, con un volumen estimado de 1,68 Mt y una autosuficiencia menor al 3%. En la campaña comercial 2024/25, las importaciones chinas de arvejas secas alcanzaron 1,5 Mt, frente a una producción local de apenas 50.000 toneladas. Para Argentina, la oportunidad es relevante, pero exige escala, precio competitivo, cumplimiento sanitario y capacidad de procesamiento. El protocolo fitosanitario para arvejas secas fue firmado en 2015 y los primeros envíos desde establecimientos argentinos habilitados comenzaron en 2020; además, se encuentran en negociación protocolos para garbanzos, porotos y lentejas.

Más allá de China e India, el análisis de oportunidades presentado por Lanza muestra que Brasil sigue siendo el mercado de mayor atractivo y facilidad de acceso para el poroto negro, mientras que la Unión Europea ofrece mejores condiciones para productos con valor agregado, especialidades y orgánicos, aunque con altos estándares de trazabilidad y límites máximos de residuos. La matriz también identifica potencial para la exportación de harinas y subproductos hacia Bolivia.

En síntesis, las legumbres argentinas enfrentan una oportunidad concreta de expansión, pero el salto competitivo no será automático. El crecimiento deberá apoyarse en escala productiva, semilla trazable, tecnología, inocuidad, apertura de mercados y mayor industrialización. Santa Fe, por su peso en arvejas y lentejas y por su cercanía a nodos logísticos, técnicos e industriales, cuenta con condiciones para posicionarse mejor en una demanda global que busca proteínas vegetales, calidad y sustentabilidad

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